Aproximación al Proceso de Poblamiento del Sector Sur-occidental del Valle de Aburrá

Tomado de: PROSPECCIÓN ARQUEOLÓGICA Y FORMULACIÓN DEL PLAN DE MANEJO DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO – CONTRATO DE CONCESIÓN MINERA No. LA7 – 16071 – MUNICIPIO CALDAS – DEPARTAMENTO DE ANTIOQUIA – INFORME FINAL – Iván Darío Espinosa Peláez – Omar Alonso Muñoz Sánchez – Iván Rodrigo Ángel Marín

Este estudio buscó caracterizar y evaluar el potencial arqueológico de las áreas de impacto de la Concesión Minera LA07 – 1671, con el fin de elaborar el plan de manejo arqueológico, que permita mitigar y/o compensar los impactos que generará sobre el patrimonio arqueológico. Para esto, se Prospectó y se evaluó la totalidad del área de la concesión minera, buscando definir su importancia y los depósitos arqueológicos identificados, de tal forma que fuera posible formular medidas correctoras mediante un Plan de Manejo Arqueológico, orientado a una adecuada gestión del impacto. Igualmente se busca aportar nuevos datos al conocimiento de la historia regional del Valle de Aburrá y específicamente del sector sur donde se encuentra el Municipio de Caldas.

De lo anterior se desprende que se trata de una investigación arqueológica enmarcada en un programa de arqueología preventiva que hace parte integral del estudio de Impacto Ambiental de dicha Concesión Minera. Como es conocido, estas intervenciones se encuentran reguladas por normas, leyes, decretos y resoluciones que le dan alcances a mismo y regulan el manejo de los impactos de las actividades que involucran la afectación de depósitos arqueológicos y todo lo relacionado con el patrimonio cultural y arqueológico que se encuentre comprometido en el área a intervenir. En este caso particular, aparte de la normatividad vigente, se tuvieron en cuenta las normativas establecidas para el manejo de los mismos en las áreas de exploración y explotación minera, que se encuentran consignadas en dos resoluciones del Ministerio de Mines y Energía; la primera establece los Términos de Referencia de los Estudios de Impacto Ambiental para las actividades mineras (Resolución No. 180859 de agosto 20 de 2002 – Términos de Referencia) y la segunda plantea las Guías Minero – Ambientales (Resolución 180861del 20 de agosto del 2002, – Guías Minero – Ambientales).

A continuación se presenta en primera instancia un resumen de los resultados de este estudio, para luego esbozar, a apartar de los datos obtenidos y de investigaciones previas, una aproximación al proceso de poblamiento de la zona Sur del Valle de Aburrá, como contribución a la discusión de las trayectorias históricas de larga duración de la región.

 Los Resultados de la Prospección

Mediante una prospección dirigida que buscó la identificación de unidades geomorfológicas con evidencias de ocupación humana, utilizando procedimientos de recolecciones superficiales, pozos de sondeo y revisión de perfiles en la totalidad del área de la concesión minera LA07 – 1671, que cubre 208 hectáreas de la zona  nor occidental del municipio de Caldas en las veredas La Valeria, La Aguacatala y El Cano, se identificaron 28 sitios que contenían materiales y rasgos del paisaje de sociedades pretéritas. Se trata de cimas de colina y aterrazamientos en descansos de ladera que tiene diversas proporciones, localizados entre los 2.300 y los 1.900 msnm.

El análisis de estas evidencias permitió el establecimiento de unas recurrencias en los materiales y rasgos que nos presentan un panorama bastante profundo en términos cronológicos del proceso de poblamiento de la zona Sur del Valle de Aburrá. Estas evidencias consisten en fragmentos de vasijas cerámicas, artefactos líticos y estructuras en piedra, tales como muros acompañantes de caminos,  plataformas y adecuaciones. El estudio de estos elementos de la cultura material, permitió el establecimiento de algunas recurrencias que nos estarían mostrando tendencias tecnológicas y culturales de las comunidades que ocuparon este sector del Valle en los últimos 10.000 años, a juzgar por el tipo de objetos recuperados.

Con relación a los objetos líticos, se encontraron en por lo menos cuatro de estos sitios, utensilios de piedra elaborados mediante una industria de talla bifacial y unifacial sobre todo en nódulos de roca fresca de andesita, donde predominan los artefactos de corte, sobresaliendo las hachas azadas como elementos tecnológicos característicos de sociedades que se dedicaron al procesamiento de vegetales y al manejo de los bosques durante los períodos del holoceno temprano y medio, denotando una ocupación muy antigua donde no se presenta cerámica y que tiene correlatos en otros sitios del Valle de Aburrá y el Centros de Antioquia reportados y estudiados por otros investigadores, mostrando la dispersión para este sector de las ocupaciones más antiguas de la región.

De otro lado, el estudio de la cerámica permitió el reconocimiento de una serie de conjuntos alfareros que contrastan entre si por sus características tecnológicas, estilísticas y de aprovisionamiento; con los materiales cerámicos de este estudio, se definieron cinco conjuntos alfareros que presentan características particulares y que pueden ser asociados a estilos, complejos y tradiciones reportados para la región del Valle de Aburrá.

El primero de estos conjuntos se denominó La Merced compuestos por fragmentos delgados elaborados con pastas que contienen minerales finos y medios, con densidades altas, donde sobresalen la mica, el cuarzo, los félsicos y rojos; se trata de fragmentos con una textura compacta donde predominan los acabados de alisados finos, en vasijas globulares y subglobulares con bordes ligeramente evertidos de labios adelgazados, donde algunos de ellos fueron elaborados utilizando dos pastas superpuestas quedando una de ellas en la cara interna y la otra en la externa.  Este conjunto presenta fuertes similitudes con el Estilo La Cancana y con la Cerámica El oro, reportadas para otros lugares del Valle de Aburrá, el nordeste  y el Oriente Antioqueño con cronologías que van entre los 4.800 a los 3.000 años antes del presente[1].

El segundo conjunto corresponde al denominado La Elvira que posee pastas de tonalidades de colores rojos y naranjas, con presencia de desgrasantes medios a gruesos, en densidades altas y compuestas por partículas minerales en donde se destacan el cuarzo, los félsicos y rojos. Se trata de fragmentos de vasijas con grosores entre los 6 y 10 mm, con acabados de alisados simples donde predominan los bordes fuertemente evertido y horizontales, presentando decorados con líneas incisos rectas paralelas, impresiones de hileras de puntos y dentados estampados en bordes, cuellos y cuerpos. Dicho conjunto presenta las características propias de el Estilo Ferrería que ha sido reportado para muchos lugares del Valle y el Centro de Antioquia con cronologías bastante diversas, pues van desde los 1.8000 antes del presenta, hasta el momento de contacto.

El tercer conjunto, El Cebollal, se caracteriza por pastas de tonalidades cafés, naranjas, grises y amarillas, donde su desgrasante es predominantemente de tamaños finos, con densidades medias a altas y compuestos por minerales de cuarzo, félsicos y negros. Se trata de fragmentos de vasijas delgadas con grosores entre los 5 y 7 mm, de textura compacta, con acabados de alisados por ambas caras, donde se presentan engobes externos marrones, rojos y negros. Los bordes corresponden a evertidos, engrosados biselados. Las decoraciones son de exiciones, incisiones finas formando líneas horizontales rectas y figuras geométricas y dentado estampado en líneas oblicuas cruzadas, sobre bordes, cuellos, cuerpos y quillas. Dicho Conjunto presenta las mismas características estilísticas del Estilo Marrón Inciso que tiene al igual que el anterior, una cronología bastante amplia, entre los 2.500 años antes del presente y el contacto.

El Conjunto El Mandarino está representado por fragmentos de pastas compactas de tonalidades cafés, predominando las claras, donde los desgrasantes son de tamaño medio, en densidades medias y compuestos por cuarzo, mica y minerales félsicos, rojos y negros, presentando una cocción completa en su mayoría, de grosores delgados entre los 3 y 6 mm, con acabados simples por ambas caras. Con relación a los bordes, se encuentran los directos y los evertidos, donde, en casi todos los casos, el labio tiene una pestaña en el perímetro externo como consecuencia de un aplanamiento del labio y un alisado incompleto. Las decoraciones son muy escasas y corresponden a incisiones de líneas paralelas que delimitan hileras de puntos arrastrados. Este conjunto es característico de las sociedades del período Tardío Prehispánico.

Por último está el Conjunto Ventanas constituido por fragmentos de pastas compactas, de tonalidades cafés oscuras, con desgrasantes de tamaños finos, densidades medias y compuestos de cuarzo, mica y minerales negros. Sus acabados predominantes son el alisado burdo y el no alisado hasta el punto de identificarse las huellas del alfarero. Nuestra muestra no posee decoraciones y no existe material de bordes. Este tipo de materiales se asocian a las ocupaciones coloniales.

Por otro lado, se encuentran las estructuras en piedra que muestran intervenciones humanas en algunos de los sitios identificados. En dos de éstos, y asociados a ocupaciones precerámicas donde predominan los artefactos detalla bifacial, se identificaron adecuaciones de piedra a manera de pisos, aspecto que ha sido descrito como característico de los depósitos arqueológicos propios de sociedades hortícolas tempranas. Hay también la presencia de plataformas artificiales circundadas con piedras a manera de muros de contención; este tipo de evidencias se encontraron en un sitio que contenía además cerámica del Conjunto El Mandarino que caracteriza las sociedades agrícolas tardías prehispánicas. Por último se identificaron muros acompañantes de caminos republicanos, como testimonio de la fuerte dinámica de movilidad de los antioqueños durante el siglo XIX.

Todo lo anterior nos permite identificar un proceso de poblamiento del área de estudio bastante profundo en términos temporales, pues a juzgar por las evidencias, tenemos una secuencia de ocupación humana que va desde el holoceno temprano hasta el período republicano.  De todo lo anterior se desprende la importancia arqueológica de la zona Sur del Valle de Aburrá que ha sido poco estudiada y que esta investigación pone de manifiesto la necesidad de profundizar en su estudio (Ver mapas 38 y 39).

 Aproximación al Proceso de Poblamiento del Sector Sur – Occidental del Valle de Aburrá

Establecer períodos claros para la reconstrucción histórica de la zona sur del Valle de Aburrá, requiere abordar las problemáticas arqueológicas de la región central antioqueña, así como las cronologías absolutas hasta ahora reportadas y las correlaciones culturales establecidas por los diferentes investigadores. También es necesario tener como marco general, las periodizaciones definidas para el occidente colombiano tratando de vincular la región central de Antioquia y específicamente al Valle de Aburrá, con secuencias y problemáticas macro – regiones. Con base en los resultados de esta prospección y los otros datos disponibles para el Valle de Aburrá, es posible diferenciar entonces, seis períodos en el proceso del poblamiento  del área de estudio que van desde las sociedades precerámicas del holoceno temprano hasta las poblaciones republicanas que dieron origen a el actual asentamiento del casco urbano del municipio de Caldas.

Período 1: Recolectores y Horticultores  Precerámicos (8.060 A.C – 4530 A.C)

En las secuencias establecidas para algunas regiones del país, los períodos iniciales se relacionan con los llamados precerámicos o cazadores recolectores representados en una serie de grupos humanos que se caracterizaron por  la fabricación de utensilios de tallas bifaciales, la caza de mamíferos y la recolección de frutos, tubérculos y moluscos. En el Valle de Aburrá las evidencias de una tecnología de talla bifacial, no son suficientes para definir una ocupación de tal característica, es decir de sociedades de cazadores y recolectores del pleistoceno tardío.

Teniendo en cuenta el contenido artefactual recuperado es posible pensar que el poblamiento del sector nor-occidental del municipio de Caldas, se inicia hace por lo menos 8 milenios, cuando grupos recolectores y horticultores se instalan en pequeños campamentos semi – permanentes. Es de suponer que en este período se presentaron cambios sustanciales en las bases económicas y sociales de los grupos que tradicionalmente habían dependido de la caza y la recolección, relacionadas con las drásticas transformaciones ambientales que se iniciaron a comienzos del Holoceno en lo referente al incremento de temperatura y pluviosidad y desplazamiento latitudinal de los bosques tropicales hacia alturas mayores.

La presencia en dos de los sitios identificados de materiales líticos estratificados pertenecientes a una industria de talla bifacial para la elaboración de artefactos de corte y azadas, pone de manifiesto la ocupación de este territorio por comunidades que estaban desarrollando actividades de manejo de suelos y bosques que vinculan directamente este territorio a estas sociedades del holoceno temprano. Investigaciones anteriores ya habían reportado este tipo de evidencias que manifiestan una ocupación humana de grupos recolectores y hortícolas con un alto manejo de los recursos vegetales; en lugares como La Estrella, Itagüí y  Envigado fue posible identificar sitios con materiales similares a los reportados para la Cuenca Media del río Porce y para otras regiones del nordeste y el oriente antioqueño.

Como indicadores cronológicos de los sitios y materiales de este período se pueden mencionar los siguientes:

  • Ausencia de cerámica
  • Tecnología lítica de talla por percusión simple bifacial y uinifacial
  • Adecuaciones en fragmentos de rocas angulares y sub-angulares
  • Cantos rodados con una cara desbastada
  • Artefactos de corte con filo recto y lateral
  • Objetos líticos modificados por uso para macerar y golpear vegetales

Período 2: Alfareros Tempranos (3950 AC – 800 AC)

A mediados del sexto milenio antes del presente, las comunidades recolectoras precerámicas que ocuparon gran parte del centro de Antioquia, incorporaron la cerámica como una nueva tecnología, sin cambios sustanciales en los patrones de fabricación de artefactos líticos; esta situación de continuidad (pervivencia de algunos elementos en el registro arqueológico) es excepcional en la arqueología del área intermedia americana, pues son muy pocos los sitios donde se reporta alfarería temprana, se presenta una relación directa entre las ocupaciones cerámicas y las más antiguas.

En el Valle de Aburrá se han identificado varios sitios que presentan algunas de las características de las reportadas para la cuenca del Porce, el nordeste y el oriente antioqueño en lo relacionado a este período; una de las características es la presencia en los depósitos arqueológicos de adecuaciones de piedras formando pisos y la pertenencia a una secuencia de ocupación que viene desde periodos anteriores asociados s la horticultores precerámicos. Con relación a la cerámica se observa que aunque algunos aspectos estilísticos corresponden a la Cerámica la cancana, tecnológicamente se observan singularidades, como los tratamientos de las superficies y los grosores de las vasijas.
Esto es precisamente lo que se observa en nuestra área de estudio, donde en uno de los sitios  (Sitio 13- Comino La Merced) fue posible identificar una secuencia de ocupación que presenta continuidad entre las sociedades precerámicas y los alfareros tempranos, donde la cerámica que se encuentra asociada al segundo momento es de pastas claras, con acabados de alisados finos y elaborada en algunos casos con dos pastas superpuestas, denotando que en el lugar, se presentó una secuencia que inicia con un poblamientos a principios del holoceno, dándole continuidad hacia sociedades alfareras tempranas que, luego de un evento volcánico, poblaron nuevamente el sitio.

Los Indicadores de este período, se pueden mencionar los siguientes:

  • Ocupaciones cerámicas antecedidos de asentamientos precerámicos
  • Depósitos arqueológicos profundos
  • Continuidad en la elaboración de industrias líticas de talla
  • Presencia de cerámica compacta con acabados de alisados finos.
  • Cerámica delgada, con presencia de fragmentos elaborados con dos pastas.

Período 3: Agricultores y Mineros (Cal 1270 A.C – 780 D.C)

La Cerámica Ferrería ha sido considerada como un marcador de sociedades que presentaban fuerte vínculos con grupos humanos de las tierras bajas del Magdalena Medio; no obstante, la manera recurrente como se han reseñado varios yacimientos arqueológicos en el Valle de Aburrá y áreas aledañas, que durante el primer milenio de la era cristiana presentan material cerámico Ferrería, íntimamente asociado a material cerámico de otro estilo, denominado Marrón Inciso, han puesto a prueba la hipótesis implícita de que estos estilos cerámicos reflejan grupos cronológica y culturalmente diferentes. En nuestra área de estudio se da esta situación, es decir, en uno de los sitios (Sitio 22- Ventanas Parte Baja) se presenta en el depósito arqueológico cerámica Marrón Inciso asociada a la Ferrería, aunque con algunas tendencias en la distribución espacial, pues mientras en un sector predomina la Marrón Inciso, en el otro, hay mayor presencia de cerámica Ferrería.

Lo que pudo observarse en este estudio, es que dos estilos cerámicos que se identifican en el registro arqueológico del Valle de Aburrá, se encuentran ligados temporalmente; este evento lleva a pensar sobre la naturaleza de las diferencias que se expresan en la cultura material, que como lo demuestra la cronología, no son de carácter temporal, ni probablemente étnicas; se parte del supuesto que podrían ser de carácter social. Es de anotar además que las tendencias en la distribución espacial de las evidencias con relación a los recursos agrícolas y mineros no aportan elementos para postular la hipótesis de que estos dos grupos sociales coexistieron por la baja competencia económica.

Para mayor claridad y dado que los resultados de la distribución espacial muestran tendencias particulares para cada uno de estos estilos, decidimos trabajarlos como dos ocupaciones con fuertes relaciones temporales; de esta forma tratamos de establecer un marco en el que los datos de nuestra investigación fueran  compatibles con la información aportada por estudios anteriores.

Este período que incluye dos ocupaciones, cuenta con el mayor número de fechas en el Valle de Aburrá y presenta un rango temporal que oscila entre el 1270 A.C. y el 780 D.C.

En términos sociales, es posible pensar que se trataba de sociedades que realizan actividades agrícolas de manera intensiva, al igual que desarrollaban faenas mineras, pues una de las características de este período en esta región así como en otras de Colombia, el oro se constituyó en un material fundamental para el establecimiento del intercambio y la elaboración de objetos asociados a prácticas religiosas y chamánicas. Es posible que se dieran tendencias en la obtención de recursos dependiendo de los territorios que ocuparan, pudiéndose dar que en algunas regiones se privilegiaba la actividad agrícola, mientras que en otras, se asentaba la explotación de los recursos auríferos. También es posible pensar que se tratara de una sociedad conformada por dos mitades, la una de ella encontraba una representación simbólica en la cerámica Ferrería, y la otra en el Marrón Inciso; esto sugiere la posibilidad que estos estilos cerámicos, diferentes estaría mostrando no tanto aspectos relacionadas con estatus o actividad económica, sino como referente de identidad de parentelas o linajes.

Los marcadores cronológicos de este período serían:

  • Cerámica de pastas compactas y bien cocidas
  • Pastas con desgrasantes de medio a fino, aunque también se presentan partículas de cuarzo y de roca de tamaños gruesos
  • Presencia de engobes y baños rojizos, café y marrón
  • Cerámica con acabados finos (bruñidos y pulidos)
  • Características estilísticas de los complejos Marrón Inciso y Ferrería

Período 4: Agricultores Tardíos Prehispánicos ( 660 D.C – 1550 D.C ).

De acuerdo a las cronologías absolutas asociadas a materiales arqueológicos de este período, es posible afirmar que se extiende desde el siglo VII D.C al Siglo XVI D.C. Esta temporalidad, no es homogénea para todo el territorio antioqueño, pues se observa un cambio paulatino en el registro arqueológico. Existen dificultades para caracterizar las sociedades de este período, pues es el menos conocido en la arqueología antioqueña y los datos disponibles no son contrastables con la gran diversidad étnica que reportan las fuentes históricas.

Entre los siglos VII y X de la era cristiana, en el occidente colombiano que incluye el departamento de Antioquia, el registro arqueológico se transforma notablemente con relación a la ocupación anterior. Estos cambios, indican la modificación de las sociedades que se manifiestan en la transformación de los patrones de asentamiento, en nuevos énfasis económicos y en una diferente representación simbólica reflejada en la cultura material y en los patrones funerarios.

En el Valle de Aburrá, en contraste con el período anterior, se ha podido observar que los asentamientos humanos son de menor extensión y más dispersos. Sin embargo, ha sido posible establecer la existencia de un crecimiento demográfico ligado a la ocupación de sectores con suelos fértiles para la agricultura, donde es factible identificar asentamientos de mayor tamaño. Los pobladores de este período se dedicaron con mayor interés a la agricultura, hecho que se manifiesta en la ocupación intensiva de los suelos fértiles. Además, se puede percibir un incremento en la manufactura de textiles, dada la gran cantidad de volantes de uso encontrados y asociados a estas sociedades.

Los cambios en la representación simbólica se observan en las prácticas funerarias y en la cultura material. En las prácticas funerarias, se ve como las construcciones para los muertos se modifican drásticamente, pues se identifican tumbas de pozo con cámara lateral y los lugares de los muertos son otros: mientras que en el período anterior los lugares de enterramiento son las viviendas, en este período se concentran en filos elevados a manera de cementerios. Los cambios en la orfebrería son notorios en cuanto a las técnicas y la iconografía: predominan objetos  laminados y repujados, presentándose en baja proporción los elaborados con la técnica de cera perdida. De otro lado, las representaciones varían significativamente, pues se observa una mayor diversidad de expresiones antropomorfas más esquemáticas y menos realistas que en el período anterior, disminuyendo las representaciones zoomorfas y fitomorfas que eran bastante comunes. Con relación a la cerámica, es posible identificar algunas transformaciones relacionadas con la decoración y las formas de los recipientes.

A partir del registro arqueológico, es presumible pensar que estas sociedades tenían varios niveles de integración al interior y al exterior de sus territorios. Al interior de los territorios de cada unidad política es posible pensar que se presentaban la reciprocidad y la redistribución, mientras que al exterior, estas estrategias de integración estaban dadas por el intercambio y por las rivalidades políticas, que en algunos casos podrían conducir a conflictos militares.

Son relativamente pocos los contextos domésticos hasta ahora reportados para este  período, en contraste con la gran cantidad de datos provenientes de tumbas, lo que implica dificultades a la hora de establecer tipologías que abarquen ambos contextos.

Para este período es posible identificar los siguientes marcadores cronológicos:

  • Cerámica de pastas porosas y bien cocidas
  • Pastas con desgrasantes que oscilan entre finos y muy finos
  • Ausencia en la mayoría de los casos de engobes
  • Cerámica con acabados burdos
  • Bordes con pestañas en el labio
  • Características estilísticas del denominado Complejo Tardío Central

Período 5: Habitantes Coloniales (1550 D.C – 1810 D.C)

Durante este estudio, se consideraron también como materiales de importancia arqueológica, las evidencias de los grupos de la colonia, pues desde este tipo de objetos, es posible lograr un acercamiento a algunos elementos de estas sociedades que se ven reflejados en la distribución espacial de los asentamientos y la densidad demográfica. Para esta época y de acuerdo a los datos arqueológicos obtenidos en esta investigación, así como otros reportados en La Estrella, Girardota y el Cerro del Padre Amaya, la población ocupaba pequeños y dispersos poblados sin conformar aldeas de grandes tamaños; en estos dos sectores, los asentamientos no superan la hectárea. Otro aspecto a resaltar es la continuidad en el uso del territorio con relación al período anterior, ya que los asentamientos se localizan en los mismos lugares. Con relación a los cambios demográficos, se observa para este período, una disminución significativa con relación al período anterior.

De otro lado las fuentes documentales nos permiten ver cómo el sur del Valle de Aburrá se encontraba en primera instancia, al momento del contacto, demarcando una zona de frontera entre los grupos Aburraes y las poblaciones de la provincia de Zenufaná, situación que rápidamente se modificó por los mismos impactos que provocó la ocupación europea de este territorio[2]. Esto supone que al momento del contacto existiera para este sector de Caldas, un poblamiento disperso de pocos habitantes, más que todo cumpliendo unas funciones de comunicación, almacenaje y control, dado su situación de frontera. Posteriormente, luego de la instalación de algunos asentamientos españoles en el territorio antioqueño en la segunda mitad del siglo XVI, el Valle de Aburrá empieza a jugar un papel especifico en el orden colonial regional; este papel era el de haciendas agrícolas, hatos ganaderos y entables mineros; sin embargo estas actividades productivas presentaban al interior del valle, cierta distribución espacial, pues mientras en el sector norte del valle, se ubicaron los hatos ganaderos, en la parte central se hallaban las haciendas agrícolas y hacia el oriente los entables mineros; igualmente, se configuraron asentamientos humanos de indígenas procedentes de varias provincias, principalmente en el sector sur del valle en la localidad conocida como Ancón; estos asentamientos indígenas fueron el producto de la práctica de la encomienda, donde se dieron importantes movimientos de población obligados, trayendo como resultado la conformación de asentamientos donde confluían personas de diferente procedencia y grupo étnico. Aunque no existen datos puntuales sobre el papel específico que desempeñó el extremo sur del Valle de Aburrá donde se encuentra el Municipio de Caldas, estaría más cercano al sector donde se encontraba el asentamiento indígena de mayor tamaño de la época, siendo entonces factible pensar un posible patrón de asentamiento disperso, sobre todo en áreas que estas gentes dedicaron para sus labores agrícolas.

El papel del Valle de Aburrá en este primer orden colonial, se ve drásticamente transformado luego de la aplicación de algunas reformas en orden administrativo colonial; con la aplicación de las nuevas leyes de indias, llegan transformaciones en los proceso de ocupación del Valle, pues se funda un pueblo de indios; en el año de 1616 se protocoliza definitivamente la creación del Resguardo de San Lorenzo de Aburrá, donde nuevamente los habitantes indígenas de este territorio que se encontraban dispersos en haciendas, hatos y entables mineros, son aglutinados en un poblado donde también trasladas indígenas de la regiones de Nechí y occidente antioqueños; es así como se da un encuentro entre yamecies, bejicos, peques y de otros grupos étnicos en un asentamiento localizado en el sector del Poblado en Medellín.

Como se trató de un acto administrativo de creación de un pueblo de indios, se le establecieron uno límites al territorio que podría ser usufructuado por los indígenas, cubriendo un amplio sector del Valle y las cordilleras circundantes principalmente hacia el centro oriente y sur oriente del valle. Esto muestra que parte del actual municipio de Caldas, hacía parte del resguardo, sobre todo el sector oriental del municipio, mostrando que es posible entonces una ocupación de Caldas para la primera mitad del siglo XVII, asociada a campamentos de cultivo, recolección de materias primas y cacería; situación que parece cambiar hacia una ocupación más permanente para la segunda mitad de este mismo siglo, cuando se informa que la población indígena se encuentra dispersa.

Desde 1685 se presentó otra dinámica de ocupación de la zona sur del valle, por la creación del Resguardo de Nuestra Señora de la Estrella, territorio indígena que presentó múltiples litigios por la ocupación de sus tierras por parte de colonos y españoles para el establecimiento de sus labranzas y hatos; la situación fue crítica, sobre todo cuando se protocolizaron ciertas posesiones de tierras a españoles para el extremo sur occidental del valle donde se localiza parte del Municipio de Caldas y nuestra zona de estudio. Teniendo en cuenta la información para la época, en los inicios del siglo XVIII caldas estaría teniendo una ocupación de población dispersa que se articulaba a las dinámicas económicas del valle para la época a partir de la extracción y comercialización de maderas que surtieron el crecimiento acelerado de la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín fundada 50 años atrás. Este resguardo presentó varias modificaciones en la extensión de las tierras y en la localización de los poblados indígenas; sin embargo, el territorio de Caldas permaneció en sus delimitaciones, dándose una misma dinámica de articulación proveyendo maderas hasta la segunda década del siglo XIX, donde por aspectos asociados a nuevas dinámicas territoriales, la situación cambia, hecho que se articula temporalmente a los finales del resguardo y todo su proceso de disolución. Por otro lado, se tiene noticia que desde finales del siglo XVIII se inicia un poblamiento de habitantes no indígenas en el municipio de Caldas, hacia el sector de La Miel, donde según se informa, se presenta un fuerte proceso de mestizaje si se tienen en cuenta los apellidos.

Son pocos los marcadores cronológicos que es posible establecer con nuestros materiales para este período, los cuales son:

  • Cerámica de pasta compacta mal cocida
  • Ausencia de engobes
  • Cerámica sin acabados

Período 6: La republica y el Surgimiento de los Caldeños

Con la disolución del Resguardo de La Estrella en la tercera década del Siglo XIX, se presenta una nueva dinámica de poblamiento del sector sur del Valle de Aburrá; para esta época en el “río arriba”, donde estaría Caldas existían varias concentraciones de población, entre las que se destacan los sitios de La Miel y La Valeria; estos poblados eran de gentes mestizas, porque los indígenas fueron concentrados en El Tablazo. Estos parajes se fueron consolidando como un poblado donde fueron llegando gentes de otros sectores, para dar origen a la población caldeña, hasta que en el año de 1848 se crea el Distrito de Caldas.

Como elemento social importante de resaltar para este período, es el proceso de consolidación del mestizaje que se presentó en Caldas, situación que refleja una particularidad en su conformación cultural; al parecer fue aquí uno de los lugares donde confluyeron pobladores indígenas procedentes del Resguardo de la Estrella con otras gentes, dando origen a una población particular, que podría expresar parte de esa identidad de la actual población.

Durante este período, las vías de comunicación resultaban ser fundamentales dada la fuerte dinámica de movilidad de los antioqueños, quienes estaban generando la expansión de sus tierras y la creación de nuevos poblados y áreas económicamente activas. En registro arqueológico que tenemos asociado a este período está fuertemente vinculado a esta problemática, pues se trata de los rectos de un camino el cual tenía muros acompañantes que lo delimitaban.

Como único marcador cronológico que puede evidenciarse en nuestro estudio para este período, es la presencia de muros acompañantes en los caminos locales y regionales.

[1] Cardona y Yepes 2009; Cardona y Yepes 2012

[2] Duque et al 2001.

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