SURGIMIENTO DE LOS PRIMERO PUEBLOS DE INDIOS EN EL TERRITORIO NUTABE

  1. SURGIMIENTO DE LOS PRIMERO PUEBLOS DE INDIOS EN EL TERRITORIO NUTABE

Tomado de: Historia y Cultura de la Población Nutabe en Antioquia. Espinosa, Iván; Duque Marcela. Tesis de Grado – Departamento de Antropología – Universidad de Antioquia. Medellín, 1995.

 

Cuando la Monarquía Española tuvo noticia de la poca aplicabilidad de las leyes promulgadas por su Consejo de Indias para la protección y buen manejo de la población indígena en las colonias americanas, resuelve crear “Las Visitas de Tierra”. Éstas se ejecutaron con el fin de consolidar la administración de la población indígena, ya que la poca que quedaba, se encontraba dispersa en territorios de explotación aurífera y agrícola a mano de los encomenderos. En el actual territorio Colombiano se iniciaron desde la década de 1510 con la fundación de Santa María.

Los Oidores de las Audiencias eran los encargados de ejecutar estas visitas, siendo nombrados por los presidentes. Ellos, debían ceñirse a una serie de leyes promulgadas por el Real Concejo de Indias, en las cuales se les impartían las disposiciones a cumplir. Tenían que informarse sobre la doctrina, taza y tributo de los indios; sobre los castigos y malos tratamientos; sobre los perjuicios que recibían de los españoles; y sobre documentos de importancia histórica que tuvieran los escribanos y notarios eclesiásticos. Todo esto con el fin de, castigar a los culpables de los malos tratamientos y abusos, procurarles bienes de comunidad y reconocer su libertad[1].

A partir de la fundación de la Audiencia de Santa Fé en 1550, se ejecutan visitas a pueblos de indios con el fin de tasar y recaudar los tributos, pero es en el año de 1569 que se comienzan a promulgar Cédulas Reales e instrucciones por parte del Concejo de Indias para que se remitiera información de cada territorio y su jurisdicción. Con este fin,

“[…] se redactaron e imprimieron […] cuestionarios que,  por lo minuciosos y amplios, no tienen nada que envidiar a una encuesta censa o estadística de nuestros días en cualquiera de las naciones más adelantadas […]”[2]

La cualidad de estos cuestionarios, dependía de las capacidades intelectuales, interés y conocimiento del territorio que poseían los Oidores comisionados para hacer estas visitas.

La antigua Provincia de Antioquia dependía administrativamente de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada Que residía en la ciudad de Santa Fe. El Presidente de esta Real Audiencia comisionó el siete de febrero de 1616, al Oidor Francisco Herrera Campuzano para realizar en término de un año, la visita a los naturales de la provincia de Antioquia[3]. La ejecución de esta visita, al parecer, se extendió por más de dos años, si se tiene en cuenta que parte de la documentación levantada con relación a los indios de Aburrá, los últimos en visitar, tiene fecha del mes de marzo de 1616[4].

Ésta, se realizó con base en un cuestionario de 21 a 25 preguntas para ser contestado por los indios, de acuerdo a los requerimientos del Concejo de Indias. Se pretendía conocer el número exacto de indios de cada repartimiento, sus asentamientos naturales y sitios donde habían vivido; averiguar por el tipo de doctrina que se les impartía y sus antiguas idolatrías; conocer el tipo de trato recibido por parte de los encomenderos y sus mayordomos y del tributo que estaban obligados a pagarles; por último, averiguar sobre las calidades de las tierras que habitaban y los frutos que se podían obtener de ellas.

De la visita practicada por Herrera Campuzano, resultaron los primeros pueblos de indios en la provincia, como un mecanismo para detener el uso indiscriminado de la población indígena por parte de los encomenderos; aparte de las fundaciones de los pueblos de Nuestra Señora de Sopetrán, San Antonio de Buriticá, San Lorenzo de Aburré y San Juan del Pie de la Cuesta atribuidos al visitador, éste realizó otras fundaciones en la provincia más efímeras tales como Tacú, Corcora, Arate y Ormana.  Una de las principales condiciones para estas fundaciones afirmaba “[…] que cerca de donde hubieren minas procuren fundar pueblas de indios[…]” (1615). señalándoles tierras, aguas y montes para su beneficio (1598) y alcaldes y regidores indios (1616). Otras disposiciones al respecto aludían a la prohibición que entre los indios viviesen españoles, negros, mestizos y mulatos, teniendo “[…] éstos sólo permiso, de permanecer dos días en pueblos de indios […]”[5] (1536)

Rodrigo Zapata, escribano de esta vistita, en una certificación dada sobre lo ejecutado, afirma que

“[…] Hizo ordenanza para el buen gobierno y conservación  de ellos [los indios] y tasas de las demoras y de los tributos que han de pagar cada año a los encomenderos y les quitó a dichos indios el servicio personal que tenían desde que se encomendaron […]”[6]

De otro lado, con esta visita se pretendía solucionar el problema que estaba ocasionando el aumento               de la población mestiza sin tierra y aniquilar el monopolio establecido por los intereses de los encomenderos. Esto significó

[…] Un confinamiento de  la población indígena al mínimo vital dejando tierras disponibles para mercedes y agrupando los indios de tal manera que pudiesen ser accesibles simultáneamente a varios estancieros españoles” [7] .

Francisco de Herrera comenzó su recorrido por la provincia, visitando las ciudades de San Francisco de la Antigua de Guamocó y Zaragoza de las Palmas donde encontró 130 indios sin encomendero, de los cuales 72 eran indios varones tributarios[8]. Atendiendo las disposiciones del Concejo de Indias, reunió a estos indios que se encontraban dispersos, en un sitio llamado Corcora en cercanías de la ciudad de Guamocó donde les repartió tierras de comunidad y les impuso el tributo de seis fanegas de maíz y dos salinas cada año por cada indio tributario. [9]

Luego pasó al pueblo de San Jerónimo del Monte y a las minas y rancherías de Guinea hacienda del Capitán Domingo de Mídate, donde halló 336 indias tributarios de los cuales 90 estaban en edad de ser tributarios a cargo de 8 encomenderos. Allí también, delimitó sus tierras a de comunidad en cercanías de la Loma de Taen donde fundó el pueblo de indios de San Francisco de Tacú[10].

Continúa su visita, por el sitio llamado Las Pesquerías junto al río Cauca, donde encuentra gran número de población Nutabe explotando las minas de aluvión para sus encomenderos, por ser estas las más ricas de jurisdicción de la ciudad de Cáceres; fueron descubiertas y pobladas por Juan Meléndez de Valdéz en el año de 1608 junto a la Quebrada Nupará y Cerro de San Pedro, a la salida de la angostura del Río Cauca. [11].

Del sitio de las Pesquerías, pasa 12 leguas más arriba por el Río Cauca a la ciudad de Cáceres. Ésta se encontraba, al parecer, a la llegada del visitador, en su tercer asiento localizado en un extremo de la loma de Noaba o Nuaba a una legua de la desembocadura de la Quebrada Valdivia en el río Cauca[12]. En términos de esta población. Herrera Campuzano encontró 1.130 indios entre los cuales había 341 varones en edad de pagar tributo encargados a 18 encomenderos (ver gráfica Población Nutabe 1615 y tabla de encomiendas). Al hallar los indios dispersos en las diferentes minas y haciendas de los encomenderos, resuelve reunirlos en dos poblaciones llamadas Santiago de Arate y San Sebastian de Ormana[13]. La primera de ellas, estaba ubicada en la desembocadura del rio Espíritu Santo al río Cauca, segundo asiento de la ciudad de Cáceres[14]: la segunda, estaba cerca al Valle de San Andrés en la loma de Barrancas, primer asiento de la ciudad de Cáceres[15].

Francisco de Herrera Campuzano define así estas dos poblaciones:

“[…] señalaba y señaló de resguardos a los indios de la población de Arate por la parte de abajo de la dicha población hacia el río de Cauca, hasta el mismo río de Cauca y por la parte de arriba hasta el río del Espíritu Santo y por lo alto del camino que va desde esta ciudad a la Zavaneta, y por la parte de esta ciudad hasta la parte alta del camino de Antiochia aguas vertientes a la dicha población de Arate= Y a los indios que se mandan poblar en el sitio y población de Ormana hasta el dicho camino de la Zavaneta de manera que el dicho camino parta los términos y las poblaciones de Arate y Ormana y más se le dé resguardos las tierras y vegas del rio de Baidivia inclusas en los términos desde la quebrada Ybocuna camino de la Zavaneta por esta parte de esta ciudad., hasta el dicho Ormana y dicho camino de la Zavaneta y en la mitad de la chapa la quebrada que llaman Atuyu y todas las tierras inclusas en los dichos resguardos […][16]

A los indios reducidos a estos dos pueblos se  les obligó a pagar              dos pesos de oro de 20 quilates, dos fanegas de maíz y dos gallinas.[17]

Al _salir de la ciudad de Cáceres y en su jurisdicción, visita camino a la ciudad de Santa Fe de Antioquia, el sitio de Matanzas en el valle de San Andrés, donde encuentra más de 400 indios[18]. Continuando su camino y ya en jurisdicción de la ciudad de Antioquia se detiene en el repartimiento de Toyubano, en la margen derecha del rio Cauca, donde residían los indios Véjicos y Tahamíes encomendados en Antonio Machado. Eran en total 72. de los cuales 14 estaban en edad de pagar tributo, 3 eran reservados y los 57 restantes eran niños y mujeres. Estos habían sido trasladados por su encomendero, desde sus territorios originales de la banda izquierda del río Cauca 20 años atrás, para el beneficio de sus estancias y minas[19].

Llega finalmente a la ciudad de Santa Fe de Antioquia encontrando dispersos en distintos asientos y sitios a 1.576 indios, de los cuales 409 estaban en edad de pagar tributo, encargados en 19 encomenderos. Reunió a estos indios en cuatro poblaciones llamadas Nuestra Señora de Sopetrán en el antiguo hato de Doña María de Quesada, San Antonio de Buritica, San Lorenzo de Aburra en el Valle de Aburrá y San Juan del Pie de la Cuesta en el sitio que llamaban Pie de la Cuesta -Actual San Jerónimo[20]. Mapa N 9 (ver gráfica población indígena 1616).

Para las recién fundadas poblaciones de Santiago de Arate y San Sabastian de Ormana, el visitador impartió una serie de ordenanzas referentes al buen gobierno administración de los indios Nutabes, que todavía sobrevivían en inmediaciones de la Ciudad de Cáceres[21]. Las principales fueron:

  • Nuevo tributo en especies suprimiéndoles el trabajo personal
  • Tener cumplidos los diez y seis años para comenzar a tributar
  • Construir una iglesia en cada Pueblo con imágenes, ornamentos y cura doctrinero todo el año para que los indios vivieran cristianamente.
  • Pagar los encomenderos al cura doctrinero, 50000 maravedíes cada año.
  • Llevar libros de Bautismos casamientos y muertes, sin que los encomenderos pudieran impedir sus matrimonios, aunque se tratase de indios de diferentes repartimientos.
  • No hablar a los indios sino en lengua española.
  • Permitir gozar a los indios de sus sucesiones y herencias.
  • Dar el derecho a los indios de tener un protector español, un capitán y dos alcaides indios, por cada pueblo.
  • Obligar a los indios a hacer sus rozas, las de sus ancianos y las de los españoles vecinos, sin tener en ellas […] piedra de moler ni se les consienta sino que sólo puedan hacer un bohío muy pequeño junto a las dichas sus rozas para poner y guardar el maíz e irlo trayendo al pueblo [...][22]
  • Vivir en los recién fundados pueblos todo el tiempo que no trabajen en las rozas.
  • Recibir cada año por servicios de casa, […] de traer leña, acarrear maíz, de la estancia y población en mulas y en hace rozas  en contornos de la dicha ciudad [Cáceres] […] los de edad de diez y siete años para arriba diez y ocho pesos de oro de veinte quilates […] y de los catorce hasta los diez siete años […] trece pesos y de los diez hasta los catorce […] nueve pesos y hasta la edad de diez años si alguno quisiere servir a algún español se cumple con darle de comer y vestir […][23]. Por el trabajo en rozas, sementeras y cosechas recibirán de jornal diario un tomín.

Para todos los indios de la provincia, estas ordenanzas fueron similares, diferenciándose únicamente, en las especies y las cantidades con las cuales debía papar los tributos y demoras; éstas, dependían de los recursos disponibles y de sus tradiciones agrícolas y mineras.

De la aplicación de estas ordenanzas en la ciudad de Cáceres, se derivo la paulatina pérdida de poder económico de los encomenderos, ya que no controlaban por medio del servicio personal, la mano de obra indígena en sus minas y estancias; sin embargo, el indígena no quedo exento del excesivo trabajo provocado por el pago de tributos al cual estaba sometido, aunque se exigiera que fuera

“[…] tratados como personas libres que son como los mismos españoles y que todos los defiendan y amparen en su libertad [..]”[24]

A pesar del esfuerzo legislativo para la administración de la población indígena de Cáceres, ésta continuó presentando resistencia a la aplicación de políticas reduccionistas sistemáticas, aunque se buscaba tener en cuenta lo expuesto por los indígenas                                             en el interrogatorio de visita, previo a las fundaciones. En éste, se les preguntaba por las tierras apropiadas para levantar un pueblo donde pudieran vivir todos juntos—aunque fueran de diferentes encomiendas—, y ellos respondían en su mayoría:

“[…] que sería bueno que los indios rozadores y de las minas del repartimiento sean poblados juntos en un sitio para que sean bien doctrinados y tengan su iglesia y padre y que le parece buen sitio el que llaman de Ormana de Francisco de Heredia que es tierra sana y de buen temple y de buenas aguas y aires y tierras buenas y fértiles […][25]

Parte de las ordenanzas impuestas por el visitador Herreia Campuzano, se relacionaban con el establecimiento de nuevas disposiciones referentes a la manera como la población indígena, debía pagar el tributo. Fueron tenidas en cuenta para estas nuevas imposiciones, las particularidades ambientales de los territorios de cada población, siendo éstas determinantes al comento do elegir las especias en  que se debía tributar.

Sólo debían tributaritos los hombres que tuviesen entre 16 y 45 años; estaban libres de pagarlo los Capitanes, caciques y enfermos que tuviesen algún impedimento físico. La cantidad y calidad del tributo, ya no era impuesta por el encomendero; para este tiempo, era el gobernador, el encargado de ordenarlo, con la supervisión de los protectores de naturales, para su cumplimiento.

A los indios reducidos en Santiago de Arate y  San Sebastián de Ormana se les obligó a pagar

“[…] de demora y tributo, dos pesos de oro de 20 Quilates y dos fanegas de maíz desgranado y dos gallinas pagado la mitad de todo esto por San Juan [julio] y la otra mitad por navidad […] y si no diesen las dos gallinas por no criarlas cumpliesen con pagar con medio peso de oro por cada gallina […]”[26].

Las disposiciones tomadas en esta visita para el cobro de tributos, no fueron tenidas en cuenta por las justicias ordinarias de la ciudad de Cáceres, ya que por ser este territorio excesivamente minero, se obligó a los indios a dar el tributo en oro, argumentando que la especie más abundante en estas tierras, era éste preciado metal.

[1] R.L.I. Op. Cit. Titulo 3. Libro IV

[2] Patiño, Víctor Manuel. Proemio. En: Relación Geográfica de la Nueva Granada. Cespedecia. Suplemento No. 4. Pág. 10. Cali, 1983.

[3] A.N.C. Tomo II. Documento No. 11.Folio 385R.

[4] Piedrahita Echeverri Javier. Del Poblado de San Lorenzo a la Parroquia de El Poblado. Pág. 35. Educa. Medellín, ,1076.

[5] R.L.I. Op. Cit. Título 3, Libro IV.

[6] A.N.C. Visitas Antioquia. Tomo II. Documento No. 11Folio 392R

59 Colmenares, Germán. La economía y  la* sociedad… Pág. 30

60 Retrepo Sáenz:, José. Gobernadores de Antioquia 1371 1810. Imprenta Nacional. Pág. 28. Bogotá, 1941

61 A.H.A. fondo Documentos. Tomo 1699-1708. Folios 380V-420R. A.N.C. Visitas Antioquia. Tom II. Documento N 11. Folio 390V

62 A.H.A. Fondo Documentos. Tomo 64.Folio 435V. Restrepo, Sáez, J. Op. Cit. Pág. 29.

[11] Piedrahita Echeverry, Javier. Documentos y estudios para la historia de  Medellín. Medellín, 1983

[12] A.H.A. Fondo Indios. Tomo 23. Documento No. 647.

[13] A.N.C. Visitas Antioquia. Tomo I. Documento No 1. Folio 60R

[14] A.H.A. Fondo Indios. Tomo 23. Documento No. 647.

[15] Ibíd.

[16] A.N.C. Visitas Antioquia. Tomo 1. Documento 1. Folios 63R – 63V

[17] A.N.C. Encomiendas. Tomo VI. Documento 8.

[18] Restrepo Sáenz. Op. Cit. Pág. 30

[19] A.N.C. Visitas Antioquia. Tomo I. Documento 16. Folios 456R – 456V

[20] A.N.C. Visitas Antioquia. Tomo II

[21] A.H.A. Fondo Indio. Tomo 23. Documento 674. Folio 64R

[22] Ibíd.

[23] Ibíd. Folio 489V

[24] Ibíd. Folio 505

[25] A.N.C. Visitas Antioquia. Tomo II. Folios 343R-350R

[26] A.N.C. Fondo Encomiendas. Tomo 6. Folio 106V

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2 comentarios en “SURGIMIENTO DE LOS PRIMERO PUEBLOS DE INDIOS EN EL TERRITORIO NUTABE

    1. Buenas tardes, no hay datos en las fuentes documentales coloniales que nos permita hacer una interpretación etimológica de la palabra Aburrá; solo es posible aproximarnos a afirmar que la terminación el A tildada hace alusión a grupos social entre la lengua Nutabe.

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