CONSOLIDACIÓN DEL RESGUARDO DE SAN PEDRO DE SABANALARGA

CONSOLIDACIÓN DEL RESGUARDO DE SAN PEDRO DE SABANALARGA Tomado de : Historia y Cultura de la Población Nutabe en Antioquia. Espinosa, Iván; Duque Marcela. Tesis de Grado. Departamento de Antropología – Universidad de Antioquia. Medellín, 1995. La resistencia que la población Nutabe presentó a las primeras reducciones de San Sebastian de Ormana y Santiago de Arate, queda evidenciada al trasladarse los indios por cuenta propia, al sitio “De la Sabanalarga”. En un interrogatorio efectuado en 1670 a los indios de Sabanalarga tratando de establecer su procedencia, afirma uno de ellos que “[…] nació en la Sabanalarga y que sus padres vinieron de Arate donde los pobló el señor oidor […] y que Se retiraron sus padres y abuelos del dicto pueblo de Arate a la Sabanalarga porque no les estaba bien el estar allá y le parece que cincuenta y cuatro anos que  vinieron al dicho           sitio de la Sabana larga […]”[1] Después de haberse iniciado  este proceso de migración por iniciativa de los propios indios, en 1622 el Gobernador  Francisco de Barrio (1616-1624) protocolizó el traslado de los indios ubicados […] en los pueblos de de Arate y Ornana en el sitio del Valle o Barrancas […] al dicho pueblo de San Pedro de Sabanalarga […]”[2] Todas las investigaciones históricas de los municipios antioquenos, afirman que el Resguardo de San Pedro de Sabanalarga fue fundado en 1614. Unos basándose en la tradición oral le atribuyen esta fundación a María del Pardo, famosa minera de la época; otros, haciendo uso equivoco de las fuentes documentales, certifican que “[…] el visitador Francisco de Herrera Campusano ordenó agrupar los indios de la provincia en resguardos creándose entonces el de Sabanalarga […][3] De los mil ciento treinta indios, reducidos a las poblaciones de Santiago de Arate y San Sebastián de Qrmana cerca a la ciudad de Cáceres en la loma de Barrancas y en la desembocadura del rio Espíritu Santo, no se sabe a ciencia cierta cuántos migraron hacia Sabanalarga. En las cuentas presentadas por Fernando del Toro Zapata encomendero de Sabanalarga para 1635[4], encontramos que sólo existían diez y siete indios tributarios; si a éstos, les aplicamos el coeficiente de cuatro propuesto por Jaramillo[5], para suponer el total de la población, tendremos como resultado, una población total aproximada de sesenta y ocho indios reducidos. La diferencia entre las cifras de población, pueden ser el resultado de que todos los indios reducidos a Santiago de Arate y San Sebastián de Ormana, no hubieran acatado la nueva ley dispuesta por Berrío, dispersándose por territorios sin colonizar. Estas gentes, probablemente formaron parte de las que dieron origen a las actuales comunidades indígenas presentes en los departamentos de Antioquia y Córdoba. También, puede ayudar a explicar esta diferenciación de cifras, el hecho de que en los recién fundados pueblos de Santiago de Arate y San Sebastian de Qrrnana, murieron muchos indios por no al clima. Otras causas de muerte fueron las enfermedades; para 1637, la población de Sabanalarga se había reducido en un 15% quedando aproximadamente 44 habitantes a causa de una epidemia de Saranpión[6]. Al parecer, la población indígena de Sabanalarga para 1640 comienza un período de estabilidad e incremento poblacional. Son reducidos a este pueblo, indios de diversos territorios, tales como Buriticá y Chocó, además de los que siguen llegando de la Ciudad de Cáceres. [7] En 1635, Alonso de Rodas, hijo natural del Gobernador Gaspar de Rodas, hace dejación de las encomiendas de los indios de Nutabes de Sabanalarga, adjudicándoselas los a Fernando del Toro Zapata; éste hizo usufructo del tributo de ellas sin contradicción alguna, hasta que Doña María Centeno, viuda del capitán Alonso de Rodas, en 1642, hace apelación para que le restituyan en la posesión de ellas. Comienza un pleito que termina hacía 1645 con la restitución de las encomiendas a Doña María, pero cuando llegan las Reales Cédulas de confirmación, ella ya había muerto[8]. Debido a esto, se vuelven a otorgar las encomiendas de Sabanalarga a Fernando de Toro Zapata, quien las goza hasta su muerte, sucediéndolo en la posesión su hija hacía 1680. Con la muerte de éste, sus hijos pretendieron continuar con la posesión de estas encomiendas, sin que obtuvieran respuesta positiva por parte de las autoridades coloniales. Ya para 1680, la población indígena total era de 290 personas, de las cuales, 141 eran hombres y 149 mujeres; el 50% de ella, era menor de 14 años. La disminución por causa de los españoles, había cesado y ya se comenzaban a ver las conveniencias de las nuevas disposiciones, que permitieron el aumento paulatino de la población indígena. Las familias más numerosas que representaban el poder colonial entre los indios de Sabanalarga, por desempeñar los cargos administrativos que se adjudican a ellos eran: Los Curequia, los Chací y los Santa María. Los caciques y capitanes indios exigidos por la administración colonial en cada resguardo, fueron nombrados en Sabanalarga, por acuerdos entre los mismos indios, con funciones d cobrar los tributos y administrar justicia entre ellos. El cargo de cacique, era hereditario, mientras que los capitanes, se nombraban cada dos años. En cargo de cacique estuvo en los primeros años de este pueblo,  en manos de la familia Chací; a partir de 1670, fueron sucedidos por la familia, Curequia, quienes conservaron el cargo por más de un siglo. Para esta época, las disposiciones administrativas referentes a la prohibición de instalar vivienda los españoles y mestizos en los pueblos de indios, no se estaba cumpliendo; en 1670, todos los resguardos de la provincia presentaban denuncias de tierras invadidas por libres. En el resguardo de San Pedro de Sabanalarga, había trece familias de libres entre mestizos, mulatos y zambos a las cuales se les ordenó desocupar las tierras, cosa que nunca hicieron[9]. Por ser el oro, la especie de la tierra más abundante en el resguardo de Sabanalarga, los indios tenían que tributar en él. El cobro de éste, se hacía efectivo por medio de los caciques y capitanes quienes debían recogerlo, entre los demás indios. De una certificación dada por el cacique Don Tomas de la Sabanalarga en 1635, se infiere que el tributo para los indios era de pesos de oro en polvo anuales[10]. Estos eran pagados en dos mitades, la primera en San Juan (Julio) y la otra en Navidad. La presión ejercida sobre los caciques y capitanes para que se llevara a cabo el cobro de tributos era tal, que algunas veces llegaron a apresarlos y encerrarlos en la cárcel de Antioquia  hasta que sus encardados saldaran las cuentas. Para 1635, siendo encomendero de Sabanalarga Alonso de Rodas se ordenó apresar al cacique Don Tomas, por cuarenta pesos de oro que debía de los 17 tributarios de éste pueblo, por los tercios de San Juan[11]. El cura doctrinero jugaba un papel esencial en esta política de tributos, ya que era el encargado de realizar los censos y padrones, en los que se debía llevar estricta relación de los indios varones que estaban en edad de tributar. Para 1663 aparte de los 10 pesos de oro que debían dar los indios de Sabanalarga como tributo a los oficiales de la Caja Real, les exigían el pago de dos pesos de oro en polvo anuales, como impuesto para la corona por el trabajo en los aluviones del río Cauca; pero aunque los indios se quejaron por intermedio de su protector, no les fue suprimida la doble tributación, afirmando que éstos sacaban en cada verano, más de veinte pesos de oro en polvo con poco trabajo, pudiendo muy fácilmente, cumplir con lo ordenado. Cuando el resguardo de San Redro de Sabanalarga fue protocolizado por el gobernador Berrío, no fueron establecidos los límites de su territorio lo que ocasionó una ambigüedad en la posesión de territorios aledaños al pueblo recién fundado. Esta situación permaneció hasta que el señor gobernador Francisco Montoya y Salazar en visita practicada a éste pueblo hacia 1670, impone límites a los territorios que debían ocupar los indios. Estos comprendían, desde las cabeceras de la quebrada la Honda bajando por sus anuas hasta la desembocadura en el río Cauca: de allí el rio abajo de Cauca, hasta llegar a la desembocadura de la quebrada Niquia, subiendo hasta sus cabeceras y uniéndose por las cordilleras de montaña con los nacimientos de la quebrada La Honda. Al determinar éstos límites, el gobernador exigió a las familias libres desocupar estas tierras, hecho que nunca sucedió[12]. [1] A.H.A. Fondo Indios. Tomo 23. Documento 674. Folio 600R [2] Ibíd. Folio 620V [3] Suárez, Ivone. “Monografía de Sabanalarga”. En: Nuestra Antioquia. Región Occidental. Turantioquia. Pág. 311. Medellín, 1989. [4] A.H.A. Fondo Indios. Tomo 23. Documento  697. Folio 400V [5] Jaramillo Uribe, Jame. Ensayos sobre historia social colombiana. Universidad Nacional de Colombia. Pág. 104. Bogotá, 1960. [6] A.H.A. Fondo Indios. Tomo 24. Documento 729. Folio 180R [7] Ibíd. Folios 175R – 190V [8] A.H.A. Fondo Indios. Tomo 23. Documento 697. Folio 421R [9] A.H.A. Fondo Fundaciones. Tomo 51. Documento 2019. [10] A.H.A. Fondo Indios. Tomo 23. Documento 697. Folio 430R. [11] Ibíd. [12] A.H.A. Fondo Reales Provisiones. Tomo 14. Documento 492. Folio 50R

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