1.1.1 Cultura, Territorio y Territorialidad

Tomado de : Historia y Cultura del Pueblo Olo Tule de Ipkikuntiwala. Colección de Autores Antioqueños. Medellín, 2010. Autor: Iván Darío Espinosa Peláez.

Con relación al concepto de cultura, valga aclarar aquí en primera instancia, que se presenta una confusión cuando es utilizado como expresión y manifestación de las bellas artes, especialmente en diarios y revistas, de donde se  interpreta que las personas instruidas y conocedoras de las artes y de otras gentes son muy instruidas, asumiéndose que hay toda una gradación hasta los “incultos” (carentes de cultura)[1].

Así mismo, también ha sido usado para designar  grupos humanos desconocidos, generando múltiples confusiones para los lectores que no entienden desde que punto de vista se esta haciendo alusión al termino cultura[2].

El sentido que le queremos dar aquí, es el utilizado desde la antropología y en general desde todas las ciencias sociales. Donde es considerado como lo que indica una forma particular de vida, de gente, de un período, o de un grupo humano. Dentro de las diferentes definiciones que existen sobre el término, es posible identificar algunas constantes relacionadas con la apreciación y análisis de elementos tales como valores, costumbres, normas, estilos de vida, formas o implementos materiales, la organización social, etc.

Desde un punto de vista sociológico, cultura es entendida  como los procesos de desarrollo intelectual, espiritual y estéticos del acontecer humano, incluyendo la ciencia y la tecnología, como cuando se habla del desarrollo cultural de un pueblo o país; desde esta perspectiva, se ha planteado la cultura como “[…] el progreso intelectual y social del hombre en general, de las colectividades, de la humanidad”[3].

Desde una perspectiva de la hermenéutica antropológica, que es la tendencia que queremos adoptar en este estudio, la cultura es  entendida como un proceso de significados en un acto de comunicación, objetivos y subjetivos, entre los procesos mentales que crean los significados y un medio ambiente o contexto significativo. Con relación a esta postura Clifford Geertz dice que:

“El concepto de cultura que propongo… es esencialmente un concepto semiótico. Creyendo con Max Weber que el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones.[…]  

[…] la cultura se comprende mejor no como complejos de esquemas concretos de conducta, costumbres, usanzas, tradiciones, conjuntos de hábitos —como ha ocurrido en general hasta ahora, sino como una serie de mecanismos de control— planes, recetas, fórmulas, reglas, instrucciones (lo que los ingenieros de computación llaman “programas”) que gobiernan la conducta” [4].

Teniendo en cuenta lo anterior, la cultura puede ser considerada  como una red o trama de sentidos, desde donde buscamos dar significados a los fenómenos o eventos de la vida cotidiana[5]. Sería pues una producción de sentidos, de los fenómenos y eventos de la vida cotidiana para un grupo humano determinado. Si queremos acceder a la cultura /Tule/ de los habitantes de /Ipkikuntiwala/, en realidad nos estamos preguntando ¿qué sentido tiene la vida para los habitantes del resguardo de Caimán Nuevo?

Desde este marco interpretativo se busca darle una explicación antropológica a la cuestión de la alteridad concebida coma la tarea de

“interpretar la interpretación que otros hacen de la categoría del otro en los diferentes niveles en los que sitúan su lugar e imponen su necesidad”[6].

Visto de esta forma, tratar de comprender la cultura /Tule/, es tratar de descifrar el entramado de significados vividos y actuados dentro de la comunidad de /Ipkikuntiwala/. Entendiendo el sentido como un conjunto de significados, es posible comprender que la cultura /Tule/ al ser examinada como sentido, se refiere a un conjunto de significados que cobran vida como tales, en sus vivencias y relaciones con las demás personas y con su ambiente (la pragmática semiótica). Al mismo tiempo este conjunto de significados, que se encuentran básicamente en historias tales como la que le dan origen a la Madre – Tierra (/Nan Kuana/) , la de /Mako/ y su descendencia, la de /Ipelelel/, la de /Ipeorkun/, entre otras,  involucran un orden o jerarquía de significados (la sintaxis semiótica): de esta forma podemos entender, entre otras cosas las jerarquías de la organización política /Tule/, donde en la cabeza se encuentran los /Saklamal/, luego los /Arkalmal/, hasta llegar a los /Swalipepmal/ y al pueblo (el /Olo Tulemal/).

Así mismo hay que considerar que cada grupo humano tiene un significado para cada cosa del hacer y del quehacer (la semántica semiótica), de manera que esos significados tienen sólo las connotaciones que ese grupo humano particular les da, pudiendo ser parecidos a los de otro grupo, pero nunca todos los significados iguales en su completa totalidad. De manera que finalmente la cultura de cada grupo humano, en este caso la /Tule/ puede ser considerada como su “huella digital”, que la caracteriza y la identifica de las demás. Por esta razón no existen dos grupos humanos con la misma cultura.

Como estos conjuntos de significados no se dan en el vacío, ni espontáneamente, ni al mismo tiempo, surge la importancia del contexto de la cultura, como un elemento muy importante en el estudio de del pueblo /Tule/ de /Ipkikuntiwala/. Esto nos impone la necesidad de considerar el territorio y la temporalidad de lo vivido, de lo concebido, como elemento importante para acceder  a las dinámicas culturales de este grupo humano; a esto es lo que se conoce como “Contexto de la cultura”. La visión de lo temporal no es lineal, pues el tiempo del mito es cíclico y es determinante en el accionar del ahora, por lo tanto hay que tratar de acceder a la “semiótica de la narración” como elemento crucial para entender la cultura /Tule/. Esta concepción del tiempo del mito que efectivamente tiene en representación en lo cotidiano, es decir en la praxis, nos lleva a considerar los vínculos  entre la historia y la antropología, pues

 “[…] la historia es ordenada por la cultura, de diferentes maneras en diferentes sociedades, de acuerdo con esquemas significativos de las cosas.  Lo contrario también es cierto: los esquemas culturales son ordenados por la historia puesto que en mayor o menor grado,  los significados se revalorizan a medida que van realizándose en la práctica […]” [7]

Todo lo anterior nos lleva a pensar la culturacomo

“[…] un tejido de significados encarnados en símbolos y transmitido históricamente, un sistema de concepciones heredadas expresadas de manera simbólica por medio de las cuales los hombres se comunican y desarrollan su conocimiento sobre la vida y las actitudes hacia la vida”. [8]

Entendida de esta manera, la cultura organiza la situación actual en relación a un pasado y funciona como una síntesis de la estabilidad y el cambio, el pasado y el presente, la diacronía y la sincronía[9].

Queda claro entonces, desde esta perspectiva teórica, los estrechos vínculos entre historia y antropología; esta situación y la necesidad de determinar los momentos de cambio social dentro del devenir del pueblo /Tule/ es importante identificar aquellos acontecimientos del pasado que ayudaron a configurar una ruptura o una continuidad. En este sentido vamos a considerar los “acontecimientos históricos” como sucesos del mundo en relación con la significación proyectada desde algún sistema cultural; teniendo en cuanta lo anterior, el acontecimiento registrado en las fuentes, es un suceso histórico interpretado y las interpretaciones varían, lo que estaría también considerando que no existen los datos históricos puros, pues su escritura y posterior lectura están mediatizados por concepciones ideológicas y culturales.  En otras palabras, todo acontecimiento histórico debe interpretarse a la luz del código cultural dentro del cual se produce y debe ser reconstruido cuidadosamente de antemano[10].  Se trata entonces de re-construir un acontecimiento histórico, que fundado en elementos de un micro tiempo, en el sentido de corta duración de Braudel, estructuran de manera coherente un sistema cultural de referencia.

El conocimiento de los diversos acontecimientos históricos que marcaron el devenir del pueblo /Olo Tule/ de /Ipkikuntiwala/, nos permitió establecer los pisos y los techos de las diferentes fases de cambio social que componen el proceso histórico definido para esta comunidad. Como es posible observar, se trata de un marco que permite el ordenamiento de la información histórica que ayude a  plantear una hipótesis desde los modelos procesuales de reconstrucción histórica.

De otro lado es importante tener una aproximación al territorio donde se localiza el grupo humano que de corazón se busca conocer, por que es allí donde se da  la constitución de lugares, ya que es uno de los procedimientos simbólicos que permite pensar la alteridad — y por consiguiente la identidad como su par relativo—. Desde nuestra visión antropológica del territorio, recurrimos a  la  equiparación entre lugar y cultura, a la territorialización de ésta como procedimiento para poder pensarla[11].

Para delimitar el entorno espacial de este estudio, se considera “el territorio” no simplemente como el espacio físico o el medio natural de un grupo humano en particular;  se entiende como la socialización de un medio natural mediante el ejercicio de lo concebido, nombrado, clasificado, recorrido, usado y representado simbólicamente[12]; en este orden de ideas el territorio es considerado como una experiencia  humana que adquiere sentido a través de la intencionalidad de los individuos quienes lo dotan con una pluralidad de significados que dependen del tiempo y las experiencias culturales[13]. Teniendo en cuenta este planteamiento, fue posible superar, en la comprensión del territorio /Olo Tule/ de /ipkikuntiwala/, los determinantes político-administrativos, geográficos y ambientales, que por lo demás incluyen espacios físicos, míticos y preternaturales. Igualmente nos permite entender las discontinuidades en la ocupación territorial sin que eso implique una ruptura comunicativa de la nación /Olo Tule/ dispersa en dos países, en regiones geográfica y ambientalmente diferentes.


[1]Austin, 2000.

[2]Austin, 2000.

[3] Fischer; en Auntin, 2000.

[4] Geertz, 1987:20-50

[5] Auntin, 2000.

[6] Augé, 1992:30.

[7] Sahalins, 1998: 2.

[8] Geertz, 1973;  Citado por Colmenares, 1987.

[9] Sahlins, 1988.

[10] Colmenares, 1987-

[11] Cañedo, 2000.

[12] Duque otros, 1996.

[13] Molano, 1989.

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