4.2.2 Municipio de Sopetrán

Contexto Municipal

 

–           Características Geográficas

 

Este municipio se localiza en la vertiente occidental de la cordillera Central y hace parte de la dirección territorial Hevexicos de CORANTIOQUIA; su cabecera está localizada a los 06º 30 14” latitud norte y 75º 44 51” longitud oeste, con una altitud de 730 msnm, una temperatura promedio de 25.3º centígrados y una precipitación media anual de 1400 mm. Para llegar a su cabecera es necesario desplazase desde Medellín por la vía al mar, pasando por San Jerónimo; este recorrido es de unos 74 Km (IGAG 1996, Tomo 4: 2225; EOT: Sopetrán1998:10).

 

La extensión del municipio es de 226 Km2 y limita al norte con Olaya y Belmira, al oriente con Belmira y San Pedro, al sur con San Jerónimo y Ebejico y al occidente con Santa Fe de Antioquia (EOT Sopetrán 1998:10).  Territorialmente, el municipio se divide en tres zonas: Alta, Media y Baja, división en la que se ha contemplado la altura, zonas de vida y productividad.

 

La zona alta se localiza al norte de la cabecera municipal, límite entre los municipios de Belmira y Olaya en una cota máxima que llega hasta los 2800 msnm, mientras que hacia el occidente el límite está determinado por la quebrada La Nuarque desde su nacimiento hasta su desembocadura en el río Cauca; por esta aguas arriba hasta la confluencia de la quebrada La Mirandita, esta aguas arriba hasta su nacimiento en la cuchilla de Monte Frío, límite con el municipio de Belmira.  Se caracteriza por ser sitio importante de nacimiento de aguas, en donde se destaca un patrón de asentamiento disperso.  Con relación al uso del suelo sobresalen las explotaciones agropecuarias y de ganadería de ladera, en mediana densidad.

 

La denominada zona media comprende desde el nacimiento de la quebrada La Mirandita, hasta su desembocadura en la quebrada Sopetrana, por esta hasta su desembocadura en el río Cauca, aguas arriba hasta la desembocadura del río Aurrá y por este aguas abajo hasta el límite con los municipios de San Jerónimo y Belmira hasta encontrar el nacimiento de la quebrada La Mirandita.  Esta zona es considerada como uno de los sectores de mayor productividad y variedad de frutales, en donde también es posible encontrar cultivos de café y plátano.

 

La zona baja comprende el sector que bordea el municipio sobre el río Cauca desde la desembocadura de la quebrada Potosí, hasta la desembocadura del río Aurrá y aguas arriba de este hasta la confluencia de la quebrada El Oro, subiendo hasta el cerro del Guásimo y luego bajando por el cerro hasta el cauce de la quebrada Sucia; por esta aguas abajo hasta la confluencia de la quebrada La Clara y aguas arriba de esta a llegar al nacimiento de la quebrada La Balsala y luego a tomar el camino que conduce del municipio de Ebejico hasta San Nicolás, en la cuchilla de Quirimará, hasta el nacimiento de la quebrada Potosi, aguas debajo de esta hasta su desembocadura en el río Cauca. En esta zona se localizan varios de los asentamientos considerados en esta investigación como son San Nicolás y Guaimaral, los cuales se caracterizan por la explotación de materiales de playa, producción agrícola y ganadería doble propósito; la tenencia y el uso de la tierra se ha transformado en los últimos años hacia parcelaciones y fincas de recreo.

 

Desde el punto de vista geomorfológico, el municipio se caracteriza por la presencia de montañas, valles, cañones y zonas secas.  Con relación al sistema montañoso se destacan cuatro unidades que se desprenden de la cordillera Central, estas corresponden a las serranías de Palogrande, Santa Rita, Monte Grande y Guayabal.  Los valles corresponden a las zonas de divagación de los ríos Cauca y Aurrá, principales fuentes hídricas de la municipalidad, valles que por su característica aluvial son considerados de gran aptitud para el desarrollo de actividades agrícolas; no en vano en ellos concentran un número significativo de hectáreas cultivadas con maíz y frutales, básicamente.  Así mismo sobre salen seis cañones profundos y escarpados que se constituyen en drenajes de los pequeños afluentes que desaguan en los ríos Cauca y Aura; mientras tanto, las zonas secas se concentran básicamente en la cuchilla de Quirimará; se trata de un sistema colinado de suelos pobres y con una fuerte tendencia a la erosión (EOT Sopetrán 1999:17).

 

Estas formaciones geomorfológicas se encuentran constituidas por rocas de diferentes tipos entre las que se caracterizan las rocas ígneas destacándose las composiciones Neís Tonaltico de Horizontes que son cuerpos de forma alargada y afloran en las quebradas La Sopetrana, La Pava y Los Cedros; Neís Granítico de Montegrande, son rocas muy fracturadas y meteorizadas que se presentan en las quebradas Vitá y Miranda; Rocas Ultramórficas de Sucre, relacionadas con el sistema de fallas Cauca Romeral y tienen presencia en las quebradas Guasimal y Chachafruto (Sopetrán) y cerca de la población de Sucre (Olaya); Gabro de San Sebastián, grupo de Gabros que están ubicados dentro del sistema de fallas de Cauca Romeral; Granito Neísco de Palmitas, que se presenta de forma alargada en la parte central del municipio cruzando de sur a norte, partiendo desde la vereda Potrero hasta el costado centro oriental del corregimiento de Horizontes y del centro poblado de Santa Barbara; Diorita de Pueblito, cuerpo de forma tabular que se prolonga al sur del municipio entre las fallas de Qurimará y Quebrada Seca; Formación Quebradagrande, afloran fundamentalmente al sureste de Sopetrán y en Loma Hermosa; Diorita de Heliconia, pequeños cuerpos de composición variable emplazados en las trazas del sistema de fallas Cauca Romeral, se encuentran al Norte de Sopetrán y en la quebrada Yuná.  También son características las rocas metamórficas principalmente del tipo anfiboles, neises; esquistos cuarzo sericíticos y alumínicos, además de rocas sedimentarias.

 

Sopetrán posee una significativa cantidad de fuentes hídricas que fortalecen el desarrollo agrícola.  Es el río Cauca el cuerpo de agua más importante y el cual es alimentado por el río Aurrá que nace en jurisdicción del municipio de San Jerónimo.  De menor caudal, pero no de menor importancia, son las quebradas La Mirandita, cuyo nacimiento se localiza en el limite de las veredas Filo Grande y Filo del Medio a 2800 msnm atravesando el valle de la Miranda y desembocando en la quebrada la Sopetrana; su valle es reconocido por ser  la zona de producción de frutales más significativa del municipio; la quebrada Sopetrana, la cual nace en el límite de las veredas Morrón y Chachafruto, abastece de agua potable al acueducto municipal y a varios veredales; la quebrada Tafetanes, que nace a 2000 msnm en el sitio denominado la Ceja desembocando en el río Aurrá, esta se constituye en límite entre los municipios de Belmira y Sopetrán, además abastece algunos acueductos veredales y su caudal también es utilizado para el riego de extensiones agrícolas y pecuarias; uso que además se ha dado a las quebradas La Nuarque y La Yuná, cuyos caudales aumentan drásticamente en épocas invernales.

 

Otras quebradas del municipio son la Potosí, en límites con Ebéjico; La Gran Laguna, de origen antrópico y aprovechado por los habitantes de la vereda la Puerta; La Vita; La Porquera; La Chusumbi; La Juan Fue; El Silencio; La Malpaso; Aguacates; La Cangrejo; La Cascada; La Honda; La Pulgariana; La Cosme y otras de muy bajo caudal (EOT Sopetrán 1999).

 

En este municipio existen diferentes zonas de vida asociadas a los pisos altitudinales que lo conforman.  Se encuentra el Bosque seco tropical (bs-t), localizado entre 1000 y 2000 msnm con una temperatura promedio de 24 grados centígrados; se caracteriza por estar asociado a cañones profundos con laderas abruptas y de gran pendiente, a esta zona de vida están asociados los corregimiento de San Nicolás y Córdoba, así como las veredas que los constituyen[1].

 

El Bosque húmedo premontano (bh-PM), localizado entre 1000 y 2000 msnm con una temperatura de 17 a 24 grados centígrados, comprende la parte central del corregimiento de Córdoba, la Cabecera municipal y las áreas cercanas a Horizontes, Montegrande y Guayabal y se constituye en una zona altamente agrícola y ganadera.

 

Bosque muy húmedo premontano (bmh-PM), entre 1000 y 2000 msnm con temperaturas promedio entre 12 y 18 grados centígrados; en esta zona de vida se encuentran localizadas las áreas rurales de las veredas Nuevo Horizontes, Loma del Medio, La Aguada, Monte Grande y Guayabal.

 

Finalmente, se encuentra el Bosque muy húmedo montano (bmh-Mb) a una altura de 2000 a 3000 msnm y temperaturas entre 12 y 18 grados centígrados; se trata de una zona montañosa y abrupta en la cual se desarrollan actividades pecuarias de carácter extensivo con las que se ha disminuido drásticamente la proporción de bosques.  En esta zona de vida tienen cabida el corregimiento de Horizontes y las veredas Montegrande y Guayabal.

–           Características Socioeconómicas

 

En cuanto a la organización de la población, este municipio está conformado por siete corregimientos, dos centros urbanos y 31 veredas, habitado en total por 12491 personas de las cuales el 34.79% viven en la cabecera municipal y el 60 .26% en el área rural (EOT Sopetrán 998:147).

 

Las actividades agrícolas en este municipio se caracterizan por el predominio de economías campesinas desarrolladas en minifundios; cuyos suelos presentan, en algunos casos, limitantes para el desarrollo agrícola debido a las altas pendientes, el alto grado de erosión y el difícil acceso para su mecanización.  El recurso tierra esta distribuido de la siguiente manera: 73% son propietarios, 2.66% aparceros, 2.7% arrendatarios, 5.7% predios en sucesión, 10% son propiedades de carácter recreativo y  6.0% están en manos de cosecheros (EOT Sopetrán 1999:69).  Con estas cifras puede interpretarse que son los propietarios los de mayor relevancia en la municipalidad; sin embargo, hay que matizar esto, advirtiendo que la naturaleza de tales propietarios y de sus propiedades es disímil ya que muchos de ellos proceden de Medellín y sus tierras no son están dedicadas a actividades de producción agrícola o pecuaria, sino recreativas; además, un alto porcentaje de predios dedicados a usos recreativos corresponden a grandes o medianas extensiones de tierras con alta aptitud para la producción agrícola, de suerte que el porcentaje de propietarios debe correlacionarse con la extensión, calidad y usos del suelo.

 

Dentro de la producción agrícola se destaca el café, el cual ocupa 8% (530 Ha) de la extensión municipal; anualmente se producen 704.4 toneladas de las variedades caturro, Colombia y en menor proporción que las anteriores, pajarito.  Le sigue en importancia la producción de frutales[2] que genera al año 952 toneladas; el maracuyá es el principal producto en este ramo[3]; mientras que cultivos tradicionales como el maíz y el fríjol solo generan 10.7 toneladas.

 

Con relación a el sector pecuario se anota que corresponde a ganado bovino de carne  y doble propósito, manejado de manera extensiva, combinado con cultivos, sobre todo de frutales (EOT Sopetrán 1999).  Son en total 6666 bovinos de los cuales 10% está destinado a la producción lechera, 30% para la producción de carne y 60% es de doble propósito.

 

El sector minero en este municipio, que fue durante el siglo XVII y XVII un importante renglón de la economía, ha sido calificado como incipiente, pues solo se han realizado prospecciones y estudios para detectar el potencial aurífero en las zonas Sopetrán – Olaya, de ellos se infiere su posible existencia pero no se han desarrollado explotaciones. El desarrollo de este renglón económico en la municipalidad ha estado orientado a la explotación artesanal de gravas, arenas de río y balastro en las veredas San Nicolás y en menor proporción en Guyamaral y el Rodeo.  Otras actividades como la equina, porcícola, avícola, cunícula y piscícola entran a complementar el desarrollo de la economía municipal.

 

–           Contexto histórico municipal

 

La historia del municipio de Sopetrán se remonta a la fundación de los primeros resguardos indígenas en la provincia de Antioquia.  Al igual que el resguardo de Buriticá, este pueblo de indios fue fundado en año 1616 por el señor Oidor y Visitador de la real audiencia del nuevo reino de Granada, Francisco Herrera Campuzano en tierras que pertenecían a doña María de Quesada, sobre la margen derecha del río Cauca.  Esta fundación se hizo con el fin de reducir y agrupar algunas encomiendas del occidente, cuyos indios pertenecían a los cacicazgos de Peques y Bejicos.

 

Por estar ubicada en las mejores tierras para la explotación agrícola de toda la jurisdicción de Santa Fe de Antioquia, fue desde sus inicios continuamente invadido por hombres libres, blancos, mulatos y mestizos.  Esto provocó múltiples conflictos legales y varios intentos de traslado de la población indígena a todo lo largo del periodo colonial.

 

Para 1639, la población indígena había disminuido considerablemente debido a epidemias y enfermedades, lo que motivó a varios vecinos libres de Santa Fe de Antioquia a elevar la petición formal al gobernador de la provincia Juan Jaramillo de Andrade, para la adjudicación de tierras destinadas a estancias, sementeras, rozas y ganadería.  En Agosto del mismo año se certificó esta disminución y se llevó a cabo la adjudicación de algunos terrenos a la población libre demandante (Salazar 1994: 191-192).  En este periodo comenzó un proceso de mestizaje entre población indígena, negra y blanca, como resultado de la cercanía entre pueblos de indios, campamentos de esclavos y centros poblados de españoles blancos, quienes continuamente estaban invadiendo las tierras del resguardo, por su aptitud para el desarrollo de actividades agrícolas.  Ya en el siglo XVIII, la minería de cuadrilla decayó[4] lo que ocasionó la intensificación de la producción agrícola y el surgimiento de mineros mazamorreros independientes, quienes explotaban a pequeña escala las riveras de ríos y quebradas

 

La población indígena de este resguardo y la de San Antonio de Buriticá fue traslada en la segunda mitad del siglo XVIII a Cañas Gordas y Sabanalarga por orden del virrey Solís, quien tiempo después tuvo que revocar la orden y autorizar al gobernador de la provincia, para que nuevamente trasladara los indígenas a su pueblo y demarcara nuevos límites.

 

Inicialmente, la extensión  de este resguardo fue de 295 kilómetros cuadrados, aproximadamente, siendo por su extensión el más pequeño de los resguardos establecidos en el Occidente antioqueño.  Cubría las cuencas de la quebrada La Yuná y la Miranda,  parcialmente la de río Aurrá con su principal afluente  la quebrada Grande que servía del límite al sur.  Espacialmente este pueblo estaba localizado en la cuenca del río Cauca, en región fisiográfica del cañón del río Cauca; se ubica en la vertiente occidental de la cordillera central, en un valle interandino, con una pluviosidad extremadamente baja que no supera los 1000 mm anuales, alturas inferiores a los 1000 msnm y una temperatura que oscila entre los 24 y 30ºC.

 

Los primeros linderos señalados por Francisco de Herrera Campuzano fueron:

 

…desde el nacimiento de la quebrada los tafetanes y por ella debajo de todos los vertientes de un ay otra parte de la dicha quebrada hasta donde entra el río que llaman de Aurrá, todo el dicho de Aurrá abajo, con él va la banda de dicha población, hasta donde entra el río Cauca y el dicho río de Cauca a bajo, hasta la quebrada que llaman de Noarque y de allí la misma quebrada arriba  cortando a dar la cumbre de Sisquiarco y toda la cordillera y lomas altas delante aguas  vertientes  a la dicha población. Y devolviendo por la parte de arriba a coger al nacimiento de la dicha quebrada de  los tafetanes, todas las cuales dichas tierras   inclusas en los dichos términos y resguardos la adjudicaban y adjudicó a los indios en los cuales  dichos términos y resguardos se incluyen y comprenden las estancias y hatos que solían tener doña María de Quesada y los de Rodrigo de Carvajal y el capitán Francisco Martínez y Bartolomé Sánchez Torreblanca que están en la rivera de dicho río Cauca  y también se incluye una parte de estancia de Francisco Alférez  lo que este linde dicha quebrada de Nuarco a la banda de dicha población y así mismo se comprende la estancia de Diego de Miranda y las tierras y estancias que Fabián Ordoñez tenía dentro de dicho resguardo cerca de la dicha quebrada de los Tafetanes, todos los cuales dichas Tierras y estancias  dejen libres…( A.H.A. Tomo. Doc. 4021: F 47 – R 47 V).

 

Luego de ser trasladados los indígenas en 1750 hacia el pueblo de Buriticá, por  intermedio del protector de los naturales, exigen la restitución de sus tierras, argumentando el clima mal sano y las malas relaciones con los residentes del pueblo de indios de Buriticá por lo que 1758 se les asignan nuevas tierras, momento en el cual solo son reportados 30 indios yanaconas, (7.5%) de los 400 inicialmente reconocidos.

 

Dada la constante reclamación de la población de libres, este resguardo tuvo diferentes límites;  los nuevos que se conservaron hasta la disolución del mismo en el siglo XIX, y fueron:

 

…desde el portachuelo del rodeo por su filo, cortando derecho al río de Aurra, río de Aurra arriba hasta la boca de la quebrada de los Tafetanes, quebrada arriba hasta el salto de la dicha quebrada y de dicho salto cortando derecho a la quebrada de Sopetrán y quebrada arriba hasta las partidas  cortando derecho a la quebrada de  la Miranda y de dicha quebrada cortando derecho a la puerta vieja de  la asomadera y de dicha puerta vieja cortando loma abajo al filo  de las cuchillas de las piedras Mulatas y de dicho filo a dar  a las quebradas de Yuná, Yuná  a dar abajo hasta el alto  de Fagandó a la derecha de la Ciénaga de Perucho que mira al primer lindero del morro de portachuelo…(Ibid: Folio 56V).

 

En 1768 los indígenas de este resguardo se quejan ante el gobierno provincial porque los libres no cercaban ni encerraban sus ganados en las noches y al pasar por sus tierras  dañaban las sementeras.  En 1769, a pesar de las amenazas de lanzar a los libres del resguardo, persiste el problema con los ganados, y el gobernador en su sentencia recuerda la orden real de cercar y encerrar en las noches.  El argumento de libres y blancos eran que las tierras lindantes con el resguardo no tenían pasto, en cambio las de los indígenas eran las mejores y más fértiles por lo que el ganado se pasaba.  La medida del gobierno fue multar en $4 pesos a los dueños del ganado que se encontraban en pastos ajenos o sin encerrar y pagar los daños que diesen lugar (Pimienta 1985: 65-66).

 

Con los nuevos linderos, en el año de 1784 se exigió a la población libre, residente, desocupar estas tierras:

 

…notificar a todos los libres que tuvieran bestias y ganado y estuvieran fundados en las tierras de los indios que estos lo saquen o mantengan encerrados dichos ganados…y de continuar el daño de las sementeras de los indios y además que pagaran este,  se les mandara que los lancen y saquen de ellas o que dejen las tierras libres y se muden a otras partes…y los requerirá y los verificaran que si se quieren seguir disfrutando y poseyendo ha de ser con la calidad de contribuir por vía de arrendamiento cada año al respeto de 2 tomines por cada almud de tierra o que de lo contrario serán lanzados  para que lo disfruten otros bajo esta calidad, o los labren los mismos indios (A.H.A.Tomo.149 Doc.4021: 57R-57V).

 

En la última década del siglo XVIII ya eran 150 las familias de libres que vivían en dicho resguardo y nuevamente los indígenas piden al protector diligenciar la expulsión de vecinos libres y blancos puesto que son bastantes y causan grandes perjuicios por ser considerados muchos como malhechores, aparte de tenerlos relegados a una pequeña porción de su territorio.

 

La respuesta de las autoridades fue culpar a los indígenas por haber permitido la convivencia con blancos y libres en tierras del resguardo.  Este pleito propició además algunas diligencias encaminadas al avalúo de los terrenos, que proporcionaron argumentos para promover la reubicación de indígenas en tierras baldías alejadas de las estancias de libres, lo que nunca se logró consolidar (Salazar 1994: 195-196).

 

Aunque las disposiciones anteriores buscaban el desalojo de la población libre para proteger los intereses de los indígenas en lo relacionado con su territorio, el avanzado mestizaje y las alianzas matrimoniales establecidas anteriormente con población mestiza y mulata no permitieron la aplicación a la cabalidad de dicha norma, pues los mismos indígenas cedieron sin ninguna contraprestación tierras a las familias no indígenas.  Con relación a esto, el protector de naturales en el año de 1800 informa al gobernador cómo el alcalde de este pueblo, permite a personas libres cultivar y vivir en sus territorios, en contraposición a las disposiciones legales promulgadas por el virrey (A.H.A. Tomo 170.Doc. 4424: F349 R).

 

En la segunda década del siglo XIX se presentaron nuevamente conflictos por tierras entre indios y entre estos con población libre.  Algunos indígenas que quisieron regresar a sus resguardos en 1824 luego de participar en las campañas libertadoras encontraron que parte de sus tierras estaban ocupadas por otros indios o mestizos libres.  Un ejemplo fue la disputa que adelanto el indio Mateo Ramírez a quien le fueron arrebatadas sus tierras en las localidades de Gallinazo y Giménez; estas tierras habían sido invadidas por los indios Marceliano Sisquiarco y José Ignacio Montoya.  La solución del pleito consistió en la repartición equitativa de las tierras en disputa entre Josefa Ramírez, Mateo Ramírez, José Ignacio Montoya, Marceliano Sisquiarco, y Blas Ruiz; este último libre que no tenía propiedad (Salazar 1994:202).

 

En 1833 se dio inicio a los avalúos de los territorios del resguardo con el fin de llevar acabo la distribución de las tierras entre los indios que tuvieren derecho a ellas.  Es de notar que algunos de los indígenas que habían vendido parcelas y mejoras a personas libres no entrarían en dicha repartición (Ibid 1994:203).

 

Para 1835 se convocó a todos los indios ausentes con derechos sobre las tierras, colocando la lista de indios en los diferentes pueblos vecinos para que se hicieran presentes a la fecha límite al 20 de febrero.  En el momento exacto de la disolución del resguardo, no ha sido posible establecerlos. (Ibid: 203-204).

 

Hacia finales del siglo XVIII (1780) se levantó un patrón general de la población de este pueblo.  Según estos datos se puede observar que de 4.400 habitantes, únicamente 551 eran indígenas que representaban el 12.5% del total de la población.  Ya para 1797 la población indígena disminuyó en 16.6%  (92 personas) de los cuales 56 hombres y 48  mujeres eran casados mientras que entre solteros hombres y mujeres sumaban 345.  La mayoría de los indios eran casados con mujeres libres, lo que demuestra el proceso de mestizaje acelerado que se inició desde la conformación de este resguardo (Ibid: 196).

 

En 1805 la población presenta un leve incremento de 102 personas que representa un crecimiento significativo con relación a las cifras del año anterior.  Únicamente el 17% eran indígenas tributarios, mientras que el 73% eran solteros, lo que permite suponer un predominio de la población juvenil.  Para 1820, 15 años después, la población indígena se mantiene estable, pues fueron reportados 571 indígenas. El poco crecimiento de la población para este periodo, que no alcanza a cubrir la taza de crecimiento vegetativo, puede ser producto de los movimientos de población ocasionados por las guerras de independencia y reconquista.

 

Según el censo levantado en 1832 la población total fue de 484 personas incluyendo los indígenas sueltos de ambos sexos, de los cuales 282 eran mujeres.  Al igual que Buriticá, la población de este resguardo para esta época es extremadamente joven, pues el 34.3% tiene menos de 9 años y únicamente el 10% tiene más de 50 (ver pirámide del resguardo de Sopetrán).  Para esta época los principales apellidos indígenas son: Tangarife, Ortiz, Valderrama, Sisquiarco, Cañola, Oquendo y Congote. (A.H.A. Tomo 2687. Doc 3: F 97–162).

 

El mestizaje en este resguardo se inició desde con el establecimiento de nuevos centros poblacionales (finales del siglo XVII y principios del XVIII) cuando los indígenas comenzaron a hacer alianzas matrimoniales con familias de mestizos y libres que continuamente ocupaban sus territorios.  Prueba de esto es que para 1832 existía gran número de hombres y mujeres indígenas casados con personas libres; se reportaron 36 matrimonios de hombres indígenas con mujeres libres y 45 mujeres casadas con hombres libres.

 

Las primeras referencias sobre el patrón de poblamiento indígena en este sector del occidente antioqueño, proceden de la descripción que hace el señor Juan Antonio Mon y Velarde ; según sus apuntes, al parecer estos vivían dispersos en sus zonas de cultivo y únicamente unos cuantos tenían su habitación permanente en el poblado principal.  Afirma además que:

 

…aunque es un pueblo de indios goza honores y gajes de sitio por ser hoy considerable el número de libres que están allí establecidos…su temperamento es  algo menos que en Antioquia, de donde dista 3 lenguas que anda de por medio el río Cauca…La población está igualmente dispersa aquí como en todas partes, pero no sea a mandado hacer casas pues sería fomentar y autorizar la contravención a la ley que prohibe  vivan indios con libres…(Mon y Velarde. En: Robledo 1950. Tomo2 . Doc.30).

 

Como puede verse la población indígena fue desplazada de su centro poblacional por los libres que habían decidido establecer residencia permanente en dicho poblado lo que muy posiblemente los obligó a dispersarse por todo el territorio del resguardo sin que fuese posible reunirlo en el pueblo.  Al parecer, esta situación continuó durante las primeras décadas del siglo XIX, pues al realizarse el patrón o lista de indios en el año de 1817, se encontró el mismo patrón de poblamiento …Tienen muy pocas casas en aquel pueblo que suman 26 y las de los libres alcanzan 80 y de mejor construcción y aseo  (A.H.A. Tomo 27.Doc 873:F 520R).

 

La población de este resguardo fue sometida a mediados del siglo XVIII a un largo proceso de traslado de los resguardos de San Antonio de Buriticá y San Pedro de Sabanalarga como parte de las políticas administrativas para la adjudicación de tierras a la población libre; se argumentaba que los indígenas que sobrevivieron  al mal trato de las encomiendas eran tan pocos, que no alcanzaban a cubrir los estipendios de los curas doctrineros, lo que provocó un traslado hacía un solo pueblo de indios; esta situación produjo mestizaje entre los diferentes grupos de indígenas que habitaban en el occidente antioqueño; pero la migración nunca llegó a consolidarse, pues en muy poco tiempo los indígenas de Sopetrán exigieron la devolución de sus tierras provocando un nuevo movimiento de retorno de la población hacía sus antiguos territorios.  En las dos primeras décadas del siglo XIX gran cantidad de indígenas emigraron hacia diferentes lugares del territorio Antioqueño, muy posiblemente en búsqueda de mejores tierras,  ya que las pocas que poseían estaban ocupadas por libres, y para evadir así el pago de tributos establecidos para esta región:

 

A causa de las obligaciones pasadas y padecimiento de los naturales, sufrió este pueblo un deterioro grande, con motivo de la migración que les preciso hacer a estos dejando casi solo el lugar, pero luego de que se montó el gobierno republicano han ido regresando aunque no todos como consta…(A.H.A. Tomo27. Doc.873: F519 R).

 

De igual manera, las guerras de independencia y reconquista provocaron nuevamente desplazamiento de población indígena; al parecer fueron  reducidos algunos naturales de este pueblo para las campañas libertadoras libradas en el sur de la Nueva Granada, quedando nuevamente el pueblo de Sopetrán prácticamente desocupado. (Salazar 1994:200).

 

A partir de 1824 comenzaron a regresar a su antiguo territorio, aquellos indígenas que por una u otra razón habían dejado el resguardo, quizá motivados por la repartición de las tierras que se había comenzado a presentar como parte de la liquidación definitiva del pueblo de indios.

 

Durante el siglo XVII la actividad económica preponderante fue la minería de aluvión que se hacía con cuadrillas de negros esclavos especialmente a orillas del río Cauca.  En las tres últimas décadas del siglo XVIII, los indígenas del resguardo de Sopetrán se dedicaban a labores agrícolas y a la explotación del oro corrido o de aluvión en las orillas del río Cauca; para esta época el territorio de este resguardo era la despensa agrícola más importante en toda la provincia, ya que surtía no solo la población local, sino también a la de la ciudad de Antioquia y los poblados de los valles de Los Osos.

 

En 1769 el gobernador Joseph Barón de Chavez al referirse a este pueblo de indios informaba que en sus estancias existían grandes y buenos cultivos de plátano, Cañaduzales y Maíz; “ los cultivadores indígenas y mestizos de Sopetrán eran los agricultores más importantes de la jurisdicción.  Sopetrán era una región particularmente fértil en donde los vecinos lograban tres cosechas de maíz y fríjoles en el año, así como otros productos, en especial los típicos de las tierras bajas: arroz de Castilla,  caña, Plátanos, cacao, guineo, yuca, batata, niquios, auyama, calabazas, vitorias, arracacha, papa, ñame, repollo, lechuga, ajo, cebolla y legumbres” (Turantioquia s.f).  En este año se expide la ley para impedir el cultivo de tabaco en la provincia, la cual no fue acogida en este resguardo, pues se sabe que para 1881, todavía se cultivaba.  La persecución que se dio a este cultivo trajo como consecuencia el levantamiento[5] de algunos campesinos e indígenas porque no estaban dispuestos a cumplir la orden de “arrancar, descepar y quemar todo el tabaco que encontraba en ámbito de la jurisdicción”; sin embargo, después de esta sublevación, desaparece este cultivo en la zona (Ibíd).

 

Al iniciarse el siglo XIX el gobierno de la provincia delega en el corregidor la tarea de motivar nuevamente  a la  población  indígena para el trabajo en las minas de aluvión y la siembra de algunos productos agrícolas; el corregidor debía:

 

moverlos excitarlos a su labor haciendo que uno se aplique a las de las minas, respecto haberlas inmediatas; y que otros siembren caña de  azúcar y plátano, árboles de cacao, algodón, yucas, semillas y todos aquellos frutos, frutas y legumbres que permita su terreno, obligando a cada indio a que a lo menos den y mantengan en continuo cultivo con ellos siquiera 2 almudes de tierra, para que con esta previsión se le vaya quitando y moviendo su desaplicación y pereza ( A.H.A. Tomo 149. Doc. 4021: F 58R).

 

Con posterioridad a los movimientos de población realizados en las dos primeras décadas del siglo XIX, los indígenas, según la información recaudada en el padrón de 1817, se dedicaban principalmente a los tejidos de sombreros de caña  y al barequeo abandonando parcialmente su aplicación a las actividades agrícolas; el encargado del censo informa que:

 

llegaran estos aun estado de posibilidad por ser poco industriosos para agencias, pues para pagar el tributo, más bien se alquilan jornaleros y a labrar sombreros de caña que se les soporta muy poco para mantenerse con sus familias… 2 no aplicasen a cultivar sus tierras útiles que les ofrecen muchas ventajas y no lo hacen apreciando poco y enajenándoselas a los libres, los cuales se hayan bien radicados con buenas fincas… Los indios por el contrario aunque muchos de ellos aun no tienen suficientes terrenos que les franquean los libres… no los siembran bien… de manera que dichos indios no tienen fincas de utilidad ninguna, pues todos los reducen  a unas pocas matas de plátano y caña  y algunas de cacao…Los indios más bien se aplican a agenciar por medio de las minas, que aquí las hay, porque es propensión en ellos…( A.H.A. Tomo 27. Doc. 873: F519R- 520R).

 

La minería que se llevó a cabo en esta subregión durante el siglo XIX fue principalmente de explotaciones artesanales que eran realizadas por mineros independientes, los cuales poseían una infraestructura mínima que se les permitía movilizarse fácilmente por los diversos lugares de trabajo, a lo largo de todo el río Cauca y sus afluentes principales.

 

Fueron denunciadas minas de aluvión en los siguientes sitios: en el río Cauca, quebradas Sopetrana, la Miranda, Noarque, quebrada La Seca, quebrada Ayuna y Tafetanes como puede verse en la tabla 10.

 

 

Tabla 10.  Denuncio de minas de oro en la jurisdicción de Sopetrán[6]

 

Denunciante

Jurisdicción

Lugar

Mineral

Calidad de mina

Año

Nicolas Gomez

Sopetrán

Qda. Miranda

Oro

Veta

1825

José María Villa

Sopetrán

Nuarque

Oro

Veta

1825

Juan Uribe

Sopetrán

Qda. Sopetrana

Oro

Veta

1825

Vicente Vergara

Sopetrán

Qda. Ayuná

Oro

Aluvión

1805

Nepomuceno Ramirez

Sopetrán

Qda. Miranda

Oro

Veta

1808

Remigio Tabares

Sopetrán

Qda. Tafetanes

Oro

Aluvión

1813

Sacramento de Hoyos

Sopetrán

Qda. El Salado

Oro

Aluvión

1825

José Pereira

Sopetrán

Qda. Seca

Oro

Aluvión

1825

Carmelo Tabares

Sopetrán

Qda. Tafetanes

Oro

veta

1825

Rafel Vargas

Sopetrán

Qda. Nuarque

Oro

Veta

1825

Tomás Muñoz

Sopetrán

Obarco

Oro

Veta

1825

Tomás Muñoz

Sopetrán

Obarco

Oro

Veta

1825

Tomás Muñoz

Sopetrán

Obarco

Oro

Veta

1825

Victor Piedrahita

Sopetrán

San Nicolás

Oro

Veta

1825

Juan Antonio Escobar

Sopetrán

Guacamaya

Oro

Veta

1825

Gregorio Diez

Sopetrán

Qda. Miranda

Oro

Aluvión

1752

Bernardo Balbin

Sopetrán

Qda. Miranda

Oro

Aluvión

1771

Nicolas Martinez

Sopetrán

Qda. Nuarque

Oro

Aluvión

1771

José Ignacio de Vargas

Sopetrán

Qda. Nuarque

Oro

Aluvión

1796

 

 

Luego de la erradicación de los cultivos de Tabaco, y simultáneamente con la nueva orientación minera floreció la industria del cacao en las orillas del río Cauca donde se producía con excelentes condiciones, concentrándose principalmente en los sitios de Santa Fe y Sopetrán; esta producción cubría  la demanda de toda la provincia, hasta que la plaga conocida como “ La Mancha “ en 1845 acabó  con los cacaotales, la que generó un comercio de este producto con Manizales y el Cauca para abastecer la demanda de la provincia (Poveda 1988: 104-105).

En 1826 se registra la producción de sal (Tabla 11) y algunos cultivos en Sopetrán, así: se  producían anualmente 450 arrobas de sal que procedía de diferentes lugares de la jurisdicción (Tabla 11), 66 de cacao, 1800 de panela y 1500 cargas de maíz.  Esta producción abastecía tanto los mercados locales como algunos de carácter regional destacándose los cultivos, de cacao, sal, panela y maíz (ensayo de estadística general 1888: 135).

 

Tabla 11. Sitios denunciados para la explotación salina

 

Denunciante

Jurisdicción

Lugar

Mineral

Calidad de mina

Año

Francisco Balbín

Sopetrán

La Hundida

Sal

Fuente

1804

Francisco Balbín

Sopetrán

La Hundida

Sal

Fuente

1804

Francisco Balbín

Sopetrán

La Hundida

Sal

Fuente

1804

Francisco Balbín

Sopetrán

La Hundida

Sal

Fuente

1804

Francisco Balbín

Sopetrán

Qda. El Saladito

Sal

Fuente

1805

Juan Francisco Zapata

Sopetrán

Qda. San Antonio

Sal

Fuente

1806

Juan Francisco Zapata

Sopetrán

Qda. San Antonio

Sal

Fuente

1806

Juan Bautista Robledo

Sopetrán

Abejuco

Sal

Fuente

1814

Juan de Escobar

Sopetrán

San Antonio

Sal

Fuente

1791

Juan de Escobar

Sopetrán

San Antonio

Sal

Fuente

1791

Vicente Celedon Jaramillo

Sopetrán

Qda. Gualí

Sal

Fuente

1792

Rosalia Leal

Sopetrán

San Antonio

Sal

Fuente

1796

Rosalia Leal

Sopetrán

San Antonio

Sal

Fuente

1796

Francisco José Galván

Sopetrán

Córdoba

Sal

Fuente

1797

Francisco José Galván

Sopetrán

Cordoba

Sal

Fuente

1797

Andres Antonio López

Sopetrán

Qda. Tafetanes

Sal

Fuente

1798

Andres Antonio López

Sopetrán

Qda. Tafetanes

Sal

Fuente

1798

 

Además, para mediados del siglo XIX se cultiva en Sopetrán el anís y el índigo  promocionados por la sociedad González y Campuzano y compañía.  Ellos exportaron la producción hacia Europa entre 1845 y 1869; este cultivo decae vertiginosamente y desaparece en la ultima década del siglo XIX a causa del descubrimiento de colorantes químicos ( Poveda 1988: 117- 118).

 

En el año de 1881 el Prefecto del Estado informaba que en Sopetrán se producían 50 cargas de arroz, 200 de azúcar, 150 de tabaco, 30 de cacao, 25 de café 25 de papa, 2000 de panela, 10 de trigo, 6000de maíz y 200 de frijoles (Memoria que se presenta al ciudadano Vicepresidente encargado del Estado.1881: 41).

 

Para 1888, se destacaba la producción de anís, arracacha, arroz, azúcar, cacao plátano, tabaco, frijoles y maíz. (Ensayo de estadística general 1888).

 

Con la relación a la industria pecuaria, esta fue una de las más destacadas en toda la provincia.  En el censo pecuario elaborado 1826 se reportaron 2435 cabezas de ganado vacuno, 106 cabezas de ganado lanar, 260 cabezas de caprinos, 936 caballos, 1026 yeguas, 323 mulas y 57 asnos (Ensayo de estadística general 1888).

 

Paralelamente a estas actividades se desarrollaron algunos oficios entre los que se destacan la elaboración de sombreros de Iraca o Panamá, industria que fue introducida  por el Ecuador y se instaló en esta subregión, principalmente en los distritos de Sopetrán y Olaya; esta producción fue exportgada principalmente a E.EU.U, Cuba y Panamá, conservándose hasta la primera década del siglo XX (Turantioquia sf: 579; Suárez 1989: 283).  Además, florecieron otras actividades económicas a mediados del siglo XIX relacionadas con la costura, albañilería, elaboración de tapias, comercio de Hilandería, tabaquería, carpintería, arriería, artesanía, herrería, platería, música, trapiches, pastelería, panadería etc… que suplían la demanda de la población asentada en los principales centros poblados de esta subregión  (A.H.A. Tomo 2700. Doc.9. Doc4. Doc.11. Tomo. 2723. Doc.6).

 

Sopetrán fue considerada pueblo de indios, desde su fundación  hasta el año 1832 cuando fue disuelto el resguardo; sin embargo. de 1820 a 1827 figura como distrito parroquial del cartón de Antioquia; en 1835 aparece como distrito del cartón de Antioquia nuevamente, situación que no varía hasta 1851, cuando es considerado Villa Cabecera del Cartón de Sopetrán  que pertenecía a la parroquia de Antioquia.  En el año de 1856 se le da el apelativo de la ciudad y con la creación de los departamentos, se le considera capital del departamento  de Sopetrán. En el año 1862 se suprime el Departamento de Sopetrán y se incorpora al occidente en calidad de distrito.  Un año después es considerado distrito capital del Municipio de Sopetrán. 

 

En 1864, con la nueva división política administrativa, nuevamente es elevado a capital del Departamento del Occidente, para, luego, dos años después, con la creación del Departamento de Sopetrán, ser designado capital del mismo.  En el año 1885 se suprime el departamento de Sopetrán y este queda como distrito capital del departamento del Occidente.  Un año después, con la creación de las provincias, Sopetrán es considerado capital de la provincia de  Occidente. En 1890 nuevamente se crea la provincia de Sopetrán con capital en este distrito, hasta que en 1908 figura como municipio del departamento de Antioquia (Rodríguez, José. 1978. Sin numeración)

 

Para 1810, de 180 mestizos que vivían en Sopetrán únicamente el 12 % poseía tierras, mientras que los demás dependían del jornaleo en las tierras de sus vecinos.  Con  la repartición de las tierras del resguardo de Sopetrán en el año de 1832 y 1833, se crean una serie de minifundios que por la “incapacidad” de los indígenas para manejar sus tierras, la mayoría de los lotes quedan en manos de los libres.

 

Para 1864 se informó que existían los siguientes caminos que comunicaban entre los distritos: de Sopetrán a Liborina con una longitud de 25 Kms.; de Sopetrán a San Jerónimo de 1,5 Kms.; de Sopetrán a Sucre con una extensión de 15 Kms.; de Sopetrán a Córdoba con una distancia de 5 Kms.; de Sopetrán a Quebrada Seca con un recorrido de 10 kms (Espinosa 2000).

 

A Comienzos del siglo XIX el camino que conducía de Medellín a Sopetrán era conocido con el nombre de Picachito y cruzaba varios puentes en los que se destacaban: El Edén sobre el río Medellín y el Gallinazo.  Se decía que este camino era poco transitado, aunque por allí entraba la producción de Cañas Gordas, Frontino, Dabeiba (Gutiérrez 1920:285).

 

En síntesis, el resguardo de nuestra señora de Sopetrán se localizaba en tierras excelentes para el desarrollo agrícola y, siendo las mejores de todo el occidente antioqueño para esta época.  Esta localización fue motivo de continuas invasiones por parte de la población libre procedente de los principales centros poblados de la provincia  que se encontraba en cercanías de dicho resguardo.  Estas características del territorio y la invasión del mismo, provocaron desde los inicios de la creación del resguardo un proceso de mestizaje que aceleró la disolución definitiva en la década del 30 del siglo XIX.

 

Con relación a la población, aunque se observa un crecimiento, proporcionalmente disminuía el numero de indios respecto al numero de libres, provocando para 1832 el predominio de la población mestiza y mulata en territorios del resguardo.  Durante las ultimas décadas del siglo XVIII y las tres primeras del siglo XIX, los indígenas de Sopetrán combinaron las actividades agrícolas con la minería de aluvión estacional en los periodos de verano en las inmediaciones del río Cauca.

 

Las Localidades de referencia

 

Las comunidades estudiadas en este municipio se originaron en antiguos asentamientos de negros, localizados en la ruta del camino real que une San Nicolás con la cabecera municipal, y mantienen entre ellas estrechas relaciones sociales y vínculos de parentesco.  El mencionado camino parte de San Nicolás a orillas del Cauca y recorre los asentamientos de La Puerta, Guaymaral, Corral Falso, El Rodeo, y Sopetrán, conectándose también con Córdoba por una variante que parte desde El Rodeo.  Con la construcción de nuevos caminos, especialmente la vía al mar; este camino ha perdido importancia; sin embargo, con frecuencia los pobladores de estas veredas hacen uso del mismo y lo referencian como elemento significativo en las relaciones entre localidades[7].

 

Para este estudio se abordaron tres de las localidades que están ubicadas a la vera del antiguo camino y que se distribuyen desde el punto de partida en San Nicolás, pasando por Guaymaral en su parte media y el Rodeo, casi al final de la ruta, en las afueras de la cabecera municipal. Por otro lado, se llevaron a cabo algunas vistas de campo al asentamiento de Córdoba, el cual, por su importancia histórica como lugar del primer asentamiento post-conquista en la zona y como centro productor de sal desde la época pre-colombina hasta comienzos del siglo pasado, constituyó un lugar central y clave para las comunidades negras ubicadas a lo largo del camino mencionado, y, mas allá de estos asentamientos, cumplió un papel importante en el establecimiento de redes comerciales y sociales en la zona.

 

Para proporcionar una visión de conjunto sobre las características del proceso de poblamiento, la territorialidad y el manejo de los recursos naturales y sociales de estos  asentamientos del municipio de Sopetrán se hará una descripción de cada uno de ellos,  con base en la información obtenida durante el trabajo de campo, complementada con datos procedentes de fuentes históricas, trabajos monográficos previamente realizados, y la caracterización regional contenida en los reportes de otros proyectos que se han ocupado del municipio.

 

4.2.2.1    San Nicolás de Quebrada Seca

 

–           Localización

 

Este es un corregimiento conformado por las veredas Las Juntas, La Puerta, Los Almendros, Guaymaral y San Nicolás[8].  Ubicado en la denominada zona baja del municipio, comprende el sector que bordea el río Cauca; este es un vasto territorio delimitado por algunos de los afluentes del río Cauca, partiendo desde la quebrada Potosí hasta la desembocadura del río Aurrá y por este aguas arriba, hasta la confluencia con la quebrada el Oro y por la divisoria de la microcuenca al lado oriental hasta la cañada la Cal, de este punto sube al cerro El Guásimo, y luego baja por el cerro, hasta el cruce de la quebrada la Sucia, y por ésta aguas abajo, hasta la confluencia con la quebrada la Clara, por ésta, aguas arriba, hasta llegar a la quebrada la Balsala, por ésta aguas arriba, hasta su nacimiento, y luego a tomar el camino que conduce del municipio de Ebéjico hacia San Nicolás, en la cuchilla Quirimará, hasta el nacimiento de la quebrada Potosí, y por ésta aguas abajo, hasta su desembocadura con el río Cauca[9].

 

Es una comunidad asentada a orillas del río Cauca, sobre la margen derecha, en cercanías de la desembocadura del Tonusco.  Ubicada al suroccidente de la cabecera municipal, a 450 msnm, sus pobladores son de ancestro africano y han mantenido fuertes relaciones sociales y económicas con otras poblaciones negras del municipio de Sopetrán; desde allí parte el ya mencionado camino real que según dice la gente va de la puerta de la iglesia de San Nicolás hasta la puerta de la iglesia de Sopetrán; hoy este camino ha sido cortado por la carretera que va a Urabá y en algunos sectores se ha perdido la servidumbre a causa de parcelaciones y fincas de recreo, de las cuales hay que decir que han fracturado de manera significativa los vínculos entre las comunidades negras y campesinas de Sopetrán y otros municipios del occidente medio.

 

La temperatura promedio es de 28° C, y la precipitación de 750 mm anuales; es un clima seco, que obliga a buscar alternativas de convivencia con la vegetación xerofítica característica de esta zona de vida; a pesar de esto existen algunos  sectores aptos para el cultivo, especialmente de maíz, a partir del manejo y conducción del agua en las zonas bajas.  Dadas las dificultades y limitaciones para el cultivo, la economía de los sanicolaseños está orientada hacia la ganadería —como vaqueros a jornal—, la pesca y la mayordomía, especialmente en la vecina localidad de Obregón[10], ubicada frente a San Nicolás en la margen opuesta del Cauca, donde la propiedad de la tierra está concentrada en personas externas que tienen allí sitios de veraneo.

 

Recientemente se ha establecido una cooperativa para la extracción de materiales de playa, la cual se ha convertido en importante fuente empleo y trabajo para muchos de los habitantes de esta localidad.

 

Se ha dicho que San Nicolás cuenta con una particular organización sociocultural, dado que presenta características que la definen como una comunidad cerrada, donde las tierras, bienes y cosechas son de carácter colectivo, puesto que el propio San Nicolás es el único “dueño” del territorio comunal, y ellos son solo sus temporales  usufructuarios; a raíz de esto se ha planteado que toda diferencia social se soluciona por la vía de la fiestas en honor a San Nicolás, en las cuales aquellos que cuentan con mayores recursos se ofrecen como encargados de  los festejos, siendo por este canal que se redistribuyen los recursos y se regulan las tensiones sociales[11].  Este planteamiento es reiterado en varios textos sobre esta localidad[12]; sin embargo, hoy, esta definición de propiedad colectiva, aunque vigente, ha sufrido algunos procesos de transformación, toda vez que la delimitación de “la tierra del santo” no es del todo clara.  Algunos plantean que la propiedad de San Nicolás solo comprende el sector del caserío; otros, consideran que sus límites son mas amplios; y otros mas exhiben escrituras de propiedad individual de sus lotes de terreno; para resolver el litigio, se han remitido a las “escrituras de propiedad del santo”[13]  que conservan los líderes de la comunidad, pero estas son bastante confusas y son de poca utilidad en términos prácticos.

 

 Dada esta ambigüedad sobre los títulos de propiedad de la tierra se han generado problemas para el recaudo de impuestos por parte de la administración municipal de Sopetrán; sin embargo, esta dificultad no solo se presenta con San Nicolás, pues, como se plantea en el E.O.T municipal:

 

El catastro municipal y el recaudo de ese impuesto, se realiza en forma no ajustada a la realidad, la gran mayoría de los habitantes de las comunidades rurales y aun urbanas, se quejan de cobros exagerados y la no existencia de un inventario de las propiedades real, durante muchos años se ha carecido de una actualización y la realización de los cambios de propietarios y su registro correspondiente.  En la actualidad el municipio cuenta con una nueva formación catastral urbana, la cual entrará en vigencia para el año 2001, sirviendo de base para la formación de un catastro moderno, y su recaudo sea un fortalecimiento para los proyectos planteados por el Esquema de Ordenamiento Territorial (1998: 16)    

 

La economía de los sanicolaseños es variada; algunos se dedican a la pesca artesanal, recorriendo el río hasta Anzá y Bolombolo; la explotación aurífera en la actualidad se restringe a una solo familia, mientras que los restantes se encuentran asociados en la cooperativa arenera, organización con personería jurídica y aval de las entidades ambientales a la cual esta adscrita gran parte de la población, especialmente los jóvenes.

 

–           Territorialidad e Historia

 

La tradición oral narra que el origen de la localidad se remonta al momento en que San Nicolás, quien bajaba en una barca por el río con otro santo, decidió quedarse en estas tierras y desembarcó en la margen derecha del Cauca, mientras que el otro santo lo hizo en la margen izquierda del río, dando origen a lo que hoy es Obregón.  Así, la fundación de la localidad es vista como íntimamente ligada a la construcción de la iglesia, la cual es efectivamente una capilla colonial que ha sido declarada patrimonio histórico nacional, y constituye un elemento fundamental de identificación de sus habitantes[14]Existen así mismo otras historias sobre la aparición del santo en un momento en el que ya se había fundado el poblado en estas tierras como se refiere a continuación:

 

En la cañada del Altico una señora se iba a lavar todos los días, un día, cuando estaba lavando, ella vio el reflejo de un costal, lo cogió porque pensó que le podía dar algún uso, estaba enrolladito, ella lo destapó lo lavó y cómo sería la sorpresa cuando encontró un lienzo con la imagen de San Nicolás (el mismo que hoy se conserva en la capilla); por eso San Nicolás es de aquí y no se puede mover nunca, a veces ni siquiera se deja tomar fotos…daña las cámaras…un día a San Nicolás, en épocas anteriores, se lo iban a llevar para Antioquia, lo montaron en una canoa y se les  hundió pero el santo quedó en un punto cerca al pueblito y desde eso no lo sacan[15].

 

Estas historias pueden tomarse como evidencia de los fuertes vínculos entre la fundación y la configuración histórica del asentamiento y la territorialidad actual de sus habitantes, y la iglesia, representada por el santo.

 

Al indagar en los documentos históricos por el origen de los templos se encontró que la construcción de el de Obregón se remonta a 1551, y que la actual iglesia de San Nicolás fue levantada en 1696, lo cual es prueba de la temprana fundación de dichos asentamientos.

 

Cabe aquí destacar como, en un caso, el de San Nicolás, una edificación de carácter religioso se constituye en referencia de origen y marca indeleble de identidad colectiva, al tiempo que es reconocida institucionalmente como monumento de valor patrimonial; mientras que  en el otro, en Obregón, se convierte simplemente en elemento decorativo y de prestigio, para el uso exclusivo de los propietarios de la parcelación vacacional.  Paralelamente, se ha producido un cambio en la interacción entre ambos asentamientos que ya no es una relación entre iguales, sino entre empleados y patrones.

 

En trabajos anteriores sobre San Nicolás ya se ha señalado que para comprender el origen y el proceso de poblamiento de esta localidad, se debe hacer referencia a la historia de la colonia temprana y especialmente al papel que jugó la esclavitud en la región de Occidente:

 

…el corregimiento de San Nicolás de Quebrada Seca, en la primera fase de la colonización vio llegar asombrados españoles….por la riqueza aurífera y el afán de su aprovechamiento, se constituye el primer enclave que después de asentarse en varios sitios, se localiza a orillas del Tonusco.    La Villa de Santa Fe recibió el título de ciudad en 1514, constituyéndose así en la más antigua ciudad del Occidente antioqueño…Quebrada Seca entonces, ahora San Nicolás de Quebrada Seca, también ubicado a la orilla del Tonusco y comprendido dentro del área de influencia de Santa Fe de Antioquia, era también un camino importante.  Los caminos destinados a comunicar centros de población entre sí o con los núcleos principales de trabajo, fueron también importantes, sobre todo después de 1650, cuando ganan importancia el comercio y la agricultura; se referencian algunos caminos fundamentales y entre ellos la vía de Boque a Urán, la que iba por Quirimará pasando por Quebrada Seca y el paso del Alférez[16]

 

La historia de este asentamiento parece remontarse al establecimiento de una capellanía por el capitán Antonio López Bravo en 1664, de lo cual queda constancia en su testamento, donde hace el requerimiento de que todos sus bienes sean reclamados y asignados a un albacea (Anexo 4):

 

[6 R]

…iten declaro las tierras de pan y caballeria que van desde la Quebrada Seca hasta Naranjal vertientes al Cauca como constará de los títulos que tengo a que me remito y en ellas un cacagual = un platanal = y un trapiche de caballo = Iten decalro que es mi voluntad que estas tierras de pan y caballería con las plantas que tienen referidas trapiche y demás aperos desde luego entren en poder de Diego Martín de la Cruz clérigo Castellanos de menores ordenes que a común estimación valen 600 pesos de oro de a 20 kilates =, con el cargo que sostenga de todo lo necesario en los días que viviese y después de mi fallecimiento me haga el entierro como dejo expuesto y quede obligado el dicho Martín de la Cruz a imponerme luego de que fallezca una capellanía de 300 pesos de 20 kilates que es la mitad de las dichas tierras y estancias porque la otra mitad es para mi sustentación y entierro y cumpla solo pagando con este a la real junta con presentar recibo de dicho entierro por razones de la fundación de la dicha capellanía y demás costos que se hiciera de mi sustento mando que no sele tome en cuenta si alguna cosa sobrase del valor que le quedo para ello en dicha estancia desde luego le hago entrega y donación y como llevo dicho desde luego entrego todas la tierras de pan y caballería

 

 

 

[6 V]

con las plantas dichas al dicho Martín de la Cruz y doy poder para que de su autoridad amaño la posesión quedando como a de quedar con las obligaciones referidas y nombro por capellán de la dicha capellanía al dicho Martín de la Cruz capellán para que a titulo de ellas pueda ordenarse de orden sacro santa de presbítero con el cargo de decirme quince misas llevando por ellas quince pesos de a veinte kilates pagando una de las precitadas trescientos pesos al cinco por ciento según prensativo de su majestad y de las dichas quince misas a decir y aplicar por mi alma la de mi esposa, de los reyes la de Domingo López mi hijo y la de mis padres y la de Ana López mi hermana y nombro por patrón de esta dicha capellanía al capitán Felipe Herrera para que nombre capellán interino en el inter y se ordene el dicho Martín de la Cruz y para que en adelante nombre patrón y si por algún impedimento no lo hiciere desde luego nombro a los hijos del dicho capitán Felipe de Herrera y a sus nietos y descendientes prefiriendo el mayor al menor para que nombre capellanes y pase en perpetuidad = Iten mando se le den de mis bienes a Antonio de Montoya 25 pesos de oro por haberla criado y Isabel india que me asiste y sirve otros 25 pesos del dicho oro = Iten quiero y es mi voluntad por no tener heredero legítimo instituir e nombrar como desde luego nombro por mi albacea universal de todos mis bienes derechos y acciones a dicho

 

[7 R]

Martín de la Cruz Castellanos para que los haga y goce como los suyos propios que para ello siendo necesario le hago gracia y donación por el mucho amor y le hago establezco y mando por mi albacea testamentario y fideicomisario al dicho Martín de la Cruz Castellanos y doy poder y facultad para que de su autoridad o de la justicia entre en mis bienes y tome los que bastasen y venda en almoneda y fuera de ello para el cumplimento de este dicho mi testamento doy fe de lo dicho y mando sea pasado el año fatal del albaceazgo y mucho mas tiempo por que así es mi voluntad y revoco y anulo y doy por ninguna y de ningún valor y efecto otros cualesquiera testamento codicilo poderes y memoria y otras ultimas disposiciones que antes de este dicho y otorgamiento todo quiero que no valga ni haga haya fe en juicio y fuera de salvo este testamento el cual quiero que valga en juicio en derecho en codicilo o por aquello que más mejor halla lugar en derecho el gozarlo otorgo como mi ultima y postrimera voluntad y por estar ciego al no poder firmar ruego a un testigo lo firmase por mi del otorgante que yo don José de villa y posada alcalde ordinario certifico y doy en la manera que lo otorgo y esta en su buen juicio, memoria entendimiento y voluntad según las cosas que le comunico a que me respondió cuerda y enteramente y no firmo por estar ciego firmándolo un testigo que lo fueron el sargento Rafael de Oquendo, Miguel de Oquendo, Pablo de Montoya, Tomas de Samayola, Felipe Balbin que lo firmaron…

Albacea que, 50 años después, deja estas tierras a sus hermanos.  Todavía hoy el apellido Cruz, junto con Tilano, es de los mas comunes en San Nicolás, lo que ratifica la continuidad de algunas familias en el asentamiento, al tiempo que evidencia una tradición de marcada endogamia. 

A pesar que el desarrollo de este asentamiento es en oportunidades reducido a la aparición de la imagen del santo y a la creación de la capellanía en la época ya citada, surgen otras posturas con relación a los momentos iniciales del asentamiento.  Algunas de ellas están atravesadas por discursos foráneos en donde el elemento negro e indio aparecen pero de manera aislada y reproduciendo un poco los textos escolares de historia.

 

No cabe duda de la antigüedad del asentamiento, pero no es posible asignar una temporalidad certera, más aún cuando se encuentra en el contexto de la historia de Santa Fe de Antioquia y que seguramente desde los primeros momentos de poblamiento de esta última debió haber sido incluida en alguna merced de tierra, para la producción agrícola y la extracción minera de la cual poco se ha encontrado en los archivos.

 

Durante esta investigación no se han recuperado datos que permitan determinar con detalle y precisión los mecanismos y dinámicas de la participación de San Nicolás en las redes de interacción regional; lo que sí es claro es que se ha producido un cambio en las formas productivas y la tenencia de la tierra, especialmente en relación con los propietarios de la hacienda Remolino.

 

Con relación a la historia reciente, se puede plantear que esta estuvo marcada por el tráfico de mercancías desde y hacia Sopetrán por el camino real y por el río Cauca como sitio donde se desarrollaban actividades económicas complementarias.

 

Algunos de los más antiguos pobladores atribuyen a actividades de arriería el establecimiento de un estrecho vinculo comercial con Sopetrán, San Jerónimo, Medellín, y con las localidades menores por donde el camino antiguo cruzaba, paralelamente con esta actividad, se fortalecían los lazos de parentesco y otros vínculos sociales.  Entre las mercaderías que salían desde San Nicolás estaban los artefactos de totumo, y otros productos agrícolas; así lo narra alguno de los habitantes actuales:

 

en San Nicolás la gente vivía de las calabazas de totumo…todos desde los más pequeñitos trabajaban eso…cogían el calabazo maduro y lo ponían a secar…luego le raspaban lo de por dentro y cuando estaba lista la totuma le llevaban a vender a Sopetrán…mi abuelita me cuenta que en esa época se iban a pie por el camino real…tenían que cruzar la Quebrada Seca casi sin ropa porque cuando eso el puente no existía… y no les gustaba llegar al pueblo sucios…llevaban también yuca, plátano y leña (de huesito, cedro, yomato y nogal),[17] a vender  al mercado de Sopetrán.

 

Estos productos eran transportados en buey o eran cargados por los mismos viajeros; aun hoy, es posible observar algunos arrieros con sus bueyes por el camino, especialmente en el tramo Gauimaral – Rodeo – Sopetrán.  Don Ricardo Cruz cuenta que el recorrido por este camino era el siguiente: San Nicolás, La Puerta, Guaimaral, río Aurra, Finca de Antonio Tamayo, Rodeo, La Placita, Sopetrán, era una distancia de tres leguas que podían ser recorridas en  dos horas y media[18].

Continuando con la historia reciente se destaca aquí el recuento hecho por Don Avelino Rueda[19], tal vez el poblador de mayor edad de San Nicolás (85 años),quien refiere una serie de acontecimientos que son poco conocidos para las nuevas generaciones y que se constituyen en  elementos significativos para conocer no solo los procesos laborales atinentes a esta localidad, sino sus relaciones  con otras comunidades circunvecinas.

 

Dice don Avelino, con pícara voz, concentrándose en sostener fuertemente el bastón que le ayuda a  contrarrestar las tinieblas de sus ojos, que su primer recuerdo de San Nicolás se concentra en las orillas del Cauca, cuando en este río se podían encontrar muchos lugares aptos para la pesca que se convertían en núcleos de concentración de pescadores que venían en balsas[20] desde Santa Fe de Antioquia.

 

Cuenta que eran grupos de no más de cuatro pescadores que subían por el río en búsca de los pozos más aptos para la obtención de especies ícticas[21], y recuerda que uno de los mejores lugares para este tipo de actividades era el conocido como la Manga —sitio en inmediaciones de San Nicolás, al que describe como un pequeño caserío lleno de ranchitos cercanos a la iglesia[22],  …aquí habían (sic) personas viejonas, cuando yo conocí estas orillas y fui conociendo los vivientes…llamaban Luis Tilano y Leopoldo Tilano de los viejos, Jesús Luna, Rafael Luna, esos viejos y Elifonso [no se sabe el apellido] Rafael Luna, Vangelista y una señora que se dedicaban a lavar oro…y dice además que San Nicolás era conocido por toda la gente de la región por el santo que era el patrón del sitio y que dicen tiene aquí siglos (Fotos 13 y 14).

 

 

 

 

 

 

Foto 13. La iglesia del Santo. Vereda San Nicolás, municipio de Sopetrán.

 

 

 

 

 

 

 

Foto 14. El Santo, vereda San Nicolás, municipio de Sopetrán.

 

Cuenta también que la gente de este sector del municipio de Sopetrán se dedicaba al lavado de oro en las orillas del río Cauca, especialmente en el sitio denominado Los Medios y en las playas del río Cauca; fue así como él mismo se fue quedando en San Nicolás.  Estas referencias no solo dan cuenta una actividad económica particular, sino que además ilustran la interacción que se establecía por el río Cauca, por donde circulaban bienes y se transfería tecnología, como lo refiere el mismo don Avelino:

 

En los Medios eran las playas para lavar oro, allá había una cuadrilla de Antioquia, los del Espinal y San Nicolás lavaban a allí. Esos eran como 50 personas, por ahí encontré una buena pinta y convidé a varias personas para que trabajaran conmigo. En esa pinta sacaban muy bien oro, en los primeros días fui con una señora, ahí lavamos como una libra en 4 días lavado con batea, porque esas otras cosas vinieron hace 40 años [se refiere al molino], lo trajo un señor del Valle, bajó por el río buscando pintas y encontró una pinta en Iquiná, el dueño de la playa no lo quería dejar lavar y entonces el señor se opuso y el dueño de la playa lo puso en Anzá, el otro habló con el alcalde y el juez y el alcalde le dijo a Lisandro Guerra que era el dueño de la playa que el oro estaba pagando la mina y tenía papeles que le daban permiso…Donde hubiera minas aclaradas no podía meterse, pero en las otras, no declaradas, sí.  Cuando eso el oro era muy barato, el real valía 20 cvs; uno siempre lavaba un castellano, otras veces 5 reales y con eso se mercaba en Antioquia[23].

 

A partir de estas historias es posible determinar algunos elementos de la territorialidad de los pobladores de este sitio, marcada fundamentalmente por el río, espacio de pesca y minería, y por las partes altas, como espacios para el desarrollo de actividades agrícolas y pecuarias. La agricultura, determinada por las condiciones de fertilidad de la tierra[24],  relacionada directamente con en el acceso a fuentes de agua para el regadío, se desarrollaba mediante reglas como la mano cambiada, trabajo al cuarto, arriendo, o al partir[25], vigentes hasta hace poco —20 ó 30 años—.  Las actividades pecuarias estaban definidas por encierros, sectores alambrados[26] que dividían las propiedades de carácter privado destinadas al pastoreo de ganado, de los lugares destinados a la agricultura y a la habitación.  Por otro lado, para esta misma época, se establece una importante relación con el señor Marceliano Velilla[27]a cuyas tierras acudían jornaleros de San Nicolás; posteriormente, se trasladaron a la hacienda Remolino en donde desarrollaban actividades agrícolas y ganaderas, mediante las formas de trabajo anteriormente expuestas.

 

Al igual que en otras localidades del Occidente[28] prevalece en la memoria de los pobladores de San Nicolás el recuerdo de las guerras civiles; cuentan algunos cómo sus abuelos fueron reclutados en los ejércitos de la guerra de los mil días, pero estos hechos son poco importantes si se comparan con los relativos a  la década del 50, cuando muchas localidades fueron fraccionadas y la propiedad de la tierra sufrió cambios drásticos, puesto que los cabecillas de cada grupo expropiaban por la vía de la violencia a sus dueños legítimos.  En San Nicolás se encuentran personas que debieron huir por los enfrentamientos entre liberales y conservadores, pero la mayoría de ellos refiere a las historias que sobre la época cuenta Don Avelino Rueda, no solo por la forma como las cuenta, sino también por el detalle con que lo hace.  A propósito de este asunto, se logró un importante testimonio que constituye a un extenso recuento de la política regional de la “época de la violencia”  en el Occidente Medio Antioqueño. Cuenta don Avelino que cuando se dedicaba a la pesca, encontraba en el río Cauca los muertos que venían de “Cauca arriba”; que a la gente le toco huir por el enfrentamiento entre liberales y conservadores,  que muchos no dormían en los asentamientos y se iban a dormir en las playas del río Cauca que en ese entonces eran los únicos sitios seguros durante la noche.

 

Hace un recuento de la filiación política de los municipios cercanos a San Nicolás, señalando que ni los liberales ni los conservadores conformaban una mayoría regional definida:   los dos grupos estaban presentes y repartidos en Anzá, Giraldo y Caicedo, mientras que en Santa Fe de Antioquia primaban los liberales, y los conservadores estaban localizados en Tonusco arriba, Las Azules y El Pescado,  pero se mantenían en Antioquia haciendo tiros y matando gente;  en Sopetrán era más conservadores que liberales: allá se volvió una chusma de conservadores y andaban todas las noches sacando gente, y en San Jerónimo no hubo violencia porque el cura y el alcalde no dejaron establecer la chusma. Serían en San Jerónimo liberales solamente.  Se desprende entonces de estos comentarios que los acontecimientos fueron más intensos en la jurisdicción de Santa Fe:

 

En Antioquia hubo un daño muy grande de la violencia, hubo liberales que se fueron a los montes de guida (sic) de los conservadores y cuando la cosa se compuso un poquito los conservadores tuvieron qué comer.

 

Quemaron una casa en la barranca que era de un policía pero fue porque el policía se fue con una comisión de Medellín por la Quebradada Seca y quemaron mas casas y mataron mas mujeres en embarazo. El marido de una de esas señoras se voló y ese cliente por la noche le metió candela a la casa del policía y al otro día que bajó la comisión y vio la casa quemada y ese policía no duró mi dios lo mató ligero porque se enfermó y no se paró.

 

Estas actividades, con frecuencia, cuenta don Avelino, estaban dirigidas a robar a los liberales sus pertenencias y productos…matando liberales para quitarles el café, frisol, maíz, mulas, casas y sacaban las cargas a las cargas a los pueblos.  A partir de estos acontecimientos, propone una interpretación del papel de la iglesia durante este momento álgido de la vida política de la región:

 

Para poder ganar, los conservadores dañaron al clero y los hicieron votar y a las mujeres también; ahí fue cuando ganaron los conservadores y los liberales se fueron para el monte…los curas salían armados con la chusma; por eso les cogieron idea y los liberales mataron a algunos padres.

 

Los padres de Antioquia lo que hacían era en la misa subirse a ese pilón a echar vainas de la violencia, en la misa de 4 los conservadores decían que matar liberales no era pecado, que los liberales estaban en el infierno y los conservadores estaban en la gloria de Dios, pero era al contrario. Los hijos de lo liberales no los bautizaban, y los padres decían que si eran hijos de manzanillo no los bautizaban. Crecieron sin bautizar, les pusieron los nombres como a los perros, los obispos no obligaron a que los bautizaran.

 

Cuando el padre Villa dijo que matar liberales no era pecado los liberales se salieron de la iglesia y solo volvieron después que pasó eso. El padre Villa era de la iglesia de Santa Barbara, en Santa Fe de Antioquia, esa iglesia duró sola un poco de días.

 

En su relato también se encuentran padres “buenos” quienes al parecer eran de filiación liberal, y por consiguiente bautizaban a los hijos de los liberales y eran quienes proporcionaban ayuda en momentos críticos; entre estos se cuentan monseñor Francisco Luis Toro y los padres Valenzuela y Sarrazola.  Tal relato sobre la participación de la iglesia durante la época de la violencia, es similar a lo que piensan hoy algunos de los habitantes del Occidente Medio[29], quienes, apesadumbrados, ven a la iglesia como una institución distante de sus preocupaciones con relación el conflicto en el Occidente Medio.

 

Aunque parece que San Nicolás no sufrió el conflicto con la misma intensidad, la mayoría prefiere evitar referirse a este periodo; sin embargo, se relatan episodios como el siguiente:

 

En San Nicolás la mayoría de la gente era liberal, el único conservador que se recuerda era Antonio Tamayo Gaviria, el dueño de la finca Remolino.

 

Alfredo Palacio Alarcón, le había dado posada a unos familiares suyos, de apellido Jaramillo que habían salido desplazados por la violencia de sus tierras, en la Tolda al lado de Guasabra. De allá los habían sacado tal vez por liberales, ellos tenían bestias, sembrados de café, maíz, revuelto, sidra, repollo, etc. 

 

Ya llevaban un año cuando un día en 1951, parece, a la una de la madrugada llegaron unos policías que silenciosamente venían desde Sopetrán y habían pasado por el camino de herradura e irrumpieron en la casa de esta gente.  Se llevaron a Alfredo Palacio y también a Mamerto Jaramillo, y al hijo Alberto Silva.  A Teodulio Palacio Alarcón, hermano de Alfredo, lo encontraron escondido por fuera de la casa, cerca del río y también se lo llevaron.  Con ellos cogieron para la cárcel de Sopetrán.  Allí estuvieron varios días y luego se los llevaron hasta la plaza de Ebéjico, esposados a todos y luego a Anzá y allá los mataron:  los  echaron al río amarrados con alambres para que murieran ahogados y luego fueron encontrados muertos.  

 

A la casa habían entrado preguntando por ellos cuatro y esculcando, buscando armas.  Los acusaron de tener armas y se llevaron de la casa un machete y una barbera[30]

 

Estos grupos armados contaban con dos reconocidos líderes en Santa Fe de Antioquia, quienes daban las ordenes para el accionar de estos ejércitos irregulares:

 

Rafael vivía por la calle de la amargura a dos cuadras de la plaza principal y el otro vivía a la media cuadra de la plaza de toros; los Sepúlveda murieron ahí y la casa se quedó sin dolientes y la recogió el gobierno, otra casa que quedó sola fue la del presidente Fernando Gómez Martínez (pagaba parte de las comisiones en la violencia).  Los cuarteles de Anatolio eran en la casa y los de don Rafael También. Ellos mismos no se tiraban le tiraban a los pendejos[31].

 

Estos grupos eran los que conducían los procesos económicos a nivel regional y redistribuían bienes y servicios a cambio de lealtad al momento de las elecciones; era pues una manera de interacción como la que aún hoy se vive en parte del territorio nacional.

 

El San Nicolás de hoy es un caserío tranquilo a orillas del Cauca, que sigue estando “gobernado por el santo”; la mayoría de sus pobladores han nacido allí, mientras que otros proceden de sitios como Iguiná, Córdoba, la Puerta, Guaimaral, Santa Fe de Antioquia; a pesar de ello, se mantiene la tendencia a la endogamia, que se traduce, como ya se dijo, en la prevalencia de los mismos apellidos que se reportan desde la época colonial, como Cruz y Tilano; persisten también fuertes lazos de filiación con las comunidades asentadas a lo largo del antiguo camino, motivados no solo por los diferentes grados de parentesco que los unen, sino a su vez por las posibilidades laborales que se gestan en inmediaciones de parcelaciones vacacionales como La Vid, El Gaitero y Obregón.

 

Es este último elemento el que ha motivado el más fuerte movimiento de población durante las últimas décadas; aunque muchos de los trabajadores vinculados al sector turístico solo tienen empleos temporales, el desplazamiento permanente o estacional interfiere con los cotidianos procesos de socialización realizados en el atrio de la iglesia de San Nicolás y con las expectativas que los sanicolaseños tienen y expresan para su futuro, por cuanto muchos jóvenes prefieren vincularse a los trabajos varios en las parcelaciones y fincas de recreo, dejando de lado, al decir de los viejos, los oficios que siempre se han hecho aquí.

 

–           Territorio y población

 

Según las fichas resumen del Sisben habitan la localidad de San Nicolás 192 personas, de las cuales el 12% se ubican en el rango 0-4 años; 9% corresponde a individuos entre los 5 y 9 años; 9% entre 10-14 años; 11% representa el rango 15-19 años; 13% representa el grupo entre 20-24 años; 8% entre 25-29; entre 30-34 años se encuentra el 7%; 5% representa el grupo de edad 35-39; 5% entre 40-44; 5% entre 45-49; 3% representa el grupo entre 50-54; el intervalo de edad 55-59 solo alcanza el 2% y solo un 11% del total de la población supera los 60 años (Gráfico 1).  Puede decirse entonces que es una población relativamente joven; aproximadamente el 78% de la población (entre 10 y 40 años) puede considerarse económicamente activa. Espacialmente, las viviendas se encuentran distribuídas básicamente entre el puente sobre la Quebrada Seca por el cual se accede a la localidad y el sector conocido como la Manguita.

 

La población presenta un equilibrio entre la cantidad de hombres (50%) y mujeres (50%), lo que posibilita la búsqueda de potenciales compañeros matrimoniales al interior de la localidad, fortaleciendo anteriores alianzas matrimoniales entre familias y parentelas del lugar.  Sin embargo, no se desconoce que algunos de los actuales habitantes de San Nicolás proceden de poblaciones vecinas como Santa Fe de Antioquia, Anzá, Guiamaral y Sopetrán.

 

El apellido mas común es el Tilano —aproximadamente 51 personas— conformando así la parentela más extendida, y son, según algunas interpretaciones, los herederos de las tierras de Naranjal (Anexo 5).

 

El patrón de asentamiento es concentrado; las propiedades más antiguas se encuentran localizadas en las vecindades de la iglesia; la estructura tradicional de las viviendas ha cambiado, conforme se han introducido materiales de construcción como zinc, adobe y cemento; recientemente, se ha generado un proceso de cambio arquitectónico estimulado por la explotación de materiales de playa; pero, a pesar de ello, son visibles aún muchas construcciones en bahareque y caña, clásicas formas de construcción en el occidente Medio antioqueño.

 

Visto desde la parte alta, San Nicolás se muestra como un agregado de pequeñas propiedades habitadas por unidades familiares conformadas por padres e hijos; cuando uno de estos últimos se casa, se parte la propiedad, por lo que no se observan grandes construcciones.  También la asignación de espacios de vivienda está estrechamente vinculada con las normas para de uso y posesión de la tierra derivadas de las relaciones con el Santo.

 

El tipo de vivienda más común en todas las localidades visitadas durante el trabajo de campo en esta zona, se caracteriza, entre otras cosas, por la separación entre la cocina y las habitaciones:

 

Referirse al espacio vivienda, es pensar en dos cuerpos construidos; uno  para la preparación y consumo de alimentos y otro para otras actividades familiares y privadas. La cocina está separada del conjunto destinado para dormir, ver televisión o charlar. La cocina, como espacio alimentario, es más pequeño que el otro cuerpo; generalmente es de bahareque y techo pajizo. Tiene el fogón de leña, por encima la troja para almacenar el maíz; en el piso, los asientos que pueden ser piedras, tablones gruesos de piñón o sacos; cercano a la puerta, está casi siempre el pilón de maíz. Al salir de la cocina hay un pequeño corredor en el que también puede estar el pilón y/o la maquina de moler; colgado el chinchorro, y aquí o en el patio, bongo para la comida de los marranos[32].

 

Se identifican y diferencian, pues, dos espacios: uno público y otro privado. El primero,  es un espacio exterior, abierto y amplio, en forma de un corredor o una pequeña “sala” o antesala de las habitaciones, próximo al espacio de la cocina, y rodeado de un pequeño patio o huerta; allí se llevan a cabo animadas conversaciones entre los miembros de la familia, sus parientes y vecinos, y de los visitantes con los dueños de la casa.  El segundo, es un espacio interior, cerrado y privado, reservado para los habitantes de la vivienda, al cual solo se permite el acceso ocasional a allegados y personas de entera confianza acompañadas por alguno de los miembros de la unidad doméstica.  De hecho, la vida cotidiana se desarrolla fundamentalmente en el espacio exterior, en el corredor, antesala y cocina, y en el patio que separa y une al mismo tiempo las dos construcciones que conforman el espacio de la vivienda.  El interior se emplea casi exclusivamente para reposar y dormir, y durante el día permanece prácticamente inhabitado.

 

Gráfico 1. Grupos de edad en San Nicolás de Quebrada Seca

 
   

 

La proximidad de este poblado a Santa Fe de Antioquia y el fortalecimiento de la red vial regional ha generado que las relaciones inter locales hayan experimentado un fuerte cambio; las relaciones con el municipio de Sopetrán se han debilitado y se limitan a lo estrictamente necesario, relacionado con el vínculo político administrativo; hoy en día, los sanicolaseños acuden con mayor regularidad a Santa Fe de Antioquia, tanto en función de las actividades comerciales como en busca de servicios básicos, como el de salud, ya que aunque aparecen inscritos al régimen subsidiado de salud de Sopetrán, prefieren la atención médica de Antioquia.

 

Contrario a lo que ocurría en otras épocas cuando el camino real era el eje vial de la zona, hoy este está interrumpido en algunos de sus tramos ya que algunos de los nuevos propietarios de fincas y parcelaciones de recreo han cerrado el paso por sus propiedades sin respetar el derecho de los pobladores locales a esta servidumbre; así, el “callejón” como también es llamado, ha sido privatizado en ciertos tramos, que solo son empleados por los propietarios y sus mayordomos al cuidado del prado, los cultivos o el ganado. En buena medida la vitalidad de esta ruta de interacciones locales, hoy se ha desvanecido; no obstante, todavía continúa siendo un elemento importante de identificación y articulación comunitaria.  

 

En Sopetrán se reconoce a San Nicolás como una comunidad de “negritudes”, pero en Santa Fe, consideran que tales “negritudes” de alguna manera incluyen a todo Sopetrán, desde el viejo “puente de occidente”.  Estas denominaciones y diferenciaciones se hacen con base en los rasgos fenotípicos, pero funciona como categoría de clasificación y exclusión social y cultural entre los habitantes de ambos municipios.

 

El momento y evento clave de la interacción social entre los habitantes de San Nicolás, y de estos con los de las comunidades vecinas, es  la fiesta del Santo, que, como ya se ha dicho, constituye el clímax de la vida social comunitaria y ocasión para el ejercicio de la reciprocidad y para la solución de las discordias y conflictos generados a lo largo del ciclo anual.  Para esta festividad, regularmente es seleccionado un cabecilla, que en la mayoría de los casos es la persona de mayor liderazgo local, quien centraliza los recursos obtenidos por donaciones y contribuciones, para la sagrada celebración.  A propósito, se cuenta como antiguamente

 

la gente daba plata, gallinas, huevos, para venderlos y hacer las fiestas…antes la fiesta duraba dos días. El padre llegaba y hacía el rosario, también lo que llaman la salve. Al otro día se hacía la misa y la procesión, en la madrugada de ese día se hacía la salve[33].

 

La fiesta reúne fieles que desde diferentes puntos de la región llegan para agradecer los favores del santo Santo; esta romeríaha sido más concurrida desde 1953 cuando se construyó el puente sobre la Quebrada Seca, que permitió la circulación fluída desde San Nicolás, pasando por Guymaral – Río Aura – Finca de Antonio Tamayo – Rodeo – hasta Sopetrán.

 

Otras rutas de comunicación utilizadas para el encuentro con el Santo o simplemente para el tránsito corriente son la ruta San Nicolás – el Paso – Santa Fe, y San Nicolás – Naranjal – Finca Juan Martín.  El camino a Antioquia incluye un carreteable reciente por el cual se accede en la actualidad a la vía troncal de occidente en proximidades del puente sobre el Cauca.

 

Los habitantes de San Nicolás, como una forma de reconocimiento del territorio, nombran lugares relacionados con localidades, sitios asociados con encantos y espantos, sitios de pesca y sitios de cultivo que son importantes en la dinámica de construcción y usufructo del territorio.  Estos lugares se consignan en la tabla 12 que se presenta a continuación.

 

Tabla 12. Nombres de lugar y tipo de espacio que denotan en San Nicolás

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

Cauca

Avelino Rueda

Pesca, Transporte, Minería, Recreación. Asociado con Barbacoas, Sirenas, Bultos, Brujas

Camino San Nicolás –  Antioquia

Avelino Rueda

Camino. Asociado con Brujas (que encerraban al viajante en corrales de penca).

Potosí

Avelino Rueda

Pesca y Minería Sitio de baile de las Brujas

Morromocho

Debora Gil

Sitio para la recolección de leña. Asociado con el fantasma de un cura.

Quirimará

Debora Gil

Ibíd

Cañada del Altico

Debora Gil, Juan Fernando Tilano, Rosa Emilia Tilano

Sitio de pastoreo. Asociado a la “aparición” de la imagen de San Nicolás

Naranjal

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Tierras de Cultivo y pastoreo

La Puría

Alonso Rodriguez

Quebrada, sitio de pesca

Pitanja

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, hacienda, sitio de pesca

Noveron

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, sitio de pesca

Iguiná

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, localidad, sitio de pesca

La Noque

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, sitio de pesca

El Playón

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, sitio de pesca

Cañaveral

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Sitio de pesca y cultivo

La USA

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, sitio de pesca

Juanes

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, sitio de pesca

Obregón

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Vereda

Tonusco

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano,

Río

Tabla 12. Continuación

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

Santa Fe de Antioquia

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

Sopetrán

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

Ebejico

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

Guaynaral

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

La Puerta

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

Sevilla

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

Peñitas

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Lugar de tránsito

Corral Falso

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Lugar de tránsito y localidad

Juan Martín

Eleazar Tilano

Localidad

 

 

–                     Uso del Territorio

 

Las actividades económicas primordiales en San Nicolás son la extracción de materiales de playa a orillas del río Cauca y la Quebrada Seca, la agricultura y la pesca, aunque, con menor intensidad, se dedican también a la recolección, a la cacería y a la minería.

 

La agricultura era la actividad principal en el pasado, pero en los últimos años ha disminuido su intensidad por el cambio en la tenencia de la tierra, pues los nuevos dueños ya no arriendan los terrenos como acostumbraban los anteriores propietarios.  Con relación a estas épocas cuando la agricultura se constituía en la actividad económica principal, Alonso Rodríguez afirma:

 

Anteriormente el dueño de la hacienda Remolino arrendaba la tierra para el cultivo la forma de pago dependía de si era tierra seca o tierra de agua…si era tierra seca se pagaba el cuarto…si era tierra de agua se paga el tercio…era más caro donde había agua…Se trabajaba también la mano cambiada…pero esa no gustaba mucho porque uno se comprometía con los vecinos para la contramano…

Actualmente esta actividad se desarrolla principalmente en las tierras de Naranjal, el Altico y en las partes altas de la quebrada la Seca.  Cultivan principalmente, maíz, yuca y tomate; únicamente el tomate es destinado a la comercialización.  El maíz solo se siembra en “tierras secas” y es posible sacar dos cosechas al año; la cosecha se siembra en abril recogiéndose en agosto – septiembre; mientras que la traviesa se siembra en octubre y se recoge en febrero – marzo.  Cuando los niveles de pluviosidad son aceptables, se puede obtener una buena rentabilidad, pues de cada “pucha” de semilla puede recogerse hasta una carga de maíz desgranado.  El procedimiento para llevar a acabo este cultivo es similar al utilizado por otros habitantes del Occidente; es decir, primero se prepara el terreno, actividad que consiste en descañar o limpiar de malezas el lote; luego, se siembra con un palo hoyador con el cual se hacen pequeños orificios de unos 10 cm de profundidad donde son depositadas las semillas; después se hace el plateo, que implica la limpieza de las malezas, actividad que acostumbran realizar en dos ocasiones antes de recoger la cosecha; por último, se cosecha, actividad que se realiza cuatro meses después de la siembra.

 

En los bordes de los cultivos de maíz, acostumbran sembrar un poco de yuca que también es recogida a los cuatro meses de haber sido sembrada, aunque puede quedarse enterrada por mas tiempo, hasta ser requerida para el autoconsumo. Únicamente tres habitantes de la comunidad tienen pequeñas plantaciones de tomate chonto, que no sobrepasan las 500 matas y su producción es llevada a Santa Fe de Antioquia donde es comercializada.

 

En el río y la Quebrada Seca se llevan a acabo varias actividades económicas como son la explotación de los materiales de playa, la pesca y la minería.

 

La explotación de los materiales de playa es una actividad que se viene desarrollando hace unos diez años, pero se formalizó en agosto de 1997, cuando se crea la cooperativa multiactiva de trabajo de San Nicolás —COOPETRASANI—, que aglutinó a todos los hombres de la localidad que se dedicaban a esta actividad de manera informal.  Esta cooperativa fue impulsada por personal de instituciones como CORANTIOQUIA, quienes viendo la vocación de estos pobladores y el desempleo generalizado, capacitó a algunos miembros de la localidad para que emprendieran un proyecto comunitario, que de alguna forma mejorara los ingresos de los habitantes de esta localidad.  En la actualidad hay 33 asociados, pero por lo general, no hay trabajo para todos, pues la demanda de este tipo de materiales solo permite mantener entre 15 y 20 trabajadores diariamente, circunstancia que provoca la el establecimiento de turnos semanales.  Los productos que ofrecen al mercado son arena de pega, arena de revoque, gravilla tres cuartos, gravilla pulgada y media y piedra.  Cuentan con personería jurídica y con el permiso de explotación de CORANTIOQUIA, que además los ha capacitado para minimizar el impacto ambiental que producen tanto en el río Cauca, como en la Quebrada Seca.  Este permiso tiene una vigencia de 20 años.

 

Los asociados tienen algunas garantías como seguridad social, salud, subvención para la educación de los hijos y bonos de solidaridad; las utilidades se reparten por iguales partes, destinando el 10% para gastos de funcionamiento de la cooperativa y para hacer aportes a la comunidad, entre los que se destacan la construcción del alcantarillado y el arreglo de la iglesia.  Su organización esta compuesta por un  presidente, un vicepresidente, dos fiscales, un gerente, un contador, un tesorero y una secretaría.  La forma de trabajo consiste en dividirse en dos equipos cada uno con siete u ochos trabajadores; mientras un grupo se dedica a extraer y cargar los materiales de la Quebrada Seca, los otros están encargados de lavar y separar los materiales por calidades; para que el trabajo y los esfuerzos físicos sean equilibrados, estas actividades se rotan de equipo cada dos días.  La comercialización esta a cargo del gerente, quien se encarga de promocionar los productos con las empresas contratistas que están construyendo el túnel de occidente y la vía sustitutiva, así como con las diferentes administraciones municipales cercanas, entre las que se destacan San Jerónimo, Sopetrán, Santa Fe de Antioquia y Olaya. 

 

En el río, como importante eje de desarrollo económico de esta localidad permite el desarrollo de otras actividades como la pesca, la cual es practicada por un gran número de hombres de esta vereda; su producción es destinada tanto al autoconsumo, como a la comercialización que se hace en Sana Fe de Antioquia. Para la captura de los peces se utilizan varias técnicas entre las que se destacan la atarraya, la calandria y la cuerda, que poco difieren de las descritas para las localidades estudiadas en el municipio de Olaya.  Aunque es una actividad que se desarrolla durante todo el año, es más frecuente que sus habitantes la practiquen en la época de la “subienda”, que por esta zona se presenta por el tiempo de semana santa.  Las especies comúnmente capturadas son bagre, bocachico, dorada, anguilla, corroncho, jetudo, picuda y mazorco.  Los lugares donde se suele realizar la pesca se relacionan en el mapa que se presenta a continuación.

 

Aunque la minería fue una actividad importante hasta hace unos 15 años ahora no representa un renglón importante dentro de la economía local.  Sus habitantes dicen que ahora no se practica con tanta intensidad, pues el río Cauca ha modificado significativamente su cauce y ya no forma playas a este lado del río, imposibilitando el lavado el oro; según cuenta don Eleazar Tilano, el barequeo era un trabajo propio de las mujeres ya que los hombres se dedicaban a la agricultura; ahora solo se practica en la playa de Naranjal, utilizando la técnica del molino o la matraca, descrita para otras localidades del Occidente como Untí.  Afirma además que cuando la “pinta” esta buena es posible sacar hasta dos reales de oro, cuando se lavan doce docenas de costales de tierra.

 

La cacería y la recolección son actividades poco frecuentes entre los habitantes de San Nicolás. Ahora la recolección se restringe únicamente a la obtención de maderas que son utilizadas como leña; las especies que comúnmente suelen cortar para este uso son:

 

  • Cimarrón
  • Cascarillo
  • Cedro
  • Guayacán
  • Guásimo
  • Huesito salta salta
  • Huesito sembrado

 

La cacería se practica básicamente en las orillas del río Cauca y la Quebrada Seca; allí con la ayuda de perros y escopetas, es posible capturar iguanas, conejos, tatabras, gurre, arditas y guacharas.

–           La imaginación del territorio

 

En San Nicolás se escuchan diversas narraciones que dan cuenta de un amplio espectro de seres mágicos y sobrenaturales; este es un inventario que en algunas ocasiones encuentra relación con sitios de economía extractiva—como el río—, tránsito —como el camino—, sitios donde desarrollan actividades productivas —como lomas y cañadas— y en otras oportunidades dan cuenta de actividades de guaquería.

 

Se trata de encantos, mohanes, duendes o sirenas son parte del imaginario comunitario, en donde se encuentran sitios asociados con este tipo de entidades, alrededor de las cuales se cuentan historias y leyendas que son socialmente compartidas, estableciéndose un fuerte vínculo simbólico con los sitios y seres o entidades sobrenaturales que sirven como elemento cohesionador de la comunidad. 

 

Algunas de estas historias, las bruja para citar un ejemplo, comparten rasgos que podrían llamarse regionales, pues su estructura narrativa contiene elementos comunes con discursos obtenidos durante la fase de campo en otras localidades.  También se presentan algunas referencias a seres del agua que controlan el acceso a los recursos del río y sus orillas. Al preguntar sobre historias de brujas y seres del agua se refiere:

 

Yo oía hablar a los viejos sobre esas cosas en el agua, una vez disque vieron una sirena, otras veces veían barbacoas o bultos…los viejos mentaban una barbacoa que iba río a bajo, otras veces sentían bultos picando leña en las playas pero en ese entonces había muchas brujas, esas brujas cogían a la gente que andaba de noche y los encerraban en un penquero y al otro día amanecían en el camino[34].

 

Esas brujas se hacían un marrano, se metían por entre las patas de la gente y los jodían, por ahí al tiempo fue que oyeron decir que dándole un machetazo así las iban retirando y les decían andá mañana por la sal. Ellas venían de casas por los montes, en un punto que se llama Potosí ahí se mantenían bailando, toda la noche era una parranda, eso era los sábados de cada ocho días se veía ahí la parranda.

 

Esas personas ya no molestan, unos se murieron pero ya no joden como antes. Por los caminos, los sábados mantenían asustando la gente del Tunal venía a mercar a Antioquia y salían con el mercado y los cogía la noche y a veces amanecían en camino real porque el caballo se les plantaba y se veían un pencal, la silla del caballo se la quitaban y se las ponían en la cola.

Se mantenían por ahí rumbiando y tenían por allá lejos una salón grande donde tenían que ir donde el diablo a poner una parranda. Ahí en Goya, donde yo vivía, había una señora que era bruja y se le iba al marido todas las noches y volvía al amanecer y se salía por el caballete de la casa[35].

 

Se notan entonces tres elementos importantes en esta narración. 1. Potosí es una quebrada que hace parte de los límites de San Nicolás; además, es un sitio de pesca, lo que esta dando cuenta que en esta historia se reconocen lugares del territorio como sitios de permanencia—en el pasado—de brujas.  Así mismo, se evidencia que en la construcción del territorio, Santa Fe de Antioquia es punto importante de interacción dada su cercanía con este asentamiento y por la variedad de productos que podían ser encontrados durante las actividades de mercado, lo que estaría mostrando que este es un sitio cardinal y que da alguna manera reemplaza a Sopetrán en la prestación de servicios y adquisición de bienes; 2. la idea de que ”Salían de casas en los montes” esta marcando una diferencia entre el monte y la localidad; no en vano son los pencales la representación del límite entre monte y la localidad; quien salga de allí habrá vencido a la bruja y será de ahí en adelante un individuo reconocido por el resto de la comunidad como verraco; este juicio de valor refuerza entonces las narraciones sobre brujas y el desborde de los hechos será el toque personal de quien lo cuenta.  Sin embargo, estas no son formas de control social, sino situaciones accidentales; 3. Los sitios de reunión de las brujas son referidos como la “casa del diablo”; en Occidente con frecuencia se hace relación a salones grandes donde las brujas bailan y hacen sus aquelarres; en este caso es el sitio de Potosí; en Sabanalarga es el sitio conocido como Carquetá; en Buriticá, como el pozo de Garrido y Carquetá[36].  Sitios a donde tenían que ir los aprendices de brujería y vencer sus más profundos miedos al negar la existencia de Dios y de Santa Maria.

 

Este último elemento es desarrollado de manera más amplía en la siguiente historia relatada por Avelino Rueda:

 

Un señor se quería formar como aprendiz de brujería, la maestra era la mujer, ella le dijo: repita lo que yo diga, no coja oro del que este en esa cueva. Ella dijo: sin Dios y Santa María y brincó hasta la viga, sin Dios y Santa María y saltó hasta el techo; llegaron al salón, ya estaba lleno de gente, él era forastero y los otros lo estaban vigilando, cuando terminó la parranda él iba a coger un pedazo de oro y ella no lo dejó…repitió con Dios y Santa María y se perdió en el monte y andó por ahí como tres días comiendo hojas y la mujer en la casa y no lo iba a buscar; a los tres días cogió él otro monte y ahí sintió una tucusa y se fue yendo al conteo de ella y la vio y la empezó a seguir y la sacó a una manga ahí se perdió la tucusa, él vio a lo lejos una casa, dijo él: voy a pedir comida en esa casa, estaba la mujer de él moliendo pero no la reconoció y le pidió comida y le contó que estaba perdido, que lo sacó la tucusa; ella le arregló desayunito y se pusieron a conversar y en la conversa dijo él que andaba tres días por los tres montes perdido. Se dieron cuenta de quienes eran e hicieron las paces y él le dijo que iba a tener que dejar esas idas por allá y no volvió más. Eso como que fue muy cierto porque esa señora vivía por la Carvajala que llaman, yo la conocí cuando estaba chiquito…esa señora no tenía pestañas.

 

En otras historias también se evidencia la relación entre lugar y entidad imaginada, en la cuale se amalgaman elementos relacionados con la iglesia católica y la guaquería; estas, casi siempre hacen alusión a acontecimientos poco afortunados, como los que se narran en esta historia:

 

En un punto que se llama Morromocho, en Quirimará salía u cura diciendo oraciones en voz baja.  Una vez la abuela de XXX que estaba embarazada en ese momento, venía con el esposo XXX; venían de regreso con leña (al parecer) y el padre este salió y ellos pasaron por su lado mientras él murmuraba oraciones, ellos estaban muy asustados y siguieron caminando, pero el niño que tuvo XXX le salió bobo por eso y murió estando pequeñito.  Parece que el padrecito ese era un santo que tenía algún entierro[37].

 

Yen esta otra:

 

XXX, el abuelo de XXX, tenía el cuello y por ende la cabeza torcidos hacia uno de los lados; además, era tartamudo.  Se dice que trabajó sacando guarapo de manera clandestina; tiempo después el compañero murió pero él no sabía que ese señor guardaba el guarapo en botellas debajo de la tierra al pie de las tapias del cementerio.  Un día después del trabajo, al tiempo de haberse muerto su compañero, al llegar cerca de las tapias del cementerio, vio al compañero muerto que apareció cerca de donde tenían guardado el guarapo.  El señor se quedó frío y desde ese momento tartamudo y torcido[38].

 

Así pues, se construye un complejo espacio habitado por seres que las nuevas generaciones no han visto, ni sentido; ante todo porque existen nuevos modelos para construir y semantizar el espacio, además de otros mecanismos de control social, más fuertes y efectivos que las historias de miedo o las experiencias con duendes o brujas.

 

Siguiendo en esta línea, es muy importante relacionar que la aparición de San Nicolás en el sitio conocido como la cañada del Altico, proporciona otros elementos para la configuración social y espacial de la localidad; su importancia radica en que ese sitio donde se “apareció” el santo también es un referente importante de identidad local, más significativo aun, pues este sitio aparece referenciado como límite de San Nicolás desde su institución como capellanía.

 

 

4.2.2.2 El Rodeo

 

 

–           Localización

 

La vereda el Rodeo está ubicada en la margen occidental de la cordillera Central, al occidente de la cabecera municpal.  Limita al norte con las veredas Córdoba y la Miranda; al sur con las veredas Llano de Montaña y La Puerta; al occidente con el río Cauca, las veredas Guaymaral y Los Almendros y al oriente con la cabecera municipal y las veredas Llano de Montaña y Otrabanda.  El Rodeo es una de las treinta y una veredas que conforman el municipio de Sopetrán.  La mayoría de las viviendas y las fincas de recreo ubicadas en ella poseen energía eléctrica y acueducto, aunque carece de alcantarillado.  Dista de la cabecera municipal unos seis kilómetros y medio, por la carretera que comunica estas dos localidades.  El Rodeo está localizado en un área de bosque seco tropical (bs – T),  Esta zona tiene como características ambientales una temperatura promedio de 24º C, con altitudes inferiores a los 1000 msnm y precipitaciones que oscilan entre los 1000 a 2000 mm / año.  Esta vereda está atravesada al norte por la quebrada La Sopetrana, la misma que marca el límite, hasta cierto punto, e igualmente por los ríos mencionados: El Cauca, al occidente y el río Aura, al sur, el cual vierte sus aguas en el anterior (E.O.T Sopetrán 1998: 66). 

 

–           Territorialidad e historia

 

Algunos acontecimientos han afectado y transformado la vida social de los habitantes de esta localidad; estos sin duda tienen relación con el entorno y sus recursos, y el aprovechamiento de los mismos, así como con la forma y el tipo de interacción que mantienen los pobladores dentro de la comunidad y hacia afuera con otros núcleos y sectores de población. En una escala espacial y social más amplia, se ven afectados también por los complejos procesos sociales, políticos, económicos y de orden público que se han producido en la región y el país. 

 

El origen del asentamiento de El Rodeo se pierde en la memoria de los habitantes; no fue posible rastrear en la tradición oral la memoria de los hechos y las fechas que llevaron a su constitución.  Tampoco en los documentos escritos ha sido posible encontrar referencias explícitas que den cuenta de su proceso de formación. 

 

El propio resguardo de indios de Sopetrán, incluía, según los primeros límites establecidos para el mismo por la corona española, el actual sector de la vereda El Rodeo

 

Los datos que se tienen sobre el resguardo y del pueblo de Sopetrán permiten dar una idea general de este sector durante la colonia.  Inicialmente la población esclava traída a esta zona se empleaba en la explotación de minas de aluvión y de veta, muchas de las cuales fueron denunciadas en lugares dentro la jurisdicción del resguardo: río Cauca, quebrada Sopetrana, Noarque, quebrada La Seca, quebrada Ayuná y Tafetanes. 

 

Luego de la crisis minera, entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, el número de esclavos por cuadrilla disminuyó notablemente y los oficios que empezaron a desempeñar estos consistían principalmente en la agricultura y la ganadería.  La disminución de los indígenas y la presencia de población negra y la manumisión paulatina de los esclavos fueron factores decisivos en la configuración étnica, social y cultural de la zona; a este cuadro se suma además la presencia creciente de blancos propietarios de tierras. 

 

Durante el siglo XVII los libres que poseían tierras las explotaban a través de sus esclavos y de sus dependientes, mientras que los habitantes mulatos, mestizos y zambos trabajaban en sus pequeñas parcelas.  Como estos tenían acceso muy limitado a recursos financieros y tecnológicos para invertir en sus tierras, se empleaban como jornaleros en propiedades ajenas o en oficios manuales alternos (Pimienta 1985: 131- 144.)

 

Las relaciones entre los diferentes grupos establecidos en los terrenos del resguardo continuaron siendo conflictivas, debido a la invasión de las tierras de los indígenas y a la explotación por parte de los advenedizos de recursos como el de los salados, lo que provocaba constantes quejas de parte de los indígenas ante las autoridades.  A pesar de ello, y de las medidas que propendían por la protección del los naturales, poco a poco,  cada vez más libres fueron apropiándose del territorio; también en algunos casos estas fueron cedidas sin contraprestación alguna por los mismos indios.

 

La interacción entre los habitantes del resguardo y los de sus alrededores era frecuente, entre otras razones, porque la demanda de leña para el procesamiento de la sal en los salados de Córdoba era constante y se hizo cada vez mayor debido a la escasez y el agotamiento de este recurso en las inmediaciones de la explotación, por lo que los libres que trabajaban en ella, debían recorrer grandes distancias en busca de este recurso, estableciendo en el proceso redes de relaciones con los nativos y otras personas establecidas en el área.  Esta actividad, que ya estaba plenamente establecida desde antes del arribo de los españoles, continuó desarrollándose durante el periodo colonial, y se mantuvo durante la era republicana, probablemente hasta bien avanzado el siglo XX.  Aun hoy, la gente de mas edad de El Rodeo y de San Nicolás, recuerda los días en que hombres y mujeres, especialmente morenos, iban a sus tierras en busca de leña para el laboreo de la sal.

 

En realidad, aunque el pueblo de Nuestra Señora de Sopetrán fue fundado como pueblo de indios, para la primera década del siglo XIX, las tres cuartas partes de los vecinos eran libres (Patiño 1985: 141).  El mestizaje se dio con una gran intensidad en este pueblo, a pesar de los conflictos generados entre los grupos étnicos por el acceso y control del territorio; sin embargo, la conformación actual de los ya mencionados asentamientos de población de origen negro, situados en los márgenes internos o en la periferias del antiguo resguardo, permite suponer la constitución de asentamientos integrados por negros libres, zambos y mulatos relativamente alejados del proceso de mestizaje intenso que se dio en Sopetrán, como en otros poblados de la región. 

 

Muy probablemente, el paraje de El Rodeo fue creciendo en población y número de viviendas a medida que el uso del camino que comunicaba a Sopetrán con San Nicolás, pasando por varios otros asentamientos, se fue convirtiendo en actividad rutinaria para los habitantes del pueblo y del resguardo, de modo que establecerse sobre esta ruta se convirtió en una ventaja, por la facilidad de movilización, contactos e intercambios que posibilitaba esta localización.

 

Durante el siglo XIX la tierra de la actual vereda de El Rodeo estaba en manos de unos pocos propietarios de grandes extensiones, personajes no originarios de este paraje que poseían terrenos en este y otros lugares cercanos.  La mayoría de los pobladores solo poseía pequeños lotes, insuficientes para el sustento familiar, por lo que dependían para la subsistencia de su labor como arrendatarios o jornaleros en actividades agrícolas en las grandes fincas vecinas.

 

La relación entre propietarios y trabajadores se caracterizó por una dependencia profunda de los últimos con respecto a los primeros, la cual no solamente se manifestaba en relación con el control que estos ejercían sobre el acceso a la tierra y otros recursos vitales como el agua, las posibilidades laborales y salariales de los trabajadores, sino también mediante el establecimiento de un sistema complejo de prestación de servicios y favores mutuos que llevaron a los hacendados a convertirse en “protectores” de la comunidad, o al menos a ser considerados como tales por los mismos pobladores de la vereda, quienes llegaron a ver en ellos sus voceros, intermediarios o defensores frente a los poderes políticos, la iglesia y el Estado y ante las amenazas y riesgos derivados de los conflictos y acciones violentas que periódicamente ocurrían en la zona.  Con frecuencia, los propietarios concedieron más de lo que la costumbre del arrendamiento de tierras  exigía, contribuyendo con dinero para la construcción de obras para la comunidad. Algunos se  incorporaron en la memoria de la gente del lugar como “ricos buenos”.  Otros terratenientes generaron  una imagen contraria, fundada en la avaricia y la falta de bondad, en la desobediencia del mandato eclesial y religioso de la caridad. 

 

Así, según las narraciones de los habitantes de la localidad, por lo general había unas personas con grandes tierras que daban empleo a los pobladores a través de la modalidad de arriendo, en la cual el pago consistía en una tercera o cuarta parte de la cosecha que se recogía, lo que dependía de la fertilidad y productividad del terreno; es decir, en tierras con poca humedad al dueño le correspondía la cuarta parte, mientras que en tierras más fértiles con mayor posibilidad de anegarse, se le daba la tercera.  Otra forma de trabajo era ser peón de alguien que tuviera tierras para sembrar, así, los hombres, y en ocasiones las mujeres, trabajaban durante la semana y se les pagaba por los días laborados, brindándoseles la oportunidad de construir sus viviendas allí y de tener cultivos en esa misma tierra prestada. 

 

Las relaciones sociales alrededor de la tierra características de esta  comunidad, evocan, como en tantos otros lugares del país, la relación que existía entre encomenderos e indios, o, incluso, entre amos y esclavos. La protección, los favores mutuos, el padrinazgo, y la ayuda económica para los pobladores, mediatizados por la tierra como fuente de trabajo, de recursos y de legitimación de la ocupación, y, en última instancia como soporte de un sistema de explotación económica  y control social y político, se han convertido en constantes para esta y otras comunidades del occidente antioqueño en cercanías del Cauca. 

 

Algunos personajes que tuvieron considerables extensiones de tierra durante el siglo XIX y XX son recordados por los habitantes actuales de El Rodeo, especialmente por los ancianos.  De este modo, se menciona a Pedro Luis Rico, propietario de la parte que ahora es Sabanazo; Pedro Vieira, propietario de un lugar llamado “La Mortoria”, lo que ahora corresponde al terreno donde está construida la Piscícola El Gaitero, así como la finca colindante llamada La Fonda; Juan Bautista Sevillano, dueño de la extensión llamada Ísima, parte del resguardo antiguo, ubicada entre Córdoba y el Rodeo; además, Juan Sevillano poseía las tierras de los comunes, al suroriente de El Rodeo; Alfonso Tamayo y su familia eran dueños de los predios de La Mana y Los Bajíos; a las familias Tamayo y Gaviria pertenecía la extensión que iba desde la Placita, donde ahora es el colegio, hasta Tres Portones, y de allí hacia adentro, al sur, a cubrir lo que se llamaba La Esmeralda, El Pelado y Remolino e igualmente hacia el noroccidente, cubriendo los sectores de Contador y Contadorcito.

 

La agricultura entonces continuó siendo la actividad que proporcionaba el sustento familiar y para ello han sido, y siguen siendo, vitales las acequias que se han desarrollado y empleado por años, marcando el territorio con canales de conducción de aguas que atraviesan los campos y los caminos y que sirven para  regar las áreas de cultivo.

 

El maíz fue durante muchos años, aquí como en otros lugares de Antioquia, el cultivo por excelencia, debido a la importancia que tenía en la alimentación.  A este se le sacaban dos cosechas por año, la llamada cosecha propiamente dicha y la traviesa.  En los hogares se consumía diariamente, pero también era un producto para comercializar; era   tan esencial para el consumo, que se dice que en el año había una temporada de hambre, que coincidía con el período en que no había maíz, el cual empezaba en marzo y duraba de dos a tres meses.  “Desde que hubiera maíz, fríjol, huevo y mazamorra, ya había comida”, dice una anciana del Rodeo.

 

La gente de veredas aledañas, pasaba llevando las cargas de maíz en bueyes, novillos y caballos por el camino de El Rodeo para ir a venderlo a Sopetrán.  En cada casa, dicen los pobladores, había troja en la cocina para conservar el maíz libre de polilla, y en los patios se extendían las mazorcas apiladas que luego se llevarían al mercado o que servirían de alimento a la casa.

 

Además del cultivo del maíz, se tienen referencias antiguas de cultivos de tabaco en el sitio de El Rodeo y lugares cercanos y de las revueltas que produjo la orden de su  erradicación en el marco de lo que ha sido llamado la “rebelión de los humildes”; en el año de 1.779 se dicta la orden de suspender los cultivos de tabaco en la toda la provincia de Antioquia, pero pese a ello dos años más tarde los cultivos continuaban en Sopetrán y Sacaojal, por lo cual las autoridades dieron comienzo a una persecución de los cultivadores desobedientes de la ley y a la eliminación de los sembrados; en reacción a ello se levantaron los vecinos de varios parajes: Noarque, El Rodeo, el Tablazo, La Miranda, Sacaojal, río Cauca arriba, Quebrada Seca y el pueblo de Sopetrán, enardecidos por la destrucción de los cultivos de Juan de Lastra, un liberto de El Rodeo, luego de lo cual el tabaco desapareció de la zona por muchos años (Suárez 1989: 394).  

 

Los habitantes del asentamiento de El Rodeo participaron, como otros pobladores de Sopetrán, en la industria del sombrero de iraca o sombrero “Panamá”, que se exportaba a otros departamentos de la república y a países como Cuba y Estados Unidos, durante la últimas décadas del siglo XIX y primeras del siglo XX.  Con este material no solo se hacían sombreros sino también esteras y chinas (especie de abanico), aunque estas tenían un mercado mucho mas limitado que los primeros.  Sin embargo, la fabricación de estos productos desapareció repentinamente.  Igualmente, en la vereda por esta misma época se fabricaron otras manufacturas como las chinelas, zapatos de cabuya tinturada con concha de noro, aunque esta era una actividad aislada que solo unos cuantos habitantes llegaron a desempeñar. 

 

El tabaco vuelve a convertirse en un producto reentable en este asentamiento a comienzos del siglo XX, cuando algunas familias dedicaban parte de sus tierras y su trabajo a éste producto.  De este modo, no sólo esta vereda sino muchas otras, incluso en algunas con climas menos cálidos, sembraron esta planta en sus huertas.  Se recuerda que ciertas familias se dedicaban a sembrar, cuidar y mantener las plantas, para luego procesarlas y transformarlas en puros denominados popularmente tabacos, oficio que era generalmente desempeñado en sus propias viviendas por las mujeres; incluso algunos niños participaban en la elaboración.

 

Por estos mismos años, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, y concretamente entre 1899 y 1902, en muchos lugares de Colombia la Guerra de los Mil Días estaba ocasionando estragos; sin embargo, los acontecimientos más funestos no se presentaron en Antioquia, a excepción de lugares como Puerto Berrío, y en el occidente, en jurisdicción de Santa fe de Antioquia y en el propio Sopetrán, de reconocida orientación liberal, donde actuaron las únicas dos guerrillas de la región de Antioquia que intervinieron activamente en el conflicto armado, aunque éstas fueron sometidas al parecer muy pronto por el ejército conservador (Ortiz:1985:141-142).  Este episodio alcanzó a tener efectos significativos en la región, y todavía se alude a ello, pero, por la antigüedad de estos hechos, no se tiene memoria cierta de sus implicaciones en la zona.

 

Aunque se tienen reportes de que el arroz fue traído por los jesuitas a Antioquia hacia la mitad del siglo XVII y de que en 1788 ya se había concentrado en los alrededores de San Jerónimo, en inmediaciones del río Aurrá cerca a Sopetrán, el cultivo de este producto no fue lo suficientemente relevante para la zona del Rodeo sino hasta los años 30 del siglo XX.  El arroz significó una importante fuente de empleo para muchos campesinos, que trabajaron en su proceso en diferentes terrenos, entre los cuales se recuerda muy especialmente las cercanías de la quebrada La Sopetrana, luego de que lo trajera un poblador y de que les enseñara a los demás el proceso de siembra y cultivo, al tiempo que les daba trabajo.  El arroz implicó para los campesinos jóvenes y adultos años de trabajo, sobre todo porque requería gran cantidad de mano de obra para realizar lo que llamaban “tortear” las matas, que consistía en mantener libre de maleza los sembrados.

 

A comienzos de siglo se sembraba, además, café, yuca, fríjol y papaya y recogían igualmente la cosecha de mangos, naranjas y mamoncillos; el cacao en  especial ocupaba un importante renglón en la economía agrícola.  Así mismo, en ésta como en otras localidades de ascendencia negra, las mujeres elaboraban recipientes y objetos de  totuma en cantidades significativas para venderlos en el mercado de El Rodeo y del propio Sopetrán, además de la recolección y posterior comercialización de leña para abastecer las viviendas de la mayoría de familias que la utilizaba para las labores domésticas.

 

La interacción entre ésta y otras veredas se desarrolló alrededor de varios ejes que posibilitaron la comunicación y  los intercambios de personas, bienes y servicios.  El comercio fue un importante eje entre El Rodeo y las comunidades vecinas, ya que durante muchos años hubo un espacio en el cual compradores externos, dedicados a esta actividad venían de la cabecera y de otras veredas como la Puerta o el Llano, a comprarle a los campesinos su producción agrícola.  En un lugar llamado Cuatro Esquinas, sobre el camino principal de El Rodeo, se realizaba la compra y venta de vegetales, frutas, pequeños animales y otros artículos.  Esta actividad se extendió al parecer desde los años cuarenta hasta hace aproximadamente veinte años.  Otros compradores de la cabecera venían semanalmente a surtirse con los productos locales en medianas y pequeñas cantidades para luego vender en el pueblo.  Se compraba cacao, huevos, gallinas, frutas (guanábanas, pitahayas, sandías, melones entre otros productos) y artículos como los elaborados con totumas, que se vendían especialmente en diciembre. 

 

El camino era, así como lo es ahora, un eje de vida social pero por esos años, durante la primera mitad del siglo XX, fue un importante integrador de las comunidades aledañas, pues esta era la única ruta para llegar a varios destinos.  Actividades como las veladas, realizadas desde los años 20 hasta hace dos décadas al parecer, fueron  ocasión de socialización.  Estas se realizaban en la escuela y eran una suerte de presentación teatral, por lo general de tipo cómico, en la que actuaba la gente de la misma vereda y en la que se cobraba  a los asistentes, con el fin de obtener dinero para construir o mejorar la escuela o de dar apertura a las vacaciones.  Estas representaciones implicaban la colaboración de toda la comunidad, no sólo de El Rodeo, sino también la asistencia y la participación de otras gentes de asentamientos de las cercanías como La Puerta, Guaymaral, Córdoba o El Llano. 

 

Durante la década del 40 otros productos se convirtieron también en fuente de trabajo agrícola para los campesinos del lugar, como el tomate, traído al parecer por un norteamericano en el año de 1945, quien llegó a sembrar en las tierras del Bajío, la variedad conocida como “tomate riñón”;  luego vino el “ tomate chonto”, que fue por años  un producto de preferencia por los cultivadores.

 

La violencia entre los partidos políticos liberal y conservador que vivió Colombia en los años cincuenta, sacudió también profundamente a Sopetrán.  El apoyo de la iglesia, con la fuerte influencia y el poder que detentaba, al partido conservador, condujo a que en asentamientos como estos y sus colindantes, en donde la mayoría de los habitantes era de filiación liberal, el temor y las acciones violentas fueran una presencia constante y se incorporaran a su memoria y a su historia.  Los habitantes de El Rodeo recuerdan las batidas en las que llegaba la policía a buscar armas (que en muchas ocasiones no eran más que objetos de uso corriente en la casa o el trabajo) o en busca de causales para llevarse a los hombres a la cárcel.  También recuerdan cuando llegaba la “chusma” en busca de personas a las que se consideraba enemigas por ser liberales. 

 

El temor de las personas era constante, especialmente de los hombres adultos que huían en las noches al monte o la loma donde se ocultaban hasta el amanecer, previniendo ser asesinados o detenidos, dejando en casa a las mujeres y a los hijos.  Los hombres que llegaban a las veredas en busca de gente de filiación liberal para cometer los temidos atropellos, eran llamados “los caimanes”, y tenían el apoyo de las autoridades para cometer actos de este tipo. 

 

Pese a todo, en El Rodeo los acontecimientos no fueron tan graves como en otros lugares del mismo Sopetrán, ya que allí no se quemaron viviendas, ni asesinaron a nadie, pues los actos más violentos consistieron en llevarse a algunas personas y mantenerlas en la cárcel por algunas horas o días, o hacer disparos al aire para intimidar y advertir a la gente.  Todo, dicen, “gracias a la virgen de Sopetrán que los mantiene alejados de problemas graves, y los mantuvo a distancia de la violencia de esa época, pues los rezos de niños, jóvenes, adultos y ancianos fueron escuchados por ella”, creencia que hace pensar en una confrontación de conceptos al que se ven enfrentadas los grupos sociales como éste, en un antagonismo entre las convicciones y principios que pregona la iglesia y las exhortaciones y actuaciones  de sus representantes.

 

Desde la mitad de siglo XX en adelante, y especialmente durante los años setentas y ochentas, una serie de acontecimientos han transformado los usos del suelo en El Rodeo, así como la vida cotidiana de las veredas cercanas, que compartían con esta un fuerte lazo con su origen africano. 

 

A finales de los años cuarentas, un trabajador humilde de Sopetrán llamado Bartolo Peña, que laboraba en tierras de El Rodeo y  vendía su producción en el pueblo, encuentra una “guaca” en tierras de Juan Sevillano, y con el dinero que de allí obtiene luego compra tierras a los herederos de este personaje, además de otras como las de Alfonso Tamayo, denominadas “la Mana” y “El Bajío”, consiguiendo, con los años, ser el mayor propietario de tierras del Rodeo, las cuales luego dejó en herencia a su hijo Alberto Peña, más conocido como el “mono Peña”.

 

Bartolo Peña no sólo fue un terrateniente en esta y otras localidades como Guaymaral, sino que se convirtió en un protector y benefactor de la comunidad de Sopetrán y El Rodeo, pues con sus aportes algunas obras importantes pudieron llevarse a cabo, e igualmente hizo contribuciones para llevar a cabo obras de beneficio común que la comunidad demandaba.  Se dice que durante la época de la violencia, en los años 50 y en otros momentos, fue a través de su intervención como logró evitarse que aprisionaran a algunos acusados de El Rodeo, todo lo cual evidencia y ejemplifica el importante vínculo arriba mencionado, entre los trabajadores y la comunidad misma con propietarios adinerados como éste.

 

Con el paso del tiempo y con los procesos de transformación vividos por la región del Occidente, las tierras continuaron cambiando de dueños, convirtiéndose en fragmentos más pequeños en manos de más propietarios externos.  Así, los herederos de Juan Sevillano vendieron a otros como la familia Pulgarín de Sopetrán las tierras que correspondían a los comunes y esta familia durante muchos años arrendó a cultivadores del mismo El Rodeo y del Llano que pagaban “a la cuarta” el arrendamiento de la tierra para sembrar, hasta que desde cierta época, probablemente entre los años setentas y ochentas para acá, éstos vendieron por fracciones para construir parcelaciones a compradores foráneos. 

 

Otros propietarios también vendieron grandes extensiones o simplemente comenzaron a dedicarlas al manejo de ganado, lo cual implicaba la siembra de pasto y el despido de los trabajadores locales que se habían ocupado de los cultivos durante generaciones.  Con todo ello, la agricultura perdió importancia como fuente de ingresos económicos.

 

Además de los terrenos de Alberto Peña, dedicados en su mayor parte a la ganadería, solo quedaron propietarios de parcelaciones en lo que eran los comunes, o de fincas de recreo que pertenecen por lo general a personas extrañas a esta vereda y que vienen casi siempre de Medellín.

 

La nueva carretera de occidente, la vía al mar, construida en la década del sesenta, atravesó literalmente el asentamiento de Guaymaral, produciéndose con ello una enorme ruptura de las relaciones sociales de esta comunidad con las localidades vecinas y con la cabecera del municipio.  El camino perdió entonces vigencia para poblados como San Nicolás y Guaymaral, pues la carretera y los vehículos de constante circulación acortaron las distancias entre ellas y con Santa Fe de Antioquia.  Los productos y servicios que pudieran necesitar ellos, así como los vecinos de las otras veredas, poco a poco dejaron de encontrarse en El Rodeo, en la Puerta o en el propio Sopetrán, para ser hallados en este otro municipio.  La ligazón entre estas comunidades, se debilitó enormemente desde ese momento.

 

A pesar de disminuir los espacios cultivables, los pocos propietarios que conservan grandes extensiones de tierra, así como habitantes del asentamiento que conservaron pequeños terrenos, se han mantenido cultivando.  Con la llegada del maracuyá, cuya semilla fue traída por primera vez en el año de 1962, muchos cultivos como el maíz, el cacao, y el tomate, fueron desplazados.   Al parecer, las primeras cosechas de la fruta no tuvieron mucha acogida en el mercado, pero luego comenzó a cobrar importancia a nivel local e intermunicipal. 

 

Durante los años 70, y con la acción de los mismos habitantes, el camino se habilitó como carretera, posibilitando el acceso de vehículos para transportar los productos con mayores facilidades, de modo que durante las cosechas de mango, mamoncillo y coco, venían todos los días tres carros a recoger la fruta, según dice un poblador.  La acción comunal de la vereda tuvo una importante participación en esta obra, pues fue a partir de su trabajo con herramientas rústicas (picos, palas, barras, etc.) como logró acondicionar el camino como vía transitable para automotores, y volverla también más transitable para los caminantes. 

 

La escuela, convertida actualmente en un colegio que imparte educación hasta el nivel básico secundario, es igualmente un orgullo para los habitantes, sobre todo porque representa el esfuerzo de la comunidad, que realizó actividades  cívicas y recreativas para obtener el dinero de su construcción.   Con este fin se realizaron veladas y otras obras que involucraron la participación de padres, alumnos, profesores y pobladores en general.

 

Actualmente el colegio es un espacio importante de congregación; allí se realizan diversas actividades para obtener dineros con fines comunitarios y, en ocasiones, la junta de acción comunal se reúne allí con los miembros de la vereda o de otras localidades aledañas.  Es en esta institución donde muchos de los niños y jóvenes de los asentamientos cercanos estudian, como es el caso del Llano de Montaña, de Guaymaral, y de Córdoba. 

 

Según se puede constatar a partir de los comentarios de las personas entrevistadas, durante las décadas de la construcción del ferrocarril de Antioquia, quizás entre los años treintas y cuarentas, muchas personas del Rodeo migraron a buscar opciones de trabajo  en esta obra en lugares como Puerto Berrío.   Como se sabe, el ferrocarril generó gran expectativa entre los antioqueños que vieron en la construcción de la obra la oportunidad de prosperar económicamente.  Oleadas de personas llegaron a Puerto Berrío desde el comienzo de la década del cincuenta al punto de que entre los años 1951 y 1964 la población de este municipio creció en un 127.6% (Parsons,  1997: 246)

–           Territorio y población

 

Con base en el censo realizado por el Sistema de Aprendizaje Tutorial —SAT— de El Rodeo, se pudo establecer que esta localidad esta conformada por 481 personas.  En términos generales, es posible afirmar que se trata de una población muy joven, pues mas de 50% de la población tiene menos de 24 años, siendo el grupo etáreo mayoritario el que va de 5 a 9 años, pues haciende al 14%.  Con relación a la distribución de la población por género, encontramos que hay un equilibrio, pues 49.27% son hombres y el 50.73% son mujeres.

 

De un total de 121 viviendas encuestadas, la mayor parte de ellas la ocupan familias nucleares que en ocasiones conviven con algún familiar, sobre todo con uno de los abuelos.  Este tipo de unidad doméstica se encontró en un 56.19% del total de casas encuestadas, mientras que otro alto porcentaje, un 24.79% del total, corresponde a las familias extensas conformadas por la madre (o padres, en ocasiones), sus hijos solteros, y las hijas que a su vez son madres solteras, con su descendencia.  Hay, sin embargo, un importante números de viviendas ocupadas por parejas jóvenes sin hijos, esposos que ya no viven con los hijos y personas solteras de edad avanzada, todos ellos agrupados bajo la categoría de otros, para configurar un total del 19% (Gráfico 2).

 

Gráfico 2.  Distribución de la población según grupos de edad en la vereda El

Rodeo 

 
   

 

La carretera que atraviesa El Rodeo de oriente a occidente; es también una frecuente guía para los pobladores, como referencia; a lado y lado de ella hay casas tan antiguas, que su edad se pierde en la memoria de sus habitantes.  El sector de La Aguamala, dicen algunos, comienza desde el puente del Chiche; su extensión, como la de otros lugares, es ambigua, y depende de la apreciación de las personas; algunos, afirman que se extiende hasta la casa de Andrés Villa, en la parte media del camino, lugar en donde, según estas mismas personas, comienza “el propio Rodeo”.  Otros, consideran que la Aguamala no comienza en el puente mencionado sino en el casco urbano del pueblo, en la calle que da con la gasolinera y que continúa en descenso y empata luego con el camino, y otros mas, creen que termina en las cercanías de la piscícola El Gaitero.

 

Por otro lado, la Placita es el centro de la vereda; a ella conducen todos los caminos, el que viene de Sopetrán, el que viene del sector de Sabanazo y de la carretera Medellín – Santa fe de Antioquia, el camino que viene desde Guaymaral y el que viene desde Córdoba. 

 

Sabanazo es otro sector dentro de la vereda que de algún modo se ha considerado como una zona aparte, aunque con fuertes nexos con el resto, pues se hace constante en el lenguaje de las personas una diferenciación entre ser del Rodeo y de Sabanazo, lugar al que se le refiere como el punto de mayor concentración de gente negra y que, en términos de las relaciones sociales, tiene más vinculación con la zona de La Placita y las viviendas del interior, que con la parte llamada Rodeo Arriba, aunque tal vez este asunto sólo se deba a la forma misma del lugar, específicamente porque Rodeo Arriba tiene mayor relación con la parte urbana del pueblo, dada su cercanía.  Sabanazo es un espacio muy poblado, situado al suroccidente del Rodeo, caracterizado por espacios mucho más planos que el resto, y hoy en día ocupado en buena parte por fincas de recreo y sembrado de árboles frutales; muchos de los habitantes de este sector son personas de avanzada edad o familias que han vivido por años allí, cuyas casas de apariencia antigua, por lo general han sido heredadas por varias generaciones. 

 

Las casas del camino del Rodeo son, como dijimos, bastante antiguas, aunque no todas, ya que también es frecuente ver algunas construidas en adobe y otras tantas prefabricadas, de reciente construcción, habitadas casi siempre por mayordomos de fincas de recreo, construidas por los patrones para ellos.  Estas últimas son casas muy pequeñas, con dos cuartos o máximo tres, salas de estar con espacios mínimos y con acceso directo a la puerta de entrada, sin antejardín u otro espacio abierto semejante.

 

Las casas antiguas, algunas construidas en bahareque y muchas otras en tapia, poseen en muchos casos un pequeño corredor protegido por el techo, aunque sin paredes, a modo de espacio social anterior a la puerta principal o soportal.  Las puertas exteriores, e interiores, cuando las hay, son de madera, en alas o de una sola hoja pero siempre las primeras son de un mayor tamaño.  Algunos techos aun se conservan en paja de iraca, pero, la mayoría son de teja de barro.

 

Las casas no tienen un patrón de construcción similar en todos los casos, aunque hay formas que se repiten, y que tienden a estar en relación con los materiales constructivos.  Por ejemplo, un solar o patio abierto al interior, en la parte posterior, que en ocasiones da hacia las habitaciones y que está unido a la casa por un corredor amplio y techado, con piso de cemento que da ventilación a la vivienda, y que se convierte en el espacio para recibir el aire en las horas de la tarde, momento en el cual el calor es insoportable, convirtiendo esta hora y lugar en el ámbito preferido para socializar con la familia o los vecinos, en hamacas, en sillas recostadas a la pared o en el mismo suelo.

 

La cocina casi siempre es una construcción separada de las habitaciones y con puerta independiente; en muchos casos, sobre todo en las casas más antiguas, además de la cocina principal hay una cocina de leña, un espacio con techo de iraca o de otra paja donde está el fogón de leña y un pequeño mesón de barro que en realidad es una extensión del mismo.

 

En 1998 se entregaron a la comunidad 21 casas construidas bajo la modalidad de autoconstrucción y autogestión comunitaria, 20 de las cuales están ubicadas en el camino frente a la finca La Fonda, todas ellas localizadas a lado y lado de un patio de tierra, con una extensión aproximada de 6 a 7 metros.  La estructura de éstas es la de un antejardín, un salón comedor pequeño, habitaciones frente a este y a lo largo de un corredor, y una cocina integrada al resto de la casa tras el salón, un baño hacia la parte posterior, y al final de la casa, un pequeño solar donde algunos han sembrado plantas para el consumo o la ornamentación. 

 

A excepción de éstas, las demás viviendas están distanciadas varios metros unas de otras, es decir, aisladamente construidas, o separadas sólo por algunos metros, rodeadas de espacios con pasto, plantas y árboles, sobre todo aquellas que no están en los lados del camino. 

 

En El Rodeo, como hemos dicho, las viviendas son de diverso tipo, pues con la construcción de nuevas casas, va variando el patrón constructivo y la distribución interior y exterior de los espacios.  Las características de la vivienda dependen también de su emplazamiento y ubicación en relación con otras casas y con los caminos, de modo que aquellas que se encuentran ubicadas al lado de la carretera, como en los sectores de Aguamala o Rodeo Arriba, no poseen espacios sociales abiertos en la parte anterior, sino que, en la mayoría de los casos, dejan un área a ambos lados de la puerta,  que sirve para las reuniones informales de  los habitantes de la casa y con los vecinos.  La visita entre vecinos, especialmente entre las mujeres, y sobre todo en las tardes, es una importante actividad cotidiana para esta comunidad.  La casa de cualquiera se puede convertir en lugar de charlas y conversaciones que se pueden prolongar por varias horas.

 

En este mismo sector en donde las casas no quedan contiguas unas de las otras, por lo general las viviendas están rodeadas de pasto, jardín o árboles, y en algunos casos, pequeños cultivos bordean la entrada.

 

En la parte trasera de las viviendas se conserva con mucha frecuencia, tanto en el sector de Rodeo Arriba como en Sabanazo o La Placita, un espacio para el sembrado de algunos productos de pan-coger, como plátano, tomate, caña de azúcar, yuca, ñame y banano,  y plantas medicinales o aromáticas de uso habitual.

 

La llamada Placita, ubicada al lado del camino en la parte central de la vereda, es un importante lugar de encuentros.  Es una extensión abierta situada también sobre el camino principal, como una abertura lateral de este y cuyo  carácter de centralidad está marcado por la presencia de la figura de la virgen del Carmen, ubicada al lado del colegio.  Es un área donde se presenta una mediana concentración de viviendas, muy cercanas unas de otras, ubicadas a un costado; aunque no tiene la forma tradicional de una plaza,   cumple las funciones de esta.  La Placita es el lugar para ciertos eventos, donde se encuentra la gente en las horas de la tarde:  los hombres que terminan la jornada de trabajo se reúnen allí y conversan entre ellos, recibiendo el aire fresco después de las 4 ó 5 de la tarde, al igual que lo hacen los jóvenes y niños.  Este es también el lugar donde los carros recogen a quienes requieren transportarse al pueblo, a profesores y alumnos que regresan a sus casas en la Aguamala o Rodeo Arriba o quizás en el mismo casco urbano; es el espacio donde también se hicieron las veladas en otras épocas y en sus cercanías, en Cuatro Esquinas, se realizaban igualmente las ventas de frutas, verduras y animales.  La Placita, es pues un lugar para ver a los demás, donde la gente se encuentra y conversa de pie a falta de asientos y bancas, o se instala en las afueras de las  casas adyacentes.

 

Otro espacio social, especialmente utilizado y apropiado por los jóvenes, es el que se encuentra en el lugar que han llamado la “Tierra Seca”, que en realidad es una pequeña terraza aplanada recientemente (desde el año pasado según parece), donde los niños,  jóvenes y deportistas de la vereda realizan actividades colectivas; es un espacio que han creado los jóvenes para la socialización y el encuentro, utilizado especialmente los fines de semana para  practicar o presenciar deportes como el fútbol o el baloncesto.

 

El colegio cumple también una  importante función de congregación de los vecinos, en tanto allí se reúne comunidad en torno a la acción comunal y para eventos y actividades que benefician o que afectan a la misma. 

 

–           Ordenamiento Social del Territorio

 

El patrón de matrimonio y de uniones, así como el de la conformación de familias tiene particularidades en esta vereda y en los asentamientos vecinos, lo cual probablemente tenga relación con una herencia cultural de los grupos negros concentrados en diferentes lugares de Antioquia y las circunstancias a las que éstos se adaptaron.  Esclavos que cambiaban de dueños, en muchos casos conformaban parejas temporales por razones  ajenas a su voluntad, lo cual inducía el nacimiento de hijos sin padre que crecían al amparo de la madre y el apoderado de ésta.

 

Así, podemos hablar de una constante de madres solteras no sólo en las generaciones presentes – caso  muy común en la actualidad y que se presenta repetidamente a lo largo y ancho del país –  sino también en varias generaciones anteriores.  Es común encontrar entre los abuelos, bisabuelos, y tatarabuelos de los habitantes de El Rodeo, casos en los que una mujer haya tenido hijos con dos y más hombres y que ninguno de ellos haya sido compañero permanente o esposo.  De esta manera, en innumerables ocasiones, los hijos heredaban hasta hace poco, sólo el apellido de la madre y mantenían con el padre una relación distante en los casos en los que lo conocían, recibiendo de él ayuda económica sólo durante los primeros años y en otros casos ningún tipo de apoyo monetario.

 

Durante la época de juventud de la generación de las mujeres que hoy en día son abuelas, la necesidad económica obligó a muchas mujeres con hijos y sin el esposo y padre de sus hijos a su lado, a emplearse como jornaleras, realizando los oficios que se consideraban propios de hombres en los cultivos y las haciendas de los ricos.  Sembrar, recoger, podar y ordeñar eran algunas de las funciones asignadas a cambio del pago de su trabajo diario para sostener a los hijos, aunque en muchos casos estas mujeres conseguían otro marido que pudiera asumir la responsabilidad de todos los hijos incluyendo los que se tuvieran con él.  Esta última elección con frecuencia era asumida por los hombres pero sólo durante algún tiempo, quizás unos pocos años, tras los cuales se iban y quedaban familias más numerosas dirigidas por la madre.

 

Es interesante descubrir cómo se repiten con frecuencia en las familias los mismo patrones de relación con las parejas y los hijos, de manera que, por ejemplo, las mujeres cuya madre era soltera, por lo general llegaban a tener hijos de varios maridos sin casarse con ninguno, mientras que las mujeres provenientes de matrimonios formalmente establecidos, por lo general se casaban también y sólo tenían hijos con otros hombres cuando enviudaban, tras conformar nuevas parejas, pero no bajo el matrimonio católico.

 

Igualmente es importante señalar que existe diferencia en relación con la manera en que hombres y mujeres establecen nuevos vínculos, pues éstas últimas mantienen, como antes, relaciones con un hombre y luego de que esta relación se rompe, comienzan otra teniendo hijos de cada nueva relación, pero no es muy común que tengan relaciones simultáneas, en tanto que los hombres casados con frecuencia tienen otra mujer e hijos con ella, sin romper necesariamente su relación con la esposa. 

 

A pesar de todo, muchas veces el asunto de la herencia del apellido materno y no del paterno, se debía a que aunque las parejas fueran estables y duraderas, como en muchos casos efectivamente lo eran, la mentalidad local estaba, como en la generalidad de la región, influenciada por la iglesia al punto de que los hijos que no nacieran bajo el sacramento del matrimonio no podían adquirir el apellido de sus padres.

 

En términos generales las tres generaciones anteriores conseguían pareja entre coterráneos de El Rodeo e igualmente en muchos casos entre hombres y mujeres de veredas cercanas como El Llano de Montaña, Córdoba, La Puerta y Guaymaral.  Muchos de los maridos y de las mujeres que se unían, no habían nacido en el Rodeo pero llevaban muchos años allí, pues habían venido con sus padres desde otros lugares, entre los que podemos mencionar a Ituango (apellido Moreno), Belmira (apellido Cortínez) o Santa fe de Antioquia (apellido Rodríguez). 

 

A pesar de la cercanía de la vereda con la cabecera municipal, pocas personas de generaciones anteriores se casaban o se unían con pobladores del casco urbano, al contrario de lo que ocurre hoy, cuando ha disminuido la consecución de pareja entre los mismos habitantes del asentamiento y en lugar de ello las parejas son, en buena medida, provenientes de la cabecera de Sopetrán, de otros municipios, entre los que se cuentan como los más frecuentes: Medellín, Bello, Liborina, San Jerónimo, Santa fe de Antioquia o municipios de la zona de Urabá como Carepa o Apartadó.  En estos cambios ha tenido influencia, sin duda, el hecho de que maestras y maestros originarios del Rodeo sean asignados a algunos de estos territorios, en donde establecen uniones que a menudo se rompen. 

Con la legislación actual que reconoce y protege a las madres solteras y las uniones libres, los hijos de las generaciones recientes, por el contrario, llevan el apellido del  padre, lo que de algún modo asegura cierta responsabilidad de parte de éstos, aunque en muchos casos no convivan con sus hijos.  No obstante, dicha responsabilidad casi siempre se limita al respaldo económico.  Por otro lado, cuando las mujeres jóvenes viajan a Medellín en busca de mejores opciones de empleo y educación, por lo general regresan con hijos de padres que no asumen la paternidad, dejándoselos a los abuelos mientras ellas trabajan en la ciudad o en el pueblo mismo. 

 

Un aspecto que permanece a través de los años y que se acentúa incluso en las generaciones actuales, es la conformación de parejas por medio de la unión libre, las rupturas frecuentes, y las madres con hijos de varios padres.  Todo ello evidencia cierto distanciamiento con la tradición moral y religiosa antioqueña que no necesariamente implica un rompimiento con ésta, sino formas sociales alternas y percepciones de la moral diferentes.  Aun cuando en menor medida, muchas parejas aun se casan, sobre todo aquellas que involucran una persona nacida en el Rodeo con otra de lugares como Liborina o San Jerónimo, e incluso se presenta un caso de matrimonio civil. 

 

Por otra parte, es constante la conformación de parejas entre personas ajenas a la familia o parentela y sólo en uno de los casos conocidos durante este trabajo, un hombre tuvo hijos con una mujer e igualmente con la prima de ésta, lo cual ocurrió varias generaciones atrás.  Esto contradice lo que afirman  personas externas a El Rodeo acerca de los incestos, pues se cuenta de lo frecuente que eran las uniones de hombres con sobrinas, o de parientes cercanos conviviendo.  Sin embargo, es importante clarificar igualmente  que para esta investigación no fue tomada en cuenta la totalidad de la población de la vereda.

 

El Rodeo ha tenido a lo largo del tiempo importantes personajes que han liderado diferentes procesos.  La escuela, hoy convertida en colegio, fue construida gracias al liderazgo y la creatividad de dos generaciones, impulsadas por personajes reconocidos localmente como Luis Eduardo Peña, (Lalo Peña), quien fue por muchos años el gestor de las veladas.

 

La ampliación del camino y la conversión de éste en carretera transitable fue posible así mismo debido al liderazgo y la participación de la comunidad y sus líderes durante la década del setenta.  La construcción de 21 viviendas bajo el proyecto de autogestión y autoconstrucción comunitaria tuvo lugar desde el 1992 y culminó en 1998 promovida por   Diego Luis Acevedo y liderada por un comité de vivienda que surgió gracias a la Junta de Acción Comunal.  En estas y otras obras realizadas recientemente para la comunidad como la instalación de teléfonos públicos o el mejoramiento de la carretera, han tenido una importante participación los líderes comunitarios pertenecientes a las diferentes juntas de acción comunal existentes en los últimos años, las cuales han contado con personas representativas y respetadas por la comunidad como Arsenio Marín. 

 

La historia de esta vereda está atravesada por el empuje y la autogestión para construir obras para la comunidad, y recientemente por la participación política en cargos públicos como el de concejal que han desempeñado algunas de estas mismas personas.  Actualmente la junta de acción comunal mantiene una actitud estricta, ordenada, y procura respetar la continuidad de las reuniones y reclamar inversión para la vereda; ha contado con una participación activa de hombres y mujeres comprometidos desde años atrás y de jóvenes con actitudes de liderazgo que se involucran en ella y asumen funciones importantes en su interior.

 

En el deporte, El Rodeo también ha contado con jóvenes de buen rendimiento y con líderes que estimulan la calidad del mismo, gestionando y apoyando la actividad deportiva y recreativa entre las veredas, creando espacios para el estímulo del mismo, como los campeonatos o los partidos que semana tras semana se dan lugar en un lugar llamado “la tierra seca”.  En casa un líder de la Junta de Acción comunal se encuentra un estante cargado de trofeos ganados desde hace algunos años por los diferentes equipos deportivos del Rodeo.  La vereda ha tenido pues, una estimada trayectoria deportiva a nivel local, que implica el reconocimiento de las demás veredas y colegios de las mismas.

 

La vereda ha sido un eje de comunicación, literalmente hablando, pues el camino, ha sido, como hemos dicho, un lugar de paso obligado para las demás veredas con población de origen negro; esto implicó la constitución de unos fuertes lazos entre sus habitantes, evidenciados en las actividades sociales que compartían: la participación y visita a las obras presentadas en las veladas, la asistencia y participación constante en fiestas y reuniones sociales en las que se recoge dinero o simplemente en aquellas que se realizan por fines recreativos, los nexos familiares, los vínculos comerciales.

 

Aunque en otras épocas, antes de la construcción de la nueva vía al mar (tramo  Medellín – Santa fe de Antioquia) que atravesó Guaymaral, esta última localidad así como San Nicolás tenían una relación mucho más estrecha con El Rodeo,  ya que obtenían los servicios necesarios de Sopetrán y no de Santa fe de Antioquia como ahora, hoy en día La Puerta, el Llano de Montaña y Córdoba siguen formando un conjunto al lado del Rodeo, y mantienen fuertes vínculos y relaciones entre sí.  La búsqueda de pareja en este conjunto de asentamientos, la realización de actividades en asociación, como los campeonatos deportivos – especialmente de fútbol –, las fiestas, la realización de bingos, las celebraciones religiosas o de las navidades, la educación de niños y jóvenes en la concentración educativa de El Rodeo, son algunas de las acciones que dan cuenta de una red de relaciones que se dan con naturalidad entre unos y otros habitantes.

 

A Sopetrán van los habitantes de El Rodeo frecuentemente, mucho más ahora cuando que llegan carros varias veces al día hasta La Placita llevando y trayendo personas a modo de transporte público, aunque quienes viven más cerca del pueblo, en el sector de la Aguamala, viajan frecuentemente a pie.  Algunos niños de esta parte de la vereda estudian en colegios, escuelas y preescolares del pueblo y no en la concentración de El Rodeo, revelando este hecho cierta debilidad en los vínculos con la parte de El Rodeo central y Sabanazo, determinada, hasta cierto punto, por la cercanía de la Aguamala con la cabecera.  Es también común que la gente salga a mercar y hacer diligencias, al servicio médico o a trabajar en la parte urbana del municipio, y con frecuencia algunos visitantes vienen desde allí hasta la vereda caminando o pasan por ella para llegar a Córdoba por el camino que los comunica. 

 

La similitud de este conjunto de veredas en sus condiciones ambientales y climáticas, y la cercanía física entre ellas, han posibilitado también la vivencia de procesos semejantes, especialmente en el campo económico, que se ha visto transformado por el cambio del uso del suelo que han experimentado las tierras de las mismas.  Prácticamente en todos los casos, como en El Rodeo, la agricultura, principal fuente de ingresos económicos en otras épocas, se ha visto lentamente relegada a un segundo lugar, luego de que los grandes propietarios de tierras empezaran a vender y de que, desde los años 70, se empezaran a adquirir por parte de propietarios foráneos para construir fincas recreacionales. 

 

La principal vía que une a El Rodeo con otras veredas y la misma cabecera municipal es la carretera “destapada” o camino que atraviesa la vereda y que sale desde la bomba gasolinera y llega hasta las cercanías de un lugar llamado “Corral Falso”; antes de llegar allí, deja de ser transitable para vehículos y se desvía un poco hacia el sur occidente, descendiendo en una travesía de tierras secas bordeada de cactus y pencas, hacia una pequeña planicie igualmente seca, hasta encontrar el río Aurrá o Aura como es llamado localmente, luego del cual se encuentra Guaymaral.

 

Este camino tiene varios ramales, los cuales salen de un punto llamado Cuatro Esquinas.  Hacia el sur, sale una ruta que llega hasta la vía al mar en su tramo Santa fe de Antioquia – Sopetrán cuya extensión hasta San Nicolás es de 24 Kms. atravesando las veredas Guaymaral y los Almendros.  Dicha vía es transitable para vehículos, sobre todo en temporada de verano y cruza parte del sector de Sabanazo y el río Aurrá a través de un puente, tras pasar por territorios de cumbres bajas y pequeños valles a lado y lado.

 

Dentro del sector de Sabanazo se encuentran también pequeños caminos no continuos, pues se cierran en algunos tramos que también cruzan las fincas para acortar distancias, siendo transitables sólo para personas. Estos ramales de caminos se encuentran en un sector concentrado de población, sobre una planicie. Igualmente hay un camino de herradura que sale por una especie de calle alterna al camino principal, hacia el norte de la vereda y que conduce a la vereda vecina de Córdoba, atravesando en su recorrido la quebrada Sopetrana y pasando por uno terreno conocido como San Roque. 

 

–           Uso del territorio

 

La recolección de leña sigue siendo para los habitantes de El Rodeo, y especialmente para las mujeres, una actividad importante, aunque ha disminuido la frecuencia y la cantidad de recolección.  En otras épocas, cuando los comunes se arrendaban, era frecuente que las mujeres fueran a recoger leña, pero ahora, como no es tan habitual cocinar con leña, sólo algunas, por lo general en familias de muy pocos recursos o con hábitos muy tradicionales, recogen leña en mangas abiertas de la vereda; en estos casos la actividad  es realizada por mujeres mayores que se ponen de acuerdo para ir en pequeños grupos de 2, 3 y hasta 5 personas en busca de este recurso.

 

La recolección de plantas para uso medicinal es frecuente entre las mujeres de la localidad, quienes en casos de enfermedad  de miembros de sus familias, recogen de sus solares, de fincas o terrenos cercanos, ramas y plantas conocidas por tradición para aliviarse con ellas. 

 

A pesar de los cambios en los usos del suelo y el régimen de tenencia de la tierra, la agricultura aun sigue siendo una actividad importante para la obtención de recursos económicos y que continúa abasteciendo de productos el mercado local y municipal; entre ellos se destacan las frutas, el tomate, el estropajo y la berenjena.  Existen pequeños propietarios, que siembran en tierras anegadas por acequias,  aunque el factor agua es también una limitante para lograr los objetivos en períodos de intenso verano, época en la cual los caudales disminuyen.  En los últimos años esta situación ha generado algunos conflictos entre los pobladores, provocando que muchos de estos agricultores deban establecer una vigilancia permanente de las “tupias” (tablas de madera que se usan a modo de esclusas), impidiendo con ello que las aguas que conduce la acequia sean desviadas a otros cultivos, situación que generaría disminución en la productividad.

 

Aquellas tierras que aun hoy son sembradas, están cerca de la quebrada, al noroccidente de la vereda, o bien son las de Alberto Peña, el mayor propietario de tierras de El Rodeo, que aun hoy en día las arrienda a varios campesinos que continúan pagándole con la cuarta parte de la producción.  Las tierras de este propietario están ubicadas en la parte occidental a lado y lado de la carretera, especialmente hacia el norte, en los terrenos que se llaman “la Mana” y los Bajíos, pero también donde comienza el sector de Sabanazo, en el sur oriente de la vereda, las cuales también son dedicadas a la ganadería.

 

La cacería es actualmente una actividad prácticamente inexistente, pues sólo algunas pocas personas, y aun esas muy excepcionalmente, salen a cazar.  En otros días fue una fuente de alimentación, así como una actividad placentera para los hombres, pero hoy las especies que antaño se buscaban con este fin, han disminuido notablemente o desaparecido completamente.

 

Los ríos siguen ocupando un lugar importante entre los espacios representativos para esta comunidad.  Los paseos al río Aurrá y a las quebradas como la Ayuná, siguen siendo una costumbre realizada los domingos o los días de fiesta por familias extensas  y grupos de vecinos.  La pesca se mantiene como una actividad relevante para esta comunidad; se sigue practicando en algunos casos con fines comerciales, entre adultos que pescan en el río Cauca, con atarraya principalmente.  Además, se realiza con fines recreativos sobre todo entre jóvenes muchachos que llegan hasta el mismo río en grupos, para obtener algo de pescado, jactándose luego de sus logros.  La atarraya, aquí como en Córdoba, es aun fabricada por unos pocos ancianos varones que en la mayoría de ocasiones las elaboran por encargo de pobladores de la misma vereda o de otras cercanas, donde también se mantiene la práctica de la pesca. 

 

La piscícola El Gaitero, es por otro lado, una cooperativa de cultivo y procesamiento de peces, que ofrece empleo a algunos de los habitantes del sector, entre ellos muchas mujeres cabezas de familia, y que funciona con tanques de cultivo de peces que después se procesan y se comercializan.  

 

El camino: De puerta a puerta entre las dos iglesias

 

Desde documentos coloniales se menciona a El Rodeo como ruta de paso para llegar a otros lugares.  Por años, los habitantes de esta localidad han presenciado el trasegar de numerosas personas que a pie, o a lomo de buey, mula o caballo, han viajado y han conducido sus productos o animales hacia el mercado del pueblo o desde el mercado hacia sus casas.  El camino, días atrás una difícil trocha, convertida en pantano en los inviernos, hoy en día es carretera transitable para vehículos y peatones y orgullo de los rodeeños que conocen de su importancia en las comunicaciones y el transporte local.

 

En otra época, el camino principal de El Rodeo llegaba, como hoy, a Corral Falso, pero no se desviaba por donde lo hace actualmente, sino que pasaba por  sector más “peligroso”, como dicen los rodeeños, llamado por muchos “el canalón”, auque por su antigüedad no fue posible que las personas dieran cuenta de la ruta exacta de éste.  Según parece, el camino atravesaba la finca Remolinos, entre La Quebrada Seca y San Nicolás, y recorría parte de Guaymaral (en tiempos en que la carretera para Santa fe no pasaba por allí); otra ruta se metía por Sabanazo y salía de allí para La Puerta, desde donde bajaba a San Nicolás.

 

Al parecer el propio nombre de esta localidad podría tener su origen en la importancia que desde tiempos remotos tuviera tal camino para el pueblo de Nuestra Señora de Sopetrán, y más adelante para el municipio.  La palabra “rodeo”, en una de sus acepciones, significa “camino más largo o desviación de un camino derecho”[39], lo cual hace pensar que de allí tomó su nombre el asentamiento y que quizás gran cantidad de la población de este poblado se concentró en cercanías del camino debido a su carácter de vía de comunicación.  Además el patrón de poblamiento del casco urbano de Sopetrán inicialmente se da en torno al cruce de los antiguos caminos de herradura, es decir, hacia San Jerónimo, Liborina, El Rodeo y Montegrande (E.O.T Sopetrán 1998:103). 

 

No por casualidad se oye decir a habitantes de Guaymaral y de San Nicolás que aquel antiguo camino, hoy, cortado y transformado por los cambios de la modernidad, fue en su época el que conducía “desde la puerta de la iglesia de San Nicolás hasta la propia puerta de la iglesia de Sopetrán”, o se escucha decir, como dijo una anciana del Rodeo, que el camino era “de servidumbre y costumbre” para toda la gente de estas veredas.  Las relaciones entre los asentamientos de población de origen negro eran de algún modo  articuladas y mantenidas gracias a esta  vía de comunicación. 

 

Sin embargo, la importancia y significación de este camino es cada vez menor desde la construcción de la vía al mar en el tramo que comunica a Sopetrán con Medellín y Santa fe de Antioquia, la misma que atraviesa a Guaymaral y que hizo acortar las distancias entre San Nicolás, La Puerta y Guaymaral y Santa Fe, pues ahora los habitantes de estas dos localidades se trasladan allí más fácilmente en caso de necesitar algún servicio o producto, debido al constante flujo de vehículos que transitan por esta vía; este hecho ha fortalecido los vínculos entre estos asentamientos y Santa Fe, y ha debilitado sus contactos con Sopetrán, del cual dependen administrativamente (Foto 15).

 

No obstante los cambios en los medios y rutas de transporte, el camino sigue siendo un importante referente de identidad de la vereda, y en general de los asentamientos habitados por población de marcada ascendencia africana.  Este era, y hasta cierto punto sigue siendo, el eje de vida social e interrelación entre las comunidades negras de la región, por el cual circulaban y circulan, no sólo los productos, y las personas, sino también la información, los “chismes”, las ideas, los planes y proyectos, y en general todos aquellos elementos que han permitido el mantenimiento de algunos elementos de identidad cultural común entre los miembros de estas localidades y diferenciada del resto de los asentamientos de la región.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 15. Transporte de mercancías por el antiguo camino, tramo Gauimaral – Rodeo. Municipio de Sopetrán.

 

 

–          La imaginación del territorio

 

El Rodeo es territorio de creencias en entidades no materiales, en seres sobrenaturales, que aparecían en otras épocas y que aun aparecen para alertar o rebelar secretos.  No sólo los viejos de la vereda saben historias de conocidos a quienes en algún momento asustó un ser o entidad espiritual o sobrenatural; también los jóvenes y niños que escuchan conversar o preguntan con curiosidad y aprenden tras el asombro. 

 

A diferencia de lo que acontece en otros lugares, como Buriticá por ejemplo, donde las brujas son los personajes que se mencionan mas comúnmente en la imaginería y las narrativas populares tradicionales, las brujas no son los personajes más populares en el repertorio de entidades que pueblan el imaginario colectivo de El Rodeo.  Los mas frecuentemente mencionados aquí son el duende, el mohán y muchos otros entes sin nombre definido, que, a partir de los supuestos encuentros con algunos individuos de la comunidad, pasan a convertirse en figuras legendarias y fantásticas de la sarta de historias de la tradición local. 

 

Por ejemplo, se cuenta que el mohán era un hombre que vivía en Guaymaral, de gran estatura y extremadamente obeso, llamado Severiano Aguirre, que pasaba por el camino de El Rodeo bufando como si fuera un toro, o quizás transformado en él, llegándose a afirmar incluso que su retrato se encuentra en la Normal Santa Teresita en la cabecera.

 

Versiones diferentes dan cuenta de que este ser no era único, sino que su existencia obedecía a una transformación física que algunos hombres podían experimentar bajo determinadas condiciones o por su propia voluntad, aumentando de tamaño hasta alcanzar estaturas increíbles, o transformándose en animales poderosos y temibles para el resto, siempre asustando con sonidos o figuras que al percibirse a la distancia, convencían a los demás de su poder sobrehumano.

 

Del duende, conocido igualmente en otros lugares como en Sucre o Quebrada Seca, se dice que hace muchos años, en el camino entre el Rodeo y el Llano de Montaña, había una familia frecuentemente acosada por este personaje y que ante esta situación decidieron mudarse de la casa.  Mientras estaban haciendo el trasteo, ordenando cada cosa dentro de la nueva vivienda, descubrieron que faltaba el pilón, y al buscarlo se dieron cuenta de que el duende también participaba de la mudanza llevando consigo este artefacto.  La historia continúa, como en otras versiones, pero con algunas variaciones: Un día apareció un señor que sabía como deshacerse del duende; les explicó que tenían que poner una mesa en la entrada de la casa con un vaso de agua y un “tiple afinado por angelitos”, así que siguieron sus instrucciones al pie de la letra, provocando que el duende cayera en la trampa.  Éste se bebió el agua del vaso y tocó tiple hasta las 5 de la mañana, y luego se fue de la casa, para nunca regresar. 

 

Las versiones de la forma física que toma este personaje  pueden ser absolutamente opuestas, pues de tener forma humana, puede transformarse en animales diminutos o  fastidiosos como el murciélago para introducirse y escabullirse por lugares muy pequeños, o volverse invisible, e incluso hacer que su esencia quepa en una botella de petróleo.  Este ser, que fastidia irremediablemente hasta el cansancio, no parece tener la forma de un castigo divino ante un error o la desobediencia de los miembros de la casa, sino que es más bien la encarnación de uno de esos seres sobrenaturales asociados al mal, cuyos poderes se limitan a hacer pequeños daños en las viviendas de familias numerosas, lo cual lo acerca a una personalidad bastante humana, más aun cuando su debilidad y la única manera de deshacerse de él es a través de la música, el licor y la fiesta.

 

En la tradición de este asentamiento, otros personajes aparecen igualmente asociados a animales y otros seres  de forma cercana a la humana, que echan fuego por la boca, que arrastran cadenas, que recorren grandes distancias produciendo sonidos y apariencias extraordinarias, evocando símbolos clásicos asociados al infierno y los seres de aquel mundo, aunque en realidad su presencia se limite a asustar a las personas, advirtiendo de los momentos y lugares restringidos como la noche o los espacios apartados y solitarios. 

 

En este orden de cosas, aparecen también los días sagrados y/o extraordinarios en los que el universo puede aparecer ante los ojos de sus habitantes de un modo diferente, como los días de la semana santa, el jueves y especialmente el viernes (dado que es el día de mayor duelo y respeto para la tradición católica que lo asigna a la evocación de la crucifixión de Cristo).  En esta fecha es cuando, dicen los rodeeños, se hacen evidentes los entierros o guacas repletas de oro, de indígenas y de ricos de otras épocas.  Los “tropeles de caballos” que se oyen pero que no se ven, así como los fuegos que alumbran y se extinguen súbitamente, dan cuenta de los lugares donde días después pueden ser  encontrados estos entierros. 

 

En el Rodeo, los personajes fantásticos “están vivos”, son parte del transcurrir del mundo en que se mueven sus habitantes, pues auque no todos creen, no ha de faltar ninguno por conocer las historias que hablan de ellos.  Así, los espantos aparecen y desaparecen ante los ojos de personas conocidas que no tienen reparos en afirmar la veracidad de tales acontecimientos. 

 

También sucede que hechos reales se exageren y enriquezcan, transformándose  y conservándose en la memoria como fenómenos que están más allá de la experiencia cotidiana del mundo, pero que se aceptan y recuerdan como episodios que sucedieron a personas de otra época.

 

De don José de la Cruz González, antiguo habitante del Rodeo que dejó descendencia aquí, algunos ancianos recuerdan, que tras su muerte, duró tan sólo dos horas en el purgatorio para luego subir al cielo, pues su nobleza y bondad lo mantuvieron como un ser “limpio de corazón”.  Después de muerto y enterrado, quizás años más tarde, el comentario llegó a oídos de los pobladores tras una cadena de mensajes transmitidos, como se dice desde el “Santo Papa”, que le reveló todo esto a las unas monjas en Bogotá y finalmente estas lo hicieron saber al sacerdote de Sopetrán.  Al parecer, este hombre se caracterizaba por ser inmensamente caritativo, pues con frecuencia daba limosna y colaboraciones a los más pobres, que iban hasta su casa a pedirle.  Dicen que cuando murió, los que más lo lloraron fueron los pobres porque era él quien les quitaba el hambre y a cada uno le daba en una mochilita un poco de cada cosa de comer que hubiera en su casa, aun ganándose el enojo de su esposa.

 

El territorio, pues, se construye continuamente en tanto las comunidades a lo largo de las generaciones, van integrando o excluyendo los lugares, las personas, las historias, asumiéndolos como parte de su vida u olvidando su existencia en un proceso de selección marcada no sólo por la utilidad corriente de los mismos, sino por la experiencia vital que a partir de ellos se produce.  Así, los acontecimientos y personajes en torno a los lugares, pero también los usos de éstos, determinan su nombre, la apropiación y los sentimientos que hacia ellos se construyen, plasmándose de este modo la apropiación y la  significación de los espacios por parte de un conjunto social.

 

De esta manera, en El Rodeo algunos personajes representativos para esta comunidad han proporcionado nombres a los lugares en los que han interactuado, como una manera de establecer asociación entre ellos y los espacios mismos, sin que por esta razón dejen de ser apropiados por el resto de los habitantes.  Este es el caso de lugares como Ísima, una extensión que hoy corresponde a El Rodeo y Córdoba, al noroccidente de la vereda, el cual hizo parte del antiguo resguardo de indios y luego perteneció a Alfonso Ísima, un indígena a quien probablemente se le asignó este terreno luego de la disolución del resguardo.  Así mismo, el llamado puente del Chiche, que marca la entrada a la vereda, donde comienza el camino desde Sopetrán hacia El Rodeo, obtuvo su nombre de un poblador que vivía cerca del mismo, cuyo apelativo era el de Jesús María Salas y a quien apodaban “Chiche Salas”. 

 

Pero los lugares no toman nombres súbitamente, no hay ritual o bautizo que los reconozca de un momento a otro, van tomando apelativos que se aceptan y se quedan en la memoria a través de los años, para ser evocados y ser recordados hasta convertirse en marcas y referentes simbólicos de la colectividad. 

 

En otros casos, son las características físicas, topográficas, y bióticas, o las actividades sociales y culturales las que dan origen a la toponimia y en general a la denominación  de lugares y espacios del entorno natural o construído.  Así, lugares como Sabanazo o Cuatro Esquinas, revelan una asociación de características físicas que designan los espacios.  Sabanazo, es, de hecho, un espacio intensamente poblado, más plano que otros lugares de la vereda, lo cual remite a la idea de sabana como ámbito topográfico[40].  De esta misma manera, Cuatro Esquinas es el nombre del espacio alrededor de un cruce de caminos.

 

Los nombres de las haciendas, fincas o establecimientos comerciales de otras épocas se mantienen en muchos casos como denominación de lugares o sectores, así estos hayan sufrido grandes transformaciones, como sucede con lugares de referencia como La Fonda, Tres Portones o Corral Falso entre otros.  De esta misma manera, el sector de la Aguamala, debe su nombre a la quebrada que recibe las aguas sucias del matadero que van a parar allí. 

 

La gente de la vereda sabe como se llama cada sitio, cada sector de su territorio,   aun si en  ocasiones desconoce el origen del nombre, la persona, evento o característica que este evoca.  Sólo algunos viejos dan cuenta en ciertos casos de la procedencia de los nombres, o sin proponérselo mencionan asuntos que dan idea de ello. 

 


4.2.2.3    Córdoba

 

–           Localización

 

Este corregimiento se localiza al occidente del municipio y de él hacen parte las veredas Córdoba, Ciruelar, La Miranda, Alta Miranda, Santa Rita y la zona urbana del corregimiento.  Para llegar a su casco urbano desde Medellín, es necesario desplazarse por la vía al mar, hasta San Jerónimo, donde se debe tomar la desviación que conduce a Sopetrán, siguiendo por esta vía, unos 10 km adelante, se encuentra esta localidad.  Se ubica en la zona media del municipio donde se presenta la formación vegetal de bosque seco tropical (bs-T), caracterizado por temperaturas superiores a los 24° C, altitudes que no sobre pasan los 1000 msnm y precipitaciones que no alcanzan los 2000 mm anuales.  Las principales fuentes de agua que atraviesan su territorio son la quebrada la Yunada, la Playita, la Hondura y la Miranda.

 

En esta localidad la indagación etnográfica se centró en los aspectos relacionados con al historia oral, enfatizando en aquellos elementos asociados a la explotación de fuentes de agua sal.  La permanencia en este asentamiento se redujo a dos días, de los cuales uno se dedicó al registro de las evidencias arqueológicas asociadas a la explotación salina; en el tiempo restante se recorrió el asentamiento, se sostuvieron conversaciones informales con distintos habitantes, y se efectuaron tres entrevistas formales a pobladores tradicionales de la localidad.

 

–           Territorialidad e Historia

 

Los habitantes de esta localidad identifican varios elementos en el paisaje que los lleva a pensar, en una ocupación muy antigua que se remonta a períodos anteriores de la conquista.  Las evidencias de la cultura material de antiguos pobladores del lugar, dispersa por algunos sectores de esta localidad, principalmente hacia el norte y el oriente, así como una significativa cantidad de alteraciones antrópicas del paisaje, son referentes importantes para los pobladores como indicios de aquella ocupación indígena.  Aunque no identifican una temporalidad precisa a esta antigua ocupación, la asocian a la gran provincia Nutabe del noroccidente y norte antioqueño, que cronistas y escribanos del siglo XVI describieron; por eso, es común encontrar que las respuestas al ser preguntados por los primeros pobladores, señalen se trataba de población Nutabe rica en oro y dedicada también a la explotación de las fuentes de agua sal que existen en las inmediaciones.  Este recurso se convierte entonces en un elemento importante en la historia de esta localidad, que marca su ocupación desde los primeros momentos, continuándose sus explotaciones hasta mediados del siglo XX.

 

Continuando con la secuencia de ocupación de este poblado, sus pobladores afirman desde la historia oral, que por allí pasó Jorge Robledo quien fundó a Sopetrán en el año de 1541; aunque a partir de las fuentes documentales es posible establecer que esta fecha de fundación no es cierta, se sabe que este capitán y sus huestes pasaron por el cañón del río Cauca deteniéndose algunos días en un pueblo, a orillas de este río, donde hallaron gran cantidad de panes de sal y fuentes de agua sal donde era explotado este recurso.  Otros afirman, acercándose un poco más al panorama histórico desde las fuentes escritas, que Córdoba fue el primer centro poblacional de Sopetrán, fundado por el Oidor y visitador Francisco de Herrera Campuzano en el año de 1615, donde estaban los indios que se dedicaban a la explotación de las fuentes de agua sal.  Con relación a lo anterior, doña Gariela Saldarriaga, maestra de escuela, afirma:

 

Aquí vivían los indios Nutabe…creo que ellos sacaban sal…Los salados existen desde la época de la conquista, desde la fundación de Córdoba por Jorge Robledo en 1541…el pueblo de Sopetrán fue primero en esta zona de Córdoba y que luego lo trasladaron. 

 

Los habitantes de Córdoba cuentan que después de estos tempranos acontecimientos, las explotaciones salinas siguieron siendo importantes, hasta el punto de que para finales del siglo XVIII era el primer centro productor de sal de todo el departamento; estas explotaciones son asociadas con gente “morena” que al son de la música y el baile[41], se dedicaban a las arduas labores de “cocinar el agua sal”.  Así mismo, consideran que estos pobladores morenos antiguos, les dejaron un oficio importante y que fue significativo hasta hace algunas cuantas décadas.  Con relación a la predominio de población “morena” en esta localidad, don Gabriel Méndez cuenta:

 

El único apellido que se relaciona con familia de blancos es el de los Zapata.  Aquí en Córdoba solo vivían negros feos y caratejos.  En las cocinas de sal trabajaban las mujeres cocinando la sal y los hombres trayendo la leña…

 

Algunos habitantes todavía recuerdan aquellas épocas cuando este recurso era importante en la economía local, actividad que en la primera mitad del siglo XX era desarrollada por mujeres, como lo relata Doña Gabriela:

 

…las mujeres se reunían en equipos para sacar la sal…tenían que pasar la mayor parte del día en las cocinas…allí se quedaban vaciando agua continuamente hasta que se secara la sal… A esa agua salada que se hervía en los fogones y hornos se le echaba clara de huevo para que recogiera la suciedad…al subirse la cachaza, se sacaba también la suciedad y así la sal quedaba limpia…la sal la almacenaban en huecos grandes donde la guardaban por 2 ó 3 días con ceniza…La leña la traían los hombres de por los lados de Cauca…hasta que finalmente ya no había de dónde sacarla…se acabó el combustible y el salado se fue acabando. Después de eso muchas personas se fueron para otras partes, muchos migraron a Segovia, Puerto Berrío o Medellín. 

 

Plantea Doña Sofia Serna, que el último de los propietarios de las tierras donde se encuentran las fuentes salobres era el señor Gabriel Viera, quien también tenía algunas propiedades en Quebrada Seca; cuenta además que quienes explotaban el recurso pagaban ¼ de lo obtenido al dueño del salado.

 

La producción de sal era comercializada en el mercado de Sopetrán a donde se desplazaban las mujeres, cargadas de bateas llenas de sal y adornadas con flores en su cabeza; allí, en una esquina del mercado reconocida como su punto de comercialización, se “acurrucaban” las morenas con varias calidades de sal, como son la de ganado y la de cocina; para el ganado se vendía la sal más gruesa y húmeda, mientras que para el consumo en los hogares se dejaba la más menuda y seca, aunque cada persona en su casa se encargaba de secarla aun más, mediante un proceso que consistía en limpiar el fogón de leña para poner allí un trapo y en él depositaban la sal, sobre la cual, rociaban agua cuidadosamente, de modo que la sal fuera quedando en gránulos más pequeños o menudos, que luego empacaban en calabazos para almacenarla en la cocina.

 

En el procesamiento de la sal, el agua que se cocinaba producía también “el aceite de la sal” que era un “aceite” especial que estas mujeres vendían en frascos, y al que le atribuían poderes curativos y por ello era muy apetecido como remedio para quitar dolores musculares, para el reumatismo y la artritis (Foto 16).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 16. Vestigios del antiguo salado. Vereda Cordoba, municipio de Sopetrán.

 

Según doña Gabriela…la sal les daba para vivir bien…tenían muchas alhajas…y estrenaban en cada fiesta.  Aparte del agotamiento de los recursos que servían de combustible al salado, los habitantes identifican otra situación que generó el decaimiento de esta actividad.  Afirman que las señoras que trabajan se fueron cansando, porque el trabajo era muy duro, pues…tenían que trasnochar mucho…y había que buscar la leña muy abajo…por allá por Cauca y dicen también que además se dejó de pagar la cantidad estipulada al dueño de la tierra, lo que ocasionó gran malestar y conflicto, lo que contribuyó a que cesara definitivamente la explotación del salado[42].

 

Los habitantes mayores de Córdoba tienen memoria de que existía una importante relación entre ellos y los habitantes de otros asentamientos de población “morena”. Así lo plantea doña Sofía Serna:

 

Los que vivían por el Puente de Occidente eran negros…menos los Gaviria y los Tamayo…esos venían de Santa Fe de Antioquia…venían a Córdoba a traer leña para el salado y a comprar la sal aquí mismo…esa gente era muy distinta…yo nací en San Nicolás y viví un tiempito por allá…la gente de San Nicolás es morena…lo mismo en La Puerta…esa gente era morena…pero no tan de piel oscura como los del Puente.

 

Por esta misma época, también se explotaban los placeres aluviales del río Cuaca y la quebrada Yuná; se trabajaba también con bastante intensidad la agricultura, principalmente plátano, maíz, yuca y arroz.

 

Entre las décadas del 30 y 40 del siglo XX, este poblado sufrió un proceso de despoblamiento ligado al decaimiento de la explotación salina y a la disminución del recurso aurífero; cuentan que muchos de los pobladores tomaron rumbos hacia el Magdalena Medio y el nordeste, tratando de encontrar posibilidad de trabajo en áreas de expansión de la frontera económica.  La experiencia de uno de sus habitantes sirve para ilustra esta situación; Don Gabriel Méndez cuenta:

 

Mucha gente partió de Córdoba buscando mejores posibilidades de trabajo, se fueron para Puerto Berrío, Puerto Gamarra, Aguachica, Ocaña, San Calixto, Santa Catalina, La Perdida…yo me fui con otros paisanos enganchado al Catatumbo; primero fui a Puerto Berrío, de ahí baje en dos días a Puerto Gamarra…después en carro hasta Aguachica y de ahí en garrucha [cable y motor] y llegamos a las cinco de la tarde a Ocaña…viajábamos cuatro por canastica…de ahí seguimos a pie hasta San Calixto…luego al Dos…luego a un punto que se llama Santa Catalina…de ahí llegaron a un punto que se llama La Perdida ya era el sitio propio de trabajo, ahí teníamos que construir una carretera, lo hacían por estaciones, cada estación eran 10 kilómetros de carretera; el segundo contrato que hice fue de 8 kilómetros y cuando eso se metió la guerra de Hittler y como era una compañía alemana se tuvo que ir y despedir a los trabajadores…nos sacaron a Puerto Sahagún y de ahí volvimos a Puerto Berrío.

 

Hace unos 25 años los territorios de Córdoba se han visto progresivamente influenciados por el proceso de cambio en el régimen de tenencia de tierra y la transformación en el uso del suelo, pues amplias extensiones son fragmentadas en pequeños y medianos lotes, donde son construidas parcelaciones y fincas de recreo; esto hace que tanto la parte central del caserío, que se encuentra alrededor de la pequeña plaza y la iglesia en reconstrucción, como las zonas rurales de los alrededores, estén casi completamente ocupadas por fincas de veraneo cuyos dueños solo las ocupan en fines de semana o periodos vacacionales, generando un cambio significativo en la dinámica económica y social del caserío.  Desde que se inició el establecimiento de estas parcelaciones y fincas de recreo, se ha venido dando un proceso de desplazamiento de los habitantes tradicionales hacia el área urbana de Sopetrán, o hacia Medellín, y se vienen modificando las actividades económicas de los pocos habitantes que continúan ocupando esta localidad, pues ahora predominan las actividades de jornaleo y mayordomía asociadas a estos nuevos usos del suelo, y la oferta ocasional de servicios a los turistas que recorren la zona en sus paseos de fin de semana.

 

También el fenómeno del surgimiento de grupos armados irregulares e ilegales ha tenido incidencia en la zona, y esta actividad se ha convertido en una fuente de “empleo” especialmente para los mas jóvenes, a pesar del desconcierto y preocupación que tales grupos y actividades provocan entre la mayoría de los adultos, quienes preferirían que sus hijos continuaran su tradición de trabajo y forma de vida pacífica.

 

 

4.2.2.4   Guiamaral

 

–           Localización

 

 

Esta vereda se encuentra localizada al suroccidente de la cabecera municipal, en la zona de vida bosque seco tropical (bs-T), caracterizado por temperaturas superiores a 24°C, niveles de pluviosidad que no sobrepasan los 2000 mm anuales y con alturas inferiores a los 1000 msnm.  Sus territorios están delimitados por los ríos Cauca y Aurrá, así como también por la Quebrada Seca.  Se encuentra en las inmediaciones de la carretera que conduce de San Jerónimo a Santa Fe de Antioquia, dos kilómetros antes del puente sobre el río Cauca. Se trata de una vereda caracterizada por un poblamiento disperso, donde la mayoría de las viviendas se ubican a ambos lados del camino que une a esta localidad con la vereda El Rodeo.  Con la construcción de la carretera que conduce a Santa Fe de Antioquia, esta vereda quedó fragmentada en dos sectores, uno hacia la margen derecha y el otro en la margen izquierda de esta vía.

 

Los habitantes de esta vereda identifican un poblamiento anterior al suyo y lo relacionan con la ocupación antigua de población indígena; para hacer estas afirmaciones se basan en las múltiples guacas que se encuentran en los pequeños cerros que rodean la localidad, entre los que se destaca el llamado “cerro de la mamita”; en estos sitios los habitantes de Guaimaral encuentran las manifestaciones físicas de aquella antigua ocupación.  Reconocen su carácter de “morenos”, e identifican su proceso de poblamiento de estas tierras como posterior a las evidencias indígenas, lo cual es evidentemente cierto; pero hablan también de un antiguo poblamiento negro procedente de Santa Fe de Antioquia, con base en la hipótesis del historiador sopetraneño Darío Sevillano[43], quien plantea que esta vereda fue poblada desde muy empezada la colonia por negros africanos que huyeron de la influencia de sus amos españoles y que conformaron un pequeño palenque en el lugar.  Esta versión es difícil comprobación ya que no existe referencia alguna sobre la existencia de palenques cimarrones para este sector del Occidente antioqueño.

 

En esta comunidad fue interesante observar cómo la historia es construida y recreada por una líder comunitaria; doña Angélica Montoya, quien es reconocida por el resto de los pobladores de Guaimaral como la que sabe toda la historia de aquí.  Así, cuando se hacen preguntas relacionadas con la dinámica de poblamiento de la vereda y sus actividades, siempre se remiten a ella; por tal circunstancia, la información obtenida aquí es apenas una versión sobre los hechos, la que Doña Angélica narra, no solo con base en la tradición oral de los lugareños, sino retomando también elementos que ha escuchado y aprendido de historiadores locales en cursos de capacitación y reuniones con otros dirigentes comunitarios de la zona.   El resto de sus pobladores dicen estar “cansados” de ser objeto de múltiples investigaciones, y son reacios a someterse a entrevistas y cuestionarios.

 

Doña Angélica Montoya recuerda de las épocas de su infancia, que:

 

Guiamaral era rico en agricultura y frutas.  En esta vereda la mayoría de las familias son propietarias de su vivienda, pero todo lo que trabajan lo hacen en tierras del señor Bartolome Peña y otras tierras propiedad de don Antonio Tamayo.  Las de don Antonio Tamayo si son de agua como el famoso dique y las afamadas vegas.  Estas tierras se riegan con agua del río Aurrá por medio de acequias…

 

Para los actuales habitantes, esta es una vereda muy antigua y no saben con certeza en que época se conformó; aseguran que tienen más de 200 años, pues sus abuelos y los choznos ya eran nacidos en esta comunidad.  Se refieren a dos elementos como fundamentales en la dinámica de desarrollo de la localidad; el primero de ellos, es el camino, ya mencionado en otros apartes de este informe, que parte de San Nicolás, comunicando todos los asentamientos de origen negro; es el llamado “el callejón”, por el que han transitado por generaciones los habitantes de dichos asenctamientos y por donde han circulado diversas mercancías hacia La Placita (sector de El Rodeo) y Sopetrán.

Sobre el camino cuenta doña Angélica Serna:

 

…por el camino se iban a vender leña, la primera estación era Corral Falso, la leña la vendían dos o tres veces a la semana, cada rastra valía 2 pesos; con eso se podía comprar rellena de res, papa, yuca, hueso…cuando eso era muy bueno porque no se pesaba…le echaban las cosas a uno a ojo…también la gente de aquí llevaba totumas para vender a Sopetrán… Las totumas se hacían con un gurbio…con eso se sacaba la carne del calabazo…después se ponía a secar…la ida a buscar calabazos se demoraba todo un día…a eso nosotros le decíamos tutumiar…en un día se podían hacer varis docenas…los sábados por la tarde empacaban por docenas en costales y el domingo salían a vender al parque de Sopetrán…se iba uno contento por ese camino.

 

Con la construcción de la carretera hacia Santa Fe de Antioquia en 1970, el camino fue duramente impactado y el circuito comercial fue interrumpido; a las mismas obras se atribuye que los cultivos que tenían los viejos también se hubieran afectado; es para este momento que los pocos propietarios comienzan a vender sus tierras, para dar paso a las primeras parcelaciones ubicadas a lo largo del trazado de la carretera.

 

Otro elemento de importancia para la gente de Guaimaral es la antigua acequia, la cual desde hace mucho tiempo…más de dos siglos posibilita el regadío de los cultivos. Según estudios de CORANTIOQUIA[44], se trata de un sistema de conducción de aguas por canal abierto alimentado por la corriente de la quebrada la Mirandita. Ante la Corporación, se encuentra registrada la Junta de Acción Comunal de esta vereda como usuario legal, para su aprovechamiento le ha sido aprobado un caudal de 4.00 litros por segundo, los cuales son destinados en su totalidad para el desarrollo de actividades agrícolas.

 

Otro hecho importante que retoman los pobladores de la localidad al recordar su historia es la construcción de la escuela; cuentan cómo durante su construcción la comunidad se unió entorno a este objetivo común; al decir de doña Angélica Montoya esa fue una de las mejores cosas que le paso a Guaimaral…y continua diciendo:

 

Pedro Antonio Peña, se condolió de las incomodidades para pasar al otro lado del río Aurrá y le dio por pensar en una escuelita en Guaimaral y habló con Bartolomé y les ofreció un terreno y le sugirió a Pedro que hablara con el padre de Sopetrán y él lo mandó a la alcaldía…se juntaron entre parroquia, comunidad y alcaldía para construir la escuela.  Hicieron una cantarilla…eso era como una rifa…recolectaron 35000 pesos, con eso la alcaldía dio el pase para la construcción, los bloques los hicieron los presos de la cárcel de Sopetrán y con material de playa del Aura…

 

Cuando los pobladores hablan de ofrecimientos y regalos de tierra para la construcción de la escuela, están planteando que la tierra en la que ellos cultivan siempre ha sido arrendada, al igual que sucede con los campesinos pobres en otras localidades de la región.  La tierra se concentró desde hace muchas décadas en las manos del señor Bartolomé Peña, quien arrendaba lotes de cultivo a los habitantes de Giaumaral; afirman que él era el quien mantenía el equilibrio económico en la comunidad, pues nunca dejó de arrendar la tierra y siempre favorecía al pobre, ahora el papel de redistribuidor lo cumple su hijo a quien llaman el “mono Peña”, y es a él a quien recurren cuando tienen cualquier tipo de dificultad.  Con relación al uso del suelo, cuentan que los viejos cultivaban maíz, tomate y cacao, pero se vieron afectados por la construcción de la carretera a Santa Fe de Antioquia porque las tierras se pusieron muy secas.

 

En la actualidad se sigue cultivando en las tierras del “mono Peña”; principalmente se siembra maíz, cuya productividad está determinada por el caudal que se maneje a través de la acequia.  Se recogen dos cosechas al año, en agosto o julio; mientras que en septiembre se siembra la traviesa, que se cosecha en enero.  Según Don Aristóbulo Montoya, una buena cosecha está representada por 5 o 6 cargas de maíz y una mala cosecha solo da una carga; este cultivo se destina básicamente al auto consumo, se almacena en trojas y encapachado.  También se siembran algunas variedades de fríjol como chinche, guandul, cuarentano y haba; estos productos son acompañados de Sandía y algunas cantidades de tomate, productos estos últimos que sí son comercializados.

La actividad agrícola en la actualidad atraviesa por un difícil momento, pues las dificultades para el regadío y las nuevas condiciones de la tenencia de la tierra han ocasionado que esta haya sido paulatinamente sustituida por la explotación de materiales de playa en el río Aura, vocación que comparten con sus vecinos de San Nicolás.

 

Aquí, como en Córdoba, en El Rodeo, en Sucre y en otras localidades, la consolidación del turismo como actividad económica preponderante en la región, está provocando cambios sustanciales no solo en la economía local sino en los modos de vida tradicionales.  La disyuntiva que hoy enfrentan los habitantes de Guaimaral en relación con el mantenimiento de la acequia y su aprovechamiento para las distintas actividades de la comunidad, presionados por los grandes propietarios y los nuevos dueños de fincas de veraneo, quienes pretenden controlarla, es muy diciente de los cambios que se están sucediendo, y que, de acuerdo con las tendencias actuales, se verán intensificados por los impactos de las obras de infraestructura en curso, como el túnel de occidente, o en proceso de planeación, como la represa Pescadero-Ituango.

 

De otro lado, Guaimaral por su condición de vereda habitada por “morenos” ha sido punto de referencia en el reciente surgimiento de organizaciones de negritudes, que reivindican su condición racial y cultural.  En el Diagnóstico Etnoambiental, elaborado por el “Cabildo Verde” para la Corporación Regional del Centro de Antioquia en el año de 1997  se trató de establecer si la vereda en cuestión podía ser catalogada dentro del conjunto de comunidades afrocolombianas del país, llegando a la siguiente conclusión:

 

Guaimaral es una comunidad que conserva una memoria sobre sus antepasados y hay un reconocimiento de las raíces africanas en la población más adulta, sin embargo, en una primera aproximación no fue posible detectar unas prácticas culturales que los relacione con comunidades negras donde se conservan prácticas etnoculturales del pueblo afrocolombiano, no se quiere decir con ello que no existan, probablemente las haya pero es necesario realizar un estudio y/o investigación que permita una recuperación de la memoria cultural para posteriormente ser apoyado por un proceso etnoeducativo que permita consolidar y fortalecer su etnicidad.

 

Es cierto que conservan memoria sobre sus ancestros y que hay un mediano reconocimiento de su identidad étnica particular, pero cabe la preguntarse hasta dónde es posible y justificado reivindicar una identidad afrocolombiana, cuando han estado inmersos en un largo e intenso proceso de mestizaje e hibridación.  La respuesta sin embargo no es asunto fácil, puesto que, como se reconoce hoy en día en  las conceptualizaciones sobre la identidad cultural y la etnicidad (ver capítulo 2), estas no solo se construyen con base en el pasado, sino que también tienen que ver con expectativas y proyectos de futuro; y al mismo tiempo, son resultantes de procesos de “invención de la tradición”, son circunstanciales, negociadas y orientadas a fines específicos, particularmente en el campo de la acción política. 

 

En la actualidad se detectan en la región ciertas corrientes y tendencias, que buscan (aquí, como en otras regiones del país), “recuperar” o “reconstituir” identidades culturales y étnicas en torno a esos emergentes movimientos de negritudes , dirigidos a reivindicar sus derechos particulares en el contexto del Estado que ha reconocido, al menos formalmente, el carácter pluriétnico y multicultural de la nación colombiana.  No es pues extraño que en comunidades locales del occidente antioqueño como Guaimaral, El Rodeo, San Nicolás y otras, despierten simpatías tales argumentos.  El complejo proceso de mestizaje y cambio cultural que han vivido a lo largo de generaciones, no es obstáculo para que se asuma en un momento dado una identidad “afrocolombiana”, pues, como decíamos, la identidad no constituye una esencia auténtica, continua e inmutable, sino que, si bien se nutre de elementos de la tradición, también responde a los intereses políticos actuales y los proyectos de futuro de una o varias comunidades en un momento dado de su historia.  Solamente una atenta observación del proceso en el futuro mediato podrá darnos una respuesta cierta sobre la viabilidad de tales proyectos, que por el momento son todavía muy incipientes.

 

Síntesis Municipal

 

 

De acuerdo con la información obtenida en las cuatro localidades, es posible plantear algunos elementos de singular importancia en la conformación de los asentamientos y los cambios que se han experimentado en el tiempo. Estos corresponden a los procesos de poblamiento, el uso del suelo y nuevas dinámicas de poblamiento. Es de resaltar que dentro de la historia oral de estas localidades, surgen con frecuencia alusiones a un pasado íntimamente ligado con la presencia de poblaciones negras, las cuales se dedicaban a la explotación de diferentes recursos y hacían parte importante del circuito comercial de Sopetrán.

 

Con relación a los procesos de poblamiento en los cuatro asentamientos, importante anotar que ellos exhiben características similares, pues sus habitantes reconocen por parte de los pobladores una ocupación durante el periodo colonial temprano por parte de gente “morena”. En su construcción de la historia del asentamiento, surgen algunos planteamientos en los que se refiere a cuadrillas de esclavos que fueron introducidas a esta porción del Occidente antioqueño, como estancieros, mineros y personal de servicio, que derivaron en agricultores para surtir la demanda de los mercados de Sopetrán y Santa Fe de Antioquia.

 

 

Es inudubale que a lo largo del período colonial y especialmente después de la liberación de los esclavos, estas comunidades han vivido un intenso y continuo proceso de mestizaje e hibridación que ha transformado sustanciamente su composición étnica y sus prácticas culturales, al punto que hoy solamente se pueden identificar unos pocos vestigios de la tradición de origen africano. No obstante lo anterior, tanto en su autopercepción, como en las designaciones utilizadas por los habitantes de otras localidades de la región para referirse a ellos, persiste la referencia a “lo moreno” o “lo negro” o “lo africano”, en terminología más contemporánea, y con base a ello parecen haberse puesto en movimiento procesos organizativos de autoafirmación de una identidad distintiva, en parte “recuperada”, en parte “inventada”, pero en cualquier caso podría llegar a adquirir dimensiones políticas significativas en un futuro no muy lejano, de persistir dichos esfuerzos organizativos y discursivos.

 

Córdoba por ejemplo, fue importante desde 1797 por la explotación de fuentes salinas, con las cuales se abastecían mercados como el de Sopetrán, Santa Fe de Antioquia y de asentamientos más pequeños. Por su parte San Nicolás, suministraba totumas, peces y maderas para la combustión de la explotación salina y para el uso doméstico. Mientras tanto, Guaimaral y El Rodeo contribuían con leña, totumas y productos agrícolas; todos ellos eran conducidos por el antiguo camino que de San Nicolás llevaba a la parte central de Sopetrán. Esta ruta comercial plantea una importante interacción Interlocal, ella se ve reflejada en intrincadas redes de parentesco que aún hoy están vigentes, pues no es extraño encontrar personas en San Nicolás con vínculos familiares en San Nicolás, como es el caso de doña Sofía Serna, o Guaimaral con El Rodeo, como lo representa la intricada red de parentesco de doña Angélica Montoya. Por otro lado, existen importantes referentes de identificación en cada una de las localidades, desde donde fortalecen su imagen de comunidad y plantean la diferencia con sus vecinos, todo en un marco anterior de complementariedad.

 

San Nicolás es asociado al Santo, es sitio de romería durante las fiestas patronales en el mes de diciembre y con cierta regularidad grupos de oración conformados por mujeres de Guaimaral, La Puerta y El Rodeo se desplazan allí para cumplir con deberes religiosos y además fortalecer sus lazos de parentesco. Guaimaral es asociado a la antigüedad de su acequia, a sus tierras fértiles y por ser un importante productor agrícola. Además, otras localidades haciendo una lectura de los rasgos fenotipicos ven en sus habitantes como “negros”, se refieren a esta localidad como “África”; sin embargo, ellos se identifican como “morenos”, al igual que los habitantes de San Nicolás, La Puerta, El Rodeo y Córdoba. Dicen con cierto humor y descontento negros no…nosotros somos morenos…los negros son del Chocó, esta explicación no solo se escucha en Guaimaral. Por  otro, lado El Rodeo es aun relacionado como sitio de paso hacía Sopetrán, en el cual se plantaban los arrieros y comerciaban parte de sus productos en el sitio conocido como la Placita, lo hacían antes de llegar al pueblo y con ello daban preferencia a otros viajantes. Córdoba por su parte, aun hoy es recordado por las señoras que se plantaban a vender la sal…esa era la mejor sal que se conseguía por aquí, dicen doña Sofía Serna y doña Angélica Montoya. Pero esos tiempos ya pasaron, el mercado de la Placita ya no se lleva a cabo, los salados quedan como testigos mudos de la historia de Córdoba. La acequia de Guaimaral sigue funcionando, pero su caudal ha disminuido notablemente y su control es hoy fuente de incertidumbre para la comunidad local; la servidumbre del antiguo camino ha sido fraccionada y el tránsito por el es restringido, además existen nuevas vías que hacen que el ya no sea transitado. Permanece la iglesia de San Nicolás y la devoción por el santo, pero también sus feligreses estan sometidos a presiones en el cambiante contexto regional.

 

En términos generales se percibe un intenso proceso de transformación, asociado al agotamiento, pérdida de vigencia o pérdida de control por parte de las comunidades locales de recusos que en otra época fueron claves para su subsitencia y moldearon sus relaciones sociales, como el oro, la sal, y el agua para regadío de los cultivos mediante el sistema de acequias, y asociado también a la progresiva imposición de la actividad turística y recreativa como elemento dominante de la economía, con lo que se modifica la estructura de la propiedad, los usos del suelo, la estructura del empleo, y con ello se altera también la composición de las unidades domésticas, la estructura organizativa de las localidades y el sistema de relaciones entre localidades y sus formas de articulación con las cabeceras municipales y con los centros de mercado y sedes del poder político administrativo local y regional.

 

Todas comparte procesos comunes de desterritorialización, si bien unas con mayor intensidad que otras estos son visibles cuando los antiguos pobladores venden sus tierras a parcelaciones recreativas y ya no son entonces las casas pequeñas que albergan unidades domésticas con fuertes vinculos familiares las que dominan el paisaje; sino que son las ostentosas residencias con piscinas, separadas del vecindario por rejas de seguridad, y custodiadas por mayordomos de otras regiones o de allí mismo, las que se observan en número cada vez mayor. Esto sin lugar a dudas ha contribuido a la fragmentación de las unidades sociales, por la vía de la expulsión de la población jovén y aún de unidades familiares enteras hacia otras localidades de la región o hacia Medellín.

También se presenta una ruptura en las formas asociativas para la producción, pués formas como la mano cambiada, el trabajo al 1/3 o al ¼ se han visto sustituidas por relaciones obrero patronales que inciden en la estructura del empleo a escala local y regional, en la circulación del capital y por consiguiente en la cosntitución de las unidades familiares. El regimen de tenencia de la tierra predominante en la zona, donde predominan grandes y medianos propietarios de las cabeceras municipales o de Medellín, por un lado, y una amplía masa de campesinos pobres arrendatarios o salariados, sin tierras de labor y que apenas poseen pequeños lotes de pan coger alrededor de sus viviendas, es igualmente un elemento muy significativo en la configuración de las realciones sociales en el municipio y, más allá en la región en su conjunto. El hecho de que la propiedad de las áreas tradicionales de cultivo no esté en manos de los pobladores de la mayoría de las localidades estudiadas hace que este tipo de producción agrícola no solamente se desarrolle a muy pequeña escala, sino que genere beneficios muy limitados. Frente a ellos se yerguen los cultivos industrializados modernos, fundamentalmente de frutales, que predominan en otra áreas de la misma región.

 

Otras circunstancias sociales y políticas que afectan a la región, como afectan también a tantas otras zonas del país, están representadas en la presencia de las autodefensas, quienes ejercen control coercitivo en las localidades y son vistas por algunos jóvenes como modelos a emular. Aún cuando los efectos estructurales de este fenómeno todavía no son completamente claros, no hay duda de que su impacto conllevará cambios sustanciales en el régimen de propiedad del suelo, en las dinámicas territoriales de la población, y en el manejo de los recursos naturales y humanos de que dispone el municipio y la región. Su análisis detallado excede los objetivos de este estudio, pero deberá ser objeto de otras investigaciones.


[1] San Nicolás: Los Almendros, Guaymaral, La Puerta, Juntas y San Nicolás. Córdoba: Córdoba, Ciruelar, La Miranda, Santa Rita, Alta Miranda (EOT Sopetrán 1999:22).

[2] Tamarindo, mamoncillo, melón, papaya, cacao, guanábana, mango y zapote.

[3] No en vano Sopetrán es el primer productor de maracuyá en el departamento.

[4] Actividad que tuvo su momento de auge en el siglo XVI y las primeras décadas del siglo XVII.

[5] Actitud que seguramente también se dio en otros sectores tabacaleros como Obregón, San Nicolás y Sucre.

[6] A.H.A Indíce minas tomos 1 y 2

[7] Estos núcleos de población parecen haberse establecido en la periferia del pueblo de indios de Nuestra Señora de Sopetrán.

[8] EOT1998:11

[9] E.O.T

[10] Obregón fue también un asentamiento antiguo con fuertes vínculos con San Nicolás y los otros núcleos poblados considerados en este estudio, pero la población nativa ha sido prácticamente expulsada del lugar, y las pocas familias que permanecen en este territorio, hoy convertido en una parcelación privada, se desempeñan como mayordomos sin tierra propia. De hecho, el caso de Obregón es ilustrativo de lo que podría suceder con otros asentamientos ante la presión económica provocada por el desarrollo turístico del occidente antioqueño.

[11] Sánchez 1995.

[12]Programa de Recuperación de la Memoria cultural de Antioquia.  Área de Economía y Ecología.  Secretaría de Educación y Cultura de Antioquia, Universidad de Antioquia, Facultad Ciencias Económicas, Departamento de Economía.  1991:7; Sánchez 1995.

[13] Interesante documento con el que cuenta la comunidad y en donde se plantea que las tierras de San Nicolás van desde la Quebrada Seca hasta el sector denominado como Naranjal, documento que ha sido transcrito en su totalidad y se presenta en el anexo 4.

[14] José María Martínez 2001. En: Diario de Campo proyecto Occidente Medio 2001.

[15] Juan Fernando Tilano 2001. En: Diario de Campo proyecto Occidente Medio 2001.

[16] Sánchez 1995:89-90

[17] Juan Fernando Tilano. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio.

[18] Ricardo Cruz. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio.

[19] Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001. Nacido en el sitio conocido como Goya.

[20] No quiere decir esto que San Nicolás funde su historia e interacción local solo por la vía de las actividades del río.

[21] Sobre todo Bocachico y de los cuales se podían obtener hasta 200 peces por día. En: Diario de campo Occidente Medio 2001.

[22] El San Nicolás de hoy que es un caserío con diferentes formas arquitectónicas, cuyas materia prima reproduce no solo la utilizada en los centros urbanos cercanos, sino también la de Medellín.

[23] Avelino Rueda. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[24] La distancia con relación al río determina tierras secas, diferentes de tierras “mojadas”; esa categoría le imprime una valoración espacial al suelo y a su uso.

[25] Tipos de relaciones entre el dueño de la tierra y quien la explota. Mano cambiada consiste en que una persona presta sus servicios a otra durante uno o más días y el otro no paga en efectivo sino trabajando durante el mismo número días en las tierras del primero. Al cuarto, consiste en que el trabajador  debe pagar una cuarta parte de lo obtenido al dueño de la tierra. Al partir, consiste en que se distribuye el producto o  las ganancias obtenidas de su venta, de manera equitativa entre propietario y trabajador.

[26] También denominados columpios.

[27] Obregón. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[28] Buriticá, Sopetrán o Sabanalarga.

[29] No se hace referencia personal de ellos para proteger su integridad física.

[30] Rosa Elvira Tilano. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[31] Avelino Rueda. En: Diario de Campo proyecto Occidente Medio 2001.

[32] Sánchez 1995:31.

[33] Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[34] Avelino Rueda. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[35] Ibíd.

[36] Sin embargo, no se esta proponiendo aquí un patrón homogéneo para el Occidente Medio, esto es aún prematuro ya que la información con la que se cuenta es muy poca. Tampoco podría aventurarse una hipótesis frente a la mixtura de tradiciones blancas, negras e indias durante la colonia y la república.

[37] Debora Gil. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[38] Rosa Emilia Tilano. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[39] Diccionario de la Real Academia Española, 1992.  vigésima primera edición.

[40] Esta misma palabra, sabanazo, es usada en   lugares del caribe para designar igualmente una sabana o pradera de reducidas dimensiones.

[41] Las descripciones sobre la música y el baile son poco extensas y vagas.  Sin embargo, es posible que estas manifestaciones lúdicas correspondan a la Candanga. Se trata, según comunicación personal con Claudia Quiroz de la Escuela Popular de Arte —E.P.A— y con el investigador Jesús Mejía Osa, de una expresión que consistía en sainetes y sátiras que están relacionados con el “baile de los diablitos” de Santa Fe de Antioquia y era una manifestación artística de la última capa social.  Así mismo, esta es vista como un movimiento de índole sociocultural “afroantioqueño”, el cual, al parecer, tuvo sus orígenes en la hacienda de la familia Obregón a orillas del río Tonusco (es posible que se trate del Obregón de hoy).  En esta expresión musical y teatral, se manifestaban elementos que abogaban por la libertad de los esclavos y negros cimarrones; data aproximadamente del siglo XVIII, y consistía en coplas danzas y toques de tiple; según Jesús Mejía este era un sandungueo con lenguaje sensual campesino mulato, no solo se reducía al occidente pues estas manifestaciones también se dieron en El Retiro e Itagui.

Por otro lado, anota Jaime Jaramillo Uribe en su texto Travesías por la Historia que el cimarronismo y los palenques de esclavos plantearon un serio problema para la sociedad colonial durante la segunda mitad del siglo XVIII, sobre todo entre 1750 y 1790.  El mismo autor ilustra el carácter regional de la Candanga, para ello hace referencia al juicio seguido a Pedro Elejalde en la ciudad de Rionegro, en los años 1777 y siguientes.  Se trata de un juicio por cimarronaje en el cual…Se preguntó también si los testigos sabían que…varios esclavos de esta villa como de los parajes de Envigado, Itagüí, San Jacinto y Rionegro, bajo el nombre de Candonga, propulsaron otra conspiración contra sus amos…A.N.C. NE, Antioquia T II, ff 21 y ss. En: Jaramillo 1995:103.

 

[42] Aun pueden observarse ruinas de las construcciones, canales, estanques y hornos, que albergaron el último entable de explotación de sal, así como pedazos de metal y cerámica dispersos en una amplia zona aledaña a la fuente salina; se trata de abundantes y densos depósitos de vestigios que dan cuenta de la importancia que tuvo este sitio en la vida social y económica de Córdoba y Sopetrán.

[43] Monografía vereda Guaimaral 1994.

[44] CORANTIOQUIA 2000:40

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3 comentarios en “4.2.2 Municipio de Sopetrán

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