4.2.1 Municipio de Buriticá

En este aparte se hará referencia al contexto municipal, el cual fue abordado a partir de las características ambientales, socioeconómicas e históricas; así mismo, se presentan los contextos locales de los asentamientos de referencia, que para este caso son las veredas de Untí y Bubará, así como el corregimiento de Guarco.

Contexto municipal

           Características geográficas

Este municipio se localiza en la vertiente oriental de la Cordillera Occidental y hace parte de la dirección territorial Hevexicos de CORANTIOQUIA; su cabecera está localizada a los 6º 43 16” de latitud norte y 75o 54 41” de longitud oeste, con una altitud de 1650 msnm, una temperatura promedio de 19.3 grados centígrados y una precipitación media anual de 1430 mm.  Para llegar a su cabecera es necesario desplazase desde Medellín por la vía al mar, pasando por Santa Fe de Antioquia y luego, tomar una desviación a la altura de la localidad de Pinguro; este recorrido es de unos 107 Km de longitud (IGAG 1996; Tomo 1: 329).

La extensión del municipio es de 368 Km2  y limita al norte con Peque, al este con Sabanalarga y Liborina, al sur con Santa Fe de Antioquia y Giraldo, y al oeste con Cañasgordas (Ibíd). De este territorio, el 1.1% esta cubierto de bosques, el 33.5% de pastos, el 4.4% de rastrojos, el 41.2% en áreas que han perdido la cobertura vegetal; el 18.8% corresponden a sectores urbanos y a terrenos cultivados (EOT Buriticá 2000).  De las anteriores cifras se desprende que los suelos de este municipio están bastante degradados por las múltiples intervenciones antrópicas, principalmente por la minería.  Fisiográficamente, este municipio pertenece al llamado Cañón del Río Cauca, conformado por un Valle intercordillerano, que se caracteriza por fuertes pendientes ente las cordilleras Central y Occidental.

Su territorio está conformado por varias unidades litológicas, como son el grupo Cañasgordas, la formación Barrosos, el Batolito de Sabanalarga, las andesitas de Buriticá y los depósitos recientes del cuaternario. El grupo Cañasgordas esta conformado por rocas sedimentarias como las liditas, calcáreas y lodolítas, formadas en el cretáceo superior y que se distribuyen en pequeños núcleos por el sector sur del municipio; la formación Barroso, se compone de rocas volcánicas y cubre un área importante del municipio, pues alcanza más del 85% de la totalidad de la extensión, concentrándose principalmente en los sectores norte y centro del municipio; el batolito de Sabanalarga está compuesto por rocas ígneas del cretáceo, donde predominan las dioritas y las orblendas, las cuales afloran como cuerpos alargados en dirección norte – sur, principalmente en el sector sur – oeste , en inmediaciones del río Cauca; las andesitas de Buriticá son cuerpos semi – alargados del terciario que se encuentran principalmente en el sector sur – oeste de la cabecera; por último, los depósitos del cuaternario, están constituidos por los aluviones formados por arenas y gravas localizados en los cauces de las corrientes superficiales y el las planicies de inundación, además de los depósitos de vertiente constituidos por materiales transportados por eventos torrenciales, debido a las fuertes pendientes de este territorio (EOT Buriticá 2000).

Con relación a la geomorfología, este municipio presenta unidades de vertiente largas con una topografía abrupta y pendientes de fuertes a moderadas, drenajes profundos, donde se forman valles en forma de V, con poca vegetación; estas unidades se localizan principalmente en el sector occidental del municipio.  Las unidades de vertientes cortas están conformadas por laderas de poco desarrollo, filos y altos, localizados hacia la parte media de las vertientes, formando colinas cortas y semiredondeadas con pendientes menores y cañones poco profundos.  Las unidades de colinas bajas están formadas por depósitos de vertiente, donde se presenta un relieve bajo e irregular, con drenajes escasos y poco profundos; estas unidades tienen suelos pobres, poco desarrollados y afectados por erosión laminar, lo que hace que en muchas ocasiones no presente cobertura orgánica; en el municipio se localizan hacia el oriente y sur de sus territorios (EOT Buriticá 2000).

 Con relación a la red de drenaje, se observa que aunque presenta un gran numero de ellas, se encuentran en un alto grado de degradación por la perdida de la cobertura vegetal y por los bajos niveles de pluviosidad que presenta la región; esta situación ha determinado en gran medida la localización de los asentamientos en jurisdicción de este municipio. Aparte del río Cauca se destacan las cuencas de las quebradas Las Cuatro y La Clara que cubren más del 70% del área municipal; otra cuenca de cubrimiento significativo es la de la quebrada Tesorera, que cruza el municipio por el sector sur – oriental.

 En esta municipalidad se encuentran diferentes zonas de vida; las partes bajas, por debajo de los 1000 msnm, se caracterizan por vegetación xerofítica y una zona de vida de bosque seco tropical (bs-T), en donde predominan condiciones de humedad bajas, pues las lluvias no sobrepasan los 2000 mm. anuales, presentándose además  una biotemperatura superior a los 24 grados centígrados; del total del municipio, en esta zona de vida se encuentran 61.5 Km2 que equivalen al 16.9% de total de sus territorios. También se encuentran sectores en bosques premontanos húmedos (bh-P), en la zona altitudinal que va desde los 1000 a los 2000 msnm; allí se presenta una precipitación promedio entre 1000 y 2000 mm de lluvia anual y una biotemperatura que oscila entre los 18 y los 24 grados centígrados; cubre un área de 174.0 Km2 que representa el 47.8% del municipio. El bosque muy húmedo montano bajo (bh-MB), rodea la formación anterior, ocupa una franja altitudinal que va de los 2000 a los 3000 msnm. y sus características son una biotemperatura entre los 12 y 19 grados centígrados, un promedio anual de lluvias de 1000 a 2000 mm anuales; esta última formación configura extensos paramos, importantes en la jurisdicción de este municipio, que se encuentran protegidos por acciones administrativas de CORANTIOQUIA y cubren 128.5 Km2, que representan el 35.3% del total del área municipal (Espinal 1985; EOT  Buriticá 2000).

 –           Características socioeconómicas

 En cuanto a la composición y distribución de la población, este municipio está conformado por cinco corregimientos y 32 veredas, donde viven 3481 hombres y 3219 mujeres.  La producción agrícola del municipio es pequeña en el contexto regional y el producto que más se destaca es el café, que cuenta con una área plantada de 917 Ha, de las cuales 807 están en producción, con una productividad promedio de 625 Kg. por Ha. para un total anual de 566.9 toneladas; de acuerdo a las cifras proporcionadas por Planeación Departamental, esta producción, en términos generales, ha venido disminuyendo desde el año 1986, cuando alcanzaba un total de 935 toneladas.  Otro producto importante del municipio es el plátano, del cual se encuentran 297 Has. plantadas con una productividad promedio de 1966 Kg. por Ha. para un total de 583.9 toneladas anuales.  Con relación a el sector pecuario, encontramos que el 77% del ganado bovino es de doble propósito, un 20% se dedica a la producción de carne y únicamente el 3% restante corresponde a ganado de leche; para el sustento de estos animales hay 12310 Ha en pastos para el pastoreo y 300 en pastos de corte (EOT Buriticá 2000).

 Una actividad importante de este municipio es la explotación aurífera, tanto de veta como de aluvión; esta actividad económica no solo es importante en la actualidad, sino que ha sido significativa en la historia de este territorio, pues siempre ha sido importante su producción en el contexto regional y departamental; así mismo, se ha convertido en elemento de identidad de sus habitantes.  Según los estudios técnicos, en este municipio es factible la explotación de este recurso no renovable aunque no en grandes cantidades. En la actualidad se explotan filones auríferos en el sector central del municipio, donde se destaca la mina conocida como La Centeno, que al parecer ha sido explotada desde épocas coloniales, primero a cielo abierto y ahora mediante largos socavones y empleo de tecnología industrial moderna; esta mina constituye una fuente de empleo importante para los habitantes del municipio, principalmente para los de las veredas El Naranjo y Los Asientos.  En la actualidad se tienen en el municipio 35 licencias de explotación vigentes, concentradas en aquellos sectores donde se localiza la formación de andesitas de Buriticá (EOT Buriticá 2000).

 Con relación a las vías de comunicación, encontramos que únicamente se cuenta con dos carreteras; una de ellas comunica la cabecera con la localidad de Pinguro sobre la carretera al mar, tiene una extensión de 5 Kms. y está catalogada como una vía secundaria; la otra, es una vía terciaria, tiene una extensión de 27 Kms. y comunica a la cabecera con el corregimiento de Tabacal.  Adicionalmente, este municipio cuenta con 8 caminos de herradura que forman una red de comunicaciones importante para los habitantes de las áreas rurales.  En la tabla que se presenta a continuación se relacionan estos caminos, con sus distancias y las localidades que comunican (Tabla 3).

 Tabla 3. Principales caminos de herradura en el municipio de Buriticá.

 

Camino

Extensión en Kms.

Buriticá – Guarco

6.3

Buriticá- Angelina

10

Tabacal – El Guásimo

7.5

El Naranjo – Angelina

8.3

Tabacal – Urarco

13

Tabacal – Limites con Cañasgordas

14.5

Urarco – Puente Las Cuatro

13

Urarco – Limites con peque

7.5

 

 

–           Contexto histórico municipal

Esta población tiene sus orígenes como pueblo de indios.  Fue fundada por Francisco de Herrera Campuzano en 1615 con naturales de las encomiendas que se encontraban en los cerros de San Antonio y Buriticá.  Desde épocas muy tempranas los territorios de este resguardo fueron ocupados por mestizos, negros y blancos quienes en cuadrillas y/o de forma independiente, se dedicaron a la explotación de filones auríferos que allí se encontraban.  Los naturales de este lugar fueron ocupados en el real de minas  de este pueblo, lo que provocó que muchos de ellos dejaran sus territorios para refugiase en los terrenos baldíos del Occidente Antioqueño (Salazar 1994).

 La  presencia permanente de libres en este resguardo y de cuadrillas de esclavos provocó grandes conflictos a todo lo largo del siglo XVII y XVIII.  A finales del siglo XVIII, cuando se encontraba la provincia de Antioquia  en una gran crisis minera, la población indígena de este resguardo intensificó las actividades agrícolas y se estableció la ley de las rozas de comunidad  en los sitios de Tabacal y Naranjal (INER – Secretaría de Educación 1995).

 Para el siglo XIX, el territorio de este resguardo correspondía a los  límites del municipio hacia el sur,  y hacia el norte, la quebrada Rosa, la cual servía de lindero  con el resguardo de San Pedro de  Sabanalarga.  Las principales cuencas eran la quebrada La Clara, la quebrada Rosa y el río Cauca.  Se encontraba a una jornada de la ciudad de Santa Fe de Antioquia, caracterizándose sus territorios por fuertes pendientes que dificultaban las actividades  agrícolas.

 Sus suelos eran estériles por la extrema sequedad  y poca pluviosidad, ubicándose  en los pisos térmicos cálido y templado, con una extensión total de 364 Km2. Como ya se dijo, este resguardo fue sometido a continuas invasiones por parte de los libres, lo que, sumado a las condiciones topográficas, ocasionó interminables pleitos.

 En 1836 el personero Alfonso Lotero informaba que:

  …aquellos infelices…continúan siendo la presa de los libres [pues] se apoderan de sus resguardos de propia autoridad, los ultrajan y así los sacan de sus posesiones y pertenencias valiéndose  de la fuerza e intimidándolos ….. Podría decirse que estos males se remediaran practicando la distribución de los resguardos que esta prevenido  en la ley. Pero este recurso parece no ponerse en ejercicio tanto porque los indígenas están contentos por vivir en comodidad y se opone a la división. Cuanto que es impracticable  a causa de que el terreno es muy desigual en su fertilidad compuestos de grandes peñascos  y cuchillas áridas; por lo que quizá habrá que hacer esta excepción   de la ley….. Entre tanto la oprimida  tribu por quien  hablo demanda del gobierno toda su protección y todo el amparo que la humanidad y las leyes presten a los desgraciados indígenas y declaro pues, por manifestación  del título de sus resguardos se sirva prevenir que inmediatamente proceda  a la lanzar a todos aquellos que por no pertenecer a la tribu indígena no han tenido derecho alguno para introducirse y posesionarse en sus resguardos… (A.H.A tomo 2537. Doc.  B F 285V).

 Para 1840, Martín Higuita, a nombre de los indígenas de Buriticá, pide la anexión de algunos terrenos baldíos, a causa de la disminución de tierras ocasionada por la división que se hizo del resguardo de Sabanalarga y la pérdida del punto llamado Cuajaron, sitio destinado a cultivos. Por este motivo, solicitan la adjudicación de los terrenos desde el punto conocido como Fragua hasta el morro de Singo; esta petición no fue aceptada, pues eran tierras que fueron declaradas  judicialmente a favor de la familia Oquendo (INER 1995).

 Según las autoridades, en el resguardo de Buriticá existía un territorio  suficiente que bien podría ser repartido a los indígenas. (A.H. A. Tomo 2537. Doc 22:F 344R), pero esta interpretación que hacían los funcionarios de la administración republicana, al momento de la repartición se demostró equivocada, y se evidenció la escasez de tierras para la repartición entre los indígenas; por esta razón, la ley de 1832 con la que se buscaba la liquidación definitiva de los resguardos, no pudo aplicarse inmediatamente y la disolución de éste se postergó hasta 1839, cuando el gobernador Obregón logra consolidar la división de las tierras  con base en un levantamiento topográfico.  Este informa a la cámara provincial que

 …verificada ya la mesura de los de Buriticá y levantó el plano topográfico, se trabaja actualmente en su distribución; la esterilidad de estos terrenos y la desmembración que ha sufrido de su parte más pingüe a virtud de sentencias y judiciales, ha presentado  obstáculos a la venta de la porción asignada para los gastos de mesura. Y repartimiento y por consiguiente se han entorpecido  en su conclusión…(Uribe y Álvarez. 1987: 171).

 En síntesis, el territorio  de este resguardo era poco y de mala calidad a la hora de ser distribuido entre los pobladores que debían dedicarse a las actividades agrícolas, ya que este pueblo de indios fue constituido sobre la base de un real de minas.  Al disminuir tanto el recurso aurífero como los terrenos aptos para los cultivos y aumentar la presión de la población libre, los indígenas quedaron en condiciones desfavorables frente a la política de repartición de tierras, lo que ocasionó retrasos en la desintegración de este  resguardo.

 Al inicio de siglo XIX el resguardo de San Antonio de Buriticá contaba con 729 indios entre tributarios, jubilados, jóvenes, mujeres y menores de 18 años, mientras que los libres ya ascendían  a 430 y los esclavos llegaban a 25 (A.H.A. Tomo 343. Doc. 6358 Trascripción Ivonne Suárez).  Para 1812 la población indígena había disminuido y solo aparecen 658 personas presentándose un decrecimiento del 10.7% en 4 años.  Sin embargo, para 1820 la población incrementa levemente en 46 personas, lo que representa un crecimiento del 6.1%.

 En 1832, año en el cual se realizó un  censo sistemático de la población indígena localizada en el territorio antioqueño en cumplimiento a la ley del 2 de noviembre sobre disolución de resguardos,  el pueblo de indios de Buriticá  contaba con 960 personas de las cuales 493 eran hombres  y 467 mujeres; más del 50% de la población tiene menos de 14 años, mientras que solamente el 10 % tiene más de 40 años.  En los últimos 12 años (de 1820 a 1832) la  población indígena creció en 256 personas, lo que corresponde al 26.6%.  Para esta fecha, el mestizaje estaba bastante avanzado, pues figuraban 57 hombres libres casados con mujeres indias, que se incluyen en la pirámide con sus hijos, puesto que son considerados indios.  Entre estos libres sobresalen los apellidos David, Jaramillo, Manco, Graciano, Campos, Rueda, Agudelo, Olguín etc.  Además, aparecen 56 mujeres libres casadas con indios, cuyos hijos no se incluyen en la pirámide por no ser reconocidos como indios dentro de las categorías raciales y étnicas de la época.  Los apellidos predominantes son David, Salas, Tangarife, Guerra, Castro, Sepúlveda, Díaz,  Higuita, Usuga, Sogorro, Manco, Goes, Graciano y Tuberquia (A.H.A. Tomo 687. Doc. 3: F 97R – 162V).

 Aunque para 1851 ya se había repartido las tierras del resguardo, entre los habitantes de la zona aparecen 1.011 indios de los cuales 540 eran mujeres y 471 hombres, y entre ellos, la población menor de 20 años representa más del 50% del total (A.H.A. Tomo 2698. Doc 3.).

 Con relación a la población libre, disponemos de las siguientes cifras demográficas en la segunda mitad del siglo XVIII y el siglo XIX.

 Para 1780 la población de Buriticá ascendía solo a 308 personas entre indígenas y libres; Ya en 1808 se presentó un incremento de la población pues se reportan 1.184 habitantes con una densidad 3.25 h/km2.. En 1823 se reportan 1513 habitantes en Buriticá, convirtiéndose este último en el principal centro poblado de esta subregión, ya que concentraba en 62% del total.  Para esta época la población de Buriticá se había incrementado en un 27.7 % con relación al año 1808, con una densidad que llegaba a 4.1h/km2.

 En 1843 se realiza un censo sistemático para toda la provincia de Antioquia, en el cual se encontró que 2151 personas vivían en Buriticá.  Ocho años después, en el censo de 1851 se registra que Buriticá estaba habitado 1980 libres. Con relación al crecimiento de la población se observa que en los últimos 17 años la población había crecido en un 30.4%, alcanzando una densidad de 5.4H/km2, siendo la mayor de toda la subregión.

 Para el año 1864 se reporta un total de 2.174 personas, mientras que para 1870 se informa sobre la presencia de 1.313 personas, con una densidad de 6.33 h/kmy un crecimiento del 17.1% en los últimos seis años.

 En 1883 se realiza nuevamente un censo sistemático del Estado Soberano de Antioquia,  donde se encontró que Buriticá contaba con 3.450 personas que representaban el 38% del total de la subregión, presentándose un incremento de 43.2% con relación al censo anterior, y una densidad de 9.45 h/km2 .

 Para principios del siglo XX (1905), la población de Buriticá solo albergaba 4.026 personas, presentando un incremento del 16.6% en los últimos 22 años y una densidad de 4.03h/km2.En síntesis, el crecimiento de la población en Buriticá durante el siglo XIX fue constante  hasta 1870, momento en el cual presenta un incremento significativo,  que se prolonga hasta la primera década del siglo XX, momento en el cual se estabiliza.

 Con el análisis de las cifras demográficas queda claro que aunque la población indígena aumenta en al primera mitad del siglo XIX, el mestizaje jugó un papel importante, por lo que fue difícil para la administración distinguir las categorías étnicas de los pobladores de acuerdo a los criterios utilizados.  Muy posiblemente esta situación llevó a que después de 1850, no se siguiera utilizando la categoría de indios para los habitantes de Buriticá. Estas categorías socioraciales como “tente en el aire”, “paso atrás”, “mulato”, “pardo”, “mestizo”, etc. se basaban  en grados de mestizaje, lo que no permitía tener en cuenta filiaciones étnicas y tradiciones culturales.

Al conformase este resguardo, la pauta de ocupación territorial giró en torno a las grandes explotaciones mineras, por lo que el asentamiento principal estaba localizado en cercanías del cerro Ugumé, en un plano sumamente reducido, circundado de peligrosos peñascos y compuesto por 120 viviendas aproximadamente, habitadas por población indígena y libre.

La ubicación de este caserío no varía durante todo el siglo  XIX.  Según Uribe Ángel

el pueblo estaba situado en una ceja angosta y pendiente que se extiende de sur a norte  entre los estribos de más de 15 lomas que lo rodean, de tal manera, que cuando se desciende a la población, no se comprende por donde se entró ni por donde puede salirse.  Tal es el laberinto que forma esta multitud de encrucijadas  (Uribe Ángel, Manuel. 1985 (1885): 248).

A comienzos del siglo XIX, como la minería de veta decayó, el patrón de ocupación del territorio cambió, pues aunque siguió existiendo el poblado central, se levantaron varias rancherías en los linderos  del resguardo  a orillas del río Cauca, como fue  la del Tesorero ubicada al oriente del caserío principal, dedicada  a la explotación aurífera de aluvión y distante una hora por camino del pueblo. Tabacal, también ranchería de indígenas, fue localizada hacia el norte del poblado principal en un clima templado, apto para la explotación agrícola, que permitió el cultivo de maíz, plátano y caña principalmente (A.H.A. Tomo 342 .Doc .6358).

Con las disposiciones generales para la disolución de resguardos del actual territorio antioqueño, posiblemente los descendientes de los indígenas de este pueblo se desplazaron hacia los territorios que actualmente pertenecen al municipio de Cañasgordas pues allí predominan las familias Higuita, Usuga, y David, apellidos comunes en Buriticá  durante el periodo colonial, en la primera mitad del siglo XIX, y aún en el presente, como se señaló atrás.

Durante el periodo colonial, desde los inicios del resguardo en 1615, la principal actividad económica era la explotación de los filones de cuarzo aurífero en los cerros  de Ugumé y San Antonio.  A medida que las minas fueron denunciadas por libres y personas foráneas del resguardo durante el siglo XIX, esta actividad disminuyó entre la población indígena, ya que el acceso a los recursos se limitó considerablemente.

Otro aspecto que contribuyó a la crisis minera fue el hecho de que hacia finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX a toda la población minera de Antioquia, incluidos los indígenas, se le obligó  a pagar los derechos de mazamorra, que produjeron la doble tributación.  Prueba de la disminución de la actividad minera de este resguardo es la información levantada en 1808, donde se afirma que “ la inclinación de estos indios es la agricultura y muy pocos a la minería de  oro “ (A.H.A. Tomo 343. Doc. 6358. Trascripción Ivonne Suárez).

Sin embargo, se continuaron algunas explotaciones en el cerro de Ugumé donde se presentaban múltiples dificultades para su explotación por las fuertes pendientes y movimientos de masas erosionadas; a pesar de estas limitantes, su producción seguía siendo significativa en el contexto regional y departamental  (Ibíd).

Para ilustrar la dinámica de esta actividad en Buriticá, se presenta a continuación una tabla que relaciona las denuncias de minas efectuadas en la  segunda mitad del siglo XVIII y el primera mitad del siglo XIX (Tabla 4).

Tabla 4. Denuncios de minas entre 1746 – 1825

 

Denunciante

Jurisdicción

Lugar

Mineral

Tipo de mina

Año

José María Sarrazola

Buriticá

Guambuco

Oro

Veta

1825

Cornelio Sorrogo

Buriticá

Qda. Mancilla

Oro

Veta

1825

Jacinto Jaramillo

Buriticá

Angelina

Oro

Veta

1825

Francisco Herrera

Buriticá

Miraflorez

Oro

Veta

1825

Francisco Ibarra

Buriticá

Virginia

Oro

Veta

1825

Francisco Ibarra

Buriticá

El Algarrobo

Oro

Veta

1825

Francisco Ibarra

Buriticá

La Clara

Oro

Veta

1825

Eugenio Martinez

Buriticá

La Virgen

Oro

Veta

1825

Manuel Graciano

Buriticá

La Estera

Oro

Veta

1802

Vicente del Campillo

Buriticá

Solimán

Oro

Veta

1802

Manuel Acevedo

Buriticá

Cerro del Aguilar

Oro

Veta

1803

Jeronimo Graciano

Buriticá

San Mateo

Oro

Veta

1803

Cipriano Salas

Buriticá

El Totumo

Oro

Aluvión

1805

Andres Tangarife

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1809

José Felix David

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1810

Tomás Higuita

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1810

Antonio Manco

Buriticá

Cerro Buriticá

Oro

Veta

1812

German Manco

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1812

Pedro Manco

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

veta

1813

León Manco

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1813

Lino David

Buriticá

Qda. Animas

Oro

veta

1815

Lino David

Buriticá

Mogote

Oro

Aluvión

1815

Manuel Dimas Corral

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1824

Julian Arrubla

Buriticá

Cerro Buriticá

Oro

Veta

1824

Manuel Corral

Buriticá

La Centeno

Oro

Veta

1824

Estanislao Campuzano

Buriticá

Qda. Tunal

Oro

veta

1825

Estanislao Campuzano

Buriticá

Angelina

Oro

veta

1825

Estanislao Campuzano

Buriticá

Camito

Oro

veta

1825

Estanislao Campuzano

Buriticá

Qda. Tesorero

Oro

veta

1825

Juan Esteban Martinez

Buriticá

Alto León

Oro

veta

1825

Francisco Pastor

Buriticá

Alto de los Herejes

Oro

veta

1825

Eugenio Martinez

Buriticá

Qda. Del Viento

Oro

Veta

1825

Severo Martinez

Buriticá

El Higueronal

Oro

Veta

1825

Eugenio Martinez

Buriticá

Qda. Puria

Oro

Veta

1825

Joaquin Escudero

Buriticá

Morrogacho

Oro

veta

1825

Manuel Corral

Buriticá

San José

Oro

veta

1825

 


Tabla 4. Continuación

 

Denunciante

Jurisdicción

Lugar

Mineral

Tipo de mina

Año

José María Restrepo

Buriticá

Qda. Del Brazo

Oro

Veta

1825

Franciso Ibarra

Buriticá

Las Cuatro

Oro

veta

1825

Leonardo Pereira

Buriticá

Qda. San Cipriano

Oro

Veta

1825

Ruperto Vergara

Buriticá

Morro Pelado

Oro

Aluvión

1825

José María Restrepo

Buriticá

Parquí

Oro

veta

1825

Eusebio Tuberquia

Buriticá

Loma de Pajarito

Oro

Veta

1825

Juan Santamaría

Buriticá

Tabacal

Oro

Veta

1825

Juan Santamaría

Buriticá

Tabacal

Oro

Veta

1825

José Manuel Bravo

Buriticá

Palo de la Colmena

Oro

Veta

1825

Enrique de Vargas

Buriticá

Morrogacho

Oro

Veta

1825

Juan José Santamaría

Buriticá

Guarco

Oro

Veta

1825

Juan Santamaría

Buriticá

Guarco

Oro

Veta

1825

Juan Santamaría

Buriticá

Angelina

Oro

Veta

1825

Juan Santamaría

Buriticá

Chachafruto

Oro

Veta

1825

Antonio Ferreiro

Buriticá

Chagualo-río Cauca

Oro

Aluvión

1746

Antonio Ferreiro

Buriticá

Qda. Igumé

Oro

Aluvión

1747

Javier de Villa

Buriticá

Remango-Qda. Guarco

Oro

Aluvión

1747

Juan Bautista de Herrera

Buriticá

Cerro de San Antonio

Oro

Veta

1767

Luis Fernando Porto

Buriticá

Cerro el Aguilar

Oro

Veta

1774

José Zuluaga

Buriticá

***

Oro

veta

1777

Pedro Zapata García

Buriticá

***

Oro

Veta

1778

Dionisio Iserquia

Buriticá

Carrucal

Oro

Veta

1778

Francisco Zamora

Buriticá

Cerro San Antonio

Oro

Veta

1789

Cayetano Vuelta Lorenzana

Buriticá

Cerro de San Antonio

Oro

Veta

1789

Roman Manco

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1791

Manuel Graciano

Buriticá

Cuchilla de Taborda

Oro

Veta

1798

Cruz Higuita

Buriticá

Mogote

Oro

Aluvión

1799

Marta Tuberquia

Buriticá

el Estero

Oro

veta

1799

 La agricultura, como ya se dijo, fue una actividad que reemplazó a la minería paulatinamente.  Al finalizar el siglo XVIII se empezaron a promover las rozas de la comunidad en este resguardo, en las cuales se les obliga  a sembrar 4 almudes de maíz en los pasajes del Tabacal y Naranjal, cuyo producto era destinado a sostener la población indígena de ancianos y viudas.

En 1808, debido a  las condiciones de aridez de los suelos, los indígenas pidieron se les quitara la obligación de las rozas de comunidad, pues no contaban con tierras aptas para la agricultura y carecían de buenas fuentes de agua (Salazar 1994: 184-185).

Aunque se suspendieron las rozas de comunidad, en 1809 los indígenas siguieron trabajando la agricultura de autoconsumo principalmente en los sitios de Tabacal y Naranjal con infinidad de dificultades, debido a la invasión de libres procedentes de Tonusco arriba.

Según la información del comisionado,

No habían (sic) sementeras de comunidad…que tienen sus cosas en el sitio, que viven en sociedad y buena visión, que trabajan los campos y hacen sus rozas y  sus plantas  caña dulce y platanares y algunos se dedican al laboreo de minas, de forma que muy rara o ninguno de estas naturales  padecen suma indigencia…( A.H.A. Tomo 26. Doc. 2110 : F 267V).

En el informe realizado a raíz de la visita de 1808 se afirma que:

es abundante en maíces, plátanos y caña dulce. La ranchería de Tabacal que queda hacía el norte es fría y produce la hierva medicinal del culantro… Su población nombrada Urota es abundante en la raíz de la arracacha y otras…( A.H.A. Tomo 343.Doc 6358. Transcripción Ivonne Suárez).

Al parecer, la ganadería era una actividad poco significativa en este resguardo, pues se dice que es escasa por no haber suficientes pastos y porque en la mayoría de los casos los animales se precipitan por los peñascos.  Además, para principios  del siglo XIX se explotaba la Quina, que era conocido con el nombre de Turaví; también se recolectaban en menor proporción, Fríjol, Guineo, Dominico, Granadilla, Guayaba, Ahuyama, y Batata en las tierras templadas, y se obtenía gran cantidad de pescado en el río Cauca (Ibid).

Es importante resaltar la permanencia de las parentelas de origen indígena después de la disolución del resguardo y el intensivo mestizaje con algunas familias de libres mulatos y mestizos procedentes de la ciudad de Santa Fe de Antioquia y del Tonusco arriba.

Con relación a las actividades económicas, se visualiza un cambio importante cuando, para el siglo XIX, decae drásticamente o se agota la producción aurífera, y las pocas minas de veta que aún  podían ser explotadas, son denunciadas por libres, lo que ocasionó la intensificación de la producción agrícola y de la minería de oro corrido o aluvión, que se llevaba a cabo a orillas del río Cauca en períodos de verano.

Como se dijo, el pueblo de indios de San Antonio de Buriticá, se funda en el año 1615 por oidor y visitador Francisco de Herrera Campuzano.  Permaneció con esta categoría hasta el año 1820, época en la cual se confiere el título de  distrito parroquial del Cantón de Antioquia.  En 1851 pasa a ser distinto del cantón de Antioquia, pero 2 años antes había presentado litigios con el recién fundado distinto de Ituango por el partido de Peque, argumentando que el distrito de Buriticá era demasiado pequeño y sus tierras de mala calidad, por lo que si  le era segregado el terreno de Peque, se vería afectado significativamente; debido a esto se propuso que el lindero entre ellos fuera la quebrada de Peque y no la quebrada las Cuatro, que quedaba en inmediaciones de la parroquia de Buriticá.

Con relación a esta situación, el personero parroquial de Buriticá, pedía al gobernador de la provincia que:

el punto divisorio con Buriticá sea el alto de Guacharaquero cogiendo la quebrada de la Playuela hasta su desemboque del río Cauca que hasta allí eran los límites de diezmos de la parroquia de Sabanalarga, en cuya parte se ha crecido la población de Ituango…(A.H.A. Tomo 378.Doc.7031: F78 R).

Con relación a esta petición, el cabildo de Ituango afirma que el punto asignado como  límite con Buriticá dista únicamente una legua de su cabecera y que se encuentra además muy cercano de Peque, lo que ayudaría a la administración de este partido asegurado que hay caminos y buena comunicación  entre los 2 poblados; argumentaba a demás que entre el  partido de Peque y Buriticá había 2 jornadas de camino, lo que dificultaría la administración desde Buriticá, ya que Ituango habría menos de una jornada y que además  Peque jamás había pertenecido al distrito de Buriticá siendo siempre de Sabanalarga y que si había escasez de terrenos en Buriticá se les debían asignar los de los dos lados de Urama (Ibid: F 99R –99V).

Para 1855, Buriticá es convertido en distrito del circuito municipal de Antioquia, y 7 años después, en 1862, figura como aldea del municipio de Antioquia.  Un año después, en 1863, nuevamente es considerado como distrito del departamento de Antioquia, situación que permaneció igual hasta 1866, época en la cual se crea la provincia de occidente y Buriticá es anexada a ella, situación que permanece hasta finalizar el siglo XIX (Ramírez 1978).

Las localidades estudiadas

En este municipio fueron abordadas tres localidades que son Untí, Bubará y Guarco. La intensidad y duración de las visitas estuvo íntimamente relacionada con la cantidad y calidad de la información requerida, dados los objetivos del proyecto; la vereda Untí fue objeto de una mirada con mayor detalle, puesto que allí se desarrolla una actividad artesanal relacionada con la producción alfarera, que revestía importancia, tanto para la administración municipal, como para la CORPORACIÓN.  Allí se permaneció por espacio de 7 días, lo que permitió que la comunidad se habituara a la presencia del grupo de investigación y estuvieran más dispuestos a establecer un diálogo con los miembros del equipo etnográfico, de ahí que el detalle en la descripción de esta localidad sea mayor al de las otras visitadas.

Bubará también fue importante puesto que allí se desarrolla un proceso de producción artesanal relacionada con la cestería; esta localidad  fue visitada durante cuatro días, siendo más complejo el relacionamiento con la comunidad, factor que disminuye la calidad de la información obtenida.  Las dificultades para la obtención de información se debieron a los conflictos internos de la comunidad derivados de la división de los habitantes en cuanto a sus creencias religiosas, por la labor evangelizadora realizada durante los últimos años por iglesias protestantes, y el descreimiento que manifiestan sus pobladores hacia las acciones emprendidas por las instituciones oficiales.

Inicialmente Guarco no estaba contemplado como localidad de referencia; sin embargo, la insistencia por parte de la administración municipal, motivó al equipo etnográfico a visitarlo; fue importante porque permitió conocer una localidad de la parte alta con características diferentes a las anteriores, lo cual posibilitó la contrastación entre diferentes procesos de poblamiento.  La permanencia en esta localidad fue de tres días, contando con los desplazamientos que son cuatro horas de ida y cuatro de regreso por camino de herradura.

En todas las localidades se buscó indagar por aspectos relacionados con la territorialidad y la historia, que incluyeron averiguaciones sobre: los procesos de poblamiento y la dinámica de movilidad de la población; el territorio y la población, que consideró la demografía, la pauta de asentamiento, las características de la vivienda y la toponimia; en el aparte relacionado con el ordenamiento social del territorio, se abordaron las temáticas relacionadas con el parentesco, liderazgo, las relaciones con otros asentamientos y la red de caminos; por último en cuanto al territorio imaginado se trataron los aspectos relacionados con las leyendas y las historias relacionadas con seres sobre naturales.

4.2.1.1   Untí

–                     Localización

Este asentamiento se ubica en el sector central del municipio, al norte de la cabecera; sus territorios cubren los pisos térmicos templado y cálido, en zonas de vida de Bosque Seco Tropical (bs-T) y bosque Premontano Húmedo(bp-H), donde predomina una vegetación Xerofítica, una temperatura entre los 20 y 24 grados centígrados y una pluviosidad que no sobrepasa los 1000 mm anuales.  Se trata de un asentamiento nucleado, cuyas viviendas se distribuyen a lo largo de una colina baja que esta circundada  por dos fuentes de agua que delimitan el espacio del caserío; estas fuentes de agua son las quebradas La Clara y La Remango.  Su localización es bastante estratégica, ya que la conformación topográfica hace que allí confluyan cuatro corrientes de agua que se convierten en corredores naturales de comunicación que permiten una amplia red de relaciones de sus habitantes con las otras localidades del municipio que se encuentran hacia el oriente, centro y norte. Esta situación hace que este asentamiento sea paso obligado de muchos de los pobladores de estos sectores, pues Untí es atravesado por múltiples caminos, que más adelante los describiremos.

–                     Territorialidad e Historia

En la memoria de los pobladores existe el recuerdo de un asentamiento próspero, donde había mas de 60 viviendas, cantinas, billares y puesto de policía, que empieza a decaer en la segunda mitad del siglo XX, a causa de los acontecimientos de “la violencia” y por la “modernización” de las vías de comunicación intermunicipal y departamental, que impulsan significativamente procesos migratorios hacia otras localidades del occidente y hacia la capital del departamento.

Don Samuel Jaramillo, el más anciano de la comunidad, cuenta que cuando llegó a Untí, ésta  era una vereda  conformada por 59 casas y dos cantinas, cuyos propietarios eran Luis Oquendo y Jorge Ramírez; a ellas llegaban todas las gentes de las montañas a divertirse; dice con nostalgia:

En la época de la violencia los puntos más importantes de Buriticá eran Untí y Los Asientos…Untí ahora se volvió un monte. Antes existían 59 casas, contando 2 cantinas y una escuela.

Una de las características que convertía a esta localidad en lugar importante dentro del contexto municipal, era que se consideraba como un lugar de tránsito y encuentro de muchos de los pobladores de los sectores central y occidental del municipio; en palabras de Don Samuel:

… En este caserío se hacían muchas fiestas, donde llegaban casi todos los de las veredas de la montaña; había grupo de cuerda para amenizarlas y los músicos eran Luis Oquendo y Luciano David… Con la violencia se acabaron las fiestas y el trabajo de las artesanías ya no es como era antes.

Sobre el origen de este asentamiento, los pobladores no tienen referente preciso, pues es más antiguo que sus recuerdos; sólo referencian que varias generaciones de Rodríguez, Oquendos e Higuitas han ocupado este caserío desde hace mucho tiempo; recuerdan además que debió ser un lugar importante del municipio a principios del siglo XX pues allí se localizó la primera escuela rural de su jurisdicción.

Se cuenta que para las primeras décadas del siglo XX esta era una comunidad dedicada a actividades artesanales, como la fabricación del sombrero de iraca y la elaboración de objetos de alfarería.  Estos productos tenían bastante acogida en los mercados locales y regionales, principalmente los recipientes de cerámica que siempre ha jugado un papel preponderante en la localidad.  Su producción era distribuida en todo el municipio y en otros cercanos del occidente, destacándose Cañasgordas, Giraldo y Santa Fe de Antioquia.

La elaboración del sombrero de iraca era una actividad que congregaba todos los miembros de la comunidad, pues en ella participaban niños, jóvenes y adultos, mujeres y hombres; en Untí se elaboraba el sombrero, que posteriormente se llevaba a Santa Fe de Antioquia donde se le daba la horma definitiva en los talleres de esta ciudad; al igual que en otras tantas localidades de Buriticá y el Occidente Cercano, esta actividad era bastante lucrativa, pues existía una amplia demanda del producto en mercados regionales, nacionales e incluso internacionales; fue la época del apogeo de famoso sombrero “Panamá”.  Con el paso del tiempo este producto perdió vigencia en los mercados y con ello vino el decaimiento de esta actividad, hasta el punto que hoy en día ya los habitantes desconocen completamente las técnicas y los procedimientos para su elaboración.

La historia reciente de esta localidad está marcada por un proceso acelerado de despoblamiento que se inicia con los acontecimientos de “la violencia” política de las décadas de los 40 y 50; muchos de los antiguos habitantes se fueron por miedo de los “conservadores” que perseguían a los liberales por estas “peñoleras”.  Una característica importante de los movimientos de población que se desarrollaron a raíz de estas circunstancias, fue que gran cantidad de los pobladores de Untí se desplazaron hacia la cabecera municipal y hacia el occidente lejano, especialmente hacia Dabeiba, donde hoy viven muchos familiares de los actuales habitantes de esta localidad. 

Doña Alicia Higuita, que cariñosamente la llaman “Tusca”, informó que:

 Antiguamente en Untí vivía más gente, pero se fue despoblando el caserío porque unos se fueron muriendo, otros se fueron para Dabeiba y otros para Medellín.  Estas personas se fueron principalmente en la época de la violencia cuando tenía 13 años, porque en ese tiempo quemaron el caserío los conservadores, ya que esto era un asentamiento de puros liberales; …Rojas Pinilla dio la libertad para volver a este punto…muchas personas caminaron a Buriticá porque allá no paso mayor cosa, porque San Antonio[1] siempre protege a este pueblo de cualquier desgracia

Don Eladio Rodríguez, cabeza de esta parentela en Untí, hace referencia a estos acontecimientos:

Estos hechos lo provocaron los conservadores del gobierno, porque  la mayoría de las personas que habitaban en Untí eran liberales… En esa época también se desocuparon las veredas de Angelina y Mogotes, que también fueron quemadas. Tabacal no fue desocupado ni quemado, porque era un asentamiento de trabajadores conservadores.

Estos acontecimientos están marcando una ruptura en el proceso de ocupación del territorio, pues muchas familias nunca regresaron; tal es el caso de la familia Graciano que es recordada como una de las más influyentes de la vereda, pero que nunca regresó, por lo que no se encuentran descendientes suyos en la actualidad, alterando significativamente las redes de parentesco y las estructuras de liderazgo y poder que estuvieron vigentes en esta localidad hasta entonces.

Otros pobladores, como Don Eladio Rodríguez, cuentan que Untí fue quemado en dos ocasiones, circunstancias por las cuales su familia debió desplazarse hacia la cabecera municipal, cuando él apenas tenia 10 años.  Su familia y otras tantas permanecieron un año allí, para luego regresar y levantar nuevamente sus casas, iniciando con ello la reconstrucción de la vida social y económica del caserío; sin embargo, las actividades productivas que anteriormente eran importantes pasaron a un segundo plano pues individuos con conocimientos agrícolas, mineros, alfareros y botánicos, así como cazadores, pescadores y pequeños propietarios de parcelas no regresaron, provocando una transformación sustancial de las redes de interacción inter e intra locales.  Así mismo, el cambio obligado en la propiedad de la tierra en este y otros sectores del municipio, a causa de estos mismos acontecimientos, transformó de manera importante las estrategias de acceso a los recursos.

Otros pobladores, como don Samuel Jaramillo, se desplazaron con sus familias hacia Dabeiba; allí vivió como 30 años y luego regresó nuevamente a Untí:

Cuando llegaron los enfrentamientos a Untí, estuve por siete semanas durmiendo en el “monte” y luego me fui para El Naranjo, donde permanecí como uno o dos meses; de ahí salí para Pereira (Risaralda) con unos hermanos, estuve trabajando en fincas cafeteras por tres meses; luego caminé para Buriticá y después viajé a Mutatá, donde viví tres meses trabajando en lo que le resultara; ya aburrido de tanto caminar, eche para Dabeiba a encontrarme con la familia.

Con la apertura de la vía al mar, las explotaciones de tagua y caucho, y la expansión de fronteras de colonización, Dabeiba se convirtió en un importante centro de poblamiento y desarrollo económico; por sus características, la población que llegaba a este pueblo lo hacía motivada por ser este un ambiente tan disímil y heterogéneo que no se consideraban las filiaciones políticas como marcas estigmatizantes; estas circunstancias la hicieron sitio predilecto de migración de aquellos pobladores perseguidos por los grupos de filiación política conservadora y que habitaban las laderas occidentales del Cañón del Río Cauca. El acelerado crecimiento demográfico limitó el acceso a los recursos, el trabajo y los servicio básicos, generando movimientos de población en sentido inverso, es decir, muchas personas regresaron a sus asentamientos de origen, lo que se ve reflejado en un re-poblamiento paulatino de localidades como Untí, que aún hoy se sigue presentando.

Don Samuel Jaramillo describe esta situación: “…me regresé por que allá nunca tuve casa propia y siempre viví de arrimado; me cansé  y quise regresar a construir mi propio Ranchito…”.

Después de estos acontecimientos la población de Untí nunca se recuperó demográficamente, ya que el re-poblamiento no fue significativo, y por el contrario siguió disminuyendo ostensiblemente el número de habitantes; entonces, los motivos que seguían impulsando el despoblamiento eran la falta de empleo y el decaimiento de las actividades artesanales. Este éxodo se vio fuertemente influenciado por la construcción de la carretera que comunica a la cabecera con el corregimiento de Tabacal, que pasa por uno de los costados de esta vereda, por donde oleadas migratorias se dirigen hacia la capital del departamento en búsqueda de mejores condiciones económicas y mejor calidad de vida. Esta obra se construyó hace unos 12 años y por ella se fueron muchas de las mujeres de la localidad para Medellín a trabajar como empleadas domésticas. También con esta construcción se estableció un sitio que se convirtió en lugar de recreación de muchos habitantes de la cabecera y otras localidades del Occidente.  Comenta Don Ramiro Pineda que el sitio conocido hoy como El Puente se formó con la construcción de la carretera que une a la cabecera de Buriticá con el corregimiento de Tabacal; entonces, algunas familias de Carauquia, incluida la suya, se trasladaron para este lugar, que se localiza en las margenes de la Quebrada La Clara, cerca de la confluencia con la quebrada La Remango.  El origen de este asentamiento se remonta a unos 12 años y rápidamente se convirtió en un lugar de recreación y paseo de los habitantes de Buriticá y otros municipios cercanos como Cañasgordas y Giraldo, actividad que ha venido disminuyendo en los últimos años por la difícil situación de orden público.  En la época de bonanza de este negocio todos los fines de semana se veían muchos paseos en las orillas de las quebradas; para atender la demanda, Don Ramiro tenia un criadero de cerdos y de gallinas, actividad que ya no realiza por la falta de clientela.

Vemos entonces que el elemento más significativo de la historia reciente de esta localidad es el proceso de despoblamiento derivado varios factores que han tenido fuerte incidencia en la población.  En primer lugar, se observó cómo la confrontación armada en la época de “la violencia”, generó fuertes oleadas migratorias a varios sectores del departamento, principalmente a las nuevas zonas de colonización del occidente lejano y el Urabá antioqueño; así mismo, la apertura de vías de comunicación incentivó el traslado de habitantes a otras zonas en busca de alternativas económicas; por último y ligado a lo anterior, el decrecimiento de la demanda de productos de alfarería, renglón económico significativo  antes de la ruptura en la continuidad del poblamiento, marcó y aún marca un cambio en el papel que desempeñaba esta localidad en los procesos de interacción regional, generando un cambio sociocultural, pues las nuevas generaciones no encuentran esta actividad rentable y el legado de conocimientos alfareros, no encuentra receptividad ni depositarios; lo anterior permite afirmar que estamos siendo testigos privilegiados de la última generación de alfareras  del occidente antioqueño. Otro hecho que está marcando este despoblamiento es que los actuales habitantes no poseen tierra suficiente para el desarrollo de las actividades de subsistencia.

–                     Territorio y población

La vereda Untí esta compuesta por 75 habitantes distribuidos en 12 viviendas.  Se trata de un asentamiento nucleado, donde las viviendas se localizan en una extensa cima de colina baja que está delimitada por las quebradas La Clara y La Remango.  El centro del asentamiento es atravesado por dos caminos; uno de ellos comunica a esta localidad con la cabecera municipal, mientras que el otro permite el acceso desde y hacia veredas como Sincierco, Costas, Llano Chiquito y León.

Las viviendas, aunque concentradas, presentan una distribución particular que genera espacios amplios e intermedios que conforman el entorno peridomiciliario, donde se localizan los patios de las casas, que son utilizados para la cría de los animales domésticos y para tener algunas pequeñas huertas caseras, así como una reducida variedad de arboles frutales.  Como área peridomiciliaria también se consideran algunos espacios comunitarios que son utilizados para el esparcimiento y para el encuentro social cotidiano; en estos espacios comunes también hay gran cantidad de arboles frutales que son beneficiados por toda la comunidad, sin que se presente apropiación privada de los mismos.

Dentro de estos espacios comunitarios se destaca un conjunto de rocas que se localizan en la parte central del asentamiento, las cuales son relacionadas con “los primeros pobladores”; allí todas las tardes se reúnen algunos de los adultos a socializar los acontecimientos del día; se convierte en un lugar de referencia del origen y sirve como espacio de recreación.

 Las viviendas por lo general son elaboradas en bahareque o tapia, con piso de tierra o cemento y techo de zinc.  Constan básicamente de dos espacios contiguos, uno de ellos dedicado a la cocina y el otro al dormitorio; en algunos casos hay viviendas que poseen más de un dormitorio (Dibujo 1).  Estas casas son habitadas por familias nucleares en la mayoría de los casos, aunque también se da el caso de familias extensas donde viven los hijos de algunos familiares que se han trasladado a laborar en Medellín, situación que se da principalmente con los hijos e hijas de las hijas y constituye un aspecto importante de modificación de la estructura familiar y doméstica actual, y que además tiene incidencia en las generaciones futuras puesto que la crianza de los hijos queda a cargo de los abuelos o tíos, rompiéndose así el estrecho vínculo tradicional entre madres e hijos.

Los habitantes de Untí reconocen cinco partes fundamentales que componen la estructura de la vivienda; el techo, las “albarjas” (maderas que sostienen el techo), estantillos, paredes y piso. Para cada una de estas partes utilizan materias primas diferentes, algunas de ellas recolectadas en cercanías a la localidad, mientras que otras deben ser compradas.  La construcción es un trabajo comunitario, pues todos los habitantes de la vereda participan en la elaboración de las viviendas de sus vecinos y familiares, generándose lazos de reciprocidad para este tipo de labores.  Pueden tardarse un promedio de once jornales, 4 de ellos destinados a la recolección de la cañabrava, 3 a la recolección del bejuco, y 4 a la construcción; estas viviendas pueden durar aproximadamente 40 años.  Un cambio significativo en las pautas constructivas es la incorporación de materiales foráneos en la construcción del techo, como es el zinc, que hace 20 años se viene utilizando regularmente; las razones que aduce la comunidad son la escasez de la iraca en los alrededores de la localidad y la poca durabilidad de este material; es necesario recoger más de cuarenta cargas de Iraca para poder fabricar un techo duradero, tarea que es muy dispendiosa, máxime cuando  el recurso es tan escaso. De igual manera, se han introducido el cemento y el adobe por parte de programas de desarrollo comunitario impulsados por la administración municipal[2].

En la tabla que se presenta a continuación se describen los materiales utilizados para cada parte de la vivienda, discriminado el lugar de recolección y compra (Tabla 5)

 

Tabla 5. Materiales para la construcción de la vivienda en la vereda Untí

 

Materia prima

Parte

Sitio de obtención

Iraca

Techo

Orillas de quebradas y cañadas

Zinc

Almacenes de Buriticá

Barro

Paredes

Inmediaciones del caserío

Bejuco corralero

Amarre de Techo y paredes

Orillas de quebradas y cañadas

Caimo

Estantillo

Orillas de la quebrada La Clara y filo del Chiquero

Chagualo

Siete Cueros

Amargo

Doncel

Estantillos y Albarjas

Cotobé

Nuna

Los pobladores de Untí identifican como su entono espacial el territorio comprendido entre la quebrada La Remango, la quebrada La Clara, La loma del Morón y la Loma de Sincierco.  Este espacio lo asocian a características ambientales particulares; Fernado Rodríguez las describe de la siguiente manera:

desde que me conozco estas tierras han tenido la misma vegetación…lomas peladas con pastizales y algunos rastrojos en las cañadas y quebradas donde también hay muy pocos árboles maderables…cuentan los viejos que las maderas finas de la antigüedad eran Nuna y Carcabe, que ahora no se consiguen…el clima en los últimos 5 años ha venido cambiando, pues se a puesto más seco y caluroso…antiguamente se veían más animales de monte como Guacharacas, Iguanas, Conejos, Guaguas y Venados. Las quebradas han disminuido su caudal posiblemente es por los fuertes veranos y las quemas que se realizan para las rozas de maíz y frijol[3].

De la referencia anterior se desprende que se perciben cambios sustanciales en las condiciones ambientales, muchos de los cuales están asociados con las intervenciones antrópicas que ellos mismos ejecutan, sin que dichos cambios los motiven a pensar en estrategias diferentes para la utilización de los recursos naturales.

Un aspecto significativo en la construcción social del territorio en esta localidad es la distinción que se plantea entre los suelos de uso individual y aquellos de uso colectivo.  En la vereda existe un territorio comunitario que sus habitantes denominan “el Común”, en donde pueden trabajar todos los miembros de la comunidad. La delimitación de este entorno es descrita por Fernando Rodríguez:

desde el portón que está donde empieza El Llano y va hasta la parte alta de loma del frente, delimitada por un lado de la quebrada La  Remango, por el otro por la quebrada La Clara[4].

Allí, algunas personas tienen sus cultivos, aunque el uso más frecuente es para el pastoreo de animales, principalmente las mulas y los caballos, pues pocos tienen ganado vacuno.

Este tipo de estructuras de propiedad tienen la característica de ser una posesión colectiva basada en líneas de ascendencia familiar hasta los primeros pobladores del lugar, elemento que discrimina quién tiene derecho de uso sobre ellos.  Se trata de hijuelas que van siendo heredadas de padres y madres a hijos e hijas, aunque también se pueden comprar o vender los derechos sobre ellos.  También se da el caso de parentelas, que si bien se han establecido en el lugar en épocas relativamente recientes, llegan a acceder a las tierras del “común” por la continuidad de su radicación en el caserío, como es el caso de la parentela Jaramillo.

Solo un habitante de Untí posee tierras por fuera del común; se trata de una pequeña parcela de cuatro hectáreas que es destinada para las labores agrícolas por parte de don Eladio Jaramillo.

Los habitantes de esta vereda construyen su territorio a partir de la semantización que hacen de su entorno; nombran localidades, cuchillas, lomas, fincas, quebradas, sitios de cacería, lugares de pesca y cordilleras.  Los nombres aluden a algunas particularidades de los sitios que en algunos ocasiones están relacionadas con las condiciones fisiográficas, a la recurrencia de los recursos allí localizados o hacen alusión a nombres antiguos de origen indígena. Un referente importante para los miembros de la vereda y que les permite dar orden a los demás sitios que conforman su territorio es la quebrada La Clara ya que a partir de ella se clasifican los lugares “de este lado” y “del otro lado”.

En la tabla 6 que se presenta a continuación se relaciona la toponimia del territorio de Untí.


Tabla 6. Nombres de lugar y tipo de espacio que denotan en la vereda Untí

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

Carauquia

Alicia Higuita

Vereda

Chiquero

Fernando Rodríguez

Filo

Chunchunco

Alicia Higuita

Vereda

Costas

Alicia Higuita

Vereda

El Guaimaro

Alicia Higuita

Vereda

El Limón

Carlos Alirio Jaramillo

Cañada, Lugar de cacería

El Potrero

Carlos Alirio Jaramillo

Lugar de Cacería

El Puente

Alicia Higuita

Caserío

El Salto

Fernando Rodríguez

Lugar de pesca en el río Cauca

El Suspiro

Saúl Oquendo

Cordillera

El Viento

Alicia Higuita

Cuchilla

Inguia

Alicia Higuita

Loma

La Aguada

Carlos Alirio Jaramillo

Lugar de cacería

La Buchona

Fernando Rodríguez

Quebrada, lugar recolección de maderas y lugar de cacería

La Caña

Carlos Alirio Jaramillo

Lugar de cacería

La Clara

Fernando Rodríguez

Quebrada

La Remango

Fernando Rodríguez

Quebrada

La Sabana

Carlos Alirio Jaramillo

Lugar de cacería

Llanochiquito

Alicia Higuita

Vereda

Llanogrande

Alicia Higuita

Finca

Los Azules

Saúl Oquendo

Cordillera

Los Erejes

Saúl Oquendo

Cordillera

Morron

Fernando Rodríguez

Loma, aquí se encuentra el común

Perentá

Fernando Rodríguez

Loma

Pingura

Fernando Rodríguez

Quebrada, lugar de cacería y recolección de maderas

Piquira

Saúl Oquendo

Cañada, lugar de cacería y recolección de maderas

Pitallal

Fernando Rodríguez

Loma

Sacahojal

Fernando Rodríguez

Llano, lugar de cultivos

San Antonio

Saúl Oquendo

Cordillera, sitio de encantos

Tabacal

Fernando Rodríguez

Corregimiento, Quebrada

Tungo

Saúl Oquendo

Alto

Utunal

Carlos Alirio Jaramillo

Lugar de cacería

–                     Ordenamiento social del territorio

Para abordar el ordenamiento social del territorio se han considerado cuatro elementos que muestran la organización interna de la vereda; estos son: el parentesco, el liderazgo, las interacciones locales, y la red de caminos.

En la actualidad, Untí esta poblada por tres parentelas que son los Rodríguez, los Jaramillo y los Oquendo, quienes presentan estrechos vínculos de parentesco entre sí, que se remontan por lo menos cuatro generaciones atrás.  De estas familias, la única que podría ser considerada foránea es la Jaramillo, que se asienta en la vereda desde la década del 30, mientras que las otras dos presentan un poblamiento más antiguo.  Estas relaciones son claras desde la tercera y cuarta década del siglo XX, constituyendo una compleja red de parentelas a partir de las cuales se evidencia una continuidad en el poblamiento, a pesar de las migraciones ya expuestas, que se hace visible hoy por los lazos matrimoniales y de solidaridad que se presentan entre los habitantes de esta localidad.

 La información de parentesco, sustentada con el genograma levantado en la comunidad (Anexo 1), permite proponer una regularidad en la filiación, residencia y reglas de matrimonio. Actualmente, las reglas de matrimonio muestran que existe una fuerte endogamia, incluso presentándose las uniones entre primos cruzados bilaterales en primero, segundo y tercer grado de consanguinidad; esto quiere decir que no existen restricciones muy estrictas para la selección de la pareja entre miembros cercanos de la parentela. Sin embargo, observando la conformación de alianzas matrimoniales tres y cuatro generaciones atrás, parece que esta endogamia no era tan fuerte, ya que se dan algunos casos de matrimonios entre hombres de Untí con mujeres de otras localidades, siendo para ese momento importantes las relaciones con las veredas Los Asientos, Carauquia y Guaimaro, lo que podría estar indicando que anteriormente existía una tendencia hacia la patrilocalidad, que ahora solo se manifiesta en dos uniones matrimoniales: hombres de Untí con mujeres de Carauquía y El Guaimaro. Esta tendencia social ha sido modificada, pues ahora predomina la virilocalidad que se desprende de la endogamia, pues tanto uniones de hombres de Untí con mujeres, como mujeres de Untí con hombres de otros asentamientos, buscan asentarse en este caserío.  Otro elemento que puede ilustrar la tendencia de la patrilocalidad en el pasado, es el hecho de que en la actualidad son las mujeres las destinadas a buscar trabajo por fuera de la comunidad.

Hay una mayor predilección a ubicar los sitios de vivienda en cercanías de la casa del padre, lo que está mostrando una tendencia hacia la patrilocalidad.  Este hecho es bastante particular si se compara con lo que se conoce de otros sectores del cañón del Río Cauca, principalmente en Sabanalarga, donde hay una mayor tendencia a la matrilocalidad.  Puede plantearse que las relaciones de parentesco están vinculadas con las practicas económicas y el origen étnico de sus ancestros; se ha observado que en aquellos asentamientos donde se practica la minería de forma intensiva y tienen un origen amerindio, predomina la matrilinealidad, mientras que en las comunidades campesinas agrícolas, que tienen un origen mestizo, se presenta más la patrilinealidad; el caso de Untí, es precisamente este ultimo.

De otro lado, el liderazgo tradicional en esta comunidad es difuso, pues no se identifica claramente quién cumple esta función en Untí.  Se nota, sin embargo, que hay un respeto por los ancianos a quienes permanentemente se les consulta las decisiones que atañen a toda la comunidad.  Quien ejerce funciones de liderazgo actualmente, lo hace a través de organizaciones comunitarias de origen institucional como son las Juntas de Acción Comunal.  Sin embargo, estas no presentan relación alguna con líneas de filiación, pues este cargo se rota entre los miembros adultos de la comunidad, privilegiando a aquellos que tienen un nivel básico de educación.

Especial papel dentro las pautas de liderazgo juegan las mujeres pues son las encargadas de establecer y mantener las relaciones hacia el exterior de la comunidad; ello se manifiesta en que ellas son quienes desarrollan las actividades comerciales; esta situación se da en doble vía, pues por un lado comercializan todo lo producido en la vereda y al mismo tiempo, son las encargadas de comprar todo aquello que no producen y que adquieren en los mercados locales, principalmente en la cabecera municipal de Buriticá.  Este liderazgo femenino en las relaciones hacia el exterior del asentamiento influencia de forma importante la forma como se plantean las interacciones locales en la actualidad.  Las relaciones con otros asentamientos se establecen en función de las transacciones comerciales, la demanda de servicios de salud, la búsqueda de empleo y los vínculos laborales con propietarios de tierras y patrones, la asistencia a servicios religiosos, eventos públicos o fiestas, y en menor proporción, las redes de parentesco; todas ellas se desenvuelven a través de la red de caminos que cruza por la localidad.

La cabecera municipal de Buriticá es el sitio al que con mayor regularidad acuden los pobladores de Untí; allí asisten al mercado dominical en el cual venden una muy baja cantidad de productos agrícolas entre los que se destacan el tomate y algunas frutas; así mismo, se abastecen de productos básicos, entre los que se cuentan alimentos y herramientas para el trabajo agrícola; es en este mercado en donde se comercializa la pequeña producción alfarera de las cinco mujeres que se dedican a este oficio, quienes además establecen relaciones de intercambio con otros asistentes al mercado canjeando cayanas por hortalizas y otros productos artesanales como son las esteras; esta relación es más evidente con las pobladoras de Bubará con quienes tienen especiales nexos por su oficio manufacturero.  Es común encontrar a las mujeres de Untí siempre en el mismo punto del mercado; no es entonces extraño, que personas llegadas de otros municipios como Giraldo, Liborina, Cañasgordas principalmente, además del mismo Buriticá, las busquen con el fin de adquirir las cayanas u otros productos alfareros que realizan por encargo.  Durante los días de mercado también acuden a las instituciones que prestan los servicios de salud,  asisten a misa, y realizan contactos y gestiones de distinto tipo con las autoridades y otras personas de la cabecera del municipio.

Se tuvo la oportunidad durante la estadía en campo de asistir a un mercado dominical en compañía de la alfareras de Untí, donde se pudo corroborar los pocos ingresos que perciben por este trabajo artesanal, así como por los pocos productos agrícolas que venden[5].

En las épocas de verano, cuando algunos hombres de Untí se dedican a la pesca, salen a vender este producto a la cabecera municipal, y también a las veredas de Sincerco y Llanochiquito, lugares donde el producto muy apreciado, ya que no se consigue en las proximidades de sus localidades.

Ocasionalmente, acuden a Cañasgordas y Santa Fe de Antioquia, principalmente en el mes de diciembre, para la compra de ropa y artículos de talabartería, pues en sus mercados existe una mayor variedad de estos productos, así como precios más accesibles.  Para salir a Cañasgordas se utiliza básicamente la carretera; es decir, salen a Buriticá por la vía veredal, de allí a Pinguro y luego por la variante Cativo hasta Cañasgordas; antiguamente utilizaban el camino que parte de la vereda hacia las partes altas, pasando por Llano Chiquito, Guarco, La Palma y por último Cañasgordas. Cuando acuden a Santa Fe de Antioquia lo hacen por este mismo carreteable.

Desde hace aproximadamente 40 años los habitantes de Untí se han desplazado por diferentes localidades del Occidente en las épocas de la cosecha cafetera como una estrategia de captar dinero contratándose como jornaleros; principalmente se desplazan hacia El Junco, jurisdicción de Sabanalarga, y a La Honda, en Liborina, y en menor proporción a las veredas de Guarco, Chunchunco y Sincierco, así como al municipio de Giraldo.

Otro aspecto importante de las relaciones sociales son las fiestas municipales a las cuales asisten los habitantes de Untí; acuden a Buriticá durante la Semana Santa y las fiestas patronales de San Antonio, así como a las Fiestas del Caballo que se desarrollan en el corregimiento de Tabacal, donde se da el encuentro entre pobladores de diversos asentamientos, y se desarrolla una intensa interacción social.

Untí, como se ha dicho, se localiza en un cruce de caminos, lo que hace que se establezcan múltiples relaciones con los habitantes de las veredas que se comunican a través de esta red de vías; el paso de caminantes y arrieros motivan relaciones de amistad y solidaridad pues a todos los viajantes se les proporcionan viandas para hacer mas llevadero el camino, hecho que genera reciprocidad por parte de la gente de la montaña, quienes a su vez les obsequian o venden a precios reducidos algunos productos agrícolas . Así mismo, con los habitantes de Llanochiquito, Costas y Chunchunco se da el trueque de productos de la montaña, principalmente hortalizas, por el maíz que se produce en mediana proporción en Untí.

Los cuatro caminos que atraviesan Untí, y que son rutas de interacción con los habitantes de otros asentamientos, son los siguientes:

  • Untí – Carauquia – río Cauca: Sale en dirección oriental, pasando por el sitio conocido como el  Puente, a 10 minutos de la localidad, continúa para Carauquia que puede quedar a media hora de camino, para terminar en el Salto a orillas del río Cauca. El circuito completo se realiza principalmente en las épocas de verano cuando se acude a las labores de minería y pesca.

 Untí – Sinsierco – Guarco – Cabecera de Buriticá: parte en dirección suroeste por la loma del Morrón hasta llegar a Sincierco, recorrido que puede hacerse en dos horas; de allí se puede continuar en dirección sur hacia el corregimiento de Guarco, que puede ser una hora treinta minutos de recorrido, para luego por el oriente y siguiendo el denominado canalón hasta llegar a la cabecera del municipio,  tramo que puede realizarse en dos horas. Este camino es poco utilizado por los habitantes de Untí, aunque es la ruta principal para llegar a la vereda Sinsierco, lo que hace que la mayoría de sus habitantes deban pasar por Untí cuando se desplazan para la cabecera municipal.

  • Untí – Chunchunco – Llanochiquito – Costas: Se sube en dirección noroeste a Inguia  por espacio de 45 minutos, donde se encuentran varios ramales cada uno de los cuales conduce a una vereda distinta. Uno de estos ramales conduce a Chunchunco, otro a Costas, y un tercero a Llanochiquito; a Chunchunco puede llegarse en dos horas,  a Costas en tres horas y a Llanochiquito en cuatro. Para estas veredas, es el camino principal para salir a Buriticá, por lo que obligatoriamente sus habitantes tienen que pasar por Untí.  Esta situación hace que los habitantes de Untí conozcan  a la totalidad de los pobladores de estas veredas y tengan con ellos una relación de amistad.  También por este camino se puede llegar a Cañasgordas.
  • Buriticá – Untí – Tabacal: Saliendo desde la cabecera municipal en dirección norte, este camino llaga a Bubará, recorrido que puede hacerse en 40 minutos, siguiendo el mismo rumbo atraviesa Llanogrande para luego llegar a Untí; de esta localidad continúa hacia la Cienaga de Suceva y por último se llega al corregimiento de Tabacal. La distancia entre Untí y Tabacal puede cubrirse en dos horas treinta minutos. Este camino es poco utilizado ya que la carretera que comunica la cabecera municipal con Tabacal permite hacer este recorrido en vehículos de servicio público; únicamente es transitado con intensidad el tramo que va desde la cabecera hacia la vereda Bubará.  La construcción de la carretera cortó ciertos tramos de este, por lo que algunos sectores del carreteable son utilizados como “travesías” por las personas que se desplazan desde Untí hacía Buriticá.

 –                     Uso del Territorio

Los habitantes de Untí diferencian entornos de producción y recreación. Podemos distinguir los espacios de los cultivos, los espacios de cacería, los espacios del río donde se llevan a cabo actividades de pesca y minería.

Con relación a los espacios de cultivo se observa que casi la totalidad de los habitantes de Untí debe acudir al arriendo de tierras para poder acceder a este recurso, pues como ya se dijo, únicamente uno de ellos posee terrenos por fuera del “común”.  En los territorios comunitarios no se acostumbra desarrollar los cultivos de autoconsumo, ya que estos se destinan en esencialmente al pastoreo.  La agricultura se desarrolla en su totalidad en la finca del señor José Usuga quien tiene una propiedad en el sector conocido como Llano Grande; a él deben pagar la cuarta parte de la producción en calidad de arriendo de las tierras.

Don José compró esta tierra en el año de 1970 a Miguel Monsalve Restrepo y este a su vez la había adquirido de Antonio José Lara, antiguos propietarios que no acostumbraban  arrendar la tierra para cultivos.  Tiene una extensión de 160 hectáreas, inicia en el Llano Grande y va hasta al otro lado de la quebrada La Clara; únicamente las tierras de la Loma de León son destinadas para el arriendo; lo demás lo tiene con pastos.  Ahora solo tiene 5 cosecheros y todos son de Untí.

Se pueden identificar dos tipos de cultivos realizados por los habitantes de Untí: los productos que son los dedicados al autoconsumo y aquellos que comercializan; entre los primeros se destaca por la intensidad en la producción, el maíz, aunque también siembran en menor proporción fríjol de la variedad güífaro y garbanzo; los cultivos para la comercialización se restringen únicamente al tomate.  Esta es una actividad exclusiva de los hombres aunque algunas mujeres colaboran durante las actividades de cosecha.

Para cada uno de estos cultivos utilizan periodos y técnicas particulares.  Por ejemplo, el maíz se siembra en abril y se cosecha en agosto-septiembre, mientras que la traviesa se planta  en septiembre y se cosecha en enero-febrero.  Los lotes que les alquila Don José son utilizados por espacio de cinco años, tiempo después del cual es necesario buscar un nuevo tajo, pues se debe dejar descansar la tierra por igual termino de tiempo para que recupere su fertilidad.  Algunos habitantes dicen que sería bueno rotar con más frecuencia pero no hay disponibilidad de tierras para hacerlo, lo que implica que las últimas cosechas sean de muy baja productividad.

Los pasos para desarrollar el cultivo del maíz son los siguientes:

 

  • Descañada: consiste en retirar y limpiar el terreno de las cañas de la cosecha anterior y se remueve la tierra.
  • Siembra: esta actividad la realizan con un palo hoyador con el que se realizan unos pequeños huecos maíz a una distancia de 1 m aproximadamente, en cada uno delos cuales se depositan 2 ó 3 granos.
  • Limpia: Se realiza 3 semanas después de haberse sembrado y consiste en retirar la maleza a los pequeños retoños que ya han brotado de la tierra.
  • Revuelta: Es la segunda limpia y se realiza cuando el maíz ha “filoteado”, es decir cuando ha comenzado a echar lengüeta.  Se le hecha tierra  a las raíces o se “aporca”.
  • Cosecha: A los 4 meses se coge el maíz serazo, entre chocolo y maíz duro, y  a los 5 meses maíz seco.

Los habitantes de Untí por lo general alquilan pequeños lotes menores a un hectárea, donde pueden sembrar hasta un almud de semilla y cosechar cuarenta cargas que equivalen a 1400 kgs. de maíz desgranado.  Esto cuando el clima es favorable y las plagas no atacan los cultivos; este año debido al intensos verano y a la escasez de las lluvias las cosechas estuvieron bastante malas y no recogieron ni la mitad de lo esperado, desequilibrando la situación alimentaria y económica de la comunidad.  Como ya se ha dicho, esta producción en su gran mayoría es destinada al autoconsumo aunque algunos miembros de la comunidad dejan una cuarta parte de ella para ser comercializada en la cabecera municipal o con sus vecinos de la montaña.

El almacenamiento se hace desgranado en costales de fibra o fique que son fumigados para que las plagas no lo deterioren y debe durar hasta seis meses, época en la cual se aproxima la recolección de la nueva cosecha.

Otro producto importante para el autoconsumo es el fríjol de la variedad Güífaro; este cultivo también lo desarrollan en tierras de don José Usuga y le pagan la misma cantidad estipulada por el arriendo, es decir la cuarta parte de la producción, aunque algunos tienen pequeños tajos en el “común” para desarrollar esta actividad.  Se recoge a los 2 meses y medio cuando esta maduro; los pasos para sembrarlo son los siguientes:

  • Quema: a diferencia del maíz, la siembra de frijol requiere de este procedimiento.
  • Siembra: como se trata de una variedad de “arbolito” debe hacerse un pequeño hoyo donde son depositadas dos o tres granos de fríjol.
  • Cosecha: Se realiza a los 2 meses y medio.

 La productividad del fríjol Güífaro es bastante baja pues el clima cálido y seco lo golpea bastante; los habitantes de Untí suelen sembrar en promedio entre 14 puchas y un almud de semilla, a partir de la cual pueden recoger hasta una carga, que equivale a 100 Kg.  Al igual que el maíz, es almacenado en costales y fumigado para protegerlo de las plagas.

Casi todas las familias de la vereda siembran en pequeñas cantidades un fruto comestible que llaman garbanzo, que es distinto al que nosotros conocemos.  Se trata de una leguminosa en forma de arbusto que puede dar producción hasta dos años consecutivos; lo siembran en los bordes de los lotes donde se cultiva el maíz.  Es una planta que, de acuerdo a los comentarios de los pobladores de la vereda, resiste bastante las sequías, no necesita riego y es especial para tierra caliente.  La semilla de esta leguminosa fue traída desde la localidad del Junco en jurisdicción de Sabanalarga.

El tomate es un producto que no lo siembran todos los habitantes, pues su producción requiere de cierto capital, a diferencia del maíz, el fríjol o el garbanzo; su cosecha es destinada exclusivamente para la comercialización en la cabecera del municipio.  Los pasos para sembrar el tomate son los siguientes:

  • Rayar: Consiste arar el terreno donde se va a cultivar.
  • Echada de cal: Hay que echarle cal agrícola al terreno para prepararlo y quitarle la acidez.
  • Siembra: se realiza 2 días después de haberle echado la cal.
  • Limpia: Se realiza al mes de haberse sembrado; debe abonarse con triple 15 y fumigarse con “sinbas”. Esta actividad tiene bastantes costos pues el abono puede costar $32000 y el veneno $25000.
  • Recolección: Al sembrado de tomate se le pueden coger frutos en 4 o 5  ocasiones, obteniéndose en cada una de ellas aproximadamente 10 cajas.

 La productividad del tomate tiene la siguiente proporción: de 500 matas pueden cogerse entre 50 y 70 cajas que pueden representar entre $250.000 y $350.000, capital del cual se debe restar el transporte al mercado que puede oscilar entre $50.00 y $70.000, lo que sumado a los abonos y fungicidas genera una utilidad bastante baja.

 También se encuentran algunos árboles frutales cuya producción se destina a la comercialización y el autoconsumo; entre los frutos más destacados de esta vereda se destacan Ciruelo, Mango, Anón, Aguacate, Tamarindo, Naranja, Guayaba, Mamoncillo, Papaya y Mandarina, entre otros.

En síntesis, es posible afirmar que aunque la actividad primordial de esta vereda es la agricultura, por ella no se perciben los ingresos suficientes para subsanar las necesidades básicas, pues existen varios elementos que condicionan la rentabilidad económica de esta actividad.  En primer lugar, prácticamente ningún habitante posee propiedad sobre los terrenos que cultiva, lo que hace que deban pagar arriendo por ellas, disminuyendo las ganancias económicas que pueden desprenderse del cultivo de sus productos, generando un déficit alimentario entre los habitantes de la vereda; así mismo, cultivan en suelos pobres y agotados por la frecuencia e intensidad de uso y por no tener la disponibilidad de suficiente tierra para rotar los lotes y así obtener una mayor productividad; por último, el desarrollo de la agricultura en climas extremadamente cálidos y muy secos, limita el tipo de productos que pueden cultivarse así como la rentabilidad que puede obtenerse de ellos.  Podemos inferir que el despoblamiento de esta vereda esta ligado a estos factores; los jóvenes no encuentran la manera de subsistir bajo estas condiciones, ya que las estrategias de producción tradicionales no son viables en la actualidad.

La cacería y la recolección son actividades económicas complementarias entre los habitantes de Untí que no representan un renglón importante dentro de la economía local; algunos miembros de la comunidad practican la cacería como si fuera una actividad recreativa de la que no esperan excedentes para la comercialización; caso contrario ocurre con la recolección de maderas y algunos frutos que son fundamentales para las actividades de construcción y el levante de animales domésticos.

Aunque casi todos los hombres de la comunidad cazan, solo uno de ellos es reconocido como un experto en la materia; él acostumbra salir una vez por semana a buscar animales de monte.  Según informaron los habitantes de Untí, antiguamente había mayor disponibilidad de animales que fueron disminuyendo por las quemas y la tala de bosques en las riberas de quebradas y cañadas; esta actividad ha venido disminuyendo, no solo por la baja disponibilidad, sino también porque los jóvenes manifiestan cierto desagrado al consumo de carne de monte. Los lugares que reconocen como especiales para capturar especies de avifauna y mamíferos terrestres son especialmente cañadas y quebradas donde aún es posible observar cordones verdes y pequeños reductos de bosques de galería.  Los más frecuentados son:

  • Cañada de La Aguada
  • La Sabana
  • Cañada del Limón
  • El Potrero
  • La Caña
  • Quebrada Pingura
  • Cañada Piquira
  • Orillas del río Cauca
  • Quebrada La Clara
  • Quebrada La Remango

Las técnicas de cacería están íntimamente ligadas a las especies que se capturan; básicamente utilizan dos técnicas que son: la captura con perro y la caza con escopeta. La primera de ellas está asociada a la obtención de mamíferos terrestres, mientras que la segunda a especies de avifauna.  En la tabla que se presenta a continuación se relacionan

los nombres comunes de las especies capturadas con mayor regularidad en esta localidad así como el tipo de animal (Tabla 7).

Tabla 7. Especies capturadas durante las actividades de cacería en la vereda Untí

 

Nombre común

Tipo Capturado

Técnica de captura

Guacharaca

Ave

Escopeta

Tucusa

Coyareja

Torca

Iguana

Reptil

Escopeta /  Perro

Conejo

Mamífero

Perro

Gurre o Armadillo

Guagua

Venado

Perro / Escopeta

Ñeque

Perro

De otro lado, la recolección es una actividad que proporciona a los miembros de la comunidad frutos y maderas indispensables como alimentación y materias primas utilizables con diversos fines; entre los frutos, algunos se recogen para la alimentación de los pobladores, mientras que otros son destinados para la cría de animales domésticos. La recolección de maderas proporciona materias primas para la fabricación de viviendas y objetos de uso doméstico, siendo los mas comunes en el caso de Untí, los pilones, las manos moler y las herramientas propias de la minería.  Así mismo, se recolectan maderas que son utilizadas como leña, tanto en el fuego doméstico, como en la cocción de los objetos alfareros. Según sus habitantes, para el acceso a estos recursos no hay limitaciones diferenciales entre los miembros de las distintas parentelas, pues todos los miembros de la comunidad tienen derecho a disponer de lo que consigan.

Los lugares donde se suele buscar estos recursos son principalmente las cañadas y las quebradas, destacándose por la continuidad de la búsqueda las quebradas La Clara, La Remango y La Pinguro, así como las cañadas de Piquira, El Limón y La Aguada. En la tabla que se presenta a continuación se relacionan las especies recolectadas, el tipo, uso, época y los encargados de hacerla (Tabla 8).

Tabla 8. Tipos maderables recolectadas por los habitantes de la vereda Untí.

 

Especie

Tipo

Uso

Época

Encargados

Cedro

Árbol maderable

Materia prima

Para pilones

Todo el año

Hombres adultos

Iraca

Palma

Materia prima

Para techos

Todo el año

Hombres adultos

Amargo

Árbol maderable

Construcción de vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Bejuco Corralero

Liana

Construcción de vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Chagualo

Árbol maderable

Construcción de vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Nuna

Árbol maderable

Construcción de vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Siete cueros

Árbol maderable

Construcción de vivienda, leña para fogones

Todo el año

Hombres adultos, mujeres y niños

Doncel

Árbol maderable

Materia prima para pilones y manos de moler

Todo el año

Hombres adultos

Corozo

Fruto de palma

Alimentación de animales

Enero – Febrero

Niños

Piñuela

Fruto

Alimentación pobladores

Junio

Niños

Matarratón

Arbusto

Leña casa y alfarería

Todo el año

Mujeres y niños

Cañafistola

Arbusto

Leña alfarería

Todo el año

Mujeres y niños

Cañabrava

Arbusto

Leña alfarería, paredes vivienda

Todo el año

Hombres adultos, mujeres y niños

Guayaba

Fruto

Alimentación población

Junio

Niños

Tocuno

Árbol maderable

Leña casa

Todo el año

Mujeres y niños

Yarumo

Árbol maderable

Leña casa

Todo el año

Mujeres y niños

Morcillo

Fruto

Alimentación población

Junio

Niños

Cotobé

Árbol maderable

Construcción vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Caimo

Árbol maderable

Construcción vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Granadilla de Monte

Fruto

Alimentación población

Junio

Niños

 

 

Para los habitantes de Untí, el río Cauca juega un papel importante, no solo porque es un espacio de explotación de recursos significativos desde el punto de vista económico, sino por que se convierte en el centro de interacción e intercambio de conocimientos y experiencias vitales entre habitantes de varias localidades del norte del municipio de Buriticá, especialmente las veredas Untí, Carauquía y el corregimiento de Tabacal,  lo que le imprime al río una connotación especial a la dinámica de relacionamiento veredal.

Desde el punto de vista de la explotación de los recursos, el río Cauca se convierte en fuente importante de la economía local, pues allí practican la pesca y la minería, de forma estacional en las épocas de verano, que para esta región se concentran por los meses de diciembre, enero y febrero.

Con relación a la pesca, podemos afirmar que es una actividad eminentemente masculina en lo relacionado con la captura, pero en la comercialización las mujeres juegan un papel importante; se practica de forma estacional, pues únicamente lo hacen en los meses de verano.  Para ello se desplazan al río Cauca, principalmente al sitio conocido como El Salto, que se localiza en la desembocadura de la Quebrada La Clara; a este paraje también acuden a desarrollar esta actividad habitantes de Carauquia, Tabacal y población dispersa de la parte central del municipio; para llegar allí, los habitantes de Untí se tienen que desplazar por espacio de hora y media por la orilla de la Quebrada La Clara y principalmente lo hacen en las horas de la noche, de tal forma que les permita desarrollar la pesca hasta aproximadamente las siete de la mañana.

Para la captura utilizan básicamente la atarraya, que es elaborada por especialistas dentro de la comunidad; en algunos casos utilizan varas, nylon y anzuelos, usando como carnada “tripa de bocachico”, lombriz y “chiche de avispa”.  Antiguamente, acudían también a realizar esta actividad a la quebrada La Clara, pero, por la disminución de su caudal y la contaminación de esta corriente superficial, disminuyó la variedad de especies y el volumen de la pesca.

 

Al ser El Salto un lugar frecuente e intensamente concurrido, el “barrido” del río con la atarraya debe hacerse por turnos; es decir, que a medida que los pescadores van llegando al río, empiezan a coger turno por realizar el recorrido que puede ser de aproximadamente un kilometro.  Así mismo, pero en menor proporción, acuden al sitio conocido como Arce, que se localiza a 10 minutos, aguas arriba de El Salto, donde únicamente se pesca con anzuelo.

 

Las especies que se capturan son:

 

  • Bocachico
  • Dorada
  • Bagre
  • Barbudo
  • Anguila
  • Picuda
  • Sabaleta

 

La mayoría de la pesca se destina a la venta que se realiza en Sinsierco y en la cabecera del  municipio de Buriticá y son las mujeres las encargadas de realizar esta actividad.  Una pequeña proporción se destina al consumo familiar y al regalo a sus vecinos.  Parte de los pescados son salados y secados al sol para el consumo de la semana.

 

También la minería se desarrolla fundamentalmente durante los periodos de verano; un solo habitante lo hace durante todo el año.  Básicamente, el procedimiento consiste en lavar los

 

lechos que se descubren cuando el río disminuye su caudal, pues allí se depositan arenas con alto contenido aurífero, que se desprenden de los filones de las cordilleras Central y Occidental y son transportadas a la cuenca del Cauca por las diferentes corrientes de agua.

 

Los lechos se explotan a partir de técnicas artesanales como son el barequeo, el mazamorreo y el zambullido.  Para esto utilizan dos tipos de herramientas: las que tradicionalmente son elaboradas por la comunidad y las de fabricación exógena que se obtienen mediante la compra en los principales centro de acopio de la región, que en el caso de Untí es la cabecera municipal de Buriticá.

 

Dentro del primer grupo sobresalen la batea y el canalón para los cuales se utilizan maderas como el ceibo y el amargo.  Antiguamente se lavaba el oro solamente con batea; el molino fue una herramienta que se introdujo posteriormente  y consiste en una canoa rectangular cubierta de un costal que se coloca sobre un andamio de madera o piedra  a la orilla del río, con una inclinación especial para lograr que el agua que se vierte circule sin dificultad.  En la parte superior de esta canoa se coloca la zaranda, un cajón también elaborado de amargo, con una lámina de zinc agujereada en el fondo, que actúa como colador; allí se deposita el material elegido para lavar, compuesto por arenas y cascajo.  Al verter agua del mismo río sobre este material seleccionado, las partículas finas que contienen el oro y los minerales de hierro pasan a través de la zaranda y quedan atrapadas por su mayor peso en el costal que cubre el molino.  Las piedras de mayor tamaño que no alcanzan a atravesar la zaranda, son desechadas para iniciar de nuevo la operación.

 

La batea es un instrumento cóncavo circular que se utiliza para el lavado directo de las arenas del río y durante la recortada, que consiste en separar (lo más que se pueda) la jagua (mineral de hierro) del oro.  El manejo de esta herramienta requiere de una mano experta que logre imponer los movimientos giratorios y las sacudidas necesarias para lograr el objetivo.

 

Dentro del segundo grupo de herramientas sobresale el almocafre[6] elaborado sobre un machete mediante la exposición al calor; se le da una forma curva en los extremos de manera que sirva para remover la tierra de la playa y de los antiguos lechos aluviales.  Otros utensilios y herramientas empleados son la pica, el recatón, la barra, el machete, el hacha y el costal.

 

Las diferentes técnicas utilizadas  para el desarrollo de esta actividad dependen de los períodos estacionales; el mazamorreo que implica el manejo del molino, se practica durante el invierno cuando se dedican a la extracción del material que reposa en los antiguos lechos aluviales; el barequeo que solamente requiere de la batea, se aplica durante el verano cuando el río está “tirado” (pequeño) y quedan al descubierto extensas playas, al igual que el zambullido donde se utiliza la batea y el molino.  Este último se ejecuta directamente en el río fabricando un muro de piedras a manera de contención de la corriente para facilitar la inmersión del minero con la batea, quien recoge del fondo del río las arenas que serán depositadas y lavadas en el molino.

 

En la aplicación de cualquiera de estas técnicas es necesario tener un conocimiento detallado de la estratigrafía del suelo, pues la tierra que lleva el oro tiene características particulares que deben tenerse en cuenta para garantizar el rendimiento y la eficacia del trabajo.

 

El proceso de lavado se realiza durante toda la semana, al final de la cual  se inicia la llamada “recortada” que, como ya se dijo, consiste en verter el material depositado en el costal en una batea con el fin de separar la jagua (minerales de hierro) del  oro.  Posteriormente para la separación final del oro, se procede a la colada que se realiza en una pequeña totuma conocida con el nombre de “jaguero”, donde se adiciona un macerado de plantas, que bien puede ser de Cedro Playero o Yomato.  De acuerdo a consultas realizadas con biólogos botánicos e ingenieros químicos, las plantas producen una disminución en la tensión superficial del agua y la flotación de las partículas de oro por absorción de moléculas de largas cadenas de carbono (Duque y Espinosa 1994).  La incorporación de este macerado, reemplaza los métodos de amalgamación utilizados en otras regiones mineras del departamento.

 

Las últimas actividades del proceso minero, son quizás las más importantes, pues el éxito del trabajo depende de la capacidad que tiene el minero para imponer movimientos rítmicos a la batea durante la recortada y al jaguero durante la colada.

 

Esta labor influye de manera directa otras esferas de interacción regional, pues la minería no sólo es asumida como una actividad productiva, dado que involucra diferentes elementos que establecen sentidos de pertenencia y formas particulares de reconocer a otros sujetos, además de definir las reglas de relaciones sociales entre unos y otros, planteando con ello una forma singular de concebir el espacio. 

 

 

–           La alfarería

 

Verdaderamente son pocos los que saben de la existencia de un pequeño cerebro en cada uno de los dedos de la mano, en algún lugar entre falange, falangina y falangeta…

…Lo que este barro esconde y muestra es el tránsito del ser en el tiempo y su paso por los espacios, las señales de los dedos, los arañazos de las uñas, las cenizas y los tizones de las hogueras apagadas, los huesos propios y ajenos, los caminos que eternamente se bifurcan y se van distanciando y perdiendo unos de los otros… José Saramago. (La Caverna. Alfaguara, Bogotá 2001)

 

 

La alfarería como actividad artesanal se ha realizado en esta localidad desde hace mucho tiempo; a partir de la historia oral no fue posible conocer sus orígenes, pero los habitantes informan que se ha sido una labor de varias generaciones y su conocimiento lo han heredado de los “antiguas”.  Aunque en la actualidad puede considerarse una actividad marginal, en el pasado jugo un papel importante en la economía local y su disminución esta

 

ligada a la perdida de la funcionalidad de este tipo de productos entre los habitantes del municipio y el Occidente en general.

 

En palabras de don Saúl Jaramillo:

 

Este trabajo al igual que el del sombrero se dañó en la época de la violencia…la mejor alfarera era mi hermana que ahora vive en Medellín y quedo remplazándola como mejor alfarera Marta Dolma que es la nuera de mi hermana María.

 

La incorporación de esta región a los mercados departamentales y nacionales hizo que los recipientes de barro fueran remplazados por aquellos elaborados en aluminio y peltre. De esta forma, el desarrollo de la alfarería entre los habitantes de Untí se convierte en una actividad que evoca un pasado próspero, cuando se transitaban los caminos hacia Giraldo, Cañasgordas, Liborina, Peque y Sabanalarga.

 

Como en otros lugares de Occidente, la producción de los objetos de barro es una actividad eminentemente femenina, donde todo lo que tiene que ver con la fabricación y posterior comercialización está a cargo de las mujeres[7].  Antes era desarrollada por un gran número de ellas, pero ahora solo la desempeñan cinco mujeres, que son:

 

  • Alicia Higuita
  • Marta Oquendo
  • Severiana Higuita
  • Maria del Socorro Higuita
  • Marina Jaramillo

 

La producción alfarera de los habitantes de esta localidad puede ser explicada a la luz de una serie de pasos que conforman una cadena operatoria que va desde la obtención de las materias primas hasta su comercialización.  Estos pasos pueden dividirse y ordenárse en fases, de las cuales distinguimos aprovisionamiento, producción, distribución y uso.

 

Fase de aprovisionamiento: corresponde a las actividades que desarrolla el grupo de alfareras de Untí, para obtener arcillas[8] que servirán como materia prima en la elaboración de recipientes y otros objetos cerámicos.  Las alfareras de Untí realizan esta actividad en una mina que se localiza en las inmediaciones del caserío, lugar que han utilizado por décadas para obtener el material necesario.  Esta actividad no es desarrollada por la totalidad de las alfareras de Untí, pues solo la realizan dos de ellas, quienes se encargan de recoger toda la arcilla que necesitan ellas y las demás; se realiza en las horas de la mañana.

 

Dice doña Alicia:

 

el barro bueno para las ollas es el barro negro, porque el otro barro es rajador, el barro para hacer cayanas tiene que ser colorado.  Antes se cocinaba en las mismas ollas que hacían, se pisaba el barro con toda la arena y eso duraba mucho.

 

Si tenemos en cuenta las afirmaciones anteriores, esta fase se articula a la esfera tecnoeconómica  relacionada con la obtención intencional de cierto tipo de materias primas como primer paso para la elaboración de objetos cerámicos de donde puede inferirse el tipo de intensidad  y  manejo de las zonas elegidas para la extracción (Foto 1).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 1. Doña Alicia preparando el barro. Vereda Untí, Municipio de Buriticá.

 

 

Fase de manufactura:  Corresponde al procesamiento y transformación de la arcilla en objetos cerámicos.  Es una de las fases más importante para el conocimiento de la industria alfarera como actividad productiva y social.  De acuerdo al procedimiento tecnológico empleado para la fabricación de piezas, es posible identificar dos actividades con implicaciones tecnoeconómicas, sociales e ideológicas diferentes: procesamiento de la arcilla, que tiene que ver con la manipulación de la materia prima hasta convertirla en la pasta con las características deseables para el alfarero y el proceso de elaboración de la

 

pieza que implica una técnica de elaboración y unas técnicas de cocción.  Con relación al procesamiento de las arcillas encontramos que las alfareras de Untí no le adicionan ningún componente mineral, lo que da a entender que las materias primas locales utilizadas para su elaboración contienen los desgrasantes necesarios para hacerla maleable y poder moldear las piezas (Fotos 2 y 3).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 2. Severiana al comenzar el modelado. Vereda Untí, municipio de Buriticá.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 3. Modelado del barro. Vereda Untí, municpio de Buriticá

 

En la actualidad la técnica de elaboración es el modelado directo, pues, como ya se dijo, la producción alfarera se restringe a la fabricación de callanas; este modelado directo lo hacen sobre una callana vieja que les sirve como molde en el inicio del modelado; posteriormente, modelan el resto de la callana, primero para arriba y luego la aplanan con los dedos; para darle el acabado utilizan una pequeña piedra que les sirve como pulidor y este acabado consiste en un alisado de superficie por la cara externa; este tipo de objetos se elaboran en dos tamaños.  Anteriormente, también se recurría a la técnica del rollo para realizar otro tipo de recipientes diferentes a las cayanas, conocidas con los nombres de olletas, cazuelas y ollas; así mismo, realizan algunos objetos por encargo como son los “candeleros” y algunas ollas que se destinan a la decoración de viviendas.

 

Las alfareras no se dedican exclusivamente a esta actividad; la combinan con los oficios domésticos y otra actividades propias de las mujeres en esta comunidad; durante las horas de la tarde cada una de ellas modela 4 o 5 cayanas, acumulando en la semana entre 20 y 25 de ellas.

 

Después del modelado y antes de la cocción es necesario disponer las piezas en un espacio seguro y a la sombra para que su secado sea lento y no pierdan la humedad rápidamente, por que de lo contrario, se fracturarían antes de ser sometidas al fuego.  El lugar acostumbrado en donde se disponen las piezas para el secado antes de la cocción es la cocina, sobre el fogón en un pequeño andamiaje similar a una troja, a una altura aproximada de 1.80 m sobre el fogón; de esta forma se protege las piezas de las travesuras infantiles y al mismo tiempo se genera un ahumado leve que ayuda al acabado definitivo de las piezas.

 

La cocción se realiza en los patios de las casas en lugares previamente establecidos para ello; el proceso de quemado solo demora una hora y la leña utilizada es caña brava y matarraton delgadito, pues, en palabras de doña Severiana, “la leña gruesa no sirve porque  quiebra los tiestos”.  Todos los sábados se quema el producto de la semana.  Esta actividad la desarrolla de 4 a 5 PM, por considerarse el momento más fresco de la tarde.

 

El horno se improvisa a cielo abierto donde se disponen tendidos de maderos delgados formando una malla en la cual son distribuidas las piezas para luego ser cubiertas con otros leños, esta vez de una manera menos ordenada; antes de terminar este segundo tendido, ya se ha iniciado el fuego en el soporte, de forma que cuando se le están poniendo las últimas astillas de madera ya el fuego ha cubierto la totalidad de las cayanas.  De acuerdo a lo observado, se trata de una cocción en atmósfera oxidante, con temperaturas muy bajas donde se presenta una fuerte cantidad de oxigeno en la combustión generada por los intersticios que quedan del tendido y el soporte; la temperatura de cocción debe ser muy baja pues la combustión es rápida y no se tiene el tiempo suficiente para alcanzar temperaturas superiores a los 500°C, lo que genera cerámica en la mayoría de los casos con cocción incompleta y manchas de cocción en ambas caras.

 

Durante este proceso es común que se fracture el 30% o 40% del total de las piezas  quemadas; algunas de ellas son reutilizadas como moldes para la fabricación de las nuevas callanas.  Los tiestos de las callanas reventadas se dejan en patio de la casa por lo que es común encontrar gran cantidad de ellos dispersos por todo el asentamiento.  La ceniza que

 

queda de la quema se barre y por eso no queda ninguna huella visible en el lugar donde se lleva a cabo esta actividad (Foto 4).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 4. Sitio para la cocción. Vereda Untí, municipio de Buriticá.

 

 

Fase de distribución:  Las callanas se comercializan en la cabecera municipal de Buriticá; allí, localizadas en un lugar especifico del mercado dominical, que ya es reconocido como su punto de venta; las alfareras de Untí desarrollan una ardua labor de comercialización, tratando de conciliar sus precios con los ofrecimientos hechos por  pequeños comerciantes que quieren comprar su producción a bajos precios.  Las cayanas pequeñas son ofrecidas a $ 1.000 y las grandes a $ 4.000, pero se pueden vender hasta en la mitad del precio, dependiendo del recateo, la amistad y la cantidad.  Algunas de las cayanas producidas por las alfareras de Untí, después del mercado, continúan su recorrido por otras localidades de occidente, pues son compradas por pequeños comerciantes y las revenden en otros mercados, como las de Liborina, Cañasgordas, Giraldo, Olaya, Sucre y Santa Fe de Antioquia.

 

Tiempo atrás, la distribución de esta producción no sólo se realizaba en el mercado de Buriticá, sino que las alfareras se desplazaban directamente a mercados más lejanos y amplios como el de Cañasgordas y Giraldo, donde obtenían buenos precios, ya que entonces estos objetos tenían mayor funcionalidad pues hacían parte del menaje doméstico de los campesinos del Occidente antioqueño.  Ahora, perdida la funcionalidad, el mercado se ha deprimido; en ello ha incidido también el hecho de que la red de relaciones sociales

 

que incluye las relaciones comerciales, se han restringido al ámbito local y municipal.  De esta forma, el decaimiento de la distribución de la producción alfarera ha jugado un papel importante en las transformaciones sociales de la comunidad de Untí, agenciando cambios en la concepción del territorio y las relaciones inter locales (Foto 5). 

 

El Untí de hoy es tan plano como una cayana, tan compacto y frágil como el barro cocido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 5. Cayanas en el mercado dominical de Buriticá.

 

Fase de uso:  Está relacionada con la función específica que se da a cada uno de los objetos elaborados  en las diferentes actividades desarrolladas por el grupo.  El uso tiene que ver con actividades cotidianas (productivas, ceremoniales, sociales).  Esta fase recoge la secuencia de las acciones intencionales de las fases anteriores,  con el fin de proveer objetos funcionales y/o simbólicos que forman parte de la cultura material, no sólo del grupo, sino también de aquellos que los compran, exhiben y/o usan.

 

–           La imaginación del territorio

 

 

San Silvestre bendito

Guardame bien mi casa

Y todo mi alrededor

Guárdame de brujas hechiceras

Y del hombre malhechor

San Silvestre

San Damián

San Jorge

Santa María

Santa marra

Santa María

Ora pro nobis

Ora pro nobis

Ora pro nobis (Oración para ahuyentar a las brujas, proporcionada por un habitante de Untí).

 

El territorio está modelado por un conjunto de imaginarios colectivos, aunque en algunos casos pueden contener elementos individuales, ligados en buena medida con las manifestaciones espaciales que se le otorgan a las presencias no materiales, a las leyendas y a las personas con poderes sobrenaturales, que son reconocidas socialmente. Este modelado limita los espacios de uso y circulación, influencia el sentido de arraigo o desarraigo entre sus habitantes y se articula a las formas de control social y a la generación de normas de conducta, así como a la configuración de identidades locales y regionales.  De esta forma la esfera territorial y la percepción, valoración e imaginación que se tiene de ella, entran a jugar un papel importante en las relaciones sociales.

 

Las brujas, como seres humanos con poderes sobrenaturales, tienen espacios propios de acción que al ser reconocidos, intervienen en la concepción del territorio.  La creencia en la eficacia del accionar de estos seres o entidades, así como sus manifestaciones espaciales tienen un reconocimiento regional, lo que articula una serie de localidades en torno a imaginarios comunes; estos espacios de reconocimiento regional, de carácter fijo y de permanencia entran a articularse con las manifestaciones locales del fenómeno de la brujería que generan espacios intermitentes y de tránsito.

 

La articulación a escala regional a partir de las creencias sobre la brujería se manifiesta en espacios de reconocimiento común por parte de los habitantes de diversas localidades que denotan lugares de encantos y asentamientos de brujas.  Es así como la laguna de Carquetá, el Cerro del Chocho, La Vuelta de la Catalina, el pozo de Garrido, el Cerro del Aguilar, son reconocidos como espacios propios para el accionar de estos seres en el contexto regional, agenciando  patrones comunes de percepción del territorio e identidades frente a entornos geográficos amplios.  Así mismo, el reconocimiento de Sinicierco como asentamiento de brujas, por parte de los habitantes de Untí y de otras localidades del centro y occidente de Buriticá, muestra que existe una concepción del territorio que sobrepasa la esfera local.  Saúl Oquendo en un relato ilustra esa concepción regional del entorno espacial de las brujas:

 

El pozo de Garrido era donde las brujas se iban a hacer sus bailes…también iban a la ciénaga de Carquetá…esa ciénaga se seco, nadie sabe por qué, pero era un sitio muy peligroso, si alguien caía allí no volvía a salir jamás, nadie sabe cómo crearon el pozo y la ciénaga…pero si se cuenta que era a donde el diablo bailaba con las brujas.

 

La versión de Carlos Alirio Jaramillo contiene elementos locales y regionales que fortalecen la descripción anterior:

 

en esta vereda no existen las brujas pero anteriormente si las había…ellas están en Sincierco y algunas veces pasan volando de camino a Carqueta que queda al otro lado del río, en Sabanalarga.

 

Sincierco es referido como sito donde “abundan” las brujas, este es un elemento del contexto municipal, pero no es clara su intención; Don Eladio Rodríguez de Untí plantea la no existencia de brujas en su vereda, sin embargo si las relaciona en Sicnicerco:

 

En Untí no hay brujas, ellas vienen de Sinsierco y acostumbran tapar los caminos enmalesándolos y molestan los hombres de noche, asfixiándolos, sentándoseles en el pecho no dejan resollar.

 

Estos seres sobrenaturales eran muy comunes en el pasado, aunque en la actualidad casi no se habla de ellos; ejercían sus poderes principalmente sobre los hombres, pues no se hace referencia a ningún caso donde le haya sucedido a una mujer de Untí.  De alguna forma, tal singularidad está generando un control social y unas normas de conducta en los hombres, restringiendo su circulación, sugiriendo la abstinencia de consumo de licor y marcando pautas morales frente a la infidelidad.

 

Los mohanes están asociados a la zoomorfización de lo humano, ya que corresponden a personas que tienen la capacidad de convertirse en animal con el ánimo de producir miedo en los demás; en contraste con las brujas, estos seres seleccionan a las mujeres como objeto de su acción.  La transformación que sufren estas personas no incluyen la cabeza, pues se encuentra restringida por la aplicación del crisma bautismal; de esta forma se está vinculando una creencia religiosa con acciones paganas señaladas como no convencionales dentro de la ideología judeo-cristiana.  La cobertura espacial del mohan es restringida y se limita únicamente a su comunidad generando particularidades independientes en la percepción del territorio, ya que en cada asentamiento se referencian lugares especiales de su aparición. Esta esfera local de concepción del territorio contrasta nuevamente con la creencia de las brujas que tiene una connotación más regional.

 

Si las brujas coadyuvan en el control social de los hombres, los mohanes lo hacen con las mujeres; así mismo estos últimos delimitan espacios de usos femeninos y la circulación socialmente reconocida de las mujeres.  Al respecto refiere Doña Alicia Higuita:

 

Estos son personas, como cristianos normales que tienen estudio para convertirse en animales…lo que hacen es asustar a las personas principalmente a las mujeres

 

Por otro lado, los duendes centran sus acciones en los niños, aunque en algunas oportunidades influyen sobre los adultos; ello esta demarcando restricciones con relación a la movilidad y uso social del territorio.  Se presentan con la figura de algún pariente y convocan a los niños hacia las cañadas para extraviarlos (jugar con ellos) de su camino. Como lo plantea la misma Doña Alicia Higuita:

 

Los duendes sí no son personas; es como un animal que habita principalmente en las cañadas y se dedica a asustar a los niños, aunque en algunas ocasiones también lo hace con las personas adultas.  Para asustar a los niños se convierte en un familiar de ellos y en algunas ocasiones los niños se confunden y se van con los duendes; se quedan un rato y también días perdidos hasta que aparecen en los caminos o en las cañadas.

 

 

4.2.2.2    Bubará

 

 

–           Localización

 

Bubará es una de las 32 veredas del municipio de Buriticá; se localiza en el sector central, al nor-occidente de la cabecera municipal; para llegar a ella, es necesario desplazare por un camino de herradura desde la cabecera, por espacio de cuarenta minutos; este camino parte del sector sur del municipio, coge en dirección norte por una ladera hasta llegar al sitio de Piuntí, donde voltea al occidente por una pendiente  hasta llegar a la localidad; esta ruta hace parte del camino “real” que comunicaba antiguamente a Buriticá con el corregimiento de Tabacal.  Sus terrenos se encuentran en la zona de vida de Bosque seco tropical (bs-T), donde predominan las altas temperaturas (mayores de 24° centígrados), una baja pluviosidad y vegetación  arbustiva que se concentra en las orillas de la quebrada.

 

Se trata de un asentamiento semiconcentrado que se localiza en un sistema de colinas bajas aledañas a la quebrada La Remango, articuladas por cuchillas amplias y poco pendientes donde se encuentran las viviendas; están distanciadas 100 mts. Aproximadamente una de la otra, configurando amplios espacios entre ellas que son utilizados como huertas donde se cultiva caña de azúcar, arboles frutales y se hace un manejo de la sucesión natural de la iraca, elementos que son muy importantes en la vida económica de este poblado (Foto 6 y Dibujo 2).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 6. Panorámica de la vereda Bubará, municipio de Buriticá.

 

–          Territorialidad e Historia

 

Los habitantes de Bubará, como los de Untí, no recuerdan los orígenes de este asentamiento, pues estos acontecimientos se han perdido en el tiempo.  Afirman sin embargo que varias generaciones de Tuberquia, Graciano e Hidalgo, han ocupado este territorio desde hace más de 100 años.  La historia más antigua la reconstruyen a partir del conocimiento minucioso que tienen de su entorno que incluye el reconocimiento de alteraciones antrópicas significativas en el paisaje,  el hallazgo cotidiano de restos de la cultura material de los pobladores de épocas remotas, y las leyendas sobre personajes populares en la tradición oral municipal y regional.

 

El referente más antiguo sobre los inicios del poblamiento es la ocupación por parte de grupos indígenas, que los actuales habitantes identifican a partir de continuos hallazgos de fragmentos cerámicos dispersos por todo el caserío y esporádicos encuentros de “sepulturas” en grandes recipientes de barro; los habitantes interpretan estos como las manifestaciones de una ocupación antigua de indios que no tenían oro y a partir de allí dicen que “estos indios son igual de pobres que nosotros”.  Aunque no vinculan este poblamiento antiguo con la actual ocupación que hacen ellos del territorio, sí se identifican como población “aindiada” aunque no quieren saber nada de esta “categoría” étnico-racial, afirmando que los indios “no eran gente” y se acabaron hace mucho tiempo, quedando ellos como sus descendientes quienes sufrieron un proceso de humanización a partir de la evangelización. Este elemento es bien interesante ya que expresa la existencia de una contradicción en la imagen tienen hoy los habitantes de Bubará de esos antiguos pobladores, pues, de un lado, se les niega la categoría de humanos y se asocian con demonios, mientras que de otro, se les reconoce su tenacidad en el desarrollo de actividades mineras, así como sus conocimientos para el manejo del entono geográfico y su saber

 

sobrenatural, atribuyéndoles poderes que los habitantes de ahora ansiarían tener.  Es común ver cómo los pobladores de Bubará, en medio de sus trabajos agrícolas y sus recorridos cotidianos, imaginan ese pasado a partir de la observación de unos cuantos tiestos encontrados superficialmente; por ello no es raro que al ser preguntados por su historia, miren al piso buscando unos cuantos fragmentos para demostrar la antigüedad de este asentamiento y para hablar de las calidades de aquellos pobladores del “otro día”, dicen:

 

…eran muy verracos, tanto así que no parecen gente…mire los laboriados y la quemada…esta gente sabía más que los de Untí…pero no nos dejaron nada de orito…el cacique Buriticá y María Centena lo escondieron y no se sabe en donde…no nos dejaron nadita de oro.

 

Cuando quieren resaltar la importancia minera de sus territorios en un pasado que no vivieron pero que logran reconstruir a partir de la observación de elementos antrópicos transformadores del paisaje, se remiten a la quebrada donde se encuentra la evidencia material de esa antigua actividad; describen y señalan un conjunto significativo de acumulaciones de piedra, la mayoría de ellas aledañas al cauce, que forman muros o vallados con alturas y formas diversas, asociados con la explotación intensiva del recurso aurífero; para afirmar que se trataba de obras relacionadas con la extracción de oro a gran escala, acuden a su experiencia como mineros artesanales para decir que aquellas son el producto de trabajos de cuadrilla conformadas por individuos con fuerzas superiores a la humana[9].  De esta forma se vincula el pasado remoto con la cotidianidad, generando continuas y cambiantes interpretaciones sobre aquellos acontecimientos que han dejado huellas en este territorio.  Ese pasado cobra importancia y significación en el comportamiento social cuando aquellas interpretaciones se articulan en narrativas compartida por toda la comunidad; niños, jóvenes y adultos encuentran en las evidencias de la quebrada, las marcas y referentes de la ocupación del territorio y de la explotación de los recursos de los cuales da cuenta la tradición oral que pasa de generación en generación.

 

Los vallados son entonces elementos significativos en la percepción y descripción que hacen ellos de los primeros momentos de la ocupación de la zona, pero son elementos que aparecen de manera fragmentaria en su discurso; en algunas oportunidades son asociados con María Centeno y sus poderes “demoníacos”.  Este personaje histórico, convertido en figura de leyenda, y casi mitificado por los habitantes de todo el Cañón del Cauca, es referenciado por los habitantes de Buriticá sin distingo de ascendencia étnica o condición social; esta mujer, se dice, era la encargada de dirigir los trabajos de los indios, a quienes tenía esclavizados, haciéndolos trabajar en la explotación del oro (Foto 7).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 7. Vallados. Vereda Bubará, Municipio de Buriticá.

 

Doña Carolina Úsuga cuenta que:

 

María Centeno era una hija descarriada de los reyes católicos que se vino para Colombia…era una mujer entendida en lo de la minería y ella con los indios y sus legiones de diablitos hicieron los vallados que se ven por allá por la orilla de la quebrada La Playa[10].

 

El conocimiento histórico que la comunidad tiene a partir de las experiencias vividas por ellos y por sus ascendientes directos, se remonta a los últimos 100 años; en los relatos se resalta la continuidad en la ocupación del territorio, los conflictos políticos que debieron afrontar y las actividades económicas que generaban buenos ingresos en el pasado.

 

Para  demostrar la continuidad de su ocupación del territorio acuden a la relación de sus ancestros, tratando de demostrar cómo ellos eran quienes habitaban este caserío, agregando que “siempre les ha gustado casarse entre ellos”; esta referencia también surge cuando se les pregunta por los parientes que viven en su localidad; de esta forma ratifican su identidad con el territorio a partir de mostrar una conducta social endógama evidenciada en el hecho de             que los Tuberquia, Graciano e Hidalgo están emparentados entre sí desde hace muchas generaciones.  De esta forma utilizan el pasado para justificar patrones sociales actuales relativos a las reglas de matrimonio y parentesco.

 

Al ser indagado Don Marceliano Tuberquía por la historia de este asentamiento dice que:

 

Los mayores que vivían en Bubará eran Pacho Tuberquía “el General”, Pacho Tuberquia el hijo, Manuel Tuberquia, Sebastián Tuberquia, Elías Hidalgo, Juancho Hidalgo, Joaquín Hidalgo, Benancio Hidalgo, Cruz Hidalgo, Valentín, Cipriano Tuberquía que era mi papá, Protacio Tuberquia abuelito mío y de mi mujer, Julián Hidlago, Simón Graciano, Petrona Tuberquia, Juana Tuberquia, Rosa Tuberquia, Cruz Tuberquia, Joaquín Tuberquia, Teresa Tuberquia.

 

Es un  notable recuento de cabezas de familia, sugiriendo una continuidad en el poblamiento del territorio por parte de las mismas parentelas que actualmente ocupan la localidad.  Otros coinciden en afirmar que todos los anteriores habitantes de Bubará eran propios del lugar negando la presencia de foráneos o forasteros.

 

Al igual que en muchas de las localidades del occidente medio, en esta vereda los conflictos armados del siglo XX, de amplía repercusión en la región, marcan momentos importantes que son recordados como hechos históricos significativos.  En Bubará algunos de sus habitantes evocan fragmentos de la realidad vivida en la guerra de los mil días y en “la violencia” de los 50s.  Afirman que durante la época de la violencia en esta localidad no ocurrieron hechos significativos lamentables, pues nunca se presentaron enfrentamientos y no fue quemada, como si sucedió con otras tantas localidades cercanas; por esta razón, afirman que no se presentaron fuertes movimientos de población en esos años, por lo que no se han generado rupturas en la ocupación reciente del territorio.

 

El relato de doña Ana Rosa Tuberquia se remonta a la guerra de los mil días, mezclando los acontecimientos de este evento de finales del siglo XIX y principios XX, con los de la violencia de los 50´s.

 

Cuando Gaitán aquí en Bubará no pasó nada…lo que si oíamos eran las historias que la tía de mi mamá contaba…decía que cuando estaba mediana, nos contaba que había una violencia muy horrible por estos lados…ahí bajó dizque allá en el Picacho, allá en Llanito se llama Picacho…pa’ Sincierco…se pusieron a peliar unos ejércitos a yo me recuerdo que ella decía quizque esa guerra era la de los mil días…pero yo no me recuerdo de que en la violencia de Gaitán hubiera pasado algo por  aquí

 

Así, entonces, plantean que Bubará siempre ha sido el mismo pequeño poblado,  distribuido en tres calles, con las mismas familias y con una economía de subsistencia que ahora está decayendo.  La disminución en la demanda de productos tradicionales del asentamiento como la panela y los objetos de cestería, hacen que al evocar el pasado aludan con nostalgia a aquellas épocas cuando esas sus actividades económicas eran rentables y sus dividendos les permitían satisfacer muchas de sus necesidades.

 

Los productos artesanales elaborados a partir de la Iraca fueron durante muchas décadas emblemáticos de la localidad; sus habitantes recuerdan que en la primera mitad del siglo XX la fabricación del sombrero “Panamá”, era una actividad económica a la cual se dedicaba toda la comunidad, generando ingresos a todos sus miembros, oficio que declinó por la disminución de la demanda en los mercados nacionales e internacionales.  Mientras las mujeres tejen la Iraca para fabricar esteras, junto con la “chinas” o abanicos, únicos objetos de cestería que se siguen produciendo hoy en Bubará, recuerdan como antes los diversos objetos tejidos eran ampliamente demandados, pues hacían parte fundamental de la utilería doméstica de los campesinos de muchas veredas; en esta época todas las mujeres de la localidad se dedicaban a la cestería y por ello recibían importantes ingresos; recuerdan ese pasado no muy remoto,  mientras unas pocas de ellas alistan su reducida producción semanal para llevarla al mercado dominical de Buriticá.

 

Cuentan también, como la producción panelera de la comunidad abastecía gran parte del mercado municipal; esta situación fue transformándose de manera desventajosa para ellos, cuando a Buriticá empieza a entrar la producción panelera de los de grandes establecimientos paneleros del occidente con precios con los cuales los productores de Bubará no podían competir.  Los habitantes de Bubará recuerdan, mientras orgullosamente operan manualmente sus trapiches artesanales, llamados localmente “amansa yernos” o “matagente”, que esta es una actividad muy antigua y con una significativa importancia en su historia.

 

– Territorio y población

 

En Bubará habitan 127 personas que conforman 30 familias, distribuidas en tres sectores: Buga, Arrieral y El Hoyo; esta distribución espacial se ve reflejada en las relaciones de parentesco, ya que a cada sector están asociados grupos familiares predominantes, aún cuando se presentan estrechos vínculos entre sectores y parentelas. 

 

El sector de Buga es la parte central de la vereda; allí se localiza la escuela, por él entra el camino que viene de Buriticá y está habitado por un tronco importante de la parentela Tuberquia. El sector del Arrieral se localiza al noroccidente de Buga, sector con el que se comunica por un camino de unos 250 m.; allí viven los Hidalgo; en el Hoyo, que esta al occidente de Buga y al suroccidente del Arrieral, viven familias emparentadas conformadas por uniones matrimoniales entre Tuberquia e Hidalgo.

 

La distribución espacial del poblado presenta algunas características que la comunidad relaciona con diferencias internas en cuanto a poder adquisitivo y propiedad de la tierra; los Tuberquia del sector de Buga, tienen amplios patios con huertas que son intercaladas con viviendas y pequeños trapiches; son reconocidos como los que tienen una mejor calidad de vida por que perciben mayores ingresos económicos, pues poseen pequeñas extensiones donde tienen cultivos para el auto-consumo y caña para la producción de guarapo. Los habitantes del Hoyo y Arrieral,  tienen lotes mas pequeños y por tanto sus viviendas están más concentradas, no poseen la infraestructura para procesamiento de la caña y no poseen tierras para los cultivos.

 

Existen diferentes tipos de construcciones arquitectónicas en esta localidad, por lo que el entorno adquiere un orden particular donde se diferencian espacios construidos, espacios de cultivo y espacios comunitarios.  Se construyen casas y pequeñas ramadas para ubicar los trapiches.  Hay dos tipos de vivienda que están hablado de dos momentos constructivos; aquellas casas construidas en tapia y teja de barro, nos hablan de construcciones de más de 70 años que están siendo habitadas por descendientes de sus constructores, sin que en la actualidad existan especialistas para el oficio, pues en la comunidad no hay tapieros y el tejar de Piuntí hace mucho tiempo que dejó de funcionar. De esta forma, la desaparición de un oficio y las limitaciones en la consecución de los materiales tradicionales, impulsó la aceptación de nuevos materiales y con ellos, de nuevas estructuras habitacionales; hace 20 años se vienen modificando las antiguas viviendas y ahora son construcciones con paredes de bahareque y techos de zinc.  En todos los casos se trata de viviendas construidas a dos aguas, que le dan el frente al cañón y a la quebrada; la fachada principal, contiene las ventanas y las puertas de acceso a la casa y la cocina, dando a un corredor que sirve de espacio social, para el desarrollo de actividades cotidianas relacionadas con la preparación de alimentos, y para el almacenamiento de productos agrícolas o herramientas de labranza; en las construcciones más recientes y en algunas de tapia la cocina suele ser una construcción independiente separada unos cuatro o cinco metros de la construcción destinada para al habitación (Foto 8).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 8. Casa en la vereda Bubará, municipio de Buriticá.

 

Las ramadas para los trapiches son construidas al frente o al lado de la vivienda, en el solar o patio adyacente a al misma y cerca de la cocina; constan de seis postes que sirven de soporte a un techo de paja de Iraca, bajo el cual se encuentra el trapiche propiamente dicho.  Se trata de espacios donde se desarrollan muchas actividades aparte de la producción de guarapo, pues se convierten en lugares de encuentro social en el que se comparten experiencias, historias cotidianas y se miden capacidades físicas, pues la extracción del dulce jugo de la caña por este procedimiento artesanal, es una actividad extenuante. Estas construcciones están rodeadas de huertas, árboles frutales, café, caña e iraca que le imprimen al caserío su carácter particular, haciendo que las casas  queden camufladas y disfruten de cierta independencia de los vecinos y de sombrío gracias a  esta vegetación y arborización se convierte en un elemento importante del paisaje.

 

Aparte del entorno de las viviendas, los habitantes de Bubará manejan otros espacios geográficos mas amplios, que incluyen aquellos lugares que son utilizados para la pesca, la caza, los cultivos y la explotación minería, así como sitios que están asociados a los imaginarios tradicionales relativos a encantos, brujas y duendes.  El acto de apropiación y semantización de este entorno territorial se refleja en la toponimia, tal como lo muestra la tabla 9 que se presenta a continuación . Es importante resaltar la abundancia de toponímicos de claro ancestro indígena, como el mismo nombre del asentamiento, lo cual se convierte en evidencia adicional de la presencia de dichos grupos en el área, así como de la continuidad y vigencia de algunos elementos de este origen.

 

Tabla 9. Nombres de lugar y tipo de espacio que denotan en la vereda Bubará

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

La Remango

Rodrigo Tuberquia

Jorge Tuberquia

Isabelina Tuberquia

Marceliano Tuberquia

Ramón Tuberquia

Ana Rosa Tuberquia

Carolina Hidalgo

Quebrada

La Playa

Orillas de la quebrada Remango, aparición de duendes, sitio de minería, localización de evidencias de explotación antigua.

La Vuelta

Sitio de cacería, aparición de duendes

El Plan

Lugar de cacería

La Guarcana

Lugar de cacería

El Chochal

Sitio de cultivo

El Salto

Sitio de pesca, sitio de encantos asociados a María Centeno

Loma de los Indios

Sitios de encantos asociados a María centeno

La Calabacera

Lugar de residencia y sitio de encantos asociados a María Centeno

Piuntí

Lugar de tránsito y sitio de guacas

Pispal

Sitio de cacería

Llanogrande

Lugar de trabajo

Untí

Asentamiento

Aguilar

Cerro asociado a minería y encantos de María Centeno

El Chocho

Cerro asociado a guacas, encantos y brujas

San Cipriano

Alto asociado a guacas, encantos y brujas

El Obispo

Alto asociado a guacas, encantos y brujas

Los Arados

Asentamiento

Igumé

Cerro

La Asomadera

Asentamiento

Guatí

Sitio de minería, sitio de duendes

Ciruelar

Asentamiento

 

 

 

 

–                     Ordenamiento social del territorio

 

Al igual que en el resto de las localidades abordadas en este estudio, se consideraron aquí, dentro del ordenamiento social del territorio, cuatro elementos que muestran la organización interna de la vereda; estos son el parentesco, el liderazgo, las interacciones locales y la red de caminos.

 

En esta localidad se observa que hay una fuerte endogamia, representada por uniones matrimoniales entre miembros de las parentelas predominantes, situación que de acuerdo con el genograma levantado, se remonta por lo menos tres generaciones atrás.  Aunque esta es la situación predominante se observa que la personas venideras son por lo general las mujeres, dándose algunas alianzas matrimoniales entre hombres de la comunidad y consortes de algunas localidades de la montaña como Llanochiquito y el sector de Tabacal.  En todos los casos se observa una tendencia hacia la patrilocalidad , pues tanto las familias conformada por hombres de la comunidad con mujeres foráneas, como aquellas donde los dos miembros son nacidos en Bubará, tienden a ubicarse en cercanías a las casas de los padres del marido, por ello las uniones matrimoniales entre Tuberquias e Hidalgos se distribuyen básicamente en los sectores de Buga, cuando el marido es Tuberquia, y en Arrieral, cuando el hombre es Hidalgo.

 

Es muy común el matrimonio entre primos hermanos, tanto en la generación actual, como en las anteriores; tal es el caso de uno de los troncos principales de la parentela Tuberquia, donde se observa que tienen los mismos abuelos paternos, situación que también se observa en sus hijos. La información de parentesco sustentada en el genograma levantado en la comunidad (Anexo 2), permite afirmar que existe regularidad a lo largo del tiempo en los patrones de filiación, residencia y matrimonio.

 

Al igual que en Untí, el liderazgo en esta comunidad es difuso y fraccionado, pues no se identifica claramente quién cumple esta función. Esto puede estar motivado por dos elementos básicos: la fragmentación del asentamiento en sectores diferenciados, y las creencias religiosas que generan choques frecuentes que dificultan la implementación de proyectos que respondan a intereses homogéneos. En esta medida quienes detentan el poder son representantes de una de las parentelas, de un sector del poblado, o de una doctrina religiosa, lo que propicia que las decisiones no sean acogidas o avaladas unánimemente por la totalidad de los miembros de la comunidad. 

 

De lo anterior se deriva que la Junta de Acción Comunal, interlocutor reconocido por la administración municipal, no cuente con el respaldo de todos los miembros de la comunidad y así las relaciones de la J.A.C con la comunidad en general son restringidas y no reconocidas como legítimas, pues no todos reconocen su autoridad ni la eficacia de su gestión.  De otro lado, se nota una dependencia muy marcada hacia los programas de diversa índole, proyectados desde diferentes dependencias de la administración municipal, siendo personal foráneo el que toma las decisiones sobre los programas y proyectos a ser desarrollados en esta comunidad.

 

Al igual que en el caso de Untí, las relaciones con otros asentamientos se establecen a partir de transacciones comerciales, demanda de servicios de salud, búsqueda de empleo, la asistencia a fiestas y eventos religiosos o cívicos, y, en muy pocos casos, por relaciones de parentesco.

 

Es a la cabecera municipal de Buriticá a donde se acude con mayor frecuencia; su cercanía lo hace más accesible y de ahí la regularidad e intensidad en las relaciones que mantienen con dicho centro, siendo el día Domingo cuando se presenta un mayor flujo de viajantes. Gran parte de ellos asisten a diferentes celebraciones religiosas, eventos donde concurren también familiares, amigos y conocidos de otros sectores de Buriticá, dándose alrededor de estas celebraciones, ocasión para fortalecer relaciones sociales.  Si bien el mercado es importante, este no tiene una significación económica mayor, pues los productos agrícolas que los pobladores de Buriticá ponen en venta allí, son pocos y no pueden competir en precios con aquellos procedentes de centrales mayoristas o  de localidades vecinas con mejores terrenos para la producción agrícola.

 

Desde Bubará se abastece la demanda de artículos tejidos en iraca, principalmente esteras y ventiadores o “chinas”; aunque estos ya no son tan esenciales en el mobiliario doméstico, siguen siendo elementos distintivos de los pobladores de Bubará; su producción las más de las veces está comprometida, ya que su fabricación se hace por encargo; al mercado acuden entonces con muy pocos productos, y aun así, las ventas son escasas.  Las tejedoras, representantes de tres familias, se localizan en el mercado en cercanías de las alfareras de Untí y con ellas establecen relaciones de intercambio, tanto de productos agrícolas, como artesanales, compartiendo las dificultades con relación a la comercialización de sus productos.

 

Otras relaciones se establecen con algunas localidades de la “montaña”, principalmente con Guarco; ellas se basan en intercambios comerciales y laborales, los cuales en los últimos años han decaído, principalmente por la crisis cafetera, que antiguamente permitía la contratación de mano de obra de diferentes sectores de la región para trabajar en los cafetales. De otro lado, la demanda de productos agrícolas de tierra caliente por parte de los habitantes de Guarco, también ha disminuido en los últimos años, restringiendo el tipo de comercio que establecen con Bubará. También los pobladores de Bubará son contratados esporádicamente como jornaleros en fincas cercanas a la cabecera municipal, constituyéndose esta en su principal fuente de ingresos monetarios en la actualidad.  Las relaciones derivadas de las alianzas matrimoniales son muy reducidas, pues solo unas pocas mujeres de Bubará se desplazan ocasionalmente a visitar sus parientes a Guarco, Tabacal, Llanochiquio y Llanogrande.

 

Los caminos que comunican a esta localidad son solo dos:

 

  • Buriticá – Bubará – Llanogrande: hace parte del camino real que comunicaba a la cabecera con el corregimiento de Tabacal. Los habitantes de Bubará lo utilizan para desplazarse hacia los lugares de trabajo, para comercializar sus productos y para acudir al pueblo a realizar las actividades ya descritas.

 

  • Bubará – Guarco: este camino era bastante utilizado hasta hace una década,  cuando se presentaba un fuerte flujo y reflujo de productos e ideas entre los habitantes de estas localidades.  Saliendo de Bubará, este camino de herradura coge en dirección occidental en un tramo que puede tomar dos horas, subiendo por las cuchillas aledañas, para desembocar en un punto intermedio entre las localidades de Pajarito y Guarco, donde se conecta con el antiguo camino hacia Cañasgordas.

 

Otro aspecto importante del relacionamiento social son las fiestas municipales a las cuales asisten los habitantes de Bubará; acuden a Buriticá durante la Semana Santa y las fiestas patronales de San Antonio o las festividades programadas por las iglesias evangélicas, así como a las fiestas del caballo que se desarrollan en el corregimiento de Tabacal, siendo una vía interesante de interacción social.

 

–                     Uso del Territorio

 

Los habitantes de Bubará diferencian entornos de producción y recreación. Podemos distinguir los espacios de los cultivos, los espacios de cacería, los espacios del río donde se llevan a cabo actividades de pesca y minería en baja intensidad.

 

Con relación a los espacios de cultivo, se observa, como se dijo atrás, que algunos miembros de la comunidad poseen pequeñas parcelas de tierra donde desarrollan esta actividad; quienes no son propietarios, que son la mayoría, deben recurrir al arriendo en el sector de Llanogrande; a diferencia de Untí, aquí no existen territorios comunitarios.  Los cultivos son básicamente destinados al autoconsumo y son muy pocos los productos cuyo excedente es dedicado a la comercialización.

 

Los principales productos agrícolas de esta localidad son maíz, fríjol, caña de azúcar, y en menor proporción, frutales. Esta es una actividad exclusiva de los hombres, aunque algunas mujeres colaboran durante las actividades de cosecha. Para cada uno de estos cultivos utilizan técnicas particulares. Se obtiene una cosecha de maíz anualmente y se demora 5 ½ meses para lograr el punto de producción; se siembra en pequeñas cantidades, no sobrepasando ¼ de hectárea, donde se pueden plantar aproximadamente 5 “puchas”[11] de sembradura que pueden producir hasta cinco “cargas”[12] destinadas en su totalidad al consumo de las unidades familiares.  El maíz se siembra en abril o mayo y puede recogerse en octubre o noviembre.

 

Al igual que en Untí, los pasos para desarrollar el cultivo del maíz son los siguientes:

 

  • Descañada: consiste en retirar y limpiar el terreno de las cañas de la cosecha anterior y se remueve la tierra.
  • Siembra: esta actividad la realizan con un palo hoyador con el que se realizan unos pequeños huecos a una distancia de 1 m. aproximadamente entre uno y otro, en cada uno de los cuales se depositan 2 ó 3 granos de maíz.
  • Limpia: Se realiza 3 semanas después de haberse sembrado y consiste en retirar la maleza a los pequeños retoños que ya han brotado de la tierra.
  • Revuelta: Es la segunda limpia y se realiza cuando el maíz ha “filoteado”, es decir, cuando ha comenzado a echar lengüeta.  Se le hecha tierra  a las raíces o se “aporca”.
  • Cosecha: a los 5  meses se coge el maíz serazo, entre chócolo y maíz duro, y a los 5 ½ o 6 meses maíz seco.

 

El almacenamiento se hace desgranado en las trojas que se localizan en la cocina encima del fogón y debe durar un año, hasta que se recolecte la nueva cosecha.

 

En Bubará también se cultiva frijol de las variedades cargamanto y güífaro; este cultivo también se establece para el autoconsumo y se siembra en los mismos lotes donde se cultiva el maíz.  El cargamanto se recoge simultáneamente con el maíz, mientras que el güífaro es recolectado a los tres meses de haber sido sembrado.

 

La productividad del fríjol es mayor en Bubará que en otras localidades cercanas, pues las condiciones climáticas favorecen más el desarrollo de este cultivo; se trata de tierras menos secas y en un piso térmico más alto que las de Untí.

 

Quizá el producto más importante de la vereda sea la caña de azúcar de donde extraen guarapo para hacer melao; este cultivo se desarrolla en las pequeñas huertas domésticas, localizadas en el perímetro habitacional.  Inicialmente es necesario quemar el lote donde se va a cultivar, luego de ello se limpia quitándole toda la basura que ha quedado del proceso anterior, para proceder a la siembra que se hace por medio de estacas que son traídas de cultivos vecinos. Para la siembra utilizan un palo hoyador con el que hacen agujeros de 12 cm de profundidad y separados 30 cm entre un y otro; allí entierran una o dos estacas.  A los tres mese debe hacerse la primera limpia, actividad que debe repetirse cada tres o cuatro meses para mantener el cultivo limpio de malezas.  Empieza a producir a los 8 meses y es buena su producción durante los siguientes dos años,  cuando deben renovar los cultivos. En las actividades de cultivo trabajan únicamente los hombres, mientras que en su recolección y procesamiento  participan también las mujeres y los niños.

 

Para su procesamiento, como ya se ha anotado, utilizan trapiches artesanales denominados “amansa yernos” o “matagente”; estos son estructuras en madera compuestas por dos “horquetas” que soportan dos travesaños cilíndricos que se hacen girar por medio de palancas localizadas en cada uno de sus extremos (Dibujo 2 y 3, Foto 9).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 9. Trapiche tradicional. Vereda Bubará, municipio de Buriticá.

 

 

Dibujo 2. Componentes del trapiche.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Dibujo 2. Forma de moler la caña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el beneficio de la caña participan hombres, mujeres y niños siendo un trabajo manual que requiere de mucha energía. Generalmente se requieren cinco personas para moler la caña, cuatro de ellas hacen girar las manijas y la otra se dedica a pasar la caña por entre los cilindros. Es una actividad donde no sólo participan los miembros de la unidad familiar dueña del trapiche, sino también sus vecinos, convirtiéndose en una actividad de confluencia e integración social.  Aunque estos trapiches manuales y artesanales son los predominantes, existe un trapiche mecánico, anteriormente movido por tracción animal, el que en la actualidad es operado manualmente, de forma similar a los trapiches tradicionales, variando el número de operarios.  El guarapo que resulta en la molienda es sometido al fuego para la producción de melao que es utilizado en su totalidad para el consumo doméstico.

 

El único cultivo destinado a la comercialización es el café, pero no representa un volumen significativo dentro del contexto municipal; estos cultivos se desarrollan en las laderas de las montañas que circundan la localidad y en los alrededores del camino que conduce a Buriticá; lo hacen en tierras de Leonisa Graciano y Rodrigo Pereira, propietarios que viven en Buriticá y a los cuales se debe pagar un arriendo, el cual se tasa según pautas tradicionales, como es el pago de “la cuarta” de la cosecha.  La producción es muy limitada, pues se trata de pequeñas extensiones que no sobrepasan ½ cuadra, allí siembran la variedad “pajarito”, introducida hace aproximadamente 70 años.

 

También se encuentran algunos árboles frutales cuya producción se dedica en su mayoría al autoconsumo y en muy baja escala a la comercialización en la cabecera de Buriticá; entre los frutos más destacados de esta vereda se destacan Mango, Anón, Aguacate, Naranja, Guayaba, Papaya y Mandarina, entre otros.

 

Al igual que en Untí, aunque la actividad primordial de esta vereda es la agricultura, por ella no perciben los ingresos suficientes para  satisfacer las necesidades básicas, pues existen varios elementos que condicionan la rentabilidad económica de esta actividad.  En primer lugar, muy pocos de los habitantes poseen tierras para desarrollar actividades agrícolas a mediana escala, por lo cual un número significativo tiene que acudir al arriendo de tierras disminuyendo la rentabilidad de los cultivos; de otro lado, dada la baja disponibilidad del recurso tierra, los suelos se encuentran agotados y la productividad es muy baja.

 

La cacería y la recolección son actividades económicas complementarias, que no representan un renglón importante dentro de la economía local; muy pocos hombres se dedican a estas labores, esporádicamente se trasladan a sitios como Guarco donde todavía es posible conseguir algún animal de monte; anteriormente desarrollaban en forma más intensiva esta actividad hacia el sector de la Guarcana, pero ahora, al ser este sitio declarado como reserva forestal se han establecido reglamentaciones que impiden esta actividad. En palabras de Jorge Tuberquia “a mi ya no me gusta joder con eso porque ya no hay a qué tirarle…se pierde mucho tiempo, la munición esta muy cara y es poquita la carne que se consigue…”. También es importante anotar que muchos de los habitantes de Buriticá ven restringidos los movimientos de cacería dadas las condiciones de seguridad para el desplazamiento con escopetas por la zona.

 

Cazan fundamentalmente con perro y escopeta, capturando mamíferos terrestres, aves y reptiles, aunque lo más común es la captura de avifauna.  Las especies y la técnica de captura no difieren de las relacionadas para Untí.

 

La recolección se restringe a especies maderables que  son utilizadas para la construcción de las viviendas y trapiches, así como en la combustión de los fogones para la cocción de alimentos y el melao. Básicamente, las obtienen de las riberas de la quebrada la Remango y en la loma de Churunbel, que queda hacia el sur del caserío; como leña utilizan el Arrayán, Guayabo, Nuna, Cordoncillo, Velero y Sunungo; estas se destinan a la construcción y a la combustión

 

Para los habitantes de Bubará, el río Cauca no juega un papel importante, pues solo acuden a él esporádicamente en las épocas de verano a realizar la pesca con atarraya. Se desplazan al sitio conocido como El Salto, por el camino que conduce a Llanogrande, para luego continuar por el Guaimaro y Carauquía hasta llegar a orillas del río Cauca.  Se trata de expediciones muy eventuales, y lo obtenido se dedica al consumo doméstico.  Las especies que capturan son: Bocachico, Dorada, Bagre, Picuda y Anguilla.

 

La minería se desarrolla a orillas de la quebrada La Remango en el sitio conocido como la Playa.  Utilizan técnicas muy diferentes a las desarrolladas por los habitantes de Untí, pues se trata de minería de canalón.  Según se pudo observar, los actuales mineros de Bubará, utilizan técnicas similares a aquellas que fueron desarrolladas en el pasado y cuyos vestigios todavía son visibles a orillas de la misma quebrada.  Los pasos para desarrollar esta actividad son los siguientes (Dibujo 3, 4 y 5).

 

  • Cateo: consiste en identificar los depósitos auríferos que en este caso son el actual lecho de la quebrada y las terrazas aluviales no inundables aledañas.  Para identificar estos depósitos deben hacer pequeños huecos de unos 50 cm de diámetro, de donde extraen pequeñas cantidades de tierra a diferentes profundidades para ser lavadas en batea y de esta forma identificar aquellas capas de grava y arena que contienen una buena “pinta” que justifique la inversión de trabajo.  La productividad de “la cinta” es medida por la cantidad de reales[13] de oro que se pueden obtener de un costal lleno de tierra; cuando la “pinta” es buena se pueden obtener hasta tres reales de oro por costal; cuando se calcula que es menor de un real por costal, se opta por no explotarla, por que nos se considera rentable.

 

  • Desvío de la quebrada: luego de tener identificado el lugar de trabajo y la profundidad a la cual se encuentra el deposito aurífero, proceden a desviar la corriente de agua de tal forma que pueda pasar cerca al lugar previamente seleccionado para el trabajo. Este desvío se consigue mediante muros de contención hechos en piedra y madera; para desarrollar este procedimiento deben seleccionar un lugar del cauce que en encuentre por encima del deposito aurífero a lavar, de tal forma que el agua pueda bajar por gravedad.

 

  • Construcción del canalón: después de haber realizado el desvió del agua, se construye un canalón sobre los lechos antiguos de la quebrada que conduzca la corriente al lugar de la explotación.  Se hace una excavación cuya profundidad depende del grado de inclinación del terreno y de la profundidad del depósito aurífero, buscando que el agua pueda correr fácilmente y el proceso de lavado sea operativo. Estos canalones pueden tener diferentes extensiones dependiendo de la distancia entre el lugar de explotación y el punto de desvío.

 

  • Lavado de las arenas y gravas: sobre el canalón previamente construido se depositan las arenas y las gravas a ser lavadas y luego se hace correr el agua sobre él para que la corriente arrastre los materiales más finos, incluido el oro y la jagua hacia el final del canalón, donde se ubica un cajón de madera forrado en costal que retenga las pequeñas partículas del metal.  Esta actividad se realiza durante una semana completa tiempo en el cual se van acumulando en el costal las partículas de oro y jagua  que serán recortadas en la fase siguiente.

 

  • Recortada: el material que ha quedado atrapado en el costal del cajón de madera se recoge y se lava en una batea, tratando de separar el oro de las partículas de hierro. Esta actividad es una de las más importantes del proceso pues de su destreza depende la utilidad que se obtenga de la minería.

 

  • Colada: cuando se ha separado el hierro del oro, se vierte lo obtenido en una totuma alargada donde se lleva a cabo el último paso para la obtención del oro. Para la separación final se utiliza un macerado de las hojas de cedro playero, jabón u orina para romper la tensión superficial de las partículas y lograr la separación definitiva.

 

Esta técnica ha sido descrita en los documentos desde finales del siglo XVI y principios del XVII para toda la región del cañón del río Cauca y según se desprende de esta información, se trataba de métodos de extracción propios de la población indígena del occidente antioqueño (Duque y Espinosa 1993, 1995).

 

 

 

 

 

 

Dibujo 3. Vista Frontal desviación de la quebrada para actividades de minería de aluvión

 

 

 

Dibujo 4. Vista lateral desviación de la quebrada para actividades de minería de aluvión

 

 

 

 

 

 

 


Dibujo 5. Vista superior desviación de la quebrada para actividades de minería de aluvión

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

–           La Cestería

 

Dentro de las actividades tradicionalmente femeninas se encuentra, como ya se mencionó, la cestería, la cual, por tratarse de una labor de ancestro probablemente indígena, merece especial atención en el contexto de este trabajo, aun si se ha visto paulatinamente reducida, al punto que sólo se tejen algunas esteras para surtir el mercado dominical.  La cestería como actividad artesanal se ha realizado en esta localidad desde hace mucho tiempo; a partir de la historia oral no fue posible conocer sus orígenes, pero los habitantes informan que ha sido una labor de varias generaciones y su conocimiento lo han heredado de los “antiguas”.  Aunque en la actualidad puede considerarse una actividad marginal, en el pasado jugó un papel importante en la economía local y su disminución esta ligada a la pérdida de la funcionalidad de este tipo de objetos entre los habitantes del municipio y del Occidente en general.

 

Doña Carolina Usuga una de las mujeres de la localidad, comenta que:

 

Lo del trabajo de la iraca es muy antiguo…ese oficio lo aprendí de mi mamá y de las mujeres de mis tíos…antes lo hacían todas las mujeres del caserío porque en esa época si había a quien venderle…ahora ese trabajo se puso malo; la iraca esta muy escasa porque le han dado muy duro y ya no cuidan las maticas…

 

Para explicar esta actividad se recurre al modelo de la cadena operatoria como estrategia que vincula una actividad manufacturera con la dinámica social y económica del asentamiento.  Se pueden identificar varias fases, en cada una de las cuales se desarrollan diversas actividades que tiene como fin último la producción, comercialización, distribución y uso de objetos tejidos de fibras vegetales.

 

Fase de aprovisionamiento:  Corresponde a las actividades que desarrollan las mujeres tejedoras de Bubará para la consecución de la Iraca como única materia prima en el desarrollo de esta labor. Esta planta no se cultiva y lo que se hace es manejar su sucesión natural dentro de las huertas que rodean las casas. Su corte debe hacerse en época de menguante para que la planta continúe produciendo.  La parte a utilizar para la fabricación de esteras y otros objetos son las “venas” de las hojas.  Se trata de una actividad que se realiza durante tres días al mes en las horas de la mañana.

 

Fase de manufactura:  Luego de contar con la materia prima se hace necesario sacarle la “vena”, parte útil para la fabricación de los objetos; debe hacerse cuando la hoja no se ha secado del todo y para realizarlo utilizan un cuchillo de tal forma que puedan  separar esta parte y desechar el resto. Inmediatamente después de esta actividad, la “vena” es pisada con un mazo de madera buscando aplanarla y darle la forma necesaria para la fabricación de las esteras y las chinas. Luego, se raspa quitándole la diminuta corteza verde que las recubre, para ser expuesta al sol por 8 o 15 días hasta que este completamente seca y blanca; por eso es común ver a las tejedoras de Bubará, entrar y sacar de sus casas los manojos de “vena” tratando de aprovechar al máximo los tiempos secos y de buen sol.

 

Cuando la vena esta seca por completo se puede proceder a su tejido; para ello es necesario remojarla, buscando mayor flexibilidad; se procede entonces al tejido comenzando por la parte central, de forma que sea posible incorporar nuevas fibras, según el producto que se desee elaborar, y el tamaño del mismo.  Se trata de un tejido plano en forma de cruz, cuyo entramado es cubierto de “pares”; es un tejido donde las fibras no se manejan aisladas, pues lo que da forma y textura al objeto es la superposición de “pares”; los cuales confluyen, en el caso de los ventiadores, en la parte denominada “mazorca”, es decir la parte del mango; cuya forma y acabado evidencia la calidad del tejido y la maestría de la artesana (Foto 10).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 10. Doña Ana Rosa Tuberquia tejiendo con hoja de Iraca.

 

 

Fase de distribución:  Esteras y ventiadores se venden en la cabecera municipal de Buriticá; allí, localizadas en un lugar específico del mercado dominical, que ya es reconocido como su punto de venta, las mujeres de Bubará esperan que los habitantes de la cabecera, o los pobladores rurales que acuden al mercado, compren alguno de estos objetos. Su distribución no sobrepasa los limites del municipio, pues no son comprados para la reventa en otros lugares del departamento. El precio depende del tamaño del tejido: un ventiador puede ser vendido por $ 1000, esteras grandes a $10000 y las pequeñas tienen un costo de $5000.

 

Usos de la cestería:  Están relacionados con la función específica que se da a cada uno de los objetos elaborados; los ventiadores hacen parte del menaje culinario y se usan para avivar los fogones; es un instrumento fundamental en toda el área rural del municipio, pues la costumbre, así se tenga energía, es cocinar con leña. Las esteras son usadas en los dormitorios, en algunos casos para reposar en ellas y en otros para proteger el colchón.

 

–           La imaginación del territorio

 

Dentro de los seres imaginados por los habitantes de Bubará se encuentran las brujas, duendes, y sirenas. La historia sobre las primeras esta relacionada con las mujeres de Sincierco, lo que confirma a esta localidad como un referente importante en relación con estos seres dentro del contexto municipal, puesto que en Untí y en otras veredas también se la menciona como lugar de origen de las brujas.

 

Al igual que en Untí, los territorios de esta vereda se ven fuertemente modelados por este conjunto de seres imaginarios, ligados igualmente con manifestaciones espaciales que se le otorgan a estas presencias, así como a las leyendas y los otros seres con poderes sobrenaturales; un aspecto importante dentro del ordenamiento social del territorio y de la imaginación que se tiene de él, es que se trata de un reconocimiento colectivo que genera fuertes lazos de identidad, con los contornos espaciales que cotidianamente se habita, limitando los espacios de circulación y uso y generando una fuerte influencia en el arraigo del territorio; se articulan además a los mecanismos de control social que todos los miembros de la comunidad reconocen y a la normatividad imperante en esta vereda.

 

Su forma, manifestaciones y funciones no varían con relación a los relatos obtenidos durante las fases de campo de este proyecto en otras localidades, que no se restringen al área de Buriticá.  La estructura de las narrativas sobre brujas en Bubará contiene los mismos elementos presentados en la sección de la vereda Untí. No quiere decir ello que los elementos identificados en Bubará sean de poca importancia; por el contrario, permite relacionarlo con otros textos orales recopilados en la zona.

 

Las brujas son consideradas seres humanos con poderes sobrenaturales que cuentan con espacios precisos de acción que se manifiestan en recorridos y marcan de forma significativa la concepción que se tiene del entorno espacial.  La eficacia es otorgada socialmente y convalidada a partir de manifestaciones con una credibilidad por parte de todos los habitantes, elemento que a su vez tiene una cobertura regional como lo mencionamos en el caso de Untí, articulando una serie de localidades en torno a creencias específicas e imaginarios comunes.  Estos elementos de carácter regional entran a ser modelados por aspectos locales que le imprimen a las creencias de los habitantes de Bubará un carácter especial y particular.

 

Al igual que Untí, la creencia en la brujería en Bubará se manifiesta en espacios de reconocimiento común que también son aceptados por los miembros de otras localidades del occidente antioqueño, particularmente por aquellos que habitan Sabanalarga y Buriticá, denotando espacios específicos del accionar imaginario de estos seres  simbólicamente relacionados con espacios de encantamiento y habitación.  Igualmente reconocen lugares como la Laguna de Carquetá, el Cerro del Chocho, el pozo de Garrido y la Loma del Aguilar, espacios propios para la subversión del orden por parte de estas mujeres.  El reconocimiento de Sincierco como asentamiento de brujas, nos esta mostrando que existe una concepción del territorio que sobrepasa los límites veredales y se articula a una esfera de las creencias de cobertura regional.

Doña Carolina Usuga al referirse a estos seres, informa que:

 

…por aquí no ha habido de eso…como que vienen de Sincierco de por allá de la montaña…a veces resultan las mujeres mordidas y los hombres asfixiados y con arañatazos…

 

Es una creencia que se ha diluido en el tiempo, quizá por las influencias de las doctrinas católicas y protestantes vigentes en esta localidad; Don Marceliano Tuberquia dice…eso si que se veía en el otro día…ya eso no vuela por aquí.

 

Los duendes, al igual que en otra localidades del municipio, están relacionados con el control en la movilidad de los menores de edad, aunque en algunas ocasiones se les manifiestan a los adultos.  Don Jorge Tuberquia relata:

 

…esa cosas salen por las cañadas de Churumbelo y La Remango…a una señora que buscaba leña en la Churumbela que andaba en abarcas y que se las quitó para coger la leña, el duende se las embolató…luego, cuando terminó de recoger la leña se le olvidó recogerlas y cuando estaba llegando al caserío el duende la alcanzó y le dijo que porqué había dejado las abarcas….yo le he oído llorar por el Llano de la Calabacera y por los lados de la quebrada Guatí….venía como a las ocho de la noche y oí llorar un niño y pensé que era mi hermanito…cuando fui a buscarlo empezó a reírse me tiró piedras y echó para abajo…a una familia que tenía una hija muy bonita el duende los jodió mucho porque se enamoró de la muchacha…cuando ella se quedaba cocinando el duende la pretendía en la cocina y no la dejaba hacer los destinos…ella le contó a los papás que decidieron construir otra casa y cuando pasaron todo para la otra casa les quedó faltando el pilón…ese duende le llevó ese pilón hasta la nueva casa…por los lados de Guarco…por la cañada del plan, un señor se encontró un muchachito recién nacido lo metió en la canasta donde llevaba unos guineos…le dio lástima de ese muchachito…cuando estaban llegando a la casa….el niño “mire papá como me crecieron los dientes”…cuando el señor voltió a mirar se dio cuenta que era un duende que tenía colmillos…el señor lo quiso agarrar pero ese duende tan jodido se le voló.

 

Asociado al espacio del río se encuentra otro ser sobrenatural que los habitantes identifican como la sirena; se trata de una mujer muy bonita que trata de seducir a los hombres ambiciosos, convirtiéndose en un control social para quienes quieren tener mayor poder adquisitivo que los vecinos.  Esta historia es referida por muchas comunidades asentadas en las orillas del Cauca, pero es extraño escucharla en Bubará que no tiene una relación muy estrecha con el río; seguramente esta es una historia apropiada por los pescadores que bajan de esta localidad al sitio conocido como El Salto, lugar de encuentro de pescadores de otras tantas localidades del sector central del municipio de Buriticá.  Al respecto, refiere Jorge Tuberquia que:

 

La sirena es una mujer muy bonita…la mitad es gente y la otra parte es pescado…sale por todo el río Cauca a peinarse con un peine de oro…se sienta en las piedras y le ofrece el peine a los hombres y ellos cuando intentan quitárselo se ahogan en el río

 

 

4.2.2.3    Guarco

 

–                     Localización

 

Este corregimiento se localiza en el sector sur – occidental del municipio, al nor – occidente de la cabecera municipal. Para llegar allí, es necesario desplazare por un camino de herradura desde Buriticá; este camino sale de la parte sur de la cabecera, se dirige al occidente hacia las localidades de Los Arados y Pajarito, para luego tomar en dirección norte hasta llegar a la parte central del corregimiento; el trayecto completo puede hacerse en unas tres o cuatro horas.

 

Sus territorios se localizan entre las zonas de vida Bosque Húmedo Premontano (bh-P) y Bosque Húmedo Montano Bajo (bh-MB), cubriendo una franja altitudinal que va desde 1500 msnm hasta 2800 msnm; allí predominan condiciones de humedad relativamente altas, temperaturas que oscilan entre 18°C y 10°C, con una vegetación de bosques de niebla.  La cabecera del corregimiento se encuentra a 2200 msnm donde se presenta una concentración de viviendas distribuidas alrededor de una pocas calles conformando un asentamiento de forma rectangular.

 

Este asentamiento se encuentra sobre terrenos quebrados con pendientes que oscilan entre 30° y  70° de inclinación, donde se forman terrazas en ladera, algunas de ellas amplias que son utilizadas para la construcción de viviendas dispersas; la parte central del caserío se encuentra sobre una terraza en ladera de formación coluvial relativamente angosta, donde es necesario hacer banqueos para localizar las viviendas; algunas de ellas se construyen cortando la pendiente y sostenidas sobre pilotes (Foto 11).

 

Dadas las condiciones ambientales de bosques de niebla poco intervenidos, en cercanías de este corregimiento han sido declaradas por CORANTIOQUIA dos reservas forestales—La Guarcana y La Trigueña—, lugares que se convierten en pequeñas estrellas fluviales donde nacen múltiples fuentes de agua que abastecen los acueductos de la cabecera municipal y otras veredas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 11. Panorámica de la vereda Guarco, municipio de Buriticá.

 

 

 

–                     Territorialidad e Historia

 

Al igual que en muchas de las localidades de Buriticá, los pobladores de Guarco asocian la ocupación más antigua del territorio a grupos indígenas y para ello, hacen una lectura de los rasgos antrópicos presentes en el paisaje y los restos de la cultura material que se encuentra dispersa en sus tierras.  Los tiestos regados en las áreas de cultivo y las sepulturas que encuentran cuando excavan los cimientos de las casas, los llevan a pensar en una ocupación antigua, que según los pobladores, no tiene nada que ver con ellos.  Sin embargo, reconocen en esas evidencias, los restos de una población aguerrida que fue capaz de vivir en aquellas zonas, a las que se imaginan en aquel entonces cubiertas de espesos montes y animales peligrosos.

 

Siguiendo el relato de los pobladores, ellos creen que con posterioridad a esta ocupación se dio otra, de la cual se encuentran evidencias en las “acequias de María Centeno”, las huellas materiales más significativas de la importancia que tuvieron sus territorios en los inicios de la colonia, cuando por allí pasaba el agua que venía de la Guarcana y lugares más alejados como Cañasgordas y Giraldo, hasta los sitios  de explotación intensiva de la minería.

Leonel Hidalgo cuenta que:

 

La acequia de María Centeno tiene un recorrido de 12 km…pasando por pajarito y el alto de Miraflores, cruzando por la cordillera del Aguilar donde lavaba María Centeno el oro, recogiendo las aguas de Giraldo, Guarco y las unía con el alto de Miraflores.

 

Pero estas interpretaciones no son compartidas por todos los miembros de la comunidad, pues algunos de ellos cuestionan los poderes de esta mujer y asocian tales construcciones a eventos más tardíos, aunque confirman que están relacionadas con actividades mineras.

 

Para los actuales habitantes de Guarco, la ocupación indígena se prolongó por mucho tiempo, pues aparte de las evidencias que ellos relacionan con este evento, dicen que hasta hace 150 años aproximadamente, estos territorios todavía eran poblados por aquellos y para hacer relación a esto, se remiten al nombre de la localidad, que asocian con vocablos indígenas.  Al respecto existen dos versiones: una de ellas afirma que el nombre de esta localidad está asociado a la quebrada Guabunco, nombre que posteriormente cambió a Guarco; Doña María Ángela Hidalgo dice:

 

La quebrada que pasa por acá, dizque se llamaba la Guabunco y a mi me contaban los viejos, que ese nombre era de indios y que con el paso del tiempo empezaron a llamarla Guarco… 

 

La otra versión sobre el origen indígena del nombre de la localidad tiene que ver con la permanencia en esta región de un indio que se dedicaba a la guaquería y se llamaba Edwin Guacu.  Leonel Hidalgo afirma respecto a esta versión que:

 

La vereda lleva este nombre porque Guarco proviene del apellido del indígena Edwin Guacú, cuyo oficio era la guaquería…

 

Otras versiones asumen un poblamiento indígena que se prolongó hasta hace muy poco tiempo y lo sustentan a partir de rasgos en el vestuario, que estarían denotando una diferencia con los pobladores de áreas rurales de Buriticá.  Don Ramón Emilio Usuga, poblador de 100 años, afirma:

 

Por aquí vivía la gente que parecían indiecitos y vestían batas de la nuca para abajo por que no se usaba calzón…

 

El poblamiento actual, de acuerdo con los relatos recopilados, se inicia desde la segunda mitad del siglo XIX, cuando este sitio era posadero de los arrieros que conducían las cargas de mercancías desde Buriticá hasta Cañasgordas; este tramo hacía parte del antiguo camino que unía esta región del departamento con Santa Fe de Antioquia y Medellín, por lo que se constituía en la vía principal en momentos en que aun no se había construido la vía al mar.  Leonel Hidalgo Higuita, cuenta que esta vereda se fundó entre los años de 1850 y 1870 por los señores León Hidalgo, Tomas Sierra, Fulgencio Manco, Cándido Usuga, Manuel Quiroz, Xenón Dusán, procedentes de Giraldo y algunas veredas de Buriticá.

 

Un testimonio destacado sobre el papel de este asentamiento en las épocas en las que se transitaba por caminos de herradura como vías de comunicación principales, es el de don Ramón Usuga, que fue arriero durante 30 años; mientras se toma un aguardiente, dice que:

 

los arrieros hacían el recorrido Medellín – Buriticá – Cañas Gordas… llevaban fríjol y traían abarrotes…se demoraban 9 días para llegar a Medellín…descargaban en San Cristóbal…el camino era San Cristóbal – San Jerónimo – Antioquia – Cativo – Loma grande –  Sapera…Guarco era un rastrojo y las casas eran donde hoy está el centro, todo era una sola falda, que funcionaba como paradero y bodega.

 

Otro elemento importante dentro del desarrollo de esta vereda es la intensificación de las actividades agrícolas; en Guarco, cultivos como el café y la cebolla junca, has sido cruciales dentro del desarrollo de la localidad.  Sus pobladores cuentan cómo hace unos 100 años se inicia el cultivo del café, con la variedad pajarito, que se acomoda a las condiciones ambientales de la zona. A partir de entonces Guarco se convierte en uno de los centros de producción de café más importantes del municipio y se constituye en un poblado pujante, habitado por propietarios de medianas y extensas fincas, marcando una diferencia importante con las poblaciones localizadas en las partes bajas.  Es en esta época cuando se fortalecen las familias Hidalgo, Sierra y Usuga, que son los troncos familiares de los actuales habitantes.  Años después llegan los acontecimientos de “la violencia“  los que, sin embargo, no ocasionaron rupturas significativas en el proceso de ocupación del territorio, pues no se produjeron movimientos de población.  Don Darío Usuga con relación a este particular, informa que:

 

Como todos los de aquí éramos conservadores las fuerzas del gobierno no nos perseguían y nos ayudaban a mantener la vereda sanita de la chusma que algunas veces pasaba por aquí…unas noches, cuando sentíamos los tiroteos por allá en la cañada nos íbamos a posar en el monte, cosa que era difícil por que los niños y los carajitos se nos enfermaban…de aquí nadie se fue y por el contrario siguieron llegando nuevas familias de por allá de los lados de Pajarito y también de Bubará…

 

Posteriormente, en la década del 60, se cambia la variedad de café pajarito a caturro cuando la Federación de Cafeteros empieza a tener una presencia significativa en estos territorios.  Al principio los pobladores se mostraron reacios al cambio pues la siembra de esta variedad implicaba inversiones y tecnologías que eran complejas y de difícil práctica para los habitantes de la zona; la Federación quería que la comunidad tecnificara sus cultivos e hiciera un mejor beneficio del producto para que lo pudieran comercializar como café pergamino de alta calidad, lo que requería una inversión significativa en los entables requeridos. El primero que inició estos cambios fue don Darío Usuga David, quien convenció a sus hermanos y otros parientes para que aceptaran la propuesta de la Federación, en palabras de don Darío:

 

En esa época todo era más fácil pues los técnicos de la Federación nos asesoraban y nos prestaban plata a muy bajos intereses…esta inversión se recuperó rápido porque ellos mismos nos compraban la cosecha a muy buenos precios…se veía la plata y por eso pude mandar a estudiar a mis hijos al pueblo donde también compré una casa…esa bonanza se acabó porque las plaga ya no dejan trabajar y ahora quieren que volvamos a cambiar por la variedad Colombia que es una mata que no pega bien porque las raíces son muy chiquitas y tiene muy baja productividad…para este cambio ya no nos quieren prestar plata y los que se han metido con eso han perdido hasta los calzoncillos…

 

Las dificultades en estas prácticas agrícolas llevaron a la comunidad de Guarco a diversificar los cultivos y desde hace 24 años empiezan a sembrar la cebolla de rama o junca; este cultivo fue sugerido por varios compradores de Cañasgordas que tenían el mercado asegurado en el Urabá antioqueño.  Este cambio es bastante significativo, pues ahora se ha convertido en el renglón más importante de la economía local.

 

Como último acontecimiento destacable dentro de la historia de esta localidad, sus habitantes resaltan la pérdida de la categoría de Inspección que cambio la dinámica de las relaciones, pues ahora los habitantes de Sincierco, Santa Teresa, Los Arados, Costas y Chuncunco, veredas antes aglomeradas en torno a Guarco, ya no tiene a que acudir a este lugar; resaltan que el inspector les hace mucha falta porque ahora no tienen quien resuelva todos los problemas que se presentan en la comunidad, porque acudir a la cabecera se les hace muy dispendioso y muchas veces no encuentran receptividad por parte de la administración municipal.  Sin embargo, dicen que esta pérdida también tiene sus beneficios, porque con la situación de orden público que viven, tener un inspector “es cosa delicada”.  Ya no funcionan las tres tiendas “mixtas”, tampoco la cantina, que hasta hace muy poco tiempo eran importantes lugares de encuentro social y sitios para abastecer de alimentos poblaciones cercanas; don Sixto Sierra afirma que “…hasta para comprar un paquete de cigarrillos tenemos que ir al pueblo”.  Ahora estas tiendas han sido cerradas por orden de los grupos armados que actúan en la zona y que con frecuencia cruzan por esta localidad.

 

 

–                     Territorio y población

 

Guarco es habitado por 208 personas que conforman 55 unidades familiares que habitan 52 casas; se trata de un asentamiento concentrado que se distribuye a lo largo de una ladera que tiene una pendiente mediana y forma pequeñas terrazas de origen coluvial.  La distribución de las viviendas configura dos calles en sentido norte – sur y otras dos en sentido oriente – occidente, generando algunos espacios intermedios donde se localizan pequeñas huertas y cultivos de cebolla.

 

Se encuentran diversas tipologías de vivienda, de acuerdo a los materiales y espacios constructivos, aunque conservan cierta homogeneidad en la distribución de los espacios y en la forma genérica.  Se trata de construcciones habitacionales donde es posible encontrar lugares destinados a dormitorios y una cocina amplia, generalmente separada de los dormitorios, donde también se localiza el comedor; estas construcciones tienen forma de “L” donde en el lado más largo se ubican los dormitorios y en el más corto la cocina.  En las viviendas localizadas en la dirección norte – sur, el frente da hacia el cañón, aprovechando los extensos paisaje que se pueden divisar; las localizadas en las calles con orientación oriente – occidente, sus frentes dan hacia las cañadas, lo que hace que tengan poca visibilidad.  De acuerdo a los materiales de construcción, se pueden identificar tres momentos: aquellas construidas en tapia con amplios corredores, pisos en cemento y techos de teja están relacionadas con los primeros momentos de la actual ocupación y se ubican a todo lo largo de la calle principal, que a su vez hace parte del antiguo camino que comunicaba a Buriticá con Cañasgordas; estas casas presentan además amplios espacios de bodegas que testimonian aquellos tiempos cuando Guarco era un sitio importante como posadero de los arrieros.  Al respecto don Sixto Sierra, afirma que:

 

donde están las casas de teja que vemos ahora a la orilla del camino, solo estaban las de los Usuga, Tuberquia y Lujan, que eran los potentados…todo lo demás eran guayabales.

 

Las casas construidas en materiales como ladrillo, cemento y eternit, datan de aquellos momentos de apogeo del café, cuando pudieron acceder a estos materiales por las buenas utilidades que obtenían de este cultivo; se localizan sobre las calles más hacia el norte de las que están orientadas oriente – occidente; allí los espacios son amplios con grandes patios en cemento hacia el frente, que son utilizados para secar el café; en este sector las viviendas son intercaladas con otro tipo de construcciones dedicadas al beneficio del café, las cuales son ramadas relativamente extensas cubiertas con techos de zinc y paredes de tablas.

 

Por último, las viviendas más recientes son elaboradas en bahareque, piso de tierra y techo de zinc, correspondiendo al último momento constructivo que se puede observar en la localidad, cuando ya no cuentan con recursos, materiales, ni conocimientos, para la elaboración de otro tipo de estructuras habitacionales. Estas se localizan en la calle más hacia el sur de las que están orientadas oriente – occidente; allí viven los pobladores que no son propietarios de fincas y que se dedican principalmente al jornaleo.

 

De esta forma vemos cómo los elementos arquitectónicos que conforman el caserío están hablando de las características de su proceso de poblamiento y de la historia de la economía local.  En términos generales, encontramos que de las 55 familias que habitan allí, 40 viven en casa propia, 1 paga arriendo y 14 restantes tienen otra forma de propiedad, como préstamo o sucesión.

 

Los habitantes de Guarco identifican su territorio como aquel comprendido entre los límites occidentales del municipio, la quebrada Casaquia y los nacimientos de la quebrada La Remango; allí encuentran que los recursos naturales se están deteriorando a causa de la intensificación de las actividades agrícolas, que implican el uso frecuente de agroquímicos.

 

La toponimia que se presenta en este sector del municipio de Buriticá, se restringe a “filos” y “cañadas”, lugares importantes para el desarrollo de actividades complementarias como son la cacería y la recolección, además de referenciar  sitios donde se encuentran localizados algunos encantos; así mismo se reconocen los nombres de las localidades de los alrededores.  En la tabla 9 que se presenta a continuación se hace relación de la toponimia que utilizan sus habitantes.

 

Tabla 9. Nombres de lugar y tipo de espacio que denotan en el corregimiento de Guarco 

 

Toponímico

Fuente:

 

Sixto Sierra

Ramón David

Darío Usuga

Mario Usuga

Berta Tulia Hidalgo

Laura Lujan

Tipo de espacio que nombra

Guabunco

Quebrada, sitio de tránsito entre Guarco y Buriticá

El Estanco

Filo, sitio de vivienda

La Guarcana

Reserva forestal

Manglar

Localidad, sitio de comercialización de la cebolla

Giraldo

Localidad

La Trigeña

Cañada, Reserva forestal, sitio de encantos

La Centena

Alto, asociado a las minas de María Centeno

Los Arados

Localidad

El Aguilar

Cerro, allí se encontraban algunas de las minas de María Centeno

El Chochal

Filo, sitio de cultivo

Sincierco

Localidad, sitio donde se práctica la brujería

Chuncunco

Localidad

Santa Teresa

Localidad

Costas

Localidad

La Playuela

Quebrada

Zapatín

Sitio de encantos

El Plan

Quebrada, sitio de encantos

Pajarito

Localidad

El Chcho

Alto, sitio de espantos y guacas

La Palma

Localidad, lugar de comercialización de la cebolla

El Alto

Alto

 

Tabla 9. Continuación

 

Toponímico

Fuente:

 

Sixto Sierra

Ramón David

Darío Usuga

Mario Usuga

Berta Tulia Hidalgo

Laura Lujan

Tipo de espacio que nombra

San Mateo

Filo, localidad

Candingue

Quebrada, lugar de aparición de duendes

El Medio

Quebrada

El Brazo

Quebrada

Mancias

Quebrada

Bubará

Localidad

Los Chorros

Sitio de aparición de duendes

 

 

–                     Ordenamiento social del territorio

 

A diferencia de las otras localidades estudiadas en Buriticá, en Guarco no se identifican pautas claras de parentesco relacionadas con la filiación, residencia y reglas de matrimonio; encontramos que existe una tendencia, aunque no generalizada, a ubicar las casas en cercanías a la residencia de la familia del padre.  También se conforman matrimonios tanto entre los mismos habitantes de la localidad, como uniones de lugareños con gente venidera, siendo más común los casos de mujeres foráneas, que vienen de diferentes lugares del municipio, principalmente de Pajarito, los Asientos y Bubará (Anexo 3).

 

Otro aspecto importante en el ordenamiento social del territorio es la tenencia de la tierra, elemento contrastante con las otras localidades observadas de este municipio.  En Guarco hay propietarios de fincas de pequeña y mediana extensión, localizadas en sus alrededores y en las veredas aledañas como Costas, Sincierco, Llano Chiquito y Santa Teresa.  Esto hace que exista un tránsito cotidiano entre estas localidades y se fortalezcan las relaciones a partir de la dependencia laboral que existe entre quienes las ocupan y sus propietarios.

 

Aparte de estas relaciones, los habitantes  de Guarco establecen contactos de diverso tipo; con los habitantes de Manglar sostienen relaciones comerciales, pues allí se vende la cebolla que posteriormente es embarcada a Urabá; los cultivadores hacen dos viajes a la semana para llevar hasta este sitio el producto.  Así mismo, tienen relaciones comerciales con los habitantes de Bubará quienes llegan a Guarco a vender algunos productos de tierra caliente, entre los que se destacan mango, maíz y tomate en pequeñas cantidades; todos los viernes sube María Angélica Tuberquia para comercializar los pequeños excedentes de estos productos; antiguamente esta relación era mas intensa, pues existían mayores compradores potenciales y mayor diversidad de productos para ser vendidos.

 

El centro de acopio y de comercialización es la cabecera municipal de Buriticá, aunque antes también desarrollaban esta actividad en Cañasgordas y Giraldo. También a Buriticá acuden para visitar a sus familiares, para buscar servicios de salud y para desarrollar las actividades relacionadas con la administración municipal.

 

Los habitantes de Guarco identifican un cambio significativo en el entorno ambiental, pues ahora los recursos están muy agotados, las aguas contaminadas y los suelos deteriorados; atribuyen esta situación a la intensificación en el cultivo del café que requiere de la quema de la vegetación y el uso de fertilizantes. Aunque en principio no estuvieron de acuerdo con el establecimiento de las reservas forestales en su territorio, porque disminuía las posibilidades de caza y recolección, ahora las empiezan a ver como espacios y estrategias importantes y útiles pues generan empleo y ayudan a la recuperación de la calidad ambiental de sus territorios.

Las relaciones que se establecen con otras comunidades se viabilizan por la red de caminos que cruzan por el poblado, los cuales son:

 

  • Guarco – san Mateo – Chochal – Sincierco: este camino es utilizado para ir a las fincas que se localizan en estas veredas, cuyos propietarios tienen residencia en Guarco.

 

  • Guarco – Buriticá: se trata de un camino de herradura por el que se movilizan hacia el pueblo, pasando por las veredas de Pajarito, los Arados y cercanías de Siará.  Se sale de Guarco en dirección suroriente hasta llegar a la localidad de Pajarito; siguiendo en esta dirección se llega a los Arados donde el camino gira al nororiente hasta llegar a la cabecera municipal.  El recorrido puede tomar entre 3 y 4 horas, es uno de los caminos más utilizados por los pobladores de Guarco.
  • Guarco – Manglar: este camino se puede recorrer en 45 minutos; parte de Guarco en dirección occidental y desemboca el la antigua carretera de Cañasgordas, en el lugar conocido como Cativo; este camino es utilizado por los habitantes para sacar la producción de cebolla y para desplazarse a Medellín.

 

  • Guarco – Pajarito – Arados – el alto de San Antonio – carretera central: es un camino poco utilizado en la actualidad, aunque antiguamente era la ruta principal para ir a Santa Fe de Antioquia y la cabecera municipal de Buriticá.

 

–                     Uso del Territorio

 

Los habitantes de este corregimiento tienen en la agricultura su actividad principal, siendo la cacería y la recolección de baja intensidad.  Anteriormente, se practicaba mucho más la cacería y el lugar predilecto para desarrollar esta actividad, era la loma de la Guarcana, aunque también acudían a las cañadas y quebradas cercanas donde todavía se conservan algunos reductos de bosques, entre las que se destacaban las quebradas La Trigueña y La Guabunco.  Cazaban con perro y escopeta, venados, guaguas, armadillos, y guacharacas, actividad que desarrollaban básicamente en las épocas de verano; ahora casi a ningún miembro de la comunidad le gusta salir a montear y lo hacen más como una actividad recreativa, que como mecanismo para obtener parte de la carne que consumen. Con las restricciones que se derivaron de la declaratoria de la Guarcana como reserva, la cacería prácticamente se acabó.  También existe un rechazo a la carne de monte por considerarla que es comida de “pobres”, actitud que disminuye ostensiblemente la práctica de la cacería.

 

La recolección se restringe únicamente a la obtención de maderas para la combustión y para la fabricación de las viviendas; para la leña de los fogones recolectan principalmente Encenizo y Navidad, aunque en bajas proporciones porque la mayoría de los habitantes en la actualidad cocinan con fogones de energía eléctrica o gas.  Según informaron los pobladores de esta localidad, todavía se puede conseguir leña fácilmente en las orillas de las quebradas y cañadas, actividad que desarrollan principalmente los niños y las mujeres.

 

Las maderas que todavía explotan son el Cedro Amarillo, el Cedro Negro, Aliso, Timulá y el Laurel, que se encuentran el la cordillera camino a Costas y en la reserva de la Guarcana; con relación a este último lugar, los habitantes incursionan de manera ilegal por que afirman que es el mejor sitio para obtener estos recursos.  La explotación de maderas era una actividad que los habitantes del corregimiento identifican como importante en el pasado, pues se surtía la demanda de la cabecera municipal y en algunas ocasiones se llevaba a vender a Cañasgordas; ahora reconocen el agotamiento de este recurso y solo las extraen para el consumo local.

 

Hasta hace unos diez años existían pequeñas explotaciones de oro de veta en esta localidad, que se concentraban en los alrededores de la quebrada Guabunco; allí extraían la piedra que era molida aguas abajo con pequeños molinos artesanales; esta actividad era básicamente desarrollada por personal que no vivía en la localidad y venían principalmente de Los Asientos; no era muy rentable, al decir de la gente de Guarco, por eso “no duraban mucho tiempo por aquí”.

 

Con relación a la agricultura, es posible identificar dos tipos de cultivos, aquellos destinados al consumo local y los que se comercializan.  En el primer grupo se destacan el maíz y el fríjol, productos que siembran todos los miembros de la comunidad.  El maíz se siembra en febrero o marzo y se demora un año para su recolección; la variedad que se acostumbra sembrar la conocen con el nombre de “puto” y afirman que es propia de la tierra fría; la productividad es bastante alta, pues de un almud de sembradura es posible recoger hasta 10 cargas de maíz desgranado.  Para sembrar este producto, preparan el lote quemándolo y retirando toda la vegetación, prefiriendo los terrenos quebrados; luego es arada la tierra y a los ocho días se siembra; para esta actividad utilizan un palo hoyador, con el que hacen pequeños huecos distanciados uno del otro 80 cms. aproximadamente; en el año le hacen hasta tres limpiezas al cultivo. Aunque, al igual que en las otras veredas del municipio, es una actividad masculina, las mujeres colaboran al momento de recoger las cosechas.

 

El fríjol es sembrado en los mismos lotes del maíz y principalmente utilizan las variedades vida y cargamanto; aunque se demora en producir únicamente tres meses, solo siembran una cosecha al año, porque los habitantes afirman que es “un cultivo que requiere de mucha agua para sacarlo adelante”, característica que restringe su productividad durante todo el año.

 

A diferencia de los cultivos anteriores, la producción de  cebolla y café, es destinada a la comercialización y se desarrolla en terrenos propios, por lo que no todos los habitantes se decidan a ello; otra diferencia sustancial radica en que no se trata de cultivos transitorios, sino permanentes.  El café se siembra en lotes que pueden tener de ¼ de hectárea hasta 2 hectáreas, preferiblemente en terrenos de mediana pendiente; se trata de cultivos que pueden durar hasta diez años, tiempo después del cual deben ser reemplazados por nuevas matas, porque de lo contrario, la productividad disminuye ostensiblemente.  La producción es bastante compleja, pues para lograr un producto de primera calidad que sea vendido a buenos precios, es necesario hacer un beneficio riguroso, siguiendo los siguientes pasos:

 

  • Preparada del terreno:  Es necesario seleccionar un lote que no esté muy trabajado para que las plantas obtengan un buen desarrollo, cosa que es difícil en la vereda por el agotamiento de los suelos, debido a la prolongada utilización de ellos.  Luego de haber seleccionado el terreno, es necesario hacer un desbroce de la vegetación, para luego quemarla, actividades que se hacen en la época de verano que corresponde a los meses de enero, febrero y marzo; posteriormente, son retirados hacia los extremos del lote los troncos que no alcanzaron a consumirse completamente; pasados 15 días de la quema, se ara el terreno, actividad que se realiza con azadón, pues no utilizan ningún procedimiento mecánico. Para preparar una hectárea, pueden requerirse hasta 18 jornales, por lo que acostumbran contratar mano de obra entre los mismo habitantes del corregimiento o de veredas aledañas.

 

  • Siembra:  Antes de sembrar las plantas en el lote seleccionado y preparado, los caficultores han hecho un almácigo en cercanías a la vivienda donde ponen a retoñar las plántulas por un tiempo aproximado de dos meses.  Cuando estas plántulas están de unos 15 cms. de largo, proceden a transplantarlas al lote, donde han realizado el hoyado del terreno, el cual acostumbran hacer de forma atravesada para que no se produzca mucha erosión de las capas orgánicas de los suelos; entre hueco y hueco dejan una distancia de un metro; para esto también acostumbran contratar jornaleros, y es una actividad que puede desarrollarse en ocho días si el lote tiene una extensión de una hectárea; antes de trasplantarlas es necesario dejar los huecos abiertos por una semana para que la tierra “respire”; pasado este tiempo se hace el transplante, que es acompañado de la primera abonada que se hace con triple 15 y úrea.

 

  • Aporcada:  Cada cuatro meses, después de hacerse el transplante y durante todo el tiempo útil del cultivo, se realiza la aporcada que consiste en cubrir las raíces y la parte inferior del tallo con tierra de los alrededores; también se acostumbra abonarlas con los mismos productos mencionados; para un lote de una hectárea, pueden gastarse hasta 12 jornales.

  

  • Recolección:  Es la actividad más dispendiosa del proceso, pues demanda mucho tiempo y requiere de gran cantidad de mano de obra; se realizan dos cosechas al año: por los meses de junio y julio la traviesa, y en noviembre y diciembre la cosecha; en esta época se desplaza mucho personal de otras veredas del municipio a participar de esta actividad y se paga por cantidad recogida; para evitar que al cultivo lo ataque de manera drástica la “broca”, se hace lo que llaman el “rere”, que consiste en estarle recogiendo todos los granos que se maduren entre cosecha y cosecha, acción que demanda tiempo e inversión, pero es fundamental para obtener buenas utilidades de este cultivo.

 

  • Fermentada:  Después de recoger los granos maduros de café, se depositan en tanques con agua para ponerlos a fermentar durante unos 5 días; este procedimiento es fundamental para obtener granos de excelente calidad; en este punto hacen una separación de los granos, desechando aquellos que no alcanzaron el grado de maduración ideal y los que están atacados por la broca; este desecho lo utilizan para el consumo domestico.

 

  • Despulpada:  Cuando los granos han alcanzado el grado de fermentación ideal, son lavados y posteriormente despulpados en máquinas manuales o eléctricas; nuevamente es lavado el café y separado en calidades de acuerdo a la forma y el tamaño de los granos. 

 

  • Secado:  Cuando los granos se encuentran lavados y seleccionados, se ponen a secar en los patios de las casas o en los secaderos que construyen el los techos de los beneficiaderos de café.  Es una actividad que requiere de mucho tiempo, pues “hay que estar pendiente de entrarlo cuando empieza a llover”; el secado puede demorarse hasta diez días, ya que hay que esperar que la cáscara se endurezca.

 

  • Empacado:  Cuando el café se encuentra totalmente seco, es empacado en costales de fique de 50 Kgs., sin revolver las calidades, dado que cada uno de ellos va destinado a compradores distintos.

 

  • Venta:  La comercialización se hace en la cabecera de Buriticá; el café calidad pergamino es vendido directamente a la Federación, mientras que las otras, son vendidas a comerciantes particulares.  Las utilidades que obtienen de este cultivo, son fluctuantes y dependen de la cotización del café colombiano en los mercados internacionales.

 

El otro producto agrícola destinado a la comercialización, es la cebolla de rama, que en los últimos 15 años se ha convertido en el principal renglón de la economía de esta localidad; los pobladores de Guarco viendo que el café estaba disminuyendo sus utilidades por las continuas pestes de la Roya y la Broca, empezaron a seguir los consejos de sus vecinos de Cañasgordas que hacia algún tiempo venían probando con este producto, hasta que prácticamente todos los que tienen tierras en las inmediaciones de el caserío asumieron esta actividad.  Para este cultivo se destinan pequeñas extensiones de tierra, principalmente a los lados de las casas, porque son cultivos que tienen que estar trabajando constantemente. Los pasos para la siembra y el beneficio de este producto son los siguientes:

 

  • Picada del lote:  En pequeños lotes que no sobrepasan el ¼ de hectárea, se siembra este producto; inicialmente se pica el terreno buscando remover los suelos hasta una profundidad de 30 cms.

 

  • Siembra de hijos:  Luego de tener preparado el terreno y haber esperado ocho días, se siembran las plantas a partir de “hijos” que son los tallos de cebolla; acostumbran sembrar dos variedades que son la blanca y la roja; aunque la roja tiene un mayor precio en el mercado, la blanca posee una mejor acogida entre los compradores por que hay una mayor demanda de ella en las plazas de Urabá.

 

  • Limpieza:  Se debe limpiar el cultivo cada tres semanas o cada mes; esta limpieza consiste en quitarle la maleza que ha nacido en sus alrededores; no acostumbran abonarlo, aunque algunos les administran triple 15 y urea en pequeñas proporciones.  La limpieza debe hacerse durante todo el tiempo que el cultivo esté en producción, el cual se calcula en un año aproximadamente.

 

  • Recolección:  Se empieza a recoger a los tres meses y puede hacerse una “saca” cada 20 días.

 

  • Empacada: Para su comercialización, se empaca en “manos” de aproximadamente un Kilogramo cada una.

 

  • Venta:  Se hace en Manglar y en La Palma, localidades en jurisdicción de Cañasgordas que se encuentran en inmediaciones de la carretera al mar.  Allí son transportadas las manos en mula por un camino de herradura dos veces por semana; allí son compradas por comerciantes que las despachan a su destino final.  En épocas normales de buena demanda y buenos precios, la mano de cebolla blanca es vendida en $ 4.000 y la roja en $ 6.000 (Foto 12).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 12. Cebolla lista para salir al mercado.

En síntesis observamos que Guarco es una localidad eminentemente agrícola, donde las actividades de cacería y recolección son marginales, y la pesca y  minería no se practican.  Todas las unidades familiares practican la agricultura de subsistencia, básicamente de productos como el maíz y el frijol en terrenos propios o alquilados a la cuarta, mientras que únicamente aquellos pobladores que tiene tierras producen café y cebolla para la comercialización.

 

–                     La imaginación del territorio

 

Los pobladores de Guarco identifican la presencia de algunos seres sobrenaturales que le dan una connotación particular a su territorio.  Estos están asociados a antiguas construcciones para la explotación minera, a lugares de tránsito y sitios de obtención de recursos naturales; ayudan a controlar la movilidad de la población y a restringir los espacios de uso a ciertos sectores, delimitando los entornos de explotación; de igual manera se recurre a ellos para dar sentido a elementos que aparecen en su entorno y consideran importantes dentro de la historia de ocupación del territorio.

 

Como se ha dicho en el aparte de territorialidad e historia, la leyenda de María Centeno tiene una expresión particular en esta localidad, pues le sirve a los pobladores para articular su percepción del territorio actual a aquellas épocas  cuando la minería era una actividad importante en el contexto municipal; aunque sus territorios no contienen significativos recursos auríferos, las estructuras en piedra que los pobladores observan, son asociadas con grandes explotaciones de oro y con una leyenda aglutinadora dentro de la identidad municipal como es la de María Centeno.  De esta forma se articulan con creencias que sobrepasan los límites de su territorio.  Dice doña María Angela Hidalgo que

 

La Centena era una española ayudada por el demonio…pero devota de Dios…porque hacía iglesias con la ayuda del diablo…atravesaba el Cauca en su mula que era el mismísimo Satanás.

 

Estos elementos están presentes en todos los relatos que se establecen sobre María Centeno; ellos están dando cuenta de la convalidación de rupturas normativas de la iglesia católica y justificando las acciones cotidianas, en las cuales no es posible mantener un comportamiento completamente acorde con las reglas de Dios.  María Centeno salva sus culpas con la construcción de iglesias en muchas localidades de Antioquia, pero más que la construcción de iglesias, es su carácter fuerte y la acumulación de enormes riquezas, lo que hace que no sea condenada, lo que los actuales habitantes del occidente relacionan con oreceptos populares expresados en dichos como “el que peca y reza empata” o que “el cielo se compra”.

 

Siendo Guarco un territorio marginal dentro de la historia minera de Buriticá, sus habitantes encuentran una conexión con esta actividad por la vía de interpretaciones asociadas a construcciones en piedra presentes en su territorio, de esta forma buscan identificarse con ese pasado pujante que hace parte de la identidad del municipio y que establece mojones en cada uno de los lugares donde en el pasado la Centeno tuvo alguna influencia real o supuesta.  La acequia es la obra constructiva más importante que en esta zona se asocia a esta mujer; Sixto Sierra afirma al respecto:

 

María Centeno era una mujer que trabajó muchas minas en Buriticá, y aunque no las explotó por aquí, sí sacaba el agua por una acequia que construyó con la ayuda de 1500 esclavos, por donde llevaba el agua desde la Guarcana hasta el alto de San Antonio…consiguió mucha plata y tuvo varios maridos que los mataba cuando se aburría con ellos.

 

Este relato conjuga las construcciones en piedra con una de las principales riquezas de Guarco como son las fuentes de agua; de esta forma se vinculan  características ambientales a formas de explotación del suelo que fueron importantes en el pasado del municipio, generando elementos de identidad que parten de las constantes interpretaciones de intervenciones antrópicas, de tal forma que los vallados y el canal de la acequia no son solo estructuras materiales, sino que, por el contrario, adquieren cierta vida social, ya que son constantemente  recordados y narrados en las historias orales.

 

Mohanes, espantos y duendes hacen parte del imaginario colectivo de los habitantes de Guarco que delimitan entornos de circulación y explotación, convirtiéndose en elementos importantes del control social de la comunidad.  El control pierde efectividad cuando se incorporan nuevas formas de captar recursos. Es el caso del espanto que salía en el lugar conocido como El Plan, espacio utilizado para recoger el agua para el consumo antes de la construcción del  actual acueducto.  Este espanto asustaba a los pobladores Guarco entre las 5 p.m. a  6 a.m. restringiendo el horario de recolección del agua y alterando el ritmo normal de las actividades domésticas.  Ahora la gente ya no tiene restricción para recoger el agua, pues le llega por tubería a sus casas, de manera que paulatinamente este tipo de mecanismos de control pierden efectividad y vigencia.

 

También las creencias en espantos han controlado la movilidad de la población y las horas de desplazamiento; ilustra lo anterior la historia del “muerto que salía en la cañada camino a Buriticá por la noche” limitando el paso por este sector.  Sin embargo, ahora no todos los habitantes creen en esas historias, pues al decir de algunos, esas “son historias de borrachos…que cualquier ruido lo sienten raro”, descalificando antiguas formas de recreación[14].

 

Las historia de duendes parecen estar asociadas al control de las actividades de cacería y a la movilidad de los niños.  Cuentan los habitantes de Guarco que estos seres son como “espíritus” porque nunca se les ve pero sí se les siente; les “tiran piedra” a los niños y a los cazadores cuando ellos van por cañadas y sitios oscuros…solo asustan porque no le hacen mal a la gente.

 

–           Síntesis Municipio de Buriticá

 

A partir de la observación de estas localidades es posible encontrar algunas regularidades y diferencias relacionadas con la historia oral, el ordenamiento social del territorio y la imagen que se tiene de él.

 

Con relación a los aspectos históricos encontramos que se presentan elementos aglutinadores en las tres localidades abordadas, que se convierten en historias compartidas por todos los habitantes del municipio, pues también fueron referidas por los habitantes de la cabecera y por los de otras localidades que fueron abordadas por los alfabetizadores, vinculados como auxiliares de este componente de la investigación.  En primera instancia, vemos cómo existe un reconocimiento generalizado sobre el antiguo poblamiento indígena de este municipio, elemento que es leído a partir de la observación de rasgos antrópicos en el paisaje, la cultura material dispersa por sus territorios, y los discursos construidos como parte del procesos de recuperación y recreación de memoria colectiva.

 

Se da entonces el reconocimiento de un importante poblamiento indígena que genera fuerte lazos de identificación con el territorio, pues le permite a sus pobladores considerarse ocupantes de un entorno espacial de singular importancia en otras épocas, aunque ahora sea marginal dentro del contexto regional y de poca importancia en la economía departamental.  A pesar de que ahora la economía de Buriticá pase por procesos de depresión, sus habitantes se sienten orgullosos de vivir allí pues están convencidos de su riqueza e  importancia en la época colonial.

 

En algunas oportunidades los acontecimientos históricos son incorporados a las narrativas locales, mezclando y superponiendo épocas y eventos.   Ejemplo de ello es el que personajes de la historia colonial como Alonso de Ojeda y Francisco César son incorporados a relatos sobre la fundación del municipio y relacionados con la leyenda de María Centeno; de esta forma afirman que Francisco César fundó a Buriticá y que Alonso de Ojeda era el marido de María Centeno.  Sabemos por los documentos y la historia académica, que estas afirmaciones no son ciertas, pues Francisco César pasa por las tierras de Buriticá en 1537 y no funda ningún pueblo en la región, y Buriticá se constituye como pueblo de indios en el año de 1614 por el Oidor Francisco Herrera Campuzano.  Por otro lado, a partir de documentos coloniales se ha podido identificar que María Centeno se casó en tres ocasiones; en primeras nupcias con Francisco García Jaramillo, primer propietario de las minas de Buriticá; un segundo matrimonio se efectuó con Alonso de Rodas, hijo del Gobernador Gaspar de Rodas, y encomendero de los indios de Buriticá; por último, contrajo matrimonio con Fernando de Cossio y Salazar, abogado de la época quien le ayudo a recuperar las encomiendas de su segundo marido.

 

María Centeno y sus explotaciones mineras se constituyen en referentes de aquellos tiempos en los que la minería era motor del desarrollo de la provincia y Buriticá su centro de acción más importante.  Socavones, acequias y vallados son hitos en el paisaje que llevan a los habitantes del municipio a reconocerse como herederos de un proceso de poblamiento importante en el contexto departamental, convirtiéndose en substanciales referentes de identidad y de arraigo al territorio.

 

De otro lado, la leyenda de Maria Centeno es también un elemento de validación de comportamientos sociales no siempre acordes con patrones morales tradicionales, promovidos por la tradición judeo cristiana; así, se legitiman otras creencias que no están sujetas a la moralidad dominante.  Es de esta manera como en las diferentes versiones  de la historia de “la Centeno” encontramos elementos que dan cuenta de su carácter particular con relación a otras mujeres de su época: no tuvo hijos, se casó varias veces, manejaba cuadrillas de esclavos, recorría las mismas distancias que un dueño de cuadrilla y “era ayudada por el demonio”.

 

Con relación a la ocupación reciente del territorio se evidencia un contraste importante entre las tierras bajas, donde están localizada las veredas de Untí y Bubará, y las tierras altas, donde se encuentra Guarco; las primeras localidades son tan antiguas que los habitantes no recuerdan su origen, mientras que en Guarco se habla de un poblamiento que no sobrepasa la segunda mitad del siglo XIX.  Así mismo, aspectos como el fenotipo y la producción artesanal de las tierras bajas, ligan más este territorio con poblaciones amerindias, mientras que las partes altas son poblamientos más recientes vinculados a migraciones procedentes de Pajarito, Los Arados, Giraldo y Cañasgordas, articuladas al antiguo camino que comunicaba esta región del departamento con Santa Fe de Antioquia y Medellín.

 

Los aspectos demográficos también marcan diferencias entre los asentamientos de las partes altas y bajas,  pues en las primeras se encuentran poblaciones nucleadas más densas, mientras que en las segundas se trata de pequeñas aldeas.  Estos elementos demográficos pueden estar ligados al uso del territorio y a la tenencia de la tierra.  En localidades como Untí y Bubará, encontramos que existen remanentes de territorios comunitarios y muy pocos propietarios de pequeños predios, de lo que se deriva una dependencia hacia personas foráneas para de esta manera tener acceso a los recursos; por otro lado, en las partes altas predominan los propietarios de medianas y grandes extensiones dedicadas a monocultivos y la ganadería, siendo secundaria la producción para el autoconsumo.  La elaboración de productos artesanales, la minería a pequeña escala y la pesca, se constituyen en actividades económicas importantes en las tierras bajas, pero elementos ausentes en poblados como Guarco, donde predominan cultivos para la comercialización como el café y la cebolla. 

 

Con relación al parentesco, se pudo establecer que en Bubará y Untí predominan las uniones entre los mismos miembros de la comunidad, denotando un patrón más endógamo, mientras que en Guarco hay una tendencia más orientadas a la exogamia, pues se presentan uniones con consortes procedentes de veredas cercanas principalmente de Pajarito; en las tres localidades se presenta una tendencia hacia la patrilocalidad, pues en todos los casos se observó que es más común localizar la vivienda propia en cercanías de la casa del padre.

Por último, se observó que la existencia una complementariedad económica entre los asentamientos localizados en diferentes pisos térmicos, que evidencia una interacción entre las distintas localidades; en la antigüedad fue más importante y ahora, por las dificultades de orden económico y por el conflicto armado, han disminuido ostensiblemente.


[1] Este es un elemento importante en el contexto social del municipio, pues la imagen de San Antonio como protector es referida de manera común, convirtiéndose en un elemento aglutinador de  los pobladores y marcador de diferencia con relación a poblaciones cercanas.

[2] En la actualidad existe un programa de mejoramiento de vivienda para esta vivienda que no considera los patrones tradicionales constructivos, ni las características de la vivienda vernácula, imponiendo esquemas foráneos arquitectónicos foráneos.

[3] Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[4] Ibíd

[5] Este domingo la gente de Untí sacó al mercado guanábanas, tomates y callanas para vender.  Cada bolsa, de un kilo aproximadamente, de tomate la venden por $1500 o $1000; por las guanábanas obtienen entre $1000 y $2000. Una de las alfareras (Severiana) sacó a la venta 4 callanas grandes con un costo unitario de $4000 y 8 pequeñas que son vendidas a $1000, artículos que ya no son requeridos con la misma intensidad que en el pasado, de manera que la venta fue muy restringida, pues solo logró negociar tres cayanas pequeñas. Situaciones como esta hacen que las nuevas generaciones no vean esta actividad como alternativa laboral, ampliándose la brecha generacional entre las alfareras y sus hijas e hijos.

 

[6] Según referencias de Robert West (1972) es una herramienta que fue introducida por españoles.

[7] Aunque la mayoría de los habitantes de Untí consideran que ha sido un trabajo exclusivo de las mujeres, doña Alicia Higuita afirma que esta actividad antiguamente era desarrollada por la totalidad de la población “aquí todo el mundo pisaba barro, hombres, mujeres y niños”.

[8] Las arcillas son materiales naturales repartidos en la corteza terrestre  que al ser mezclados con agua se convierten en masas plásticas a partir de las cuales es posible fabricar objetos cerámicos.   Estos materiales se  forman por los procesos de meteorización que ocurren en los suelos, donde los minerales constitutivos de las rocas son transformados por un conjunto de agentes climáticos y biológicos (Linares, 1989: 479-480).

[9] Se pudo comprobar que la quebrada La Remango fue explotada desde mediados del siglo XVIII, cuando el señor Javier de Villa denuncia en 1747 una mina de aluvión (A.H.A Índice de minas tomo 1).

[10] Nombre que se le da a la quebrada La Remango en Bubará.

[11] Medida de volumen utilizada por las comunidades campesinas y equivalente a 450 gr de peso.

[12] 100 kg aproximadamente.

[13] Un “rial” equivale a 1/16  de un castellano.

[14] Antiguamente se reunían las familias a contar historias de espantos y brujas, esto facultaba la transmisión de tradiciones orales y era un espacio importante para la cohesión familiar y comunitaria.

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Un comentario en “4.2.1 Municipio de Buriticá

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