CONTEXTO REGIONAL. LOS PERIODOS HISTÓRICOS EN LA OCUPACIÓN DEL OCCIDENTE MEDIO ANTIOQUEÑO. Parte 3.

4.1.3    Consolidación de los asentamientos (1615 – 1680)

 

 

El acontecimiento histórico que marca el cambio significativo en este período es la creación de los primeros pueblos de indios en la provincia, pues a partir de esta acción legislativa se da una nueva organización del territorio y nuevos movimientos poblacionales que conllevaron a una significativa transformación de las redes de interacción entre los Valles Aburrá y Río Cauca. 

 

Con la implementación de las llamadas “visitas de tierra” en el año de 1614, la Corona Española trató de hacer aplicables las Leyes promulgadas por el Real Concejo de Indias, relacionadas con la administración de la población indígena.  Así fue como el visitador de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada Francisco de Herrera Campuzano, funda en la provincia de Antioquia los primeros pueblos de Indios; en el Cañón del río Cauca establece los pueblos de San Antonio de Buriticá, Nuestra Señora de Sopetrán, San Juan del Pie de la Cuesta, Santiago de Arate y San Sebastián de Ormana.  Estas fundaciones tenían como objetivo reunir la poca población indígena que aún quedaba en la provincia, asignarle tierras para su manutención, evitar el maltrato y fortalecer el proceso de evangelización y españolización de las comunidades nativas (Duque y Espinosa  1995).

 

En San Antonio de Buriticá se redujeron las poblaciones que habían sido reubicadas por los encomenderos en los cerros de San Antonio y Buriticá (Salazar 1994: 181) dedicadas a la extracción aurífera; desde épocas muy tempranas los territorios de este resguardo fueron ocupados por mestizos, negros y blancos, quienes en cuadrillas y de forma independiente, se dedicaron también, a la explotación de los filones auríferos que allí se encontraban (Salazar 1994).  

 

El resguardo o pueblo de indios de Nuestra Señora de Sopetrán fue fundado sobre  tierras pertenecientes a Doña María de Quesada localizadas en la margen derecha del río Cauca, al frente de la cuidad de Santa Fé de Antioquia.  Allí fueron agrupadas algunas encomiendas de las provincias de Peque y Béjico.  Al igual que Buriticá, este resguardo fue invadido por blancos, mestizos y mulatos libres, que buscaban ubicarse en tierras aptas para la

 

agricultura, hecho que produjo múltiples conflictos legales a todo lo largo de este período(Salazar 1994: 191 – 192).

 

Al resguardo de San Juan del Pie de la Cuesta, que rápidamente cambio su nombre por el de San Jerónimo, fueron reducidos los indios Guaracú y algunas otras encomiendas que para 1615 pertenecían a Alonso de Rodas Carvajal y otros.  Al igual que los pueblos anteriores, este fue ocupado rápidamente por la población libre que iba expandiendo la frontera agrícola y minera (A.G.N.  Fondo Encomiendas.  Tomo X. No de orden antiguo 60).

 

Además, en esta época fue fundado el resguardo de San Lorenzo de Aburrá, al cual se redujeron pueblos procedentes del occidente antioqueño, como Peques y Béjicos, unos pocos Yamecíes procedentes del bajo Nechí y los indios Aburraes que aún existían (INER – Secretaria de Educación 1995).

 

Es evidente, entonces, que los extensos territorios indígenas del cañón del río Cauca, fueron rápidamente invadidos por población mestiza, negra y blanca ocasionando el surgimiento de nuevas relaciones entre los diferentes grupos étnicos que coexistían en estos territorios y un nuevo énfasis en el proceso de mestizaje iniciado en décadas anteriores.  Estas nuevas relaciones se establecieron de forma más simétrica que en el periodo anterior, pues ahora la población indígena contaba con tierra y recursos que podría intercambiar y alquilar a mestizos y mulatos, quienes estaban en un proceso expansionista como trabajadores independientes; además por la vía de la vecindad y las transacciones económicas, se dieron  alianzas matrimoniales y se consolidaron redes de parentesco, lo que imprimió nuevas características sociales a estas dos regiones.

 

La fragmentación de las provincias indígenas que en el período anterior todavía conservaban alguna unidad, en razón de las encomiendas, fue bastante significativa, pues los antiguos pobladores del Cañón del río Cauca como Peques, Béjicos y Guaracues, fueron finalmente desarticulados y ubicados en diversos asentamientos.  Esta situación, de alguna forma intensificó las relaciones sociales entre las diferentes localidades, ya que los indígenas se desplazaban entre los pueblos, buscando restablecer vínculos familiares, alianzas matrimoniales y asociaciones para la producción. Es común encontrar en los censos y padrones levantados para la época, la presencia de indios forasteros en todos los resguardos y el reporte de personal huido hacia otros territorios indígenas en busca de parientes y mujeres (Ibíd). Sin embargo, estas relaciones debían establecerse de forma casi clandestina, porque los desplazamientos autónomos eran castigadas severamente.

 

Con esta situación se inicia un nuevo proceso en la construcción de territorialidades que involucra tanto a población indígena como a comunidades mestizas y negras.  La dinámica económica regional varía drásticamente, pues  ya el control de la mano de obra, del territorio y de los recursos había dejado de ser monopolio exclusivo de los encomenderos  y el papel de comerciantes y mineros había adquirido una repercusión regional, como consecuencia directa de las políticas administrativas coloniales promulgadas desde décadas anteriores pero aplicadas apenas en esta época.  Adicionalmente, la expansión de la frontera agrícola y minera había incorporado nuevos territorios de la provincia de Antioquia a la

 

dinámica regional,  generando cambios en el papel desempeñado por los centros poblados  y las redes de relaciones sociales existentes entre ellos. 

 

Entonces, el territorio del Cañón del Cauca adquiere una configuración espacial  particular, pues los pequeños enclaves de la periferia (que fueron vigentes durante el período anterior), desaparecen, para darle cabida a una dinámica poblacional que conjugaba el centro administrativo colonial, grandes territorios indígenas y población mestiza dispersa en pequeños enclaves extractivos y productivos.

 

A partir de la información recolectada es posible sugerir varias tendencias  en los movimientos de población para cada uno de los grupos humanos que habitaron esta región.  Los asentamientos de población libre (blancos, mestizos, y mulatos)  consolidan su ocupación, mientras que algunas localidades indígenas creadas por Herrera Campuzano desaparecen rápidamente o modifican sus pautas de ocupación territorial, pues pasan de asentamientos nucleados con relaciones restringidas dado el control ejercido por los encomenderos, a  un patrón de poblamiento disperso en las zonas boscosas donde los indígenas se establecieron pretendiendo evadir la pesada carga de la tributación a la que estaban sometidos. 

 

Esta situación es palpable en el Cañón del río Cauca, pues a partir de la iniciativa propia de los indios que habían sido reducidos a los pueblos de Santiago de Arate y San Sebastián de Ormana, se establece una nueva población en el “Sitio de la Sabanalarga”, cuando los naturales se retiraron de los pueblos fundados, por considerarlos poco convenientes para ser habitados por ellos y se ubicaron de nuevo en parte de sus antiguos territorios.  Así mismo, los pueblos de indios de San Antonio de Buriticá, San Juan del Pie de la Cuesta y Nuestra Señora de Sopetrán, permanecían la mayor parte del año desocupados porque sus habitantes habían resuelto dispersarse por amplios territorios, con el fin de hacer uso de los recursos y, como ya se dijo, evitar la alta tributación (Duque y Espinosa, 1995).

 

Durante este período se afianzan las actividades económicas y extractivas en cada una de las regiones, pues el cañón del río Cauca se consolida como uno de los sectores  con mayor producción aurífera de la provincia de Antioquia, sustentada ya no en las explotaciones a gran escala con mano de obra indígena y negra características del período anterior, sino en las extracciones a pequeña escala de grupos familiares y mazamorreros independientes, quienes sobresalieron por la alta movilidad a lo largo de los placeres aluviales ubicados en esta región.  Es de resaltar que estas comunidades eran más independientes en términos económicos, al producir gran parte del alimento para su autoabastecimiento.

 

La red de comunicaciones que cruzaba el Cañón del río Cauca, sufre grandes modificaciones durante este período, pues algunos caminos dejaron de usarse, se crearon nuevas rutas, aun cuando también se consolidaron algunas ya existentes.  Prueba de ello es el reporte que se tiene sobre la decadencia de la ruta del Espíritu Santo que comunicaba el cañón del Cauca con el Bajo Magdalena y la costa Atlántica, cambio ligado a una mayor dependencia económica y administrativa de Santafé de Bogotá, sede de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada y posterior mente del Virreynato.  

 

De esta forma, la provincia de Antioquia comienza a establecer relaciones económicas más intensas y estrechas con la población asentada en los santanderes y el altiplano cundibiyacense;  las mercancías ya no entraban por la vía de Mompox y Cartagena, sino por los puertos sobre el río Magdalena, localizados en la ruta hacia Santafé de Bogotá.  El estrechamiento de las relaciones entre las poblaciones de la provincia de Antioquia con este centro administrativo, propició el establecimiento de nuevas rutas de comunicación, como lo fue el camino de Nare que conectaba el Magdalena Medio con el Valle de Aburrá y por consiguiente con el Cañón del río Cauca.  

 

 

4.1.4    Establecimiento de nuevos centros poblacionales (1680 – 1750)

 

 

Con la fundación y consolidación de la Villa de la Candelaria de Medellín hacia finales del siglo XVII,  el valle de Aburrá se convierte en un importante centro de la dinámica económica y social  que genera un nuevo ordenamiento del territorio regional que incluye al Cañón del río Cauca y otras zonas de la provincia de Antioquia.  Este acontecimiento marca el inicio de un nuevo período caracterizado por  una transformación en la red de movilidad de la población, las rutas de comunicación y la economía regional.

 

Medellín se convierte en un centro  poblacional donde se trasladó gran parte de la elite que ocupaba la ciudad de Antioquia, ya que desde allí se tenía mayor facilidad para desplazarse a las regiones mas activas económicamente, que para esta época ya no van a ser las mismas del periodo anterior; en el cañón del río Cauca disminuye ostensiblemente la producción minera, se intensifica la extracción del mineral en las mesetas del norte y oriente de Antioquia, y el Valle de Aburrá continúa como centro importante de abasto.  Bajo esta perspectiva, el esquema de centro – enclaves de la periferia que venía imperando en los períodos anteriores, se invierte, al transformarse el papel que desempeñaba cada una de estas regiones.  Este reordenamiento del territorio generó nuevos movimientos de población que otorgaron una particular dinámica a las relaciones sociales.  Como ya se ha dicho, un número importante de familias blancas migraron desde el cañón del río Cauca a la villa de la Candelaria; cuadrillas de esclavos fueron introducidas masivamente en las nuevas zonas de extracción aurífera; y se creó el resguardo de Nuestra Señora de La Estrella en el Valle de Aburrá.

 

Entre las vías de comunicación, resalta para este período, por la intensidad de uso, la que llegaba a la ciudad de Antioquia, partiendo del puerto de San Bartolomé sobre el Magdalena atravesando las sabanas de Cancan, el Valle de Aburrá, San Cristóbal, Ebéjico y Quebrada Seca (Casas 1985: 122).

 

 

4.1.5    Las reformas Borbónicas y su influencia  en los procesos de poblamiento (1750 – 1820)

 

Las reformas al régimen de administración de las colonias americanas por los reyes Borbónicos a partir de Felipe V, hasta la emancipación de los territorios americanos (Jaramillo 1986: 157), constituyen el elemento clave para caracterizar el último momento de la administración colonial sobre la población de las provincias.   La nueva dinámica legislativa imprimió un ambiente de cambio en la totalidad de las colonias americanas, el cual fue generado por nuevos movimientos de población,  nuevos énfasis económicos, y nuevas rutas de comunicación.  Sobresale el impulso que se le da a la apertura de nuevos caminos y mantenimiento de los existentes, como una forma de dinamizar el comercio e integrar la provincia de Antioquia en redes más amplias de circulación de bienes y personas.

 

Se establecen diferencias en las legislaciones de acuerdo al tipo de población; para los asentamientos indígenas, se hizo un nuevo esfuerzo que buscaba hacer efectivas disposiciones contenidas en las Leyes de Indias, tales como la activación del proceso de evangelización, el reforzamiento de la obligación de permanecer en los pueblos y el deber de levantar sementeras en sus propias tierras, entre otras.   Así mismo, para la gran cantidad de población libre, mestiza y mulata se promulgaron leyes particulares tendientes a controlar  un número importante de habitantes que se encontraban desempleados en los diferentes centros poblacionales; los vagos debían abandonar  sus comunidades en busca de nuevas tierras donde fuera posible desarrollar actividades agrícolas con el fin de expandir la frontera económica y  solucionar el problema generado por esta nueva condición social (Robledo 1954).  Dada la gran cantidad de vecinos libres que ocupaban los territorios indígenas, se propuso una nueva organización de la población a partir de la disolución de algunos resguardos con el fin de liberar tierras que pudieran ser repartidas entre mestizos y mulatos.  Esto generó grandes movimientos de población que, sin embargo,  a la postre no tuvieron una repercusión significativa en los procesos de poblamiento, pues fracasaron por la negativa constante de los indios a dejar sus territorios; no obstante, estos movimientos de población forzados, sí se consolidaron en periodos posteriores. Es de resaltar que estos movimientos poblacionales tuvieron alguna incidencia en el proceso de mestizaje entre las comunidades indígenas que aún existían en Antioquia. 

 

En el cañón del río Cauca, estos intentos se inician hacia la mitad del siglo XVIII cuando el gobernador de la provincia Josep Barón de Chaves, propuso el traslado de los habitantes de Sopetrán, al resguardo de Buriticá y posteriormente al de la Sabanalarga.  En 1756 se hace efectivo el primer traslado y tres años después se rematan las tierras de Sopetrán a Don Xavier Henriquez en 2.200 pesos de oro, sin quedar resuelta la justificación inicial de repartir las tierras entre la mayor cantidad posible de libres (A.H.A.  Fondo Indios.  Tomo 26.  Documento 784).  Sin embargo, fue una medida que no se consumó definitivamente, pues la población de Sopetrán decidió volver a sus antiguas tierras, luego de un largo litigio que había sido encargado al protector de naturales.

 

Otro intento de reunir población indígena para desocupar tierras que podrían ser adjudicadas a libres, fue realizado 25 años después por el gobernador Francisco Silvestre, cuando en el año de 1776 luego de haber fundado el resguardo de San Carlos de Cañas Gordas, donde redujo los indios fugitivos de Chocó, Murrí y Frontino, e intenta trasladar la población indígena de Sabanalarga, Sopetrán y Buriticá al recién fundado pueblo, orden que nunca se ejecutó, dada la resistencia interpuesta por los indígenas (A.H.A.  Fondo Indios.  Tomo 26.  Documento 784).

 

La dinámica poblacional de la región del Cañón del río Cauca adquiere nuevos rasgos al promoverse la creación de nuevos asentamientos permanentes, hecho que no sucedía desde finales del siglo XVI y principios del XVII.  Es así como en el año de 1753 se protocoliza la fundación del sitio de Anzá, hacia donde partió gente de la ciudad de Antioquia, en busca de tierras aptas para el establecimiento de hatos ganaderos y explotación fuentes de agua sal (Gómez 1951:341).  Esta nueva fundación comienza a convertirse en un pequeño centro, pues allí confluían habitantes de otros asentamientos que habían sido recientemente establecidos, como Betulia, Heliconia, Titiribí, Caicedo y Armenia.

 

Para mediados del siglo XVIII se reportan oleadas poblacionales que partieron desde Santa Fé de Antioquia, hacia otras regiones del cañón del Cauca; de estos movimientos surgieron Sucre y Sacaojal ocupados inicialmente por mestizos y mulatos que buscaban tierras aptas para el cultivo de tabaco; articulados  a éstos  últimos se poblaron otros sitios en sus  inmediaciones entre los que se destacan Usenguia, Tablazo, Dormido, Tahamí, Colchón, Barbudo, Remolino, Quebrada Seca, Juan García y Rodas, entre otros (Piedrahíta  1973: 256).

 

Como ya se dijo, las rutas de comunicación durante este período fueron objeto del mayor interés por parte de los gobernantes de la provincia; así lo dejó consignado el reformista Juan Antonio Mon y Velarde, cuando afirma que

 

Los caminos públicos deben de ser otro objeto a que se dedique su atención muy particularmente el cabildo; Su abertura y conservación facilita el tráfico interior y exterior de la provincia, abarata los víveres y los efectos que se introducen de afuera, pues minorando en los fletes, se excusan muchos costos y pérdidas de mulas con lo que es indispensable la mayor abundancia y el mayor surtido, franqueándose la entrada a los viandantes (Robledo  1954.  Documento No 17).

 

Desde épocas anteriores el gobernador Francisco Silvestre había notado la importancia de las rutas de comunicación para el desarrollo económico y social de la población asentada en la provincia de Antioquia.    En la descripción del Reino de Santa Fé se advierte la urgencia de apoyar la apertura y mejoramiento de algunos caminos regionales.  La vía que conducía desde Santa Fé de Antioquia a las sabanas de Ayapel y Tolú y minas de Uré atrajo la atención del gobernador quien propuso que se dedicaran

 

…peones montaraces que habriendo senda o trocha por este lado del famoso río Cauca, decubrieran el (camino) que los conquistadores traficaron por la cuchilla que llaman San Juan de Rodas, hasta San Jerónimo del Monte, situado a las márgenes del río San Jorge, por la cual se baja a la villa de Ayapel y que desemboca en el Cauca…..el camino permitirá conducir ganados a las sabanas de Ayapel y Tolú, que es lo que más abunda como alimento y beneficio de los pobladores de esta provincia y los trabajadores de las minas… (Silvestre 1950: 161-162).

 

Otra ruta que se trató de reactivar durante el gobierno de Silvestre fue la del Espíritu Santo, que buscaba restablecer la comunicación del centro de la provincia con la costa Atlántica Colombiana; este camino debía recorrerse durante 10 jornadas desde Santa Fé de Antioquia, hasta llegar al puerto del Espíritu Santo, atravesando los sitios de El Junco, Sabanalarga, Membrilla, La Palma, San Andrés, Ochalí, La Ceniza y Las Laderas.  De allí, las cargas y transeúntes debían embarcarse hasta la ciudad de Cáceres para continuar navegando sobre el río Cauca por tierras de Tarazá y Ayapel,  hasta llegar a la desembocadura en el Magdalena y el puerto de Mompox (Ibíd: 164).

 

Aunque durante esta época los entes administradores trataron de generar nuevas rutas y reactivar algunas antiguas, la vía del Espíritu Santo, volvió a tener plena validez al igual que el camino de Nare.  Pimienta (1985), reseña esta situación al afirmar que

 

…“Para finales del siglo XVIII funcionaban dos puntos de entrada  de mercancías a la provincia: el puerto del Espíritu Santo sobre el río Cauca y el de Nare sobre el río Magdalena. Estos puertos generaron tres vías de acceso desde ellos al interior de la provincia: El de Espíritu Santo hasta la ciudad de Antioquia, el camino de Nare a esta misma ciudad y el de Juntas-Palagua desde Nare hasta Rionegro y Medellín. Esta última vía fue la que tuvo mas importancia en este siglo por  estar mas cerca de los centros principales de la provincia como era Medellín y Rionegro, por las buenas condiciones de clima y suelo y por ser más directo. Sin embargo la vía de Espíritu Santo siguió siendo utilizada por algunos comerciantes. Esta actividad comercial generó una serie de oficios como el de arrieros, Cargueros y terciaderos  para diferentes pobladores cercanos a las vías que llevaban las mercancías hasta alejados lugares (Pimienta Luz Eugenia 1985: 259).

 

En síntesis, este período se caracteriza por  una nueva dinámica de población que trajo como resultado la fundación de nuevos asentamientos en el cañón del río Cauca.  La configuración de los centros poblacionales estuvo ligada a actividades económicas particulares que propiciaron el surgimiento de una marcada especialización en la producción, la cual imprime un nuevo dinamismo a la economía regional, más ligado al autoabastecimiento de la provincia.  De otro lado, se buscaba integrar de una forma más efectiva mediante las vías de comunicación, los territorios de esta provincia con otros centros productivos y comerciales del Virreinato de la Nueva Granada.

 

 

4.1.6    Los inicios de la  República: la disolución de los pueblos de indios y consolidación de los asentamientos actuales (1820 – 1919)

 

 

Durante el siglo XIX se presentaron fuertes transformaciones sociales  que condujeron a la disolución de los pueblos de indios al incremento de las rutas de comunicación y al afianzamiento de las diferentes regiones en las especializaciones productivas.  En la región del cañón del río Cauca se disuelven definitivamente los resguardos o pueblos de indios de San Antonio de Buriticá, Nuestra Señora de Sopetrán y San Pedro de Sabanalarga, al

 

cambiar radicalmente la legislación sobre estas comunidades y este régimen de tenencia de la tierra, el libertador Simón Bolívar, en el año de 1828, expide la Ley sobre la contribución personal de las poblaciones indígenas entre los 18 y los 50 años,  situación que podría variar si se demostraba un capital superior a mil pesos en finca raíz o bienes inmuebles.  Posteriormente, en 1832,  se expiden nuevas leyes que pretendieron liquidar definitivamente los resguardos, repartir dichos territorios, y dejar algunos lotes para la construcción de poblados.  Estas leyes se complementan en 1834, cuando se estipula que los indígenas sin resguardo deben ser ubicados por la administración en territorios baldíos (INER – Secretaría de Educación  1995).  De otro lado, continua la consolidación de asentamientos como centros permanentes de población mestiza en el cañón del río Cauca; los pueblos Juan García y Caicedo,  fueron el producto de estos movimientos de población.

 

Aparte de los caminos que han sido referenciados para períodos anteriores, las fuentes mencionan la construcción y arreglo de otras vías que pretendían agilizar  la movilidad de productos y personas. Tal es el caso del camino que partía de Bello hacia San Jerónimo, cruzando el Llano de Ovejas y el Sitio de Poleal y del camino de Quimbayo que partía de Sopetrán hacia Medellín.

 

En informe presentado al gobernador en el año de 1853 se reportan las diferentes vías de acceso a Sopetrán y se menciona el nuevo camino de Quimbayo:

 

El nuevo  camino que de Sopetrán parte para Medellín  por la vía de Quimbayo, está ya concluido. Esta vía, además de ser cuatro leguas  i media más corta que la de  “Boquerón”. Casi toda ella puede recorrerse al galope por lo poco quebrado del terreno.  El camino llamado de Montegrande, que no se componía desde 1816, lo ha sido ahora desde Sopetrán  hasta mas delante de la Ceja.  El camellón, que de esta ciudad parte para el Cauca,  ha sido compuesto de manera sólida i permanente. El camino que del paso de “Peñablanca” sigue para  Sopetrán, ha sido compuesto i entregado ya por los contratistas. Las doce leguas de camino que hai de esta capital al distrito de Urrao, ha sido compuesta de una manera  que desear. Se ha abierto un nuevo camino de Belmira  a Sopetrán el cual remplaza con muchas ventajas  la trocha pedregosa por donde se transitara anteriormente.  Se ha compuesto muchos malos pasos de camino, que parte de Sopetrán hasta San Jerónimo (Gobernación de Antioquia.  Memorias e informes.  1853).

 

En el mismo informe se reporta además otra ruta que de Bello, en el Valle de Aburrá, parte para el asiento de San Jerónimo, localizado en el cañón del río Cauca.

 

Oportunas reparaciones  se han hecho y se  están haciendo  en el camino que de  Bello conduce a San Jerónimo, que es, a mi juicio, la vía mejor y más corta para unir  la capital departamental  con los pueblos de Occidente  (Ibíd: 12).

 

Sin embargo, la ruta principal que comunicaba estas dos regiones continuaba siendo el camino que remontaba la cuenca de la quebrada Iguaná hasta San Cristóbal, pasando por

 

Boquerón, para descolgarse hacia el Cauca por el sitio de San Sebastián o La Aldea hasta llegar a San Jerónimo. Para este período el camino mencionado era considerado de primera clase, gracias al importante papel que desempeñaba en las comunicaciones del Valle y el cañón del Cauca; prueba de ello son las múltiples intervenciones que se realizaron a lo largo del siglo XIX, relacionadas con la construcción de puentes en pasos de quebradas, y desvíos para evitar los sectores deteriorados por el cauce de los ríos y los grandes centros poblados, así como  el levantamiento de calzadas, construcción de drenajes y otras obras asociadas.  La construcción de puentes es reportada  en los informes y memorias presentados al gobernador a mediados de este siglo,  de la siguiente manera:

 

En los caminos del departamento de Sopetrán  ha hecho el inspector  de ellos algunas reparaciones,  i están en buen estado esas vías.  Entre  San Jerónimo i la capital  del departamento se construye un puente de  cal i canto, el que no se ha  concluido  a causa de las  escasas situaciones del tesoro, pero pronto se dará fin aquella obra  (Ibíd  1853:16).

 

La misma fuente describe la reparación de la ruta principal entre estas dos regiones y la ejecución de obras técnicas e ingenieriles asociadas a esta: 

 

Una sección de  doce reos  se ha ocupado  en la composición  del camino del estado, desde Sopetrán hasta  Boquerón en cuyo trayecto se ha practicado operaciones de importancia, y hoy se encuentra en aquella vía en  muy buen estado. Lo construido y reparado  comprende una extensión de 7,495 mts con sus correspondientes  zanjas, desagües, calzadas, y pretiles (Ibíd 1853:89).

 

Una sección de diez  reos  se ocupa de la construcción y mejora del camino que del distrito  de San Jerónimo  conduce ha esta ciudad por la loma del  “Tigre” y al mismo tiempo  ha atendido con prontitud y buen éxito a las preparaciones que con urgente necesidad  hubo que  hacer en la  vía de San Jerónimo a Sopetrán  ascendiendo los  trabajos  a una extensión  de 12,078  Mts, y los cuales se han practicado con la perfección  posible  y haciendo los respectivos desagües, calzadas y  caños y también los desvíos necesarios para su mayor comodidad (Gobernación de Antioquia 1857).

 

Es de resaltar la utilización de presos para el arreglo, composición y mejora de los caminos, como una política general de la administración.  Como ya se había mencionado, la idea de emplear esa mano de obra había sido planteada mucho tiempo atrás por los llamados reformistas, pero solamente comienza a tener vigencia en este período, al igual que otras tantas políticas  formuladas para los caminos.

 

Durante este tiempo la red de caminos que comunicaba el cañón del río Cauca con otros sectores del departamento, se complejizó al abarcar nuevas regiones y unir los  asentamientos creados en el período anterior;  uno de estos caminos comunicaba a Santa Fé de Antioquia con el Sitio de Anzá localizado aguas arriba en las riberas del río Cauca sobre la margen occidental; no obstante, algunos tramos de la ruta del Espíritu Santo continuaban

 

vigentes y permitían la articulación de algunos poblados de la región como Sopetrán, Sacasojal, Sucre , Córdoba. Juan García,  y San Andrés de Cauca (INER – Secretaría de Educación 1995).

 

Sopetrán se convirtió en un centro regional, dada la confluencia de múltiples caminos que permitían la interacción de las diferentes localidades y la población circundante. Desde allí partía un camino de 25 km en dirección a Liborina atravesando los asentamientos de Sacaojal, Sucre, Córdoba  y Quebrada Seca, mientras que otro camino  de 1.5 km lo comunicaba con San Jerónimo (Archivo Histórico de Antioquia.  Tomo 2706.  Documento 39). 

 

Existían otros caminos de menor importancia que comunicaban para 1864 las cabeceras de los distritos con algunas fracciones y poblados de menor importancia.  Ejemplo de ello son los caminos que comunicaban a Santa Fé de Antioquia con las comunidades de Indro, El Indio, Anocosca, El Pescado y Baraona; así mismo, de Anzá partían caminos hacia Guintar e Iguimá, y de Giraldo, al sitio conocido como Cuajarón (Ibíd ).

 

La complejización de las vías de comunicación en el cañón del río Cauca, se ve ejemplificada en el informe que presenta el secretario de Hacienda sobre la extensión en caminos construidos que tienen los distritos de esta región.  Para la ciudad de Antioquia se reportan 95,775 Km de caminos de los cuales 22,254 pertenecían al Estado y los restantes al Distrito; Anzá poseía 73 km, todos  a cargo del Distrito; Giraldo contaba con 25,420 Km, todos bajo el cuidado del Distrito; Sopetrán poseía 27,370 km, de los cuales únicamente 840 eran del Estado y los demás del distrito; San Jerónimo contaba con 5,481 Km, de los cuales 1,750 km eran del Estado, y por último, Sucre estaba atravesado por 32,463 km, todos bajo la responsabilidad del Distrito (Gobernación de Antioquia  1873).

 

Hacia afuera de la región del Cañón también existían importantes vías que posibilitaban la comunicación con otras regiones del departamento.  A parte de las diferentes rutas al Valle de Aburrá, se mencionan otros caminos como el que comunicaba con el Chocó, cruzando por el paraje de Juntas en Urrao, con una extensión aproximada de 8,580 Km (Gobernación de Antioquia.  Informe General del Presidio del Estado).

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