CONTEXTO REGIONAL. LOS PERIODOS HISTÓRICOS EN LA OCUPACIÓN DEL OCCIDENTE MEDIO ANTIOQUEÑO. Parte 2.

4.1.2    Reducciones y traslados de la población indígena y fundación de poblados españoles (1545 – 1615)

 

 

Con la fundación de los primeros asentamientos de españoles y la consolidación de la conquista del centro de Antioquia, del Occidente, y del Bajo Cauca-Nechí, se generan cambios sociales significativos en las relaciones inter regionales entre las comunidades ubicadas en el Occidente Cercano;estas transformaciones están estrechamente vinculadas a los cambios en la dinámica económica regional, a los movimientos de población y a las políticas de la administración colonial para con la población.

 

Los cambios en la dinámica económica regional se originan y consolidan con la ruptura definitiva de las redes de interacción existentes antes del contacto y con la imposición de nuevas estrategias económicas como fueron la ganadería la agricultura intensiva y la explotación de la mano de obra indígena.  El control sobre el territorio y las redes de circulación de productos y personas ejercido por la recién llegada población invasora, generó una radical desestructuración de las redes regionales de interacción. 

 

Además, la dinámica económica regional debió haberse transformado a raíz del muy marcado interés de los conquistadores en la explotación aurífera.

 

Los españoles asentados en esta región advirtieron pronto que la forma más segura y productiva de obtener oro en esta provincia era la explotación de lechos y orillas de quebradas y ríos.  Estas explotaciones no hicieron más que seguir las huellas de los trabajos de los indios; así, los llamados  Reales de Minas fueron establecidos en aquellas zonas de explotación indígena reconocida.  Por este motivo, las diferentes fundaciones de la ciudad de Antioquia se hicieron cerca  al famoso cerro de Buriticá y los ricos placeres aluviales del río Cauca; la ciudad de Cáceres se fundó en cercanías de las grandes explotaciones Nutabe; la ciudad de Zaragoza de las Palmas en inmediaciones de los sitios de Vitube y Mayaba, dentro de los dominios de la provincia de Yamecí; y el Real de Minas de Nuestra Señora de la Antigua de Guamocó, en la confluencia de los ríos Atara y Tigui.

 

Este período también se caracteriza por fuertes movimientos de población, principalmente de indígenas, que eran reducidos y trasladados de forma indiscriminada  por los encomenderos a los nuevos centros de producción y extracción aurífera.  La consolidación de estos centros productivos y extractivos,  y la fundación de los primeros poblados españoles, le fueron dando una configuración particular al territorio, donde se pasa de patrones de poblamiento  caracterizados por pequeños núcleos dispersos, a la concentración de mulatos, negros e indios en zonas productivas y extractivas y de población española y mestiza en hatos, estancias, villas y ciudades.

 

Esta situación altera drásticamente las rutas de comunicación, pues durante este período se trató de unir estos asentamientos productivos y poblacionales, utilizando en algunos casos rutas ya establecidas, y en otros, modificándolas  o creando nuevas.  Así mismo, la concentración de grupos indígenas de diferente procedencia con negros africanos y población mestiza, da inicio a un intenso y prolongado proceso de mestizaje, que puede ser entendido como otra forma de interacción, si se considera que el mestizaje no es solamente racial, sino también cultural y social.  De esta forma, se conjugan diferentes visiones del mundo y diversos conocimientos tecnológicos bajo un control ejercido por el grupo dominante constituido por los europeos recién llegados y algunos mestizos. 

 

De otro lado,  las políticas administrativas para la población indígena, negra, mestiza y blanca, modificaron las estructuras sociales y políticas de los grupos nativos, introduciendo nuevos elementos que propiciaron el cambio social.   El contacto entre americanos y europeos inició un proceso de cambios culturales en los cuales la sociedad española se convierte en un modelo generador de actitudes y comportamientos nuevos (Osorio 1992).  Las relaciones generadas a partir de este contacto fueron mediatizadas por las políticas administrativas coloniales, las cuales se pueden entender como legislaciones y acciones de gobierno que buscaban instaurar un nuevo orden social, tendiente a conservar las “buenas costumbres” españolas y resolver conflictos entre los derechos de los particulares y los intereses de la  corona y la clase dominante ligada a esta.  Este período se caracterizó por un contrapunteo permanente entre los hechos y el derecho, para lo cual se utilizaron viejos principios medievales que justificaban y legitimaban el comportamiento de los europeos en América (Alvarez 1992).

 

La encomienda fue la principal institución para el control y sometimiento de la población indígena en este período.  Por medio de esta, se le otorgaba a los españoles autonomía para administrar un territorio, y los recursos y la mano de obra indígena comprendida en aquel, lo que ayudó a la generación de una nueva estructura en las relaciones sociales, y, por consiguiente, un cambio significativo en las redes de interacción y rutas de comunicación. 

 

Aparte del gran centro poblacional de la ciudad de Antioquia, donde se concentró el grueso de la población blanca y mestiza, se establecieron el los alrededores, como ya se dijo, estancias agrícolas y ganaderas, así como centros de extracción aurífera.  En el cañón del río Cauca se destacan el sitio del Pie de La Cuesta en cercanías del actual San Jerónimo y el sitio de San Juan, donde el Gobernador Gaspar de Rodas y su hijo Alonso de Rodas concentraron la población indígena Guaracú, que les había sido encomendada, en inmediaciones de sus estancias ganaderas y agrícolas y de los entables para la explotación de los placeres aluviales (A.G.N.  Fondo Encominedas.  Tomo X.  No de orden antiguo 60).

 

Gran parte de la población perteneciente a la provincia de Béjico y del pueblo de Tahamí fue trasladada por su encomendero Antonio Machado a los hatos ganaderos y estancias agrícolas localizadas en el sitio de Toyubano —posiblemente hoy Toyugano, municipio de Sabanalarga— (A.G.N.  Fondo Visitas Antioquia.  Tomo I.  Documento 16),  mientras que la población Nutabe fue concentrada, también por sus encomenderos, en el llamado sitio de Las Pesquerías donde se ubicaban algunas de las minas más productivas de la provincia, las que generaron el primer auge minero de la ciudad de Cáceres (A.G.N. Fondo Visitas Antioquia.  Tomo I.  Documento 1).

 

En el río Tonusco, asociadas a las explotaciones mineras, se crearon dos poblaciones que concentraron gran parte de los habitantes de la Cordillera Occidental en el cañón del río Cauca; una, ubicada en las cabeceras del río Tonusco, dedicada a la explotación de las fuentes de agua sal (A.G.N.  Fondo Visitas Antioquia.  Tomo II. Documento 13), y la otra, localizada en la desembocadura del mismo río al Cauca, dedicada a la extracción del oro de aluvión (A.G.N.  Fondo Encomiendas.  Tomo X. No de orden antiguo 60).

 

Hacia finales del siglo XVI y principios del XVII, los sitios de San Juan y El Pie de La Cuesta se convirtieron en pasos obligados para quienes se desplazaban desde el Cañón del Río Cauca hacia el Valle de Aburrá ( y viceversa), llegando a ser paraderos regulares donde los transeúntes hacían una pausa para pasar la noche y al otro día arribar al asiento de Guayabal, en el sur del Valle de Aburrá, como lo hicieron en distintas ocasiones el visitador Herrera Campuzano y su escribano Rodrigo Zapata (Ibíd ).

 

La interacción que se daba entre los asentamientos del cañón del río Cauca y Valle de Aburrá estaba controlada por las políticas y prácticas administrativas coloniales y el poder que ejercían los encomenderos a partir del monopolio de la mano de obra indígena y de las estancias ganaderas y agrícolas, así como las minas de oro y sal  existentes en estas regiones. 

 

Las relaciones que se establecieron entre los diferentes grupos reunidos en un mismo asentamiento eran bastante asimétricas, pues las jerarquías se  definían con base en diferencias étnicas, ya que en todos los casos, el  encomendero era el “dueño” de la mano de obra (indígenas y negros) y de las fincas, estancias y minas, y era éste quien contrataba a individuos mestizos como estancieros, capataces y mineros para que le administraran sus propiedades y garantizaran una alta rentabilidad, sin que le importara el deterioro de los recursos y la acelerada disminución de la población indígena y negra.  Esta situación es palpable en el asentamiento de Guayabal, que se localizaba entre la desembocadura de la Quebrada Doña María al Río Medellín y el sitio del Ancón, en el sector sur occidental del Valle de Aburrá.  Para el año de 1615, cuando el Oidor Francisco de Herrera Campuzano la visitó encontró que en él vivían indígenas Peques y Vejicos de la Cordillera Occidental, Guaracus de los lados del Pie de la Cuesta, Yamecies del Bajo Porce – Nechí y unos pocos Aburraes que habían sobrevivido a los maltratos, todos ellos encomendados a Alonso de Rodas Carvajal;  estos indios eran obligados a explotar las tierras y las minas de los encomenderos tanto en el Valle como en algunos sectores del altiplano de oriente, principalmente en los sitios de Río Negro y Las Piedras Blancas, donde debían desplazarse periódicamente.  Así mismo, eran obligados a emprender largos viajes como arrieros y transportar ganado desde este lugar hasta Cartago, Ancerma, Arma, Remedios, entre otros.   Además, en el sitio de Guayabal tenían asiento los esclavos negros del encomendero, quienes apoyaban a los indios en las labores de las estancias y las minas (A.G.N.  Fondo Encomiendas.  Tomo X. No de orden antiguo 60).

 

En términos generales, los inicios de la colonia en el Cañón del Cauca estuvieron marcados por el surgimiento de asentamientos, algunos más grandes e importantes que otros, que fueron consolidándose a través del tiempo.  Algunos de ellos, se convirtieron en centros administrativos, enclaves de economía extractiva o productiva, de manejo especial como los pueblos de indios, y otros tantos se volvieron centros de acción de encomenderos.  Esta

 

distribución espacial particular de los asentamientos en una esfera regional, hizo que las localidades que se desarrollaron durante este periodo tuvieran la connotación de enclaves de la periferia, cuyas sus relaciones estuvieron influenciadas por la dinámica del centro regional, Santa Fé de Antioquia.

 

En este periodo, la integración de las poblaciones asentadas en el cañón del río Cauca con la Costa Atlántica colombiana y  la Depresión Momposina, se daba a través del camino del Espíritu Santo que también fue utilizado para llegar a Santa Fé de Bogotá, tomando el desvío de la ciudad de Cáceres hacia Zaragoza, para pasar luego a Remedios y Mariquita y de allí al Altiplano Cundiboyasence; esta ruta fue la elegida por el oidor Francisco de Herrera Campuzano cuando hizo su visita de tierra  a la provincia de Antioquia (A.GN.  Fondo Visitas Antioquia.  Tomo I.  Documento No 16).

 

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