El último cacique Nutabe ha muerto

El  último cacique Nutabe ha muerto

La muerte violenta de don Virgilio Sucerquia Chancí, último “bigman”, gran hombre, del pueblo Nutabe es para los antropólogos un etnocidio. Sin Sucerquia, y su comunidad desplazada de las tierras que ocupó en los últimos cinco siglos, Antioquia pierde el eslabón que podía llevarla a comprender gran parte de su historia.

Enviado Especial Sabanalarga, Antioquia

A los funerales de don Virgilio Sucerquia debió asistir toda Antioquia. De haberse enterado de su muerte, era responsabilidad del Presidente de la República de Colombia acompañarlo hasta su última morada y cantarle un adiós agradecido.

El cuerpo de don Virgilio, solitario, putrefacto, agujereado por las balas y generaciones que lo antecedieron en la localidad de Orobajo, jurisdicción de Sabanalarga, Noroccidente antioqueño.

Don Virgilio representaba quinientos años de resistencia de la cultura Nutabe, pueblo que, basado en una jerarquía organizacional, donde los caciques superiores eran sus máximas autoridades, dominó todo el noroccidente de Antioquia.

Con la muerte violenta del viejo, el puñado de hombres y mujeres que aún quedan de su estirpe, desterrados de las tierras que ocuparon en Orobajo, entran a una noche inmensa de la que quizá nunca podrán salir. Los antropólogos de la Universidad de Antioquia, que por varios años trabajaron con la comunidad, dicen que don Virgilio representaba al último “bigman”, hombre redistribuidor, cacique, o gran hombre de lo que fue el pueblo Nutabe.

Siglo de gloría

Como ha ocurrido con los pasos obligados o estratégicos en las distintas regiones, hasta la primera mitad del presente siglo la importancia de Orobajo trascendía las fronteras regionales.

En épocas violentas la población jugaba un papel trascendental. Bastaba pasar al otro lado del río o saberse mover entre las montañas vecinas para cerrar el paso y causar graves daños a los grandes ejércitos. En la violencia partidista, que estalló en 1948, Orobajo fue quemado y bombardeado una y otra vez, pero ninguna tropa pudo ocuparlo por tiempo indefinido.

La anciana doña Otilia Torres Valle, memoria viva de los Nutabes, mujer conservadora, protegida por monseñor Miguel Ángel Builes, obispo de Santa Rosa de Osos, así como de otros sacerdotes que jamás ocultaron su preferencia por la causa conservadora, da fe de ello.

En tiempos de paz Orobajo aparecía como tierra promisoria. Por allí cruzaban los hombres y mercancías que tenían como destino la población de Ituango y zonas vecinas del noroccidente paisa.

Su tradición indígena siempre dio vida a un hombre, una especie de cacique que mantenía unida a la comunidad, distribuía las cosechas y la producción minera de acuerdo con las necesidades y ahorraba para los momentos difíciles.

En el siglo pasado, los padres y abuelos de don Virgilio y doña María Otilia, suegra de don Virgilio, fueron los “bigman” y, de paso, los encargados de atender en sus viviendas a los visitantes.

A principios del presente siglo, el padre de doña Otilia, el señor Ascención Torres, fue el balsero que pasó de una orilla del Cauca a la otra al ex presidente de Colombia, Marco Fidel Suárez, en su visita a la población. Al morir los viejos don Virgilio asumió la misión del bigman. Como era costumbre, por su casa siguieron pasando todos los forasteros. Lo hacían porque allí encontraban un plato adicional de comida, la pericia del balsero que podía ayudarles en el cruce del río, la muía que hacía más fácil el duro ascender por las montañas, el hombre que podía orientar a la comunidad en época de elecciones y la autoridad a la que nadie desatendía. Llegaban los obispos, el padre de doña Otilia era amigo personal de monseñor Builes, quien no perdía oportunidad para visitarlo; llegaban los sacerdotes, llegaba la universidad, llegaban los políticos, llegaba la guerrilla y, por último, a la casa de don Virgilio, el pasado 12 de julio, entraron los paramilitares.

Ocaso

Pero los 12 paramilitares que bajaron a Orobajo tampoco tenían la orden de asesinar a don Virgilio. “Traían una lista de cuatro personas y no las encontraron. Entonces, cogieron a los hombres que había en la calle, cuatro en total, Roelí Sucerquia, Bernardo Chancí, Luis Ángel David y Floro Chancí, quien sufría trastornos mentales.

“En ese momento -afirma un testigo del hecho- don Virgilio estaba con su esposa Norma ordeñando una vaca. Al enterarse de que los desconocidos estaban en el pueblo pudo escapar, pero dijo: Yo no voy a dejar a mi gente sola y arrancó para la escuela donde los tenían reunidos. “Preguntó qué pasaba. Quien comandaba el grupo contestó que tranquilo, que iban a hacer una reunión para aclarar las cosas. Don Virgilio le respondió que era bueno que todo se aclarara porque allá nadie era ni guerrillero ni colaborador.

“No pudo hablar más, los hombres se miraron y comenzaron a disparar. Doña Norma, la esposa de don Virgilio, cuando escuchó los tiros ya iba rumbo a Cañaona, por el camino que conduce a Sabanalarga; doña Otilia, a sus 76 años, y otras ancianas que la acompañaban corrieron hacia el río para tratar de cruzarlo, una muchacha de 17 años y un niño de diez que se lanzaron a las aguas murieron ahogados”.

Desalojo

Ejecutada la masacre sus autores recorrieron algunas casas en busca de artículos de valor y advirtieron que la orden era desalojar el pueblo. El vínculo de don Virgilio y doña Otilia era más fuerte que el propio parentesco, ya que el cacique buscaba todas las formas de mantenerla en la localidad porque, aunque analfabeta, la anciana era la memoria viva de su comunidad, la única que sabía rezar, razón por la cual quería tenerla muy cerca el día de su muerte, la que recurría a las historias de origen para evitar la desintegración en épocas de hambre, violencia, desgracias naturales u otras necesidades.

“Recuerdo -comenta uno de los nativos- que una mañana entró la guerrilla con un montón de gente herida. Cogieron una vaca de don Virgilio y la mataron, no porque el viejo se las regaló, sino que ellos, simplemente, se tomaron el derecho; luego mataron a todas las gallinas y más tarde recogieron a los hombres y les ordenaron que tenían que ayudarles a llevar a los heridos hasta las montañas de Peque. “No había otra alternativa. Los días que siguieron fueron de mucha hambre. No había plata para mercar y el primer pueblo de aquí, que es Sabanalarga, estaba a catorce horas en mula. Ese día nos pusimos muy tristes y nos fueron entrando como ganas de abandonar todo esto.

“Entonces, agrega el nativo, doña Otilia nos narró cómo nuestros primeros padres habían sobrevivido gracias a que conocieron el maíz y a que trabajaron la tierra y eso nos llenaba de ánimo para alimentamos sólo con arepa, mientras volvíamos a sacarle al río el oro que luego cambiábamos por comida”.

Éxodo

Las horas que siguieron a la masacre resultaron espantosas. Doña Otilia se acercó a los baleados para darles el buen morir, pero sólo Roelí, quien recibió la descarga en sus piernas, pudo responder a sus oraciones. Minutos después murió desangrado.

El terror por el posible regreso del escuadrón armado hizo que los Nutabes abandonaran a sus muertos para refugiarse en las montañas. Con las primeras sombras de la noche una comisión que regresó al escenario del crimen encontró a unos perros comiéndose a los difuntos. “Al ver eso, dice uno de los testigos, nos turnábamos para vigilar los caminos y arrastrar a los difuntos hasta la sala de una casa para que los perros no se los siguieran comiendo. En la noche tres señores se turnaron para ir hasta la sala y prender cada dos horas una velita a los muertos. Prendían la velita y luego se volaban por miedo a un nuevo ataque.

“Al día siguiente, al ver que nadie llegaba, armamos los cajones y los sepultamos. La táctica era la misma, unos trabajaban y otros mirábamos para los caminos y las montañas. Sólo pudimos hacer cuatro cajones. Al bobito lo envolvimos en unos plásticos y así lo sepultamos”.

“Después llegó la Cruz Roja en un helicóptero para evacuar a los tres heridos que dejó la toma. Preguntaron por los muertos y les dijimos que los habíamos enterrado”.

Tres días amaneció la comunidad en el monte. Al amanecer del cuarto día doña Otilia, con 76 años encima, consiguió un bastón e inició un recorrido que para sus años creía imposible de alcanzar. En ayunas caminó las primeras doce horas hasta Canguerejo el segundo avanzó hasta La Cueva, en la mitad del tercer día fue recogida en una muía y trasladada hasta el pueblo, donde hoy, al igual que los otros pobladores de Orobajo no sabe qué camino seguir.

Atrás dejan un pasado de gloria, esclavitud, adoctrinamiento, resistencia y amor por su cultura y su historia. Un pasado en el que perdieron su lengua y tuvieron que ocultar su identidad indígena para sobrevivir. A 16 meses de un nuevo milenio, el último cacique Nutabe, pueblo cuyas primeras huellas aparecen antes de la era cristiana, regresó sucio y bañado a la tierra de un país que ni siquiera se dio por enterado.

Historia que comenzó hace 500 años

Enviado Especial Sabanalarga

De los mejores momentos del pueblo Nutabe dan cuenta los 12 pueblos que, a la llegada de los españoles, se sucedían uno tras otro en el Valle del Río San Andrés, en el noroccidente de Antioquia; su organización social, sus jerarquías cacicales, el intercambio comercial que sostenían con la gran provincia del Sinú y el antiguo pueblo de Dabaibe; el manejo del oro, las cosechas, los pisos térmicos, sus deidades y sus incursiones territoriales. Desde el punto de vista geográfico, puede decirse que los Nutabes vivieron su esplendor en las regiones que hoy ocupan los municipios de Toledo, San Andrés de Cuerquia, San José de la Montaña, Sabanalarga, Briceño y parte de Ituango, en el cañón del Río Cauca, entre las cordilleras Occidental y Central.

Dominar a los Nutabes no fue empresa fácil. La defensa de su territorio fue intensa y fiera. Las crónicas que hoy descansan en los anaqueles de Santafé de Antioquia dan cuenta de más de 30 años de fieros y desiguales combates. En 1571, 35 años después de la fundación de Antioquia, cayeron los últimos guerreros Nutabes y con ellos la grandeza de su mundo prehispánico.

Siglos de mimetismo

Vencidos sus guerreros, el deterioro del pueblo Nutabe fue progresivo y significativo. Las legiones europeas repartieron a los sobrevivientes en encomiendas. Siguieron décadas de esclavitud en las minas de oro. Luego, con la llegada de los nuevos siglos, entraron en escena los curas doctrineros, los procesos de mestizaje, la desaparición de la lengua Nutabe, los pueblos indios, los tratos como seres inferiores hasta hacerles sentir vergüenza de su propia raza, las guerras de independencia, los partidos liberal y conservador y, finalmente, la repartición y pérdida de sus tierras comunales de resguardo.

El paso del tiempo y las infamias no fueron suficientes para borrar la cultura Nutabe. Anclados en el territorio de Orobajo, parte más estrecha del cañón del Cauca, según la medición del sabio Alejandro Humboldt, la etnia mimetizó su cultura, su visión del universo, sus deidades y demés-ceíexfíf^Mfc, imaginarios con la cultura cristiana dominante para poder conservarla. Analfabetas de las letras de Castilla y con su lengua extinguida por el trabajo doctrinero e inquisidor, ocultos en ese rincón de la geografía paisa, los viejos pasaron a las nuevas generaciones, de manera oral, sus legados históricos y culturales.

Con la estrategia del sincretismo, en los momentos más brillantes de la colonia, cuando por simple sospecha de herejía los indios eran sometidos a los peores martirios, mantuvieron vivas a sus deidades femeninas al atribuir virtudes sobrenaturales a mujeres españolas de su tiempo. Es el caso de María Zafra Centeno o María del Pardo, primera mujer española que nació en Antioquia. Dicen las leyendas nativas que esta María, con la ayuda de las siete legiones (siete diablitos que se convertían en negros de casi dos metros) construyó en un día y una noche la iglesia de Sabanalarga.

Para no perder su historia sobre el origen de la sabiduría de algunos de sus hombres, montaron sobre la historia de la “ballena de Jonás”, la versión del “abismo” o animal mitológico que aparecía en las aguas del Cauca para tragarse a las personas.

“Si uno se encontraba con el monstruo -comentan los nativos- debía exclamar: ¡Virgen del Carmen! y el monstruo desaparecía. Quien no conociera la frase, o no pronunciara las palabras a tiempo era tragado por el animal que, luego de tres días, lo vomitaba dueño de una gran sabiduría. Entre otras cosas conocía dónde estaban las mejores minas de oro. Por eso, cuando alguien saca mucho oro los demás sostienen que estuvo en el vientre del animal”.

A historias de origen como la de Adán y Eva les incorporaron animales y productos de la región. La campaña no termina, el último barrio de Sabanalarga, denominado por los descendientes Nutabes como “cola de gurre” porque desde la montaña el pueblo aparece como un armadillo fue rebautizado por un sacerdote y nombrado como barrio “El Carmelo”, en memoria a la montaña de Israel, cerca a Haifa, en cuyas cuevas residieron muchos profetas y ermitaños. “Mire ese barrio cómo se ve de bonito, es toda una cola de gurre -animal que ha acompañado a los Nutabes en toda su historia-, pero la advertencia es de que el que vuelva a pronunciar ese nombre lo pueden llegar a excomulgar”, dice uno de los ancianos Nutabes que hoy sufre el flagelo del desplazamiento forzado.

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9 comentarios en “El último cacique Nutabe ha muerto

  1. que irónico que el presidente Santos acudiera a un mamo de la sierra para iniciar su mandato y en la mas cinica desvergüenza haga oidos sordos, a la situación de las demás comunidades indigenas.

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  2. Los Nutabes y los Yamesies o Carrajaeses han vuelto para honrar su estirpe y hacer que sus ancestros se manifiesten a través de su árbol genealógico en Medellin y Antioquia.

    CABILDO INDÍGENA NUTABES Y YAMESIES “NUTABYAM”

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  3. Los Nutabes no han muerto hoy estamos mas vivos que nunca y con nuestras raices guerreras, seguiremos luchando por nuestra madre tierra, por nuestras memorias, por nuestra saber y sabiduria. Somos NUTABES a mucho honor y gloria

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    1. Buenas noches, le pasaré unos enlaces desde donde puede descargar un estudio histórico sobre la población Nutabe; está en tres partes.
      Parte 1: https://idespinosa.files.wordpress.com/2012/05/historia-y-cultura-de-la-poblacic3b3n-nutabe-en-antioquia-parte-1.pdf
      Parte 2: https://idespinosa.files.wordpress.com/2012/05/historia-y-cultura-de-la-poblacic3b3n-nutabe-en-antioquia-parte-2.pdf
      Parte 3: https://idespinosa.files.wordpress.com/2012/05/historia-y-cultura-de-la-poblacic3b3n-nutabe-en-antioquia-parte-3.pdf
      Espero que sea de su utilidad.
      Cordialmente,
      Iván Darío Espinosa Peláez
      Antropólogo

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  4. Son los nutabes, miembros de la familia linguistica Chibcha al igual que los muiscas? si es así (eso parece demostrar la evidencia) se acabaría con tanto subregionalismo obsoleto que existe entre Paisas y Cundiboyancenses-santandereanos………………

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  5. Son los nutabes, miembros de la familia linguistica Chibcha al igual que los muiscas? si es así (eso parece demostrar la evidencia) se acabaría con tanto subregionalismo obsoleto que existe entre Paisas y Cundiboyacenses-santandereanos………………

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