ASPECTOS HISTÓRICOS DEL RESGUARDO DE /IPKIKUNTIWALA/

2. ASPECTOS HISTÓRICOS DEL RESGUARDO DE /IPKIKUNTIWALA/

 Este capítulo, se estructura en tres partes; la primera hace mención del proceso histórico que pudo reconstruirse mediante la consulta de fuentes escritas, principalmente las publicadas, remontándonos desde la ocupación prehispánica, hasta los inicios de el siglo XX; la segunda parte aborda la historia reciente, reconstruida básicamente desde la información oral proporcionada por los miembros de la comunidad; por último se realiza un intento por dar una visión de la historia étnica desde una perspectiva emic, basándonos en las historias de origen, los mitos, la cosmogonía y la teología, tratando de ordenar los relatos cronológicamente y buscando respetar su punto de vista de la creación y de los más importantes acontecimientos que han marcado el devenir de este grupo hasta la actualidad.

 2.1 Aproximación a la Historia /Tule/

 Para la reconstrucción histórica de este grupo étnico, se utilizó un modelo procesual, fraccionado en siete períodos, cada uno de los cuales es identificado por acontecimientos claves que marcaron en devenir de este grupo poblacional; se trata pues de un esfuerzo académico que pretende ordenar la información cronológicamente, pero que ante todo busca identificar aquellos elementos de cambio y continuidad en la ocupación territorial de la tradición cultural /Olo Tule/. Para tal efecto, partimos desde las ocupaciones prehispánicas de la región de Urabá y el Alto Sinú, donde a nuestro entender se encuentran los inicios étnicos del conglomerado humano que ahora ocupa el territorio indígena de /Ipkikuntiwala/; este trascender por el tiempo de forma retrospectiva lo llevamos hasta los inicios del siglo XX, momento en el cual es posible la reconstrucción de los acontecimientos puntuales de Caimán Nuevo desde la tradición oral.

 2.1.1 La Ocupación Prehispánica del la Región de Urabá y el Darién

 Este aparte lo fraccionamos en dos secciones, donde la primera se encarga de presentar una visión sucinta de los datos arqueológico, mientras la otra se centra en una descripción de las principales características de los grupos humanos del siglo XVI, descritos principalmente en las crónicas de conquista. Antes de iniciar nuestro relato y para mayor claridad de los lectores, queremos sentar nuestra posición frente al proceso histórico de la nación /Olo Tule/; consideramos que este grupo étnico deriva de la tradición arqueológica denominada Urabá – Tierralta y que además está expresada en las fuentes de la conquista con la denominación de la Provincia Indígena de Urabá. Dichas afirmaciones tienen como sustento la contrastación de los datos lingüísticos y el seguimiento territorial de los desplazamientos de estos grupos primigenios.

 Las Evidencias Arqueológicas

 Las investigaciones arqueológicas realizadas en las regiones de Urabá y el Darién, muestran que estos territorios estuvieron ocupados desde épocas muy tempranas, al juzgar por el tipo de evidencias que se han reportado. El posible poblamiento temprano por parte de grupos cazadores – recolectores cuenta con algunas evidencias sin dataciones absolutas en el Golfo de Urabá, específicamente en el sitio de Bahía Gloria (margen occidental del Golfo) en jurisdicción del municipio de Unguía, donde se halló una punta de proyectil acanalada similar a las del Complejo “Lago Meden” en Panamá.[1]

 Sobre las ocupaciones agroalfareras en estas regiones, las investigaciones han puesto de manifiesto correlaciones entre complejos culturales que se extienden por toda la costa Atlántica, incluyendo el Darién panameño. En 1927 se realizaron excavaciones arqueológicas en el Darién, en sitios funerarios y de vivienda localizados en La Gloria, Candelaria, Triganá, Acandí y Sevará, donde fue posible identificar la presencia de dos complejos cerámicos; en los cuatro primeros sitios, los materiales arqueológicos son relacionados con el complejo Urabá – Tierralta, mientras que el ultimo, guarda estrechas relaciones con los materiales encontrados a todo lo largo de la costa norte del litoral Pacifico[2], muy posiblemente relacionados con la Provincia de Cueva descrita en las crónicas de conquista.

 Entre los años 1977 y 1986, se realizaron dos campañas arqueológicas en la margen oriental del Golfo de Urabá; la primera de ellas exploró toda la zona costera desde Turbo hasta Arboletes, donde se estudiaron sitios de concheros, que fueron relacionados con períodos muy tempranos de ocupaciones denominadas “arcaicas”, que ya habían sido estudiadas para otras partes de la región Caribe Colombiana[3]. La segunda campaña concentró su investigación en el sitio El Estorbo, jurisdicción del municipio de Turbo, donde fue posible depurar las interpretaciones realizadas en la temporada anterior y hacer una ubicación cronológica más precisa mediante la utilización de dataciones absolutas; En el sitio El Estorbo fue posible identificar una secuencia de ocupación de dos fases arqueológicas, con fuertes relaciones, que muestran la transformación interna de un mismo grupo cultural de por lo menos 1.500 años, pues fue posible obtener dos dataciones absolutas (1055 +/- 45 A.P. y 925 +/- 45 A.P.) . Estas ocupaciones se caracterizaron por la cerámica Modelada Incisa, con rasgos estilísticos y tecnológicos propios que

 “[…] contrasta can la Tradición Modelada Pintada de regiones vecinas como la del Medio y Bajo Sinú […] y Medio y Bajo San Jorge […]”[4].

 También en la misma década de los 80s se realizaron algunas excavaciones en Capurganá, donde se identificaron dos ocupaciones superpuestas que se remplazan gradualmente. La más antigua presentó similitudes con los materiales arqueológicos estudiados para el Bajo Sinú, en el sitio de Momil, mientras que la más tardía fue asociada con el ya identificado complejo de Urabá, del sitio El Estorbo. A partir de las evidencias halladas en el sitio El Estorbo, y las excavaciones llevadas a cavo en el Cerro del Águila[5] (municipio de Necoclí), se plantea para esta ocupación un modo de vida propio de tierras bajas con un patrón de asentamiento a lo largo de las quebradas y los ríos, con una economía basada en la agricultura, la pesca, la caza y la recolección de moluscos[6].

 Con relación a la dispersión de este complejo cerámico, fue posible establecer que se extendía, aparte de ambas márgenes del Golfo de Urabá, en la región del alto Río Sinú, donde ubicaron varios sitios, entre los que se destacan Franquillo y El Cabrero, ambos en jurisdicción del municipio de Tierralta (Córdoba)[7].

 Igualmente, a finales de la década de los 80s en el Golfo de Urabá, se llevan a cabo investigaciones tratando de ubicar la desaparecida ciudad colonial de Santa María de la Antigua del Darién, convirtiéndose en el primer intento de arqueología histórica de la región. Los materiales recuperados, tanto de procedencia indígena como española, demostraron la convivencia de estos dos grupos por un corto período de tiempo, presentándose un horizonte cultural indígena seguido por otro que contenía las primeras evidencias de la ocupación hispánica en la región de Urabá; tras el abandono del sitio por parte de los españoles, no se observó sobrevivencia aborigen[8]. Posteriormente se llevó acabo otra campaña arqueológica el sitio de Santa María, sin que hasta el presente se conozcan resultados de esta nueva investigación.

 En síntesis, las investigaciones arqueológicas en la región de Urabá han demostrado la presencia de la tradición cerámica Modelada Incisa en ambas márgenes del Golfo, así como en la hoya del Sinú (margen izquierda), Panamá (Puerto Escocés) y la margen nororiental de la Ciénaga  Grande en el Bajo Río Sinú (Momil).

 Entre 1993 y 1994 se llevaron a cabo los estudios de arqueología de rescate de la línea de interconexión eléctrica  Cerromatoso – Urabá. En este estudio se identificaron 13  yacimientos del Complejo Cultural Urabá –  Tierralta, que otros investigadores habían estudiado en las regiones de Urabá y el alto Sinú; se pudo comprobar que dicho complejo se extiende, aparte de los zonas ya identificadas, más hacia el nororiente abarcando territorios de la serranía de San Jerónimo, donde al parecer la ocuparon  se dio antes de que allí se asentaran los pobladores de la segunda ocupación  de la olla del San Jorge, caracterizados por la construcción de túmulos funerarios y la elaboración de la cerámica Modelada Pintada. Adicionalmente, pudo corroborarse la hipótesis de que dicho complejo se extendía temporalmente hasta la época del “contacto”, pues en uno del los yacimientos asociados a este complejo se obtuvo una fecha del siglo XV (550 +/- 70 A.P.).[9]

 Entre los años 2004 y 2006 pudimos desarrollar una investigación arqueológica en Necoclí auspiciada por el Ministerio de Cultura, el Municipio de Necoclí y COMFENALCO – Antioquia, cubriendo zonas litorales del sector de San Sebastián – El Hoyito – Río Necoclí, así como la cuenca media y Baja de la Quebrada El Carlos; en este estudio fue posible identificar 150 sitios arqueológicos de diferentes temporalidades asociados al ya conocido Complejo Cultural Urabá – Tierralta; igualmente se pudo constatar presencia de material relacionado al Estilo Quimbaya Clásico, sin que se pueda identificar claramente su ubicación cronológica; también fue posible identificar claramente el lugar de fundación de San Sebastián de Urabá, primer poblado instaurado por europeos en la porción continental de América; allí fue posible constatar arqueológicamente el verdadero “encuentro de dos mundos”. Este encuentro, a nuestro entender, se dio entre españoles y antecesores directos de la nación /Olo Tule/, pues pensamos que este grupo étnico deriva de aquellas comunidades representadas por la Tradición Cultural Urabá – Tierralta.

 Esta afirmación es soportada en una exhaustiva contrastación histórica, arqueológica, lingüística y etnográfica. Muestra igualmente la importancia de conocer este grupo humano, como aquel que soportó, en primera instancia, la oleada europea en la porción continental de América, espacio territorial conocido por ellos como /Apeayala[10].

 Teniendo en cuenta todo lo anterior, es posible pensar que los grupos humanos relacionados con el Complejo Cultural Urabá – Tierralta y por el Estilo Cerámico Modelado Inciso, ocupó un basto territorio desde por lo menos 1.000 años antes del contacto, hasta la conquista española. El área de dispersión de este complejo y por consiguiente de los grupos humanos asociados a él, cubría ambas márgenes del Golfo de Urabá, el Alto Río Sinú, la Serranía de Abibe  y la Serranía de San Jerónimo en la Cuenca Media del Río San Jorge; En esta última región, parece que antecede a la segunda ocupación de la hoya del San Jorge, caracterizada por la Cerámica Modelada Pintada, considerada también como la ocupación Zenú Clásico.

 Con relación al tipo de entornos ecológicos que manejaba este grupo humano, su distribución muestra la utilización de regiones aledañas a las planicies marinas (Golfo de Urabá y la zona aledaña a San Bernardo del Viento) y regiones de montañas como el Alto Sinú, la Serranía de San Jerónimo y la Serranía de Abibe. Se trataba de un grupo humano que cultivaba maíz, y explotaba recursos en las costas marinas, en los ríos y quebradas, al igual que en los bosques mediante la caza, la pesca y la recolección. Al juzgar por toda la gran cantidad de pesas de red encontradas en los yacimientos asociados a este complejo, podemos inferir que un aspecto importante dentro de su economía fue la pesca con atarraya o con otro tipo de redes, tecnología que al parecer estaba ausente en otros grupos vecinos contemporáneos como los de la Segunda ocupación de la hoya del San Jorge.

 

Además en la margen oriental del Golfo de Urabá se encuentran gran cantidad de acumulaciones de conchas de moluscos y caracoles que, una vez aprovechados como recurso alimenticio, fueron depositados formando grandes basureros[11].

 

En las investigaciones arqueológicas desarrollados por nosotros en Necoclí, pudimos ver como dichas acumulaciones de conchas, fueron utilizadas para adecuar zonas de humedales para la ocupación humana. En el sector de Piatra,  es posible observar mediante fotografía aérea e inspecciones en terreno, como fue adecuado este terreno con 13 plataformas rectangulares que conforman una aldea, donde aparte de dichas plataformas se observan canales y drenajes artificiales que sirven de enlace y comunicación entre estas estructuras formadas por la acumulación de conchas de moluscos. Esto puede ser considerado como una estrategia adaptativa a dichos entornos, que por lo demás son las más ricas en oferta ambiental de toda la región Caribe.

 

El patrón de asentamientos de estos grupos comprende grandes concentraciones humanas, posiblemente asentamientos nucleados en forma de aldeas que se extendían por más de dos kilómetros de largo, principalmente el las llanuras aluviales y marinas, y viviendas dispersas en las zonas montañosas a lo largo de los principales ríos y quebradas.

 De acuerdo con la cronología existente para este Complejo, se observa que las fechas más antiguas se localizan en el Alto Sinú, mientras que en Urabá son de finales del siglo VIII de la era cristiana. Lo anterior podrá mostrar que las grupos humanos portadores de la Tradición Cerámica Modelada Incisa que caracteriza el Complejo Cultural Urabá – Tierralta, se desarrollaron primero en la Cuenca del Río Sinú y muy posiblemente en la del San Jorge y Serranía de San Jerónimo, los cuales se desplazaron hacia la región de Urabá y probablemente también hacia la zona montañosa de Abibe. No obstante este desplazamiento, la zona del Alto Sinú continuo siendo ocupada por estos grupos hasta la conquista española[12].

 La continuidad de la ocupación hasta el tiempo del contacto en la región de Urabá, es referida de la siguiente manera:

 “[…] Aunque [para el sitio El Estorbo] no existen evidencias del contacto con asentamientos españoles de la conquista, este contacto se presenta en otro sitio [Lomas de Buena Vista, en la Quebrada Punta de Piedra, entre Turbo y Necoclí] asociado a la fase arqueológica definida con base en el asentamiento de El Estorbo […]”[13].

 Así mismo los hallazgos arqueológicos en Santa María de La Antigua del Darién muestran la permanencia de dicho complejo cerámico hasta el momento del contacto con los españoles[14].

 

Igualmente en el estudio arqueológico adelantado por nosotros en Necoclí, constató dicha permanencia hasta la época del contacto; en el sitio arqueológico de San Sebastián de Urabá, fue posible identificar tres momentos de ocupación del lugar: en las capas más profundas se recuperó material arqueológicos asociado al Complejo Cultural Urabá – Tierralta, mientras que en la capa intermedia, se recuperó material colonia entremezclado con cerámica Modelada Incisa y por último en la capa más superficial, nuevamente material de la Tradición Urabá – Tierralta. Esto demuestra que los Urabaes, denominados así por los documentos coloniales y que nosotros consideramos antecesores de los /Tulemal/, ocuparon este sitio antes de la llegada de los europeos y que después del abandono del asentamiento español de San Sebastián de Urabá, retornaron a él; es importante mencionar que en este último momento de ocupación del lugar, se pudo constatar como los materiales traídos por los europeos y algunas de sus tecnologías fueron apropiadas por la población indígena para la elaboración de su cultura material, sin que esto indique la perdida total de sus tradiciones tecnológicas, formales y estilísticas. Téngase en cuenta que se recuperaron hachas rectangulares de lomo plano y pesas de red, ahora no fabricadas en piedra, sino en hierro y plomo respectivamente.

 Se ha planteado que es poco probable que el Complejo Cultural Urabá – Tierralta ocupe una posición anterior a Momil y que parece haberse desarrollado a partir del complejo Cienaga de Oro[15]. También que la posición cronológica de este complejo, con relación a otros desarrollos culturales de la Cuenca del Sinú, no es clara, ya que no se pudo encontrar ninguna superposición estratigráfica que permita establecer fechas cruzadas[16]. Sin embargo estudios posteriores pudieron mostrar que por lo menos en la región del Medio San Jorge, en la Serranía de San Jerónimo, primero se presento la ocupación de grupos portadores de la cerámica Modelada Incisa que caracteriza el Complejo Cultural Urabá – Tierralta, y posteriormente la Tradición Modelada Pintada que caracteriza la Segunda Ocupación de la Hoya del San Jorge[17], comúnmente llamado Zenú Clásico.

 La cultura material relacionada con tradición Modelada Pintada tiene semejanzas con la cerámica Modelada Incisa del Complejo Cultural Urabá – Tierralta, lo que ha sido expuesto en varias ocasiones[18]; sin embargo elementos como los patrones funerarios ponen de manifiesto las diferencias culturales de los dos grupos en cuestión.

 Se ha planteado además que estas dos culturas pudieron haber tenido un mismo origen a partir de los grupos portadores de la Tradición Cerámica Granulosa Incisa, la cual se desarrolló en el Bajo San Jorge y en la Depresión Monposina. Es posible que a partir de este grupo, los portadores de la tradición Cerámica Modelada Pintada se hayan desarrollado en el Bajo San Jorge cerca del Caño Rabón, mientras que los grupos portadores de la Tradición Cerámica Modelada Incisa lo hicieran en la Cuenca Media del Río San Jorge, en la Serranía de San Jerónimo. Esto podría explicar la presencia  del Complejo Cultural Urabá – Tierralta en la Serranía de San Jerónimo, subyacente a una manifestación tardía de la Tradición Cerámica Modelada Pintada[19].

 Esta última hipótesis es nuestra postura; esto quiere decir que pensamos que la nación /Olo Tule/ tiene sus orígenes en la Depresión Momposina, en los grupos portadores de la cerámica Granulosa Incisa, asociados a la Primera Ocupación de la Hoya del San Jorge (entre los ríos Sinú y San Jorge), que posteriormente empezarían un desplazamiento hacia el sur, ocupando territorios de la Serranía de San Jerónimo, continuando su recorrido en dirección al Alto Sinú, para luego ocupar ambas márgenes del Golfo de Urabá, donde fueron reportados por los cronistas y escribanos españoles  al momento del contacto con el nombre de Urabaes.

 Igualmente pensamos que la ocupación Zenú Clásica, conocida también como la Segunda Ocupación de la Hoya del San Jorge y caracterizada por la cerámica Modelada Pintada, también tiene sus orígenes en la Depresión Momposina, específicamente derivados de los grupos portadores de la cerámica Granulosa Incisa. Esto indicaría que tanto la nación Zenú, como la nación /Olo Tule/ tienen el mismo origen y que en la trayectoria de la evolución se fraccionaron para desarrollar tradiciones culturales diferentes.

 El /Olo Tule/ Abadio Green, miembro de la comunidad de /Ipkikuntiwala/ afirma que siente una gran afinidad teológica y cultural con los actuales habitantes Zenues de los departamentos de Córdoba, Sucre y Antioquia. Valga anotar que en la subregión de Urabá existen en la actualidad comunidades Zenues en los municipios de Necoclí, San Juan de Urabá, San Pedro de Urabá y arboletes, pero su ocupación se dio en las décadas de los 60s y 70s, cuando llegaron a esta región procedentes de su primigenio territorio, San Andrés de Sotavento, entre los departamentos de Sucre y Córdoba.

 

 

 

  • Los Grupos Humanos del Siglo XVI en la Región de Urabá

 Como se pudo observar en el aparte anterior, nosotros consideramos, en una mirada retrospectiva, que la nación /Olo Tule/ deriva de los grupos humanos asociados al Complejo Cultural Urabá – Tierralta y que a su vez éste se desarrolló a partir de la Primera Ocupación de la Hoya del San Jorge que tiene sus orígenes en la Depresión Momposina, particularmente de los grupos portadores de la cerámica Granulosa Incisa. Ahora, en este aparte, pretendemos continuar con la trayectoria temporal, planteando que consideramos al grupo étnico denominado Urabá en las fuentes del Siglo XVI, como los descendientes de estos grupos asociados al Complejo Cultural Urabá – Tierralta. De esta manera, pretendemos demostrar ahora que estos últimos son a su ves los antecesores del pueblo /Olo Tule/, grupo objeto del presente estudio.

 Las fuentes publicadas que describen los acontecimientos de la conquista en Urabá y en el Darién, permiten distinguir dos grupos humanos diferentes que habitaban el golfo en el Siglo XVl; la margen occidental, al parecer, estaba ocupada por los indígenas de lengua Cueva, mientras que en la margen oriental se encontraba la ocupación de los Urabáes.  Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, cronista y Escribano Real de la Corte, que viviópor mucho tiempo a Santa María la Antigua del Darién,  primera ciudad española en tierra firme localizada en el Golfo de Urabá, diferencia así estos dos grupos humanos:

“Esto he dicho aquí por que el capitán Rodrigo de Bastidas descubrió parte de esta costa; y lo mas peligroso della fue lo que el vido destos flecheros hasta el Golfo de Urabá, a la entrada del cual esta una punta que llaman Caribana, de donde se deriva este nombre Caribe, como cabeza o solar solariego de los caribes […]. En esta provincia de Caribana se acaba la gente de los flecheros de la hierba,  la cual dura desde cenima de la Isla de Trinidad  y algo mas al occidente,  y de la otra parte del Golpho de Urabá, en la costa del poniente, dóes la cuenta y entrada de aquel poderoso rio de Sanct Johan [Atrato] y adelante es la lengua que llaman de Cueva y no usan los indios flechas […]. Aquella provincia y lengua de Cueva, la cual, so ciertos limites, la mando llamar el Rey Católico Castilla del oro; é alli he yo recidido algún tiempo”[20].

 Puede observarse de esta descripción, se plantea como frontera cultural entre los Urabaes y los de la Lengua Cueva, el Río Atrato afirmación que causaría confusiones a la hora de delimitar las territorialidades de estos grupos.

 

Sin embargo, de las diferencias planteadas por el cronista, las investigaciones arqueológicas adelantadas en ambas márgenes del Golfo de Urabá, el alto Sinú, sus afluentes y en el Darién colombiano y panameño, muestran cómo estas regiones fueron ocupadas por grupos culturalmente afines. A propósito, se plantea que

  “el sitio donde se fundó la población de Santa María la Antigua del Darién pertenecía, según las crónicas examinadas, a la provincia y lengua de los Cueva. Además, la posibilidad de que se tratara de un Macrogrupo lingüístico hace probableque formaran un mismo grupo étnico a pesar de los contrastes culturales, como debió ocurrir con la identidad cultural entre los Cueva y los Urabáes”[21].

 De otra parte, se afirma que:

 “Lo que los españoles señalaron como grupos culturalmente diversos, posiblemente haya sido el resultado de diferencias ocasionadas como resultados de desarrollos locales, a través de los 1.500 años en que una misma etnia, compuesta por diversos grupos, pobló esta región. Este es el caso de los Cuevas y los Urabáes que habitaron las márgenes oriental y occidental del Golfo, respectivamente, los cuales fueron diferenciados por el uso de flechas envenenadas por parte de los Urabáes, elemento ausente entre los Cuevas”[22].

 

Foto No. 2.2. Hamaca de los pobladores de Urabá del siglo XVI.

 De otro lado, un estudio histórico detallado sobre la población cueva[23], demuestra claramente que existían diferencias culturales y étnicas muy marcadas entre estos grupos y los Urabaes de la margen oriental del Golfo. Así mismo, haciendo una mirada detallada de las fuentes primarias, se puede deducir que el Río Atrato no se constituía en un frontera cultural, pues los habitantes del la cuenca del actual Río Tanela (último afluente occidental del Río Atrato[24]), sus alrededores y en general toda la vertiente oriental de la actual Serranía del Darién, tenían más afinidad con los habitantes de la margen oriental, que con los de la Lengua Cueva, quienes posiblemente ocupaban el territorio más norteño de dicho Golfo, otros sectores de la costa atlántica panameña, el Istmo de Panamá, incluyendo las cuencas de los ríos Chiman, Chucunaque, Bayano y Chepo, vertientes al Océano Pacifico[25].

 

Nuestra postura es que los cacicazgos de Guaturro, Corobarí, Bea y Cémaco, no pertenecían al grupo étnico de la lengua Cueva y tenían más similitudes con los Urabaes de la margen oriental; así mismo consideramos que la frontera étnica estaba constituida por la Serranía del Darién, presentándose la ocupación de los Cueva en la vertiente occidental de dicha cadena montañosa.

 

De otro lado, en estas mismas fuentes se hace referencia a la existencia de un despoblado entre el Río Tanela y el cacicazgo de careta, que se localizaba sobre la Costa Atlántica, un poco más al norte de Cabo Tiburón. Kathleen Romoli (1987), en sus estudios sobre los Cueva afirma:

 

“Resulta evidente que las gentes de la lengua Cueva estaban orientadas hacia el Pacifico. En el Atlántico, el espacio entre el Darién y Careta, parece haber estado deshabitado o casi, y el trecho entre Careta y Sacativa muy escasamente poblado […]”[26].

  La existencia de estos despoblados podría estarnos mostrando que se trataba de la frontera cultural entre los Urabaes y los de la Lengua Cueva. Los datos arqueológicos reafirman esta hipótesis de la posible frontera étnica, no en el Río Atrato, sino sobre la divisoria de aguas que demarca las cumbres de la Serranía del Darién, pues los sitios que se han relacionado con el complejo cultural Urabá – Tierralta, se localizan sobre las riveras costaneras del Atlántico.

 En síntesis, y de acuerdo con los datos publicados, podemos concluir preliminarmente que el grupo étnico[27] denominado en las fuentes del siglo XVI como Los Urabaes, ocupaba un vasto territorio que incluía parte del Darién panameño, ambas márgenes del Golfo de Urabá y parte de la serranía de Abibe. Igualmente pensamos por los datos lingüísticos de las fuentes coloniales, que los Urabaes son el sustrato cultural desde donde se conformó la mación /Olo Tule/, objeto de este estudio.

 Con relación a las características ambientales de los territorios de los Urabaes, se afirmaba que:

 “Todo lo que hay desde este río [Atrato] hasta unas montañas de que luego are mención, que se llaman de  Abibe, es llano, pero lleno de muchos montes y muy ásperas arboledas y muchos ríos […]. Todo lo más del camino se anda por ríos, por no haber otros caminos, por la grande espesura de la tierra […]. En todos estos montes hay grandes manadas de puercos que he dicho; en tanta cantidad que hay atajo de mas de mil juntos, con sus lechoncillos […]. Hay grandes dantas, muchos leones y osos crecidos y mayores tigres. En los árboles andan de los mas lindos y pintados gatos que pueden ser en el mundo, y otros monos tan grandes […]. Los ríos llevan tanto pescado que con cualquiera red se tomara gran cantidad […]. Por los árboles que están  juntos a los ríos hay una que se llama iguana que parece una serpiente […]. Quitando el cuero y asando o guisando son tan buenas de comer como conejos […]. Hay otras que llaman icotéas que es también buen mantenimiento; son de manera de galápagos; hay muchos pavos, faisanes, papagayos de muchas maneras y guacamayas, que son mayores, muy pintadas; así mismo se ven algunas águilas pequeñas y tórtolas, perdices palomas y otras aves nocturnas y de rapiña. Hay por estos montes culebras muy grandes”[28].

 Con relación al patrón de ocupación territorial, según las fuentes, los Urabáes tenían poblaciones nucleadas en forma de aldeas, dirigidas por un principal o un cacique. En los escritos de la conquista se afirma que:

 

“Tienen pequeños pueblos, y las casas son a manera de ramadas largas de muchos estantes […]. Son los señores o caciques de los indios obedecidos y temidos.”[29]

  Esta pequeña descripción de la vivienda, no hace pensar en las actuales casas de los /Olo Tulemal/ de /Ipkikuntiwala/ que son malocas, donde se albergan familias extensas con filiación matrilineal. También se dice “Viven en pueblos hechos de los vasallos de cada cacique”[30].

 Además de la población concentrada en pequeños pueblos, los conquistadores en sus diferentes incursiones señalan la existencia de población dispersa a lo largo de los principales ríos. 

Aunque se tienen pocos datos respecto a las actividades económicas de este grupo humano, de acuerdo a la región que ocupaban, se puede pensar que además de explotar los recursos del mar y del bosque, cultivaban gran cantidad de productos, entre los que se destaca el maíz.

 Según las crónicas, este grupo étnico vivía básicamente de la agricultura sin olvidar que con la pesca y la caza complementaba su dieta alimenticia. Así describían la utilización de los recursos:

 “En cuanto a los mantenimientos de la Provincia de Urabá, digo que lo principal es mahiz e yuca; pero la yuca de aquí no mata como la de aqueesta islas [las Antillas]: antes se como asada e cocida, como las batas e axes, que tambien hay muchas. Tiene  mucho axi e de miuchas maneras; calabazas muchas”[31].

 Así mismo, haciendo referencia a la caza y la pesca como actividades importantes para este grupo humano, se decía que:

 “Donde quiera que hay mar e rios hay pescados y pescadores; y estos indios de Cueva y Uraba son muy dados a este exercicio de las pesquerias. Por que a la verdad desta gente tienen esta provincia por principal mantenimiento suyo el pescado, asi por que son muy inclinados a ello, por que como con mas facilidad lo pueden haber en abundancia e a menos trabaxo que las salvajinas de puercos e venados, que tambien matan y comen. E asi en la pesqueria como en la monteria, se aprovechan mucho de las redes que hacen en henequen e cabuya e asi mismo de algodon, que tienen mucho e bueno, de que natura los ha proveydo, e hay boscagese matas grandes como arboles dello […]. Tambien matan e montean los aniumales que he dicho y otros a lanzadas e en sepos que les arman e a veces en oxeo con cantidad de gente, e los atajan e reducen a lugares estrechos. Despues que los han muerto, como no tienen cuchillos para los desollar cuarteándolos, hacen las partes con piedras de pedernales e con hachuelas de piedra que tienen enhastadas; e asan la carne  sobre unos palos  que ponen a manera de trebedes o parrillas en hueco […]”[32].

 Por otro lado, refiriéndose a la obtención de recursos por parte de los Urabaes, de la región de Urabá y la nueva población de San Sebastián de Buenavista fundada en 1535 por Alonso de Heredia hermano de Pedro, Gobernador de Cartagena para la época, localizada en la margen oriental del Golfo, se afirmaba que:

 

“La  tierra es fértil, abundante de mantenimientos y de raíces gustosas para ellos y también para los que usan comerlos.  Hay grandes manadas de puercos zahinos pequeños que son de buena carne sabrosa, y muchas dantas ligeras y grandes. Hay muchos pavos y otras diversidad de aves, mucha cantidad de pescado por los ríos”[33].

 

Con relación a la organización política, los datos hacen pensar que los Urabaes eran un grupo de jefaturas, cada una controlada y dirigida por un señor o cacique, y muy posiblemente subordinada a una gran jefatura regional. Una jefatura es considerada como un grupo humano que

 

“[…] ocupa un nivel de integración social que trasciende la sociedad tribal en dos aspectos importantes; en primer lugar, una jefatura es usualmente una sociedad más densa que lo es una tribu, una ventaja que se hace posible por una productividad mayor. Pero en segundo lugar y mas indicativo del nivel evolutivo, la sociedad es también mas compleja y mas organizada siendo particularmente distinguible de las tribus por la presencia de centros que coordinan actividades religiosas, sociales  y económicas”[34].

 

Prueba de que al parecer los Urabaes tenían una organización cacical o señorial, es el comentario en que se afirmaba que:

 

Son los señores o caciques de los indios obedecidos y temidos, todos generalmente bien dispuestos y limpios […]. Tienen pequeños pueblos,  los hijos heredan a los padres, siendo habidos en la principal mujer […]. Los señores tienen muchas mujeres. Cuando se muere el señor, todos sus criados y amigos se juntan en su casa de noche, con las tinieblas dellas, sin tener lumbre ninguna; teniendo gran cantidad de vino hecho de su maíz, beben llorando al muerto; y después que han hecho sus ceremonias y hechicerías lo meten en la sepultura, enterrando con el cuerpo sus armas y tesoro, y mucha comida y cantaros de vino, y algunas mujeres vivas”[35].

 

En la actualidad, la nación /Olo Tule/ se encuentra organizada políticamente en cacicazgos, cada uno de los cuales se localiza en un territorio específico y es gobernado por un grupo de /saklamal/ (caciques), evidenciando una continuidad en este aspecto que viene funcionando desde épocas prehispánicas.

 

2.1.2       Saqueo y pillaje: Primeras Incursiones Españolas al las Territorios de Urabá y el Darién (1500 – 1509)

 

Con el encuentro de dos mundos suscitado por los acontecimientos de la mal llama “conquista” española, se inicia un proceso fuerte de transformación étnica y cultural de las comunidades nativas de América. Esta situación no fue ajena a los Urabaes, antecesores del pueblo /Olo Tule/, quienes fuero los que soportaron ese primer embate, pues fue en su territorio donde se inició la invasión europea de la porción continental de América. Desde este momento se inicia una trayectoria confusa que llevo a este grupo humano a adoptar nuevas formas adaptativas y trasegar por un amplio territorio, causando fuertes transformaciones culturales, que a nuestro entender, fueron fundamentales en la conformación de la nación /Olo Tule/ que aún subsisten en Colombia y Panamá.

 

Las primeras expediciones que se desarrollaron en Tierra Firme (parte continental de América), adelantadas por Rodrigo de Bastidas y Juan de la cosa ente 1500 y 1501, exploraron toda la costa Atlántica colombiana y por supuesto a Urabá; las nacientes valoraciones realizadas apuntaban a una zona de abundancia en recursos, donde encontraron a  indígenas que tenían oro en abundancia.  De esta exploración encontraron que la ondulada costa oriental del Golfo era la más propicia para colonizar ya que ofrecía la mejor protección contra los vientos del nordeste. 

 

Para Rodrigo de Bastidas, “Urabá fue un gran descubrimiento, pues a partir de sus informaciones la zona se convirtió en uno de los principales centros de atracción en el continente[36]. Al encontrar el preciado metal en abundancia y un lugar resguardado de los vientos, lo más lógico era seguir tratando de conquistar esta región; por tal razón Juan de la Cosa, auto-nombrándose alguacil Mayor de Urabá, se dedicó a azotar la región bajo el pretexto de esclavizar a los indios caníbales y rebeldes, por que la corona española había autorizado tal comportamiento cuando se trataba de este tipo de habitantes; al parecer no había razones para considerar a los indígenas de Urabá bajo esas cualidades, pues en expediciones anteriores le habían salido de paz y sostuvieron relaciones amigables, pero De la Cosa se había tomado las mañas para convencer a la reina de que era el único procedimiento para acceder a esta zona tan rica y que le podía propiciar a la corona las riquezas que tanto anhelaba y necesitaba. De esta forma, los capitanes españoles podían proceder como quisieran bajo el pretexto de reducir a los caníbales de Urabá. Para este sector de la costa, los cronistas reportan la aldea del cacique Urabá, la cual fue atacada por De La Cosa en 1504, quien siguió su expedición del horror y llega al Darién, donde procede de la misma forma[37]. En estas andanzas permanece más de 18 meses en la zona haciendo “rescates” de oro y esclavizando indígenas que mandaba para las islas donde eran comercializados.

 

Este hecho, el ataque a la aldea del cacique Urabá, se encuentra aún en la memoria de los habitantes /Tulemal/ de /Ipkikuntiwala/. Abadio Green, miembro de esta comunidad, cuenta que en aquella ocasión, los /tulemal/ se encontraban en una ceremonia de menarquía y que por tal situación, recibieron a los españoles con las mayores atenciones, situación que aprovecharon estos últimos para saquear la población, ocasionando la primera gran matanza indígena en el continente, precisamente en una de las comunidades antecesoras de la etnia /Olo Tule/.

 

Después de estos acontecimientos, la corana española mediante la Junta de Burgos, establece dos grandes concesiones que se dividen la región de Urabá; a Diego de Nicuesa le dieron los dominios de la costa occidental del golfo, mientras que Alonso de Ojeda, le correspondió la porción oriental, desde Urabá, hasta Cartagena. Este último nombró como su lugarteniente a Juan de la Cosa por el conocimiento que tenia de la zona y por que además era su financista principal; pero De la Cosa muere rápidamente en una de sus incursiones en cercanías a Calamarí (actual Cartagena)[38].

 

 

Foto No. 2.3. Ilustración sobre los combates con los indígenas de Urabá en el siglo XVI.

 

En estas primeras exploraciones, los españoles diferenciaron a los nativos de Urabá  y de Cueva, en relación con un elemento que para ellos era de suma importancia: los Urabá tenían flechas envenenadas, mientras que la gente de Cueva no utilizaba este aditamento fundamental para contrarrestar la tecnología bélica de los cristianos, razón por la cual los españoles caracterizaban a los Urabá como “caribes”.[39]  

 

 

2.1.3       Las primeras Colonias Españolas en Tierra Firme: Desarticulación de las Territorialidades Nativas (1509 – 1550)

 

Para el año de 1509, Alonso de Ojeda después de saquear la costa Occidental del Golfo, desembarca en la aldea indígena de Urabá y construye el caserío y la fortaleza de San Sebastián de Urabá, posiblemente al norte de lo que hoy es Necoclí[40];  asentamiento de corta duración, pero de importancia en la historia, dado que fue reconocida como la primera colonización en tierra firme en el Nuevo Mundo.  El punto del caserío temporal se localizaba en una loma que sus crestas llegaban hasta la costa, y de esta forma tenían acceso al mar y era una fortificación con facilidades de defenderla de los continuos ataques de la población nativa; de igual forma, desde allí se tenia acceso a los valles del Atrato y Sinú para realizar sus expediciones de horror[41]. Desde este asentamiento se planeaban incursiones de saqueo y pillaje, ya que los indígenas nunca les permitieron realizar sus propios sembrados y no recibían ayuda desde las colonias españoleas de las islas[42].

 

Es de anotar que la primera colonia europea en territorio continental americano, se creo en territorios de los Urabaes, antecesores de los /Tulemal/, hecho que muestra el gran impacto que tuvo esta tradición cultural desde los tiempos primigenios de la conquista.

 

Sin embargo los habitantes de esta colonia sufrían la falta de abastecimiento y la ausencia de personal que les ayudara a contrarrestar los ataques de los indígenas, quienes utilizaban flechas envenenadas, causando muchas bajas en las huestes españolas, reduciendo su número significativamente hasta que sólo fueron 60.

 

Esta situación hizo que Ojeda partiera en busca de ayuda, quedando la fortaleza a mando de Francisco Pizarro, quien no ayudaba a la armonía de los habitantes de ese miserable caserío; Vasco Núñez De Balboa, quien había participado en expediciones anteriores, propuso buscar refugio en la margen occidental donde, de acuerdo a su opinión, las poblaciones nativas eran más amistosas. De esta forma se abandona definitivamente el maltrecho asentamiento de San Sebastián y se dirigen a instalar uno nuevo  en la margen occidental a unos kilómetros al norte de la desembocadura  del Río Atrato, sobre el Río Tanela, que para ese entonces era el último tributario de este gran río en su margen izquierda[43].

 

Esta nueva colonia la bautizaron Santa María de la Antigua del Darién y desde allí, se dedicaron a saquear y explorar el Istmo, así como la porción baja del delta del Atrato. Aquí se sentían seguros por que las poblaciones no utilizaban las flechas envenenadas; los pocos indios hostiles se retiraron hacia otras poblaciones del delta del Atrato y los que se dejaban capturar, eran llevados a la Española para ser comercializados como esclavos[44].

 

Este nuevo asentamiento se adelanto en las territorialidades del Cacique Careta, que como ya dijimos, pertenecía a los Urabaes, lo que estaría indicando que también se crea en tierras de los antecesores de los /Olo Tulemal/.

 

Desde este nuevo asentamiento se dio el descubrimiento  del océano pacifico y las primeras expediciones por el Atrato, por donde trataron de llegar al famoso centro ceremonial y comercial de Dabaibe.

 

Habiendo diezmado la población indígena y saqueado sus tesoros, termina la ocupación de Santa María en el año de 1524, desplazándose para la ciudad recién fundada de Panamá. Santa María había sido un buen asiento, mientas la estrategia era el pillaje y el saqueo, pero cuando los españoles cambian su táctica, Panamá les brindaba mayores posibilidades, pues las tierras más abiertas y las poblaciones más “suaves” les permitía el establecimiento de cultivos y de hatos ganaderos, cosa que no podían realizar en el Darién por las condiciones de selva pluvial tropical. Desde este momento, los únicos pobladores españoles en la costa del caribe, fueron los pocos que se quedaron en el pequeño caserío de Acla, localizado al norte de Santa María, ya fuera del golfo. Desde este último poblado, Balboa abre la ruta hasta el pacifico en 1513.

 

Desde Acla se dieron diversos movimientos conquistadores que trajeron como resultado el descubrimiento de las grandes naciones indígenas de Centroamérica; así mismo se convirtió en un punto desde donde se pretendía dominar toda la costa oriental del golfo habitada por los temibles Urabaes.

 

Desde el abandono de San Sebastián, no se daban a la región de Urabá sino expediciones fortuitas, pues nadie osaba instalarse en la zona por miedo a los pobladores guerreros y aguerridos; sin embargo desde Acla se hacían expediciones por que se consideraba a Urabá la entrada a las grandes naciones del Zenú; teniendo en cuenta estos aspectos Julián Gutiérrez, Teniente de Gobernador de Panamá, entre 1532 y 1537, realizó siete viajes a la costa de Urabá, manteniendo relaciones amistosas con los pobladores de Urabá, pues él había tomado como esposa a la indígena Isabel Canal, hermana del cacique principal de Urabá, lo que le permitía entablar básicamente con estos pobladores relaciones comerciales; sin embargo los conflictos jurisdiccionales entre los de Panamá y la nueva gobernación de Cartagena, impidieron la continuación de estos contactos.

 

Dentro del proceso de sometimiento y conquista de la costa oriental del Golfo y en la disputa territorial por su jurisdicción, entre la Gobernación de Cartagena, por  Pedro de Heredia, y la gobernación de Panamá con Julián Gutiérrez, Heredia envía a su hermano Alonso a pacificar esta costa, fundando el caserío de San Sebastián de Buenavista, el cual se estableció en junio de 1535 al pié de una colina, en las lomas de Buenavista.[45], supuestamente ocupando una vez más el lugar donde fue creada la ya desaparecida San Sebastián de Urabá; seguía siendo entonces fundamental para los europeos el control del espacio social de los Urabaes, antecesores de los /Olo Tulemal/

 

Aunque por Cédula Real de 1536 la margen oriental del golfo le pertenecía a la gobernación de Cartagena, Gutiérrez, en sus expediciones comerciales pudo establecer un pequeño poblado que según la información disponible se localizaba cerca de la desembocadura del Río Caimán Nuevo dentro del territorio que hoy ocupa el resguardo /Olo Tule/ de /Ipkikuntiwala/, objeto del presente estudio, que tuvo que ser evacuado por orden del licenciado Badillo, quien había llegado a la gobernación de Cartagena a hacerle residencia a los hermanos Heredia, dándole a Gutiérrez el titulo de Intendente de Urabá, pero bajo las ordenas de Cartagena[46].

 

San Sebastián de Buenavista, con el paso del tiempo se fue convirtiendo en un sitio de relativa importancia, pues por un lado sus pobladores crecieron por la incorporación de los de Acla, pero por el otro, quizás más significativo, desde allí se fraguaron las primeras incursiones hacia el territorio antioqueño y hacia el Sinú. De esta forma el asentamiento se convirtió en puerto obligado de entrada y de salida del territorio antioqueño en estas épocas de conquista, hasta que Antioquia pasa definitivamente a la gobernación de Popayán, momento en el cuan el asentamiento de Buenavista pierde toda importancia.

 

Se sabe por carta enviada al Rey en 1551 por Pedro de Heredia, que San Sebastián Todavía existía; en esta misiva se afirmaba, con relación a Urabá,

 

“[…] donde yo tengo poblado un pueblo de españoles que se dice San Sebastián de Buenavista, que a lo más largo hay 40 leguas [hasta el Río Cauca] y es uno de los buenos puertos que hay en las indias del mar del norte y desde donde se puede conquistar aquella tierra rica para que no este más perdida, y de donde los reales quintos de Vuestra Majestad serán muy acrecentados por la grosedad de las minas que allí hay […][47]

 

Luego de que el ingreso a la Provincia de Antioquia no se diera más por Urabá, esta ruta permaneció cerrada por casi cuatro siglos, hasta la construcción de la Vía al Mar desde Medellín.

 

 

2.1.4       Resistencia y Reconfiguración Étnica en la Cuenca del Atrato, Urabá y el Darién (1550 1600)

 

A mediados del siglo XVI, la ruta al interior de Antioquia por Urabá, era utilizada por los contrabandistas quienes ingresaban mercancías y sacaban oro sin quintar. Pero esta ruta se convirtió en peligrosa por que los indígenas cunas al mando de los caciques Diego, Damaquiel, Carate y Cayba atacaban las caravanas de viajeros por esta ruta, convirtiéndose en el terror de la región, situación que llevó definitivamente a la desaparición de este recorrido[48].

 

En esta época se realizaron algunos intentos desde Cartagena para reducir las ya menguadas poblaciones nativas de Urabá, sin tener resultados favorables. Los pobladores originales  sobre la margen oriental, al momento de la conquista, desaparecen por acción de ésta, en enfrentamientos con los españoles o de manera indirecta por acción propia de los nativos, ante la presencia de éstos. Por ejemplo, el relato que refiere el cronista Cieza de León, en el que dice que un grupo de los Cueva se enfrenta a los Urabáes en su territorio y “con gran crueldad los mataron a todos y les robaron sus haciendas, y quedaron por señores de sus campos y heredades[49].

 

Es así como dinámicas propias de disputas territoriales entre los nativos, y la acción de conquista generaron luchas y desplazamientos de los grupos pobladores ancestrales, donde paulatinamente fueron perdiendo territorio y autonomía en un proceso de transformación cultural que les modificaría centenarias tradiciones.

 

El territorio tradicionalmente ocupado por los denominados Chocó (antecesores de los emberas) y cuna-cuna (nombre como también se conoce a la etnia /Olo Tule/) en la cuenca media del Río Atrato, sufrió desde los inicios de la conquista  procesos de colonización y pillaje  a cargo de españoles, quienes partían de los centros poblados fundados en regiones periféricas a las ocupadas por estos grupos; en orden de antigüedad los centros poblados desde donde se iniciaron y fraguaron las expediciones conquistadoras fueron Santa María la Antigua del Darién localizada a orillas del río Tanela afluente occidental del golfo de Urabá, la ciudad de Panamá, la ciudad de Ancerma, la ciudad de Antioquia, la ciudad de Toro y la ciudad de  Caramanta. 

 

Se hicieron algunos intentos al final del siglo XVI para fundar centros españoles en la región de Urabá, pero no prosperaron por los continuos ataques de la población indígena. Se destaca el real de minas de San Francisco de Nóvita fundado en 1576  y las ciudades de Cáceres y Toro que no duraron mucho, probablemente debido a la rebelión de los Noanamaes en 1586, la catástrofe demográfica causada por el trabajo forzado en las minas y la peste de viruela[50].

 

En 1596 el gobernador de Antioquia, Gaspar de Rodas, mandó una expedición bajo la orden de Pedro Martín de Ávila desde Santa Fe de Antioquia por el Alto Sinú (Guaazuze) para conquistar Urabá, el Río Darién y los indios Cunacunas. Se dice que establecieron un poblado de poca duración llamado San Agustín de Ávila “ciudad limpia y ancha” no muy lejos de la desembocadura del Río Atrato[51].

 

Como vemos, los pobladores de Urabá se tuvieron que replegar a otros territorios para salvaguardarse de las continuas incursiones españolas a este sector costero que para esta época, era bastante apetecido por los europeos habidos de oro; en este repliegue, muy posiblemente se desplazaron hacia la cuenca del Atrato donde también seguramente tenían aliados, pero también enemigos; de esta forma se inicia la re-configuración de este territorio y el desplazamiento poblacional en la cuenca media del Atrato; en este punto de la historia, los cunas aparecen como grupo enemigo de los chocoes, nombre con el cual se conocía a los antecesores de los emberas.

 

Es de resaltar que en la memoria de los actuales habitantes emberas y /Olo Tulemal/, recuerdan las continuas luchas entre ellos y cada uno de estos grupos tiene una designación peyorativa para el “otro”; los emberas llaman a los /Olo Tulemal/ “Jura” que traduce diablo, mientras los /tulemal/ designan a los emberas como “zocos” nombre asociado a enfermedades venéreas. Aunque en la actualidad estos dos grupos comparten espacios sociales y políticos, sus miembros no dejan de mirarse con algún reselo.

 

2.1.5       Guerras Interétnicas y Alianzas Transnacionales: Conflictos Militares y Alianzas con Piratas, Bucaneros y Corsarios  (1600 – 1680)

 

Para esta época se da el intercambio cultural de los nativos indígenas con grupos de pobladores negros, resultantes también de los procesos históricos iniciados por el arribo europeo al continente.  Los pobladores de origen africano que escapaban de su condición de esclavitud y, que en búsqueda de refugio y territorios para vivir, poblaron el territorio de la costa pacífica y las cuencas de los ríos San Juan y Atrato principalmente, como posibilidad de reconfigurar sus aspectos sociales y culturales en las nuevas condiciones de interacción con el medio y con los pobladores indígenas ancestrales. 

 

Para la zona de Urabá, siguiendo el curso del río Atrato como arteria principal, gentes negras hacen su arribo entrando en relación directa con los pobladores indígenas, a quienes fueron desplazando de las zonas planas y obligándolos a remontarse hacia las laderas, asunto que no generó serios conflictos. Ya en las dinámicas propias de estas tierras se dedicaron algunos totalmente al comercio y otros remontaron ríos y quebradas en búsqueda de tierras de cultivo y recursos auríferos. Esta situación agravó más la situación del Atrato Medio, pues se convirtió en un espacio disputado por varios grupos étnicos, ahora no sólo de poblaciones nativas amerindias como los cuna y los chocó, sino aquellos que también huían del yugo español: los negros.

 

El río Darién o Atrato, como vía de comunicación hacia el interior, generó que Urabá se convirtiera en una escala obligada para el comercio marítimo con Cartagena y las islas del Caribe; relaciones comerciales que fueron dominio de ingleses, desde Jamaica como su enclave territorial y holandeses, desde sus colonias en Aruba y Curazao.  Esta labor activó el surgimiento de los primeros asentamientos en la costa norte de Urabá. De otro lado permitió que pobladores cunas entraran en contacto con estos otros europeos y iniciaran una relación que duraría varios siglos y que ayudaría a conformar lo que hoy conocemos como el pueblo /Olo Tule/. Estas alianzas se daban quizás por que compartían un mismo enemigo: los españoles. De estas intensas y prolongadas relaciones, de los cunas con ingleses, franceses y holandeses, quedan elementos en su cultura actual, expresados en vocablos ingleses y franceses que fueron incorporados a la lengua /Tule/, siendo esto muestra de esa centenaria relación; igualmente se encuentra en la actualidad entre la población /Tule/ apellidos tales como Green y Stosel, como huella ineludible de ese prolongado contacto.

 

Como posemos ver, para esta época en la cuenca del Atrato, aparte de los Chocó, también habitaban otros grupos denominados cunacunas, surucos, bibidigomias y burumias, que según parece,  estaban en conflicto a causa del territorio con algunos grupos Chocó[52].  En la Probanza de Servicios de Melchor Velázquez, fundador de la ciudad de Nuestra Señora de la Concepción de Toro, se hace referencia a las provincias enemigas de los Chocó:

 

  “[…] en la otra banda del río del Darién en Cabo de Corrientes y Panamá y nombre de Dios se tuvo por noticia…de indios enemigos de los Chocoes, que estaban en la provincia de Guayi y de Agriagase y la provincia de Cobuesumaquia que es la provincia de los indios Chiquyva y Orbano que es Chocoes.  llaman Mundibida[…]”[53].

 

Estas expediciones no lograron consolidar la fundación de centros coloniales hasta muy entrado el siglo XVII, cuando se establecen los reales de minas de Nóvita y Tadó en la cuenca media del río San Juan.  En las cuencas de los ríos Atrato y San Juan, se identifican  para finales del siglo XVII, tres grupos indígenas: Noanamáes que son también Chocó, los Chocóes o Tatamáes y los Citaráes que se localizaban en el pueblo de Quibdó y sus alrededores.  El padre Antonio Marzal informa en 1678 que

 

“…son estas tres provincias Noanamá, Chocó y Citará que vulgarmente son llamadas Chocó, ásperas, montuosas y de muchos ríos… la provincia de Noanamá … habitan en el río San Juan, desde la boca del mar hasta llegar al pueblo de San Joseph de Noanamá… la provincia del Chocó compuesta por indios apartados unos de otros….la provincia de Citará viven más tratablemente regados en seis o siete ríos….arrimados a la cordillera hacia la parte de Antioquia…” [54]

 

Según  la relación hecha por el bachiller Antonio de Guzman en 1671, algunos afluentes orientales de la cuenca media del río Atrato como el Bebará, Bebaramá, Arquía y Murrí, estaban siendo habitados por indios Chocoes de la provincia de Citarambirá a mandos de un cacique conocido como Coabra, quien estaba en conflicto con los grupos Boromeas, Tunucunas, Juras y Surucos, que habitaban algunos afluentes occidentales de la cuenca media del río Atrato como lo son el Bojayá, Napipí y Opogadó  de filiación cuna . Todos estos pobladores enemigos de los chocoes pueden identificarse como ancestros de los actuales /Olo Tule/. Esto nos permite ver como el proceso de esta población empieza en Urabá, continua por la cuenca media del Río Atrato, para culminar posteriormente en el Darién y Urabá[55].

 

Durante ladécada de los 90s, tuvimos la oportunidad de los ríos Atrato y Bojayá en compañía de indígenas emberas; recordamos con mucho interés los relatos que describen las confrontaciones ancestrales entre emberas y cunas y pudimos constatar que cada curva del Río Bojayá evoca un acontecimiento de confrontación militar, demostrando la pervivencia en la memoria, de estos acontecimientos acaecidos durante los siglos XVII y XVIII.

 

2.1.6       Reconfiguración Territorial de la Tradición Cultural /Cuna/ (1680 – 1740)

 

Para 1680 el Istmo de Panamá y la zona del Darién incluido el Golfo de Urabá, estaba densamente poblado por indios Cunacunas conocidos también como indios Darienes.  Leonel Wafer médico ingles que visitó la región, presenta en su libro “Los viajes de Leonel wafer al Istmo del Darién -cuatro meses entre los indios-”, algunos datos etnográficos que merecen la pena ser presentados.  A causa de un accidente en un caudaloso río, es obligado a quedarse en un poblado indígena, donde le aplican algunos remedios tradicionales:

 

“[…] emprendieron curarme con ciertas yerbas que mascaban hasta la consistencia de pasta y que extendían sobre una hoja de plátano para cubrirme la herida.  Se renovaba este emplasto todos los días y su virtud fue tan grande, que al cabo de tres semanas no me quedó en la rodilla sino una debilidad que duró largo tiempo después, y un entumecimiento del que sufro ataques aún algunas veces” [56].

 

El proceso de pacificación de esta población del Chocó y de sus enemigos los Juras (término actualmente utilizado por los emberas para referirse a los indígenas /Olo Tule/), comienza a consolidarse a finales del siglo XVII y principios del XVIII, cuando los misioneros jesuitas y franciscanos logran fundar algunos pueblos de indios entre los que se destaca el de Citará (hoy Quibdó).  En 1669 el Bachiller Antonio de Guzmán, intenta consolidar una población de Zitarambiraes con los indios dispersos en los ríos Bebará, Bebaramá y Arquía; esta población fracasó según Guzmán, por su poca permanencia en sus territorios, pues estaba convencido de que con unas relaciones cordiales que incluían el  buen trato, era posible reducirlos a pueblos y obtener de ellos algún tributo. No obstante dos años después se logra consolidar los pueblos de indios de  Quibdó, Bebará y Beté.[57].    

 

 

2.1.7       Tratados, Autonomía Territorial y Repliegue de la Gente Cuna a la Provincia del Darién (1740 – 1900)

 

Al parecer la presión colonizadora ejercida desde los centros poblados y reales de minas y las continuas guerras con los enemigos conocidos como Juras,  provocaron un continuo movimiento de población a lo largo de la cuenca del río Atrato de grupos como los Cirambiraes y Cunas.  Para finales del siglo XVIII la cuenca media del Atrato estaba ocupada por dos grupos humanos diferentes: los Citarambiraes localizados en Lloró, Quibdó, Beté, Negua, Bebará, Bebaramá y Arquía asentados en los afluentes orientales del río; los Cunacunas  ocupando un vasto territorio que cubría  desde la desembocadura del río Murrí en el Atrato, hasta  el Golfo de Urabá y Darién Panameño, abarcando las cuencas afluentes del Atrato tanto orientales como occidentales. Se destacan los asentamientos de San José de Murrí, Bojayá, Cuya, Curbaradó, río Sucio y Tarena[58]

 

Se menciona además la fundación de un pueblo con población Cunacuna cerca de Giguamiandó, llamado San Bartolomé de Murrindó que fue abandonado en 1777, al retirarse la población Cunacuna hacia el Darién Panameño.  Con el fin de fomentar la población en esta región y retirar de las costas los indios poco afectos a los conquistadores, en 1758 se trasladaron varias familias de indios de los pueblos Tigre, Tarena etc, al río Murindó; sin embargo 12 años después en 1780, mataron a su capitán y se devolvieron a su lugar de origen[59].

 

Para 1741 la provincia del Darién que aún comprendía el Istmo de Panamá y la parte occidental del Golfo de Urabá, contaba con 108 asentamientos cunas con una población total estimada en 18.624 indígenas. Según la relación levantada en este período, se presentaba una organización sociopolítica basada en caciques locales y regionales; los primeros tenían jurisdicción solamente sobre un asentamiento, mientras a los primeros estaban subordinados a los segundos, quienes detentaban su poder en grandes territorios[60].

 

Todos los poblados ubicados en las cuencas de los ríos Bayano, Chucunaque, Tuquesa y Tuganti que desembocan en la mar del sur (Océano Pacífico), estaban bajo el dominio del cacique regional Juan Sauni; mientras que los indios asentados en las aguas vertientes al océano Atlántico, estaban sujetos al cacique Don Felipe Uriñaquicha y al gran /Nele/ Noregana[61].

 

Para esta época se observan algunos grupos con una alta densidad de población principalmente en  la cuenca del pacífico; se destacan los asentamientos del río Paya al mando del /Nele/ Loregana con más de 600 familias (aproximadamente 2.400 personas) y el asentamiento en las bocas del río Achuguaraca con más de 800 personas repartidas en 200 familias.  Sin embargo en la cuenca del Atlántico aunque la población era menor, también se reportaron concentraciones:  en las bocas del río Ocobanti habitaban 190 familias aproximadamente 760 personas en total, bajo la jurisdicción del cacique local Francisco del Coco, subordinado de Don Felipe de Uriñaquicha . 

 

Es de resaltar que para esta época la población Cuna había intensificado sus relaciones con corsarios franceses, ingleses y escoceses, quienes comenzaron a adquirir alianzas matrimoniales con mujeres indígenas y, según el documento, se habían sometido al poder de los caciques cunas. Se reportan  para el asentamiento del río Tibulaganti, residencia del cacique Uriñaquicha, la presencia de 100 franceses quienes tenían su vivienda permanente en el poblado indígena; además en un pueblo sin nombre localizado a tres leguas de las bocas del río Turbo, habitaban 22 franceses con 30 familias indígenas[62], que muy posiblemente coincida con el asentamiento actual de /Ipkikuntiwala/ . 

 

Suponemos que la alianza de los pueblos cunas con estos europeos, obedece a una estrategia de resistencia que buscaba maximizar los esfuerzos para la confrontación con enemigos comunes como lo eran los llamados Chocoes y los conquistadores procedentes de la Península Ibérica.  En este documento queda claro que los Cunas acompañados de franceses e ingleses, saquearon los barcos y puertos españoles, con el fin de debilitar la presencia hispana en el Darién y conservar la autonomía de sus territorios. Además conjuntamente con franceses, escoceses e ingleses, los cunas se enfrentaron en repetidas ocasiones a los grupos embera, mediante incursiones de guerra que se hacían por el río Atrato hasta la Vigía de Curbaradó, sitio que fue fundado básicamente para repeler estos ataques[63].

 

Wassen citando una Relación del Nuevo Reino de Granada de 1772, trascrita por García García en el año  de 1869 afirma que

 

“…los cucacunas, junto con diferentes naciones o parcialidades confinadas de Calidonia y Darién, no sólo traen en consternación las provincias del Chocó como se ha insinuado, sino que extendiendose  a la costa del Simí, molestan por aquella parte a Cartagena asaltando a las canoas en que se conducen para el abasto de su vecindario los víveres.  Lo que ha obligado a mantener piraguas que contengan sus insultos, grabandose las rentas de la ciudad en ello; y trasminando otros barcos hacia Panamá, ocasionan en sus inmediaciones no menos daños, teniendo a los habitadores consternados y en sucesiva continua inquietud[64].

 

Esta situación se tornó insostenible para la Corona Española y motivó la formulación de un acuerdo entre el cacique Felipe de Uriñaquicha y el gobernador de la Provincia del Darién; en este documento el cacique propone suspender las incursiones militares a pueblos, barcos y puertos españoles y someterse a la religión católica, a cambio de conservar la autonomía de sus territorios y el no pagar tributo, por espacio de 10 años. Se incluían en el trato los franceses e ingleses casados con mujeres indígenas, quienes debían continuar bajo la jurisdicción de los caciques locales[65].

 

 

2.2   Historia Reciente del Territorio de /Ipkikuntiwala/

 

Para la reconstrucción de la historia reciente, se tuvieron en cuenta los relatos orales de los habitantes indígenas de /Ipkikuntiwala/, complementados con algunos datos publicados en fuentes secundarias. Igualmente, se acudió al método procesual, identificando una serie de períodos de acuerdo a los principales acontecimientos del pasado reciente del territorio de /Ipkikuntiwala/. En el aparte anterior, se tuvo en cuenta un marco territorial amplio, tratando de dar cuenta de los movimiento de población de los cunas; en este caso, se restringirá el entorno espacial a el resguardo, haciendo cortos comentarios de la dinámica regional de Urabá.

 

2.2.1 La Búsqueda de la Legalidad del Territorio: La Historia de en Líder y un Estado Fraudulento (1900 – 1930)

 

Aunque la actividad extractiva de recursos se desarrolló de manera activa durante los siglos XVII y XVIII, no fue sino hasta finales del siglo XIX e inicios del XX cuando el impacto de esta actividad se hizo relevante para la colonización del norte de la región de Urabá dónese localiza el territorio /tule/ de /Ipkikuntiwala/. La presencia de compañías extranjeras alentaron la comercialización de recursos maderables y otros como la raicilla de ipecacuana, al caucho y la tagua.  Por ejemplo, la compañía Emery de Boston explotó los maderables de los ríos Sinú (1883 – 1915) y se trasladó a las cuencas del San Juan y mulatos al norte de Urabá (1915 – 1929).

 

Este proceso generó que en la región se asentaran trabajadores procedentes de Bolívar y Córdoba que venían con la compañía desde las primeras extracciones en el Río Sinú.  Su asiento inicial en la región fue en las cuencas de los Ríos Mulatos y San Juan, donde fundaron poblados y caseríos o reanimaron los existentes como soporte a las empresas extractivas tales como San Juan de Urabá, Arboletes, Uveros, Damaquiel y Necoclí.  Este proceso dinamizó algunos poblados ribereños del Atrato, revitalizó a Turbo y fundó a Chigorodó. [66]

 

Esta actividad propició dos acontecimientos de importancia en el poblamiento de la región:

 

  • Un intercambio comercial que unió a Urabá con los mercados de Montería y Cartagena y estos con los mercados internacionales, destino de los recursos.

 

  • Un intercambio cultural entre cordobeses con los negros caribeños asentados desde el siglo anterior.  Esto generó  tendencias en el uso del territorio, de acuerdo con las respectivas tradiciones culturales: los caribeños preferían la costa para el comercio marítimo y fluvial, combinado con la pesca y cultivos de coco; los cordobeses adecuaban las tierras del norte según sus tradicionales paisajes sabaneros donde cultivaron arroz, maíz, cacao y levantaron ganado.

 

Además de la actividad maderera que generó estas movilizaciones poblacionales, otro elemento importante en esta conformación sociocultural regional fue el proceso de expansión del latifundio ganadero en el norte, donde la presión por la tierra produce nuevos desplazamientos de los Sinuanos recién asentados, en un deambular que los llevó a presionar los territorios tradicionales de los indígenas /Tule/. Esta situación los llevó a retornar a las prácticas y la condición de colonos, movilizando a muchos Sinuanos hacia el eje bananero donde compartieron parcelas agrícolas con los pobladores negros Atrateños, asentados con cultivos de plátano, banano y cacao en las inmediaciones de Turbo, a lo largo de los ríos Atrato y León y en las márgenes de la carretera al mar. 

 

Fueron acontecimientos dados entre los años treinta y sesenta, que aportaron nuevos elementos históricos a las condiciones de identidad de una región en continua construcción. Conjuntamente con la expansión de latifundio en Córdoba, la afluencia de población se vio fuertemente incrementada por la construcción de la carretera al mar, la cual dinamizó las zonas ubicadas en su curso en donde compartieron los sinuanos y los negros, con los paisas, nuevo grupo poblacional que arriba a la región, la condición de parceleros, aunque con estilos diferentes para domar los territorios.

 

Mientras sucedía todo esto en Urabá, el pueblo /Tule/ de /Ipkikuntiwala/ comenzada una campaña fuerte de legalización de sus territorios, que para esta época consideraban que se extendían desde el actual asentamiento de Cope en jurisdicción del actual Municipio de Turbo, hasta el Río mulatos, cubriendo todas las llanuras costeras y aluviales, así como la vertiente norte de la Serranía de Abibe. En la memoria de los actuales habitantes del resguardo todavía se recuerda la figura de un gran dirigente, que lidero este proceso desde inicios del siglo XX; /Inayoka/ era su nombre, auque los /Waka/ lo llamaban Napoleón.

 

Él era el cacique mayor (/Sakla Tummat/) de la época y emprendió largos viajes hasta Bogotá para encontrarle una salida a la situación territorial de su comunidad que en este tiempo se empezaba a complicar por la aparición de numerosos colones que estaban llegando desde múltiples lugares de la costa Atlántica, las regiones vecinas y la cuenca del Río Atrato, situación que no habían vivido en épocas anteriores.

 

En estos tiempos, los indígenas /Tule/ de Urabá tenían extensos cultivos de cacao que comercializaban con compradores que entraban desde turbo a sus territorios para tal fin; el comercio era realizado por las unidades familiares, pero bajo las instrucciones de su líder que era /Inayoka/, el cual no dejaba entrar ningún tipo de animal de carga a los territorios indígenas por considerarlos dañinos para la cultura de su pueblo; por esta razón, muchos negros hacían transito por sus tierras para servir de cargueros de esta producción; cada familia destinada parte de las utilidades de la venta de cacao para las gestiones de su líder en la consecución de la legalidad de sus territorios.

 

Con los dineros recaudados por todos los miembros de la comunidad, /Inayoka/ hacia los recorridos en compañía de su secretario, pues él no savia nada de la lengua castellana, hacia los centro políticos y administrativos de la época que eran Bogotá y Medellín; estos desplazamientos se prolongabas por más de tres meses pues todos los trayectos los hacían caminando, en busca de solucionar un problema prioritario para la comunidad, como lo era la legalización de los territorios indígenas. Cuando llegaba de sus recorridos, hacia reunión donde contaba de sus gestiones y conjuntamente planeaban cual seria su siguiente paso en busca de lograr el objetivo que se habían propuesto.

 

Como gran visionario y líder, /Inayoka/ viendo en lo que se estaba convirtiendo la región del norte de Urabá, decide minimizar sus aspiraciones de adjudicación colectiva de las tierras y es así como emprende una nueva delimitación de los territorios que se iban a pedir al Estado como heredades comunitarias del pueblo /Olo Tule/. Comienza entonces la demarcación de una franja espacial tomando como eje el Río Caimán Nuevo, 2.500 m a lado y lado de su cause, desde la desembocadura al mar, hasta sus nacimientos, incluyendo en esta fracción territorial, todos los afluentes de ambas márgenes.  Con esta nueva idea de entorno para los indígenas emprende nuevamente los recorridos por los centros administrativos buscando ser escuchado y lograr tan anhelado deseo de legalizar la ocupación territorial de su comunidad; transcurrieron muchos años de visitas y largos recorridos hasta que en 1919 – 1920 logra levantar en la notaria de Turbo una escritura de tierras con las delimitaciones antes designadas como territorio comunitario; de esta forma /Inayaka/ pensó que había cumplido con el mandato de su comunidad y que ahora contaba con un territorio propio amparado por la ley que los iba a proteger de las oleadas migracioncitas que estaban ocupando hasta el último centímetro de tierra en la zona norte de Urabá. Él era consiente que, aunque el logro era grande y sin precedentes en la historia indígena de Colombia, su anhelo no se había cumplido a cabalidad, pues muchos de los sitios que ellos consideraban sagrados y de importancia cultural para su pueblo, no pudieron quedar en la delimitación; sin embargo pensaba que los líderes que vinieran detrás de él, tenían que seguir luchado por crecer su territorio en una campaña de recuperación de todo su entorno ancestral.

 

Lo que si no sospechaba /Inayoka/ era la jugada que estaban fraguando los gamonales y políticos de la región; ellos aprovechando el desconocimiento de los miembros de la comunidad en los procedimientos administrativos que se debían cumplir para legalizar definitivamente una escritura de propiedad de tierras, no le informaron que este documento, después de ser levantado en la notaria, debía ser asentado en la oficina de registros públicos, gestión que no realizaron los indígenas y que más tarde les serviría a las demás personas con interés territoriales en la zona para declarar la escritura no valida; esta es pues la historia de un líder dedicado a su comunidad y unos funcionarios públicos fraudulentos.

 

 

2.2.2       Chilapos y Costeños: Nuevos Auges de las Economías Extractivas (1930 – 1950)

 

Para esta época en la región de Urabá, las especificidades culturales de cada uno de los grupos que la poblaban esta región se fueron disolviendo desde el proceso de colonización, al verse llevados a abandonar, de manera gradual, sus maneras particulares de relacionarse con los entornos conocidos y enfrentarse a la construcción de nuevas formas de transformación de las nacientes realidades socioterritoriales.  Sus experiencias culturales propias debieron ser negociadas con conflictos o diversidades para sobrevivir y aceptar los sistemas de producción dominantes, sujetos a decisiones, por lo general, externas al territorio, pues quienes ejercen el control de las inversiones y las decisiones son residentes de otros territorios centrales o citadinos.  No obstante a los procesos de colonización espontánea o campesina, así como la empresarial le dejó la peor parte a la mayoría de los pobres provenientes de todas las culturas, no se sacrificaron todos los hábitos y costumbres ya que muchos perviven y se manifiestan en las formas cotidianas de sus actividades productivas, de uso del territorio tanto en las condiciones asumidas de colonos, campesinos o de obreros agrícolas.

 

Específicamente en el territorio de /Ipkikuntiwala/, para la tercera y cuarta década del siglo XX, se empieza a presentar la llegada de personal proveniente de las sabanas de Córdova y Sucre que venían a extraer de los territorios indígenas principalmente la semilla de la tagua, el tubérculo de la raicilla, también conocida como /Inasili/ y el látex del caucho. La raicilla tenia un buen mercado, pues se consideraba materia prima fundamental en la elaboración de muchos medicamentos de la época; por otro lado, la semilla de la tagua era fuente importante en los mercados internacionales para la elaboración de botones y otras accesorios de los vestuarios de los norteamericanos y europeos de la época. El látex del caucho tenía también una gran demanda ya que era la materia prima fundamental  en la elaboración de múltiples productos.

 

La llegada a la región norte de Urabá de estas personas dedicadas a explotación de estos vegetales, es provocada por el agotamiento de estos recursos en las zonas boscosas y bajas de las cuencas de los ríos Sinú y San Jorge donde en décadas anteriores se había presentado de manera generalizada estas tácticas extractiva, pero para esta época ya estaban muy agotadas y se había iniciado el proceso de conformación de grandes haciendas y hatos ganaderos; esta situación provocó el desplazamiento de las personas dedicadas a estas actividades hacia nuevas regiones donde estos recursos estuvieran disponibles, ampliando así las fronteras de las economías extractivas. La zona norte de Urabá era una región fronteriza con estas y por consiguiente con amplias facilidades para desarrollar estas actividades sin necesidad de desplazamientos muy largos; así mismo, las condiciones biofísicas de ella posibilitaban el crecimiento de este tipo de recursos vegetales que tradicionalmente se explotaban en las regiones bajas de la zona Atlántica. La idea de que los bosques eran baldíos de la nación, también influyó en la ocupación del territorio de /Ipkikuntiwala/ por parte de los habitantes de las sabanas de Córdova y Sucre.

 

Estos productos tenían una gran demanda en el mercado internacional y los compradores llegaban a  Turbo y Montería para hacer las transacciones con los extractores que se distribuían por todo las tierras bajas aledañas al Mar Caribe, incluyendo como es lógico, las tierras indígenas de los /tule/; estos pobladores nativos no podían poner resistencia a la legada de estas personas dedicadas a las economías extractivas, pues como ya se mencionó, no contaban con un territorio legalmente asignado en propiedad.

 

Esta actividad era muy rentable y estacional lo que hacia que cada año en los tiempos de estas cosechas que eran en la estación seca, los territorios de /Ipkikuntiwala/ se vieran llenos de gente extraña, que con el paso de los años iban aumentando. En cada temporada se exploraban nuevas porciones territoriales, identificando aquellas que más contuvieran los vegetales que estaban buscando; descubrieron pues que la cuenca del Río Caimán era rica en estas plantas, lo que se constituyó en una amenaza para los pobladores nativos, quienes día a día veían como sus recursos naturales se agotaban rápidamente. Los indígenas no participaban en estas economías extractivas, pues ellos se dedicaban en esta época a actividades de subsistencia mediante la caza, la pesca, la recolección y la agricultura de autoconsumo; los único que seguían comercializando era el cacao con los compradores de Turbo.

 

De esta forma llegaron personas de Maria la Baja, San Onofre, Moñitos, Canalete, toda gente “chilapa” y “costeña”, detrás de los “tesoros verdes”, que también empezaron a realizar pequeños cultivos de maíz y otros productos transitorios para sustentarse mientras desarrollaban sus actividades extractivas; así mismo, cazaban y recolectaban productos comestibles de los bosques, diezmando aun más los recursos que eran la base de subsistencia de los pobladores indígenas. Con la apertura de tierras para el establecimiento de cultivos transitorios, iban marcando de alguna forma propiedad sobre pequeñas parcelas dentro de los territorios de /Ipkikuntiwala/; estas pequeñas parcelas eran retomadas en cada temporada, introduciendo de esta forma un nuevo proceso de colonización, ya no como explotadores furtivos de recursos vegetales, sino como ocupantes permanentes de las tierras indígenas; este fue el inicio de un largo proceso de invasión que aun los /Tule/ no terminan de sanear.

 

Puede observarse entonces que entre 1930 y 1950 los indígenas de /Ipkikuntiwala/ tuvieron que asumir situaciones que no conocían con la llegada de personal foráneo a explotar los recursos naturales, circunstancias que los obligó a convivir con gentes de otras culturas que tenían otros interés distintos a los suyos y que consideraban al indígena inferior y con memos conocimiento que ellos, simplemente por el hecho de no hablar la lengua castellana y no moverse bajo los intereses de las economías de mercado. Así mismo vieron como los recursos naturales de sus territorios comienzan un proceso de degradación, no por el mal uso que ellos hacían de estos, sino por los intereses de los mercados que sobrepasaban las fronteras nacionales.

 

 

2.2.3       La Invasión por Campesinos Pobres Sin Tierra: Procesos de Colonización y Apertura de la Frontera Agrícola (1950 – 1966)

 

Aquel período anterior donde predominaron las tácticas extractivas por parte de personal foráneo a la comunidad, a parte de traer el agotamiento de los recursos naturales base de su sustento, conllevó a un desequilibrio en las actividades tradicionales de subsistencia, pues ya no era posible conseguir carne de monte ni frutos silvestres con la misma facilidad que en épocas anteriores; esto se reflejó en una mayor inversión de tiempo por parte de los indígenas en la consecución de sus medios de subsistencia y en una expansión del territorio de cacería y recolección, incorporando para estas actividades sectores fuera de las tierras tradicionales en baldíos aledaños que cubrían desde las cabeceras del río Mulatos, hasta zonas aledañas a Currulao; la incorporación de estos sectores a sus actividades cotidianas, más tarde les traería múltiples complicaciones.

 

De otro lado, este reconocimiento del territorio por otras personas “chilapas” y “coasteñas” traería otras consecuencias, quizás mas grabes que las anteriormente mencionadas. Con la disminución de la demanda internacional de la semilla de la tagua, el tubérculo de la raicilla y el látex del caucho, la explotación de estos productos dejó de ser rentable para aquellos trashumantes que se desplazaban de cuenca en cuenca tras ellos. Esta disminución de la demanda se dio por la aparición de otras materias primas que paulatinamente fueron remplazando los productos vegetales; la semilla de la tagua y el látex del caucho, fueron desplazadas por los productos sintéticos a fase de derivados del petróleo como el plástico y los polímetros y la raicilla fue sustituida por drogas epilogales.

 

Auque, de acuerdo a lo anterior, ya la cuenca del Río Caimán Nuevo no era valorada por aquellos recursos naturales, los antiguos explotadores, ellos no cedieron en sus pretensiones de ocupación territorial iniciado unas décadas atrás mediante la instalación de pequeños cultivos transitorios; estos visitantes furtivos identificaron en este territorio indígena de /Ipkikuntiwala/ la existencia de innumerables individuos de especies maderables de gran valor comercial y lo posibilidad de acceder a parcelas bajo la modalidad de tenencia de mejoras, la cual no desaprovecharon.

 

En su gran mayoría, estos visitantes esporádicos de la comarca indígena, eran campesinos pobres sin tierra que habían sufrido un proceso de desplazamiento de las zonas de Córdova y Sucre cuando se dio allí el surgimiento de las grandes haciendas y veían ahora la posibilidad de subsanar esta necesidad; así mismo las condiciones del mercado les imponía el cambio de su estrategia de subsistencia. De esta forma los “chilapos” y “costeños” empezaron a radicarse definitivamente en el territorio de /Ipkikuntiwala/, ahora explotando los recursos forestales, así como instalando cultivos transitorios y permanentes, como colonos de un territorio que jurídicamente no tenia claridad.

 

Ahora los indígenas tenían que soportar la coexistencia de personal ajeno a su etnia, hecho que les significó cambios drásticos en sus patrones tradicionales y que generó procesos fuertes de mestizaje, incorporando pautas de comportamiento y roles sociales propios de estos nuevos pobladores; esto se vio reflejado en la incorporación de nuevos cultivos, transformaciones significativas en las  tradiciones culinarias y una mayor dependencia hacia las actividades propias del mercado occidental, entre otras muchas.

 

Con la instalación de los primeros colonos, se abrió paso a la llegada de otros, pues estos primeros iban trayendo a sus familias y amigos garantizándoles que había disponibilidad de tierras para todos; de esta forma se fue llenado el territorio de /Ipkikuntiwala/ de personal no indígena como habitantes permanentes; esta situación llegó a ser extrema en la década de los 70, cuando existían más de 600 familias instaladas, cada una de las cuales tenia entre 10 y 30 hectáreas para su usufructo.

 

Lo primero que hacían era hacer un aprovechamiento de las maderas comerciales, lo que deterioraba aún más la sostenibilidad de los mecanismos tradicionales de subsistencia de los pobladores indígenas, pues el desmonte de la cobertura vegetal traía casi inmediatamente el desplazamiento de los animales que ellos acostumbraban cazar y como es obvio una dependencia mayor a la sustitución de la proteína animal por aquella que se encontraba en los mercados municipales y veredales de localidades vecinas. Así mismo la disminución de las actividades de recolección fueron significativas, sin olvidar el deterioro de las corrientes de agua con el consiguiente impacto sobre los recursos ícticos, base fundamental de la dieta de los /Tulemal/( verbigracia el camarón y el pescado).

 

Dentro de los colonos existía un líder que era el encargado de hacer las reparticiones de las tierras, no respetando la tenencia tradicional de las familias indígenas; en muchas ocasiones los amedrentaban y los asustaban, generando el desplazamientos de algunos /Tulemal/ hacia otros sectores del territorio tratando de ubicarse en cercanías de parientes y amigos para así asumir la defensa de manera colectiva.

 

Ningún sector de territorio indígena fue respetado por los colonos, pues se ubicaron en Caimán Bajo, Quebrada Ule, Caimán Medio y Caimán Alto; esta última porción fue la más densamente poblada por los colonos pobres sin tierra.  La convivencia prolongada con estos habitantes fue generando lazos de amistad y reciprocidad, pues los indígenas también entendían la posición de ellos que tenían una fuerte necesidad de la tierra y que no poseían otras estrategias para conseguirla.

 

Dada la complejidad de la situación el /Sakla/ Mayor con la ayuda de su secretario Julián Uribe, inicia gestiones para sanear el territorio indígena, pues veían que día a día arrimaban más colonos y que entre ellos mismos se respaldaban para tomar posesión de las parcelas sin contar con los /Tulemal/; hasta este momento los habitantes indígenas no sabían que la escritura pública de estas tierras no era valida; desconocían el engaño que le perpetraron a su gran líder /Inayoka/, los funcionarios de la alcaldía de Turbo en la segunda década del siglo XX. A principios de la década del 60, empiezan a buscar la documentación que soportaba esta adjudicación, pues en el tiempo de /Inayoka/ no existía la normatividad de resguardos, ni de reservas, pero ahora sí y ellos querían cambiar esta escritura a una figura jurídica de estas, buscando tener un mayor reconocimiento sobre la legalidad de las tierras e iniciar un procedimiento de saneamiento.

 

El /Sakla/ y su secretario inician entonces una peregrinación parecida a la ya hecha por /Inayoka/ casi medio siglo atrás. Lo primero que hacen es buscar en Turbo el documento de escritura pública de la tierra y es en este momento cuando se enteran del engaño proferido décadas atrás; sin embargo no desfallecieron y ha sabiendas que dicho documento no estada asentado en la oficina de registros públicos como se estipula en procedimientos como estos, lo tomaron como el punto de partida de su lucha, ahora tratándole de demostrar a las autoridades competentes la artimaña que les habían propiciado. Así visitan al Gobernador de Antioquia y más tarde al Presidente de la Republica mostrándoles el documento, exponiéndoles la situación y pidiendo se les legalice la tenencia de las tierras; buscaban que se les reconociera la misma porción territorial que /Inayoka/ había delimitado a principios del siglo. Por fin el presidente los recibió en el año 62 y se comprometió a solucionarles los problemas y mandar rápidamente una comisión que hiciera la verificación de las tierras y demarcara la zona con mojones.

 

Efectivamente 15 días después de haber arribado a la comunidad el /Sakla/ Manuel Medina y su secretario Julián Uribe de su entrevista con el Presidente de la Republica, llegó la comisión del Instituto Geográfico de Colombia (hay Instituto Geográfico Agustín Codazzi —IGAC—), para hacer el levantamiento del terreno, las mediciones correspondientes y las demarcaciones con mojones del área establecida primigeniamente por /Inayoka/. Delimitan nuevamente 2.500 m a ambas margenas del Río Caimán Nuevo, desde la desembocadura hasta sus nacimientos como el territorio del pueblo /Tule/ de /Ipkikuntiwala/.

 

Sin embargo pasaron tres años y no les llegaba ninguna comunicación oficial sobre la legalidad de las tierras; esta situación los llevó nuevamente ha hacer un viaje a Bogotá en 1965 para tratar de indagar sobre como iba el proceso de adjudicación colectiva del territorio; lograron ser atendidos por algunos funcionarios del INCORA y les comunicaron que rápidamente les estaría llegando la comunicación oficial al respecto.

 

Por fin el 13 de junio de 1966 por resolución No. 107 del INCORA se crea la Reserva Indígena de Caimán Nuevo como territorio colectivo del pueblo /Tule/ de /Ipkikuntiwala/. Como puede verse el sueño de /Inayoka/ se cumple 50 años después y los habitantes indígenas tiene en la memoria todos estos acontecimientos como una lucha ardua que han tenido que dar por la defensa de su integridad étnica y el reconocimiento de un territorio ocupado tradicionalmente por varios centenares de años. Pero la lucha por la tierra no acaba aquí; vendrían otros tiempos difíciles para la comunidad en el proceso de saneamiento de su territorio.

 

 

2.2.4       La Reserva Indígena: Tierra si, Pero no Segura (1966 – 1971)

 

Aunque ya contaban con territorio legalmente reconocido, no fue posible impedir la entrada de nuevos colonos a la comarca indígena; los “chilapos” y “costeños” no querían reconocer la validez de este documento y siguieron abriendo monte y comercializando los recursos forestales de la comunidad. Pero esta no era la única situación que ahora tenía que enfrentar los pobladores de /Ipkikuntiwala/; un año antes, es decir en 1965, se habían instalado un grupo de monjas de la congregación de las hermanas de la Madre Laura, que lograron convencer a el cacique de la época que era importante que los indígenas tuvieran un proceso de escolarización. Este fue el argumento que utilizaron las hermanes de esta congregación religiosa. Como vemos; de esta forma se funda la escuela en la comunidad y se inicia el proceso de enseñanza de la primaria entre los /Olo Tule/ de /Ipkikuntiwala/.

 

Como queda claro, ahora no eran solo los colonos lo que transitaban el territorio, estaban también las “hermanitas”; pero con estas nuevas pobladoras permanentes del territorio, también llegaron otras cosas; lo más grave fue el cuestionamiento de muchas de sus practicas tradicionales por parte de ellas que en esa época asumían la labor evangelizadora como la transformación o mejor dicho la aniquilación, de las creencias por que lo que importaba era la conversión y “civilización” de estas poblaciones. Se entrometieron en asuntos muy delicados de la concepción de estas personas, como lo relacionado con la medicina tradicional; en una ocasión estas personas quemaron los /Nussumal/ (objetos sagrados y ceremoniales) de un medico tradicional por que consideraban que esto era demoníaco.

 

Pero también hicieron otras cosas no tan perjudiciales que aun en el presente les sirven; emprendieron la construcción de la escuela con recursos que conseguían con instituciones del Estado y con agencias internacionales; montaron un pequeño dispensario para atender las necesidades curativas de los indígenas. Así empezó otra etapa de lo habitantes de /Ipkikuntiwala/, donde el castellano era requerido para muchas cosas y la escuela se convirtió en una nueva estrategia de relacionamiento con occidente.

 

 

 

2.2.5       Apertura de la Carretera y la Llegada de los Paisas: “Llegaron los Terratenientes” (1971 – 1992)

 

La pavimentación de la vía Turbo – Necoclí, puede ser considerada como la culminación de un proceso que se inicia desde hace un centenar de años, cuando los antioqueños en particular y los colombianos en general, se propusieron la construcción de un carreteable que les facilitara la salida al mar desde el interior del país; aspiraban construir además un puerto internacional para  dinamizar el comercio interoceánico. El punto final de esa vía, prioritaria para aquella época, seria Necoclí, par las facilidades que presentaba este lugar para la construcción de un puerto de alto calado, pues ya se había descartado los alrededores de Turbo por la gran sedimentación que provoca el delta del Atrato. Este se constituyó en una obsesión para los antioqueños, quienes a toda costa y a cualquier costo, querían sacar adelante esta obra.

 

Es posible sugerir que la modernización en las comunicaciones dentro de la llamada provincia de Antioquia, se inicia con la construcción de la carretera al mar en las primeras décadas del siglo XX, hecho que marcó cambios significativos en la dinámica de las comunicaciones y propició la expansión de la frontera agrícola hacia el occidente y Urabá.  Esta idea surge cuando la economía colombiana se recupera de la decadencia producida por la primera guerra mundial y los antioqueños comienzan a madurar la idea de una vía de comunicación para vehículos automotores, que los comunicara con el océano.  Se buscaba reemplazar el antiguo camino de herradura que por varios siglos fue utilizado como ruta de comunicación entre los valles de Aburrá y río Cauca, hasta la llanuras costeras de Urabá. 

 

Las continúas parálisis que sufría el tráfico por la vía del Magdalena sobre todo en las épocas de verano, propició el ambiente para que la idea de una nueva modalidad de comunicación entrara en vigencia en el territorio Antioqueño.  La Asamblea Departamental, dadas las presiones ejercidas por la comunidad lideradas por Gonzalo Mejía, ordena en 1926 la iniciación de la construcción de este proyecto, para lo cual aporta 8 millones de pesos financiados  por bonos emitidos para este fin.  Se iniciaron los trabajos en el tramo comprendido entre Medellín y Dabeiba, en una extensión de 140 Km. concedida a la compañía R. W. Herbard.  Paralelamente comenzaron los estudios de los 210 Km. restantes y de la construcción de un puerto en Necoclí[67].  El geógrafo James Parson describe el papel preponderante que se le dio  a este proyecto:

 

“[…la nueva carretera proclamada una obra redentora que emanciparía a Antioquia del río Magdalena, se consideró el proyecto de ingeniería más audaz que se hubiera conocido en Colombia. A veces, hasta siete mil obreros trabajaban simultáneamente en su construcción[…]”[68].

 

El trazado de esta obra fue realizado a  partir de los estudios hechos por Juan Enrique White más de veinte años atrás y perfeccionados con las expediciones realizadas por Gonzalo Mejía.

 

Al principio la carretera al mar fue un proyecto financiado por el Departamento, pero rápidamente cobró importancia nacional, hecho que condujo a que el Congreso de la República aprobara una subvención de $ 20.000.oo por cada Km. terminado, cifra que podría aproximarse a la tercera parte del costo total de la obra.  El trazado definitivo cruzaba diferentes trayectos descritos por Parsons:

 

“[…] Prácticamente todo el proyecto de Medellín hasta las llanuras de Urabá pasaba por terrenos muy escarpados; primero una caída desde el Boquerón de San Cristóbal al árido cañón del río Cauca; Después un ascenso abrupto hasta el Boquerón de Toyo y un descenso paulatino por el alto del Río Sucio hasta las tierras bajas selváticas que se extendían hacia el norte hasta llegar al mar Caribe.”[69]

 

El gobierno departamental pensando en el desarrollo que tendría la región con este nuevo proyecto vial, recibió un título de la nación de 100.000 hectáreas en el año de 1930, en tierras sin medir confinadas al sur por el resguardo de los cunas y al oriente por el Río Mulatos; a propósito de esta concesión se afirma:

 

“[…] la concesión se debía emplear no solo para promover asentamientos agrícolas, sino para animar el establecimiento de nuevos municipios cerca del propuesto terminal de la carretera al mar que entonces avanzada hacia el norte desde Medellín. El máximo de tierras para cada colono era de 200 hectáreas, 500 si las dedicaba a la ganadería”[70].

 

De esta afirmación queda claro el gran interés del gobierno departamental en la construcción del puerto y de propiciar la colonización de la zona cercana a Necoclí; también hay un reconocimiento de la ocupación ancestral de estos territorios por los indígena conocidos como los “cunas”, que son precisamente los /Olo Tulemal/. Así mismo queda evidenciado el interés de que la vía se llevara hasta Necoclí. Con relación a los procesos de colonización generado por las vías se ha afirmado con relación al caso colombiano:

 

“No hay una sola frontera de colonización, como lo hubo en el Oeste Norteamericano, sino que hay veintena de ellas, cada una asociada generalmente con una vía de penetración construida por el gobierno, que poco a poco se abre paso por las laderas hasta llegar a las llanuras boscosas”[71].

 

Esta es precisamente la situación que propició la apertura de la vía al mar, donde se abrió para la colonización antioqueña y en general para el interior del país, una región que hasta aquellas épocas les había sido negada por las dificultades en la comunicación y las condiciones extremas de los bosques pluviales del llamado Choco Biogeográfico.

 

Una de las motivaciones que impulsó el proyecto, se basaba en las posibilidades que tenía toda la región de Dabeiba hasta Urabá, para el cultivo de Algodón, materia prima indispensable en el funcionamiento de las gigantescas fábricas textiles que habían comenzado a desarrollarse en la ciudad de Medellín. Sin embargo, esta empresa tuvo enormes sobre-costos que generaron la suspensión de las obras a finales de 1928.  En este primer impulso se construyeron 270 Km. que comunicaban a Medellín con Mutatá, aunque los vehículos sólo podían transitar un poco más allá de Santa Fe de Antioquia[72].  Se inician nuevamente las obras en el año de 1931 que se prolongan hasta el 46, cuando se da por terminada la vía hacia el mar, quedando el sueño de los antioqueños inconcluso, pues no se pudo llegar a Necoclí, frustrando temporalmente los anhelos de un puerto interoceánico de alto calado.

 

 

Foto 2.4 puente de “Occidente”. Símbolo de la carretera al mar.

 

En la década del 70 con la construcción del carreteable Turbo –Necoclí, el sueño colonizador de los antioqueños nuevamente coge vigencia y se inicia una nueva expansión de la frontera agrícola y ganadera, generando múltiples desplazamientos de colonos pobres que se habían instalado en esta región dos o tres décadas atrás y que habían venido desde las llanuras de la costa Atlántica  y de los sabanas de Córdova y Sucre, producto de la instalación de las grandes haciendas en esas regiones; las carreteras seguían entonces provocando fuertes movimientos de población.

 

Posteriormente se “moderniza” la carretera al mar con su rectificación, ampliación y pavimentación y los antioqueños, principalmente los habitantes de Urabá, siguen soñando con ver terminada la obra hasta Necoclí, para de esta forma culminar una alucinación de más de una centuria.

 

Al inicio de la década de las 70s, los habitantes indígenas empiezan a escuchar los rumores de la construcción de una carretera que llegaría hasta el caserío de Necoclí, pero ellos no sabían si iba a pasar por sus territorios; no se enteraron de los inicios de las obras por que su desplazamiento a Turbó lo hacían por el mar y nuca por la trocha; solo algunos indígenas que habitaban el Alto Caimán y bajaban por el camino que cruzaba la Quebrada de los Indios y desembocaba a la localidad de El Dos, veían un movimiento poco común de maquinaría que ellos no conocían. En Turbo escuchaban comentarios de la nueva carretera, pero ellos no estaban seguros de lo que se trataba.

 

Pero veían que esta cicatriz de /Nan Kuana/ (la madre – tierra) crecía y se dirigía hacia sus territorios, sin que ellos pudieran evitarlo; no sospechaban lo que podría venir detrás de esta obra. Pero la repuesta no se dejó esperar. Llegaron las maquinarias y con ellas el desequilibrio espiritual de sus territorios, pues se en la medida que se abría la trocha, sus sitios sagrados eran alterados y como consecuencia vieron la llegada de las epidemias de enfermedades cutáneas, de fiebre amarilla y de paludismo; no solo los sitios sagrados sufrían, también eran tumbados árboles que le servían a estos como antenas de comunicación.

 

Acudieron a lo que conocían para sanear sus territorios y tuvieron que realizar varias fumas de la pipa de la paz, como una estrategia de mitigación de los efectos que producía el deterioro de estos sitios sagrados. Se dieron cuenta que su territorio podía ser intervenido por el Estado y que ellos no tenia como frenar dicha intervención. Pero lo más malo estaba por pasar.

 

Llegaron los terratenientes comprándole a los colonos las mejoras y acumulado fracciones de su territorio que podían sumar hasta 4.000 hectáreas; se trataba de otra gente con una mentalidad muy diferente a la de los colonos, pues estos nuevos invasores llegaron del interior; lo carretera los había acercado a sus tierras, pues les brindaba la posibilidad de entrar el ganado y todos los insumos que requerían para instalar los pastos de sus grandes extensiones; estas personas amenazaban a los indígenas y les decían que ellos si tenían el poder suficiente para levantar la figura de reserva indígena.

 

Su territorio aunque legal, se veía cada día más reducido y desde este tiempo se hizo más insostenible los mecanismos tradicionales de subsistencia; aparte de esto, no tenían tranquilidad en su territorio y no sabían a quien acudir. En la búsqueda de una solución se acercaron a las agremiaciones de los campesinos y encontraron una puerta abierta en la Asociación de Usuarios Campesinos que en Urabá ya había fundado una filial. Asistieron a algunas reuniones y en los primeros años de la década de los ochenta, asistieron algunos de los miembros de la comunidad a una asamblea general en Bogotá, donde conocieron otros compañeros indígenas que tenían los mismos problemas que los suyos; como una comisión especial para los problemas indígenas, del seno de la ANUC, surge la ONIC como una estrategia organizativa y unir fuerzas para solucionar las dificultades que eran similares en muchos lugares de Colombia. Así es que el gran líder Nazario Uribe, /Tule/ de /Ipkikuntiwala/ participa activamente en la fundación de la Organización Nacional Indígena (ONIC).

 

Además vio que requerían de una organización regional que uniera los intereses y los propósitos de los indígenas del departamento; crea en primera instancia con otros compañeros /Tulemal/ la OIKA, Organización  Indígenas Kuna de Antioquia. Luego se entera que varios compañeros del pueblo Chamí estaban haciendo lo mismo que él y decide aliarse con ellos; de esta alianza surge la OIA, Organización Indígena de Antioquia. Como puede verse, algunos lideres del pueblo /Olo Tule/ de /Ipkikuntiwala/ fueron importantes protagonistas en el surgimiento de las primeras organizaciones indígenas nacionales y regionales.

 

Desde esta organización iniciaron una serie de presiones al Estado para que les ayudara a recuperar sus tierras porque era un compromiso de la nación entregarles sus territorios saneados; logran después de muchas presiones que les otorgaran la figura de resguardo en 1992 y que el estado les diera dinero para comprar las mejoras de los colonos y los terratenientes; es así como en el presente solo 600 hectáreas están en manos de colonos, pero ya tiene para su usufructo mas de 8.000 que les permiten tener el entorno que les garantice la reproducción biológica y cultural permitiéndoles seguir existiendo como etnia.


[1] Correal, 1983

[2] Liné, 1929; en Santos, 1989.

[3] GIAP, 1980

[4] Santos, 1989: 87.

[5] Otero, 1990.

[6] Santos, 1989.

[7] Reichel-Dolmatoff y Dussan, 1958; ICAN, 1991.

[8] Arcila, 1986.

[9] Espinosa y Nieto, 1998.

[10] Espinosa y Pérez, 2005; Espinosa, 2006.

[11] Santos, 1989.

[12] Espinosa y Nieto, 1998.

[13] Santos, 1989: 79

[14] Arcila, 1986.

[15] Reichel-Dolmatoff y Dussan, 1956: 131-132

[16] Ibíd.

[17] Espinosa y Nieto, 1998; 147

[18] Plazas y Falcheetti, 1993:128, Reichel-Dolmatoff y Dussan, 1956

[19] Espinosa y Nieto, 1998: 151

[20] Oviedo, G. 1852: Tomo ll: 133-134.

[21] Santos, G. 1989: 88.

[22] Castillo, N. 1992: 14-15.

[23] Romoli, 1987

[24] Hay que aclarar que el Río Tanela Cambio su curso en su cuenca baja y que para el momento de la conquista, no desembocaba directamente en el Río Atrato, sino que vertía sus aguas directamente al Glfo de Urabá, en cercanías de lo que se conoce hoy como La Gloria, en jurisdicción del actual Municipio de Arquía, Departamento del Chocó.

[25] Ibíd.

[26] Ibíd.:32-33

[27]Se entiende por grupo étnico aquel conglomerado humano que se identifica y se auto-adscribe a un grupo y además es adscrito por los otros. En otras palabras, “en la medida en que los autores utilizan las identidades étnicas para categorizarse a si mismos y a los otros, con fines de interacción, forman grupos étnicos” Barth, F. 1976: 34

[28] Cieza de León, P. 1971: 57.

[29] Ibid: 50.

[30] Simón, F. P. Tomo V, 1981: 261.

[31] Oviedo, G. 1851: 142.

[32] Ibid: 137.

[33] Cieza de León, P. 1971: 50.

[34] Service, En: Alcina, J. 1990: 43.

[35] Cieza de León, P. 1971: 71.

[36]  VARGAS, Patricia.  Los embera y los cuna: impacto y reacción ante la ocupación española.  Siglos XVI y XVII.

[37] Parsons, 1996:21-22.

[38] Parsons, 1996:22.

[39]  Vargas, Op cit

[40] Fray Severino de Santa Teresa, primer prefecto apostólico de Urabá, afirma que este asentamiento temporal se localizó en un lugar que ahora llaman Cañaflechal a cuatro kilómetros al norte del actual Necoclí. (Severino, 1956); de otro lado investigaciones arqueológicas desarrolladas en el Cerro del Águila encontraron evidencias españolas en jurisdicción del municipio de Necoclí, correspondientes a herraduras, fragmentos de cadenas y otos objetos metálicos (Ramírez y Mejía, 1985). Recientemente se realizaron investigaciones arqueológicas en las Colinas de San Sebastián en jurisdicción del Municipio de Necoclí, donde fue posible identificar con claridad el sitio exacto de fundación de San Sebastián de Urabá, el cual se localiza a unos dos kilómetros del casco urbano; allí se recuperaron materiales coloniales tales como cerámica de manufactura europea, puntas de ballestas y fragmentos de espadas y sables (Espinosa y Pérez, 2005)

[41] Parsons, 1996: 22-23

[42] Parsons, 1996: 25

[43] Parsons, 1996: 27

[44] Parsons, 1996: 28.

[45]  Parsons, Op cit. 26

[46]  Parsons, 1996:30

[47] Saenz, 1944.

[48] [48]  Parsons, 1997: 31

[49]  Santos, 1989: 22

[50] Castrillón, 1982: 126-127.

[51] Parsons, 1996:32.

[52] Vargas, 1993.

[53] A.G.N. Probanza de servicios de Melchor Velásquez, 1573. F:79r. 

 

[54] (Marzal Antonio citado por Isacsson, 1973:47).

 

[55] Guzman,  1671: 709-717.

[56] Wafer, 1990: 29.

[57] A.G.N. Fondo Caciques e indios.  Tomo 11. En:  Ortega, 1954: 109-125.

[58] Anónimo, 1780: 306-324

[59] Relación del Chocó o de las Provincias de Zitará y Nóvita, 1780.  En: Ortega, 1954: 210

 

[60] Descripción e relación del Golfo del Darién e Istmo del mismo nombre.  En:  Cuervo Antonio.  Tomo 2.  1892 :250-299.

 

[61] Ibíd.

[62] Ibíd.

[63] Ibíd.

[64] Wassen, 1941: 323. 

[65] Descripción e relación del Golfo del Darién e Istmo del mismo nombre.  En:  Cuervo Antonio.  Tomo 2.  1892 :250-299.

[66] INER, 2000: 10

[67] Parsons, 1992: 107

[68] Ibid.

[69] Ibid: 108.

[70] Parsons, 1996:83.

[71] Ibíd.:13.

[72] Parsons, 1992: 111.

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