Historia de Inayoka: Héroe del Pueblo Olo Tule de Ipkikuntiwala

Tomado de : Historia y Cultura del Pueblo Olo Tule de Ipkikuntiwala. Colección de Autores Antioqueños. Medellín, 2010. Autor: Iván Darío Espinosa Peláez.

2.2.1 La Búsqueda de la Legalidad del Territorio: La Historia de en Líder y un Estado Fraudulento (1900 – 1930)

Aunque la actividad extractiva de recursos se desarrolló de manera activa durante los siglos XVII y XVIII, no fue sino hasta finales del siglo XIX e inicios del XX cuando el impacto de esta actividad se hizo relevante para la colonización del norte de la región de Urabá donde se localiza el territorio /tule/ de /Ipkikuntiwala/. La presencia de compañías extranjeras alentó la comercialización de recursos maderables y otros como la raicilla de ipecacuana, al caucho y la tagua.  Por ejemplo, la compañía Emery de Boston explotó los maderables de los ríos Sinú (1883 – 1915) y se trasladó a las cuencas del San Juan y mulatos al norte de Urabá (1915 – 1929).

Este proceso generó que en la región se asentaran trabajadores procedentes de Bolívar y Córdoba que venían con la compañía desde las primeras extracciones en el Río Sinú.  Su asiento inicial en la región fue en las cuencas de los Ríos Mulatos y San Juan, donde fundaron poblados y caseríos o reanimaron los existentes como soporte a las empresas extractivas tales como San Juan de Urabá, Arboletes, Uveros, Damaquiel y Necoclí.  Este proceso dinamizó algunos poblados ribereños del Atrato, revitalizó a Turbo y fundó a Chigorodó. [1]

Esta actividad propició dos acontecimientos de importancia en el poblamiento de la región:

Ø   Un intercambio comercial que unió a Urabá con los mercados de Montería y Cartagena y estos con los mercados internacionales, destino de los recursos.

Ø   Un intercambio cultural entre cordobeses con los negros caribeños asentados desde el siglo anterior.  Esto generó  tendencias en el uso del territorio, de acuerdo con las respectivas tradiciones culturales: los caribeños preferían la costa para el comercio marítimo y fluvial, combinado con la pesca y cultivos de coco; los cordobeses adecuaban las tierras del norte según sus tradicionales paisajes sabaneros donde cultivaron arroz, maíz, cacao y levantaron ganado.

Además de la actividad maderera que generó estas movilizaciones poblacionales, otro elemento importante en esta conformación sociocultural regional fue el proceso de expansión del latifundio ganadero en el norte, donde la presión por la tierra produce nuevos desplazamientos de los Sinuanos recién asentados, en un deambular que los llevó a presionar los territorios tradicionales de los indígenas /Tule/. Esta situación los llevó a retornar a las prácticas y la condición de colonos, movilizando a muchos Sinuanos hacia el eje bananero donde compartieron parcelas agrícolas con los pobladores negros Atrateños, asentados con cultivos de plátano, banano y cacao en las inmediaciones de Turbo, a lo largo de los ríos Atrato y León y en las márgenes de la carretera al mar.

Fueron acontecimientos dados entre los años treinta y sesenta, que aportaron nuevos elementos históricos a las condiciones de identidad de una región en continua construcción. Conjuntamente con la expansión de latifundio en Córdoba, la afluencia de población se vio fuertemente incrementada por la construcción de la carretera al mar, la cual dinamizó las zonas ubicadas en su curso en donde compartieron los sinuanos y los negros, con los paisas, nuevo grupo poblacional que arriba a la región, la condición de parceleros, aunque con estilos diferentes para domar los territorios.

Mientras sucedía todo esto en Urabá, el pueblo /Tule/ de /Ipkikuntiwala/ comenzada una campaña fuerte de legalización de sus territorios, que para esta época consideraban que se extendían desde el actual asentamiento de Cope en jurisdicción del actual Municipio de Turbo, hasta el Río mulatos, cubriendo todas las llanuras costeras y aluviales, así como la vertiente norte de la Serranía de Abibe. En la memoria de los actuales habitantes del resguardo todavía se recuerda la figura de un gran dirigente, que lidero este proceso desde inicios del siglo XX; /Inayoka/ era su nombre, auque los /Waka/ lo llamaban Napoleón.

Él era el cacique mayor (/Sakla Tummat/) de la época y emprendió largos viajes hasta Bogotá para encontrarle una salida a la situación territorial de su comunidad que en este tiempo se empezaba a complicar por la aparición de numerosos colones que estaban llegando desde múltiples lugares de la costa Atlántica, las regiones vecinas y la cuenca del Río Atrato, situación que no habían vivido en épocas anteriores.

En estos tiempos, los indígenas /Tule/ de Urabá tenían extensos cultivos de cacao que comercializaban con compradores que entraban desde turbo a sus territorios para tal fin; el comercio era realizado por las unidades familiares, pero bajo las instrucciones de su líder que era /Inayoka/, el cual no dejaba entrar ningún tipo de animal de carga a los territorios indígenas por considerarlos dañinos para la cultura de su pueblo; por esta razón, muchos negros hacían transito por sus tierras para servir de cargueros de esta producción; cada familia destinada parte de las utilidades de la venta de cacao para las gestiones de su líder en la consecución de la legalidad de sus territorios.

Con los dineros recaudados por todos los miembros de la comunidad, /Inayoka/ hacia los recorridos en compañía de su secretario, pues él no savia nada de la lengua castellana, hacia los centro políticos y administrativos de la época que eran Bogotá y Medellín; estos desplazamientos se prolongabas por más de tres meses pues todos los trayectos los hacían caminando, en busca de solucionar un problema prioritario para la comunidad, como lo era la legalización de los territorios indígenas. Cuando llegaba de sus recorridos, hacia reunión donde contaba de sus gestiones y conjuntamente planeaban cual seria su siguiente paso en busca de lograr el objetivo que se habían propuesto.

Como gran visionario y líder, /Inayoka/ viendo en lo que se estaba convirtiendo la región del norte de Urabá, decide minimizar sus aspiraciones de adjudicación colectiva de las tierras y es así como emprende una nueva delimitación de los territorios que se iban a pedir al Estado como heredades comunitarias del pueblo /Olo Tule/. Comienza entonces la demarcación de una franja espacial tomando como eje el Río Caimán Nuevo, 2.500 m a lado y lado de su cause, desde la desembocadura al mar, hasta sus nacimientos, incluyendo en esta fracción territorial, todos los afluentes de ambas márgenes.  Con esta nueva idea de entorno para los indígenas emprende nuevamente los recorridos por los centros administrativos buscando ser escuchado y lograr tan anhelado deseo de legalizar la ocupación territorial de su comunidad; transcurrieron muchos años de visitas y largos recorridos hasta que en 1919 – 1920 logra levantar en la notaria de Turbo una escritura de tierras con las delimitaciones antes designadas como territorio comunitario; de esta forma /Inayaka/ pensó que había cumplido con el mandato de su comunidad y que ahora contaba con un territorio propio amparado por la ley que los iba a proteger de las oleadas migracioncitas que estaban ocupando hasta el último centímetro de tierra en la zona norte de Urabá. Él era consiente que, aunque el logro era grande y sin precedentes en la historia indígena de Colombia, su anhelo no se había cumplido a cabalidad, pues muchos de los sitios que ellos consideraban sagrados y de importancia cultural para su pueblo, no pudieron quedar en la delimitación; sin embargo pensaba que los líderes que vinieran detrás de él, tenían que seguir luchado por crecer su territorio en una campaña de recuperación de todo su entorno ancestral.

Lo que si no sospechaba /Inayoka/ era la jugada que estaban fraguando los gamonales y políticos de la región; ellos aprovechando el desconocimiento de los miembros de la comunidad en los procedimientos administrativos que se debían cumplir para legalizar definitivamente una escritura de propiedad de tierras, no le informaron que este documento, después de ser levantado en la notaria, debía ser asentado en la oficina de registros públicos, gestión que no realizaron los indígenas y que más tarde les serviría a las demás personas con interés territoriales en la zona para declarar la escritura no valida; esta es pues la historia de un líder dedicado a su comunidad y unos funcionarios públicos fraudulentos.

[1] INER, 2000: 10

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