Historia Prehispanica de Urabá

El problema de la evolución cultural vuelve a ser importante dentro de la teoría etnológica, a partir de los postulados de Steward quien desarrolla los conceptos de la ecología cultural, donde se plantea que los procesos recurrentes del cambio cultural estimularon a las sociedades a ocupar un medio ambiente similar a través de las mismas etapas de desarrollo, lo que llevó a pensar que las sociedades habían surgido a través de diferentes trayectorias de evolución, entendidas como una evolución multilineal. De acuerdo a esto se propuso que cada sociedad tiene etapas formativas, florecimiento regional, imperio inicial etc.[1]

 

Posteriormente Friedel y Service propusieron esquemas evolucionistas en los que las sociedades son clasificadas de acuerdo a sus desarrollos político sociales. Service propone los estadios de bandas, tribus, jefaturas o cacicazgos y estados. Friedel desarrolla una secuencia similar: igualitaria, de rango, estratificada y estado. La transición entre una etapa y otra era explicada por cambios tecnológicos y crecimiento demográfico. En la década de los 60 con la aplicación de estos conceptos, se llegaron a producir largas secuencias de desarrollo cultural prehistórico y se formularon leyes generales del cambio cultural comparables con las leyes de las ciencias físicas[2].

 

Los postulados de la ecología cultural, fueron adoptados por la nueva arqueología, comprometida con el evolucionismo multilineal. La Nueva arqueología considera que el fin último de esta disciplina es la explicación del cambio cultural, por lo que las teorías evolucionistas modernas se acoplan fácilmente al reciente postulado teórico, que trata de identificar leyes generales o generalizaciones probabilísticas en torno al cambio cultural. Desde esta perspectiva cada cultura es considerada como un sistema abierto que externamente interactúa con su ecosistema e internamente está compuesto de subsistemas (económico, político, social e ideológico), ligados por mecanismos de retroalimentación[3].

 

A partir de los postulados anteriores, los arqueólogos norteamericanos Willie y Philips esbozaron cinco estados secuenciales para definir los procesos de cambio cultural en América: lítico, arcaico, formativo, clásico y posclásico. La aplicación de esta periodización en Colombia ha sido desarrollada por Reichel-Dolmatoff en varias publicaciones; aunque inicialmente en sus primeros planteamientos consideró la etapa arcaica, posteriormente no vuelve a mencionarla y enfatiza sobre el período formativo de la Costa Atlántica, caracterizado por sociedades que entraron en proceso de sedentarización y desarrollo de aldeas que conllevó a una mayor complejización social y al surgimiento de la agricultura como estrategia adaptativa novedosa[4]. Considera que la etapa formativa es de singular interés en la América nuclear o área intermedia, por que los orígenes de las culturas mas avanzadas de América se encuentran en el oeste de Suramérica exactamente en tierras tropicales colombianas y en la región costera del Ecuador. Afirma que la vida aldeana y la agricultura se desarrollaron inicialmente en las selvas amazónicas y que estos modos de vida hace aproximadamente 4000 años se extendieron hacia las tierras bajas de la Costa Atlántica Colombiana y la costa pacífica ecuatoriana[5].

 

En términos generales este autor a planteado que el proceso de ocupación prehispánico de Colombia puede ser esbozado a partir de cinco etapas que son: paleoindia, formativa, advenimiento de cacicazgos, federaciones de aldeas y estados incipientes. El primero de ellos se caracteriza por pobladores cazadores y recolectores tempranos asociados a una etapa cronológicamente muy antigua, que evidencia un énfasis en la caza especializada de grandes mamíferos. La segunda etapa, como dijimos arriba, manifiesta un cierto tipo de sociedades que entran en un proceso de sedentarización mediante el establecimiento de la vida aldeana y una mayor recurrencia en el uso y aprovechamiento de recursos vegetales y animales principalmente de ecosistemas acuáticos y de humedales. La tercera etapa conocida como el advenimiento de los cacicazgos, la ubica cronológicamente para el país, al comienzo de la era cristiana y el rasgo social más característico lo constituye la jerarquización de las comunidades; en algunas regiones del país esta etapa se remonta hasta el momento del contacto con los peninsulares en el Siglo XVI, situación que puede ser aplicable a la zona de Urabá. Con relación a las etapas de federaciones de aldeas y estados incipientes, el autor restringe su aparición sólo a las regiones Tairona y Muisca, considerándolas grandes agrupaciones sociales con fuertes tendencias hacia una organización estatal.

 

Como punto de partida para ordenar la información arqueológica e histórica disponible para la zona de Urabá y regiones aledañas, se plantea un proceso de ocupación del territorio en nueve períodos que pueden extenderse cronológicamente desde unos siete mil años antes de Cristo, remontándose hasta el momento después del contacto, poco menos de quinientos años atrás. Se trata pues de establecer explicaciones iniciales de gran espectro, desde lo que se ha conocido como historias de larga duración, de los procesos acaecidos en más de nueve mil años. Para la zona de Urabá, no se cuenta con datos de todos los períodos, pero es posible inferir su presencia dada su ubicación geográfica y los hallazgos en las zonas aledañas tales como el Istmo de Panamá, la Costa Atlántica Colombiana, el Alto Sinú y las Llanuras de Córdoba y Sucre.

 

Los nueve  períodos planteados para exponer el estado del arte son el período temprano, el arcaico, el formativo temprano, el formativo tardío, los desarrollos regionales, los grupos étnicos y primeras poblaciones en el Siglo XVI, primeras iincursiones españolas a los territorios de Urabá y el Darién (1500 – 1510), desarticulación de las territorialidades nativas (1510 – 1550), y resistencia y reconfiguración étnica del la cuenca del Atrato, Urabá y el Darién. Como macro-región de referencia para estudiar los antecedentes arqueológicos de la zona de estudio se tendrá en cuenta un área que abarca el Golfo de Urabá, El Istmo de Panamá, la región del Alto Sinú – San Jorge y el Corredor Costero Colombiano. A continuación se presentarán secuencialmente los antecedentes arqueológicos enmarcándolos en dichos períodos.

 

5.1 Período Temprano (11200 – 7000 AP.)

 

Este período corresponde a las ocupaciones humanas más antiguas del continente, que comienzan a poblarlo desde el pleistoceno; se trata de pequeñas bandas de cazadores recolectores con una amplia movilidad, dedicados básicamente a la caza de megafauna y a la recolección de frutos y vegetales, presentando además ausencia de agricultura y asentamientos permanentes.

 

En cuanto a las condiciones medioambientales que caracterizan este período se ha dicho que

 

“No hay evidencia ambiental directa en lo que se refiere al lado suramericano del Darién, pero van der Hammen (1974) Y Bradbury et al. (1981) han reunido la evidencia correspondiente a las zonas vecinas. Hacia la época comprendida entre los años 19000 y 12000 a. de J. C., coincidió con el momento de máxima glaciación un período de gran sequía. Durante la época de frío extremo, el límite superior de altitud de la selva andina bajó a 2.000 metros (es decir, 1.200-1.500 metros por debajo del nivel actual), lo cual produjo la fusión de distintos islotes de tierras de páramo para formar una franja casi continua. Al mismo tiempo, la vegetación seca y abierta del valle del Magdalena se proyectó pendiente arriba, conectándose con el páramo frío de los Andes para crear un corredor amplio de vegetación abierta (flora clásica del hábitat del mastodonte) y unir así las tierras bajas del Caribe colombiano con la cuenca de Bogotá en al altiplano de la cordillera Oriental (van der Hammen, 1981). En Venezuela, Guyana y Surinam, los diagramas del polen también revelan una correlación entre los períodos glaciales, el clima seco, el descenso de los niveles del mar y las extensiones de vegetación sabanera.” [6]

 

Los materiales arqueológicos que caracterizan este período son artefactos líticos muchos de ellos con talla bifacial, entre las que se destacan las puntas de proyectil, los raspadores plano-convexos y las cuchillas laterales. Para las regiones de Urabá y el Darién, las investigaciones arqueológicas realizadas muestran que estos territorios estuvieron ocupados desde épocas muy tempranas, al juzgar por el tipo de evidencias que se han reportado. El posible poblamiento temprano por parte de grupos cazadores – recolectores cuenta con algunas evidencias sin dataciones absolutas en el Golfo de Urabá, específicamente en el sitio de Bahía Gloria (margen occidental del Golfo), donde se halló una punta de proyectil acanalada similar a las del Complejo “Lago Madden” en Panamá[7]. Aunque no existen investigaciones sistemáticas sobre cazadores – recolectores en Urabá, vacío que se puede contrastar con otras zonas aledañas donde este tipo de evidencias han sido ampliamente reportadas, como es el caso del Istmo de Panamá, donde la secuencia de ocupación en este período, se remonta desde los 11200 AP a los 7000AP, caracterizada por una multiplicidad de artefactos líticos con dataciones absolutas, entre los que se destacan las puntas acanaladas, las puntas cola de pescado, las puntas clovis, los raspadores terminales en forma de espuela, así como lascas bifaciales utilizadas para actividades de corte[8].

 

Con relación a estas tempranas poblaciones en el territorio suramericano, Bray considera que existe una coincidencia temporal en toda la América intermedia, asociándola a un fenómeno de mayor envergadura puesto que

 

“[…] quizás no sea una coincidencia el que la evidencia más antigua demostrada sobre Panamá y Colombia concuerde con las fechas más antiguas aceptadas para Venezuela y Perú y que la fecha del C14 corresponda al período inmediatamente posterior a aquel durante el cual existieron las mayores extensiones de tierras de pastoreo tanto en el altiplano como al nivel del mar. No obstante, esto no aclara el interrogante de si las tierras de pastoreo eran continuas (tal como sostiene Lynch, 1978) o si estaban intercaladas con selva, tal como se inclina a pensar Cooke (1984)”[9]

 

Por otro lado en la región de la Costa Atlántica Colombiana, aledaña al golfo de Urabá, se han encontrado evidencias de ocupaciones tempranas; a pesar que la ocupación de grupos precerámicos está poco documentada, se tiene noticia de algunos hallazgos descontextualizados de puntas de proyectil con talla bifacial y retoques secundarios recuperadas en Santa Marta, Mahates y Laguna de Betancí[10] y algunas colecciones de artefactos líticos encontrados en los departamentos de la Guajira (sitios de Cocinas I y Huelpana), Cesar (sitio de La Paz, Manaure, Sandiego, Media Luna y Los Brasiles) y Bolívar (sitios de Puerto Roja I, Villa Mery y Macué) en un programa de arqueología desarrollado por el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional y la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales[11].

 

En el departamento de la Guajira se destaca el sitio de Cocinas I por la alta densidad de desechos de talla, lascas atípicas, raspadores y cantos rodados con huellas de uso; esto permite suponer la presencia de grupos humanos que derivaban la subsistencia de la caza de especies menores, la pesca y la recolección. Además en Huelpana (alta Guajira), se encontró una industria de cuarzo asociada a la acumulación artificial de moluscos denominados “Concheros”, aunque los investigadores dudan que se trate de una ocupación precerámica[12].

 

Se destacan en el Cesar los abrigos rocosos localizados en la vereda El Espejo (Corregimiento de Media Luna), por la presencia de una ocupación precerámica en los estratos más profundos, caracterizada por lascas de porfiadita (material foráneo), artefactos triangulares de arenisca con desbordamientos dorsales y bordes con desgaste y cantos rodados con superficies oxidadas y señas de calcinación[13].

 

En Bolívar los sitios pertenecientes al municipio de San Cayetano contenían una industria lítica caracterizada por raspadores y lascas triangulares atípicas y concoidales, lo que permite suponer la ocupación temporal de pequeños grupos dedicados a la limpieza y tratamiento de productos pesqueros[14].

 

Aunque el conocimiento sobre el poblamiento temprano en el golfo de Urabá es precario, es posible suponer que debido a su ubicación geográfica y a la cercanía a zonas donde hay un reporte significativo de estas evidencias (Istmo de Panamá), esta área fuera ocupada por grupos humanos dedicados a diversas actividades, aprovechando la riqueza de entornos como son los humedales, las zonas ribereñas, los corredores costeros, bosques secos tropicales y los bosques húmedos tropicales en zonas de vertiente y serranía.

 

5.2 Período Arcaico (7000 – 4500 AP)

 

Continuando con la posible secuencia de ocupación para Urabá y las zonas aledañas, encontramos el período arcaico, que se extiende por unos tres mil quinientos años, entre los 7000 AP hasta los 4500 AP. Aunque en la zona de Urabá no se han encontrado evidencias puntuales para este período, es posible suponer su existencia dada la cercanía geográfica que existe entre esta región y desarrollos fuertemente consolidados para este período localizados en el Istmo de Panamá. Es de resaltar además que en la Costa Atlántica Colombiana hay una ausencia total de este tipo de evidencias.

 

En términos generales, el concepto de arcaico hace referencia a los desarrollos sociales de grupos cazadores – recolectores móviles que vivían en condiciones ambientales similares a las actuales, y que habían sufrido procesos de adaptación propios de los cambios drásticos que se dieron entre el Pleistoceno y el Holoceno temprano. Estos grupos, de acuerdo a lo que se conoce para otros lugares del continente y del país, se caracterizaban por una dependencia de la fauna menor que siguió a la extinción de la fauna pleistocénica, el aumento en la recolección, el incremento de instrumentos de piedra usados para preparar alimentos vegetales silvestres, instrumentos de piedra pulimentada para trabajar la madera, pesas de red y ornamentos, así como un aumento en la estabilidad de la ocupación, basada en la economía de subsistencia especializada (pesca, recolección de semillas), la elaboración de puntas talladas sobre materias primas de granos más gruesos, la utilización de artefactos en hueso, marfil, concha y los enterramientos[15], son algunos rasgos que caracterizan este período.

 

Para la zona andina colombiana, se reportaron evidencias de este período durante el Holoceno temprano, en el cual

 

“[…] el predominio de los bosques, se produjeron cambios en la tecnología y en la forma de subsistencia. Las herramientas básicas continuaron siendo las de tipo abriense, aunque algo más pobres. Los utensilios tequendamienses desaparecieron; los implementos de hueso se hicieron más comunes; hubo un aumento en el porcentaje de martillos, piedras para macerar y cantos para triturar, desgastados en los bordes (edge-ground cobbles). Correal sugiere que estos cambios se relacionan con la preferencia por plantas silvestres, y los entierros humanos encontrados en Chía podrían sustentar esta opinión, dado que los dientes presentan el tipo de caries dental asociada normalmente con una dieta abundante en hidratos de carbono.”[16]

 

Como dijimos, los desarrollos arcaicos más cercanos a la zona de Urabá, han sido reportados para el Istmo de Panamá, donde la información arqueológica ha permitido definir dos modos de vida: El “conchero costero” que enfatiza en la explotación de recursos acuáticos como peces, moluscos, crustáceos, aves playeras y ciertos mamíferos y el modo de vida asociado a los “abrigos rocosos” que al parecer fueron ocupados temporalmente por grupos dedicados a la recolección de frutos silvestres, a la caza de mamíferos pequeños como Zainos y posiblemente a la agricultura de frutales y tubérculos. Para este periodo, se tienen los sitios del Cerro Mongote, la Casita de Piedra en el Cañón del río Chiriquí, el Abrigo de Aguadulce, la Cueva de Bustamante, la Cueva de los Ladrones y el sitio El Hornito[17].

 

Como vemos, las posibilidades de encontrar este tipo de evidencias en la zona de estudio son altas pues encontramos entornos ambientales propicios para el desarrollo de por lo menos uno de los modos de vida establecidos para Panamá, el denominado “conchero costero”, ya que se encuentran entornos propicios para la pesca, la recolección de moluscos y crustáceos así como para la cacería de diversas especies de avifauna.

 

Es de resaltar que las condiciones climáticas y ambientales de este periodo, son diferentes a las actuales y pudieron propiciar el desarrollo de una agricultura experimental; con relación a lo anterior se ha afirmado que

 

“Durante este período (posterior al Pleistoceno pero anterior al Cerámico) pudieron haber tenido lugar las primeras fases de una agricultura experimental en las tierras bajas del Caribe, aunque la evidencia al respecto es mínima. Hay quienes se han inclinado a suponer que después de terminar el Pleistoceno sobrevino una etapa de estabilidad ambiental, pero tal suposición es completamente errónea. La perturbación del medio ha sido continua, debida en parte a los efectos naturales o climatológicos […] y en parte a la acción del hombre, especialmente la deforestación, la cual ha producido erosión y desertificación en la Guajira  […] y ha sido el origen de sabanas hechas por el hombre en las cuencas del Sinú y el San Jorge, con formación de aluviones y lodo en las lagunas y estuarios […]. Por consiguiente, los primeros pasos hacia la agricultura se dieron en un ambiente muy diferente al de hoy”[18].

 

5.3 Formativo Temprano (4500 – 2300 AP)

El término formativo ha sido utilizado comúnmente para designar grupos humanos con tecnologías arcaicas que habían desarrollado la cerámica y todavía no se constituían en sociedades sedentarias, con una gran integración socioeconómica en aldeas y agricultura de yuca y/o maíz. La definición más ajustada sobre este período la realizó James A. Ford en 1969 quien lo define como aquel en que se encuentran sociedades con cierto grado de desarrollo en América después del 3000 a.C, que se caracterizaban por estar en un período de reorganización para el avance de las culturas tardías; estas sociedades se extendieron posteriormente desde Perú hasta el occidente de los estados unidos, fueron sociedades expansivas con una tecnología arcaica, pero con los elementos esenciales para el desarrollo de civilizaciones, presentando a su vez insipientes desarrollos agrícolas y alfareros[19].

 

En el contexto colombiano Reichel-Dolmatoff introduce el término formativo para referirse a sociedades —básicamente de la Costa Atlántica Colombiana— que entraron en procesos de sedentarización y desarrollo de aldeas que conllevó a una mayor complejización social y al surgimiento de la agricultura como estrategia adaptativa novedosa[20]. Considera que la etapa formativa es de singular interés en la América nuclear o área intermedia, por que los orígenes de las culturas mas avanzadas de América se encuentran en el oeste de Suramérica exactamente en tierras tropicales colombianas y en la región costera del Ecuador. Afirma que la vida aldeana y la agricultura se desarrollaron inicialmente en las selvas amazónicas y que estos modos de vida hace aproximadamente 4000 años se extendieron hacia las tierras bajas de la Costa Atlántica Colombiana y la Costa Pacífica Ecuatoriana[21].

 

Es posible entender la sedentarización como un proceso general y global del área intermedia en este período, donde la circulación de conocimientos y contactos interregionales estaban propiciando la incorporación de otras tecnologías y nuevas estrategias adaptativas. La pauta de movilidad de las comunidades del Holoceno temprano estaba en función de la captación de recursos de bosques tropicales y andinos.

 

Al igual que con el período anterior, en éste no se hallan reportes para la región de Urabá, aunque sí se encuentran sitios asociados al formativo en zonas circundantes como lo son el Istmo de Panamá y la Costa Atlántica Colombiana.

 

En Panamá se han reportado varios sitios del formativo temprano, entre los que se destacan los sitios Monagrillo y Lago Gatún. En el primero se identificó una ocupación humana que va desde 2500 al 1200 a. C. (4500 – 3200 AP), que consiste en un montículo formado por una gran acumulación de conchas mezclada con abundante cerámica de los tipos Monagrillo simple (enrollado, textura granulosa y sin decoración), Monagrillo Inciso (enrollado, mejor alisada y decorada con motivos geométricos, punteados y líneas incisas, trabajadas antes de la cocción) y Managrillo rojo (similar al Monagrillo simple, decorada con pintura roja en la cara externa con motivos geométricos). La industria lítica asociada a esta ocupación consistía en cortadores y moledores sin una elaboración especial, al igual que morteros para moler sin formas definidas y manos de moler. La fauna asociada a esta ocupación se compone de peces, cangrejos, venados pequeños, mamíferos y tortugas de agua dulce. Por otro lado, en la zona del Lago Gatún se identificó una ocupación cerámica de aproximadamente 1800 años a. C. (3800 AP), donde también se encontró en el mismo contexto arqueológico polen de Yuca[22].

 

En contraste con la etapa anterior, el período formativo temprano de la Costa Atlántica Colombiana, se encuentra mejor documentado, pues se han realizado investigaciones sistemáticas que han permitido conocer preliminarmente los desarrollos iniciales de los grupos alfareros americanos. Se ha afirmado que los orígenes de las culturas más avanzadas de América, se encuentran en el noroeste de Suramérica, mas puntualmente en la Costa Atlántica Colombiana, por lo que los sucesos históricos en esta área son de sumo interés para conocer la dinámica cultural y el curso de la evolución de las sociedades indígenas en un gran sector del continente[23]. En esta región han sido reportados importantes desarrollos del formativo temprano como son la secuencia San Jacinto – Puerto Hormiga – Canapote – Barlovento,  la secuencia de Monsú, la secuencia Malambo y la secuencia de Zambrano.

 

A todo lo largo del corredor costero en los departamentos de Magdalena, Atlántico, Sucre y Córdoba, se han detectado evidencias de ocupaciones humanas de grupos alfareros tempranos asociados a la utilización de recursos provenientes de ciénagas, zonas inundables y el mar. Para estos grupos se ha establecido una secuencia cultural que cubre varios milenios antes de la era cristiana.

 

Dentro de este período se distinguen dos tradiciones cerámicas bien diferenciadas, que posiblemente estarían hablando de dos tradiciones culturales distintas: un material caracterizado por la presencia de desgrasante de fibra vegetal, decoración dentada estampada y la irregularidad de las líneas incisas, y otro con desgrasante de concha molida o arena, asociado a una significativa ausencia de moluscos en acumulaciones de desechos y abundancia de restos óseos de mamíferos menores[24].

 

Unas de las evidencias más antiguas de grupos alfareros en el continente americano, se encontraron en el sitio de Monsú, localizado 100 km. tierra adentro del río Magdalena a orillas del canal del Dique. Allí se identificó una secuencia cultural que se remonta al cuarto milenio antes de Cristo (3.350 a.C.) extendiéndose hasta el segundo milenio antes de Cristo (1.280 a.C.).  Se estableció una secuencia cultural de cinco ocupaciones, dos de las cuales (las más antiguas, Turbana y Monsú)) se asocian a material cerámico que no presenta desgrasante de fibra vegetal; mientras que las tres restantes (Pangola, Macaví y Barlovento) si lo tienen.  Según los datos arqueológicos es posible afirmar que la economía de estos grupos estaba basada en la caza y la pesca, aunque para la ocupación de Barlovento que es la más reciente, se puede suponer la existencia de la agricultura sistemática, por la presencia de azadas de concha y artefactos líticos; además durante la ocupación de Turbana (la más temprana), es posible suponer la existencia de una aldea formada por grandes casas ocupadas por grupos sedentarios dedicados parcialmente al cultivo de la yuca[25].

 

El sitio de Puerto Hormiga que corresponde a lo que hoy es Puerto Badel (departamento de Bolívar), se localiza a 300 metros del Canal del Dique, caracterizado arqueológicamente por una gran acumulación de conchas marinas mezcladas con artefactos líticos, fragmentos cerámicos y restos óseos. La cerámica que corresponde al período más antiguo presenta desgrasante de fibra vegetal, adornos modelados y decoración incisa, lo que permite suponer que los comienzos de esta tradición cultural se remontan a épocas aún anteriores[26]

 

Canapote y Barlovento, dos sitios arqueológicos con características similares a Puerto Hormiga, complementan la secuencia temporal del período Formativo Temprano en la Costa Atlántica, de los grupos humanos asociados a una tradición cerámica con desgrasante de fibra vegetal[27].

 

La secuencia de Puerto Hormiga – Canapote y Barlovento, sugiere la adaptación milenaria a un ambiente litoral de grupos que dependían casi exclusivamente de la recolección de moluscos[28], y en menor proporción de la recolección de semillas, caza de especies menores y horticultura incipiente, pues la fechación absoluta ubica la ocupación entre el 3.090 a.C. y el 2.552 a.C.

 

Se han realizado investigaciones en otros lugares de la Costa Atlántica que han permitido complementar el panorama cronológico del formativo temprano y la dispersión de la tradición cerámica con desgrasante de fibra vegetal. En la Serranía de San Jacinto se encontraron evidencias de este material cerámico, con una cronología de 5750 +/- 430 AP., asociado a Concheros anulares que posiblemente fueron ocupados por recolectores de moluscos y pescadores[29]. Esta fecha se constituye en la evidencia cerámica más antigua encontrada hasta ahora en Colombia. A este sitio esta asociada la cerámica más temprana en Zambrano (bajo Magdalena), por presentar desgrasante vegetal[30]. En las sabanas de San Marcos, Sucre, cerca a la ciénaga de Palo Alto, se reportó cerámica con desgrasante de fibra vegetal asociada a Puerto Hormiga, con una cronología absoluta de 3650 +/- 430 AP.[31]

 

Las evidencias asociadas a la tradición cerámica que carece de desgrasante de fibra vegetal, cuya manifestación más antigua se haya representada en el sitio de Monsú, han sido reportadas en el sitio de Guájaro (departamento del Atlántico); su ocupación va desde el 4190 +/- 120 AP.y el 3800 +/- 110 AP.; al parecer existe una relación estrecha entre la fase más antigua de esta tradición cerámica (período Rotinet) y las ocupaciones más antiguas del sitio de Monsú, coexistiendo con Canapote y Barlovento. Según las evidencias se trataba de grupos pescadores y recolectores de moluscos, quienes en algunas ocasiones se dedicaban a la recolección de semillas y a la horticultura incipiente, habitando las zonas cercanas a los lagos y ciénagas. Esta cerámica se caracteriza por la presencia de desgrasante de arena, concha y tiesto molido[32].

 

Hacia finales del segundo milenio antes de la era cristiana, se asentaron en la Costa Atlántica grupos humanos en populosas aldeas a orilla de grandes ríos como el Magdalena. En Malambo, sitio localizado a la orilla de una laguna del mismo nombre que forma el río Magdalena al sur de Barranquilla, se obtuvo una amplia secuencia cronológica que abarca desde el 3070 +/- 200 AP. hasta 1270 +/- 50 AP.  Al parecer una fase anterior de esta misma tradición se encontró al norte del departamento del Atlántico cerca al río Magdalena en la finca llamada Los Mangos, a 5 Km. de Malambo. De acuerdo a las evidencias encontradas, el sitio de Malambo señala un cambio en el patrón de poblamiento, adaptación y explotación de recursos, pues no dependían de la recolección de moluscos sino que se dedicaban a la caza, la pesca y al cultivo de la yuca (Manihot esculenta). Además se han establecido correlaciones con la tradición Barrancas de Venezuela y la Monagrillo de Panamá[33].  También en la periferia del área arqueológica Tairona en el municipio de Ciénaga (Magdalena) se logró constatar la presencia de cerámica malamboide caracterizada por decoración basada en el modelado e incisión ancha, ocupando una posición estratigráfica anterior a la alfarería Neguanje o Pretairona, desarrollos posteriores a los inicios de la era cristiana[34]. Cerámica Malambo se ha encontrado en el sitio Las Tortolitas, en Venezuela al oriente de la serranía de Perijá; de igual forma, en investigaciones recientes, se halló cerámica Malamboide en la alta Guajira, cerca al Cabo de la Vela[35], lo cual muestra el grado de dispersión de los grupos humanos en este período por la costa colombiana.

 

Con relación a este período se ha planteado que no obstante la variedad de complejos y sitios arqueológicos, se presentan rasgos afines que muestran un proceso de cambio en sociedades similares que se extendió por un amplio territorio que cubre la Costa Atlántica Colombiana, la zona de sabanas aledañas y el Istmo de Panamá. Al respecto se ha dicho que

 

“[…] detrás de esta variedad hay unidad y también en este caso existe una de esas “superfamilias” culturales que se perpetuó durante cerca de 2.000 años. La evidencia acerca de esta relación familiar está en un grupo de rasgos comunes: a) una preferencia por los montículos anulares (Puerto Hormiga, Monsú, Barlovento), los cuales son diferentes de los montículos amorfos de períodos posteriores […] y supuestamente reflejan ideas comunes sobre organización social y distribución de los asentamientos; b) falta de evidencia concluyente acerca de la agricultura; c) conjuntos de herramientas de piedra derivados del repertorio precerámico anterior; d) azadones de Strombus, presentes en las ocupaciones de Monsú, Canapote y Barlovento en el sitio Monsú; e) uso de apenas unas cuantas formas simples en los utensilios de cerámica, en especial el tazón hemisférico o subglobular (tecomate); f) un grupo común de técnicas para decorar los utensilios de cerámica (incisión ancha y angosta, punteado, estampado, relleno rojo, zonas de pintura roja, modelado), aunque en ningún estilo se emplean todas las técnicas ni tampoco se utilizan los elementos de una misma manera.[36]

 

Como vemos, las evidencias de este período que se extienden por toda el área Intermedia, que para Colombia involucra la región caribe y el Macizo Central Antioqueño, tienen algunas regularidades que se convierten en indicadores de este lapso temporal y manifiestan tendencias sociales de las comunidades de esta época. Se trata pues de un horizonte cultural, que hace alusión a sociedades que explotaron varias zonas ecológicas, aunque parece haber existido especializaciones en la captación de recursos, así como unas restricciones deliberadas; se ha afirmado que la tendencia hubiese sido hacia la explotación de zonas donde abunda el recurso hídrico como las ciénagas, los ríos, los litorales, las ensenadas y los estuarios[37]; con el estado de conocimiento actual del Área Intermedia, esta apreciación sólo es aplicable a los desarrollos observados para la Costa Atlántica, el Istmo de Panamá y la Costa Pacifica Ecuatoriana, pues se han reportado asentamientos de este mismo período en zonas montañosas rodeadas de otro tipo de recursos, como es el caso de la Cuenca Media del Río Porce en la Región Central Antioqueña.

 

Desde el punto de vista artefactual, encontramos también algunas constantes, entre las que se destacan los recipientes de cerámica denominados “tecomates”, los cuales se describen como cuencos restringidos y hemiesféricos, siendo considerados como las formas más simples y predominantes del periodo Formativo Temprano[38]; en cuanto a la industria lítica vemos que predominan los artefactos asociados al procesamiento de vegetales como golpeadores para romper nueces, las piedras de moles y los morteros asociados al procesamiento de semillas y frutas de palma; del mismo modo se observan azadones de concha, principalmente en la Costa Atlántica, relacionados posiblemente con el desarrollo de una horticultura incipiente de raíces[39].

 

Aunque en la Región en la cual se inserta la zona de estudio no se reportan en las investigaciones precedentes evidencias de las sociedades que habitaron este período, es de esperar que, dadas las condiciones geofísicas y ambientales del sector seleccionado en el Municipio de Necoclí, puedan estar sepultadas en contextos específicos, sobre todo en las zonas aledañas a humedales, ciénagas y ensenadas, así como en espacios fluvio-lacustres asociados a humedales, ecozonas representadas en este territorio de manera significativa.

 

5.4 Formativo Tardío (2300 – 1700 AP)

 

Siguiendo con la secuencia planteada para la zona de influencia regional del proyecto, encontramos unos tipos de ocupaciones que se relacionan con la secuencia conocida como Momíl en la Costa Atlántica y las sabanas de Córdoba y Sucre, presentando fuertes similitudes con los desarrollos formativos tardíos del Istmo de Panamá. El único reporte sobre este tipo de sociedades en la región de Urabá, se encuentra representada por las evidencias recuperadas en excavaciones en la margen occidental del golfo (Urabá chocoano), municipio de Capurganá, donde se identificaron dos ocupaciones superpuestas que se reemplazan gradualmente. La más antigua presentó similitudes con los materiales arqueológicos estudiados para el bajo Sinú, en el sitio de Momíl, mientras que la más tardía se asocia a complejos culturales del período siguiente[40].

 

El formativo tardío se ha ejemplificado por un nuevo cambio social, mostrando ahora una tendencia mayor a la concentración poblacional y una diversificación de los recursos explotados, incluyendo por primera vez unos desarrollos agrícolas consistentes.

 

Este tipo de sociedades ha sido descrito claramente para el sitio de Momíl, localizado en el bajo río Sinú a orillas de la Ciénaga Grande. De acuerdo con los datos arqueológicos, la gente de Momíl  se concentraba en un asentamiento tipo aldea, en cercanías a la Ciénaga y en colinas bajas circundantes, cubriendo un área superior a los 10 mil metros cuadrados[41]. En este sitio se localizó un depósito arqueológico con un espesor de unos tres metros de profundidad que contenía abundante material cerámico, artefactos líticos, objetos de hueso y concha, así como restos de fauna[42]. Allí fue posible identificar dos periodos en la ocupación del sitio, que se evidencian en las marcadas diferencias en los tipos cerámicos, en las técnicas decorativas y en los utensilios líticos.

 

Con relación a la posición cronológica de la secuencia de Momíl, se ha ubicado entre el 3000 AP y el 2000 AP, a partir de dataciones absolutas y por cronologías relativas establecidas por medio de comparaciones estilísticas[43].  Las fechas exactas establecidas para Momíl son: 2125+35 AP – 2150 + 60 AP[44].

 

Se pudo observar una complejización mayor si se compara con lo registrado para el periodo anterior (formativo temprano), manifestado en una considerable diversidad de formas y elementos decorativos en los objetos alfareros. Con relación a las formas de los objetos cerámicos se encuentra que en la fase más antigua de la ocupación del sitio (Momíl I) predominan las vasijas globulares de cuello restringido y vasijas y copas semiglobulares de silueta compuesta, contrastando con la tradición “Tecomate” que predomina desde el surgimiento de la alfarería y durante todo el formativo temprano. En la fase más resiente de ocupación (Momíl II), se siguen presentando las vasijas semiglobulares  y de silueta compuesta, aunque aparecen nuevas formas tales como tinajas globulares para el almacenamiento de líquidos, vasijas en forma de pera, vasijas semiesféricas, recipientes con trípode y otras muchas formas que evidencian la diversificación del sistema alfarero[45].

 

Nuevos elementos decorativos también entran en escena en este periodo, encontrándose como rasgo característico para los dos momentos, la decoración dentada estampada (roullete) y las incisiones y acanaladuras en lineales y curvas, en algunos casos rellenas de pintura blanca (Momíl I) o roja (Momíl II); la pintura roja zonificada delimitada por incisiones es un elemento característico de Momíl II, mientras que en Momíl I se presentan líneas o zonas punteadas y zonas decoradas con tiras o pelotillas aplicadas. Otro rasgo importante en la cerámica de Momíl es su característica bicroma y policroma, que se presenta en los dos momentos de ocupación, siendo esta última más popular en Momíl II. Como elemento de cambio y complejidad social con relación al periodo anterior (formativo temprano), encontramos que esta manifestación alfarera se constituye como una de las primeras cerámicas pintadas de la Costa Atlántica y de Colombia en general, así como una expresión temprana de la decoración pintada negativa en la prehistoria colombiana[46].

 

Otro rasgo a resaltar de la cerámica de Momíl son las figurillas modelas con representaciones antropomorfas y zoomorfas, siendo éste un elemento representativo del formativo medio y tardío. También se encuentran pintaderas, pendientes y volantes de huso modelados en cerámica.

 

Con relación a la industria lítica se identificó una técnica de percusión y de presión controlada, por medio de la cual elaboraron artefactos tales como raspadores laterales sencillos, perforadores, golpeadores, martillos, y lascas de diversos tamaños entre las que sobresalen las menores de un centímetro, que pudieron haber sido utilizadas para la elaboración de ralladores de yuca. Un elemento que identifica un cambio importante, se encuentra en Momíl II donde aparecen metates y manos de moler que se han asociado al cultivo y procesamiento de semillas como el maíz[47].

 

La diversidad en la cultura material propia de este periodo se ve enriquecida en este sitio con objetos de concha (Strombus gigas) como picos, discos perforados, cuencos, cucharas y botones. Así mismo se reporta la presencia de artefactos en hueso como leznas, punzones, agujas, discos,  botones y volantes de huso. Esta variada cultura material muestra una diversificación en las actividades productivas, incluyendo ahora algunas no relacionadas directamente con la obtención de alimentos como es el caso de la producción textil y de objetos decorativos; así mismo la proliferación de formas y estilos son indicios de una complejización del universo de la representación de los habitantes de este periodo[48].

 

Las evidencias muestran además que en este lapso temporal se realizaban actividades de pesca y cacería y como prueba de ello se hallaron cantidades considerables de fragmentos de caparazones de tortugas terrestres, así como huesos de mamíferos y espinas de peces[49].

 

Las características de la cultura material muestran algunos aspectos sociales de los grupos humanos de este período; se destaca el desarrollo de sociedades sedentarias, que desarrollaron actividades tendientes a explotar los recursos ribereños de humedales y de suelos aptos para la agricultura, elementos que evidencian fuertes transformaciones si se comparan con las características de los grupos de la etapa anterior. Esto nos esta mostrando una adaptación específica a los entornos ecosistémicos propios de la Costa Caribe Colombiana, incluyendo a Urabá, que llevó al desarrollo de la agricultura de granos trascendiendo la agricultura de tubérculos, elemento importante en la evolución social, pues permite la acumulación de alimentos y el desarrollo de actividades artesanales desligadas del sustento. Estas prácticas implican una acumulación de saberes en cuanto a la siembra, elección de suelos, selección de semillas, ciclos hídricos, etc.

 

La variada cultura material representada en figurinas de barro y otros objetos decorativos, pueden ser indicadores de que durante este periodo se consolidó un sistema de creencias centralizado en el conocimiento chamanístico, lo que mostraría la formalización de practicas religiosas, que de acuerdo a la iconografía, pueden incluir rituales de fertilidad y curación, convirtiéndose en una de las primeras manifestaciones chamánicas del formativo[50].

 

Frente a la distribución de este complejo cerámico, se afirmó en primera instancia que se extendía por una amplia región, pues los hallazgos se dispersan en un extenso territorio del caribe colombiano, entre el bajo río Magdalena, el Golfo de Urabá y la región de Ayapel sobre el río San Jorge[51], siempre asociado a ambientes de humedales y ciénagas. En investigaciones posteriores, en regiones inmediatas al Golfo de Urabá, como es el caso de el Alto Sinú, se han reportado evidencias asociadas a la secuencia de Momíl; en el Municipio de Tierralta (Córdoba), se referenciaron dos sitios con materiales asociados a esta secuencia, mostrando que la distribución de  dicho Complejo Cultural no se restringe únicamente a ambientes lacustres y ribereños, pues materiales típicos se localizan en terrazas aluviales no inundables, así como en cimas de colina en regiones montañosas; las similitudes se establecieron a partir de la contrastación de rasgos como platos pandos, decoración de roullete y vasijas con rebordes básales, rasgos típicos de la fase Momíl I[52].

 

Las relaciones regionales en la Costa Atlántica de la secuencia de Momíl, se establecen con la cerámica Zambrano, a partir de elementos decorativos de los platos, como son las incisiones y pintura zonificadas, las líneas dentadas formando arcos, sin dejar de lado las similitudes formales expresadas en recipientes tales como cazuelas, pequeños platos con baño rojo y cuencos semiesféricos muchos de ellos decorados con adornos zoomorfos[53]. Con relación a la dispersión de estos rasgos en la Costa Atlántica se ha planteado que

 

“En el norte de Colombia, la tradición Zambraro la observamos en muchos yacimientos arqueológicos de la llanura aluvial del Magdalena, así como a Lo largo del río Sinú y hacia el Golfo de Urabá. No cabe duda acerca de su relación con Momíl y también existen  semejanzas formales con la hoya del río Ranchería.”[54]

 

Así mismo se reporta cerámica asociada a este complejo recolectada en un conchero en Bocachica cerca de Cartagena, que según el autor, son manifestaciones posteriores a la ocupación de Barlovento, asociada al formativo temprano, secuencia San Jacinto – Puerto Hormiga – Canapote – Barlovento.[55]

 

El sitio de Momíl evidencia una amplia relación entre los grupos de la costa caribe con los desarrollos de Centroamérica y Mesoamérica, manifestados en vasijas con reborde basal, recipientes trípodes altos, soportes mamiformes, ocarinas ornitomorfas, etc. De otro lado estos rasgos también se extienden hacia el Caribe Oriental en Venezuela.

 

En cuanto a las relaciones establecidas entre Momíl y los desarrollos del formativo tardío en Mesoamérica se afirma que:

 

“Hay una marcada semejanza entre Momíl y la parte temprana del sitio de Morett, en la Costa Colima, de México Occidental. Otros sitios mesoamericanos que comparten muchos rasgos con Momíl, son Tlatilco, Playa de los Muertos y Yarumela. Los rasgos comunes son: rebordes basales, soportes mamiformes, trípodes sólidos altos, vertederas tubulares, decoración incisa-zonificada roja, acanaladuras pandas, bordes con perfil en Z, relleno de pigmento rojo en líneas incisas, figurinas antropomorfas, sellos planos y cilíndricos, ocarinas zoomorfas, vasijas con acanaladuras verticales, y aun otros más. Desde luego, la dirección de esta difusión es discutible; hay que tener presente que la cerámica se difundió originalmente de Colombia a Mesoamérica.” [56]

 

También se han encontrado algunos elementos recurrentes en la secuencia de Momíl, en los materiales arqueológicos de Panamá y Costa Rica; a este respecto y en palabras de Reichel-Dolmatoff,

 

“En la zona central de Costa Rica, la cerámica del sitio de El Molino muestra marcadas semejanzas con Momíl, sobre todo en la Fase Pavas, que data entre 300 antes de Cristo y 300 después de Cristo. En la vertiente Atlántica del mismo país, el complejo de El Bosque también muestra relaciones con Momíl, y ya que El Bosque tiene parentesco con el complejo de Aguas Buenas de Panamá, las relaciones entre Momíl y Centroamérica quedan ampliamente comprobadas.”[57]

 

Como vemos el sitio de Momíl y las evidencias allí recolectadas, pueden ser considerados como una manifestación típica de un Horizonte Cultural que se desarrolló en los últimos siglos del milenio precedente a la era Cristiana, cubriendo una vasta zona de la denominada Área Intermedia, entre Mesoamérica y Venezuela, por toda la franja costera y las porciones bajas de las cuencas que desembocan en ella.

 

Teniendo en cuenta lo anterior, y desde una perspectiva macroregional, los grupos humanos asociados a Momíl han sido incorporados a manifestaciones de la cultura material de amplio cubrimiento espacial; específicamente estas relaciones se establecen con el Primer Horizonte Pintado y el Segundo Horizonte Inciso.

 

El Primer Horizonte Pintado ha sido considerado como un elemento característico de los desarrollos formativos tardíos. La cerámica pintada para la “zona intermedia” se detecta a partir del 600 a.C. y en Colombia esta representada por el complejo La Loma – Horno ubicado en una región árida de la baja Guajira, a orillas del medio río Ranchería y sus afluentes, con fuertes similitudes cronológicas y estilísticas con la secuencia Momíl[58].

 

Como elementos contrastantes y que se convierten en marcadores de afinidades estilísticas con el Primer Horizonte Pintado, se han establecido como los más recurrentes los artefactos cerámicos como figurinas antropomorfas y zoomorfas, sellos planos y pendientes alados. Este Horizonte está caracterizado por una cerámica bicroma y policroma con dibujos rojos y/o negros sobre franjas crema y motivos en líneas curvas y sigmoides, pintura en negativo, figuras en espirales de líneas delgadas paralelas; se hallaron vasijas compuestas como bases de pedestal, tazones con pies pequeños, además de platos pandos, también figurinas ahuecadas de piernas abultadas y rostros naturalistas, se halló además un pendiente alado el cual aparece en toda el área de influencia de este período cultural.[59]

 

Este complejo corresponde a aldeas agrícolas que se insertan cronológicamente en la parte final del período formativo tardío. Para este período las gentes hacían uso de grandes budares —posiblemente para el tratamiento de la yuca— y de pesados metates, típicos de grupos sedentarios cultivadores de maíz, lo cual es indicativo de una agricultura que implicaba el conocimiento de diversos ambientes, pues los recursos a los cuales accedían se insertaban en un medio en que la flora y la fauna eran diferentes a las actuales. Al respecto se ha afirmado que

“Restos faunísticos tales como huesos de mamíferos selváticos y las conchas de ciertos caracoles terrestres que pertenecen a especies generalmente asociadas con un ambiente selvático húmedo son indicios de un cambio climático”[60]

Con relación a la dispersión de este Horizonte se ha afirmado que cubre, aparte de la Costa Atlántica Colombiana, una porción importante del Istmo de Panamá[61] y del Golfo de Maracaibo en Venezuela. Con relación a lo anterior se ha afirmado que lo que se ha denominado como el Primer Horizonte Pintado coincide cronológicamente con Momíl, con la fase Hokono del sitio la Pitia, en el golfo de Venezuela y con la primera cerámica pintada de Panamá, ubicadas a fines del primer milenio antes de Cristo[62]. También se ha dicho que

“[…] cerámicas con decoración pintada curvilinear, así como figurinas antropomorfas sólidas las hemos encontrado nosotros en varios sitios cerca de Bonda, Mamatoco y Santa Marta, y hallazgos esporádicos en el bajo río Magdalena también sugieren una penetración desde la costa hacia el interior. Tales contactos probablemente no ocurrieron en un período específico sino pueden haber tomado la forma de múltiples movimientos migratorios o rutas de comercio, por las cuales estas tradiciones cerámicas se expandieron en Colombia, Venezuela y Centroamérica.” [63]

 

Como planteamos arriba, otra asociación macroregional que se establece para el formativo tardío, principalmente en la Costa Atlántica, es el llamado Segundo Horizonte Inciso, cronológicamente posterior al primero que se asocia con los desarrollos del formativo temprano; este segundo Horizonte se caracteriza por la proliferación de formas cerámicas más variadas, en las que sobresalen las cazuelas con un marcado ángulo periférico, decoradas con motivos incisos zonificados de líneas finas, trazados geométricos y zonas hachuradas  formando triángulos, semicírculos y rectángulos. Con relación a las manifestaciones de este Horizonte, se ha afirmado que

 

“Como ejemplo se pueden citar Momíl y la Tradición Zambrano. Hay desde luego cerámicas con decoración incisa que no caen directamente dentro de estas dos categorías, sobre todo aquellas que se desarrollan a partir de los primeros siglos después de nuestra era, pero en términos generales es bastante clara la distinción entre los dos Horizontes Incisos de la Etapa Formativa. Como es evidente, estos dos horizontes corresponden a las Fases Valdivia y Machalilla, en el Ecuador.[64]

 

Para culminar la disertación sobre este período y tratando de englobar las problemáticas planteadas para la secuencia Momíl, consideramos al igual que Warwick Bray, que:

 

“[…] tal parece que durante los siglos inmediatamente anteriores y posteriores al siglo I de nuestra era, se movieron por Colombia y el Istmo una serie de rasgos (pendientes con alas, pintura en cerámica, ciertos motivos de dibujo y un conocimiento de metalurgia). Si la cerámica pintada se difundió desde Colombia hacia Panamá (y, en mi opinión, tal cosa no ha sido demostrada), las técnicas se adaptaron rápidamente a los gustos decorativos de los habitantes de Panamá.”[65]

 

Como habíamos mencionado, para el Golfo de Urabá sólo se ha reportado un sitio con evidencias de este período, localizado en la margen occidental en jurisdicción del municipio de Capurganá; esto sumado a los últimos reportes para el alto Sinú, nos manifiestan el potencial del área elegida en la investigación para contener vestigios asociadas a esta secuencia y a estas temporalidades. Es de anotar que este período es de vital importancia para entender los desarrollos posteriores, los cuales se encuentran medianamente documentados para la zona de Urabá y que se relacionan directamente con los desarrollos regionales o cacicazgos que habitaron la región desde los inicios de la era Cristiana hasta los momentos del contacto euro-americano, en el Siglo XVI.

 

5.5 Desarrollos Regionales (1700 – 500 AP.)

 

Siguiendo la línea de análisis sobre el proceso de cambio y complejización cultural,  en cuanto a los desarrollos regionales nos atendremos a zonas más restringidas dado que lo investigado hasta la fecha es demasiado extenso para exponerlo en el marco de esta investigación. Nos limitaremos pues al área que comprende el alto Sinú, el Darién y, por obvias razones, el sector costanero del costado oriental del golfo, pues es en este territorio donde podemos identificar los patrones generales de adaptación espacial de este tipo de manifestaciones en nuestra área de estudio.

 

Como mencionábamos en el aparte anterior, los desarrollos del formativo tardío llevaron a la consolidación de procesos más localizados en regiones de menor cubrimiento espacial. Con relación al proceso de cambio social, se ha afirmado que sobre esta base social se derivaron una serie de manifestaciones más complejas, en cuyos contextos se destacan los sitios ribereños donde probablemente se combinó el cultivo del maíz con la pesca fluvial, caracterizada por una cerámica con nuevos elementos, entre los que sobresalen las copas con base anular y borde ancho, copas pequeñas con soportes múltiples, cazuelas y platos de base plana y algunas vasijas antropomorfas[66]. Con relación a los aspectos decorativos se afirma que

 

“Son frecuentes los recipientes para majar o triturar alimentos, posiblemente ají u otros condimentos. Las técnicas decorativas incluyen zonas punteadas, franjas y peloticas aplicadas, impresiones triangulares planas, y líneas toscamente incisas formando un motivo de espinas de pescado. No se observa decoración pintada y sólo raras veces hay adornos modelados”.[67]

 

Entre los aspectos sociales más característicos de las comunidades de este período, son una tendencia a la descentralización política que trae como consecuencias el desarrollo de una serie de unidades autónomas que reflejan su diversidad en manifestaciones particulares de la cultura material, presentándose en áreas geográficas específicas, mostrando además una adaptación a situaciones ecológicas más diversas que en el período anterior. Así mismo los desarrollos sociales de esta época muestran una mayor dependencia de las actividades agrícolas, especialmente el maíz, aunque también se evidencia una mayor diversificación de esta actividad, pues entran en escena la domesticación de un número importante de especies vegetales adaptadas a diferentes microambientes.

 

El Golfo de Urabá, el Alto Sinú y la Serranía de San Jerónimo, son el escenario de un desarrollo regional representado por el Complejo Cultural Urabá – Tierralta, caracterizado por la tradición cerámica Modelada Incisa.

Sobre las ocupaciones agroalfareras en estas regiones, las investigaciones han puesto de manifiesto correlaciones entre complejos culturales que se extienden por toda la Costa Atlántica, incluyendo el Darién panameño. En 1927 se realizaron excavaciones arqueológicas en el Darién, en sitios funerarios y de vivienda localizados en La Gloria, Candelaria, Triganá, Acandí y Sevará, donde fue posible identificar la presencia de dos complejos cerámicos; en los cuatro primeros sitios, los materiales arqueológicos son relacionados con el complejo Urabá – Tierralta, mientras que el ultimo, guarda estrechas relaciones con los materiales encontrados a todo lo largo de la costa norte del litoral Pacifico.[68]

 

Entre los años 1977 y 1986, se realizaron dos campañas arqueológicas en la margen oriental del Golfo de Urabá; la primera de ellas exploró toda la zona costera desde Turbo hasta Arboletes, donde se estudiaron algunos Concheros, que fueron relacionados con períodos muy tempranos de ocupaciones denominadas “arcaicas”, que ya habían sido estudiadas para otras partes de la región Caribe colombiana[69].

 

La segunda campaña concentró su investigación en el sitio El Estorbo, jurisdicción del municipio de Turbo, donde fue posible depurar las interpretaciones realizadas en la temporada anterior y hacer una ubicación cronológica más precisa mediante la utilización de dataciones absolutas; En este sitio fue posible identificar una secuencia de ocupación de dos fases arqueológicas, con fuertes relaciones, que muestran la transformación interna de un mismo grupo cultural en por lo menos 1.500 años, pues fue posible obtener dos dataciones absolutas (1055 +/- 45 A.P. y 925 +/- 45 A.P.). Estas ocupaciones se caracterizan por la presencia de la cerámica Modelada Incisa, con rasgos estilísticos y tecnológicos propios que

 

“[…] contrasta can la Tradición Modelada Pintada de regiones vecinas como la del Medio y Bajo Sinú […] y Medio y Bajo San Jorge […]”[70].

 

También en la misma década de los 80s se realizaron algunas excavaciones en Capurganá, donde se identificaron dos ocupaciones superpuestas que se reemplazan gradualmente. La más antigua presentó similitudes con los materiales arqueológicos estudiados para el Bajo Sinú, en el sitio de Momíl, mientras que la más tardía fue asociada con el ya identificado complejo de Urabá del sitio El Estorbo.

 

A partir de las evidencias halladas en el sitio El Estorbo, y las excavaciones llevadas a cabo en el Cerro del Águila[71] (Municipio de Necoclí), se plantea para esta ocupación un modo de vida propio de tierras bajas con un patrón de asentamiento a lo largo de las quebradas y los ríos, con una economía basada en la agricultura, la pesca, la caza y la recolección de moluscos[72].

 

Con relación a la dispersión de este complejo cerámico, fue posible establecer que se extendía, aparte de ambas márgenes del golfo de Urabá, por la región del alto Río Sinú, donde se ubicaron varios sitios, entre los que se destacan Frasquillo y El Cabrero, ambos en jurisdicción del Municipio de Tierralta (Córdoba)[73].

 

En síntesis, las investigaciones arqueológicas en la región de Urabá han demostrado la presencia de la tradición cerámica Modelada Incisa en ambas márgenes del Golfo, así como en la hoya del Sinú (margen izquierda), Panamá (Puerto Escocés) y la margen nororiental de la Ciénaga  Grande en el Bajo Río Sinú (Momíl).

 

Entre 1993 y 1994 se llevaron a cabo los estudios de arqueología de rescate de la línea de interconexión eléctrica  Cerromatoso – Urabá. En este estudio se identificaron 13  yacimientos del Complejo Cultural Urabá – Tierralta, que otros investigadores habían estudiado en las regiones de Urabá y el alto Sinú; se pudo comprobar que dicho complejo se extiende, aparte de los zonas ya identificadas, más hacia el nororiente abarcando territorios de la serranía de San Jerónimo, donde al parecer la ocupación se dio antes de que allí se asentaran los pobladores de la segunda ocupación  de la olla del San Jorge, caracterizados por la construcción de túmulos funerarios y la elaboración de la cerámica Modelada Pintada. Adicionalmente, pudo corroborarse la hipótesis de que dicho complejo se extendía temporalmente hasta la época del “contacto”, pues en uno de los yacimientos asociados a este complejo se obtuvo una fecha del Siglo XV (550 +/- 70 A.P.).[74]

 

Teniendo en cuenta todo lo anterior, es posible pensar que los grupos humanos relacionados con el Complejo Cultural Urabá – Tierralta y por el Estilo Cerámico Modelado Inciso, ocuparon un basto territorio desde por lo menos 1.000 años antes del contacto, hasta la conquista española. El área de dispersión de este complejo y por consiguiente de los grupos humanos asociados a él, cubría ambas márgenes del golfo de Urabá, el alto río Sinú, la Serranía de Abibe  y la Serranía de San Jerónimo en la cuenca media del río San Jorge; En esta última región, parece que antecede a la segunda ocupación de la hoya del San Jorge, caracterizada por la cerámica Modelada Pintada.

 

Con relación al tipo de entornos ecológicos que manejaban estos grupos humanos, su distribución muestra la utilización de regiones aledañas a las planicies marinas (Golfo de Urabá y la zona aledaña a San Bernardo del Viento) y regiones de montañas como el Alto Sinú, la Serranía de San Jerónimo y la Serranía de Abibe. Se trataba de un grupo humano que cultivaba maíz, y explotaba recursos en las costas marinas, en los ríos y quebradas, al igual que en los bosques mediante la caza, la pesca y la recolección. Al juzgar por la gran cantidad de pesas de red encontradas en los yacimientos asociados a este complejo, un aspecto importante dentro de su economía fue la pesca con atarraya o con otro tipo de redes, tecnología que al parecer estaba ausente en otros grupos vecinos contemporáneos como los de la Segunda ocupación de la hoya del San Jorge.

 

Además en la margen oriental del Golfo de Urabá se encuentran gran cantidad de acumulaciones de conchas de moluscos y caracoles que, una vez aprovechados como recurso alimenticio, fueron depositados formando grandes basureros[75]. El patrón de asentamientos de estos grupos comprende grandes concentraciones humanas, posiblemente nucleados en forma de aldeas que se extendían por más de dos kilómetros de largo, principalmente en las llanuras aluviales y marinas, y viviendas dispersas en las zonas montañosas a lo largo de los principales ríos y quebradas.

 

De acuerdo con la cronología existente para este Complejo, se observa que las más antiguas se localizan en el Alto Sinú, mientras que en Urabá son de finales del Siglo VIII de la era cristiana. Lo anterior muestra que los grupos humanos portadores de la tradición cerámica Modelada Incisa, se desarrollaron primero en la cuenca del Río Sinú y muy posiblemente en la del San Jorge y Serranía de San Jerónimo, los cuales se desplazaron hacia la región de Urabá y probablemente también hacia la zona montañosa de Abibe. No obstante este desplazamiento, la zona del Alto Sinú continuo siendo ocupada por estos grupos hasta la conquista española[76].

 

La continuidad de la ocupación hasta el tiempo del contacto en la región de Urabá, es referida de la siguiente manera:

 

“[…] Aunque [para el sitio El Estorbo] no existen evidencias del contacto con asentamientos españoles de la conquista, este contacto se presenta en otro sitio (Lomas de Buena Vista, en la Quebrada Punta de Piedra, cerca a Necoclí) asociado a la fase arqueológica definida con base en el asentamiento de El Estorbo […]”[77].

 

Así mismo los hallazgos arqueológicos en Santa María La Antigua del Darién muestran la permanencia de dicho complejo cerámico hasta el momento del contacto con los españoles[78].

 

Se ha planteado que es poco probable que el Complejo Cultural Urabá – Tierralta ocupe una posición anterior a Momíl y que al parecer pudo haberse desarrollado a partir del complejo Ciénaga de Oro[79]. También que la posición cronológica de este complejo, con relación a otros desarrollos culturales de la cuenca del Sinú no es clara, ya que no se pudo encontrar ninguna superposición estratigráfica que permita establecer fechas cruzadas[80]. Sin embargo estudios posteriores pudieron mostrar que por lo menos en la región del Medio San Jorge, en la Serranía de San Jerónimo, primero se presentó la ocupación de grupos portadores de la cerámica Modelada Incisa que caracteriza el Complejo Cultural Urabá – Tierralta, y posteriormente la Tradición Modelada Pintada que caracteriza la Segunda Ocupación de la Hoya del San Jorge[81].

 

La cultura material relacionada con la tradición Modelada Pintada tiene semejanzas con la cerámica Modelada Incisa del Complejo Cultural Urabá – Tierralta, lo que ha sido expuesto en varias ocasiones[82]; sin embargo elementos como los patrones funerarios ponen de manifiesto las diferencias culturales de los dos grupos en cuestión.

 

Se ha planteado además que estas dos culturas pudieron haber tenido un mismo origen a partir de los grupos portadores de la Tradición Cerámica Granulosa Incisa, la cual se desarrolló en el Bajo San Jorge y en la Depresión Monposina. Es posible que a partir de este grupo, los portadores de la tradición Cerámica Modelada Pintada se hayan desarrollado en el Bajo San Jorge cerca del Caño Rabón, mientras que los grupos portadores de la Tradición Cerámica Modelada Incisa lo hicieran en la cuenca media del Río San Jorge, en la Serranía de San Jerónimo. Esto podría explicar la presencia  del Complejo Cultural Urabá – Tierralta en la Serranía de San Jerónimo, subyacente a una manifestación tardía de la Tradición Cerámica Modelada Pintada (600 AP)[83].


[1] Friedel, Stuart.  Prehistoria de América.  Editorial Crítica.  Barcelona, 1996: 34-35

 

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Reichel Dolmatoff, G. Arqueología de Colombia: un texto introductorio. Fundación Segunda Expedición Botánica. Bogotá, 1987.

 

[5] Ibid.

[6] Bray, Warwick. “Cruzando el tapón del Darién: una visión de la arqueología del istmo desde la perspectiva colombiana”. En: Boletín del Museo del Oro, Banco de la República, No. 29 de 1990: 9

 

[7] Correal, Gonzalo. “Evidencia de cazadores – recolectores especializados en el sitio La Gloria, Golfo de Urabá”. En: Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 15 (58), Bogotá. 1983.

[8] Ranere, Anthony y Richard G. Cooke. “Evidencias de ocupación humana en Panamá a postrimerías del pleistoceno y a comienzos del holoceno”. En: Ambito y ocupaciones tempranas de la América tropical. Inés Cavelier, Santiago Mora editores. Fundación Erigaie – ICANH. Bogotá, 1995.

[9] Idem: 9

[10] Botiva  C., Alvaro. Arqueología de rescate. Línea de interconexión a 500 Kv. San Carlos – Sabanalarga, Segundo circuito – Sector norte. Contribución a la arqueología de la Costa Atlántica. En: Arqueología de rescate en líneas de transmisión eléctrica. ISA, 1994.

[11] Correal, Gonzalo.  “Exploraciones arqueológicas en la Costa Atlántica y valle del Magdalena”.  En: Revista Caldasia.  Universidad Nacional. Vol. XI, No 55.  Bogotá, 1977.

[12] Ibid.

[13] Ibid.

[14] Ibid.

[15] Friedel, Stuart. 1969 Op. cit: 3-4

[16] Bray,W. 1990. Op. cit: 12

[17] Kan Rios, Jorge. La primera oleada de población sobre el Istmo de Panamá. En: http://sunl4.usma.ac.pa/arq”.

[18] Bray,W. 1990. Op. cit: 12

[19] Ford, James. A Comparison of Formative cultures in the Americas. Smithsonian Institution Press. Washington, 1969.

[20] Reichel Dolmatoff, G. 1987. Op. cit.

[21]Ibid.

[22] Kan Rios, Jorge. Op. cit.

[23] Reichel Domatoff, G.  1987. Op. cit.

[24] Reichel Dolmatoff, G. Monsú. Un sitio Arqueológico.  Biblioteca Banco Popular.  Bogotá, 1985.

[25] Ibid.

[26] Reichel Dolmatoff, G. Excavaciones arqueológicas en Puerto Hormiga departamento de Bolívar.  Serie Antropológica. No 2. Ediciones Universidad de los Andes.  Bogotá, 1965.

[27] Botiva, Álvaro. Contribución a la arqueología de la Costa Atlántica. Línea de Interconexión a 500 KV San Carlos – Sabanalarga, Segundo Circuito – Sector Norte. En: Arqueología de Rescate en Líneas de transmisión Eléctrica. ISA. Medellín, 1994.

[28] Reichel Dolmatoff, G.. 1965. Op. cit.

 

[29] Oyuela, Augusto.  “Dos sitios arqueológicos con desgrasante de fibra vegetal en la serranía de San Jacito (Departamento de Bolívar)”. En: Boletín de Arqueología.  Año 2. No 1.  FIAN.  Bogotá, 1987.

[30] Reichel-Dolmatoff, G y A. Dussan. Arqueología del bajo Magdalena.Estudio de la cerámica de Zambrano. Biblioteca del Banco Popular – Colcultura, 1991.

[31] Plazas, Clemencia; Ana M. Falchetti.  “Cerámica arcaica en las Sabanas de San Marcos, Sucre”. En: Boletín de Arqueología.  Año 1. No 2.  FIAN.  Bogotá, 1986.

[32] Angulo, Carlos. Guajaro en la arqueología del norte de Colombia.  Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales.  Banco de la República.  Bogotá, 1988.

[33] Angulo, Carlos.  La Tradición Malambo.  Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales.  Banco de la República.  Bogotá, 1981.

[34] Langebaek, Carl.  “La cronología de la región arqueológica Tairona vista desde Papare, municipio de Ciénaga”.  En: Boletín de Arqueología.  Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales.  Año 2.  N° 1.  Bogotá, 1987.

[35] Ardila, Gerardo. Los tiempos de las conchas. Editorial Universidad Nacional. Bogotá, 1996; Castillo, Neyla y otros. Arqueología Proyecto Eólico Jepirachi. EEPPM – Universidad de Antioquia, 2003.

[36] Bray,W. 1990. Op. cit: 21

[37] Ibid.

[38] “Tanto en las ocupaciones reportadas para el formativo temprano  en la Costa Atlántica Colombiana (secuencia San Jacinto-Puerto Hormiga-Canapote-Barlovento y secuencia Monsú-Guajaro-Malambo) como en los desarrollos  de alfarería temprana de  Monagrillo y el lago Gatún del Istmo de Panamá, predominan este tipo de formas. Aunque en el formativo temprano de la  costa pacifica ecuatoriana (secuencia Valdivia-Machalilla) predominan también estas formas, se observa una mayor diversidad de recipientes y una presencia significativa de fragmentos de figurinas.”. (Duque, Marcela e Iván D. Espinosa. 1998. Op. cit).

[39] Bray,W. 1990. Op. cit: 21

[40] Bedoya, María del C. Y Naranjo, M. E. Reconocimiento arqueológico en el litoral Atlántico. Capurganá. Tesis de grado. Universidad de Antioquia. Medellín, 1985.

[41] Reichel-Dolmatoff, Gerardo y A. Dussan. “Momíl: Excavaciones en el río Sinú”. En: Revista Colombiana de Antropología, Vol. V, pp. 111-333, Bogotá, 1956; id.; “Momíl: Dos fechas de radiocarbono”. En: Revista Colombiana de Antropología, Vol. XVII, p. 187, Bogotá, 1974.

[42] Ibid.

[43] Reichel-Dolmatoff, G. y A. Dussan, 1974. Op. cit

[44] Ibíd.

[45] Reichel Dolmatoff, G. 1987. Op. cit.

[46] Ibid.

[47] Ibid.

[48] Ibid.

[49] Ibid.

[50] Ibid.

[51] Ibid.

[52] Espinosa, Iván y E. Nieto. “Línea de interconexión a 230 kV. Cerromatoso – Urabá”. En: Arqueología en Estudios de Impacto Ambiental. Edición Gerencia de Expansión – Grupo de Estudios Ambientales. Medellín, 1998.

[53] Reichel- Dolmatoff, G y A. Dussan. 1991. Op. cit.

[54] ibid.

[55] Bischof ,1966. En: Bray, W, 1990. Op. cit: 24.

[56] Reichel Dolmatoff, G. 1987. Op. cit.

[57] Ibid.

[58] Ibid.

[59] Bray, Warwick. 1990. Op. cit: 24

[60] Reichel-Dolmatoff, G. 1987. Op. cit.

[61] En Panamá se han asociado claramente dos sitios con el Primer Horizonte Pintado, estos son Isla Carranza en el Darién, con una fecha de 70 ±  155 a. C. y La India 1, en Tonosí con una fecha de 20 ± 100 a.C.  Asociaciones menos confiables han sido establecidas para los sitios Taboguillal y Aristide del período IV en la zona central de Panamá. Cooke,1976 En: Bray, W. 1990. Op. cit.

[62] Bray, Warwick. 1990. Op. cit: 24

[63] Reichel-Dolmatoff, G. 1987. Op. cit

[64] Ibid.

[65] Bray, W. 1990. Op. cit:26

[66] Reichel-Dolmatoff, G. y A. Dussan. “Reconocimiento arqueológico de la hoya del río Sinú”. En: Revista Colombiana de Antropología. Vol. VI, pp. 29-157, Bogotá. 1957.

[67] Reichel-Dolmatoff, G. 1987. Op. cit.

[68] Liné, 1929; en Santos, G. “Las etnias indígenas prehispánicas y de la conquista en la región del Golfo de Urabá”. En: Boletín de Antropología. Universidad de Antioquia. Vol. 6/ No. 22.  Medellín, 1989.

[69] GIAP. Campaña Arqueológica en Urabá. Universidad de Antioquia, Medellín, 1980.

[70] Santos, Gustavo. “Las etnias indígenas prehispánicas y de la conquista en la región del Golfo de Urabá”. En: Boletín de Antropología. Universidad de Antioquia. Vol. 6/ No. 22.  Medellín, 1989: 87

[71] Otero, H.; Mejía, D y Ramírez, H. El Complejo Cultural de Urabá en el sitio del Cerro del Aguila. Monografía de Grado. Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Antioquia. Sin Publicar, Medellín, 1990.

[72] Santos, G. Op. cit.

[73] Reichel-Dolmatoff, G y A. Dussan, 1958. 1957. Op. cit. “Reconocimiento Arqueológico de la hoya del río Sinú”. En: Revista Colombiana de Antropología.  Bogotá, 1958; Botiva, Álvaro. El Alto Sinú, 17 sitios de asentamiento ribereño. Proyecto Hidroeléctrico del Alto Sinú. ICAN – CORELCA. Sin publicar, Bogotá, 1991.

[74] Espinosa, Iván D. y E. Nieto. 1998. Op. cit.

[75] Santos, Gustavo. Op. cit.

[76] Espinosa, Iván D. y E. Nieto. 1998. Op. cit.

[77] Santos, G. 1989. Op. cit: 78

[78] Arcila, Graciliano. 1986. Op. cit.

[79] Reichel-Dolmatoff, G y A. Dussan. 1957. Op. cit.

[80] Ibíd.

[81] Espinosa, Iván D. y E. Nieto. 1998. Op. cit

[82] Plazas, Clemencia. Ana M.Falcheetti, J. Sáenz y S. Archila. La sociedad hidráulica Zenu: Estudio arqueológico de dos mil años de historia en las llanuras del caribe colombiano. Colección Bibliográfica. Banco de la República, Santa Fe de Bogotá, 1993; Reichel-Dolmatoff, G y A. Dussan, 1957. Op. cit.

[83] Espinosa, Iván D. y E. Nieto. 1998. Op. cit.

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2 comentarios en “Historia Prehispanica de Urabá

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