1.1.1 Cultura, Territorio y Territorialidad

Tomado de : Historia y Cultura del Pueblo Olo Tule de Ipkikuntiwala. Colección de Autores Antioqueños. Medellín, 2010. Autor: Iván Darío Espinosa Peláez.

Con relación al concepto de cultura, valga aclarar aquí en primera instancia, que se presenta una confusión cuando es utilizado como expresión y manifestación de las bellas artes, especialmente en diarios y revistas, de donde se  interpreta que las personas instruidas y conocedoras de las artes y de otras gentes son muy instruidas, asumiéndose que hay toda una gradación hasta los “incultos” (carentes de cultura)[1].

Así mismo, también ha sido usado para designar  grupos humanos desconocidos, generando múltiples confusiones para los lectores que no entienden desde que punto de vista se esta haciendo alusión al termino cultura[2].

El sentido que le queremos dar aquí, es el utilizado desde la antropología y en general desde todas las ciencias sociales. Donde es considerado como lo que indica una forma particular de vida, de gente, de un período, o de un grupo humano. Dentro de las diferentes definiciones que existen sobre el término, es posible identificar algunas constantes relacionadas con la apreciación y análisis de elementos tales como valores, costumbres, normas, estilos de vida, formas o implementos materiales, la organización social, etc.

Desde un punto de vista sociológico, cultura es entendida  como los procesos de desarrollo intelectual, espiritual y estéticos del acontecer humano, incluyendo la ciencia y la tecnología, como cuando se habla del desarrollo cultural de un pueblo o país; desde esta perspectiva, se ha planteado la cultura como “[...] el progreso intelectual y social del hombre en general, de las colectividades, de la humanidad”[3].

Desde una perspectiva de la hermenéutica antropológica, que es la tendencia que queremos adoptar en este estudio, la cultura es  entendida como un proceso de significados en un acto de comunicación, objetivos y subjetivos, entre los procesos mentales que crean los significados y un medio ambiente o contexto significativo. Con relación a esta postura Clifford Geertz dice que:

“El concepto de cultura que propongo… es esencialmente un concepto semiótico. Creyendo con Max Weber que el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis de la cultura ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones.[...]  

[...] la cultura se comprende mejor no como complejos de esquemas concretos de conducta, costumbres, usanzas, tradiciones, conjuntos de hábitos —como ha ocurrido en general hasta ahora, sino como una serie de mecanismos de control— planes, recetas, fórmulas, reglas, instrucciones (lo que los ingenieros de computación llaman “programas”) que gobiernan la conducta” [4].

Teniendo en cuenta lo anterior, la cultura puede ser considerada  como una red o trama de sentidos, desde donde buscamos dar significados a los fenómenos o eventos de la vida cotidiana[5]. Sería pues una producción de sentidos, de los fenómenos y eventos de la vida cotidiana para un grupo humano determinado. Si queremos acceder a la cultura /Tule/ de los habitantes de /Ipkikuntiwala/, en realidad nos estamos preguntando ¿qué sentido tiene la vida para los habitantes del resguardo de Caimán Nuevo?

Desde este marco interpretativo se busca darle una explicación antropológica a la cuestión de la alteridad concebida coma la tarea de

“interpretar la interpretación que otros hacen de la categoría del otro en los diferentes niveles en los que sitúan su lugar e imponen su necesidad”[6].

Visto de esta forma, tratar de comprender la cultura /Tule/, es tratar de descifrar el entramado de significados vividos y actuados dentro de la comunidad de /Ipkikuntiwala/. Entendiendo el sentido como un conjunto de significados, es posible comprender que la cultura /Tule/ al ser examinada como sentido, se refiere a un conjunto de significados que cobran vida como tales, en sus vivencias y relaciones con las demás personas y con su ambiente (la pragmática semiótica). Al mismo tiempo este conjunto de significados, que se encuentran básicamente en historias tales como la que le dan origen a la Madre – Tierra (/Nan Kuana/) , la de /Mako/ y su descendencia, la de /Ipelelel/, la de /Ipeorkun/, entre otras,  involucran un orden o jerarquía de significados (la sintaxis semiótica): de esta forma podemos entender, entre otras cosas las jerarquías de la organización política /Tule/, donde en la cabeza se encuentran los /Saklamal/, luego los /Arkalmal/, hasta llegar a los /Swalipepmal/ y al pueblo (el /Olo Tulemal/).

Así mismo hay que considerar que cada grupo humano tiene un significado para cada cosa del hacer y del quehacer (la semántica semiótica), de manera que esos significados tienen sólo las connotaciones que ese grupo humano particular les da, pudiendo ser parecidos a los de otro grupo, pero nunca todos los significados iguales en su completa totalidad. De manera que finalmente la cultura de cada grupo humano, en este caso la /Tule/ puede ser considerada como su “huella digital”, que la caracteriza y la identifica de las demás. Por esta razón no existen dos grupos humanos con la misma cultura.

Como estos conjuntos de significados no se dan en el vacío, ni espontáneamente, ni al mismo tiempo, surge la importancia del contexto de la cultura, como un elemento muy importante en el estudio de del pueblo /Tule/ de /Ipkikuntiwala/. Esto nos impone la necesidad de considerar el territorio y la temporalidad de lo vivido, de lo concebido, como elemento importante para acceder  a las dinámicas culturales de este grupo humano; a esto es lo que se conoce como “Contexto de la cultura”. La visión de lo temporal no es lineal, pues el tiempo del mito es cíclico y es determinante en el accionar del ahora, por lo tanto hay que tratar de acceder a la “semiótica de la narración” como elemento crucial para entender la cultura /Tule/. Esta concepción del tiempo del mito que efectivamente tiene en representación en lo cotidiano, es decir en la praxis, nos lleva a considerar los vínculos  entre la historia y la antropología, pues

 “[…] la historia es ordenada por la cultura, de diferentes maneras en diferentes sociedades, de acuerdo con esquemas significativos de las cosas.  Lo contrario también es cierto: los esquemas culturales son ordenados por la historia puesto que en mayor o menor grado,  los significados se revalorizan a medida que van realizándose en la práctica […]” [7]

Todo lo anterior nos lleva a pensar la culturacomo

“[...] un tejido de significados encarnados en símbolos y transmitido históricamente, un sistema de concepciones heredadas expresadas de manera simbólica por medio de las cuales los hombres se comunican y desarrollan su conocimiento sobre la vida y las actitudes hacia la vida”. [8]

Entendida de esta manera, la cultura organiza la situación actual en relación a un pasado y funciona como una síntesis de la estabilidad y el cambio, el pasado y el presente, la diacronía y la sincronía[9].

Queda claro entonces, desde esta perspectiva teórica, los estrechos vínculos entre historia y antropología; esta situación y la necesidad de determinar los momentos de cambio social dentro del devenir del pueblo /Tule/ es importante identificar aquellos acontecimientos del pasado que ayudaron a configurar una ruptura o una continuidad. En este sentido vamos a considerar los “acontecimientos históricos” como sucesos del mundo en relación con la significación proyectada desde algún sistema cultural; teniendo en cuanta lo anterior, el acontecimiento registrado en las fuentes, es un suceso histórico interpretado y las interpretaciones varían, lo que estaría también considerando que no existen los datos históricos puros, pues su escritura y posterior lectura están mediatizados por concepciones ideológicas y culturales.  En otras palabras, todo acontecimiento histórico debe interpretarse a la luz del código cultural dentro del cual se produce y debe ser reconstruido cuidadosamente de antemano[10].  Se trata entonces de re-construir un acontecimiento histórico, que fundado en elementos de un micro tiempo, en el sentido de corta duración de Braudel, estructuran de manera coherente un sistema cultural de referencia.

El conocimiento de los diversos acontecimientos históricos que marcaron el devenir del pueblo /Olo Tule/ de /Ipkikuntiwala/, nos permitió establecer los pisos y los techos de las diferentes fases de cambio social que componen el proceso histórico definido para esta comunidad. Como es posible observar, se trata de un marco que permite el ordenamiento de la información histórica que ayude a  plantear una hipótesis desde los modelos procesuales de reconstrucción histórica.

De otro lado es importante tener una aproximación al territorio donde se localiza el grupo humano que de corazón se busca conocer, por que es allí donde se da  la constitución de lugares, ya que es uno de los procedimientos simbólicos que permite pensar la alteridad — y por consiguiente la identidad como su par relativo—. Desde nuestra visión antropológica del territorio, recurrimos a  la  equiparación entre lugar y cultura, a la territorialización de ésta como procedimiento para poder pensarla[11].

Para delimitar el entorno espacial de este estudio, se considera “el territorio” no simplemente como el espacio físico o el medio natural de un grupo humano en particular;  se entiende como la socialización de un medio natural mediante el ejercicio de lo concebido, nombrado, clasificado, recorrido, usado y representado simbólicamente[12]; en este orden de ideas el territorio es considerado como una experiencia  humana que adquiere sentido a través de la intencionalidad de los individuos quienes lo dotan con una pluralidad de significados que dependen del tiempo y las experiencias culturales[13]. Teniendo en cuenta este planteamiento, fue posible superar, en la comprensión del territorio /Olo Tule/ de /ipkikuntiwala/, los determinantes político-administrativos, geográficos y ambientales, que por lo demás incluyen espacios físicos, míticos y preternaturales. Igualmente nos permite entender las discontinuidades en la ocupación territorial sin que eso implique una ruptura comunicativa de la nación /Olo Tule/ dispersa en dos países, en regiones geográfica y ambientalmente diferentes.


[1]Austin, 2000.

[2]Austin, 2000.

[3] Fischer; en Auntin, 2000.

[4] Geertz, 1987:20-50

[5] Auntin, 2000.

[6] Augé, 1992:30.

[7] Sahalins, 1998: 2.

[8] Geertz, 1973;  Citado por Colmenares, 1987.

[9] Sahlins, 1988.

[10] Colmenares, 1987-

[11] Cañedo, 2000.

[12] Duque otros, 1996.

[13] Molano, 1989.

Reflexiones a propósito del concepto de Identidad

Tomado de : Historia y Cultura del Pueblo Olo Tule de Ipkikuntiwala. Colección de Autores Antioqueños. Medellín, 2010. Autor: Iván Darío Espinosa Peláez.

1.1.2 El Encuentro de Identidades

Queremos enriquecer nuestra mirada al pueblo /Olo Tule/ de /Ipkikuntiwala/ haciendo una reflexión sobre la identidad y sus diferentes esferas de representación, pues consideramos que el relacionamiento interétnico permanente que se da en la zona norte de Urabá, es ante todo un encuentro de identidades.

El ámbito de la identidad es la “mismidad”, donde preguntas tales como ¿quién soy?, ¿Quiénes somos?, son fundamentales en las construcciones identitarias; es pues aquello que nos constituye como tal y nos diferencia de los otros, lo cual supone un aspecto de “permanencia” relativa o de continuidad histórica[1]. Se trata pues de una auto-identificación que a nuestro modo de ver es de carácter histórico social.

Definir el concepto de identidad involucra el ejercicio de aprehender la imagen de un pueblo o de una nación, tratando de establecer las características que han llegado a ser comunes y aceptadas por dicha sociedad; es una manera de identificar los rasgos culturales que caracterizan a una sociedad  o a una nación, que son determinados desde sus interrelaciones e interacciones entre lo individual y lo social.  Por lo tanto, identidad no significa anulación de identidades particulares sino, más bien, integración con sus particulares diferenciaciones[2].

El concepto de identidad en materia cultural sirve para designar un sistema dinámico de auto-reconocimiento, tal como hace uso de él un grupo que está permanente en cambio. Cada cultura tiene una forma propia de distinguir a sus miembros de los que no lo son y la identidad juega un papel importante en la auto-adscripción y la auto-exclusión[3].  En el presente estudio asumimos la identidad cultural como

“Un conjunto de elementos que, asimilados, contribuyen en la concepción del mundo; del pensar; hablar; de comunicación; de valoración propia y de grupo; de comportamiento, que contribuyen para que aquélla esté en un proceso de desarrollo perenne. Una identidad cultural estaría formada, entonces, por aquellos rasgos que se constituyen en diferenciadores de otras culturas, en momentos y lugares determinados, en la cual se ha asimilado socialmente el cambio. Esto no implica que aspectos de un pasado se excluyan en pro de un cambio presente, puesto que dicho pasado forma parte de la línea horizonte de un ser y que, por fenómeno de repercusión, su historia se encuentra asimilada en un presente a los valores esenciales de dicha cultura”[4].

Se ha sugerido que una de las características de las identidades culturales es la definición de quiénes hacen parte de ese conglomerado humano que comparten valores, dándole a éstos una serie de privilegios, presentándose así mismo una contrapartida de una serie de discriminaciones para quienes no los comparten. Con relación a lo anterior, es posible afirmar que

Una identidad es, por una lado, una forma de vida de acuerdo con ciertos valores; y, por otro, un sistema de privilegios y exclusiones. El concepto de cultura incluye prescripciones de comportamiento y pensamiento y sanciones para quienes no cumplen con lo exigido. El umbral de tolerancia para incluir o excluir ciertos comportamientos o valores no pueden ser predefinidos, sino que son fruto de la misma prescripción cultural y se modifica continuamente[5].

Así mismo, se ha planteado que la identidad cultural se estructura

“[...] sobre la base de vivencias compartidas; de afinidades, de sentimientos y emociones; de experiencias que han otorgado una determinada visión de mundo, comunicando ideales de significatividad vital cuyo arranque está en una misma raíz histórica particular[6]”.

Las diferentes posturas sobre el concepto de identidad coinciden en otorgarle una pluralidad de rasgos culturales, políticos y económicos; así mismo, se han considerado factores históricos, lingüísticos, territoriales e ideológicos[7]. No se puede perder de vista que este concepto se presenta como una construcción cultural del hombre y como tal susceptible de evolucionar en función del marco histórico de cada momento[8]. Hay que tener presente que el espacio en donde se configuran y actúan las identidades es el del “imaginario colectivo” y en ese entorno territorial confluyen todas las formas de percepción posibles, tanto las de auto-percepción, como las de apreciaciones del “otro”; en estos espacios comunes se dan las variadas percepciones de lo que significa ser indígena, ser ciudadano, habitante de lo rural o de lo urbano, ser hombre o ser mujer [9]. Con relación a lo anterior, se afirma que:

“Las identidades particulares, personales y colectivas son también, y no sólo, el resultado de la asignación de lugares efectuada por el orden simbólico, de modo que la percepción de un sujeto o un colectivo, pertenecientes a cierto género, se produce como el efecto secundario de una labor ordinal que le precede. Los elementos simbólicos que llevan a asociar a cierta persona con un género u otro son culturalmente específicos. […][10]

De lo anterior queda claro que este encuentro de identidades que se presenta en la zona norte de Urabá por la confluencia de varios grupos étnico-culturales, se realiza sobre un territorio concreto semantizado y simbolizado desde diferentes marcos interpretativos, étnicos y culturales; el reto pues se centra en hacer una conjugación de estas representaciones y lograr la aceptación de las nuevas características del territorio por todos los conglomerados que co-habitan esta región.

La identidad como concepto social y cultural tiene múltiples esferas de aplicación, pues puede ir de lo étnico, hasta lo individual, pasando por concepciones relacionadas con la familia, la región y la nación, entre otras, lo que implica una identificación para cada grupo de cada una de estas esferas. Con relación a este aspecto, se afirma que

“A la humanidad no se llega por cualquier camino. Hay una serie de círculos concéntricos: familia, ciudad, nación, raza, cultura, que no se pueden brincar —a menos de ser hijo de incubadora— en el proceso de humanización”[11].

También se ha postulado que la identidad

“[...] contiene dos dimensiones: la personal o individual y social o colectiva. El diferenciar estas dimensiones no quiere decir que sean excluyentes. Ambas están interrelacionadas. De ahí que se sostenga que son dimensiones de un mismo e inclusivo fenómeno situado en diferentes niveles de realización. El nivel individual y el nivel colectivo, plano en el que la identidad social se edifica y se realiza”[12].

Puede considerarse entonces que la identidad es como aquellos caleidoscopios con los que jugábamos cuando éramos niños, que contienen elementos básicos constitutivos, pero en la medida que entran en contacto unos y con otros, cambian de forma desplegando una variedad de facetas multicolores. Algo de resaltar es que al igual que la identidad, con el calidoscopio, el juego nunca termina, sino que se transforma en arte y la identidad se revela única, cambiante, sorprendente y maravillosa cada vez que la intentamos apreciar[13].

La identidad, sin embargo, tiene una contrapartida, la cual se manifiesta no solo en la demanda de afectos por parte de sus miembros, sino en la demanda de una solidaridad incondicional[14].

“Hacer que en una nación donde subsisten distintas identidades étnicas se produzca una solidaridad entre ellas, supone desplazar las posibilidades de antagonismo hacia otros aspectos… Toda distinción identitaria puede llevar a conflictos graves, pero al mismo tiempo, su flexibilidad abre las puertas a una enorme gama de redefinición de los antagonismos, es decir, abre las puertas a las posibilidades de colaboración interétnica”[15].

Para plantearlo en términos cercanos a los utilizados por Habermas, la convivencia interétnica es un tema de comunicación, pero en el sentido que le da él, es decir, de acuerdo de las voluntades, acuerdo que supone una aceptación razonada tanto del cambio como de la permanencia[16].

La lengua como mecanismo de comunicación, se convierte en la esfera mayor de la identidad, pues los idiomas no sólo limitan las transferencias de ideas, sino que actúan como fronteras de la representación y la praxis. En este sentido las comunidades no indígenas que habitan el norte de Urabá y tienen un mismo idioma, comparten una identidad Iberoamericana. Esta esfera de la identidad se presenta como algo que las (o nos) rodea y con lo cual se convive en forma constante; se convierte en una realidad histórico-social, compuesta por un conjunto de pueblos —o naciones— que viven en diversos territorios, pero que tienen un modo de ser análogo, compartiendo, a parte de una lengua, criterios de moralidad y en la mayoría de los casos, una religiosidad. En este sentido se ha firmado que 

La Hispanidad no es ni ente sensible, ni ente psicológico, ni ente ideal, sino ente cultural  [...] no es tan solo un fruto o producto de un factible. Es, antes que eso y de manera radical, una cosmovisión. [...] En ella caben no solo conocimientos, sino también deseos, anhelos, esperanzas, necesidades del sentido y de la vida [17] .

De otro lado, no se puede confundir la  “Hispanidad” con la Españolidad, pues con la palabra Hispanidad, se ha querido indicar a un conglomerado de pueblos, no necesariamente ligados racialmente, sino con fuertes vínculos históricos,  morales y culturales, con estilos de vida análogos[18].

De otro lado, se encuentra el pueblo /Tule/ de /Ipkikuntiwala/ que posee una identidad lingüística diferente a los de los habitantes no indígenas de la zona, creando una fuerte barrera en la comunicación, no solo por la fonología, gramática, fonética y semántica, sino por el sentido mismo de la significación, donde las palabras aluden a una relación permanente con los hechos cosmogónicos y teológicos, que le otorgan un particular sentido al hecho de la comunicación. Durante el trabajo de campo, la barrera lingüística fue un hecho y los interpretes indígenas hablaban, no de una traducción, sino de una interpretación, pues los lenguajes metafóricos que utilizan los habitantes más antiguos de la comunidad, en su comunicación cotidiana, no tienen una traducción a nuestra lengua castellana.  Su comunidad de sentido, en términos lingüísticos, es compartida con los habitantes /Tule/ de /Makilakundiwala/ (Arquía, Choco) y todos los /Tulemal/ de las comarcas panameñas de San Blas y la cuenca del Pacífico.

En el caso particular de los /Tule/, existe una correspondencia total entre la identidad lingüística y la identidad étnica, situación que no se presenta  entre los otros pobladores no indígenas del área, los cuales corresponden a múltiples orígenes étnicos y, en muchos aspectos, no comparten patrones culturales.

Esta situación se convierte en un reto para este encuentro de identidades, pues se debe tener la disponibilidad de los tiempos necesarios para que el entendimiento entre las partes se dé de forma satisfactoria y se supere la barrera de comunicación impuesta por las diferentes identidades lingüísticas.

Después de abordar los aspectos lingüísticos y siguiendo por los círculos concéntricos de las identidades, nos encontramos frente el fenómeno de “lo latinoamericano”, donde los aspectos identitarios que aglutinan a los pueblos que habitan este sub-continente, son bastante frágiles, quizás por que sea aún un proceso en construcción, o más bien en “re-construcción”. Se ha afirmado que el concepto común de identidad entre las sociedades latinoamericanas esta estrechamente relacionado con un sentimiento de soledad, la mezcla racial y la dependencia cultural[19].  El famoso ensayo “El laberinto de la soledad” escrito por Octavio Paz, nos da un acercamiento histórico de este sentimiento de soledad que los latinoamericanos experimentan (o experimentamos). Con relación a la dependencia cultural, José Martí (escritor cubano), en su ensayo “Nuestra América”, expresó que los Latinoamericanos somos muñecos de trapo, con pantalón inglés, suéter de París, chaqueta de los Estados Unidos y sombrero de España.

Es obvio que este sentimiento de soledad y la dependencia cultural de las naciones latinoamericanas, refleja una crisis identitaria de estos pueblos que no les permite visualizar claramente su postura frente al desarrollo; esta situación es un campo de cultivo apropiado para que haga carrera la teoría de modernización, también llamada teoría del desarrollo, que se basa en una perspectiva etnocéntrica y supone el proceso de modernización, descrito como la ingestión de los rasgos actitudinales occidentales del racionalismo, el instrumentalismo, la orientación al logro, entre otros.[20]. Como se puede notar, la mayor parte de estas concepciones tienen sus raíces en la perspectiva occidental que arrogantemente atribuye el retraso a la falta de rasgos actitudinales occidentalizados en las gentes de Latinoamérica y el Caribe[21].

Disminuyendo la escala de los círculos concéntricos de las identidades, encontramos las concepciones de lo nacional, como esferas de aglutinación de los conglomerados humanos. La nación puede ser entendida como una construcción social e histórica, que sustentan los estados y se ha tratado de convertir en el referente dominante para darle sentido a los procesos de producción y reproducción social. Los “estado-nación” son el resultado de configuraciones geopolíticas que se sustentan en un marco explicativo de la historia contemporánea[22].

Desde una perspectiva de la democracia liberal se tiende a limitar la identidad nacional a una cultura homogeneizante y excluyente, semejante a la que produce la democracia autoritaria. Esta homogeneización excluyente constituye un factor que merma las bases mismas de la democracia, como lo son la pluralidad de intereses, tradiciones y opiniones que debaten en el espacio público y conforman el legítimo poder político. Con relación a lo anterior, se plantea:

“En oposición al modelo democrático liberal, el republicano no afirma como principio fundamental la igualdad, sino el reconocimiento de las identidades culturales diversas. Este principio pone el énfasis en la igualdad de valor y de respeto en las comunidades y, de modo secundario, en el individuo. Esta prioridad se debe precisamente a que la tradición republicana concibe al individuo como miembro de una comunidad, de una cultura que le precede y dentro de la cual define su curso de vida, sus valores fundamentales, sus derechos básicos como persona. [...] Desde la perspectiva republicana los derechos, la legislación y el ámbito de competencia del poder político se adecuan a las identidades culturales, y no al revés, como sucede en la democracia autoritaria y en la liberal, con diferencia de grados”[23].

Podemos afirmar que el Estado colombiano, al igual que muchos otros latinoamericanos, aunque logró conformar una comunidad nacional imaginada, no ha podido borrar las antiguas nacionalidades presentes en nuestra diversidad cultural indígena, afrodescendiente y mestiza, lo que nos lleva a considerar que  dentro del proyecto nacional, participan diversos proyectos de nación que inciden en la definición de los sentidos colectivos[24].

La identidad  de las naciones latinoamericanas se encuentra en una encrucijada donde la tensión de la tradición y la innovación, no atina una salida apropiada a sus realidades sociales y multiculturales; sin una salida desde lo “propio”, acuden a modelos exógenos, como la “teoría del desarrollo”, también conocida como la teoría de la “dependencia”[25].

Al tratar entonces de definir la identidad nacional colombiana, tendríamos que afirmar como magistralmente lo hizo el Historiador Víctor Álvarez, cuando refutando el punto de vista de muchos antropólogos asintió: “si se trata de definir la identidad colombiana, hagamos una sumatoria”.  Esta postura nos pone a pensar en la pluralidad de identidades que se encuentran involucradas en la zona norte de Urabá. No es posible entonces para entender al pueblo /Olo Tule/ de /Ipkikuntiwala/ en su contexto territorial, partir del hecho de intereses comunes desde el reconocimiento de una identidad nacional, por que simplemente ésta no existe; igualmente, y reconociendo la realidad de pluralidad de intereses en la zona, a partir de la multiplicidad de identidades presentes, se hace necesario superar las posturas integracionistas, que traerían como resultado, la exclusión de algunos participantes en las determinaciones sobre las características de la zona norte de Urabá.

Proponemos entonces que se parta de los principios de “la democracia republicana”, que hace un reconocimiento explicito de la diversidad de identidades que conforman las nacionalidades; esto quiere decir, en términos culturales, el reconocimiento de que el Estado Colombiano está conformado por diferentes nacionalidades, cada una de las cuales posee valores propios que son igualmente validos. En este sentido, aunque los /Tule/ de /Ipkikuntiwala/ son consientes de estar insertos territorialmente en un país llamado Colombia, también lo son de que ellos, sumados a los otros habitantes /Tule/ del Chocó y Panamá, conforman una nación que nada tiene que ver con la mal llamada “nacionalidad colombiana”[26].

Quizás, estos intentos de reconocimiento de múltiples identidades de nuestro país, nos permitan en un futuro superar los rumbos predominantes de dependencia de las perspectivas de desarrollo, para pasar al tan anhelado “enfoque propio”, desde un verdadero reconocimiento de la conformación multiétnica y pluricultural, a las que alude la Constitución Colombiana.

Pasando a otra esfera de la discusión, encontramos que la identidad es de naturaleza dinámica, por lo que no es extraño  encontrar grupos humanos  auto-nominándose con el mismo nombre que sus antepasados y que, sin embargo, se hayan sometido a fuertes cambios culturales o a la incorporación de elementos de otras culturas[27].

Desde una perspectiva histórica, la identidad es uno de los aspectos más flexibles y a la vez más rígidos de una cultura; de otro lado, las identidades no pueden ser fijadas a priori ni tampoco de forma absoluta, de manera que aquello que se considera parte de ella,  puede ser considerado ajeno a ésta muy poco después.

La identidad es Flexible, porque nada impide que se modifique y en este sentido, posee un “comportamiento” similar al de los signos lingüísticos, donde el significado y la palabra que lo designa tienen un vínculo arbitrario que puede cambiar en todo momento y en todo lugar. Todo esto lleva a identificar en las identidades una tendencia espontánea a la modificación y todo intento por convertirla en algo fijo requiere un esfuerzo constante de adecuación a las formas de comprender los mismos hechos a lo largo del tiempo[28].

Teniendo en cuenta lo anterior, cabe preguntarnos: ¿por qué, a pesar de su mutabilidad, la identidad perdura? Una aproximación a la respuesta también la podemos encontrar en la lingüística, pues, al igual que los signos lingüísticos, las marcas de identidad cultural son arbitrarias. No hay razón alguna para que una marca de identidad sea considerada como más propia que otra. Teniendo en cuenta la mutabilidad de la identidad, es posible introducir en ellas nuevos componentes, pero esto requiere de una estrategia de convencimiento que actúe dentro del marco cultural de referencia, garantizando que todos los individuos que representa se apropien de ese nuevo elemento y que por lo demás le impriman una significación dentro de su mundo de la representación y de la praxis. Esta situación se ha ejemplificado de la siguiente forma:

“Este dinamismo natural de la identidad permite comprender, respecto de los pueblos originarios, que nada impida que uno de sus miembros actuales, que circula en automóvil y se comunica por internet, siga sintiéndose idéntico a sus antepasados de varios siglos. Es que la identidad no se construye sobre hechos, ni sobre proximidad geográfica, sino sobre interpretaciones de hechos, sobre focos de atención cultural, sobre un sentirse parte de una tendencia cuya naturaleza es móvil y por ello mismo se puede actualizar, de tal forma de hacerla viva y cercana a pesar de su distancia. Por ello la distancia temporal o geográfica en relación al foco de identidad sobre el que se pone la atención poco importa”[29].

Teniendo en cuenta la perspectiva de mutabilidad y adaptación de la identidad, es posible afirmar que su permanencia no se debe a razones, sino al hecho de que los valores culturales son arbitrarios, ya que las “razones” para permanecer o variar sólo pasan a ser válidas una vez que han sido aceptadas[30]. En este sentido, los miembros de la etnia /Tule/ tienen un modo de vida particular que es confirmada por su cultura  y jamás verán razones válidas para abandonar su forma de vida, porque ésta tradición les dice, justamente, que su cultura es válida. Si algún día deciden transformarla parcialmente, es por que encuentran para ello razones que pueden ser explicadas desde su universo. En este proceso de encuentro de identidades que se da en el Norte de Urabá, hay que buscar las estrategias que permitan la negociación de esas razones validas desde la perspectiva cosmogónica y teológica de los diferentes grupos étnico-culturales allí asentados, para que el hecho concreto de la planeación del desarrollo territorial de esta región sea adecuadamente incorporado a la identidad de los diferentes grupos que tiene su asiento en ella.

Con relación a lo anterior, se ha afirmado que uno de los primeros problemas que hay que vencer cuando se trata de poner en relación distintas identidades es la dificultad de que

“[...] una logre escuchar y comprender la palabra de la otra, en especial en aquellos aspectos que considera más relevantes. Esto sólo es posible sobre una doble base. Por una parte, se requiere tomar distancia respecto de la propia cultura mediante una forma de suspensión de juicio, condición para que los valores de la otra cultura puedan adquirir sentido a los ojos de la primera. Y, por otra, se requiere aceptar la naturaleza dinámica de la identidad”[31] .

Las transformaciones  y los cambios de las identidades en grupos culturales tradicionales, son difícilmente observables por un espectador que las mire desde adentro, pues esas transmutaciones sólo son perceptibles a nivel trans-generacional; si fuese posible fijar las culturas en un registro trans-generacional, lo primero que constataríamos sería su modificación continua[32].

[1] Llanquileo, 1994.

[2] Sasso, 1998.

[3] Neira; 2001.

[4] Sasso, 1998.

[5] Neira, 2001.

[6] Sasso, 1998.

[7] Sánchez, 2001.

[8] Ortega, 1998.

[9] Casas, 1999

[10] Serret; en Casa, 1999.

[11] Basave. 2000: 1.

[12] Llanquileo, 1994

[13] Casas, 1999.

[14] Neira, 2001.

[15] Neira, 2001.

[16] Habermas; en Neira, 2001.

[17] Basave. 2000: 2.

 

[18] Ibíd.

[19] Deutchier, 1989; en Vargas, 2000.

[20] Vargas, 2000.

[21] Vargas, 2000.

[22] Casas, 1999

[23] Casas, 1999.

[24] Casas, 1999.

[25] Vargas, 2000.

[26] No se puede confundir el termino nación desde lo geopolítico, con la acepción que se esta utilizando aquí, que es desde lo cultural.

[27] Neira, 2001.

[28] Neira, 2001

[29] Neira, 2001.

[30] Neira, 2001.

[31] Neira, 2001.

[32] Neira, 2001.

Diagnostico Cultural Necoclí

8. DIAGNOSTICO CULTURAL

 

8.1 Caracterización Étnico-cultural

 

 

8.1.1 Población Olo Tule

 

El resguardo indígena de /Ipkikuntiwala/ o Caimán Nuevo esta ubicado en jurisdicción de los municipios de Turbo y Necoclí; en la Subregión del Urabá antioqueño, en la porción norte. Su territorio se encuentra sobre las coordenadas geográficas de 8°16’36” de latitud norte y 76°46’ de longitud oeste, en un área correspondiente a la cuenca del río Caimán Nuevo. Antes de 1992 se calculaba su extensión en 5.900 ha, pero después del proceso saneamiento, según la información del INCORA su área se calculaba en 7718.74 ha; sin embargo utilizando un Sistema de información Geográfico, se logró establecer que su real cobertura es de 9.456 ha[1]. Limita al norte con las veredas La Ceibita y Nueva Luz del corregimiento del Totumo (Necoclí), al sur con la quebrada Los Indios del corregimiento El Dos y Tié (Turbo), al oeste con el mar Caribe y al este con las veredas Las Mercedes y Yoki (Turbo).

 

En la actualidad el marco territorial de la etnia /Olo Tule/ se encuentra distribuido en dos repúblicas latinoamericanas, generando una fragmentación que causa algunas diferencias en cuanto a los manejos administrativos de sus territorios. En Colombia existen únicamente dos comunidades, la de /Ipkikuntiwala/ y la de /Makilakuntiwal /localizada en la cuenca del Río Arquía, afluente occidental de la cuenca baja del Río Atrato, en jurisdicción del Municipio de Ungía, Choco.

 

En Panamá la población es más numerosa y es allí donde se concentra la mayor parte de la gente de este grupo étnico. La Comarca /Kuna Yala/ se ubica en el litoral del Caribe panameño, ocupando una franja de tierra de 230 kilómetros de longitud y entre 10 y 20 kilómetros de ancho, constituida por territorios continentales y un numero importante de islas del Archipiélago de San Blas, que pueden ser 365 de las cuales únicamente 50 están desocupadas, que sumando sus extensiones pueden ser 2.357 Km. de costas. La parte de tierra firme tiene una superficie de aproximadamente 3.220 km2, a la que hay que agregar el área marítima, que incluye los arrecifes, los cayos, las islas y las zonas de pesca. Sumando todas estas áreas, la Comarca /Kuna Yala/ puede tener una superficie total de más de 5.400 km2. Según los datos del censo de población de 2000, viven allí 32.500 indígenas /Tule/, distribuidos 51 comunidades, la mayoría de ellas ubicadas en islas de origen coralino, localizadas a poca distancia de la tierra firme. Por lo regular, en cada isla existe una sola comunidad autónoma en sus leyes y administración, aunque en las más extensas son cohabitadas por dos o tres comunidades[2].

 

La organización territorial del resguardo de Ipkikuntiwala está diferenciada por usos específicos que le dan un orden social al entorno espacial que habitan; estos usos permiten generar un orden interno que refleja sus concepciones culturales del manejo del espacio, acorde con sus historias de origen y con toda su concepción teológica y filosófica. Sin embargo este orden tradicional del espacio social, ha sido trastocado en las últimas décadas por las continuas perturbaciones que ha tenido su entorno vital, por procesos como la invasión por parte de colones y terratenientes, la apertura de la vía Turbo – Necoclí, el deterioro de los recursos naturales, los aprovechamientos forestales y en los postreros años, el incremento en la inserción a las economías de mercado. Estos modos tradicionales, han debido acomodarse a las nuevas circunstancias regionales, mostrando la capacidad adaptativa del pueblo /Olo Tule/; estas adaptaciones se han dado sin perder lo fundamental de su cultura y específicamente su relación con la tierra, arraigada en una teología y cosmogonía, que les ha permitido introducir modificaciones en el manejo del espacio sin perder su identidad. Esta ligazón con el territorio esta definida desde su origen, pues como pueblo y dentro de sus marcos interpretativos, son hijos de la Madre – Tierra y con ella tienen un compromiso de protección y salvaguarda de los abusos del hombre blanco /waka/.

 

El territorio de /Ipkikuntiwala/ no es pues simplemente el espacio físico o el medio natural del pueblo /Olo Tule/, es más que esto y se convierte en el entorno socializado mediante el ejercicio de lo concebido, la nombrado, la clasificado, la recorrido, la usado y lo representado simbólicamente; es una experiencia vivencial, humanizante,  que se expresa a partir de una pluralidad de significados fuertemente ligados a su experiencia vital y su particularidad cultural.

 

En términos generales, la concepción del territorio comunitario o cacical, esta fuertemente ligada a lo que nosotros desde occidente admitimos como cuenca; en estas porciones  espaciales  se localizan fragmentos de realidades sociales congregadas bajo una orientación política particular y autónoma, pero integrada con los otros segmentos de la etnia /Tule/, por medio de estrategias de congregación, consulta y solidaridad que trascienden las fronteras territoriales de cada una de las comunidades, para integrarse como nación, donde asumen el reto de supervivir en entornos hostiles y discriminatorios. La ocupación de una cuenca por cada comunidad, tiene sus raíces en las historias de origen cuando /Pap Tumat/ inicia su labor compositora a partir de la instauración del un río, desde donde inicia la ubicación en sus alrededores todo lo que necesitaría en un futuro el /Olo Tule/ para su subsistencia material y espiritual. 

 

Cada comunidad integrada bajo la forma de cacicazgos ocupa una cuenca y es orientada y dirigida por un conjunto de autoridades tradicionales con fuertes conocimientos de la teología, pues su poder se basa en el entendimiento de esta parte importante de la cultura y en saber interpretarla y adecuarla a las realidades actuales. Los habitantes de una cuenca están sujetos a las determinaciones de estas autoridades, que se encargan de recordarle a los /Olo Tulemal/ su relación con la Madre – Tierra, su compromiso de protegerla, sus normas de comportamiento material y espiritual. El territorio de /Ipkikuntiwala/ como espacio socializado por los /Tulemal/ estaba antiguamente organizado como un cacicazgo, bajo las orientaciones de los /Saklamal/ propios de esta zona, autónomos políticamente de los otros segmentos de la nación /Tule/, pero en las últimas décadas, dado el crecimiento demográfico y las divisiones político-administrativas de el Estado Colombiano, se han fragmentado en dos unidades políticas y sociales, que ahora se comportan como dos cacicazgos autónomos, pero fuertemente relacionados por la cercanía territorial y por las disposiciones de compartir un mismo resguardo. Estos cacicazgos son Caimán Bajo o /Teal/, que cubre las porciones de carretera, Quebrada Ule, Caimán Medio y Quebrada Seca;  Caimán Alto o /Tiwaltuku/ correspondiente a la porción alta de la cuenca río Caimán Nuevo; en términos administrativos, Caimán Bajo está bajo la jurisdicción administrativa del Municipio de Necoclí y Caimán Alto de Turbo. La realidad político-administrativa de Colombia colocó a la comunidad de /Ipkikuntiwala/ en una situación de fragmentación, pues como ya se indicó, el resguardo se encuentra entre las dos jurisdicciones y para acceder a las transferencias del Estado, así como a los recursos para la educación y  la salud destinados para ellos, debieron dividirse y en la actualidad, Caimán Alto es atendido desde Turbo y Caimán Bajo desde Necoclí. Como vemos, los condicionamientos exógenos y el crecimiento demográfico, hicieron que esta comunidad se fragmentara en dos cacicazgos para afrontar las relaciones con el estado y acceder a los recursos que son destinados para ellos; esto es una adaptación a las circunstancias que modificó las formas tradicionales de organización territorial.

 

Los territorios sagrados son celosamente custodiados por todos los miembros de la comunidad; allí, se encuentran los hábitat  de las entidades malignas y benignas y los /Olo Tulemal/ no osan explotar los recursos, pues de su conservación depende la tranquilidad espiritual de sus territorios y parientes, pues cualquier atropello a ellos se paga con grandes costos, no solo para el agresor, sino para todos los habitantes de la comarca.  Todos los miembros de la comunidad son consientes que de su protección depende en gran medida su existencia como grupo y como etnia. Los /Piriamal/ o entornos acuáticos de espiritualidades y los /Kalumal/  entendidos como las ambientes terrestres habitados por esencias malignas y benignas, le dan al territorio de /Ipkikuntiwala/ un orden particular y cargado de sentido para sus habitantes, pues se constituyen en ambientes esenciales para su reproducción social y cultural, además de otorgarle una marca particular y propia que ellos como grupo étnico le dan al territorio.

 

Pero también hay espacios para la subsistencia y la reproducción del grupo; en este sentido se entiendan las áreas de aprovechamiento familiar e individual, donde los /Tulemal/ pueden desarrollar sus actividades productivas  y localizar su residencia para lograr el sustento de sus familias por medio de cultivos tradicionales y de otros destinados para la comercialización; entre estos últimos se destaca el plátano y en menor medida algunos frutales.

 

Es estas áreas los /Tulrmal/ son autónomos y no deben pedir autorización alguna para implementar lo que les parezca más conveniente para el sustento de sus familias. La ocupación de estas tierras se da por herencia o por adjudicación de las autoridades tradicionales de la comunidad y pueden ir de 10 a 50 hectáreas; esto fue lo que se observó en Caimán Bajo, con la salvedad de que aquellos que tienen mayores extensiones son los que las han recibido por herencia, pues la constante entre las adjudicaciones recientes es de 12 a 30 hectáreas. Este desequilibrio en la propiedad, si es que se puede llamar así, viene del procedimiento utilizado para dicho repartimiento, pues en la medida que se iban saneando las mejoras de los colonos invasores, se daban las asignaciones y a cada familia, entregando toda la parcela enajenada  sin tener en cuenta su extensión.

 

Pero también existen áreas de aprovechamiento comunitario, a través de la conformación de grupos asociativos entre miembros de la comunidad, que trabajan de forma comunitaria pero distribuyen individualmente las ganancias y aportan parte de la producción en especie para actividades organizativas. En el sector de Caimán Bajo se encontró uno de estos grupos asociativos para la producción, dedicados al cultivo y comercialización de plátano para la exportación; este grupo asociativo esta conformado por seis miembros del sector de Caimán Bajo, donde algunos de ellos todavía no se les ha asignado porción territorial para el desarrollo de sus actividades productivas. Las áreas destinadas a la producción agrícola están localizadazas principalmente en las laderas y el las planicies aluviomarinas.

 

Las áreas de conservación de la comunidad están constituidas por los cativales,  el manglar, la ciénaga,  las cabecera de la cuenca y las desembocaduras de ríos y quebradas. Estas tierras no están asignadas a los miembros de la comunidad y son de uso comunitario, donde se realizan expediciones esporádicas de cacería, pesca y recolección; así mismo son entornos importantes para que los /Inatuleti/ (médicos-botánicos tradicionales) realicen sus recolecciones de las plantas de uso curativo y mágico. Hay un respeto importante por los recursos que allí se contienen y todos los miembros de la comunidad están de acuerdo en su destinación como reservas para la conservación. Las consideran importantes, pues desde su entendimiento de los recursos naturales, son lugares de la reproducción de las especies de avifauna que ellos suelen cazar, por lo que procuran su conservación.

 

Hay otros sectores del territorio que pueden ser considerados como áreas de recuperación, las cuales están constituidas por las porciones de resguardo que estaban en manos de los colonos invasores que han logrado sanearlas; la comunidad ha decidido no intervenirlas para su recuperación natural  y que se dé un proceso de revegetalización. Algunas de estas áreas están asignadas a las familias, pero existe un control comunitario por medio de un reglamento interno.

 

Hay algunas áreas destinadas para la futura ocupación, constituidas por porciones  saneadas del resguardo; estas tierras se encuentran disponibles para las nuevas familias que se vallan conformando en la comunidad, pues prevén su crecimiento demográfico y las necesidad que tendrán estos nuevos pobladores de tierras para el desarrollo de sus actividades productivas y localización de viviendas. Estas áreas son administradas por los /Saklamal/ de la comunidad. Valga hacer la aclaración que en la actualidad esta disponibilidad de tierras no se presenta en el sector de Caimán Bajo y solamente se encuentra en Caimán Alto.

 

Por último se encuentran las tierras invadidas por colonos que no se han podido recuperar y sanear. Son en total unas 300 hectáreas en seis predios que todavía de encuentran en manos de personal no indígena, pero dentro de sus territorios legalmente constituidos y asignado por el Estado bajo la figura de resguardo. Esta situación incómoda a los /Tulemal/ de /Ipkikuntiwala/, pues se ven forzados a compartir su entorno espacial con personal foráneo con los cuales no comparten sus practicas culturales  y su concepción particular del manejo del entorno; estas molestias son más sentidas cuando se trata de mirar las diferentes representaciones simbólicas del territorio y el respeto por lugares sagrados cargados de pensamientos alegóricos.   

 

Esta etnia pertenece a la familia lingüística macro-chibcha. Según los ajustes de población, se pudo establecer para el resguardo de /Ipkikuntiwala/ un dato aproximado de 1.030 habitantes, teniendo en cuenta un promedio de 7.5 habitantes por vivienda para el sector de Caimán Medio y Quebrada /Ule/. El resguardo cuenta, según información obtenida por OIA y Coorpouraba (2002), con una área de 9.456 hectáreas y una población total ajustada de 1030 personas lo que corresponde a una densidad poblacional de 0.1 habitantes por hectárea, distribuidos  en cuatro sectores así:

 

En el sector de Caimán Alto se encuentra un 43.85 % de hombres y un 50.16 % de mujeres que corresponden al 29 % de la población total. Para los sectores de Caimán medio y Quebrada /Ule/ no se pudo establecer la participación por sexo, pero se estima que el 30% y el 15% respectivamente, de la población total se localizan en estos dos sectores.  Y por último encontramos que el sector de Caimán Bajo cuenta con un 50.56 % de hombres y un 49.43 % de mujeres que corresponden al el 25% de la población total localizada en el territorio del resguardo.  Esto muestra un patrón de asentamiento disperso y una disponibilidad de nueve hectáreas por habitante lo que garantiza un crecimiento demográfico sostenido a futuro. En la tabla que se presentan a continuación, se muestra la relación entre la ocupación de la población y el territorio, según la concentración y la densidad poblacional.

 

 

Tabla No. Distribución espacial de la población total del resguardo de /Ipkikuntiwala/

 

Sector

Población Total

%

Total No de Viviendas

Caimán Alto

301

29.22

41

Caimán Medio

312

30.29

39

Quebrada /Ule/

160

15.53

26

Caimán Bajo

267

25.92

31

Total

1030

100

137

 

La estructura de la población según grupos de edad, muestra un porcentaje de participación superior por parte de los grupos catalogadas como población joven (5 19 años), seguidos por la población infantil (de 0 a 4 años); estos datos muestran que la población se caracteriza por una base muy ancha, lo que muestra un proceso de transición generacional, ya que comparativamente la población anciana tiene un porcentaje bajo de participación con relación a la población total.

 

La población joven menor de 19 años, es la más representativa ,seguida por la población en edad productiva, para la cual se consideró en un rango entre los 15 y 64 años; sin embargo para los trabajos comunitarios la edad productiva en el resguardo es de 14 a 50 años, en la realización de trabajos comunitarios como construcción de viviendas, arreglo de caminos, y trochas. A partir de los 15 años las mujeres se vinculan a la vida productiva en la realización de tareas domesticas y los hombres se vinculan a la faena agrícola y demás actividades propias de su género.

 

Uno de los aspectos de la organización social y el parentesco que identifica a la nación /Olo Tule/ es el tipo de familia tradicional; se trata de estructuras basadas en la familia extensa, lo que le da al orden social y cultural particular. La familia entre los /Tule/, se constituye en la célula de las relaciones, pues a partir de los vínculos paternos y maternos es desde donde se origina el reconocimiento del mundo, iniciándose de esta forma  el proceso de aprendizaje que marca un estrecho vinculo entre los individuos, los conglomerados sociales y la cultura, como un mecanismo de integración que tiene fuertes repercusiones en la auto-adscripción, en la exclusión y en los procesos identitarios en general. La familia es pues la celdilla más pequeña de la cultura y la sociedad. Desde esta primigenia unidad se da la orientación para que los individuos reconozcan el entorno y lo llenen de sentido, establezcan las normas de comportamiento y la moralidad, identifiquen y respeten los niveles jerárquicos y autoritarios, se reconozcan los símbolos, entre otras tantas cosas; en términos generales se puede afirmar que en el seno de la familia se le da al individuo la orientación básica para que se integre a un conglomerado humano particular.

 

En el caso de los /Olo Tulemal/ la conformación de las familias extensas están dados por la residencia matrilocal, lo que quiere decir que las unidades domésticas y familiares están constituidas por padres, hijos, yernos y nietos básicamente, auque también pueden vivir los maridos de las nietas y los bisnietos.;  en la conformación estructural de la familia /Olo Tule/, cuando se presenta una nueva unión matrimonial, el hombre se va a residir a la casa de la mujer, donde compartirá el espacio domiciliario con sus suegros, cuñados solteros , cuñadas solteras, cuñadas casados con sus maridos e hijos.

 

La permanencia en la casa de los suegros puede ser temporal o permanente; de todas formas los primeros cinco años de matrimonio se conserva este patrón matrilocal; pasado este tiempo la nueva familia nuclear ya puede buscar un nuevo lugar donde establecer su morada, pues se considera que luego de este lapso, esta estirpe ya tiene las plantaciones suficientes para asumir la responsabilidad del sustento familiar y se le ha asignado una porción de tierra; pero también esta estadía en la morada de la parentela de la mujer puede prolongarse por más tiempo o incluso convertirse en definitiva, dependiendo del tipo de relaciones que se establezcan con el suegro y la designación que éste o las autoridades le hagan a la unión, de tierras para sus actividades productivas.

 

La unidad familiar extensa también es el dispositivo de producción, lo que quiere decir en términos de parentesco, que los hombres se incorporan a las actividades de subsistencia de la familia de su mujer, compartiendo acciones con su suegro, cuñados y concuñados; en estas relaciones de parentesco se establecen jerarquías y el suegro es el que guía la familia y la cabeza de esta unidad residencial, doméstica y familiar.

 

Las reglas de matrimonio tradicional, es decir las normas para la selección de la pareja, reflejan restricciones de segundo grado de consanguinidad, lo que significa que no se pueden establecer uniones entre personas que compartan un mismo abuelo. Esta tendencia también ha venido cambiando entre los habitantes de /Ipkikuntiwala/ por recientes restricciones de movilidad en la consecución de pareja. Estas restricciones están dadas por que en la actualidad se imponen “multas” para aquellos hombres no residentes en /Ipkikuntiwala/ que vengan a contraer matrimonia con mujeres de la comunidad.

 

Entre los /Olo Tule/ rige la endogamia étnica. Difícilmente se acepta que una persona /Tule/ se case con alguien de otro grupo étnico, sea negro, “blanco”, Emberá, etc. Quien llega a cometer dicha infracción queda prácticamente excluido y pierde sus derechos herenciales sobre la tierra. En algunos casos, sólo luego de muchos años y grandes demostraciones de cooperación, por parte del infractor, se le vuelve a aceptar plenamente en la comunidad. La norma matrimonial enfatiza la monogamia, lo  que indica que cada hombre tiene solo una mujer.

 

Entre los /Olo Tulemal/ la filiación, es decir el reconocimiento de la línea de descendencia y la parentela, se da de forma colateral, lo que indica un reconocimiento tanto de la parentela de la madre como la del padre; sin embargo, dada la cercanía que se presenta con la parentela de la madre, hay una tendencia  matrilineal. A parte del reconocimiento de la parentela la filiación colateral también marca las reglas de la herencia, pues tanto los hijos como las hijas reciben de sus padres bienes o tierras.

 

Dentro de la sociedad /Tule/ el chamanismo juega un papel importante, pues estos personajes son los encajados de manejar la relación con la espiritualidad tanto de las personas, como de los seres sobrenaturales y el territorio. El control del espíritu recae en  estos especialistas, labor que se asume con un nivel de especialización al interior de esta esfera de la sociedad; lo anterior quiere decir que se presentan varios niveles chamánicos, cada uno de los cuales será encargado de manejar cierto cúmulo de espíritus para la tranquilidad /Olo Tule/. La importancia del papel de los chamanes en este grupo humano es reconocida por todos sus miembros, a los cuales acuden con regularidad para tratar de sanear las espiritualidades presentes en los territorios y las personas. Se trata pues de personajes que controlan la tranquilidad espiritual y la enfermedad.

 

Se diferencian tres especialistas que son el /Inatuleti/ o botánico y medico tradicional, el /Apsoketi/ o el cantar de los lereos tradicionales y el /Nele/ o el chamán controlador de las fuerzas sobrenaturales y propiciador de la tranquilidad espiritual del territorio.

 

El /Inatuleti/ es el botánico, el cual ha logrado su conocimiento por medio del estudio y es el encargado de recuperar el alma del enfermo para lo cual se ayuda de /Nuchus/ (figuras talladas en madera) mediadoras de los espíritus y de poderes propiciatorios de los espíritus del cacao y de el ají. Además tiene un amplio conocimiento de las plantas de sus entornos naturales de donde extrae las medicinas; en los procedimientos curativos utiliza plantas, pedazos de madera, resinas, segmentos de lianas, granos de cacao, ají y piedras mágicas conocidas como /Akuanusa/. 

 

Los botánicos adquieren su conocimiento por aprendizaje y para lograr tener el control de muchas enfermedades, deben tener en su vida varios maestros. Para recibir estos conocimientos tienen que asumir una posición de aprendiz y ayudante de su profesor por un tiempo determinado; son personajes que nunca acaban su proceso de aprendizaje, pues continuamente están en la búsqueda de nuevos maestros para acrecentar sus conocimientos y de esta forma prestar un buen servicio a la comunidad.

 

El /Nele/ es la persona predestinada desde su nacimiento ha ser profeta, sabio e historiógrafo; es el único ser que tiene las capacidades para visitar los  /Kalumal/ y los /Piriamal/, considerados los sitios sagrados de la gente /Olo Tule/ y es quien diagnostica la enfermedad de las personas y el territorio gracias a su capacidad para identificar cuales espíritus se han robado el /Purpa/ (el alma). A este personaje especial le obedecen los seres de la naturaleza y los hombres; pueden ver el pasado, el presente y el futuro, por medio de estados de trance en los sueños que le dan a conocer todo lo que pasado y conocerá. Se comunica con los seres sobrenaturales y las demás espiritualidades por medios de cantos propiciatorios y por medio de plantas especiales que usa en sus rituales chamánicos.

 

El /Absoket/ que es el otro personaje que utiliza procedimientos chamánicos y puede ser considerado un ayudante del /Nele/ en los rituales, principalmente en la fumada de la pipa de la paz;  canta los lereos que relatan todo lo sucedido en la creación de la Madre – Tierra,  así como en las diferentes capas del sub-mundo y el cosmos y de esta forma le va ayudando al /Nele/, por medio de estos recitales propiciatorios, a ir captando los aliados para poder controlar las enfermedades y los seres sobrenaturales malignas; sus aliados principales son el  rey del balso, el rey del ají, el rey del cacao y el rey del tabaco.

 

En este grupo étnico se presenta una jerarquiazación en el ejercicio del poder, pues se encuentran varios niveles dentro del orden interno de cada cacicazgo; sin embargo esto no implica privilegios económicos para quienes están en el ejercicio del poder, pues deben desarrollar todas las actividades de subsistencia como un miembro más de la comunidad. Esto es una característica especial, pues en otras estructuras de poder cacicales, existen privilegios en las autoridades tradicionales. La autoridad de los caciques solo se ostenta cuando entra a la casa del congreso, donde es envestido por un poder que es reconocido por todos los miembros de la comunidad; cuando sale de este lugar, vuelve a ser considerado como una persona como todas las demás.

 

La estructura tradicional tiene varias jerarquías como los son los /Sakla/, /Arkal/ y /Sualipet/; cada uno con funciones especificas dentro del orden político. Como se mencionó, su poder es ostentado por el conocimiento detallado de la teología tradicional, para lo cual tiene que invertir un tiempo importante para su estudio. No es hereditario, por lo que el ejercicio del poder puede ir rotando por todas las familias y no se presenta una concentración de este aspecto de la vida social. Todos estos niveles son ejercidos por personal masculino, pues las mujeres son excluidas de este tipo de funciones.

 

El ejercicio del control social y el manejo político de este conglomerado humano, se da a partir de las reuniones del congreso denominadas /Ommaket/ que se realizan cada cuatro o cinco días por lo general, aunque en algunas ocasiones puede ser más o menos distanciadas dependiendo de las actividades cotidianas de la comunidad. En estas reuniones los /Olo Tulemal/ se ubican el las bancas que hay recostadas a las paredes de la casa de reuniones, los /Sowalipet/ en medio de la gente, distanciados unos de otros, los /Arkalmal/ en sus bancas especiales en el centro de casa de reuniones y los /Saklamal/ recostados en sus hamacas desde donde hacen sus cantos alegóricos.

 

La comunidad de /Ipkikuntiwala/ sostiene intensas relaciones interétnicas a varios niveles; en primer lugar, con los vecinos más cercanos maneja múltiples relacionamientos; con los habitantes de las cabeceras municipales donde acuden a la compra y comercialización de productos y con los otros grupos indígenas de Antioquia por medio de eventos programados por la organización regional OIA.

 

Los asentamientos más cercanos al resguardo son La Cebita, Tíe y El Totumo. Sus habitantes corresponden a composición híbrida de gente “chilapa” o sabaneros que sus ancestros vienen de Córdoba y Sucre; de personas “costeñas” procedentes de la costa Atlántica; y por último, de negros “atrateños”.  Con esta mixtura de identidades los habitantes /Olo Tule/ de /Ipkikuntiwala/ manejan múltiples relaciones que van desde la amistad, hasta la de empleadores. Por la cercanía, cuando los indígenas requieren de la compra de algún producto o hacer uso de servicios públicos como es el caso de la telefonía, acuden a estos centros poblados, principalmente a El Totumo, donde han hecho muchos amigos, pues los indígenas se constituyen en buenos clientes de los establecimientos comerciales de esta localidad; lo anterior por que manejan un buen nivel adquisitivo si se compara con la mayoría de los habitantes de esta zona donde predominan los campesinos sin tierra. La condición de poseedores de tierra colectiva los pone en una ventaja comparativa con relación a muchos de los otros habitantes de la región norte de Urabá.

 

De otro lado, los indígenas de /Ipkikuntiwala/ sostienen relaciones de mediana intensidad con los habitantes de los centros urbanos de la región, principalmente con las cabeceras de Turbo y Necoclí; como se mencionó, allí acuden a realizar compras, a vender productos y a realizar gestiones en las sedes administrativas de las alcaldías. Aunque son cordiales, en los últimos años se han visto alteradas por los comentarios relacionados con los supuestos impedimentos que ponían para la realización de los trabajos relacionados con el mejoramiento vial.

 

Con relación al espacio del resguardo, sabemos que la cuenca esta conformada por 84 afluentes entre brazos, quebradas y caños que se entrecruzan socialmente con los caminos, los cuales son trochas sinuosas que se ciñen a la topografía del terreno; su cause con una longitud de aproximadamente 25 Km., se constituye en el eje central de poblamiento.

 

La conformación del territorio y las parentelas ha determinado la zonificación del resguardo en tres sectores: Caimán Alto, en las colinas medias de la cabecera del río; Caimán Medio y Quebrada /Ule/, en las colinas bajas y terrazas disectadas; y en Caimán Bajo, en las llanuras y planicie aluviales con influencia marina, y colinas bajas; sin embargo, no se pueden establecer jerarquías en la distribución de las viviendas por la ausencia de un sentido rígido de delimitación del espacio colectivo y los usufructos individuales.

 

La condición de aislamiento de las viviendas, hace que el umbral entre una y otra sea confuso; no se observan núcleos de población propiamente dichos; la tendencia es que la viviendas se encuentren dispersas, donde las familias conservan un patrón de asentamiento predominante en las áreas de las quebradas con retiros que oscilan entre los cincuenta y ciento cincuenta metros, con una tendencia a localizarse en cercanías a la desembocadura de las quebradas y caños al río, denotándose una tradición en la construcción, de tipo rectangular adecuada al terreno, con una disposición de oriente a occidente.

 

Los patrones tradicionales de asentamiento y localización, se han visto drásticamente alterados por múltiples razones, entre las que se destacan la estrechez territorial y la construcción de la vía, hechos que han modificado la localización de las vivienda, trastocando el patrón de asentamiento tradicional.  Sumado a estas circunstancias hay que considerar el deterioro ambiental del entorno del resguardo, que también tiene implicaciones en la pauta de poblamiento, en la concepción territorial y por ende en la estructuración política del mismo.  Esto implicó que en Caimán Bajo el patrón de asentamiento tradicional, se viera alterado mostrando una tendencia de asentamiento lineal sobre la carretera, donde los /Olo Tulemal/, adecuan la vivienda y el espacio social a la existencia de un conjunto de servicios y bienes de consumo colectivo.

 

Alrededor de la vivienda se encuentra el patio, este espacio se integra al ámbito habitacional como extensión del conjunto de las actividades domesticas, productivas y las veinticuatro horas de la cotidianidad. Esta múltiple funcionalidad de este espacio puede servir para fines comunes de socialización, alimentación, crianza de los hijo, trabajo, descanso y esparcimiento; permitiendo expresiones de cohesión y cooperación, que potencializan rasgos de la familia extensa, la cual vive casi al aire libre, ocupando espacios abiertos, propios para interacción social y familiar.

 

La vivienda /Neka/ se encuentra asentada sobre una plataforma rectangular de tierra aplanada con una dimensión de 7 metros de ancho por 12 ó 15 de largo; estas medidas varían de 10 metros de ancho, por 25 ó 30 de largo, si se trata de la casa del /Sakla/ o casa del congreso.  Las paredes están conformadas por varas de caña flecha paradas que se juntan con bejucos de /Sarkitupa/; ésta técnica permite la aireación y la iluminación de la vivienda.  También se construye en tabla de madera, unida con clavos. Para los pilotes o sostenes se prefiere las maderas duras y finas como el corazón del níspero, el bálsamo, el mangle, entre otras, por ser más resistentes a los daños que puede causar la humedad. Tiene una vida útil de quince a veinte años.

 

El techo es de dos aguas, compuesto por una armazón de yola, bálsamo ó níspero, sobre el que descansa una cubierta en hoja de palma amarga; hacia los lados, se da una prolongación de esta cubierta, como dilatación hacia la espacialidad externa, área peri-domiciliaria, destinada a la vida de relaciones sociales, como proyección de la interioridad doméstica donde se ubican bancos /Kanso/ y se dan los contactos habituales de los moradores con sus visitantes.

 

Al salir por la puerta ubicada en la parte lateral o trasera encontramos otra construcción independiente y similar donde se localiza la cocina, de donde del techo cuelgan los puños de arroz /Tukkuen/; dotada por un fogón /So/ elevado sobre una plataforma de madera rellena de tierra junto con la leña que sirve como combustible y otros más, en el piso de tierra según el numero de los hogares, que  pueden ser de tres troncos; Al lado, sobre una mesa rústica, reposan las ollas /Pormomal/ los vasos /Nokmal/,  los platos /Patemal/ y los demás utensilios de cocina, la cuchara de revolver /Wiwir/, las totumas /Napamal/ el canasto para guardar los alimentos /Karpa Immiatale/ y el canasto para cargar el plátano /Karpa/; el abanico de iraca /Naiwal/; y dos poncheras con agua donde se lavan los platos y ollas. Este es el espacio por excelencia de la mujer y ella administra y designa labores; acarreo de leña, la lavada de los platos y arriada del agua; en estos oficios participan los hijos , los cuales los conjugan con el juego.

 

Las pocas estructuras que son construcciones nuevas o renovadas, son producto de actos de aculturación que imitan construcciones urbanas, presentando desviaciones frente al patrón original como resultado de procesos asociados a la economía del plátano, donde se evidencia un nuevo marco de capacidad adquisitiva y de necesidades.  Este proceso se refleja en las modificaciones que en los últimos tiempos se han presentado en el resguardo frente a la construcción y arreglo de las viviendas, vinculados a un cambio de mentalidad, que se orienta a la consecución de mejores niveles en la calidad de vida, basado en una idea de progreso foránea. Estas nuevas formas de solucionar el problema de vivienda van variando las pautas culturales, proponiendo nuevos estilos de vida que se afianzan con la innovación en uso y pautas de distribución espacial, donde a los valores de funcionalidad, protección y albergue de la vivienda tradicional, se suman los del prestigio y la estética. Se comienzan a adjudicar nuevos usos al espacio habitacional replanteándose así la organización natural y la identidad del grupo, los cuales interiorizan nuevas relaciones de convivencia, donde se empieza a adecuar la composición familiar a un modelo tipo de vivienda.

 

La vivienda tiene una connotación que trasciende su condición práctica de cubrir necesidades fundamentales de albergue y abrigo y se constituye en el microcosmos, desde donde se establece una dialéctica entre hombre y naturaleza, se da la explicación del origen y se estructura el ordenamiento social.

 

En su concepción simbólica la vivienda significa lo cósmico, la creación y la trascendencia. Para los /Olo Tulemal/, la vivienda /Neka/ es el espacio, la tierra humanizada.  La casa del congreso /Onmaket Neka/ representa  la Madre Tierra y todo lo creado por /Papa/.

 

Dentro de la concepción simbólica de la vivienda, la estructura horizontal representa la organización política y articula la familia, la comunidad y el territorio en función de un orden político, el cual se estructura bajo la figura del cacicazgo que define la división de poderes, los cuales se jerarquizan según las funciones que deben cumplir, al igual que regula el comportamiento de los miembros de la comunidad.

 

Haciendo una lectura desde el eje central de la vivienda, encontramos los horcones principales que sostienen la estructura y armazón de la casa; estos son la representación de los /Saklamal/ que tienen la función de dirigir a su comunidad y de orientarla a partir de profundos conocimientos teológicos; así como los horcones sostienen la estructura central de la vivienda, los /Saklamal/ soportan el pueblo y toda la cultura. Aquí encontramos además una estrecha relación entre poder, vivienda y familia, pues el termino /Sakla/ tiene la connotación o significado de gran suegro o suegro sabio. Vemos pues como se articulan las concepciones de la familia extensa con el ejercicio del poder y estas están representadas en la estructura de la vivienda.

 

Los Horcones cortos como sostenes  menores de la vivienda y que ayudan a soportar el techo son la representación de los /Arkalmal/ quienes tienen funciones de transmitir en un lenguaje cotidiano las historias teológicas.  Se nota pues como los horcones cortos ayudan a sostener el recinto domiciliario, así como el /Arkal/ ayuda al /Sakla/ en la perduración de la tradición y la identidad /Olo Tule/. Los /Saklamal/ y los /Arkalmal/ son los soportes de la sociedad a través de los conocimientos teológicos, así como los horcones largos y cortos sostienen el hábitat tradicional de la familia extensa.

 

Los sostenes de la pared son la representación simbólica del /Sowalipet/, policías o alguaciles, quienes son encargados de prestar funciones logísticas a los /Saklas/.  Si consideramos que las cañas que conforman las paredes son los /Olo Tulemal/, podemos ver claramente representado el papel del /Sowalipet/ en la estructura de la vivienda. Horcones largos, horcones cortos y soportes de pared sostienen y dan estabilidad a la vivienda, así como el /Sakla/, el  /Arkal/ y el /Sowalipet/  sustentan la tradición  /Olo Tulemal/.

 

La realización de la actividad agrícola les permite a los /Olo Tulemal/ la autonomía económica y su trabajo es considerado el principal valor social; además se considera como la forma de acceder a los beneficios de los otros mundos. “Quien siembra suficientemente durante su ciclo vital y se esmera por el cuidado de la naturaleza, tendrá una vida descansada y placentera después de su muerte”. Así se expresan los habitantes de la comunidad, cuando quieren referirse a su estadía temporal en /Nap Kuana/.

 

La agricultura se constituye en la principal actividad de subsistencia. El proceso básico de cultivo es un sistema de agricultura migratoria y de rotación de cultivos. Según la posición geomorfología los cultivos se distribuyen así:

 

  • En llanuras Aluviales y marinas no inundables, así como en las llanuras aluviales de valles interandinos, se encuentra preferiblemente el cultivo de plátano; a lo largo del río hasta la parte alta, se cultivan otras variedades de musáceas entremezclado en los cultivos de plátano hartón.

 

  • En terrazas localizadas a lo largo del rió, se establecen los huertos con cultivos mixtos en estratos con árboles frutales, maderables, palmas, arbustos y enredaderas medicinales y para la alimentación.

 

  • En las laderas de colinas bajas con pendientes moderadas a ligeramente inclinadas  y en las colinas medias en relieve ondulado a ligeramente quebrado, se cultiva arroz, yuca, maíz y algunos tubérculos entre los que se destacan la yuca, el ñame y la malanga, mafafa o rascadera.

 

En el resguardo la actividad agrícola esta diferenciada según los tipos de cultivos y el destino de la producción, lo que permite dividirla en dos categorías: los cultivos transitorios y los cultivos permanentes.

 

Se ha presentado una transición de los cultivos tradicionales a los de tipo comercial como el monocultivo del plátano, lo que introduce cambios en su racionalidad productiva por una inserción a la lógica del mercado y la dinámica de costo beneficio propia de la racionalidad capitalista, donde la producción pasa de tener un valor de uso a uno de rentabilidad, incorporando a su vez una transformación de las relaciones de producción hacia el exterior, lo que se refleja en la contratación de mano de obra de personal no indígena (/Waka/).

 

La inserción a una lógica de consumo y de concepción de nuevas necesidades, genera rupturas internas por la época de transición generacional que enfrenta la población actual, generando además la desarticulación, diferenciación y desigualdad.

 

En la actualidad el espacio del monte en el resguardo se encuentra en un proceso de regeneración natural y transición sucesional de rastrojos bajos a altos, con algunos relictos de bosque primario y secundario, que hacen parte de las zonas de protección y las áreas de reserva mítica de la comunidad, entre los que se destacan los /Kalumal/ donde interactúan todas las fuerzas naturales y sobrenaturales y habitan los reyes de las plantas y los animales así como los espíritus de las enfermedades.  Las áreas de mayor extensión se encuentran principalmente en Caimán Alto, Caimán Medio y Quebrada /Ule/ y algunas localizadas en Caimán Bajo, que ocupan las laderas de las colinas bajas amenazadas por la expansión del monocultivo del plátano. En el momento actual el uso principal del espacio de rastrojos y montes es la revegetalización.

 

El aprovechamiento forestal en el resguardo con fines comerciales, se realiza cada cinco años, bajo la autorización y la supervisión de la autoridad ambiental (CORPOURABA), entidad que expide los permisos colectivos de aprovechamiento; así mismo se dan controles de las autoridades tradicionales del resguardo, quienes lideran el proceso y coordinan las actividades; aunque los beneficios son individuales, se cobra una especie de impuesto el cual es pagado por el arriero, aserrador y dueño de la madera, para un fondo comunitario.

 

La recolección se realiza en cualquier momento y época; esta asociada principalmente a la recolección de plantas, las cuales pueden tener varios usos según su utilidad que pueden ser alimenticias, medicinales, ceremoniales, o materia primas. Dentro de las alimenticias se destacan la centella, cacao silvestre, almendra silvestre, churima, churima gruesa, caña agria, chontaduro, mamoncillo, guama, ciruelas, coroso, entre otros.  El consumo se da de acuerdo a la época de fructificación. En la actividad la recolección de alimentos es muy baja y en en el sector de Caimán Bajo, dadas las condiciones de deterioro de los espacios de rastrojo y monte, tiene muy poca incidencia en las practicas alimentarías y en el aporte nutricional en la dieta de estos pobladores.

 

Con relación a las plantas Médico-mágico-religiosos, se observó que son recolectadas por especialistas, los /Inatuletimal/ y los /Nelemal/, aunque también hay unas de uso general para tratamientos o procesos curativos básicos, que son manejados por la mayoría de los miembros de la comunidad.

 

Las plantas recaudadas y utilizadas como materia prima son mucho más representativas que las obtenidas para la alimentación, pues se observó la gran importancia e incidencia que tienen en las actividades cotidianas de la comunidad en la elaboración de múltiples objetos y menajes tanto domésticos, como culinarios. Los habitantes de /Ipkikuntiwala/ recolectan plantas para las construcción de la vivienda tradicional, para la elaboración de embarcaciones de mar, canastos objetos de la cocina, etc.  Entre las de usos generales se destaca la iraca , para la fabricación de utensilios y tejido de cestos /Karpamal/ utilizados en el menaje doméstico para almacenar alimentos y guardar objetos. Estas plantas son recolectadas en entornos ribereños así como en las zonas de nacimientos de agua, en las ciénagas y manglares.

 

La cacería ha sido una de las practicas de subsistencia más afectadas por los procesos de presión sobre el territorio y por las restricciones de desplazamiento de los miembros de la comunidad, limitados al área del resguardo para esta actividad, por la situación del orden público; antiguamente se extendía desde San Pedro de Urabá hasta Currulao, abarcando todo el sector noroccidental de la serranía de Abibe.

 

La pesca en el río es un aporte fundamental de las actividades para el autoconsumo y se realiza con cierta frecuencia y la participación de los miembros de la unidad familiar. La frecuencia de pesca es cada mes o veinte días durante todo el año, pero la época de mayor abundancia es el invierno, pues cuando llegan las lluvias se acostumbra pescar en las orillas y en la vegas del río, en las horas de la tarde; ésta actividad se realiza exclusivamente para el autoconsumo, donde una parte de la producción se ahuma para el consumo de la unidad doméstica y la otra es regalada a los miembros de la familia extensa, en orden de importancia así: el suegro, los hermanos y demás parientes.  Entre las especies que no se capturan se encuentra la babilla, de resto todos los peses se consumen; el pescado más abundante es el liso y el pez más grande que se coge en el río alcanza las dos libras.

 

El mar delimita el resguardo por la parte occidental y en el territorio indígena existe unos siete kilómetros de playa. En sus cercanías se encuentran espacios de conservación importantes como el manglar, la ciénaga y la desembocadura del Río Caimán Nuevo, entornos que son celosamente protegidos por la comunidad. Aparte de ser un espacio que dinamiza las actividades tradicionales de consecución de recursos, es la ruta de comunicación con los otros territorios /Tulemal/ de Colombia y Panamá; esta última característica es muy valorada por los habitantes de /Ipkikuntiwala/, pues les brinda la posibilidad de llevar una fuerte intensidad en las relaciones intraétnicas. Es bueno resaltar que este aspecto es un elemento característico de este grupo humano y en él sustentan gran parte de las estrategias de conservación de su identidad cultural; los viajes a la comarca de /Kuna Yala/ en San Blas y a los territorios de /Makilakuntiwala/ en Arquía, les son vitales en su continua re-configuración étnica y en el fortalecimiento de los lazos de fraternidad y parentesco que son en gran medida el sustento de la identidad cultural. El mar es pues ese espacio necesario de las comunicaciones y de la interacción. En síntesis, este espacio potencia actividades productivas de pesca y recolección, de diversión y sano esparcimiento, así como de intercambio y comercio.

 

El espacio del mar como sitio de provisión alimenticia para la comunidad de Caimán Bajo ha venido perdiendo funcionalidad, pues ya no se pesca con la misma frecuencia de tiempos anteriores, a pesar de la generosidad de la naturaleza marina; los miembros de la comunidad aducen este desuso a las frecuentes incursiones de pescadores no indígenas de la zona, quienes entran con sus chalupas de motor y grandes redes al área de plataforma marina que rodea el territorio del resguardo, hechos que según ellos han diezmado considerablemente el recurso íctico, al cual es muy difícil acceder con las practicas tradicionales de pesca, pues estas implican gran inversión de tiempo y muy baja productividad.

 

El mar a potenciado el mantenimiento de un comercio intraétnico e internacional que se remonta a las historias de origen, de conquista y resistencia, de alianzas con piratas y defensa del territorio.  Esta practica en la actualidad se mantiene con gran rentabilidad económica tanto para los /Olo Tulemal/ de /Ipkikuntiwala/ como para los /Olo Tulemal/ de la comarca de San Blas, donde los miembros de estas comunidades, establecen continuos flujos de intercambio y comercio de preciados bienes en un circuito de 315 islas habitadas y el continente de tierra firme entre el Istmo de Panamá y el Golfo de Urabá. De esta forma se logra una integración indisoluble entre las comarcas /Olo Tule/ Panameños y los territorios /Olo Tule/ colombianos.

 

El establecimiento de estas complejas redes operan como una estrategia de permanencia cultural e integración territorial de la nación /Olo Tule/.  A través de la lealtad étnica y la familia extensa se establecen flujos de intercambios en lo económico, social, político, simbólico y ,teológico.

 

Los territorios sagrados de /Ipkikuntiwala/ son celosamente custodiados por todos los miembros de la comunidad; allí, se encuentran los hábitat  de las entidades malignas y benignas y los /Olo Tulemal/ no osan explotar los recursos, pues de su conservación depende la tranquilidad espiritual de sus territorios y parientes, pues cualquier atropello a ellos se paga con grandes costos, no solo para el agresor, sino para todos los habitantes de la comarca. 

 

Los /Kalumal/ se encuentran en zonas boscosas y húmedas, mientras que los /Piriamal/ se localizan debajo del agua; a partir de esta ubicación, es posible hacer un paralelo con el termino ecológico de hábitat o lugar donde se reproducen o alimentan las especies. Su alteración puede desencadenar en la ruptura de las intervenciones que se dan en un ecosistema. Por todo lo anterior, estos sitios sagrados cumplen la función de residencia y de génesis u origen de los recursos naturales y de los hombres y por su destrucción, perturbación o alteración se pueden generar epidemias.

 

En estos lugares míticos viven las espiritualidades  como en comunidad y los /Olo Tulemal/ hacen la comparación de los sitios sagrados con la sociedad /Tule/ que viven y de esta forma están organizados los habitantes de los /Kalumal/ y los /Piriamal/; al igual que a los /Tule/, a estos habitantes no les gusta que los molesten, ni que le produzcan ruidos que incomoden la estadía en su morada; así mismo también realizan congresos donde se reúnen para tratar sus aspectos comunitarios. Consideran que todos ellos están comunicados, así como las comunidades /Tule/ y que se defienden colectivamente cuando alguno de ellos es molestado; para su comunicación se sirven de los árboles grandes que son considerados como antenas de comunicación.

 

La /mola/ se ha convertido en un elemento indicador de este grupo humano y una artesanía apreciada un muchos lugares del planeta; estos productos le han dado la vuelta al mundo y en estos momentos generan importantes ingresos a los miembros de las comunidades /Tulemal/.

 

Anteriormente solo era elaborada como parte del vestuario tradicional de la mujer /Olo Tule/ y en la actualidad, aunque sigue siendo parte importante de la indumentaria femenina, se elabora para la comercialización. Las encargadas de manufacturarlas son las mujeres, quines dedican gran tiempo ha esta actividad. Cada mujer tiene sus propios diseños y son tan particulares que entre ellas son capaces de identificar quien la elaboró. Suelen hacer en algunas ocasiones “encierros” para concentrarse y tener mayor capacidad de diseñar nuevos motivos; esta actividad hace parte importante de los roles de la mujer y es una de las características que se miran a la hora de evaluar si es responsable y con buenas cualidades. Lo anterior quiere decir que es un oficio con un alto reconocimiento entre los miembros de la comunidad. Si una mujer no sabe hacer /mola/ es considerada “dejada” y que no sirve para el matrimonio. Los insumos para su elaboración son traídos desde San Blas por aquellas personas que viajan a llevar víveres y otros productos; a su regreso traen telas e hilos que las mujeres compran para tal efecto.

 

En la actualidad las mujeres de /Ipkikuntiwala/ desarrollan esta actividad en las casas en sus tiempos de descanso y durante las reuniones del congreso. Aprenden a realizarlas desde los 10 o 12 años, las cuales son inducidas a ello por sus madres, hermanas y tías maternas. Inicia sus labores con diseños sencillos y en la medida que va perfeccionado la técnica, empieza a implementar los suyos propios, que con el tiempo se convertirán en un huella personal e identificable por los otras miembros de la comunidad.

 

Esta artesanía por su reconocimiento en los mercados y por su alto valor estético, se ha convertido en un elemento de identidad que a la vez genera importantes ingresos a las familias /Olo Tulemal/. De esta forma comercio, tradición y artesanía se entrecruzan para fortalecer la identidad.

 

El monocultivo del plátano se ha venido implementando en el sector de Caimán Bajo por las grandes posibilidades que existen para su comercialización que ofrecen las empresas exportadoras; también es un mecanismo adaptativo a las nuevas circunstancias de la dinámica regional; así mismo es una respuesta a la fuerte intervención generada sobre este sector del territorio, donde han visto reducida la base de recursos y sus posibilidades productivas tradicionales para garantizar la subsistencia.

 

Estos hechos han generado la transición de los cultivos tradicionales a los de tipo comercial como el monocultivo del plátano, lo que introduce cambios en su racionalidad productiva por una inserción a la lógica del mercado y la dinámica de costo beneficio propia de la racionalidad capitalista, donde la producción pasa de tener un valor de uso a uno de rentabilidad, incorporando a su vez una transformación de las relaciones de producción, contratación de mano de obra externa o particular.

 

El dinero que se acumula en la venta de los anteriores productos, es invertido en la compra de parte de la canasta familiar, así como en vestuario y en insumos agrícolas. Para estas actividades acuden a los sectores comerciales de las cabeceras municipales de Turbo y Necoclí.

 

La comunidad de /Ipkikuntiwala/ inicia su proceso fuerte de transformación inducida y no planificada cuando por sus territorios vieron llegar colonos occidentales que venían tras la extracción de recursos naturales como la tagua, el caucho y raicilla; estas personas sólo ocupaban el territorio por temporadas, situación que se repetía cada año. Este acercamiento forzado empieza a tener consecuencias en la comunidad, pues se inicia un cambio en la valoración de los recursos naturales; veían que era posible obtener algún beneficio de su explotación; aunque al principio no lo hicieron, les quedó la inquietud sobre esa nueva alternativa que para los “otros” le era rentable.

 

Aquí encontramos pues una primera situación de cambio cultural para la comunidad que chocaba con toda la concepción tradicional sobre el manejo de los recursos naturales y en general con la tierra, que para ellos es más que el lugar de residencia, ya que hay toda una concepción maternal, considerada como la madre de todo lo existente.

 

Al disminuir la oferta ambiental animal, se transforman además los roles de los hombres, pues la cacería no es sólo una estrategia para la consecución de la proteína animal, sino que también marca elementos del status masculino, donde los buenos cazadores son reconocidos socialmente y gozan de un prestigio entre los miembros de la comunidad. Se constituye quizás en la única actividad propia de los hombres, pues todas las demás pueden realizarse por los dos sexos. Cambio en la oferta animal y cambio de los roles masculinos van ligados y el desequilibrio de uno, conlleva a la transformación del otro.

 

Como vemos estas primeras incursiones esporádicas trajeron algunas consecuencias que provocaron cambios en la cultura del pueblo /Olo Tule/ de /Ipkikuntiwala/, como lo son el inicio de una nueva valoración de los recursos naturales, deterioro de los recursos de sus territorios, modificación de los roles masculinos y renovaciones en las estrategias de subsistencia tradicionales.

 

Estas incursiones esporádicas y periódicas, se convirtieron con el paso de los años en permanentes, lo que puso nuevamente a la comunidad en una situación de cambio inducido por agentes exógenos; hay que aclarar que todo cambio es asimilado y reinterpretado desde un universo cultural y simbólico particular e incorporado de alguna manera a la cultura, por que de lo contrario, los grupos étnicos estarían aniquilados; estas es precisamente la situación de esta comunidad y desde esta perspectiva hay que mirar los cambios como mecanismos de adaptación y de resistencia cultural para poder seguir existiendo como nación, como pueblo, como conglomerado humano particular. Visto desde esta forma, los habitantes indígenas de la cuenca del Río Caimán Nuevo, emprendieron una nueva estrategia de adaptación que les permitiera seguir ocupando el territorio que consideran ancestral.

 

Esta ocupación permanente los puso en una situación de crisis. En primer lugar tenían que compartir el espacio vital con otras personas que tenían una cultura —o varias— diferente; así mismo el deterioro de los recursos naturales fue mayor, provocando un incremento en el déficit alimentario de la población que todavía no había asimilado definitivamente otras formas de explotación y usufructo de los recursos. También los puso a dudar sobre la legitimidad de sus territorios y los llevó a considerar su vulnerabilidad en este aspecto, pues no contaban con estrategias claras para defender la usurpación de sus tierras.

 

La convivencia prolongada con miembros de otras culturas les posibilitó incorporar pautas comportamentales exógenas que redundarían como es obvio en cambios culturales en cuanto a las tradiciones alimenticias, de relacionamiento social y hasta lingüísticas, pues se veían en la imperiosa necesidad de aprender otra lengua para por lo menos defender su territorio; comprender al “otro” implica así mismo transformarse en él, sin dejar de ser uno mismo; este es precisamente el dilema que vivía en esos momentos difíciles la comunidad. Compartir el espacio con “otro” no es simplemente el ejercicio de “co-habitar”; es mucho más que eso, es algo tan complicado como “co-existir” que quiere decir respetar, entender, convivir. Pero para que se de esto, es necesario que las partes partan del mismo principio, situación difícil cuando se trata de dos esquemas culturales antagónicos y sobre todo en aspectos relacionados con la concepción de los recursos naturales. Para los /Olo Tule/ estaba en juego la subsistencia y tuvieron que optar por estrategias de cambio que les permitiera soportar la situación. Pero también inconscientemente fueron incorporando a su esquema tradicional de comportamiento y representación algunas elementos que estos nuevos habitantes traían. Como puede verse el problema del cambio sociocultural, no es solo de adaptación, es también un juego de ganancias y pérdidas muchas de las cuales son inconscientes y no se perciben como tal, mientras otras son estrategias de mimetización y resistencia.

 

El deterioro significativo de los recursos naturales tiene consecuencias obvias relacionadas con el cuestionamiento de la efectividad de las practicas tradicionales de subsistencia, cuando las condiciones ambientales son trasformadas de forma drástica. Cuestionarse los practicas tradicionales de subsistencia no es sólo buscar nuevas estrategias para encontrar comida; es, aparte de eso, incorporar al esquema de representación y simbólico, nuevos elementos que permitan introducir comportamientos con los recursos. La relación con los recursos no es solamente estomacal; en grupos étnicos como el de los /Olo Tule/ es algo trascendental y cargado de alegorías como quedo claro de todo lo expuesto en este estudio; cambiar pues esos comportamientos implicó una modificación en su estructura cosmogónica. Lo anterior no puede ser entendido como la perdida total de la identidad; hay que mirarlo bajo la óptica de la adaptación y la re-interpretación de las historias de origen.

 

Por otro lado, el tratar de defender los territorios les conllevó a conflictos con los invasores; esta es una nueva situación que genera cambio, pues era necesario incorporar nuevas estrategias par lograr el propósito. La confrontación hace que los miembros de una cultura adquieran nuevos comportamientos que le permitan salir triunfante de dicha confrontación. De otro lado la invasión misma es una actitud de discriminación pues no se le reconoce al “otro” el principio de la propiedad y se le considera como inferior e incapaz de defenderse. La discriminación como es evidente tiene consecuencias en el cambio comportamental de los individuos, que tienen que reaccionar, esta vez si concientemente, ante una situación que los perjudica. Esta dinámica de cambio provocada por la discriminación trajo importantes frutos como lo fueron la fundación de la OIA y la ONIC, donde miembros de /Ipkikuntiwala/ participaron activamente. Contra la discriminación, la estrategia de cambio fue unirse los discriminados en causas comunes como la tierra, la cultura, la educación y la salud; estas fueron las consignas de los movimientos indígenas por muchos años. De esta forma discriminación y organizaciones indígenas van unidas en el cambio cultural planificado.

 

El cambio cultural planificado llevó a los miembros indígenas del territorio de /Ipkikuntiwala/ a emprender una dura campaña de saneamiento del resguardo, que los llevaría a nuevos cambios culturales; en esta ocasión tuvieron que aprender a relacionarse con el estado y a conocer sus instituciones para lograr el propósito. Se generan cambios de actitud que tienen que ver con el reconocimiento de una realidad nacional que hasta ahora no les traía grandes consecuencias. Lucharon hombro a hombro con otras compañeros indígenas de otras etnias para lograr el reconocimiento de sus identidades y la legitimidad de sus tierras. En estos “ires y venires” por las instituciones del estado, ganaron espacios de participación que nuevamente les acarrearía cambios culturales y sociales; participaron el la constituyente, se volvieron cenadores, representantas a la cámara, diputados, concejales. Esta situación no fue ajena a /Ipkikuntiwala/, pues algunos de sus miembros participaron el la política regional. Pero nada es gratuito; todo genera cambio y ahora hay una nueva situación que introduce cambios socioculturales: la incorporación a la política nacional.

 

Como vemos, la invasión de los territorios de /Ipkikuntiwala/ trajo cambios inducidos, inconsciente y planificados que hicieron que se diera una nueva redefinición de la identidad, como un proceso continuo que no acaba en las culturas y que le es inherente a cada una de ellas.

 

La situación descrita anteriormente empata y se traslapa con lo construcción de la vía Turbo – Necoclí, también generadora de cambios socioculturales y trasformadora de las estrategias adaptativas de este pueblo milenario. Nuevamente los indígenas de /Ipkikuntiwala/ se deben enfrentar a una situación exógena que tenían que incorporar a su vida cultural y social, a partir de transformaciones de sus actitudes de representación y de la praxis.

 

Lo primero que enfrentaron los indígenas fue el desconocimiento de una autonomía territorial y se dieron cuenta que por sus territorios podían hacer las obras que el estado se proponía; nuevamente se enfrentan a una situación de discriminación donde no se tuvo en cuenta el punto de vista de los indígenas ante el desarrollo y se dieron cuenta que este se piensa para el beneficio de unos, pero para el detrimento de otros; se dieron cuenta que existía la idea de una cultura nacional que pretendía homogenizar la existencia de todos los ciudadanos y que se quería que todos ellos compartieran los mismos criterios sobre lo que es conveniente y sobre lo que no lo es. Esta situación generó cambios relacionadas con la forma de asumir las relaciones con el estado “homogenizador”. Estos cambios tienen que ver con tratar de consolidar las organizaciones indígenas y luchar por sus reconocimientos y por que se les tome en cuenta en la decisiones que les compete directamente. De este proceso ya hablamos arriba y analizamos las causas y consecuencias del cambio.

 

Cuando realizan las obras de la apertura de la carretera, lo primero que sucede es un desorden espiritual del territorio por la afectación de los sitios sagrados. La comunidad tiene que actuar rápidamente y se da cuenta que sus rituales tradicionales ya no sólo los tienen que implementar cuando ellos mismos provocan un desequilibrio de territorio, sino cuando son agredidos por el /Waka/. esto genera un cambio en la población que tiene que ver con reafirmarse más en lo propio y no esperar de la cultura dominante un comportamiento acorde con toda su cosmogonía; ya tenían que convivir con un agente exógeno que era como una cicatriz que atravesaba cinco kilómetros de sus territorios. Con el paso del tiempo esa cicatriz se convirtió en un sitio sagrado; es así como la carretera se convierte en un /Kalu/ y en un /Piria/ a la vez, que puede ser controlado desde su universo cosmogónico, teológico y simbólico. Se observa pues una incorporación en el pensamiento simbólico de un agente externo, para poderlo manejar de acuerdo a sus mecanismos tradicionales de control espiritual del territorio; se trata de una adaptación desde el universo de la representación, de un cambio de espacio, pero no de la alegoría que lo controla y lo domina.

 

La carretera intensifica la llegada de colonos y lo que es más grave y dificultoso la llegada de los terratenientes; en estos momentos los indígenas de /Ipkikuntiwala/ conocen un poder hasta ahora desconocido por ellos; se trata del poder de aquellos que con dinero quieren aniquilar hasta la cultura misma. Nuevamente se presenta un cambio en la estrategia de relacionamiento con los foráneos; ahora no se trata de aquellos campesinos pobres sin tierra que años atrás habían llegado a su territorio tratando de solucionar una situación de desarraigo y desplazamiento. Estos nuevos interlocutores tenían los medios para lograr levantar la figura de reserva indígena que amparaba sus tierras. Conocieron el poder del dinero y buscaron estrategias de cambio que les permitiera sortear esta nueva situación.

 

Por último, la carretera trajo a sus actuales vecinos para que se formaron los asentamientos que se encuentran en sus alrededores; aquí hay una nueva situación de cambio que tiene que ver con la intensificación de las relaciones interétnicas, que hace modificar las concepciones del “otro” y los pone a en un juego de relaciones que auque ya conocían, ahora se vivían con mayor intensidad.

 

De otro lado, la vía los integra a una dinámica regional teniendo que asumir nuevos retos dentro de un territorio que presenta una configuración cultural bastante diversa y con el cual se juegan muchos intereses económicos nacionales e internacionales. Nuevamente los /Tulemal/ de /Ipkikuntiwala/ reaccionan ante las presiones de afuera con mecanismos adaptativos que combinan elementos propios y elementos de afuera, viviendo permanentemente entre la tensión de la tradición con la innovación.

 

La llegada de la vía y la incorporación a la dinámica regional, trajo como es lógico un cambio en las estrategias productivas y la incorporación del cultivo del plátano para la exportación en el territorio de /Ipkikuntiwala/. En la zona norte de Urabá se promovió este cultivo, pues los suelos favorecían su producción y las multinacionales ya habían abierto en mercado internacional de este producto; los indígenas, como habitantes de esta región no fueron ajenos a esta situación e intensificaron en sus tierras este producto, que se vendía como la salvación y panacea de la región del Urabá norte.

 

Ya estos pobladores veían disminuidas las posibilidades de seguir subsistiendo bajo los preceptos tradicionales, pues por las razones anteriormente mencionadas, sus recursos naturales estaban en un estado de deterioro avanzado y las practicas de cacería y recolección se habían reducido considerablemente. Dadas estas circunstancias se dieron los cultivos de plátano en el resguardo.

 

Los indígenas se involucraron fuertemente en esta producción hasta el punto que hoy hay quienes exportan de 800 a 1.000 cajas de este producto semanalmente, lo que se redunda un ingresos importantes. Pero esta no es la situación predominante, pues también hay quienes solo pueden embarcar únicamente hasta seis en las épocas malas. Esta transformación se puede mirar como un mecanismo adaptativo a las nuevas condiciones ambientales de sus territorios y a los condicionamientos de la nueva dinámica regional.

 

Pero como hemos mirado, los cambios no llegan solos; son acompañados de otras transformaciones que en muchos casos no se controlan, ni mucho menos se planifican. Desde nuestro punto de vista, esto fue lo que posó, o mejor dicho, está pasando en /Ipkikuntiwala/; los ingresos producto de la comercialización del plátano, están incrementando los niveles de consumo y la inserción de la comunidad a las economías de mercado. Las consecuencias en esta incorporación están por mirase, pues es un proceso que apenas comienza.

 

Plátano, vías de comunicación y economías de mercado estas unidos por un vínculo ineludible en la zona norte de Urabá y los indígenas de /Ipkikuntiwala/ están buscando la forma de acomodare a esta ligadura indisoluble. Habrá que mirar que pasa con el tiempo.

 

 

8.1.2 Etnia Zenú

 

Los indígenas Zenues habitantes de Necoclí, se localizan en cuatro comunidades, aunque sólo una de ellas posee tierras de resguardo; las otras están buscando soluciones a la ocupación del territorio; estas comunidades son El Volao, Vara Santa, Caracolí y Bocas de Palmitas. Estos pobladores comparten su condición étnica con habitantes del departamento de Córdoba, municipio de San Andrés de Sotavento, y algunos otros municipios de Urabá como San Juan y Arboletes. También hay pequeños asentamientos Zenues en Chocó, Sucre y sur de Bolívar.

 

El resguardo indígena El Volao está conformado por 404 personas, que se subsisten básicamente de la agricultura, con cultivos de maíz, plátano, ñame, yuca, fríjol, ajonjolí, achote, cacao, café y otros frutales. Las familias siembran un poco de todo, principalmente para autoconsumo. En la parte pecuaria observamos crías de cerdos, carneros y aves utilizados para el autoconsumo a nivel familiar y en piscicultura se manejan especies como cachama y bocachico[3].

 

Actualmente reciben apoyo económico para el fomento agrícola, de Suiza a través de la organización indígenas por intermedio de la OIA, y asignaciones económicas especiales del Gobierno Colombiano, a través del Sistema General de Participaciones, y se distribuyen en todas las áreas y proyectos productivos de acuerdo al porcentaje que el cabildo decida, en cumplimiento de la ley 715 de 2001. Las mujeres están organizadas en un comité y contribuyen al desarrollo productivo a través de cultivos de hortalizas y en  cada  familia la mujer se responsabiliza de su huerta.

 

Su problemática económica radica en la ausencia de proyectos productivos, que involucren a la comunidad desde la municipalidad, teniendo en cuenta las características especiales de su producción. Los constantes conflictos sociales, y el hecho de estar ubicados en una zona donde han operado grupos armados al margen de la ley,  han originado en gran parte la pérdida de sus costumbres.  Actualmente están en un proceso de rescate  de su cultura, y prevaleciendo el rescate de semillas tradicionales; se resalta la forma de cultivar, su valoración del maíz al igual que del cultivo del plátano y otras prácticas artesanales desarrolladas por la comunidad.

 

La unidad familiar es numerosa, predominando las familias extensas y recompuestas. Dentro de su organización familiar las mujeres son las que mejor organizadas están, las cuales reciben capacitaciones en contabilidad, elaboración de proyectos, género, manejo de patio, promotoras de producción, crías de gallinas y huertas caseras.  Todas estas capacitaciones han sido apoyadas por las organizaciones no gubernamentales  SUISE y  OIA[4].

 

Gran parte de la niñez se beneficia con la asistencia alimentaria del restaurante escolar que tiene una  capacidad para 80 niños, teniendo en cuenta todas las comunidades y resguardos indígenas. En general se observan  procesos de pauperización en las familias, generadas por falta de un empleo o de una actividad agrícola más organizada, que permita suplir necesidades básicas como la alimentación.

 

La Comunidad de Caracolí está compuesta de 118 personas, su economía es netamente agrícola, con producciones de maíz, plátano, yuca, ñame, arroz, fríjol, ajonjolí, achiote, coco, café, cacao, y frutales; el objetivo de esta es el autoconsumo y se comercializa básicamente maíz y plátano a través de intermediarios.  Actualmente funciona un comité de ensayo de abonos orgánicos, programa realizado por todas estas comunidades, dado que no se usan fertilizantes, ni químicos artificiales para los cultivos.

 

Existen cultivos de hortalizas desarrollados por mujeres y la parte pecuaria se basa en crías de autoconsumo. A nivel ambiental se maneja la reforestación de cuencas con maderas y frutales.

 

Dentro de la problemática que aqueja a la comunidad encontramos: mal estado de la vías de acceso, canales de comercialización de los productos deficientes, hay muchos intermediarios, falta de tierras, no existe acueducto veredal, hay  necesidad de asesoría en mercadeo y gestión de la comunidad.

 

De la comunidad de Vara Santa y Las Palmitas solo se cuenta con la información del numero de población, ya que ellos no traen otro tipo de información a la coordinadora del SISBEN. En la comunidad de vara Santa, se encuentran 135 personas pertenecientes a esta y de Palmitas pertenecen 194 personas[5].

 

Las comunidades Zenues de Necoclí han sufrido un fuerte impacto por la violencia, lo que hace considerar a estos pobladores como desplazados. Igualmente los procesos contemporáneos de producción, enfocados más hacia las economías extractivas, han provocado la pérdida de la biodiversidad, especialmente de las especies y variedades locales que sustentan los sistemas de producción tradicionales, siendo ésta una de los principales causas de desarraigo de los zenues de Necoclí[6]. Esto es lo característico, pues para las poblaciones al romperse radicalmente el vinculo entre territorio – comunidad – recursos tradicionales, es muy difícil volver a reconstruir o rediseñar una nueva forma de vida sustentable en otros sitios; igualmente ocurre cuando la población regresa a su territorio y se encuentra con que los recursos y conocimientos locales desaparecieron o quedaron desarticulados de los sistemas productivos tradicionales.

 

Con relación a sus características étnico.culturales, podemos afirmar que existe una fuerte influencia colonizadora, que prácticamente transformó todos los rasgos culturales del pueblo Zenú. Se sabe que fueron excelentes orfebres y tejedores; también sobresalieron por su asombroso manejo de la ingeniería hidráulica en una zona que se caracteriza por su alto nivel de pluviosidad y de inundaciones. El pueblo Zenú construyó un complejo sistema de canales que llegó a cubrir 65 mil hectáreas entre los ríos Sinú y San Jorge. Los investigadores coinciden en señalar que el sistema funcionó casi dos mil años[7].

 

La sociedad estaba dividida en tres sectores dominados por miembros de una misma familia. El sector de los Finzenú, ubicado sobre el río Sinú, estaba dedicado al tejido y la cestería; los Panzenú, localizados sobre el río San Jorge, producía los alimentos; y los Zenufana, ubicados entre los ríos Cauca y el Ncehi, trabajaron la orfebrería. Dentro de los rituales cabe destacar las ceremonias de muerte, conocida como el festival funerario, que realizaban los Finzenú. “Primero se celebraban las vísperas y se preparaba todo lo indispensable, entre lo cual la chicha era indispensable. En la noche se hacia una procesión acuática, en la que el cortejo fúnebre desfilaba por el río. En embarcaciones adornadas iban los mohones (médicos brujos) y los gobernantes, cuidadosamente ataviados y con cocuyos sobre las cabezas. Concluía la ceremonia con el entierro de un túmulo artificial cuya altura dependía de la calidad del muerto. El cadáver se colocaba con la cabeza hacia abajo y luego todos pisaban la tierra sobre la fosa y se bailaba sin parar; la cacica y el mohán dirigían el entierro y ordenaban repartir la comida y la bebida. Al acabarse la chicha, se sembraba una ceiba sobre el montículo.

 

La vida y la muerte era un solo viaje para los zenúes, quienes creían que la corriente los arrastraba por el gran río de la vida que desembocaba en el río de la muerte. El mundo que atravesaba ese río era similar al que ellos utilizaban, lleno de canales que regaban tierras fértiles cubiertas de árboles con flores y frutas de oro. Los zenúes no le temían a la muerte. Cuando alguien moría se enterraba su cuerpo en medio de una fiesta[8].

 

Con la llegada de los españoles en el año de 1.492 a América, como cualquier vestigio de vida y organización que existía en América, todo empezó a cambiar, y la situación de existir como indígena se hacía cada vez más insostenible, ya que empezaba a depender directamente de los blancos; así, ellos a quienes no les interesaba más que la riqueza y la esclavización de los nativos; los obligaron a pagar tributo y poco a poco les quitaron la tierra, les prohibieron practicar sus costumbres y hablar la propia lengua, es decir, los desconocieron desajenándolos totalmente de su cultura. Es por esto, que actualmente olvidaron totalmente su lengua y buena parte de sus usos y costumbres. Los Zenúes sintieron los impactos de la conquista especialmente en el año de 1515, cuando los españoles empezaron a saquear las sepulturas ya que para ellos, “un indígena es de donde son sus muertos”[9].

En el año de 1540, se organizaron las primeras encomiendas, por esa época quedaron algunos pueblos como Tolú, Colosó, San Sebastián y otros. Lo mismo no sucedió con los indígenas de Chinú quienes fueron repartidos en el año de 1548. La primitiva población indígena, parece que fue fundada por el cacique Melxión, habiendo sido reorganizada por el Marqués Andrés Méndez Maldonado o Montalvo según unos y Andrés Méndez Villalta, según otros a quien se le entregó en encomienda desde el año de 1600[10].

Aunque en la actualidad han incorporado elementos tradicionales de la vivienda “blanca”, antiguamente los Zenú vivieron en casas construidas sobre plataformas artificiales, localizadas en las orillas de los caños y en los extremos de éstas, enterraban a sus muertos[11].

 

Históricamente el desarrollo económico ha estado íntimamente ligado a la tierra y al trenzado en fibras vegetales. Los Zenúes desde la época prehispánica cultivan maíz, yuca, ahuyama. fríjoles, ñames criollos de gran valor nutritivo; y explotan la rica variedad de palmas, gramíneas y bejucos para artesanías y construcción de viviendas[12].

 

La tierra era de propiedad colectiva, pero con la Conquista y la Colonización española se fue variando ostensiblemente el régimen de tenencia y aún cuando en 1773 el rey de España reconoció a San Andrés de Sotavento como resguardo de tierras, después de un largo proceso de delimitación, confirmación, amparo y usufructo de varios encomenderos y mayordormos, lo cierto es que desde entonces la lucha ha sido tenaz y sin respiro por parte de la comunidad, sobre todo a finales del siglo XIX y principios del XX.

 

En la época prehispánica, entre los Zenúes la tierra era de propiedad comunal. Su valor era de su uso, no comercial. Con la Conquista y la Colonización española, se inició un proceso sistemático y violento de despojo de las tierras a las comunidades indígenas Zenúes. Surge así en el siglo XVI la encomienda, dando origen a la formación de haciendas, mercedes de tierras y adjudicaciones a labriegos españoles, mestizos, negros, zambos y mulatos[13].

 

Par el siglo XVIII, en el Sinú se crean tres resguardos en el Distrito de Tolú: San Nicolás de Bari, San Sebastián de Urabá y San Andrés de Sotavento, con sus anexos Chinú y Pinchorroy (5). Los dos primeros pasaron a ser propiedad del municipio de Lorica en 1908.

 

Con el inicio de la época Republicana, Simón Bolívar dispuso en 1820, mediante decreto, la repartición de las tierras de los resguardos entre las familias indígenas asentadas en las mismas, en detrimento de la propiedad y uso comunitarios. Además, se permitió el arriendo por remate de los terrenos sobrantes, después de hacer la repartición autorizada[14].

 

Se inicia así un proceso de “campesinización individualizadora”, que de por sí ya se estaba dando en San Andrés de Sotavento, por la presión incontrolada de los latifundistas sobre los terrenos del resguardo. De tal manera que al entrar el siglo XX los Zenúes habitaban los sitios bajos de los arroyos y cultivaban las partes altas. El territorio era boscoso. La población no era muy numerosa y se concentraba en pocos caseríos.

 

Se consolida la propiedad de la tierra por familias. Mediante los sucesivos matrimonios se va atomizando el uso y provecho de las parcelas en pequeñas unidades de viviendas y cultivos, activándose la producción de maíz, yuca, ñame, fríjol, ajonjolí, guandul y ahuyama cuyos excedentes eran negociados en San Andrés y Tuchín con los comerciantes “blancos, mestizos y siriolibaneses.

 

Estas transacciones comerciales, en vez de beneficiar al indígena originaron un proceso acelerado de despojo de las tierras, ya que se presentaban épocas de intensos veranos y la invasión de las langostas que arrasaron con los cultivos, viéndose los indígenas forzados a solicitar préstamos a los negociantes sanandresanos, quienes aprovecharon la crisis para imponerles intereses de usura y obligaciones extremadamente difíciles de cumplir.

 

Entonces los prestamistas recurrían a las instancias gubernamentales y judiciales, logrando mediante el embargo y las intimidaciones la posesión definitiva de los terrenos. Así se consolidaron muchas haciendas ganaderas en el resguardo. Otras fueron fruto de la venta apresurada y desfavorable, bajo la presión del hambre, la pobreza y la miseria, del azote de enfermedades, del desempleo y la violencia genralizada en la región y el país.

 

Secularmente la comunidad Zenú se ha visto compelida a realizar migraciones por variados motivos y circunstancias históricas, lo que ha acelerado el proceso de pérdida de los terrenos del resguardo. Veamos:

 

  • Por el violento impacto sufrido a raíz del Descubrimiento, la Conquista y la Colonización mediante una sistemática campaña de exterminio, emprendida por los españoles, omnubilados por la sed y la codicia que les despertó los cementerios sagrados de los aborígenes pletóricos de orfebrerías.

 

  • Por el régimen de explotación señorial implantado en el siglo XVI, que permitió que los encomenderos se aprovecharan y explotaran el trabajo indígena.

 

  • La concesión de resguardos de tierras, que a la postre poco fueron reconocidos y respetados por las mismas autoridades españolas, y se concibió la utilización de mayordomos de indios que reclutaban a los aborígenes de los resguardos y reservaciones, para que vivieran y trabajaran en las haciendas de los encomenderos.

 

  • Por el despojo emprendido por las familias cartageneras, sinuanas y sabaneras, que utilizaron su poder político y económico para constituir explotaciones ganaderas, agrícolas y de extracción de maderas, que luego fueron vigorizadas con la participación de emigrantes franceses, ingleses, norteamericanos, italianos y sirio-libaneses (“turcos”), pisoteando los derechos de los aborígenes consagrados en la legislación pertinente, y contratando a muchos de ellos para descuajar selvas, abrir caminos, hacer potreros y cuidar las reses, bien en el mismo resguardo, en el Sinú o en el San Jorge.

 

  • El sistema utilizado para la contratación laboral fue el “avance”, consistente en dar anticipos de dineros en la captación de mano de obra. La forma más común de otorgarla era el “avance” o pago anticipado de parte del salario, cuyo monto se estipulaba de acuerdo al jornal. Quienes lo recibían quedaban “avanzados”, es decir, comprometidos hasta la cancelación de la deuda. Los avances de indios de San Andrés se efectuaban a través de mercaderes intermediarios de dicha población, que reclutaban el grupo y ponían a su cabeza un capataz. Este mecanismo colocó a los indígenas en una situación de explotación por parte de algunos comerciantes que les entregaban parte del salario en mercancías de sus propios establecimientos.

 

  • Por la persecución política emprendida durante la Guerra de los Mil Días, ya que la mayoría de los indígenas fueron solidarios y partidarios con los ideales defendidos por el general Rafael Uribe Uribe (1899-1901).

 

  • Por la pretensión de empresas petroleras norteamericanas que iniciaron una sistemática explotación en busca de petróleo en tierra del resguardo (1913-1920), aliados con inversionistas criollos (Compañía Explotadora de Petróleo y la South American Gulf Oil Company).

 

  • Por la persecución y exterminio de los líderes y dirigentes indígenas durante la época de La Violencia, y que se ha mantenido hasta la actualidad con el movimiento de la recuperación de la tierra, emprendido desde 1980[15].

 

El grupo Zenú del Urabá Antioqueño es originario del resguardo de San Andrés de Sotavento, en los departamentos de Córdoba y Sucre. En la región el único resguardo constituido está ubicado a 30 Km. al norte del Municipio de Necoclí, cerca del corregimiento de las Changas, ocupa un territorio discontinuo conformado por cuatro fincas, que en total suman aproximadamente 436 Has. La población está ubicada en tres asentamientos: El Volao, Caracolí y Vara Santa. La región pertenece a la zona de vida: bosque húmedo tropical (bh-T) y hacia el Norte cerca al mar bosque seco tropical (bs-T). La precipitación anual promedio es de 2000 mm., alcanzando la mayor intensidad entre Julio y Octubre, seguido por un fuerte período seco hasta aproximadamente Marzo del año siguiente. La temperatura promedia es de 26ºC[16].

 

No obstante haber sufrido un grave proceso de aculturación, tienen elementos culturales y étnicos que los diferencian de la sociedad nacional. En una larga historia de resistencia activa, los zenúes han emprendido un proceso organizativo y de reconstrucción social, política y cultural, primero como campesinos y luego reivindicando su identidad como indígenas en la recuperación colectiva de sus territorios originales[17].

 

Para el caso del Urabá Antioqueño, hace aproximadamente 14 años iniciaron este proceso. el cual ha estado marcado por una permanente lucha de sobrevivencia en una región signada por la violencia generalizada; a finales de 1.993 las tres comunidades Zenúes de Urabá, con cabildos reconocidos, eligieron el primer Cabildo Mayor de Antioquia como forma de organización política centralizada. A principios de 1.995 con el respaldo y acompañamiento de la Organización Indígena de Antioquia OIA, se impulsó una experiencia productiva tendiente a fortalecer la producción para el autoconsumo, lazos de solidaridad para la actividad productiva y recuperación de semillas locales y de áreas degradadas[18].

 

Como producto del enfrentamiento entre paramilitares y guerrilla en la región, se desencadenó una ola de amenazas y asesinatos de líderes indígenas, el cual culminó con la muerte del Gobernador Mayor José Elías Suárez, justamente en el momento en que se había acordado el plan de trabajo y la estructura operativa para el funcionamiento del proyecto. Los anteriores hechos provocaron de forma inmediata una migración masiva de la población hacia otras comunidades zenúes y centros urbanos de la región, quedando en la comunidad solo una familia. Esta situación derrumbó, por lo menos en el corto plazo, el proceso de reconstrucción cultural y social de los Zenúes en Antioquia[19].

 

Pero a pesar de las dificultades, se logró llegar a acuerdos internos y con el Gobierno Departamental, para adelantar un “plan de retorno”, iniciado el segundo semestre de 1.995.  En la actualidad han regresado aproximadamente la mitad de la población y se espera, en pocos meses, el regreso del resto de la comunidad.  Este plan de retorno está acompañado con una propuesta integral productiva que busca en primer lugar, garantizar la seguridad alimentaria y la construcción de una propuesta agroecológica sustentable.

 

Los sistema de producción del Volao tradicionalmente se han basado en el uso de la biodiversidad local y en general están orientados hacia el autoconsumo y a la generación de algunos excedentes para la comercialización. Los sistemas de producción agrícola predominantes en la región son:

 

  • Cultivos asociados con dos o mas especies para el autoconsumo: Normalmente son de consumo familiar con productos como maíz, yuca, frijol, ñame y otros.

 

  • Monocultivos: Para el consumo local y comercialización: maíz, yuca, frijol, ñame, plátano y otros. En algunos casos se utilizan semillas mejoradas y agroquímicos.

 

  • El Patio o huerto casero: Sembrados y manejados por mujeres en forma integral con hortalizas, frutales, plantas medicinales y los animales domésticos[20].

 

Las mujeres de la comunidad han hecho una contribución importante en el mejoramiento, conservación y manejo de las plantas tradicionales, como plantas medicinales, hortalizas, frutales, y de otros usos y animales criollos, aunque todavía no se ha reconocido suficientemente su amplio conocimiento y el valor de su trabajo en la producción, la cultura y el bienestar familiar.

 

Desde hace varios años, los indígenas del resguardo Zenú de Urabá han perdido y dejado de sembrar muchas de sus semillas. Muchos son los factores que han contribuido a este proceso de pérdida de la biodiversidad local, entre los cuales podemos destacar la violencia generalizada en la región, ha originando grandes presiones y desarticulación de las poblaciones indígenas y campesinas. Para el caso del Volao en 1995 toda la población abandonó el resguardo. Este desplazamiento conllevó una pérdida casi inmediata de gran parte de las variedades de maíz, yuca, ñame, arroz, frijol, plátano entre otras. Igualmente las mujeres también perdieron la mayoría de las plantas y razas de animales criollas manejadas en el patio, puesto que muchas de ellas requieren un cuidado especial permanente. Además del factor anterior, podemos mencionar otras causa que han influido en la pérdida de los recursos locales:

 

  • La introducción y fomento de modelos productivos homogéneos basados semillas y razas de animales mejoradas y el uso intensivo de agroquímicos. la destrucción de los bosques y crecimiento de la frontera agropecuaria.

 

  • Las limitaciones en los canales de comercialización de los productos locales.

 

  • El creciente marginamiento cultural, económico y productivo de las comunidades indígenas y locales y en especial a las mujeres, por parte del Estado.

 

  • Los cambios en los hábitos de consumo tradicionales por productos foráneos.

 

Actualmente están interesados en desarrollar una propuesta de diversificación de los cultivos y buscando alternativas al uso de agroquímicos. Para lograrlo, en el primer semestre de 1996 se realizaron acciones orientadas a recuperar las semillas y conocimiento tradicional. Hasta el momento se han realizado tres talleres, dos con hombres y uno con mujeres, y giras para búsqueda de semillas por la región[21].

 

Políticamente, el pueblo Zenú está organizado a través de cabildos locales, en un proceso bastante complejo caracterizado por las ansias de reorganización, pues la mayoría de comunidades no mantiene una unidad territorial. En ese sentido, en la regiones de Sucre y Córdoba las comunidades se encuentran agrupadas alrededor del Cabildo Mayor del Resguardo de San Antonio de Sotavento. En la zona del Alto San Jorge, funcionan los cabildos locales. Las comunidades Antioqueñas están asociadas a la Organización Indígena de Antioquia. En Necoclí existe un cabildo mayor que aglutina las cuatro comunidades, aunque en cada una de ellas también hay un capitán local, que hace las veces de cacique.

 

La principal actividad productiva del pueblo Zenú se concentra en la horticultura, la que combina con la crianza de animales domésticos. Se cultiva plátano, yuca, fríjol, ñame, cacao, malanga, entre otros. La actividad agrícola está destinada básicamente a la subsistencia y autoconsumo de la comunidad. En los departamentos de Córdoba y Sucre, es frecuente que el indígena se emplee como asalariado en fincas; en Urabá esta situación también se está presentando. El problema de la tierra ha sido una constante dentro de la etnia, pues las presiones de los terratenientes chocan con los intereses de reorganización del pueblo Zenú.

 

Los Zenues practican una economía tradicional basada fundamentalmente en el sector primario (producción agropecuaria), y en el sector secundario se destaca la producción artesanal. El sector terciario (comercio) a pesar de presentar un menor grado de desarrollo, de todas maneras las transacciones comerciales de productos agrícolas, de materias primas y de productos artesanales, cada día toma mayor auge, siendo Tuchín el centro de intenso intercambio[22].

 

Esta producción no es suficiente para sostener las comunidades porque se hace en pequeñas cantidades, porque no se cuenta con técnicas adecuadas y recursos económicos para comprar fertilizantes e insecticidas necesarios y porque sus productos están en desventaja en el comercio. Es una agricultura de subsistencia.
Entre otras maneras de generar ingresos, es la emigración a fincas de hacendados fuera de la comunidad. Aunque son mal pagados, requieren asumirlo para poder apoyar al sustento y la salud de su familia, el estudio de sus hijos y otras necesidades básicas, como es el vestuario y la alimentación[23].

 

Una actividad económica importante entre los indígenas Zenues que habitan en Necoclí es la cestería por la cual perciben importantes ingresos y en ella participa toda la familia. El proceso de la cestería incluye desde la recolección de la palma, hasta la venta del producto terminado. Entre las cesterías se encuentran productos elaborados tales como: maletas, petaquillas, canastos, escobas, abanicos, pulseras y el famoso sombrero vueltiao. El material que usan para sus artesanías es la palma que sacan de la caña flecha y la napa sacada del tronco de la misma. La crítica situación de este aspecto, es que el trabajo del indígena es lastimosamente subvalorado. Desde pequeños, los niños aprenden a trenzar, con miras a mantener viva la identidad cultural desde su artesanía: aquí los niños aprenden a hablar al mismo tiempo que trenzan. Pero es necesario, que sus aspiraciones no sean truncadas con los bajos precios que les ofrece el comercio.

El comercio de la cestería lo hacen los hombres con la ayuda de las mujeres. Estas en el hogar desempeñan junto con las labores domésticas, el trenzado y teñida de la palma, lo mismo que la recolección de algunos productos alimenticios. Los niños traen agua y trenzan. Últimamente las mujeres han tomado conciencia de su participación en el hogar y ya se deciden a vender sus productos y algunas determinan con sus maridos la inversión de su venta.

 

 

 

 

 

8.1.3 Población Afrocolombiana

 

Podemos afirmar que el grupo étnico-cultural más numeroso del municipio de Necoclí, es el afrocolombiano, el cual se encuentra a todo lo largo de la geografía local, aunque su presencia es más representativa en la zona litoral, donde se localizan sus principales asentamientos, conformados por pobladores que entre las actividades económicas más representativas se encuentra la pesca y la agricultura.

 

Esta población procede en su gran mayoría de descendientes que venían de la costa Atlántica colombiana, aunque también se encuentras quienes procedan de las regiones de el Atroto y el Pacifico Colombiano; lo anterior muestra que se trata de una población heterogénea culturalmente, aunque es posible identificar algunos elementos de identidad, los cuales comparten con todas las comunidades afrocolombianas.

 

Debemos entender por afrocolombianidad, el conjunto de valores que los africanos han aportado a la construcción y desarrollo de la nación Colombiana. En la construcción de los capitales nacionales, el pueblo afrocolombiano jugó un papel importante, pues todo lo que significó trabajo, estaba en manos del africano; todo en este país; no se movió un ladrillo sin el trabajo del africano: el africano en la hacienda; el africano en las minas de oro; el africano en la construcción de los pueblos; el africano en la construcción de los palacios, de las murallas, de los castillos; el africano tallando esas hermosas obras de arte que están dentro de las iglesias coloniales, porque el arte africano es la talla, la escultura de la madera; el africano creando como artesano, como militar o cocinando; el africano dándole de mamar, dándole la teta a los hijos del amo, o educando a los hijos del amo[24]. Lo anterior nos permite afirmar que la afrocolombianidad forma parte de la cotidianidad de todos los colombianos.

 

El estado en que vive la población afrocolombiana que constituye el 25% del total, continúa siendo de pobreza y de marginación. Pues a pesar de las ideas de libertad y de igualdad que se decretaron después de la abolición de la esclavitud, y de ser considerados como ciudadanos de pleno derecho años después, siguen siendo “marcados” y obligados a efectuar las mismas labores en las que se habían desempeñado durante el período esclavista. De la misma forma muchos pueblos negros han sido “empujados” a la adopción de estilos de vida que les niega su propia identidad, su pasado; han sido encarrilados en un sistema que al tiempo que elimina su cultura, estigmatiza y niega la historia, hace diferenciación de grupos y no ha permitido ninguna movilización dentro de la escala social, tampoco se les ha tenido en cuenta a la hora de implementar programas de mejoramiento en las condiciones de vida[25].

 

En el proceso de consolidación de la identidad afrocolombiana, fue muy importante los acontecimientos que llevaron a la abolición de la esclavitud,  situación que se inició en 1812 cuando el Estado de Cartagena prohibió el comercio y trata de negros; posteriormente en el año de 1814, el dictador Juan del Corral ordenó la libertad a los hijos de esclavos nacidos en Antioquia, siendo éste estado el primero en erradicar la manumisión. Esta situación se concreto definitivamente el 21 de mayo de 1851, cuando el Presidente José Hilario López firma la abolición legal de la esclavitud.

Se trata de un gesto formal puesto que nuevas leyes y figuras de explotación como arrendamiento, el terraje, trabajos forzosos impuestos y otros continuaron esclavizando al hombre y a la mujer afrocolombiana. En la abolición de la esclavitud se indemnizó al esclavizador y no al esclavizado[26].

 

Como mencionábamos arriba,  las comunidades afrocolombianas no son culturalmente homogéneas y podemos hablar de una gran diversidad, de diferencias culturales importantes a nivel regional. Existen algunas características que los aglutinan, las cuales tiene que ver con sus construcción en el mundo de la representación simbólica y el la praxis. Sus comunidades tradicionales presentan ciertas características comunes: son comunidades agrarias ubicadas generalmente en las partes bajas de los ríos y en las costas de zonas cálidas y/o selváticas, cuyas actividades productivas tradicionales han sido la minería, la pesca, la caza, la recolección y la siembra de productos de pan coger (maíz, plátano, yuca, frutas) en pequeñas parcelas. Han desarrollado unas prácticas culturales particulares que las distinguen como un grupo étnico “diferenciado”, con sus rasgos propios de identidad, etnohistoria, organización social, estructura de parentesco, modos y prácticas tradicionales de producción, de ejercicio de una territorialidad y apropiación de instituciones políticas, además de una cosmovisión, espiritualidad y pensamiento propios que redefinen la complejidad del mundo afro[27].

 

Entre los negros existe una relación fundamental entre la vida de los seres de la naturaleza y los seres sobrenaturales que viven en la misma naturaleza, es decir una relación entre un mundo mítico espiritual y un mundo natural y cultural, que es mediado por un curandero de la comunidad, que a través de sus actos mágicos que manipulan las plantas y los animales para fines curativos y maléficos, crea todo un ambiente de representaciones simbólicas y metafóricas ritualizadas a fin de ejercer un puente de comunicación y diálogo entre los afrocolombianos, su entorno y su cosmogonía. Así, el territorio para el afrocolombiano es un espacio básico para el ejercicio del ser, de la esencia vital que configura el desarrollo de los hombres y mujeres negras en un hábitat que ancestralmente ha sido apropiado y donde se ha desarrollado un proyecto de vida cultural, social, ambiental, político, demográfico, económico y sobre todo espiritual desde una perspectiva particularmente étnica, y dentro de una lógica completamente opuesta a la occidental que basa la relación con la naturaleza en la explotación y el dominio de la misma.

 

Otra característica étnico-cultural importante tiene que ver con que los comunidades negras manejan abundante información y conocimientos sobre el ambiente de la selva tropical húmeda, sobre su fauna y flora, sobre técnicas apropiadas al ambiente selvático y ribereño, sobre las complejas estructuras de parentesco, las relaciones de reciprocidad entre los miembros de la familia extensa, de los co-residentes y de las formas de cooperación doméstica en las labores de producción, sobre los ritos mágico-religiosos, prácticas curativas y de prevención de las enfermedades.

 

La situación de las comunidades afrocolombianas al igual que otros sectores poblaciones, se convierte en un tema particular, básicamente si tenemos en cuenta que la discriminación es una constante en Colombia y se refleja en los diferentes índices del bienestar, que son además de los mas bajos y son sentidos por la mayoría de la población negra[28].

 

El porcentaje de las necesidades básicas insatisfechas en las comunidades afrocolombianas es 86% casi el doble de las registradas para el promedio entre blancos y mestizos; los servicios de salud pública apenas llegan al 40% de estas comunidades, la seguridad social apenas beneficia al 3% de la fuerza laboral de comunidades negras, la mortalidad infantil es equiparable a los peores estándares del mundo (más de 110 niños muertos por cada mil nacidos vivos), la esperanza de vida es de 54 años cuando el promedio nacional se ubica en cerca de 15 años por encima de ese indicador[29].

 

Para analizar las comunidades afrocolombianas en la actualidad es necesario establecer un criterio de diferenciación regional que permita observar las particularidades que caracterizan las culturas afrodescendientes. Según el modo y la antigüedad del poblamiento, las regiones de origen, las condiciones de vida, el acceso a los recursos económicos y de educación; lo anterior hace que para realizar una aproximación a las características de las comunidades negras de Necoclí, sea necesario considerar las imágenes culturales de las poblaciones afro de la costa caribe colombiana y el pacífico, la cual incluye la región del Atrato. Igualmente hay que considerar que hoy en día, la apropiación de espacios por parte de los afrocolombianos se hace de manera espontánea y creativa, y responde a destrezas para la supervivencia física y cultural.

 

Las localidades afrodescendientes en el litoral Caribe se formaron a partir de núcleos de esclavizados africanos cimarrones donde los rasgos culturales de sus lugares de origen perviven con mucha fuerza. Otros poblados de la región, se han formando de un intenso proceso de mulataje, donde las huellas de africanía conviven con rasgos culturales provenientes de otras sociedades. Estas comunidades, hoy día, están ubicadas lo largo y ancho de las tierras costeras que van desde el golfo de Urabá al noroeste de Antioquia, hasta la península de la Guajira, incluyendo los departamentos de Sucre, Córdoba, Bolívar, Atlántico, Magdalena y Cesar. El paisaje se caracteriza por el inmenso mar Caribe que rodea la región, en el cual confluyen ríos, caños, arroyos, ciénagas y extensas áreas de humedales Los climas que la constituyen son variados y se caracterizan por la gran diversidad de flora y fauna.

 

En el litoral Caribe la gente afrocolombiana ha hecho grandes aportes a la historia cultural de la región. En el periodo colonial fue esta población quien asumió la fuerza laboral de la sociedad desempeñándose como albañiles, empleados del servicio doméstico, bogas en el río Magdalena, fundidores de metales, artesanos y constructores de defensas y fortificaciones, pescadores de perlas, trabajadores mineros y labriegos en las haciendas agrícolas, ganaderas y de trapiche. Por otra parte fundaron poblados a partir del establecimiento de palenques. En la provincia de Santa Marta fueron reductos de resistencia La Ramada, Santacruz de Masinga y algunos poblados ubicados en cercanías de la sierra Nevada y en el valle de Upar. En Cartagena se conocieron los palenques de Betancour y Matutere, al norte; y los de San Miguel y Arenal, al centro, en la sierra de María. Luego de la abolición hubo grandes desplazamientos de personas que buscaban de mejores condiciones de vida, llegando a poblar la zona del norte de Urabá donde se localiza el Municipio de Necoclí. En este periodo de la historia nacional los afrodescendientes también contribuyeron a la formación de las sociedades, es el caso de los braceros, quienes fueron la principal fuerza laboral en el negocio de las plantaciones de banano, tanto en la zona del Magdalena, como en la región de Urabá.

 

En el Caribe colombiano nos encontramos con una historia paralela. Allí la permanencia de los palenques, fue la máxima expresión de la libertad en la esclavitud. Los palenques fueron los pueblos o “fortalezas” construidos por los esclavos cimarrones en lugares donde tenían la certeza que el amo del cual huían no los podía encontrar; se convirtieron en el espacio que permitió y ha permitido la conservación de una cultura al constituirse, en cierta forma, en territorios autónomos[30].

 

Desde luego, también allí llegaron los modelos desarrollistas, que han contribuido a los procesos de aculturación que se evidencian en la perdida de valores étnicos, históricos y culturales; sin embargo, también existe en esta zona un fuerte sentido de pertenencia a una etnia y a una cultura que conlleva a que se conserven más elementos de la propia identidad que en otras regiones, lo cual permite que las diversas actividades que hoy se realizan para recuperar tradiciones y sobre todo, para crear conciencia sobre el “ser negro”, tengan mayores respuestas y aceptación, logrando al mismo tiempo que el pueblo negro se reconozca en una forma de ser autónoma sin necesidad de sentir vergüenza, encuentre los elementos para exigir un mismo trato ante las instituciones, para exigir una educación que responda a la realidad que se vive cada día y para mejorar sus condiciones de vida de acuerdo a sus propios proyectos de desarrollo.

 

En la costa Pacífica, los afrodescendientes han poblado la mayoría de la región conocida como Chocó Biogeográfico. Allí, el proceso de mulataje ha sido menor que en el Caribe y el desarrollo de las vías de comunicación es aun hoy bastante precario. Estos rasgos han implicado que la región sea un lugar privilegiado para la manifestación y pervivencia de huellas de africanía. En cuanto al paisaje, la región comprende la franja costera, lluviosa y húmeda de los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño. Desde el punto de vista de su configuración geográfica y cultural, podemos identificar dos áreas diferenciadas, cuya única frontera es el cauce del río San Juan.

 

Los diversos procesos de aculturación que se han implementado en las sociedades latinoamericanas ha ido borrando la identidad y el sentido de pertenencia de los pueblos con descendencia africana, al tiempo que, como ya lo hemos dicho, se continúa en la marginación y en el olvido, porque la esclavitud en cierta forma perdura como componente del cuadro sociohistórico, y esa perduración se manifiesta en forma de conflictos y tensiones sociales que guardan relación clara con los existentes antes de la abolición.

 

Hoy, los pueblos afrocolombianos continúan cimarroneando sus tradiciones y demostrando que es necesario replantear el desarrollo desde su propia realidad, hacerlo más humano y más “vivible”, más coherente con la naturaleza, con las tecnologías y con la forma de ser de cada pueblo, que no genere dependencia, que permita identificar lo individual con lo colectivo, planificar con mayor autonomía, que exista una mayor articulación entre la sociedad civil y el Estado, que haya un reconocimiento y una practica de los derechos civiles y étnicos, que haya un respeto por la cultura propia, por la abolición total de toda forma de racismo y de discriminación y por un mejoramiento de los niveles económicos, de salud y de la educación[31].

 

La situación actual  de las comunidad afrocolombianas, está marcada por la dispersión de los grupos, lo que ha hecho más difícil la consolidación de su estructura organizativa.  No existe una participación real y efectiva por parte de sus integrantes que apoye y favorezca los espacios de coordinación del grupo como tal de manera que se puedan formular proyectos grupales concertados autónomamente por todos estos consejos de Negritudes. En la actualidad existen 12 Consejos Comunitarios de Negritudes, los cuales ven muy lejano la aplicación cabal de la Ley 70, pues no encuentran la manera de consolidar la ocupación colectiva de territorio, mediante a adjudicación comunitaria por parte del estado.

 

La presencia mayoritaria de afrocolombianos en la jurisdicción de Necoclí, principalmente en las zonas ribereñas y litorales, requiere de acciones puntuales para las negritudes; estos Consejos Comunitarios de Negrutudes, hay que apoyar en su parte organizativa y en la conservación de sus tradiciones; no se puede perder de vista la importancia de los encuentro de organizaciones de este tipo, pues son espacios de socialización de las experiencias y de planificación conjunta de las acciones, sin olvidar las repercusiones en materia de gestión comunitaria.

 

8.1.4 Otros Grupos Étnico-culturales

 

8.1.4.1 Campesinos Sabaneros

 

El término Cultura sabanera o “Chilapa” se utilizaba para designar en términos generales, a todo el bagaje de conocimientos, de modo de ver la vida, de vivir el mundo y de transformar las realidades día a día de muchos pobladores de Sucre, Córdoba y de la zona norte de Urabá, que provienen de un proceso de transformación a sociedades campesinas, con orígenes indígenas de comunidades de la costa caribe colombiana, principalmente del pueblo Zenú[32]. Esto permite afirmar que se trata de indígenas campesinizados.

 

Estas gentes se caracterizan culturalmente por poseer una identidad territorial asociada a los entornos de sabanas, con relieves planos y ligeramente ondulados, que le imprimen a sus quehaceres cotidianos, una particular forma de asumirlos, donde los límites son casi imperceptibles, en grandes extensiones, situación que acompasan con prácticas culturales y artísticas, que reflejan esta vivencia y que se manifiestan en cantos de vaquería, en la trova y en composiciones literarias como las décimas.

 

A este grupo étnico-cultural, también se encuentra asociado las corralejas, las riñas de gallos y expresiones folclóricas tales como el fandago y el porro. En Necoclí, estas expresiones se escenifican anualmente en una de las fiestas populares más importantes de la localidad y la mayor transcendencia turística y económica; se Trata de las Fiestas del Coco, que se celebran anualmente en el puente del seis de enero, las cuales convoca, no sólo a los habitantes rurales y urbanos del municipio, sino también a un número de personas importantes de la región de Urabá y el interior del país.

 

Su mundo simbólico y de creencias está íntimamente relacionado con los seres sobrenaturales de entornos acuáticos, ente las que se destaca la “Mojana”, entidad que cumple una función de regulación de explotación de algunos sectores, convirtiéndose en una especie de regulador de la explotación de los recursos acuáticos. Por otro lado, hay un conjunto de seres sobrenaturales terrestres que en términos genéricos llaman “aparatos”, que pueden ser entendidos como espantos, los cuales controlan la movilidad de los pobladores por lugares considerados peligrosos.

 

Sus prácticas productivas están asociadas a la ganadería extensiva y la agricultura de auto – consumo, predominando la condición de jornalero y asalariado, pues se trata de campesinos pobres sin tierra, que en la mayoría de los casos, no poseen parcelas para sus actividades de subsistencia.

 

Estas personas son descendientes de aquellos pobladores que llegaron al norte de Urabá, en la segunda mitad del siglo XIX y en la primera del XX, quienes venían atraídos por la enorme riqueza de los recursos naturales y por la similitud de los entornos ambientales y geográficos de sus lugares de origen, que eran las sabanas de Córdoba y Sucre.

 

Estos desplazamientos fueron motivados por varios factores, entre los que se destacan, la expansión ganadera en la región del Sinú – San Jorge, la escasez de los recursos naturales y las tendencias a las economías extractivas. A la zona de Urabá y específicamente a los territorios de la jurisdicción del municipio de Necoclí, llegaron tras la búsqueda de recursos como la raicilla de ipecacuana, la tagua o marfil vegetal y el caucho, expediciones que desarrollaban de forma regular, pero estacional en los meses de verano. Cuando estos recursos se escasearon y la industria internacional los remplazo por productos sintéticos, iniciaron la explotación de los recursos forestales y su ocupación del territorio se tornó permanente, generando conflicto por la tierra con comunidades indígenas y de afrocolombianos.

 

En la actualidad tienen presencia en todos los sectores del municipio, principalmente en las zonas planas y onduladas, pertenecientes a las estribaciones de la Serranía de Abibe, aunque también se encuentran ocupando entornos urbanos y litorales, pero en menor proporción.

 

8.1.4.2 Pobladores del Interior

 

En Necoclí otro grupo étnico-cultural importante, está constituido por los pobladores del interior, que aquí —y en todo el país— llaman de forma genérica, “paisas”. Son personas que en su gran mayoría provienen de las otras sub-regiones del Departamento de Antioquia y de los departamentos que conforman el Viejo Caldas. Se trata del último grupo étnico-cultural que arriba a la región de Urabá desde las primeras décadas del siglo XX y entra en conflicto con los otros ya instalados, pues venían con una mentalidad diferente, donde la productividad y la acumulación jugaban papeles importantes.

 

Esta nueva oleada colonizadora la facilitó la construcción de la vía al mar, obra que se inicio en 1927 y cuya construcción tardó más de 50 años. También están asociados a la expansión de la frontera agrícola y a la instalación de la agroindustria del banano y el plátano en esta región. Esta nueva oleada poblacional, generó múltiples desplazamientos de colonos pobres que se habían instalado en esta región dos o tres décadas atrás y que habían venido desde las llanuras de la costa Atlántica  y de los sabanas de Córdoba y Sucre, producto de la instalación de las grandes haciendas en esas regiones.

 

Como características culturales de este grupo poblacional se encuentran la pujanza y el coraje, rasgos típicos de la antigua cultura paisa, la cual también ha sido asociada con una comunidad de arrieros y comerciantes capaces de cruzar y remontar un relieve agreste, difícil topográficamente, porque a unas tierras onduladas le sucedían cañones profundos, en cuyos respaldos el arriero pasaba de climas frescos y fríos a climas cálidos[33].

 

Igualmente esta manifestación étnico-cultural está asociada a un situación de aislamiento geográfico, que motivó a los pobladores a superar las fronteras y expandirse por otras zonas de la geografía Colombiana, siendo Urabá el último bastión de colonización.

 

8.2 Patrimonio Cultural

 

El patrimonio se refiere a el conjunto de bienes y derechos que una persona o institución, comunidad o nación posee. Si hablamos del patrimonio cultural, nos estamos refiriendo a un conjunto de bienes y objetos que incluye nuestra cultura y herencia, aspectos que pueden ser materiales e inmateriales. Se trata pues de un conjunto de aspectos de una cultura que es necesario rescatar y cuidar[34]. El patrimonio no es un objeto muerto que se conserva como una pieza de museo, es un elemento vivo, del mundo cotidiano, por lo tanto cada generación lo interpreta y experimenta de manera distinta.

 

Puede afirmase entonces que el patrimonio cultural de un pueblo está constituido por

[…] las obras de sus artistas, arquitectos, músicos, escritores y sabios; así como las creaciones anónimas surgidas del alma popular, y el conjunto de valores que dan sentido a la vida. Es decir, las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo; la lengua, los ritos, las creencias tendientes a la satisfacción de ciertas necesidades culturales de la comunidad[35].

 

El cuidado y respeto por toda la amplia gama de aspectos que conforman nuestro patrimonio cultural (arquitectura, artes, ciencias, técnicas, historia, etc.) es responsabilidad de todos los ciudadanos y no sólo de las instituciones ni de quienes hacen cumplir las leyes. Todos sin necesidad de instituciones ni conocimientos especializados somos capaces de interpretar, recrear y crear este patrimonio cultural.

 

En términos educativos se asume que los principales responsables del escaso traspaso de información desde el nivel científico al público general, son los mismos investigadores y junto con ellos todos los actores de la vida educacional y comunicacional del país. Es por esto que el patrimonio cultural no puede convertirse en piezas estáticas que la población no tiene acceso a él.

 

Para presentar una aproximación a la caracterización del patrimonio cultural de Necoclí, se ha dividido en tres componentes básicos que son el mueble, el inmueble y el inmaterial o intangible; a continuación, se hará un breve esbozo de cada uno de ellos, así como la presentación de los inventarios que se tiene para cada una de las categorías.

 

8.2.1 Patrimonio Cultural Mueble

 

El patrimonio cultural mueble está constituido por todas aquellos bienes que se pueden movilizar, que son tangibles y que son elementos identificatorios de las identidad étnico-culturales de uno comunidad, nación o grupo de personas. En el caso de Necoclí, este patrimonio cultural está constituido por las expresiones plásticas y la artesanía básicamente.

 

 

8.2.1.1 Artes Plásticas

 

Las artes plásticas están constituidas por la pintura, la escultura y la fotografía; en Necoclí, este tipo de expresión estética y artística, se encuentra poco promovida y su práctica en muy limitada. Es posible afirmar que se presenta una diferenciación notoria en la forma particular de asumir las expresión artística de los habitantes de Necoclí, que ven a las expresiones plásticas, muy distantes para representar su universo simbólico y sus acciones cotidianas; estas tendencia, sumada al poco apoyo que se le viene dando a estas áreas culturales, ha provocado el decaimiento de su práctica; igualmente, se ha centrado la atención en áreas tales como la danza y la música, dejando de lado la promoción de otras, impidiendo que otros jóvenes encuentren maneras diferentes de expresarse estéticamente.

 

Esta situación de olvido de las áreas plásticas, también se vive en la esfera académica, pues no hay programas de promoción a ellas desde las instituciones educativas.  Estas consideraciones hacen que la promoción de la pintura, la escultura y la fotografía y, deba iniciarse desde lo educativo, pues es allí donde es posible sembrar las raíces para su práctica. Estas acciones deberán ser acompañadas con la puesta en escena de dichas expresiones, pues le daría a estos nuevos practicantes, motivaciones sociales y de reconocimiento, para seguir haciéndolo. También requiere adelantar acciones de capacitación en su práctica, que también involucren a los docentes a promover la expresión artística desde sus asignaturas.

 

Se pudo establecer además que en Necoclí existen únicamente 29 personas que se dedican a esta área artística, destacándose la práctica de la pintura y existiendo un vacío casi total en trabajos artísticos desde la fotografía. Estos gestores de la plástica, son en su gran mayoría, aficionados y novatos, que no la consideran una profesión y donde no tienen un manejo académico de las técnicas, predominando la formación empírica. En la tabla que se presenta a continuación, se relaciona los artistas plásticos de la localidad, especificando para cada uno de ellos, la actividad la institución a la cual están vinculados y su localización.

 

Nombre

Actividad

Grupo o entidad

Localización

Margarita Pérez Madrid

Artes plásticas Batik

Asociación de Artesanos de Necoclí

Vereda el río Necoclí

Gustavo Restrepo Tobón

Artes plásticas

Independiente

Vereda el río Necoclí

Leidy Johana Negrete Zúñiga

Artes plásticas

Independiente

Zona Urbana

Félix Edil Gutiérrez Vargas

Artes plásticas

Independiente

Vereda Cañaflechal

Alejandro Alzate García

Artes plásticas

Asociación de artesanos de Necoclí

Calle del Cementerio

Wilson Enrique García López

Artes Plásticas

Independiente

Vereda el Moncholo

Luz Estela Bravo de la Cruz

Artes plásticas

Independiente

Corregimiento Mellito

Kenia Vanessa Contreras Reales

Literatura

Independiente

Corregimiento Mellito

Jaider Gutiérrez Hernández

Artes Plásticas

Independiente

Corregimiento Mellito

Miguel Antonio Polo Rivas

Artes Plásticas

Independiente

Zona Urbana

Rubén Dario Restrepo Tobón

Artes plásticas, Música, diseño y construcción viviendas

Independiente

Vereda Cañaflechal

Olfa Ester Palencia Altamar

Artes plásticas pintura

Independiente

Corregimiento Mulatos

Edgar Espítia Díaz

Artes plásticas dibujo

Grupo juvenil Sueños de juventud

Corregimiento Mulatos

Jorge Luis Morillo Urueta

Artes plásticas y artesanías tallas madera

Independiente

Corregimiento Mulatos

Hugo Alberto Urango Osorio

Artes plásticas y artesanías de conchas

Independiente

Corregimiento Mulatos

Roberto Tamayo Hernández

Artes plásticas artesanías Sandalias tejidas

Grupo Resplandor de Paz

Corregimiento Mulatos

Elkin Darío Guerra Correa

Artes plásticas y artesanías de conchas

Independiente

Corregimiento Mulatos

Nalbis Dehoyos Burgos

Artes plásticas, y danza

Grupo juvenil Sueños de juventud

Corregimiento Mulatos

Alba Rocío Ramírez Acevedo

Artes plásticas y artesanías tejidos, e investigadora

Independiente

Vereda Cañaflechal

Jessica Paola García Martínez

Música y danza, Bullerengue

Palmeritas de Urabá

Casco Urbano

Elías Rodríguez Gómez

Artes plásticas

Independiente

Casco Urbano

Sindy Johana Acosta Restrepo

Artes Plàsticas

Independiente

Vereda Aguas Claras

Gabriel Ruiz Flórez

Artes plásticas (pintura)

Independiente

Vereda Brisas del río

José Joaquín Chantaca Gómez

Artes plásticas (dibujante) , Gestor comunitario

JAC Brisas del río

Vereda Brisas del río

Dámaso Santana Montalvo

Artes plásticas (pintura)

J.A.C Villa Nueva

Vereda Villa Nueva

Carlos Mario Cogollo Rivera

Artes plásticas y música (composición)

Pasión Vallenata con sentimiento

Corregimiento de Zapata

Danilo Santana Montalvo

Artes plásticas (pintura)

J.A.C Villa Nueva

Vereda Villa Nueva

Lidis Ester Peñata Flórez

Artes plásticas (pintura)

Independiente

Corregimiento de Caribia

Nevis María Gómez Márraga

Artes plásticas (pintura), música

Independiente

Vereda Santa Rosa de Mulatos

 

Como ya se mencionó, dentro de las expresiones plásticas más comunes entre los gestores culturales dedicados a esta área de las artes, predominan las obras pictóricas, destacándose entre éstas, los cuadros y losa murales, siendo la primera más populosa. No se registran obras fotográficas, ni esculturas. A continuación se presenta el inventarios de las obras plásticas, más representativas del municipio, especificando para cada una de ellas, su autor, la clase de obra y su localización.

 

Patrimonio mueble

Autor

Clase de obra

       ubicación

Descubrimiento de Necoclí

Mario Tapias

Artes plásticas (mural)

Sector la Punta

García Márquez (mural)

Mario Tapias

Artes plásticas (mural)

Sector la Punta

Sin Titulo (mural)

Mario Tapias

Artes plásticas (mural)

Alcaldía

Descubrimiento de Necoclí III

Mario Tapias

Artes plásticas (mural)

Alcaldía

Sin Título (mural)

Gustavo Restrepo Tobon

Artes plásticas (mural)

Coliseo Municipal

La carta

Gustavo Restrepo Tobon

Artes plásticas (pintura)

Vereda El Río Necoclí

Palenqueras

Gustavo Restrepo Tobon

Artes plásticas (pintura)

Vereda El Río Necoclí

Paisaje

Gustavo Restrepo Tobon

Artes plásticas (pintura)

Vereda El Río Necoclí

Girasoles del atardecer

Gustavo Restrepo Tobon

Artes plásticas (pintura)

Vereda El Río Necoclí

Sin Penas

Gustavo Restrepo Tobon

Artes plásticas (pintura)

Vereda El Río Necoclí

Blanco y mulata

Gustavo Restrepo Tobon

Artes plásticas (pintura)

Vereda El Río Necoclí

Manglar

Gustavo Restrepo Tobon

Artes plásticas (pintura)

Vereda El Río Necoclí

Tatuajes en jagua motivos geométricos

Alejandro Alzate García

Artes plásticas

Calle del Cementerio

Motivos para tatuajes en jagua

Alejandro Alzate García

Artes plásticas

Calle del Cementerio

Mariposas (motivos para tatuajes en jagua)

Alejandro Alzate García

Artes plásticas

Calle del Cementerio

Lagartijas (motivos para tatuajes en jagua)

Alejandro Alzate García

Artes plásticas

Calle del Cementerio

Tribales (motivos para tatuajes en jagua)

Alejandro Alzate García

Artes plásticas

Calle del Cementerio

Paisaje 1

Félix Edil Gutiérrez Vargas

Artes plásticas (pintura)

Vereda Cañaflechal

Paisaje 2

Félix Edil Gutiérrez Vargas

Artes plásticas (pintura)

Vereda Cañaflechal

Paisaje

Leidy Johana Negrete Zúñiga

Artes plásticas (pintura)

Calle del Cementerio

Desnudo habitación 513

Wilson Enrique García López

Artes plásticas (pintura)

Vereda Mancholo

Paisaje carro, vivienda y carro

Wilson Enrique García López

Artes plásticas (pintura)

Vereda Mancholo

Paisaje atardecer

Wilson Enrique García López

Artes plásticas (pintura)

Vereda Mancholo

Sin título (parque de Necoclí)

Miguel Antonio Polo Rivas

Artes plásticas (pintura)

Barrio Simón Bolívar

Descubrimiento de América

Miguel Antonio Polo Rivas

Artes plásticas (pintura)

Barrio Simón Bolívar

Paisaje (1)

Miguel Antonio Polo Rivas

Artes plásticas (pintura)

Barrio Simón Bolívar

Acuario (1)

Rubén Dario Restrepo Tobon

Artes plásticas (pintura)

Calle principal

Acuario (2)

Rubén Dario Restrepo Tobon

Artes plásticas (pintura)

Calle principal

Bodegón Celeste

Rubén Dario Restrepo Tobon

Artes plásticas (pintura)

Calle principal

Bahía

Rubén Dario Restrepo Tobon

Artes plásticas (pintura)

Calle principal

Mural (paisaje sin título)

Anónimo

Artes plásticas (pintura)

Calle del cementerio

Sin título (flores Amarillas y rojas)

Olfa Ester Palencia Altamar

Artes plásticas (pintura)

Corregimiento de Mulatos

Mural (sin título)

Sin datos

Artes plásticas

Calle Cotizada

Tatuaje en jagua – unicornio

Gustavo Restrepo Tobon

Artes plásticas

Vereda El Río Necoclí

El pescador

Miguel Antonio Polo Rivas

Artes plásticas

Calle del Hospital

El pescador (3 mural)

Miguel Antonio Polo Rivas

Artes plásticas

Calle del Hospital

El pescador (2 mural)

Miguel Antonio Polo Rivas

Artes plásticas

Calle del Hospital

Escudo corregimiento Mulatos

Sin datos

Artes plásticas

Corregimiento Mulatos

Escultura en el Totumo

Anonimo

Artes plásticas

Corregimiento del Totumo

Bodegón de la Casita Vieja

Alberto Urango Díaz

Artes plásticas (pintura)

Zona Urbana

Diversidad Cultural de Necoclí

Alberto Urango Díaz

Artes plásticas (pintura)

Zona Urbana

Los Caballos nocturnos

Alberto Urango Díaz

Artes plásticas (pintura)

Zona Urbana

Innovación

Manuel Sariego Estrada

Artes plásticas (pintura)

Vereda Brisas del río

Semidesnudo

Manuel Sariego Estrada

Artes plásticas (pintura)

Vereda Brisas del río

Mural Paisaje

Manuel Sariego Estrada

Artes plástcas (pintura)

Vereda Brisas del río

Paisaje

Lidis Ester Peñata Flórez

Artes plásticas

Corregimiento de Caribia

Dinosaurus

Dámaso Santana Montalvo

Artes plásticas

Vereda Villa Nueva

Regalo para Mamá

Lina Yanneth Peñata Flórez

Artes plásticas

Corregimiento de Caribia

Mural de dibujos animados

Danilo Santana Montalvo

Artes plásticas

Vereda Villa Nueva

 

8.2.1.2 Arte Popular: Artesanía

 

Teniendo en cuenta que en Necoclí hay una gran diversidad cultural, la manifestación artesanal es también muy variada, pues ésta puede ser entendida como una manifestación material de la identidad; se trata de un conjunto de creaciones que están mostrando la expresión estética de un grupo cultural determinado, expresión que tiene un sin número de manifestaciones que van desde objetos dedicados a la decoración, hasta aquellos utensilios propios de el quehacer de las comunidades, sin dejar de lado el mundo gastronómico donde también se expresan las identidades.

 

Como actividad económica, la artesanía en Necoclí puede considerarse como una forma de comercio informal, que un número considerable de pobladores nativos —incluyendo las comunidades indígenas de Caimán Nuevo y el Volao—desarrollan en baja intensidad. Igualmente Necoclí es la residencia de personas procedentes de otras regiones, principalmente del interior del país, que se dedican a la producción artesanal y han encontrado en esta localidad un sitio propicio para la creación y desarrollo de sus labores[36].

 

Puede identificarse una tendencia artesanal para cada grupo étnico-cultural del municipio; así los indígenas Tule tiene su expresión artesanal en la fabricación de la mola y en la elaboración de objetos decorativos con chaquira; los indígenas zenues, tiene su énfasis en la elaboración de objetos con cañaflecha, que van desde aretes y pendientes, hasta el famoso sombrero vueltio, elementos que aparte de poseer un valor estético, son en si mismo una expresión simbólica, pues en cada trenza se relata una historia o un mito que hace alusión a la tradición de este grupo étnico; se trata de un lenguaje cifrado que no está escrito en las grafías convencionales, sino en iconos mucho más alegóricos del mundo espiritual de estas gentes. Igualmente sucede con la mola entre los Tule, pues se convierten en mensajes para los miembros de la comunidad; aquí vemos la doble función de los objetos artesanales en las comunidades indígenas, pues por un lado se convierten en alternativas de mejoramiento de los ingresos, a la vez que sirven para expresar lo más profundo de sus identidades culturales.

 

Pero también los otros grupos poblacionales que confluyen en Necoclí, practican la artesanía, muchas veces no como alternativa de comercialización, sino como mecanismo de abastecimiento de los utilajes y herramientas para sus oficios cotidianos, tanto el las labores del hogar, como en las del campo. Son también objetos que prestan en muchos casos funciones recreativas y de expresión artrítica, pues vemos que los indígenas y los no indígenas, elaboran juguetes, instrumentos musicales, objetos decorativos, ente otros tantos, que demuestran la capacidad manual de sus pobladores y el ingenio a la ora de la creación artística.

 

En este contexto, las comunidades afrocaribeñas y los sabaneros, construyen infinidad de artefactos, utensilios y objetos decorativos, utilizando materias primas propias de la región, derivadas de un entorno que conocen a la perfección y en donde han llevado a cavo un proceso de experimentación de las cualidades de cada recurso y de las posibilidades que brinda cada uno de ellos para resolver sus necesidades y para expresarse como seres creadores y artísticos. Es por esto que encontramos objetos elaborados en concha, fibras vegetales, coco y calabazo que muestran ese conocimiento tradicional de las materias primas de su entorno. Podemos decir que se trata de una ciencia de los materiales locales, tal cual como se estudia en las facultadas de ingeniería, pero en este caso sustentada en la tradición y en la experimentación permanente. Igualmente construyen un sin número de objetos en madera que son utilizados en las labores de pesca; conaletes, canoas, etc., son fabricados por expertos pescadores que buscan en el medio, la forma de sustentar sus necesidades artefactuales.

 

Otra forma estética y tradicional de expresar el sentimiento étnico-cultural, es la gastronomía y por su puesto en Necoclí, es una manifestación bastante importante, pues existe una amplia diversidad en la oferta culinaria, obviamente asociada a la multietnicidad en su conformación poblacional. Esto permite la existencia de especialistas en la materia, quienes viven de este oficio y son reconocidos como verdaderos artistas de la cocina por propios y extranjeros. Una expresión cultural y artística que tiene grandes posibilidades de ser fuente importante de ingresos y de mejoramiento de la calidad de vida de los pobladores, a partir del desarrollo de proyectos productivos tendientes a comercializar principalmente dulces.

 

Dada la concepción del arte popular expresada aquí, existe un grupo importante de personas en el municipio que se dedican a las elaboración de instrumentos, objetos decorativos y delicias gastronómicas, que pertenecen a los diferentes grupos étnico culturales que habitan en Necoclí; en la tabla que se presenta a continuación se relacionaran 145 talentos asociados a estos oficios, especificando para cada uno de ellos, su actividad, entidad con la que desarrolla la acción y su localización.

 

Nombre

Actividad

Grupo o entidad

Localización

Daniel Enrique González Torres

Artesanías con totumos

Independiente

Zona Urbana

Rocío Cecilia Villegas Beltrán

Artesanías bordados, bibliotecaria

Eduardo Espítia R

Zona Urbana

Norma Cecilia Quejada Durán

Danza, artesanías macramé

Grupo de danzas hospital

Zona Urbana

Gloria Esperanza Martinez Arupia

Artesanías molas y chaquiras

Comunidad Cuna-Tule

Vereda Caimán Nuevo

Raúl Morelos

Artesanías talla en madera

Independiente

Vereda Cañaflechal

Jader Antonio García

Artesanías talla en madera, arcilla y coco

Corporación Son de Cañaflechal

Vereda Cañaflechal

Marcelo Ernesto Ponzone

Investigador, músico, artesanías calabazo

Corporación los Mandibuleros

Vereda Cañaflechal

Silvia Alejandra Franco Rodríguez

Investigador, músico, artesanías calabazo

Corporación los Mandibuleros

Vereda Cañaflechal

Lázaro Yerenas Frías

Artesanías madera, músico

JAC Cañaflechal

Vereda Cañaflechal

Mery Sofía Vargas Cordero

Artesanías iraca

Manjares San Sebastián

Vereda el Hoyito

Miryam Páez Vargas

Artesanías iraca

Manjares San Sebastián

Vereda el Hoyito

Claudia Mercedes Rivera Mejía

Artesanías tejidos y Calados madera

Independiente

Vereda Cañaflechal

Manuela Hidalgo Socarraz

Gastronomía y dulces

Manjares San Sebastián

Vereda Cañaflechal

Abel Mórelo Lora

Artesanías madera y esteras

Independiente

Vereda Cañaflechal

Candelario Cerén Santana

Constructor de Embarcaciones y Viviendas de madera

Independiente

Vereda Cañaflechal

María José Payares Arroyo

Artesanías

Independiente

Zona Urbana

Rosa Amelia Pérez Mercado

Gastronomía, Dulces con coco y partera

Independiente

Vereda Cañaflechal

Gabriela del Socorro Gómez Arroyo

Pescadora y tejedora de redes de pesca

Independiente

Vereda el río Necoclí

Fulgencio Pérez Terán

Construcción de embarcaciones y redes de pesca

J.A.C del río Necoclí

Vereda el río Necoclí

Anibal Hernández Pérez

Constructor de Embarcaciones y redes de pesca

Independiente

Vereda el río Necoclí

Ceneida Cordero Bravo

Artesanías de crochet y escobas de cogollos de palma

J.A.C de vereda el Hoyito

Vereda el Hoyito

Delis María Guzmán Díaz

Gastronomía dulces de pulpa de fruta

Las Delicias del Coco

Vereda el Hoyito

Guillermo Vaza Enamorado

Artesanías Esteras de Henea y esterillas de Unco|

J.A.C del Hoyito

Vereda el Hoyito

Ana María Bravo Rivera

Artesanías Esteras de Henea

Independiente

Vereda el Hoyito

Demetrio Ferrer Hurtado

Pescador, constructor de embarcaciones y redes pesca

Independiente

Vereda el río Necoclí

José Concepción Cordero Payares

Tejedor de redes y talla canaletes

Independiente

Vereda el Hoyito

Lila Paola Teherán Arroyo

Danza y Artesanías vestuarios en hoja de plátano

Grupo Sangre Africana

Corregimiento de Zapata

Ester Madrid Sánchez

Gastronomía Panochas y galletas de limón

Independiente

Zona Urbana

Evelio Berrio Ibáñez

Carpintería y Ebanistería

J.A.C el Moncholo

Vereda el Moncholo

Petrona Berrio Genes

Gastronomía Galletas de limón y panochas

Independiente

Vereda Nuevo Oriente

Francisney Cuadrado Beltrán

Artesanías

Independiente

Vereda la Merced

Bonifacio León Rodríguez

Artesanías madera

Independiente

Corregimiento Mellito

Elvira del Carmen Martínez Quintana

Artesanía Tejidos Crochet

Grupo de mujeres la Galaxia

Vereda el Carlos

Horacio Macias Húmedo

Artesanías tallas madera

Asociación de artesanos el Carlos

Vereda el Carlos

Francisca Rivera Tuvirán

Artesanías tejidos Crochet

Grupo de mujeres la Galaxia

Vereda el Carlos

Naidith Blanquicet Martínez

Artesanías tejidos Crochet

Grupo de mujeres la Galaxia

Vereda el Carlos

Rafael Antonio Andrade Ruiz

Artesanías tejidos Hamacas y redes de pesca

J.A.C el Carlos

Vereda el Carlos

Manuel Antonio Monzón Jordán

Artesanías Con iraca

J.A.C el Carlos

Vereda el Carlos

Rafael Antonio Bedoya Cardozo

Artesanías tallas madera

Independiente

Vereda el Carlos

Obeida del Carmen Blanquicet Sotelo

Artesanías tejidos Crochet

Grupo de mujeres la Galaxia

Vereda el Carlos

Nohemy Gulfo Hernández

Artesanías Con iraca y Modistería

Independiente

Vereda el Carlos

Lina Ester Colón Vergara

Artesanías tejidos Crochet

Grupo de mujeres la Galaxia

Vereda el Carlos

Tomás Meneses Ruiz

Artesanías tejidos chinchorros y hamacas

Independiente

Vereda el Carlos

Ruth Marina Meneses Rodríguez

Tejidos Crochet

Grupo de mujeres la Galaxia

Vereda el Carlos

Luz Marina Sotelo Nizperuza

Tejidos Crochet

Grupo de mujeres la Galaxia

Vereda el Carlos

Luis Argumedo Delgado

Carpintería y Ebanistería

Independiente

Vereda Palmeras

Tomás Licona Meléndez

Artesanías Rallador de coco

Independiente

Zona Urbana

Ercilia Suárez Rodríguez

Gastronomía tortas de naranja

Independiente

Zona Urbana

Elizabeth Rodríguez Altamar

Culinaria

Independiente

Zona Urbana

Manuel Esteban Hoyos Medrano

Tejedor de redes y talla madera, Compone coyunturas

Independiente

Zona Urbana

Tomás Pájaro Ramírez

Tejidos de redes, moldes de bloques para ventilación

Independiente

Zona Urbana

Luis Clemente Zúñiga Hernández

Artesanías con madera y conchas de caracol, totumos

Independiente

Corregimiento Zapata

Julionel Aruachan Maussa

Literatura Oral

Independiente

Corregimiento Zapata

Narciso Teherán Herrera

Tejedor de redes de pesca

Asoc Alcatraz Blanco

Corregimiento Zapata

Soledad María Cortez Valoyes

Artesanías tejidos Crochet, Historia oral,  jardinería

JAC Zapata

Corregimiento Zapata

Jorge Luis Morillo Urueta

Artes plásticas y artesanías tallas madera

Independiente

Corregimiento Mulatos

Hugo Alberto Urango Osorio

Artes plásticas y artesanías de conchas

Independiente

Corregimiento Mulatos

Mariana Padilla Vargas

Artesanías tejidos macramé

Independiente

Corregimiento Mulatos

Roberto Tamayo Hernández

Artes plásticas artesanías Sandalias tejidas

Grupo Resplandor de Paz

Corregimiento Mulatos

Elkin Darío Guerra Correa

Artes plásticas y artesanías de conchas

Independiente

Corregimiento Mulatos

Alba Rocío Ramírez Acevedo

Artes plásticas y artesanías tejidos, e investigadora

Independiente

Vereda Cañaflechal

Luz Elena Altamiranda Rodríguez

Artesanías de chaquiras

Independiente

Casco Urbano

Paula Andrea Ortiz González

Tejidos Crochet

Independiente

Casco Urbano

Arledys Leonor Ceballos Acosta

Artesanías con Iraca

Independiente

Casco Urbano

Visitación Correa de Tordecilla

Artesanías bordados, muñecas de tela, decoración telas

Independiente

Casco Urbano

Kelly Patricia Guzmán Cárdenas

Artesanías con conchas y caracoles

Independiente

Casco Urbano

Carlos Vélez Arango

Artesanías con totumos

Independiente

Vereda el Hoyito

Rosa Elena Suárez Carvajal

Artesanías con totumos y caracoles

Independiente

Casco Urbano

Liberney Escudero Correa

Artesanías , Investigación socio cultural

Programa de familias guardabosques

Casco Urbano

Andrès Cavadìa Cedeño

Mùsica, ebanisterìa, construcciòn de instrumentos musicales

Los Vilines de urabà

Vereda La Floresta

Agustìn Castellar Gonsàlez

Artesanìas (esterillas de junco y henea) Tejidos hamacas

Independiente

Vereda La Ceibita

Reynaldo Medrano Blanco

Artesanìas Chaquiras y concahas de jovo

Independiente

Corregimiento del Totumo

Josè Rosario Julio Banquet

Artesanìas (corteza de coco

Independiente

Correhimiento del Totumo

Haider de Jesùs Acosta Pedrosa

Artesanìas (Talla madera)

Independiente

Vereda Aguas Claras

Joel Muñoz Alvarez

 Música, Artesanías (Contrucción de Instrumentos musicales)

JAC Nueva Pampa

Vereda Nueva Pampa

Pedro Nel Mendoza Díaz

Artesaqnías  (tejidos redes de pesca)

Independiente

Corregimiento del Totumo

Luz Mary Garcés Medina

Artesaniás (tejidos crchet)

Iglesia Pentecostal Unda de Colombia

Corregimiento del Totumo

Ubadel Padilla Beltrán

Artesanías (Tejidos de caña flecha)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

Noris Solano Castillo

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

Omar Carpio Carpio

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

Ramón Flórez Solano

Artesnías (tejidos de Cañaflecha), Historia oral del Volao

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

Germán Flórez Lázaro

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

Jimmy Quintero Lázaro

Artesanías (tejidos de cañaflecha), litratura oral(decimas)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

Luis Albeiro Mendoza Súarez

Artesanías (tejidos de cañaflecha), litratura oral(decimas)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

Julio José Solano Lázaro

Artesanías (terjidos de cañaflecha, iraca y bejuco

Comunidad  Senú

Resguardo Senú del Volao

Luz Herminia Hernández Roqueme

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

María del Rosario Lázaro López

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

José Heriberto de la Cruz Villadiego

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Cominidad Senú

Resguardo Senú del Volao

Johana Delacruz Hernández

Atrtesanías (tejidos de cañaflecha)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

María Dionidas Suarez Delacruz

Artesanías (tejidaos de cañaflecha)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

Cielo Rosa Baltazar

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

Vicente Borja Hernández Bustamante

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Comunidad Senú

Resguardo Senú del Volao

Manuel Sariego Estrada

Artes plástcas (pintura), Artesanías (talla madera)

Independiente

Vereda Brisas del río

Luz Marina Cuitiva Flórez

Artesanías (tejidos crochet)

Programa de familias guardabosques

Vereda Brisas del río

Sergio Gómez Polo

Artesanías (talla madera)

Programa de familias guardabosques

Vereda Brisas del río

Celso Miguel Echeverry Ruiz

Artesanías (talla madera) Artes plásticas (pintura)

Programa de familias guardabosques

Vereda Brisas del río

Jorge Eliecer Cordero Yanes

Artesanías (talla madera)

Programa de familias guardabosques

Vereda Tun Tun Arriba

Felipe Santiago Cárdennas Méndez

Artesanías (tejidos esterillas)

Independiente

Vereda Brisas del río

Nidia Enith Montes Herrera

Artesanías (talla madera y alfarería)

Programa de familias guardabosques

Vereda Brisas del río

María del Carmen Herrera Ruiz

Artesanías (tejidos crochet)

Programa de familias guardabosques

Vereda Brisas del río

Analida Feria Peñate

Artesanias (tejidos cañaflecha)

Iglesia Evangélica

Vereda Vara Santa Campesina

Carlos Mario Cogollo Rivera

Artes plásticas y música (composición)

Pasión Vallenata con sentimiento

Corregimiento de Zapata

Marciano José Gallego Argel

Artesanías (talla madera)

J.A.C del Mello Villavicencio

Corregimiento Mello Villavicencio

Imidia del Carmen Estrada Hernádez

Artesanías (tejidos cañaflecha)

J.A.C Vara Santa Campesina

Vereda Vara Santa Campesina

Leycer Antonio Mosquera Perea

Artesanías (tejidos iraca)

J.A.C Vara Santa Campesina

Vereda Vara Santa Campesina

Unil Enrrique Padilla Pérez

Artesanías (tejidos cañaflecha)

J.A.C Vara Santa Campesina

Vereda Vara Santa Campesina

Faustino Miguel Pérez Peña

Artesanías (talla madera)

Independiente

Vereda Los Palmares Santa Rosa

Valentina Moreno Gómez

Artesanías (aperos monturas)

Independiente

Vereda el Reparo

Santiago Pitalúa Vergara

Artesanías (talla madera)

J.A.C El Reparo

Vereda el Reparo

Alfonso Miguel Alvarez Nuñez

Música (composición)

J.A.C Palmeras

 Vereda Palmeras

Nando Antonio Nisperusa Gutierrez

Artesanías (aperos monturas)

J.A.C El Reparo

Vereda el Reparo

Danilo Santana Montalvo

Artes plásticas (pintura)

J.A.C Villa Nueva

Vereda Villa Nueva

Nilsa Isabel Vidal Plaza

Artesanias (tejidos crochet)

Fundación COMPARTIR

Zona Urbana

Susana Súarez Flórez

Artesaniás (tejidos cañaflecha)

Iglesia  cuadrangular

Corregimiento de Caribia

Adriana Marcela Celis Ballesta

Artesanías (totumo)

Cruz Roja

Corregimieto de Caribia

Adriana Marcela García Arteaga

Artesanías (totumo)

Cruz Roja

Corregimiento de Caribia

Marqueza Castillo Hernández

Artesanías (tejidos cañaflecha)

Independiente

Corregimiento de Caribia

Fidelina Flórez Castillo

Artesanías (tejdos iraca)

J.A.C Caribia

Corregimiento de Caribia

Lina Yanneth Peñata Flórez

Artesanías (totumo)

Grupo de Jardinería Colegio de Caribia

Corregimiento de Caribia

Eloi Alberto García Velásquez

Artesanías (tejidos hamacas)

Independiente

Corregimiento de Caribia

Saida Ruth Blanquiset León

Artesanías (bordados)

Cruz Roja Colegio de Caribia

Corregimiento de Caribia

Cenelia Rosa Guerrero

Artesanías (tejidos esterillas)

Independiente

Vereda Santa Rosa de Mulatos

Victor Alfonso Buena Anaya

Artesanías (escobas) artes plásticas

Independiente

Vereda Santa Rosa de Mulatos

Victor Manuel Gómez Bolaños

Artesanías (carpinteria), construcción viviendas

Iglesia Interamericana

Vereda Santa Rosa de Mulatos

Eudosia del Carmen Anaya Vargas

Artesanías (tejidos esterillas)

Independiente

Vereda Santa Rosa de Mulatos

Dionicio Montes Correa

Artesanías (tejidos de redes pesca)

Independiente

Vereda Lechugal

Aracely Montes Cordero

Artesanías (pellones montura)

J.A.C Limoncito

Vereda Limoncito

Arminia Rosa Ballesta Mendoza

Artesanías (tejidos crochet)

J.A.C Piedrecita

Vereda Piedrecita

Juan Francisco Cuevas Nisperusa

Artesanías, Carpintería

J.A.C Piedrecita

Vereda Piedrecita

Ismael Agames Avila

Artesanías (tallas madera9

J.A.C Gartón

Vereda Garitón

Orlys Cervantes Mestra

literatura, teatro, artesanías(tejidos crochet)

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Miguel Ibañes Delacruz

Artesanías (Tejidos iraca)

Iglesia Adventista del Septimo Día

Vereda Garitón

Erasmo José Anaya Mejía

 Carpintería, Artesanías (tejidos iraca y bejuco)

Grupo de conciliación vereda Garitón

Vereda Garitón

Mercedes Mejía Delacruz

Gastronomía tradicional

Programa de familias en acción

Vereda Garitón

Ambrosio Mejía Velásquez

Artesanías (tejidos canastaos)

J.A.C Gartón

Vereda Garitón

Elida Rosa Morales López

Gastronomía tradicional

Cmité de bienestar y medio ambiente, P.F A

Vereda Garitón

Francisca Páez Aicardi

Artesanías (muñecos)

Iglesia Adventista del Septimo Día

Vereda Gariton

Diana Daza Pitalúa

Artesanías (tejidos crochet)

Iglesia Pentecostal Unida de Colombia

Vereda Guacamayas

Antonio José Sánchez Vergara

Artesanías (talla madera9

J.A.C Vereda Almacigo abajo

Vereda Almacigo Abajo

Angel José Sánchez Vergara

Aretesanías (talla madera)

 J.A.C Vereda Almacigo abajo

Vereda Almacigo Abajo

Unilce Ibañez Mejía

Artesanías (tejidos crochet)

J.A.C Gartón

Vereda Gariton

Dalila Flórez Guzmán

Artesanías (tejidos crochet)

Iglesia Adventista del Septimo Día

Vereda Garitón

Andrés Antonio Vergara Gallego

Artesanías (talla madera), ebanista¿ería

Iglesia Adventista del Septimo Día

Vereda Guacamayas

Noelia Ayazo Pinto

Modistería

Asociaciín de padres de familia Almacigo abajo

Vereda Almacigo Abajo

Dioselfina Pitalúa de Montiel

Gastronomía tradicional,  Modistería

J.A.C Almacigo abajo

Vereda Almacigo Abajo

 

Aunque, como se puede ver, se trata de actividades con mucho potencial para ser proyectadas comercialmente, no existen las condiciones para que se de una comercialización que sea importante en los ingresos familiares, aunque hay algunos de ellos que viven de este oficio. Una de las limitantes, es la capacidad de respuesta a las exigencias de los mercados nacionales, departamentales y regionales, quienes imponen volúmenes que se está en la capacidad de manejarlos. De otro lado, la falta de una organización gremial sólida que busque condiciones de mejoramiento de la producción y estrategias de comercialización, limitan aún más las posibilidades de desarrollo de este sector. Existe una asociación de artesanos que lleva cuatro años de funcionamiento, ha celebrado encuentros artesanales en el parque principal, con el apoyo de la Administración Municipal y el impulso de la Corporación  Ecológica y Cultural CORPOETNIAS[37]. Aunque por tiempos intermitentes, ha funcionado la Asociación Municipal de Artesanos, no hay continuidad en sus actividades y no se han constituido jurídicamente; el presente plan de desarrollo abordara la solución de esta dificultad.

 

Los ingresos de los artesanos provienen generalmente de las ventas generadas por el turismo, aunque también existe en pequeña proporción un comercio local permanente[38], lo que implica que estas dos actividades están en íntima relación y que la oferta artesanal, así como el volumen de las ventas, dependen del desarrollo turístico y la consolidación de Necoclí como destino turístico.

 

Otra carencia que se ha identificado es la carencia de infraestructura física adecuada para la exhibición y venta de los productos artesanales, así como de un centro de capacitación para el gremio de artesanos y la falta de insumos y de accesorios empleados en la elaboración de productos artesanales[39].

 

Para mostrar la multiplicidad de creaciones y manifestaciones artesanales de las comunidades de Necoclí, se presenta a continuación un listados de las más sobresalientes, tanto de artefactos para satisfacer las necesidades diarias como de objetos artísticos, muchos de ellos dedicados a la comercialización. Para cada uno de ellos, se especificará su creador, la clase de obra, la entidad asociada y la localización.

 

Obra o Creación

Autor

Clase de obra

Ubicación

Artesanías en Calabazo

Marcelo Ernesto Ponzoni

Artesanía

Vereda Cañaflechal – La Playa

Pilón y mano de pilón

Lázaro Yerena Frías

Mobiliario

Vereda Cañaflechal – Carretera escuela

Platón para rallar el coco

Lázaro Yerena Frías

Mobiliario – artesanía

Vereda Cañaflechal – Carretera escuela

Platón de cateo

Lázaro Yerena Frías

Mobiliario – artesanía

Vereda Cañaflechal – Carretera escuela

Sombrero de hiraca

Mery Sofía Vargas Cordero

Artesanías

Vereda El Hoyito

Canastillas

Mery Sofía Vargas Cordero

Artesanías

Vereda El Hoyito

Coquita de madera para limpiar

Abel Morelos Lora

Mobiliario

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

Guria o Gambia

Abel Morelos Lora

Herramienta

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

Hachuela

Abel Morelos Lora

Herramienta

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

Hamaca cama

Claudia Mercedes Rivera Mejía

Textil

Vereda Cañaflechal – La Balastrera

Hamaca cama

Claudia Mercedes Rivera Mejía

Textil

Vereda Cañaflechal – La Balastrera

Conjunto de móviles calados en madera

Claudia Mercedes Rivera Mejía

Artesanía – mobiliario – textil

Vereda Cañaflechal – La Balastrera

Calados

Claudia Mercedes Rivera Mejía

Artesanía – mobiliario

Vereda Cañaflechal – La Balastrera

Sancocho de pescado

Georgina Ceren

Gastronomía

Vereda Cañaflechal

Arroz de cangrejo

Georgina Ceren

Gastronomía

Vereda Cañaflechal

Pato ahumado

Georgina Ceren

Gastronomía

Vereda Cañaflechal

Confites de mango

Manjares San Sebastián (Grupo de mujeres)

Gastronomía

Vereda Cañaflechal – La Balastrera

Bocadillos de Guayaba

Manjares San Sebastián (Grupo de mujeres)

Gastronomía

Vereda Cañaflechal – La Balastrera

Arequipe de leche y arroz

Manjares San Sebastián (Grupo de mujeres)

Gastronomía

Vereda Cañaflechal – La Balastrera

Construcción de chalupas

Candelario Ceren Santana

Artesanía (talla madera)

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

Cocadas

Rosa Amelia Pérez Mercado

Gastronomía

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

Panelita de coco

Rosa Amelia Pérez Mercado

Gastronomía

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

Arroz con coco

Rosa Amelia Pérez Mercado

Gastronomía

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

Dulce de papaya

Rosa Amelia Pérez Mercado

Gastronomía

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

Panochas de coco

Delis Guzmán

Gastronomía

Vereda El Hoyito

Rabo de mico

Gloria Esperanza Martínez

Artesanía (chaquiras)

Resguardo Caimán Nuevo

Mola de fondo vinotinto

Gloria Esperanza Martínez

Artesanía – textil

Resguardo Caimán Nuevo

Abanico de iraca

Luis Martínez

Artesanía

Resguardo Caimán Nuevo

Gargantilla ancha de chaquiras

Gloria Esperanza Martínez

Artesanía (chaquiras)

Resguardo Caimán Nuevo

Talar para tejer manillas en chaquiras

Gloria Esperanza Martínez

Mobiliario

Resguardo Caimán Nuevo

Gargantilla  de chaquiras amarillas

Gloria Esperanza Martínez

Artesanía (chaquiras)

Resguardo Caimán Nuevo

Asientos

Luis Martínez

Mobiliario

Resguardo Caimán Nuevo

Pañolón Kuna

Comunidad tule de San Blas

Vestuario

Resguardo Caimán Nuevo

Atuendo femenino Kuna Tule – Saburedi (falda)

Comunidad tule de San Blas

Vestuario

Resguardo Caimán Nuevo

Collar de chaquiras y semillas

Gloria Esperanza Martínez

Artesanía (chaquiras)

Resguardo Caimán Nuevo

Gargantilla angosta de Chaquiras

Gloria Esperanza Martínez

Artesanía (chaquiras)

Resguardo Caimán Nuevo

Blusa con mola geométrica y motivos de aves

Gloria Esperanza Martínez

Textil

Resguardo Caimán Nuevo

Blusa con mola geométricas

Gloria Esperanza Martínez

Textil

Resguardo Caimán Nuevo

Blusa con mola geométrica y animales

Gloria Esperanza Martínez

Textil

Resguardo Caimán Nuevo

Blusa Con mola geométrica amarilla y roja

Gloria Esperanza Martínez

Textil

Resguardo Caimán Nuevo

Blusa azul estampada con mola fondo vinotinto

Gloria Esperanza Martínez

Textil

Resguardo Caimán Nuevo

Mola con Figuras  geométrica

Gloria Esperanza Martínez

Textil

Resguardo Caimán Nuevo

Blusa con mola figuras geométricas laberínticas

Gloria Esperanza Martínez

Textil

Resguardo Caimán Nuevo

Escoba de palma

Ceneida Cordero Bravo

Artesanía

Vereda El Hoyito

Esteras de Enea

Ana Maria Bravo Rivera

Artesanía

Vereda El Hoyito

Delicias de coco (cocadas de frutas)

Delis María Guzmán Díaz

Gastronomía

Vereda El Hoyito

Telar Para Hacer Esterilla

Guillermo Vaza Enamorado

Mobiliario

Vereda El Hoyito

Esterilla de Juncos

Guillermo Vaza Enamorado

Artesanía

Vereda El Hoyito

Canalete Largo

José Concepción Cordero Payares

Artesanía (talla madera)

Vereda El Hoyito

Atarraya

José Concepción Cordero Payares

Artesanías (tejidos para pesca)

Vereda El Hoyito

Chalupa azul y negra

Demetrio Ferrer Hurtado

Mobiliario

Vereda El Río Necoclí

Tola (anzuelos para pesca de sábalo)

Demetrio Ferrer Hurtado

Artesanía (redes y anzuelos de pesca )

Vereda El Río Necoclí

Anzuelo de yoyo

Demetrio Ferrer Hurtado

Artesanía (anzuelos)

Vereda El Río Necoclí

Trasmallos

Anibal Hernández Pérez

Artesanía (tejidos para pesca)

Vereda El Río Necoclí

Manta sierrera

Anibal Hernández Pérez

Artesanías (tejidos para pesca)

Vereda El Río Necoclí

Chalupa de Madera

Anibal Hernández Pérez

Mobiliario

Vereda El Río Necoclí

Red camaronera

Gabriela del Socorro Gómez Arroyo

Artesanía (tejido para pesca de camarones)

Vereda El Río Necoclí

Manta sierrera

Gabriela del Socorro Gómez Arroyo

Artesanía (tejido para pesca)

Vereda El Río Necoclí

La silla de la Reina

Marco Restrepo Rendón

Mobiliario

Vereda El Río Necoclí

Galletas de limón

Ester Madrid Sánchez

Gastronomía

Calle del Cementerio

Panochas

Ester Madrid Sánchez

Gastronomía

Calle del Cementerio

Torno artesanal para ebanistería

Evelio Berrio Ibáñez

Mobiliario

Vereda Mancholo

Silla de madera

Evelio Berrio Ibáñez

Mobiliario

Vereda Mancholo

Pulpito en madera

Evelio Berrio Ibáñez

Mobiliario

Vereda Mancholo

Bolso pequeño blanco de lana

Luz Mary Sotelo Nisperusa

Artesanía (tejidos)

Vereda el Carlos

Hamaca de fibra sintética

Tomás Meneses Ruiz

Artesanías  (tejidos)

Vereda el Carlos

Tejido en Croché

Lina Ester Colón Vergara

Artesanía (tejidos)

Vereda el Carlos

Canasto de Iraca

Nohemy Gutio Hernández

Artesanía tejidos)

Vereda el Carlos

Mochila o bolso tejido

Oberda del Carmen Blanquiset

Artesanía (tejidos)

Vereda el Carlos

Sandalia tejida

Ruth María Meneses Rodríguez

Artesanía (tejidos)

Vereda el Carlos

Tiburón

Rafael Antonio Bedoya Cardona

Artesanía (talla madera)

Vereda el Carlos

Delfín

Rafael Antonio Bedoya Cardona

Artesanía (talla madera)

Vereda el Carlos

La Picuda

Rafael Antonio Bedoya Cardona

Artesanía (talla madera)

Vereda el Carlos

Atarraya

Rafael Antonio Andrade Ruiz

Artesanía (tejidos)

Vereda el Carlos

Tejido en croché

Naidit Blanquiset

Artesanía (tejidos)

Vereda el Carlos

Bolso de Iraca

Manuel Antonio Monzón Jordán

Artesanía (tejidos)

Vereda el Carlos

Sandalias tejidas

Elvira del Carmen Martínez

Artesanía (tejidos)

Vereda el Carlos

Sandalias tejidas

Francisca Rivera Tuvirán

Artesanía (tejidos)

Vereda el Carlos

Torno de madera

Luis Argumedo Delgado

Mobiliario

Vereda Palmeras

Rayador de coco

Tomás Licona Meléndez

Artesanía (instrumento de cocina

Calle la Cotizada

Tortas de maíz Verde (buñuelos)

Elizabeth Rodríguez Altamar

Gastronomía

Calle principal

Torta de naranja

Ercilia Suárez Rodríguez

Gastronomía

Calle principal

Morcilla

Elizabeth Rodríguez Altamar

Gastronomía

Calle principal

Malla para cercar una cancha

Manuel Esteban Hoyos Medrano

Artesanía (tejidos)

Calle principal

Barco pesquero

Luis Clemente Zúñiga Hernández

Artesanía (talla madera)

Corregimiento de Zapata (Calle Miramar

Velero de pesca

Luis Clemente Zúñiga Hernández

Artesanía (talla madera)

Corregimiento de Zapata (Calle Miramar

Sandalia femenina

Roberto Tamayo Hernández

Artesanía (calzado)

Corregimiento de Mulatos

Bolso de fibra

Marina Padilla Vargas

Artesanía (tejido)

Corregimiento de Mulatos

Canasto de Iraca

Arledys Ceballos Acosta

Artesanías (tejidos)

Barrio Parroquial

Sandalias tejidas

Paula Andrea Ortiz González

Artesanías (tejidos croché)

Barrio Parroquial

Bolsos de Iraca

Arledys Ceballos Acosta

Artesanía (tejidos)

Barrio Parroquial

Bolso y sombrero de hilo

Paula Andrea Ortiz González

Artesanías (tejidos croché)

Barrio Parroquial

Bolsos decorados

Visitación Correa de Tordecilla

Artesanías (pintelas)

Barrio San Blas de Lesso

Pinceles de Iraca

Kelly Patricia Guzmán Cárdenas

Herramienta

Barrio Caribe

Artesanías en Caracucha

Kelly Patricia Guzmán Cárdenas

Artesanías (Conchas)

Barrio Caribe

Camisa con bordados

Visitación Correa de Tordecilla

Artesanías (bordados)

Barrio San Blas de Lesso

Muñeca de pelo azul

Visitación Correa de Tordecilla

Artesanías (Muñecos de trapo)

Barrio San Blas de Lesso

Muñeca de trapo

Visitación Correa de Tordecilla

Artesanías (Muñecos de trapo)

Barrio San Blas de Lesso

Muñeca del columpio

Visitación Correa de Tordecilla

Artesanías (Muñecos de trapo)

Barrio San Blas de Lesso

Artesanías con caracoles

Rosa Elena Suárez Carvajal

Artesanías ((conchas)

Calle de la media loma

Artesanías con totumo

Rosa Elena Suárez Carvajal

Artesanías (decoración totumos)

Calle de la media loma

Gorro y bolsos tejidos en croché

Ceneida Cordero Bravo

Artesanías (tejidos)

Vereda El Hoyito

Pilón y mano de pilar

Anibal Hernández Pérez

Mobiliario (talla madera)

Vereda El Hoyito

Chalupa amarilla y negra, canalete

Gabriela del Socorro Gómez Arroyo

Mobiliario (talla madera)

Vereda El Río Necoclí

Chalupa azul y blanca, canalete

Anibal Hernández Pérez

Mobiliario (talla madera)

Vereda El Río Necoclí

Pilón y manos para pilar arroz

Fulgencio Pérez Terán

Mobiliario (talla madera)

Vereda El Río Necoclí

Chalupa pesquera

Fulgencio Pérez Terán

Mobiliario (talla madera)

Vereda El Río Necoclí

Caballitos de fruta

Delis María Guzmán Díaz

Gastronomía

Vereda El Hoyito

Corteza de coco para empacar cocadas

Delis María Guzmán Díaz

Artesanías

Vereda El Hoyito

Atuendo femenino Olo-tule

Creación colectiva Tule

Textil

Resguardo Caimán Nuevo

Faro para pesca

Creación colectiva pescadores

Mobiliario

Ensenada de río Negro

Horno artesanal para panadería

Ester Madrid Sánchez

Mobiliario

Calle del Cementerio

Pan dulce

Ester Madrid Sánchez

Gastronomía

Calle del Cementerio

Atarraya

Juan Carlos Marmolejo Altamiranda

Artesanías (tejidos para pesca)

Corregimiento Zapata

Manojos de arroz

Famalia Gutiérrez Vargas

Secado artesanal de arroz

Vereda Cañaflechal

Galletas de limón

Petrona Berrio Genes

Gastronomía

Vereda Nuevo Oriente

Pilón de arroz

Marciano

Mobiliario

Vereda Nuevo Oriente

Silla de madera y cuero

Bartolo Madrid Sánchez

Mobiliario

Vereda Marimonda

Tinaja y mueble de soporte

Bartolo Madrid Sánchez

Mobiliario

Vereda Marimonda

Nevera de Petróleo

Bartolo Madrid Sánchez

Mobiliario

Vereda Marimonda

Artesanías en calabazo

Carlos Vélez Arango

Artesanías

Vereda El Hoyito

Apero de cabeza en Nylon

Liberney Escudero Correa

Artesanía talabartería

Barrio Parroquial

Artesanìas de Chaqiuras Jovo y Bambù

Reinaldo Medrano Blanco

Artesanìas (conchas y bambù)

Coregimiento del Totumo

Esterillas de Junco Y hamacas

Agustìn Castellar Gonsàlez

Artesanìas (Tejidos)

Vereda La Ceibita

Artesanìas de corteza de coco

Josè Rosario Julio Banquet

Artesanìas Corteza de coco

Corregimiento del Totumo

Helicoptero de balso

Jaider Acosta Pedrosa

Artesanìas (Talla Madera)

Vereda Aguas Claras

Red Sierrera 2″3/4

Pedro Nel Mendoza Díaz

Artesanías (tejidos redes de pesca)

Corregimiento del Totumo

Red Robalera 6″1/2

Pedro Nel Mendoza Díaz

Artesanías

Corregimiento del Totumo

Manilla Senú

Ubadel Padilla Beltrán

Artesanías (tejidos Cañaflecha)

Resguardo del Volao

Sombrero vueltiao

Omar Carpio Carpio

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Resguardo del Volao

Artesanía Cultural Senú

Omar Carpio Carpio

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Resguardo del Volao

Sombrero Machetazo

Omar Carpio Carpio

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Resguardo del Volao

Balay para ventiar arroz

Julio José Solano Lázaro

Artesanías (tejidos de cañaflecha)

Resguardo del Volao

Deshojador o estusao

Jorge Eliecer Cordero Yanes

Artesanía (Talla madera)

Vereda Tun Tun arriba)

Caja Vallenata

Israel María Meléndez Vertel

Artesanía (instrumento musical)

Vereda Villa Sonia

Guacharaca

Israel María Meléndez Vertel

Artesanía (instrumento musical)

Vereda Villa Sonia

Tucán o Guasalé

Faustino Miguel Pérez Peña

Artesanía (Talla madera)

Vereda Palmares Santa Rosa

Gonzalo

Faustino Miguel Pérez Peña

Artesanía (Talla madera)

Vereda Palmares Santa Rosa

Pareja de Loro fino

Faustino Miguel Pérez Peña

Artesanía (Talla madera)

Vereda Palmares Santa Rosa

Mazorca de Maíz

Faustino Miguel Pérez Peña

Artesanía (Talla madera)

Vereda Palmares Santa Rosa

Perico

Faustino Miguel Pérez Peña

Artesanía (talla madera)

Vereda Palmares Santa Rosa

Bolsitos y alcancias de iraca

Leycer Antonio Mosquera Perea

Artesanía (tejido iraca)

Vereda Vara Santa Campesina

Sombrero de iraca

Leycer Antonio Mosquera Perea

Artesanía (tejido iraca)

Vereda Vara Santa Campesina

Avioneta de Balso

Leycer Antonio Mosquera Perea

Artesanía (talla madera)

Vereda Vara Santa Campesina

Panga de motor y cabina

Leycer Antonio Mosquera Perea

Artesanía (talla madera)

Vereda Vara Santa Campesina

Cabezal

Nando Antonio Nisperuza Gutiérrez

Artesania (talla madera)

Vereda el Reparo

Aresanía de totumo

Adriana Marcela Celis Ballesta

Artesanía

Corregimiento de Caribia

Sillas perezosas

Luis Felipe Argumedo Delgado

Carpintería

Vereda Palmeras

Tinajero

Luis Felipe Argumedo Delgado

Carpintería

Vereda Palmeras

Los Amantes

Marciano José Gallego Angel

Artesanía (talla madera)

Corregimiento Mello Villavicencio

Pilanderos

Marciano José Gallego Angel

Artesanía (talla madera)

Corregimiento Mello Villavicencio

Sombrero vueltiao quinciano

Analida Feria Peñate

Artesanía (tejido de cañaflecha)

Vereda Vara Santa Campesina

Movil de totumo decorados

Fidelina Flórez Castillo

Artesanía (decoración totumos)

Corregimiento de Caribia

Escoba de Barbasco

Fidelina Flórez Castillo

Artesanía

Corregimiento de Caribia

Tejido quinciano

Susana Suarez Flórez

Artesanía ( tejido de cañaflecha)

Corregimiento de Caribia

Mural de dibujos animados

Danilo Santana Montalvo

Artes plásticas

Vereda Villa Nueva

Florero de totumo

Adriana Marcela García Arteaga

Artesanía (decoración totumos)

Corregimiento de Caribia

Talla en totumo

Adriana Marcela García Arteaga

Artesanía (decoración totumos)

Corregimiento de Caribia

Aguja y Tablilla para tejer

Eloi Alberto Garcían Velásquez

Artesanía Herramienta

Corregimiento de Caribia

Tejido para Sombrero Quinciano

Marqueza Castillo Hernández

Artesanía (tejido de cañaflecha)

Corregimiento de Caribia

Hamaca de fibra sintética

Eloi Alberto Garcían Velásquez

Artesanía (tejido manual)

Corregimiento de Caribia

Florero de totumo

Lina Yanneth Peñata Flórez

Artesanía (decoración totumos)

Corregimiento de Caribia

Cama típica

Victor Manuel Gómez Bolaños

Carpintería

Vereda Santa Rosa de Mulatos

Telar para tejer esteras de junco

Eudosia del Carmen Anaya Vargas

Artesanía (tejidos)

Vereda Santa Rosa de Mulatos

Escoba de cogollo de corozo

Eudosia del Carmen Anaya Vargas

Artesanía

Vereda Santa Rosa de Mulatos

Petate de Enea

Eudosia del Carmen Anaya Vargas

Artesanía (tejidos)

Vereda Santa Rosa de Mulatos

Esterilla de Juncos

Cenelia Rosa Guerrero

Artesanía (tejidos)

Vereda Santa Rosa de Mulatos

Cama tallada en roble

Juan Francisco Cuavas Nisperusa

Carpintería

Vereda Piedrecita

Hortaliza Bleo de gallinazo

Amparo del Carmen Regino Ruiz

Gastronomía

Vereda Limoncito

Pellón de montura (sobre avío)

Aracely Montes Cordero

Artesanía (tejido)

Vereda Limoncito

Atarraya

Dionicio Montes Correa

Artesanía (tejido pesca)

Vereda Lechugal

Sombrero Quinciano

Inidia del Carmen Estrada Hernández

Artesanía (tejido de cañaflecha)

Vereda Vara Santa Campesina

Sandalias tejidas

Diana Daza Pitalúa

Artesanías (tejidos crochét)

Vereda Guacamayas

Balay de bejuco rojo

Ambrosio Mejía Velásquez

Artesanías (tejidos bejuco)

Corregimiento el Mellito

Chingo (canasto)

Ambrosio Mejía Velásquez

Artesanías (tejidos canastos

Vereda Garitón

Enyucado

Mercedes Mejía Delacruz

Gastronomía

Vereda Garitón

Mecedor de arroz

Ismael Agames Avila

Artesanía (talla madera)

Vereda Garitón

Bastón de níspero

Ismael Agames Avila

Artesanías (talla madera)

Vereda Garitón

Abanico de iraca

Miguel Ibañes Delacruz

Artesanía (tejido iraca)

Vereda Garitón

Juego de cucharones

Andrés Antonio Vergara Gallego

Artesanías (talla madera)

Vereda Guacamayas

Botes de madera

Antonio José Sánchez Vergara

Artesanías (talla madera)

Vereda Almacigo abajo

Turrones

Dioselfina Pitalúa de Montiel

Gastronomía

Vereda Almacigo abajo

Pilón y bote

Angel José Sánchez Vergara

Artesanías (talla madera)

Vereda Almacigo abajo

 

8.2.2 Patrimonio Cultural Inmueble

 

El patrimonio inmueble está constituido por todos aquellos bienes que no se pueden transportar y que son constitutivos de la identidad de los pueblos asentados en jurisdicción del municipio de Necoclí. Entre ellos se encuentran los escenarios naturales únicos y de alto valor paisajístico, las construcciones arquitectónicas que dan cuenta de las tendencias urbanísticas y de habitación de las comunidades, la infraestructura comunitaria y de servicios y los sitios arqueológicos.

 

Dentro del patrimonio inmueble del Municipio de Necoclí, existe un componente que es bastante significativo, no sólo por su abundancia, sino por su significación cultural en la esfera local, así como en la nacional y el la continental; se trata del patrimonio Arqueológico.

 

En Colombia los bienes del Patrimonio Arqueológico son de interés cultural y pertenecen exclusivamente a la Nación, de conformidad con el Artículo 72 de la Constitución Política y con la Ley 397 de 1997; son considerados como inalienables, por lo tanto intransferibles o comercializables a cualquier título por particulares. Su remoción, desplazamiento, restauración, intervención, salida del país, movilización, excavación y exploración requieren del permiso expreso del Instituto Colombiano de Antropología e Historia.

 

Los territorios del Municipio de Necoclí son los depositarios de un enorme patrimonio arqueológico, pues en sus suelos aún yace sepultado un sinnúmero de objetos, rasgos, restos humanos, estructuras habitacionales y vestigios zoológicos y botánicos, de comunidades que se pueden remontar a más de dos mil años. De singular importancia resulta el hecho de que en la jurisdicción de este municipio, tuvieron lugar los primeros contactos entre europeos y americanos continentales, lo que supone la presencia de elementos de la cultura material de aquellos expedicionarios que incursionaron en el territorio, entremezclados con materiales indígenas en las capas más superficiales de los suelos. Respetando la normatividad y la integridad de estos bienes, este patrimonio posibilita contarle a los visitantes y a los lugareños una historia propia que reafirme las identidades locales y promueva entre los foráneos una manera diferente de ocupar el tiempo “libre” conociendo de primera mano las riquezas patrimoniales y escuchando historias inéditas sobre eventos oceánicos y continentales.

 

El Municipio de Necoclí, con la colaboración de otras entidades, entre las que se destacan, el Ministerio de Cultura y COMFENALCO – Antioquia vienes estudiando sistemáticamente este patrimonio arqueológico municipal, buscando su proyección en busca de un Desarrollo Humano Integral Sostenible.

 

La Prospección Arqueológica en el Litoral y Cuencas Hidrográficas del Municipio de Necoclí, pretende adelantar acciones exploratorias del patrimonio arqueológico, buscando elaborar un modelo de los patrones de asentamiento y las formas de la organización sociopolítica prehispánica, para los siglos anteriores a la conquista y el Siglo siguiente, donde se dieron lugar las primeras poblaciones españolas en América Continental y donde el territorio de la jurisdicción de Necoclí, jugó un papel importante. Adicionalmente, la localización y calidad de cada sitio de importancia histórica y arqueológica, está siendo evaluado en función de las potencialidades para ser incorporados en propuestas de turismo eco-cultural, en aras de fortalecer los lazos existentes entre el patrimonio, las comunidades y visitantes foráneos, propiciando alternativas de desarrollo sostenible para el sector turismo del municipio.

 

 

 

De igual manera se está proyectando el conocimiento de este patrimonio, al sector educativo, mediante el desarrollo de un componente pedagógico que le brinde la posibilidad a los jóvenes de la localidad de acercase a su valoración, conservación y sobre todo a su conocimiento.

 

Buscando una alta participación de la comunidad en el desarrollo de las diferentes actividades del estudio, se incluyeron a los estudiantes de diferentes instituciones educativas de las áreas rurales y urbanas, mediante la realización de seminarios de formación en patrimonio cultural, histórico y arqueológico, así como la participación de algunos de ellos en los trabajos de campo y laboratorio como auxiliares en el proceso investigativo. Estas acciones participativas ayudan a formar jóvenes que afronten los retos del futuro con alternativas de desarrollo acordes con las características del territorio que habitan. La capacitación de este grupo poblacional, tiene repercusiones en diferentes sectores sociales, pues serán ellos, mediante los vínculos cotidianos de parentesco y amistad, quienes socialicen lo aprendido y reproduzcan las experiencias y los espacios de discusión  y maduración, que permitan una gestión coherente de la sociedad civil frente al desarrollo turístico del municipio, teniendo en cuenta la realidad ambiental y patrimonial.

 

El reconocimiento arqueológico se ha adelantado en dos zonas, la primera de ellas localizada en las veredas Cañaflechal/San Sebastián, El Río y El Hoyito, donde se identificaron 107 yacimientos arqueológicos de diversas temporalidades que incluyen los periodos prehispánico y colonial temprano; allí se pudo reconocer sistemáticamente doce kilómetros cuadrados. La otra zona se localiza en la vereda El Carlos donde se adelantó un reconocimiento sistemático que se extiende desde el nacimiento de la quebrada El Carlos, en el Nudo de la Puerca, hasta el caserío, cubriendo una extensión de unos siete kilómetros cuadrados, quedando pendiente el reconocer diez kilómetros adicionales para así cobijar toda la cuenca y tener una información lo suficientemente confiable para dar cuenta de los procesos de poblamiento de dicha cuenca.

 

En la primera zona de muestreo se excavaron dos sitios arqueológicos: el primero de ellos localizado en la terraza marítima, que consiste en un basurero prehispánico con presencia de grandes cantidades de restos de moluscos (conchas) y restos zooarqueológicos, que lo convierten en un sitio de singular importancia para la arqueología de la costa caribe colombiana; cabe resaltar que este sitio esta en proceso de excavación. En la vereda El Hoyito también se excavó una estructura en forma de ele y de ochenta centímetros de profundidad, la cual contenía el menaje doméstico de una familia indígena prehispánica, el cual puede corresponder a un ritual asociado al abandono de la vivienda.

 

Igualmente se llevan a cabo las delimitaciones de las áreas más susceptibles para proceder con su delimitación como Áreas de Protección Arqueológica, que permita posteriormente integrarlos al sistema nacional de bienes patrimoniales protegidos. En el sector mencionado se identificó material colonial del siglo XVI que ratifica la importancia de esta localidad en los procesos de poblamiento de la conquista y la colonia temprana; es posible que por la localización espacial de las evidencias coloniales, éstas correspondan a las del poblado efímero de San Sebastián de Urabá, llevado a cabo en 1509 por los conquistadores Ibéricos, elemento que se constituye en un hito de singular importancia para la historia y la arqueología Americana y para su incorporación en políticas de desarrollo local, pues es considerado una de las primeras fundaciones en tierras continentales.

 

De otro lado, en la zona muestreada en la vereda El Carlos, se han realizado tres cortes estratigráficos; se excavaron tres estructuras verticales, dos de ellas correspondientes a dos enterramientos humanos prehispánicos y una huella de poste de vivienda del mismo período histórico. La estructura excavada en una colina cercana al Nudo de la Puerca, consistió en un enterramiento primario de un niño en posición decúbito lateral, sin ofrenda alguna, que yacía a cuarenta centímetros de profundidad en un pequeño nicho construido para tal fin. El otro enterramiento excavado, se llevó a cabo en una colina media de cima plana en cercanías del caserío, donde se recuperaron dos cráneos que estaban cubiertos por media vasija cerámica.  La huella de poste fue identificada en una de las colinas que conforman el Nudo de la Puerca.

 

Para tener una idea de las características de este patrimonio, en la tabla que se presenta a continuación, se hace una relación de los sitios arqueológicos hasta ahora identificados, donde para cada uno de ellos, se especifica su localización en el entorno comunitario, el predio la unidad geomorfológica y la cuenca a la cual pertenecen.  

 

Sitios arqueológicos identificados en la jurisdicción de Necoclí.

 

Vereda

Finca

Unidad Geomorfológica

Cuenca

Cabecera Municipal

Barrio Parroquial

Colina Baja

Sin Dato

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja no Inundable

Sistema de Caños de Cañaflecha

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Puerto Perla

Terraza Baja No Inundable

Caños Los Kiosquitos y Piatra

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja no Inundable

Sistema de Caños de Cañaflecha

Cañaflechal

María Moreno

Terraza Baja inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

El Conglo

Terraza Baja No Inundable

Caños Los Kiosquitos y Piatra

Cañaflechal

Sin Dato

Ladera Baja de Colina

Sistema de Caños de Cañaflecha

Cañaflechal

Francisco

Terraza Baja Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja No Inundable

Caños Los Kiosquitos y Piatra

Cañaflechal

Bellavista

Terraza Baja inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

La Balastrera

Terraza Baja No Inundable

Caños Los Kiosquitos y Piatra

Cañaflechal

Tronconera

Terraza Baja inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja No Inundable

Río Necoclí

Cañaflechal

La Boquita

Terraza Baja Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Simón Muñoz

Terraza Baja no Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

La Voquita

Colina Baja

Caño La Boquita

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Colina

Río Necoclí

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Colina media

Río Necoclí

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Colina Alta

Río Necoclí

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Colina Media

Río Necoclí

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza en Ladera

Río Necoclí

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza en Ladera

Río Necoclí

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Colina Alta

Sistema de Caños de Cañaflecha

Cañaflechal

Sin Dato

Colina

Caño La Boquita

Cañaflechal

San Fransisco

Colina Alta

Caños intermedios

Cañaflechal

Sin Dato

Colina

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja no Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Simón Muñoz

Terraza Baja no Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sí Díos Quiere

Terraza Aluvial

Caños Los Kiosquitos y Piatra

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina Baja

Caño LaBoquita

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina Baja

Caño LaBoquita

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina Baja

Caño LaBoquita

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina Baja

Caño LaBoquita

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina Baja

Caño LaBoquita

Cañaflechal

Sin Dato

Terreza Baja no Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja no Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sí Díos Quiere

Terraza Aluvial

Caños Los Kiosquitos y Piatra

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina Alta

Caño LaBoquita

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina Alta

Caño LaBoquita

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina Baja

Caño LaBoquita

Cañaflechal

Virgen del Cobre

Colina Baja

Caño LaBoquita

Cañaflechal

Sin Dato

Terreza Baja no Inundable

Sin Dato

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja no Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Cecilia Retamoso

Terraza Baja Inundadle

Caños Los Kiosquitos y Piatra

Cañaflechal

Retiro de Monjas

Terreza Baja no Inundable

Rio Necoclí

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja no Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja Inundadle

Caños Los Kiosquitos y Piatra

Cañaflechal

Balastrera?

Terraza Baja no Inundable

Rio Necoclí

Cañaflechal

Evanahan Restrepo

Terraza Baja Inundadle

Caños Los Kiosquitos y Piatra

Cañaflechal

Los Frutales

Teraza Baja no Inundable

Rio Necoclí

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja Inundadle

Caños Los Kiosquitos y Piatra

Cañaflechal

Las Cabañas de Jairo

Terraza Baja inundable

Sistema de Caños de Cañaflecha

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Lorenzo Yerena

Terraza Baja Inundadle

Caños Los Kiosquitos y Piatra

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja no Inundable

Sistema de Caños de Cañaflecha

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja Inundable

Caño La Boquita

Cañaflechal

Sin Dato

Terraza Baja Inundadle

Caños Los Kiosquitos y Piatra

El Hoyito

Custodia Martinez

Terraza Baja inundable

Río Necoclí

El Hoyito

Julio Tuirán

Terraza Baja Inundable

Río Necoclí

El Hoyito

Sin Dato

Colina

Río Necoclí

El Hoyito

Sin Dato

Colina

Río Necoclí

El Hoyito

Sin Dato

Colina

Río Necoclí

El Hoyito

Buenavista

Terraza Baja No Inundable

Río Necoclí

El Hoyito

Sin Dato

Colina

Río Necoclí

El Hoyito

Sin Dato

Terraza Baja No Inundable

Río Necoclí

El Hoyito

Buenavista

Terraza Baja No Inundable

Río Necoclí

El Hoyito

Buenavista

Terraza Baja No Inundable

Río Necoclí

El Hoyito

Buenavista

Colina Baja

Río Necoclí

El Hoyito

Buenavista

Colina Media

Río Necoclí

El Hoyito

Buenavista

Colina Media

Río Necoclí

El Hoyito

Buenavista

Colina Media

Río Necoclí

El Río

Sin Dato

Terraza Baja no Inundable

Río Necoclí

El Río

sur J. Idarraga

Terraza Baja no Inundable

Río Necoclí

El Río

José Idarraga

Terraza Baja no Inundable

Río Necoclí

El Río

norte J. Idarraga

Terraza Baja no Inundable

Río Necoclí

El Río

Sin Dato

Terraza Baja no Inundable

Río Necoclí

El Río

José Idarraga

Terraza Baja No Inundable

Río Necoclí

El Río

Sin Dato

Terraza Baja No Inundable

Río Necoclí

El Río

Buenavista

Terraza Baja No Inundable

Río Necoclí

Nueva Esperanza

Buenavista

Colina Media

Río Necoclí

Nueva Esperanza

Virgen del Cobre

Colina alta

Caños intermedios

Nueva Esperanza

Puerto Perla

Colina Media

Caño Sur – Norte

Nueva Esperanza

Virgen del Cobre

Colina Media

Caños intermedios

Nueva Esperanza

Virgen del Cobre

Colina Alta

Caños intermedios

Nueva Esperanza

Virgen del Cobre

Colina Baja

Caño La Boquita

Nueva Esperanza

Virgen del Cobre

Colina Alta

Caños intermedios

Nueva Esperanza

Virgen del Cobre

Colina Baja

Caño La Boquita

Nueva Esperanza

Virgen del Cobre

Calina Alta

Caños intermedios

Nueva Esperanza

Virgen del Cobre

Colina Baja

Caño La Boquita

Nueva Esperanza

Virgen del Cobre

Colina Baja

Caño La Boquita

Nueva Esperanza

 Virgen del Cobre

Colina Media

Río Necoclí

El Carlos

Manuel Espitia

Colina Alta

Quebrada El Carlos

El Carlos

Finca Rodrigo

Terraza Aluvial

Quebrada El Carlos

El Carlos

La Esperanza

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

Villa María

Colina Baja

Quebrada El Carlos

El Carlos

Finca Rodrigo

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

La Esperanza

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

Cartagenita

Colina Media

Sin Dato

El Carlos

Finca Rodrigo

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

Cartagenita

Colina Media

Sin Dato

El Carlos

Finca Rodrigo

Planicie Aluvial

Quebrada El Carlos

El Carlos

Cartagenita

Colina Media

Sin Dato

El Carlos

Sin Dato

Colina Media

Sin Dato

El Carlos

Nuevo Milenio

Colina Media

Quebrada La Cartagenita

El Carlos

Nuevo Milenio

Colina Baja

Quebrada La Cartagenita

El Carlos

Valderrama

Colina Alta

Qubrada La Puerca

El Carlos

Sin Dato

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

Nudo de la Puerca

Colina Alta

Quebrada El Carlos

El Carlos

Haroldo

Colina Alta

Qubrada La Puerca

El Carlos

Sin Dato

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

Nudo de la Puerca

Colina Alta

Quebrada El Carlos

El Carlos

udo de la Puerca

Colina Alta

Quebrada El Carlos

El Carlos

Sin Dato

Colina Alta

Quebrada El Carlos

El Carlos

Nudo de la Puerca

Colina Alta

Quebrada El Carlos

El Carlos

Haroldo

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

Sin Dato

Colina Alta

Quebrada El Carlos

El Carlos

Nudo de la Puerca

Colina Alta

Quebrada El Carlos

El Carlos

Haroldo

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

Sin Dato

Colina Alta

Quebrada El Carlos

El Carlos

Haroldo

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

Sin Dato

Colina Alta

Quebrada El Carlos

El Carlos

Sin Dato

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

El Espejo

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

Sin Dato

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

El Espejo

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

El Kiosco del Carlos

Colina Baja

Quebrada El Carlos

El Carlos

Sin Dato

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

El Espejo

Colina Media

Quebrada El Carlos

El Carlos

Manuel Espitia

Terraza Baja Inundable

Quebrada El Carlos

El Carlos

Finca Rodrigo

Terraza Aluvial

Quebrada El Carlos

 

Como se mencionó arriba, aparte de los sitios arqueológicos, existen otros bienes que integran el patrimonio cultural inmueble, destacándose en Necoclí, las construcciones civiles que representan la identidad arquitectónica de los diferentes grupos étnico-culturales que habitan en Necoclí; además, hacen parte de él, los escenarios naturales de alto valor paisajístico y ecológico. Para demostrar la importancia de este tipo de patrimonio y las potencialidades que tiene para ser un elemento importante del desarrollo municipal, se presenta el siguiente listado, como un inventario preliminar de la riqueza material inmueble, como testimonio también de la multietnicidad necocliseña.

 

Patrimonio inmueble

Tipo

Ubicación

Auditorio INER

Arquitectura civil

Institución Educativa INER

Casa de la Cultura Municipal

Arquitectura civil

Casco Urbano sector la punta

Tambo Casa de Cultura

Arquitectura civil

Casa de la Cultura

Vivienda blanca y amarilla (tradicional)

Arquitectura doméstica

Casco urbano barrio centro

Vivienda De la familia Yabur (tradicional)

Arquitectura doméstica

Casco urbano barrio centro

Calle del Cementerio

Arquitectura civil

Casco urbano calle del Cementerio

Vivienda moderna

arquitectura doméstica

Casco urbano calle  de la Playa

Paisaje desde la montaña de Cañaflechal

Paisaje

Vereda Cañaflechal

La loma de la culebra (kalu)

Area natural

Vereda  Caimán nuevo

Vivienda Cule Tule

Arquitectura doméstica

Vereda Caimán Nuevo

Solar  de Vivienda Olo Tule (cuna)

Area natural

Vereda Caimán Nuevo

Palma de Chontaduro

Area natural

Vereda Caimán Nuevo

Árbol de Totumo

Area natural

Vereda Caimán Nuevo

Plátano popocho o cuatro filos

Area natural

Vereda Caimán Nuevo

Árbol de Jagua

Area natural

Vereda Caimán Nuevo

Palma de coco de agua

Area natural

Vereda Caimán Nuevo

Vivienda tradicional en Cañaflechal

Arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

Vivienda en la vereda Cañaflechal

arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

Vivienda en la vereda Cañaflechal

arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

El Camping de Jairo

Arquitectura civil

Vereda Cañaflechal

Cocina Tradicional (geo)

Arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

Cabaña de los kiosquitos

Arquitectura civil

Vereda Cañaflechal

Vivienda tradicional en Playa linda (los mandibuleros)

arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

Vivienda tradicional (Candelario Ceren)

arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

Cocina  de Vivienda de candelario Ceren

Arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

Urantia (Lugar turístico)

Arquitectura civil

Vereda Cañaflechal

Vivienda Tule Caimán nuevo

Arquitectura doméstica

Vereda resguardo caimán nuevo

Platanera  Olo- Tule (Cuna)

Arquitectura doméstica

Vereda caimán nuevo

Vivienda Olo -Tule en caimán nuevo

Arquitectura doméstica

Vereda resguardo Olo Tule Caimán nuevo

Cocina de Rosa Pérez

arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

Panorámica Urbano

Arquitectura civil

Calle principal

Panorámica desde las colinas del hoyito

Paisaje

Vereda el Hoyito

Casa  vieja de restauración

Arquitectura doméstica

Barrio centro

Calle  del cucharo (calle de la alcaldía)

Arquitectura civil

Calle del palacio municipal

Calle Cotizada

Arquitectura civil

Calle cotizada

Calle principal

Arquitectura civil

Calle Principal

Calle del Comando o Cra 50

Arquitectura civil

Casco Urbano

Carrera 49 o calle Miramar

Arquitectura civil

Casco urbano 

Carrera 48 o calle de la Trilladora 

Arquitectura civil

Casco Urbano

Carera  46 o Calle del colegio

Arquitectura civil

Casco urbano

Carrera 45

Arquitectura civil

Casco urbano

Carera  44 

Arquitectura civil

Casco urbano

Plaza de mercado

Arquitectura civil

Casco urbano

Templo de nuestra señora del carmen

Arquitectura  religiosa

Casco urbano

Vivienda tradicional

arquitectura doméstica

Vereda El Hoyito

Puente sobre el río Necoclí

Arquitectura civil

Río Necoclí (desembocadura al mar)

Tarima del parque principal

Arquitectura civil

Parque principal

Río Necoclí

Area natural

Vereda El Río Necoclí

Vivienda tradicional

Arquitectura doméstica

Vereda El Río Necoclí

Playas

Area natural

Vereda El Río Necoclí

Árbol de malva

Area natural

Vereda El Río Necoclí

Árbol de noni

Area natural

Vereda EL Hoyito

Centro Educativo Río Necoclí

Arquitectura civil

Vereda El Río Necoclí

Vivienda Anibal Hernández

Arquitectura doméstica

Vereda El Río Necoclí

Cabañas de Candelaria

Arquitectura doméstica-turística

Vereda El Río Necoclí

Vivienda palafítica

Arquitectura doméstica

Vereda El Río Necoclí

Manglar

Area natural

Vereda El Río Necoclí

Panorámica desde el cerro de la punta

Arquitectura civil

Casco urbano

Parque principal de Necoclí

Arquitectura civil

Casco urbano

Árbol del vallenato

Area natural

Casco urbano

Cementerio municipal

Arquitectura funeraria

Casco urbano

Ensenada del Río Negro

Area natural

Punta arenas del sur

Vivienda de Carlos Rojas

Arquitectura doméstica

Casco urbano

Vivienda azul y naranjada con piso de tierra

Arquitectura doméstica

Casco urbano

Cerro del cobre

Paisaje

Hacienda Virgen del Cobre

Pesebrera cambalache

Arquitectura civil

Casco urbano

Vivienda en la playa con chambrana roja

Arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

Vivienda de la familia Espítia

Arquitectura doméstica

Casco urbano

Hogar infantil el pescador

Arquitectura civil

Casco urbano

Cascada de la Vereda El Carlos

Area natural

Vereda El Carlos

Vivienda blanca y roja en la calle del cementerio

Arquitectura doméstica

Casco urbano

Vivienda en la calle del cementerio

Arquitectura doméstica

Casco urbano

Vivienda en Playa Linda

Arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

Vivienda del barrio Parroquial

Arquitectura doméstica

Casco Urbano

Vivienda de Francisco Teherán

Arquitectura doméstica

Vereda Nuevo Oriente

Hotel San Sebastián

Arquitectura civil

Casco urbano

Hotel Las Palomas

Arquitectura civil

Casco urbano

Hotel Los Cuna

Arquitectura civil

Casco urbano

Hotel Punta del Águila

Arquitectura civil

Casco urbano

Hotel Panorama

Arquitectura civil

Casco urbano

Instalaciones para corraleja

Arquitectura civil

Cancha la Batea

Vivienda aledaña a la casa de la cultura

Arquitectura doméstica

Calle del cementerio

Paisaje vereda El Río Necoclí

Area natural

Vereda El Río Necoclí

Cabaña de Margarita Pérez

Arquitectura doméstica

Vereda El Río Necoclí

La ventanita

Area natural

Ensenada de Río Negro

Paisaje Playa de la punta

Area natural

Casco urbano

Cabecera del corregimiento de Zapata

Arquitectura civil, doméstica, religiosa

Corregimiento de Zapata

Paisaje de playa alta

Area natural

Corregimiento de Zapata

Vivienda de cañaflechal

Arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

Colinas de San Sebastián

Area natural

Vereda San Sebastián

Palma de vino

Area natural

Vereda Cañaflechal

Cultivo de yuca

Area natural

Vereda Cañaflechal

Vivienda tradicional en Playa linda

Arquitectura doméstica

Vereda Cañaflechal

Hospedaje bar y restaurante Riky – Ron

Arquitectura civil – doméstica

Vereda Cañaflechal

Escuela vereda el Moncholo

Arquitectura civil

Vereda el Moncholo

Paisaje Vereda el Moncholo

Area natural

Vereda el Moncholo

Vivienda tradicional de Celmira López

Arquitectura doméstica

Vereda el Moncholo

Escuela Vereda Nuevo Oriente

Arquitectura civil

Vereda Nuevo Oriente

Vivienda de Petrona Berrio

Arquitectura civil

Vereda Nuevo Oriente

Paisaje de la Vereda Nuevo Oriente

Area natural

Vereda Nuevo Oriente

Cabecera del corregimiento las Changas

Arquitectura civil – doméstica

Corregimiento las Changas

Rancho para almacenar plátano

Arquitectura doméstica

Corregimiento las Changas

Paisaje el Mellito

Area natural

Corregimiento el Mellito

Escuela Vereda Marimonda

Arquitectura civil

Vereda la Marimonda

Vivienda de Don Bartolo

Arquitectura doméstica

Vereda la Marimonda

Paisaje Vereda Marimonda

Area natural

Vereda la Marimonda

Cienaga de la Marimonda

Area natural

Vereda la Marimonda

Vivienda de Edinson Meneses

Arquitectura doméstica

Vereda El Carlos

Vivienda de Tomás Meneses

Arquitectura doméstica

Vereda El Carlos

Árbol de Pomarrosa

Area natural

Corregimiento Mello Villavicencio

Escuela Vereda Mulaticos-Piedrecita

Arquitectura civil

Corregimiento las Changas

Vivienda Corregimiento Mello Villavicencio

Arquitectura doméstica

Corregimiento Mello Villavicencio

Vista panorámica sector rural el Mellito

Area natural

Corregimiento Mello Villavicencio

Puente colgante Vereda La Comarca

Arquitectura civil

Corregimiento Mello Villavicencio

Cocina campesina Vereda Palmitas

Arquitectura doméstica

Corregimiento Mello Villavicencio

Vivienda en la Vereda el Reparo

Arquitectura doméstica

Corregimiento Mello Villavicencio

Cocina de Elizabeth Rodríguez Altamar

Arquitectura doméstica

Calle Principal

Bloquera Ojo de Grillo

Arquitectura civil – doméstica

Barrio Miramar

Represa del vanda

Arquitectura civil – paisaje

Vereda El Carlos

Caseta acción comunal

Arquitectura civil

Vereda El Carlos

Paisaje de la Hacienda Virgen del Cobre

Area natural

Hacienda Virgen del Cobre

Vivero comunal

Arquitectura civil – area natural

Vereda El Carlos

Vivienda Rubén Restrepo

Arquitectura doméstica

Vereda cañaflechal

Colegio Diocesano Mar de Risas

Arquitectura civil

Calle del cementerio

Institución educativa Eduardo Espítia Romero (INER)

Arquitectura civil

Calle del INER

Punta gigantón

Area natural

Corregimiento Zapata

Vivienda tradicional

Arquitectura doméstica

Corregimiento Zapata

Vivienda Soledad Cortez

Arquitectura doméstica

Calle de las Flores

Caserío Vereda Casa Blanca

Arquitectura civil

Vereda Casa Blanca

Sector urbano del Corregimiento de Mulatos

Arquitectura civil

Corregimiento de Mulatos

Cementerio de Mulatos

Arquitectura funeraria

Corregimiento de Mulatos

Arbol de Nispero (maderable)

Area natural

Verda Tun tun arriba

Vivienda tradicional vereda Aguas Claras

Arquitectura domèstica

Vereda Aguas Claras

Arbol de Acacio

Area natural

Calle cotizada

Vista panorámica desde las Colinas de la Balastrera

Area natural

Vereda la Balastrera

Playas del Totumo

Turístico

Corregimiento del Totumo

Parque principal del Totumo

Arquitectura civil

Corregimiento del Totumo

Templo Católico del Corregimiento del Totumo

Arquitectura religiosa

Corregimiento del Totumo

Zona Urbana del Corregimiento del Totumo

Arquitectura civil

Corregimiento del Totumo

Centro Educativo INER Totumo

Arquietectura civil

Corregimiento del Totumo

Arbol de Siete Cueros

Area natural

Vereda la Ceibita

Arbol de Caracolí

Area natural

Vereda la Ceibita

Ceiba

Area natural

Vereda la Ceibita

Camino de la Vereda la Ceibita

Area natural

Vereda la Ceibita

Paisaje de la Vereda la Ceibita

Area natural

Vereda la Ceibita

Laguna del acueducto del Totumo

Area natural

Corregimiento del Totumo

Estadero Porto Alegre

Arquitectura civil

Corregimiento del Totumo

Cultivo de Juncos

Area natural

Vereda la Ceibita

Cultivo de Plátano

Area natural

Vereda la Ceibita

Paisaje del Totumo

Area natural

Vereda Aguas Claras

Vista Panorámica desde Aguas Claras

Area natural

Vereda Aguas Claras

Paisaje de la vereda Aguas Claras

Area natural

Vereda Aguas Claras

Palma Amarga

Area natural

Vereda Aguas Claras

Caseta JAC de Nueva Pampa

Arquitectura civil

Vereda Nuva Pampa

Arbol de Ají dulce

Area natural

Vereda Nueva Pampa

Primera tienda en el Totumo

Arquitectura civil

Corregimiento del Totumo

Primera Virgen del Carmen en el Totumo

Arquitectura religiosa

Corregimiento del Totumo

Primera Inspección de Policia en el Totumo

Arquitectura Doméstica

Corregimiento del Totumo

Plaza principal de Pueblo Nuevo

Arquitectura civil

Corregimiento de Pueblo Nuevo

Barrio Nueva Esperanza de Pueblo Nuevo

Arquitectura civil

Corregimiento de Pueblo Nuevo

Institución  Rural Educativa de Pueblo Nuevo

Arquitectur civil

Corregimiento de Pueblo Nuevo

Vivienda tradicional de Diluvina Flórez

Arquitectura doméstca

Vereda la Invación

Caseta de la JAC de la vereda la Invación

Arquitectura civil

Vereda la Invación

Centro de Pueblo Nuevo

Arquitectura civil

Corregimiento de Pueblo Nuevo

Vivienda Tradicional en Pueblo Nuevo

Arquitectura doméstica

Corregimiento de Pueblo Nuevo

Templo Católico del Corregimiento del Totumo

Arquitectura religiosa

Corregimiento del Totumo

Templo Católico del Corregimiento de Pueblo Nuevo

Arquitectur religiosa

Coprregimiento de Pueblo Nuevo

Sede de ASOCOMUN

Arquitectura civil

Corregimiento de Pueblo Nuevo

Vivienda tradicional de Pueblo Nuevo

Arqwuietctura doméstica

Corregimiento de Pueblo Nuevo

Escuela Palmeras

Arquitectura civil

Vereda Palmeras

Paisaje de la vereda Palmeras

Area natural

Vereda Palmeras

Gallera Caribia

Arquitectura civil

Corregimiento Caribia

Vivienda tradicional en Caribia

Arquitectura doméstca

Corregimiento Carbia

Cercos de guadua

Arquitectura doméstica

Corregimiento Caribia

Vivienda tradicional

Arquitectura doméstica

Corregimiento Caribia

Vivienda en módulo cordobés

Arquitectura dómestica

Corregimiento Caribia

 

 

8.2.3 Patrimonio Inmaterial

 

En el concepto de patrimonio cultural intangible o inmaterial, se engloban los aspectos más importantes de la cultura viva y de la tradición de los pueblos. Sus manifestaciones son amplias y diversas. ya que se refieran a la lengua, las tradiciones orales, el saber tradicional, la creación de cultura material, los sistemas de valores o las artes interpretativas. El patrimonio intangible, junto al tangible, permite consolidar la creatividad, la diversidad y la identidad cultural[40].

 

El interés por el patrimonio intangible ha crecido en todo el mundo y se ha puesto de manifiesto plenamente en los órganos directivos de la UNESCO desde mediados de los años 90s, aumentando así mismo, el interés por la dinámica cultural en la sociedad contemporánea y en particular, existe una sensibilización cada vez mayor respecto a la identidad étnica. En cierta medida, esta sensibilización se ha producido como resultado de la debilitación de las estructuras de las naciones estados tras el final de la «guerra fría». La reacción a esta situación ha consistido en una creciente afirmación de la «etnicidad» mediante expresiones culturales intangibles caracterizadas, además de sus raíces históricas, por valores espirituales y éticos genuinos.

 

Así mismo, en numerosos países ha aumentado la sensibilización respecto a la necesidad imperiosa de actuar para salvaguardar y promover sus formas singulares de expresión cultural. De una manera significativa, este tipo de actuación enriquece la diversidad cultural en todo el mundo. El patrimonio intangible, como fuente de creatividad, contribuye a su vez a la diversificación de la creatividad contemporánea. De hecho, su valor concreto en lo que respecta a cada localidad especifica es objeto de un reconocimiento cada vez más generalizado. como reacción frente al fenómeno de la globalización[41].

 

Con demasiada frecuencia. en las visiones conservadoras o nostálgicas del patrimonio intangible se considera a éste como un elemento estático y meramente histórico. Su principal preocupación radica en la determinación de la «autenticidad”. A diferencia de la cultura monumental, el patrimonio intangible suele ser dinámico y evoluciona de manera constante debido a su estrecha relación con las prácticas propias de la vida de las comunidades.

 

Si se trata de que este tipo de patrimonio siga constituyendo una parte viva de las comunidades, debe desempeñar en ellas un papel social. político. económico y cultural significativo. El saber tradicional, por ejemplo, puede contribuir a resolver los problemas de los conflictos entre etnias y la protección del medio ambiente. Por otra parte, la expresión cultural tradicional ha de readaptarse y resultar aplicable a la vida contemporánea si se pretende garantizar su supervivencia. El reto consiste en adoptar planteamientos dinámicos. centrados en la actuación en las comunidades y basados en la colaboración respecto al patrimonio cultural intangible. de modo que pueda asegurarse su continuidad y su vitalidad para las generaciones futuras.

 

Dado que Necoclí es un municipio donde confluyen diferentes identidades culturales, producto de la multietnicidad, el patrimonio cultural inmaterial es bastante pródigo y en el momento se encuentra poco estudiado; igualmente no existen programas específicos que busquen su promoción y difusión como parte importante de la identidad de los pueblos. En esta localidad, el patrimonio inmaterial está constituido por una serie de aspectos entre los que se destacan, las tradiciones orales, las historias de origen, los mitos, las leyendas y un sin número de conocimientos tradicionales que las comunidades tienen y que sustentan su identidad y su particularidad cultural. En la tabla que se presenta a continuación se hace una relación de algunas de estas manifestaciones; para cada una de ellas se especifica el autor, la clase de obra y su ubicación.

 

 

Manifestación Inmaterial

Autor

Clase de Obra

Ubicación

Kalu del ahogo

Creación colectiva Tule

Tradición oral (mito)

Resguardo Caimán Nuevo

kalu del Tumor

Creación colectiva Tule

Tradición oral (mito)

Resguardo Caimán Nuevo

Kalu del Caimán o la babilla

Creación colectiva Tule

Tradición oral (mito)

Resguardo Caimán Nuevo

Historia de los Tule (mito de creación)

Creación colectiva Tule

Tradición oral (mito)

Resguardo Caimán Nuevo

Culy (instrumento musical)

Creación colectiva Tule

Instrumento musical

Resguardo Caimán Nuevo

Suara (instrumento musical)

Creación colectiva Tule

Instrumento musical

Resguardo Caimán Nuevo

Camu Suidi (flauta larga)

Creación colectiva Tule

Instrumento musical

Resguardo Caimán Nuevo

Aparato o aparición

Creación colectiva

Tradición oral (leyenda)

Vereda Cañaflechal

El camino del Caracolí

Candelario Ceren Santana

Tradición oral

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

Kalu de la carretera

Creación colectiva

Tradición oral (mito)

Resguardo Caimán Nuevo

Historia del jinete ahorcado

Creación colectiva

Tradición oral

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

Arroz con coco

Rosa Amelia Pérez Mercado

Gastronomía

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

Oficio de Partera (relato)

Rosa Amelia Pérez Mercado

Tradición oral

Vereda Cañaflechal – Esquina Caliente

El perro de monte

Creación colectiva

Tradición oral (mito)

Resguardo Caimán Nuevo

Los Kalu

Creación colectiva

Tradición oral (mito)

Resguardo Caimán Nuevo

Historia de origen

Creación colectiva

Tradición oral (mito)

Resguardo Caimán Nuevo

Mito sobre el gurre

Creación colectiva

Tradición oral (mito)

Resguardo Caimán Nuevo

Para hemorragia (Naranja Agria)

Uriel Guzmán Díaz

Medicina Tradicional

Vereda El Hoyito

Paraíso, yerba mora y malva (plantas medicinales)

Uriel Guzmán Díaz

Medicina Tradicional

Vereda El Hoyito

Planta para baños

Uriel Guzmán Díaz

Medicina Tradicional

Vereda El Hoyito

El secreto de la sangre

Uriel Guzmán Díaz

Medicina Tradicional

Vereda El Hoyito

Décima del río Necoclí

Pedro Pablo López Sánchez

Literatura oral

Vereda Marimonda

Historia del poblamiento de la Marimonda

Pedro Estanislao Palomo Cogollo

Historia oral

Vereda la Marimonda

Historia de la Marimonda

Bartolo Madrid Sánchez

Tradición oral

Vereda la Marimonda

Origen del nombre de Mulatos Piedrecita

Luis Matías Berrio Arroyo

Historia oral

Vereda Mulaticos Piedrecita

Exposición del dulce y rescate de tradiciones

Jairo Enrique Mesa Ávila

Relato

Vereda Mulaticos Piedrecita

Historia de la Vereda Mulaticos Piedrecita

Carmen María Martínez Cordero

Historia oral

Vereda Mulaticos Piedrecita

Fundación de la primera escuela

Pedro Ramírez Cortez

Relato

Vereda Mulaticos Piedrecita

Relato sobre la historia de Zapata

Soledad Cortez Valoyes

Historia oral

Corregimiento de Zapata

Historia de Vida

Soledad Cortez Valoyes

Historia oral

Corregimiento de Zapata

Historia de la familia Espítia

Jairo Maria Espítia Altamar

Historia oral

Parque principal

Cura del reumatismo

Tomás Blanco Soto

Medicina Tradicional

Zona Urbana

Balsánicas Chocoanas

Tomás Blanco Soto

Medicina Tradicional

Zona Urbana

Usos y Costumbres del Volao

Régulo Manuel Hernández Orosco

Historia oral

Resguardo del Volao

Historia de la Organización del Resguardo el Volao

Ramón Flórez Solano

Historia oral

Resguardo del Volao

Proceso de preparación de la Cañaflecha

Noris Solano Castillo

Relato

Resguardo del Volao

Narración acerca de las Changas

Manuel Cordero Correa

Relato

Zona Urbana

La Cosa

Jimmy Quintero Lázaro

Literatura Oral (décima)

Resguardo del Volao

Rito de Enterramiento

Luis Albeiro Mendoza Suarez

Relato

Resguardo del Volao

Pachita Pérez

José Heriberto Delacruz Villadiego

Literatura oral (versos)

Resguardo del Volao

Grito de Monte

Vicente Borja Hernández Bustamante

Literatura oral (versos)

Resguardo del Volao

La Muerte

Vicente Borja Hernández Bustamante

Literatura oral (versos)

Resguardo del Volao

El hombre se vuelve nada

Luis Manuel Durango Ruiz

Literatura oral (décima)

Vereda Brisas del río

Soy Pájaro que en el agua formado tengo mi nido

Luis Manuel Durango Ruiz

Literatura oral (décima)

Vereda Brisas del río

Cura contra el paludismo

Reinaldo Castrillón Jaramilo

Medicina Botánica

Vereda Garitón

Narración sobre la fundación del Mellito

Luis Alberto Mercado Rojas

Relato

Corregimiento el Mellito

Historia de la Agricultura en el Mellito

Juan José Anaya Hernández

Relato

Corregimiento el Mellito

Historia de Raicilleros

Marcelino Gonsález Diaz

Relato

Corregimiento el Mellito

Trova a las madres

Osmiris Anaya fuentes

Trova

Vereda Almacigo abajo

Turrones

Dioselfina Pitalúa de Montiel

Gastronomía

Vereda Almacigo abajo

 

8.3 Otras Expresiones Artísticas y Culturales

 

8.3.1 Folclore

 

En términos folclóricos, Necoclí presenta múltiples influencias, destacándose las provenientes de la costa atlántica y las de la región chocuana. De la región caribe, se pueden identificar la influencia de dos grupos étnico-culturales, que son los campesinos sabaneros y los afrocaribeños; con relación a estos últimos, principalmente de los bolivarenses,  trajeron e implantaron sus costumbres, festividades y folclore, tales como las cumbias, puyas, porro paleteado, porro tapao, Bullerengue, etc. Los colonos del Chocó han traído a la zona de Urabá las costumbres y folclore de ese departamento que es el mismo folclore pacífico, tal como las chirimías que interpretan pasillo, jota, mazurca, pasodoble, contradanza, jota cariada, jota tradicional, etc.

 

 El Bullerengue puede ser considerado como la máxima manifestación de la identidad cultural del pueblo necocliseño. Este ritmo nació producto de la violencia cuando mataron en una aldea de África a todos los hombres y solamente quedaron las mujeres. Inicialmente cantaban y tocaban con las palmas. El Bullerengue fue traído de África a Cartagena y de allí a la costa baja, que era como llamaban los marinos a toda es parte de a costa norte de Colombia, donde se localiza Urabá.

 

A éste aire musical, que es cantado por mujeres lo bautizaron primero con el nombre de “Chango”  Y luego lo llamaron “Bullerengue” (sinónimo de bulla, algarabía). Las mujeres en su canto expresan cierto lamento y también rebeldía.

El bullerengue se considera una expresión cultural de los pobladores afrocaribeños, y hace parte de los bailes “cantaos” , al igual que la tuna tambora, el chade, el congo y el pájaro; dentro de este ritmo, es posible identificar tres variantes, conocidas como centao, el clalupiao y el fandango. las diferencias entre estas tres manifestaciones radican en la forma de ejecución de los tambores, la melodía de las canciones y la forma de bailar. Sin embargo en todos ellos es posible identificar una marcada influencia afro, que desde la ejecución de los tambores, hasta la cadencia de los movimientos en el baile, pasando por el juego entre los cantos y los coros reiterativos, así como por el manejo de la improvisación de las cantadoras, con exelentes manejos de las décimas y las poesías, siempre con el acompañamiento de las palmas, recientemente modificado por el uso de las “tablitas”[42].

 

Su radio de difusión es muy amplio. Posiblemente partió del Palenque de San Basilio y se extendió luego a otros municipios del litoral Caribe donde la concentración de la población afrocolombiana es muy alta. En dichos lugares se sustituyó el batir de palmas por el choque de tablas de madera y se varió la temática ritual por una de contenido amoroso. La danza se transformó en parranda callejera, bailada por una pareja mixta. Tenemos muy pocas informaciones acerca del momento en que las danzas de origen africano dejaron de ser expresiones rituales para convertirse en bailes profanos[43].

Sin embargo, sabemos que en San Basilio de Palenque el bullerengue es danzado por mujeres jóvenes que mantienen su cuerpo en posición erguida y realizan movimientos pausados, coordinados y simétricos. Los movimientos de la pelvis, la frotación del bajo vientre, el juego efectuado con las polleras para obtener combinaciones armoniosas y diversas figuras, como mariposas, remolinos y batir de olas, al igual que el palmoteo de las manos, asigna a las bailarinas un aire sereno y ceremonial y una actitud de expectativa. El paso de la danza es menudo y deslizado, apoyando plenamente los pies en el piso. Los desplazamientos se realizan juntando los pies y flexionando levemente las rodillas, conservando el donaire y la compostura. La coreografía forma hileras y filas en línea recta y, en menor medida, círculos. La danza termina en un gran torbellino de cruces de parejas en cuadrillas[44].

 

En Córdoba y en el Urabá Antioqueño la coreografía del bullerengue resalta la temática amorosa, de conquista y de competencia entre sexos, con alto contenido erótico. Algunas variantes plantean temas específicos como son: el toro o los toritos, la vaca, el sábalo mayero, la rasquiña o rasquiñita[45].

 

Los coros están constituidos por voces fuerte y muy sonaras que reviven los principales acontecimientos de la cotidianidad de la vida campesina, recreando con acciones literales las labores y situaciones propias de habitante afrocaribeño. Antiguamente, esta actividad de cantora, sólo era desarrollada por las mujeres “paridas”, pues se pensaba que tenían que expresar una fortaleza propia de aquellos seres, que ha trasegado por momentos difíciles y de mucho sacrificio; en la actualidad, aunque predominan las cantadoras mayores de 50 años, también se practica por grupos infantiles y juveniles[46].

 

La instrumentación también está manifestando esa tradición africana, que en el caribe colombiano tubo una expresión particular; para su ejecución se utilizan básicamente instrumento de percusión, tales como el tambor hembra o alegre, el tambor llamador o macho, el guache, las palmas y las “tablitas”. La parte vocal y la instrumentación, en su conjunto componen las agrupaciones de Bullerengue, que pueden ser integrados por 15 o más personas, donde se centra la atención sobre la cantadora principal y el tamborero mayor[47].

 

Se ha pensado que el papel preponderante que tiene la mujer en este ritmo, se debe a la importancia de éstas en el manejo de conocimientos asociados a plantas medicinales, rezos mágicos, su oficio de parteras, secretos de la sexualidad y crianza de los niños, entre otros; se trata pues de una forma de transmitir lo conocimientos entre generaciones y procurando la conservación de la tradición y la identidad propia del ser afrocaribeño. Es por esto que las cantadoras más importantes las ancianas, pues tiene toda la experiencia vital necesaria para transmitir la tradición y cuentan con un cumulo de experiencias importantes para enseñar; igualmente conocen toda la genealogía de las comunidades y de esta forma pueden incorporar a los cantos y coros, los personajes que en cada periodo de la historia, ha llevado a cabo acciones importantes en pro del mejoramiento social de las comunidades[48].

 

Esta danza es efectuada sólo por mujeres. Es quizás uno de los bailes en los cuales se destaca con mayor fuerza la ascendencia africana. Ésta se pone en evidencia en los tambores, el palmoteo y el canto coral que acompaña su ejecución. Al parecer, surgió como una reacción cultural dentro del contexto ceremonial de las comunidades cimarronas, probablemente en el Palenque de San Basilio. En esencia es una danza ritual que se realiza de manera especial cuando las jóvenes llegan a la pubertad. El bullerengue simboliza la fecundidad femenina, aunque no se descarta que también en tiempos coloniales haya tenido connotaciones fúnebres[49].

 

Las mujeres aprenden el oficio de cantadoras en los querhacer diarios de su casa, junto a sus madres, las cuales se expresan lavando la ropa en el arroyo, pilando el arroz, en los velorios de sus seres queridos, etc.

 

A propósito de esto Benjamin Días, alcalde municipal y miembro fundador de la agrupación de Bullerengue “Palmeras de Urabá” dice:

 

“Así como un canto triste que se baila, el bullerengue pasó de generación en generación. A ritmo de bullerengue se contaban las malas y las buenas noticias, se narraban los acontecimientos y las cosechas en una forma de competencia en la que cada cantadora trataba de ser más ingeniosa que la otra. Ahora, aunque pocas veces se enfrentan las cantadoras para improvisar, la copla ha recuperado se energía”[50].

 

Sin lugar a dudas, este ritmo marca un hito cultural en Necoclí y se convierte en una marca importante de identidad, desde donde se pone en escena la tradición y las costumbres; aunque los jóvenes encuentran otras formas de expresión que obedecen a las dinámicas contemporáneas, el bullerengue sigue siendo aquella tonada que congrega a toda la comunidad, siendo practicado por un grupo importante de jóvenes y niños. Esta identidad tiene un espacio importante en la escenificación de la cultura, pues anualmente se ritualiza su importancia en el Festival Nacional del Bullerengue, el cual se realiza todos los años en este municipio, en puente del 12 de octubre.

 

Otras expresiones importantes desde el punto de vista folclórico en Necoclí, son las propias de la cultura sabanera, destacándose el porro y el fandango, como manifestaciones que se encuentran bastante arraigadas entre la población del municipio; este sentir también se escenifica cada año durante las festividades de las Fiestas del Coco, las cuales se desarrollan anualmente en el puente del seis de enero.

 

Aunque el folclore se convierte en una manera de expresar las identidades culturales de los necocliseños, su práctica es muy fluctuante y no se presenta continuidad entre las agrupaciones artísticas, pues continuamente se están desintegrando las agrupaciones artísticas y se crean otros nuevos; esto radica en que los practicantes no encuentran apoyo institucional que les permita proyectarse y expresarse artísticamente. Son muy pocas las agrupaciones artísticas musicales y de danza que tiene continuidad, destacándose por su trayectoria la Agrupación Folclórica de Bullerengue Palmeras de Urabá y la Banda Municipal Caribe y Son. La primera de estas agrupaciones ha recibido un número importante de reconocimientos, siendo el más representativo, el galardón otorgado por la Gobernación de Antioquia en el 2005, cuando fue distinguida con el Premio a las Letras y a las Artes de Antioquia, Versión 2005.

 

Esta situación fluctuante de las agrupaciones, contrasta con el número importante de gestores culturales que hay en el campo de la música y la danza. En la actualidad es posible identificar 13 agrupaciones de las zonas rurales y urbanas, las cuales se dedican a la promoción del folclore afrocaribeño, aunque también se encuentran expresiones sabaneras y vallenatos, ; en la tabla que se presenta a continuación, se relacionan las agrupaciones folclóricas que en la actualidad están en funcionamiento; para cada una de ellas, se especifica el nombre, el tipo de expresión y su localización.

 

AGRUPACIONES

     TIPO

UBICACIÓN

Palmeras de Urabá

Bullerengue

Zona Urbana

Yerry Toguer

Música

Zona Urbana

Banda Caribe y Son

Música

Zona Urbana

Son de Cañaflechal

Música

Zona Urbana

Sangre Africana

Danza

Corregimiento de Zapata

Organización musical Clase 3

Música

Zona Urbana

Impacto Vallenato

Música

Vereda casa Blanca

Grupo de danza Hospital

Danza

Zona Urbana

Grupo de danzas INER

Danza

Zona Urbana

Corporación los Mandibuleros

Música

Vereda Cañaflechal

Las Nueva Travesura del Vallenato

Música

Zona Urbano

Palmeritas de Urabá

Música y danza

Zona urbano

Los Pequeños Gigantes

Música

Corregimiento del Totumo

Grupo Vallenato Los Talentos

Música

Corregimiento del Totumo

Integración Vallenata

Música

Corregimiento de Pueblo nuevo

Las Bullerengueritas

Músca y Danza

Zona Urbana – Mar de Risas

 

Con relación al talento humano relacionado con las actividades folclóricas, encontramos que se dedican a la composición e interpretación de varios aires, destacándose el bulerengue, el vallenato y otros ritmos afrocaribeños, aunque también se encuentran quienes interpreten los ritmos propios del pacífico y el Choco. Igualmente hay talentos dedicados a la elaboración y reparación de instrumentos musicales de percusión y de cuerda. También se encuentran investigadores dedicados a estudiar las manifestaciones folclóricas, dándole a su oficio un carácter académico que busca proyectar los conocimientos a la conservación de la tradición. Aunque entre el talento humano predominan los interpretes, también hay presencia de compositores que dinamizan la expresión artística y folclórica, con tonadas que hacen referencia a el entorno vital y a la cotidianidad de las comunidades necocliseñas. Es bastante común que las personas que trabajan en el campo musical y de la danza, también desarrollen otras actividades culturales, destacándose aquellos que también realizan funciones de gestores de proyectos culturales y artesanos. En la tabla que se presenta a continuación, se relacionan los gestores culturales que trabajan en actividades de música y danza, especificando para cada uno de ellos el campo cultural, la entidad con quien desarrollo la actividad y su localización.

 

NOMBRE

ACTIVIDAD

GRUPO O ENTIDAD

LOCALIZACIÓN

Eloisa María Garcés Ladeu

Bullerenguera

Palmeras de Urabá

Zona Urbana

Manuela Camacho Auribel

Bullerenguera

Palmeras de Urabá

Zona Urbana

Felisa Moreno Zúñiga

Bullerenguera

Palmeras de Urabá

Zona Urbana

Sunilda Caicedo Bonilla

Bullerenguera

Palmeras de Urabá

Zona Urbana

Daniel Caicedo Bonilla

Bullerengue construcción de instrumentos

Palmeras de Urabá

Zona Urbana

Felipa Núñez Bello

Bullerenguera

Palmeras de Urabá

Zona Urbana

Rosario Berrio Cogollo

Bullerenguera

Palmeras de Urabá

Zona Urbana

Miguel Angel Camacho Velásquez

Músico, compositor y monitor

Casa de la cultura

Zona Urbana

Osmar Úsuga Marín

Músico interprete

Banda de música

Zona Urbana

Ineldo José Vélez Berrio

Danza

Casa de la cultura

Zona Urbana

Iver Ruiz Hernández

Músico, interprete

Casa de la cultura

Zona Urbana

Luis Alberto Julio Barrera

Bullerenguero

Palmeras de Urabá

Zona Urbana

Norma Cecilia Quejada Durán

Danza

Grupo de danzas hospital

Zona Urbana

Ada Luz Yabeer León

Danza

Grupo de danzas hospital

Zona Urbana

Luis Guillermo Cambindo Hidalgo

Músico, gestor cultural

Corporación Son de Cañaflechal

Vereda Cañaflechal

Jorge Mesa Aguirre

Músico, gestor cultural

Corporación Son de Cañaflechal

Vereda Cañaflechal

Marcelo Ernesto Ponzone

Investigador, músico

Corporación los Mandibuleros

Vereda Cañaflechal

Silvia Alejandra Franco Rodríguez

Investigador, músico

Corporación los Mandibuleros

Vereda Cañaflechal

Esneida Álvarez Tribiño

Danza

 Ritmos del Caribe

Zona Urbana

Luis Alberto Caocil Barragán

Músico Bullerenguero

 Ritmos del Caribe y Palmeras de Urabá

Zona Urbana

Yésica Díaz Barrera

Danza

Ritmos del Caribe

Zona Urbana

Andrés Felipe Barón Puerta

Danza

Grupo de danza Casa de la Cultura

Zona Urbana

Ginet Urango Caicedo

Danza

Grupo de danza Casa de la Cultura

Zona Urbana

Sadith Mabel Álvarez Tribiño

Danza

Grupo de danza casa de la cultura

Zona Urbana

Diógenes Martínez Padilla

Teatro y danza

Grupo Fusión África

Zona Urbana

Edwin Mendoza Barrios

Músico y fotografía

Independiente

Zona Urbana

Misael Salgado Villalba

Músico, danza y gestor cultural

Fundación Diocesana COMPARTIR

Zona Urbana

Yonis Alberto Martínez Peinado

Músico

Independiente

Zona Urbana

Alexander Martínez Peinado

Músico y danza

Independiente

Zona Urbana

Albeiro Iois Beno Guerrero

Músico y gestor cultural

Independiente

Zona Urbana

Eugenio Martínez Correa

Músico, danza gestor cultural

Son de Cañaflechal

Zona Urbana

Juan Carlos Marmalejo Altamiranda

Danza

Grupo Sangre Africana

Corregimiento de Zapata

Gleidis Teherán Arroyo

Danza y Teatro

Sangre Africana y Huellas de paz

Corregimiento de Zapata

Jeovanny Mercado Mendoza

Danza

Afrodescendiete AFROMAR,J.A.C Zapata

Corregimiento de Zapata

Daniel Urango González

Literatura, Música

Junta municipal de educación

Zona Urbana

Antonio Eljach Reales

Danza y promotor cultural

Grupo Sangre Africana

Corregimiento de Zapata

Carlos Andrés Muñoz Salcedo

Música

Grupo Sangre Africana

Corregimiento de Zapata

Celmira López Tordecilla

Música

Iglesia Mensajeros de Cristo

Vereda el Moncholo

Eder Luis Berrio Tordecilla

Música

Iglesia de los Mensajeros de Cristo

Vereda el Moncholo

Edgardo Riaño Romero

Música

Independiente

Zona Urbana

Jader Manuel Negrete Ávila

Música

Independiente

Mulaticos Piedrecita

Bleidis Martínez Fajardo

Música

Independiente

Corregimiento Mellito

Gildardo Díaz Giraldo

Música

Organización musical clave 3

Zona Urbana

Everto Ruiz Argumedo

Música

Organización musical clave 3

Zona Urbana

Fredy Doria Mora

Música

J.A.C Mulatos Piedrecita

 Mulatos Piedrecita

Alejandro Medrano Romero

Música

Organización musical clave 3

Zona urbana

Danilo Doria Ramírez

Música

Independiente

Mulaticos Piedrecita

Elías González Mesa

Música

Grupo Impacto Vallenato

Vereda Casa Blanca

Wilfrido Miranda Perea

Música

Independiente

Zona Urbana

Marina Martínez Ramos

Música y danza

Grupo juvenil Sueños de juventud

Corregimiento Mulatos

Yuly Andrea Murillo Sánchez

Danza

Grupo juvenil Sueños de juventud

Corregimiento Mulatos

Mary Luz Ávila Zúñiga

Música y danza

Independiente

Corregimiento Mulatos

Legüis Antonio Mestra Camargo

Música

Independiente

Corregimiento Mulatos

Concepción Julio Martínez

Música

Independiente

Corregimiento Mulatos

Eleidys Mendoza Galván

Danza

Grupo juvenil Sueños de Juventud

Corregimiento Mulatos

Alba Nelly Oyola Martínez

Danza

Grupo juvenil Sueños de juventud

Corregimiento Mulatos

Nalbis Dehoyos Burgos

Artes plásticas, y danza

Grupo juvenil Sueños de juventud

Corregimiento Mulatos

Julieth Espítia Rubio

Música y danza

Grupo juvenil Sueños de juventud

Corregimiento Mulatos

Elkin Moreno González

Música

Grupo juvenil Sueños de juventud

Corregimiento Mulatos

Jessica Paola García Martínez

Música y danza, Bullerengue

Palmeritas de Urabá

Casco Urbano

Eva Sandry Vergara Altamiranda

Música y danza, Bullerengue

Palmeritas de Urabá

Casco Urbano

Joel Mestra Palencia

Música

Nueva travesura del vallenato

Casco Urbano

Grabriel Jaime Vargas Alvarez

Música

Grupo juvenil los Conquistadores

Casco Urbano

Andrès Cavadìa Cedeño

Música, construcción de instrumentos musicales

Los Vilines de urabà

Vereda La Floresta

Omar Josè Lugo Torres

Música, construcción de Instrumentos de Percusión

Independiente

Corregimiento del Totumo

Sotero Medrano Romero

 Música y Literatura (Himno del INER Totumo)

Independiente

Corregimiento del Totumo

Jhorge Àvila Cuadrado

Mùsica (Compositor)

Grupo Vallenato los Talentos

Coregimiento del Totumo

Luis Carlos Gosàlez Càrdenas

Música

Trio Gonsàlez

Corregimiento del Totumo

Luis Alberto Guzmàn Varela

Música (Compositor)

Trio Gonsàlez

Corregimiento del Totumo

Luis Alfredo García García

Música y construcción de instrumentos musicales

Grupo de la tercera edad del Totumo

Corregiminto del Totumo

Pablo Rivas Bello

Música

Iglesia Pentecostal Unida de Colombia

Corregimiento del Totumo

Jorge Luis Pérez Alvarez

Música (bullerengue)

Palmeras de Urabá

Corregimiento del Totumo

Joel Muñoz Alvarez

 Música (Construcción de Instrumentos musicales)

JAC Nueva Pampa

Vereda Nueva Pampa

Pedro Enrrique Reyes Martínez

Música

Independiente

Coregimiento de las Changas

Faber Licona Nisperusa

Música

Independiente

Corregimiento de las Changas

Miladis María Morales Yañez

Música (acordeón)

Iglesia Adventista del Septimo Día

Corregimiento de las Changas

Enol David Peña Durango

Música

Iglesia Presbiteriana Redimidos de Cristo

Vereda Brisas del Rio

Belisario Antinio Chantaca Coronado

Música (composición)

Programa de familias guardabosques

Vereda Brisas del Rio

Argemiro José Hernández Rodríguez

Música (composición)

Iglesia Presbiteriana Redimidos de Cristo

Vereda Brisas del Rio

Juan de Dios Galván Jiménez

Música

JAC Barro Arriba

Vereda Barro Arriba

Israbel María Meléndez Bertel

Música ,Artesanías (instrumentos musicales)

JAC vereda Villa Sonia

Vereda Villa Sonia

Heraldo Campo Alean

Música (composición)

Programa de familias guardabosques

Vereda la Culebriada

Idronelis Peña Durango

Música (composición)

Iglesia Presbiteriana Redimidos de Cristo

Vereda Brisas del Rio

Esequiel Contreras Ramos

Música (composición)

J.A.C El Reparo

Vereda el Reparo

Alexis Peña Casarrubia

Música

J.A.C Palmeras

Vereda Palmeras

Alfonso Miguel Alvarez Nuñez

Música (composición)

J.A.C Palmeras

 Vereda Palmeras

Dairo Padilla Regino

Música

Independiente

Vereda Limoncito

Isait Jiménez Ruiz

Música

Independiente

Vereda Limoncito

Eugenio Sierra López

Música (Composición), Artesanías (instrumentos musicales)

Independiente

Vereda Limoncito

Kelly Johana Yances Montoya

Danzas

Independiente

Vereda Piedrecita

Mario Francisco Padilla Vidal

Música (composición)

Independiente

Vereda Limoncito

José Nicolás Dorian Hernández

Música (composición)

J.A.C El Mellito

Corregimiento El Mellito

Marcelino López Vargas

Música (composición)

Independiente

Vereda Almacigo Abajo

Argelio Banqueth Morales

Música y teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Yésica Moreno Hernández

Música y teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Teiler Viloria Barón

Música y teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Yorman Lugos Pérez

Música

J.A.C Guacamayas

Verda Guacamayas

Victorino Barón Feria

Música (composición

Grupo de la tercera edad del Garitón

Vereda Garitón

 

Como podemos ver, en Necoclí existe un potencial humano importante para promover el folclore y convertirlo en un eje importante del desarrollo territorial.

 

Este talento humano tiene un importante cúmulo de creaciones y composiciones que dan cuenta nuevamente de la diversidad cultural del municipio de Necoclí, donde se dan cita expresiones indígenas, afrocolombianas y sabaneras principalmente. Prueba de esto, es el listado que se presenta a continuación de las creaciones más destacadas en los campos musicales y de danzas; allí es posible observar que hay manifestaciones de todos los grupos étnico-culturales, así como diversas creaciones que ponen de manifiesto la riqueza folclórica del municipio.

 

Creación Folclórica

            AUTOR

CLASE DE OBRA

       Ubicación

Danza de negro

Manuela camacho Auribel

Obra musical (bullerengue)

Calle del Cucharo # 51 – 39

Déjala llorar

Manuela camacho Auribel

Obra musical (bullerengue)

Calle del Cucharo # 51 – 39

Que te Vaya bien

Eloisa María Garcés

Obra musical (bullerengue)

Barrio Caribe

Queremos la paz en Colombia

Eloisa María Garcés

Obra musical (bullerengue)

Barrio Caribe

Caramba Tua Guayabal

Felipa Núñez Bello

Obra musical (bullerengue)

Barrio Simón Bolívar

A noche dormí con Julia

Rosario Berrio Cogollo

Obra musical (bullerengue)

Barrio Blas de Lesso

Chiné llorando

Rosario Berrio Cogollo

Obra musical (bullerengue)

Barrio Blas de Lesso

Crecer en son de paz

Corporación los Mandibuleros

Creación musical

Vereda Cañaflechal – La Playa

La recorrida 

Lázaro Yerena Frías

Obra musical (merengue)

Vereda Cañaflechal – Carretera escuela

Lo que le paso a Yerena

Lázaro Yerena Frías

Obra musical (merengue)

Vereda Cañaflechal – Carretera escuela

Chicha de la perforación o de la aguja

Creación colectiva

Danza ceremonial

Resguardo Caimán Nuevo

Chicha de la despedida de soltería

Creación colectiva

Danza ceremonial

Resguardo Caimán Nuevo

Chicha de encierro o pubertad

Creación colectiva

Danza ceremonial

Resguardo Caimán Nuevo

Tu Mascá

Miguel A. Camacho Velásquez

Obra musical

Calle Miramar

Ceiba amarilla

Felipa Núñez Bello

Obra musical (bullerengue)

Barrio Simón Bolívar

La danza de la escoba

Antonio Eljach Reales

Danza

Corregimiento Zapata

Ven hacia Cristo

Salmira López Tordecilla

Obra musical

Vereda Mancholo

Tumbadora  azul

Evelio Berrio Ibáñez

Instrumentos musicales

Vereda Mancholo

Maracas

Evelio Berrio Ibáñez

Instrumentos musicales

Vereda Mancholo

El amor verdadero

Sandra Milena Herrera Franco

Obra musical

Vereda Botijuela

Magia

Bleidys Martínez Fajardo

Obra musical

Corregimiento el Mellito

Eres muy niña

Gildardo Díaz Giraldo

obra musical

Barrio Centro

Llegaste a mí

Gildardo Díaz Giraldo

Obra musical

Barrio Centro

La Ley de la vida

Everto Ruiz Argumedo

Obra musical (Canción)

Barrio Caribe

Pobre trabajador

Fredy Dorra Mora

Obra musical

Vereda Mulaticos Piedrecita

Que Tristeza

Fredy Dorra Mora

Obra musical

Vereda Mulaticos Piedrecita

Mi San Sanjuanera

Fredy Dorra Mora

Obra Musical

Vereda Mulaticos Piedrecita

Coreografía de danza tradicional

Julio Cesar Duarte Espítia

Danza

Calle del Cementerio

Ritual de la cosecha

Julio Cesar Duarte Espítia

Danza

Calle del Cementerio

Amor Fiel

Elías González Mesa

Obra musical

Vereda Casa Blanca

El Mujeriego

Elías González Mesa

Obra musical

Vereda Casa Blanca

Por qué me castigas tanto

Elías González Mesa

Obra musical

Vereda Casa Blanca

Mensaje de Paz

Elías González Mesa

Obra musical

Vereda Casa Blanca

Me mandaste un corazón hecho en papel

Legüis Antonio Camargo

Obra musical

Corregimiento de Mulatos

La Golosina

Concepción Julio Martínez

Obra musical

Corregimiento de Mulatos

A Pilá el arró

Jessica Paola García Martínez

Obra musical (bullerengue)

Calle del Cucharo

Por qué Llora mi tambó

Jessica Paola García Martínez

Obra musical (bullerengue)

Calle del Cucharo

Necoclí

Jessica Paola García Martínez

Obra musical (bullerengue)

Calle del Cucharo

Hagamos la paz un poco

Wilfrido Miranda Perea

Obra  musical

Calle del Cucharo

A orillas del Océano Atlántico

Wilfrido Miranda Perea

Obra musical

Calle del Cucharo

Kamo-pwi macho

Creación colectiva Tule

Instrumento musical

Resguardo Caimán Nuevo

Kamo-purwi hembra

Creación colectiva Tule

Instrumento musical

Resguardo Caimán Nuevo

Na hembra (maraca)

Creación colectiva Tule

Instrumento musical

Resguardo Caimán Nuevo

Na macho

Creación colectiva Tule

Instrumento musical

Resguardo Caimán Nuevo

Kokke

Creación colectiva Tule

Instrumento musical

Resguardo Caimán Nuevo

Nerkin toto kwissit

Creación colectiva Tule

Instrumento musical

Resguardo Caimán Nuevo

La sigo amando

Gabriel Jaime Vargas Alvarez

Obra musical

Calle del Cementerio

Promesa falsa

Joel Mestra Palencia

Obra musical

Calle del Cementerio

Que te perdone Dios

Joel Mestra Palencia

Obra musical

Calle del Cementerio

Guacharaca

Omar Josè Lugo Torres

Instrumento musical

Corregimiento del Totumo

Ahora que reina en mi vida

Jhorge Âvila Cuadrado

Obra Musical

Corregimiento del Totumo

Himno de la Isntituciòn Esducativa del Totumo

Sotero Medrano Romero

Obra musical

Coregimiento del Totumo

Canciòn Amor Perenne

Sotero Medrano Romero

Obra musical

Corregimiento del Totumo

El pelo se cae

Luis Alberto Guzmàn Varela

Obra musical

Corregimiento del Totumo

El Viajero

Luis Alfredo García García

Obra Musical

Corregimiento del Totumo

La Creciente de la Yoya

Luis Alfredo García García

Obra musical

Corregimiento del Totumo

Violín Luis Alfredo García

Luis Alfredo García García

Instrumento musical

Corregimiento del Totumo

El Cepillo

Jorge Luis Pérez Alvarez

Obra musical

Vereda Nueva Pampa

No me llores mas

Jorge Luis Pérez Alvarez

Obra musical

Vereda Nueva Pampa

Gracias Señor

Pablo Rivas Bello

Obra musical

Corregimiento del Totumo

Mirar tu Rostro

Idromelis Peña Durango

Obra musical

Vereda Brisas del Rio

Himno Nacional de Brisas del Rio

Celso Miguel Echeverry Ruiz

Obra musical

Vereda Brisas del Rio

Esperaré

Belisario Antonio Chantaca Coronado

Obra musical

Vereda Brisas del Rio

Cuando ya no lo esperaba

Belisario Antonio Chantaca Coronado

Obra musical

Vereda Brisas del Rio

Cuando Vagaba

Argemiro José Hernández Roríguez

Obra musical

Vereda Brisas del Rio

Nueva Vida

Argemiro José Hernández Roríguez

Obra musical

Vereda Brisas del Rio

Guardabosque Agradecido

Heraldo Campo Alean

obra musical

Vereda la Culebriada

Sufriendo por ella

Heraldo Campo Alean

Obra musical

Vereda la Culebriada

Por Siempre

Carlos Mario Cogollo Rivera

Obra musical

Vereda Vara Santa Campesina

Límites de Amor

Carlos Mario Cogollo Rivera

obra Musical

Vereda Vara Santa Campesina

Riqueza de Urabá

Eugenio Sierra López

Obra Musical

Vereda Limoncito

El Gobernado

Mario Francisco Padilla Vidal

Obra musical

Vereda Limoncito

La linda profesora

Esequiel Contreras Ramos

obra musical

Verteda el Reparo

La Señorita

Alfonso Miguel Alvarez Peña

Obra musical

Vereda el Reparo

La Celosa

Alfonso Miguel Alvarez Peña

Obra musical

Vereda el Reparo

La Candela

Victorino Barón Feria

Obra musical

Vereda Garitón

Dulce condena

José Nicolás Dorian Hernández

Obra musical

Corregimiento el Mellito

Amor de mi vida

José Nicolás Dorian Hernández

Obra musical

Corregimiento el Mellito

Linda Almacillera

Marcelino López Vargas

Obra musical

Vereda Almacigo abajo

Se Acerca mi día

Marcelino López Vargas

Obra musical

Vereda Almacigo abajo

Por ti

Orlys Cervantes Mestra

Obra musical

Vereda Garitón

Rosenda

Victorino Barón Feria

Obra musical

Vereda Garitón

La raíz de cañabrava

Victorino Barón Feria

Obra muscal

Vereda Garitón

 

 

8.3.2 Artes Escénicas

 

al igual que la literatira y las artes plásticas, las manifestaciones escénicas, están poco desarrolladas en el municipio, presentándose una práctica muy limitada, donde los gestores de este campo cultural y artístico son bastantes escasos en el contexto de Necoclí. Desde la política cultural municipal que se pretende impulsar a partir del presente Plan de Desarrollo Cultural, esta área requiere de acciones que puedan promover su práctica y que le permita a los habitantes, encontrar formas alternativas de expresión social y estética, que reflejen la realidad municipal.

 

 Como ya se había mencionado, al parecer los necocliseños no ven en las expresiones teatrales, posibilidades de expresar su universo simbólico y sus acciones cotidianas; a esta situación hay que sumarle que es una actividad cultural que es copo promovida desde la administración pública actual y también desde los centros e instituciones educativas, lo que ha llevado al decaimiento de su práctica, razón por la cual hay que relizar importantes esfuerzos para su promoción, posibilitando que los jóvenes encuentre otras formas de expresarse estéticamente. La realidad de abandono en la promoción de las artes escénicas se observa plenamente el la esfera academica y aducativa, pues ninguna institución del municipio, tiene conformado un grupo de teatro, siendo este espacio fundamental para la promoción de la expresión artística.

 

Lo anterior impone la necesidad de emprender acciones puntuales que permitan promover el teatro desde lo educativo, pues es allí donde es posible desarrolar aabtitudes y destrezas que lleven a fortalezer este campo cultural. Estas acciones deberán ser acompañadas con la puesta en escena de dichas expresiones, pues le daría a estos nuevos practicantes, motivaciones sociales y de reconocimiento, para seguir haciéndolo. Igualmente se hace necesario emprender programas de capacitación y formación teatral y actoral, involucrando a los docentes que pueden ser agentes replicantes naturales, para de esta forma lograr una promoción  promover adecuada del teatro.

 

Esta situación ha levado a que en todo el municipio de Necoclí, sólo sea posible identificar 18 pobladores que tengan como alternativa estética y artística la práctica de teatro; igualmente, solo existen dos grupos de teatro conformados en el área rural, específicamente en la Vereda Garitón y en el Corregimiento de Zapata, sin que se reporte ninguno para el sector urbano. A continuación, se presenta una tabla que relaciona estos gestores culturales y para cada uno de ellos se especifica la institución a la cual está vinculada y su localización en el entorno geográfico municipal.

 

Nombre

Actividad

Grupo o entidad

Localización

Diógenes Martínez Padilla

Teatro y danza

Grupo Fusión África

Zona Urbana

Saúl Santizo Vertel

Teatro y Gestor cultural

Grupo de teatro Huellas de paz

Corregimiento de Zapata

Gleidis Teherán Arroyo

Danza y Teatro

Sangre Africana y Huellas de paz

Corregimiento de Zapata

Ivan Darío Ávila Amaya

Teatro y artes plásticas

Grupo Huellas de Paz

Corregimiento Zapata

Eder Gonsález Barragán

Teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Clara Inés Cazas Baza

Teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Yésica Moreno Hernández

Música y teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Orlys Cervantes Mestra

literatura, teatro, artesanías(tejidos crochet)

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Helmer Luis Romero Peñata

Teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Marisela Avila Jiménez

Teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Mauricio Montes Cantero

Teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Misael Mejía Montes

Teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Lizeth Gonsález Barragán

Teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Wilson Marmolejo Correa

Teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Blanca Sardy Sotelo Velásquez

teatro, artesanías

Grupo de teattro Garitón

Vereda  Garitón

Teiler Viloria Barón

Músca y teatro

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

Elbert Morelo Guerra

Teatro, Investigación socio cultural, cultura material.

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

 

Al indagar por los montajes teatrales vigentes, la sorpresa es aún mayor, pues solo fue posible identificar dos; uno de ellos tiene que ver con una obra de titeres de carácter educativo, creada por la Corporación Los Mandibuleros que se llama “La Tribu de los Calabazos del Soy” y la otra se trata de un montaje teatral llamado “El Pobre Tabajo”, creación escénica del gestor Diogenes Martínes Padilla.

 

 

 

 

 

8.3.3 Eventos Culturales:

 

En el municipio de Necoclí se selebran varias festividades entre las que se destacan las fiestas populares, los eventos religisos y las conmemoraciones patrias. Algunas de ellas se desarrollan en la zona rural, pero muchas veredas y corregimientas, también selebran las propias, encontrandose en cronograma de actividades culturales bastante interesante que le permite a las comunidades tener una recreación sana con altos contenidos de tradición.

 

La diversidad cultural necocliseña se escenifica en algunas festividades populares como las Fiestas del Coco y el Festival del Bullerengue, donde se expresan las manifestaciones culturales tradicionales. Como eventos culturales, también presentan altas potencialidades para desarrollar acciones de turismo eco-cultural. Así mismo, las manifestaciones artísticas vigentes, como patrimonio cultural actual y producto de la diversidad, es un potencial importante para promover la venta de servicios turísticos.

 

Estas particularidades folclóricas se escenifican particularmente en las fiestas populares del municipio, donde entran en la esfera de la representación, muchas de las tradiciones étnico-culturales del municipio. En las Fiestas del Coco, se escenifica toda la tradición sabanera, donde se conjugan corralejas, fandango y porro para darle el paso a aquellas manifestaciones que desde principios del siglo XX empiezan a ser importantes en Necoclí con la llegada de los “Chilapos” a la región del norte de Urabá. Igualmente, en el Festival Nacional del Bullerengue, se escenifica otra tradición cultural; en este caso se trata de los afrocolombianos caribeños que desde mediados del siglo XVIII hacen presencia en las zonas litorales de este municipio. Como puede verse, se trata de eventos de trascendental importancia en la esfera cultural municipal y requieren de acciones que los acerquen más a esa tradición y los hagan sostenibles, económicamente viables y rentables.

 

El compromiso de la ciudadanía en la realización de estos fiestas es muy limitado, pues esperan que el sector público realice todo el aporte financiero y que además realice las acciones de gestión que permitan la realización de los mismos. Esta falta de compromiso hay que transformarla en posibilidades de desarrollo y crecimiento económico y posiblemente de esta forma lograremos esfuerzos mancomunados que las conviertan en unas verdaderas industrias culturales rentables y respetuosas de la tradición.

 

En la tabla que presenta a continuación, se relacionan los eventos culturales más significativos del municipio.

 

                        (i)   Eventos Culturales

Ubicación

Semana Cultural Eduardo Espítia Romero

Centro educativo INER

Feria y exposición del dulce y rescate de tradiciones

Vereda Mulaticos Piedrecita

Fiestas del Bullerengue

Cabecera municipal de Necoclí

Fiestas del Coco

Cabecera municipal de Necoclí

Fiestas de la Piedra

Corregimiento del Mellito

Patronales de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen

Cabecera municipal de Necoclí

Semana Santa

Cabecera municipal de Necoclí

La fiesta de los Viejitos

Corregimiento de Zapata

Semana Santa en Zapata

Corregimiento de Zapata

Día Internacional de la Mujer

Cabecera municipal de Necoclí

Fiestas del Maíz

Vereda el Cativo

Fiestas de San Juan y San Pablo

Corregimiento de Mulatos

Corralejas

Corregimiento del Mello Villavicencio

Fiestas de la amistad y el Plátano

Corregimiento de Pueblo Nuevo

Fiestas del Totumo de oro

Corregimiento del Totumo

 

 

8.3.4 Letras

 

La literatura y la creación literaria en Necoclí, se encuentra en un estado de latencia, pues en la actualidad puede ser considerada como uno de los campos culturales menos desarrollados; esta realidad se ve reflejada en la reducida producción literaria y la cantidad limitada de pobladores que se dediquen a la escritura. De otro lado, la promoción a la lectura es también insuficiente, reflejando un desanimo por parte de los jóvenes para el abordaje de los libros.

 

Se pudo detectar que los habitantes de Necoclí ven en la literatura una práctica distante para representar su universo simbólico y sus acciones cotidianas; estas tendencia, sumada al poco apoyo que se le viene dando a estas áreas culturales, y a la deficiente dotación de las bibliotecas, ha provocado el decaimiento de su práctica.

 

De otro lado, la escritura literaria no es un área cultural valorada por los habitantes necocliseños, más acostumbrados a la narrativa y a la verbalización de su tradición, dejando de lado el componente literal. Son muy contadas las obras literarias que recrean esa tradición oral y la ponen a disposición en entornos exógenos y endógenos, quedando entonces relegada su difusión a espacios familiares y a la convivencia con adultos mayores, quienes son los poseedores de la misma.

 

Desde la política cultural que predominó en Necoclí, no se contaba con un monitor que se encargara de realizar dicha difusión entre la población y los estudiantes específicamente. Igualmente, no se cuenta con un buen material literario que promueva la lectura, como actividad lúdico – recreativa – pedagógica, que incentivé su práctica, pues las bibliotecas municipales y escolares se encuentran en un estado de dotación deficiente.

 

De otro lado, se conoce que la práctica de la lectura y la escritura es fundamental en los procesos educativos y si no se da una correcta valoración de su importancia y una adecuada promoción, no se podrán presentar logros educativos satisfactorios que le permitan al municipio avanzar en el mejoramiento de la calidad de la educación.

 

 Para abordar esta situación, se hace necesario emprender acciones tendientes al mejoramiento de la dotación de las bibliotecas municipales, especialmente en textos alusivos al municipio y a la región de Urabá; igualmente se requiere promover la práctica de la lectura y la escritura, a través de talleres y capacitaciones en los centros educativos, adecuando el sistema a las realidades municipales; También se requiere promover eventos que permitan la expresión de la narrativa popular tradicional, incentivando su conocimiento y reconociendo la diversidad cultural.

 

Los gestores literarios que se han identificado dentro de la población de Necoclí, se presentan el la siguiente tabla; para cada uno de ellos se especificará sus actividades culturales, la entidad donde labora y su localización.

 

Nombre

Actividad

Grupo o Entidad

Localización

Virgelina Silgado Jiménez

Bibliotecaria

Casa de la cultura

Zona Urbana

Luis Martinez Echeverri

Historiador

Comunidad Tule

Vereda Caimán Nuevo

Agustín Esquivel Núñez

Literatura, Medios de comunicación

Periódico Horizonte

Zona Urbana

Daleth Restrepo Pérez

Literatura

Independiente

Vereda el Río Necoclí

Daniel Urango González

Literatura, Música

Junta municipal de educación

Zona Urbana

Fredy Armando Urango Padilla

Literatura

Institución Educativa Eduardo Espítia Romero

Zona Urbana

Nairobis Urango Amaya

Literatura

Independiente

Corregimiento Mellito

Sandra Milena Herrera Franco

Literatura

Independiente

Vereda Botijuela

Kenia Vanessa Contreras Reales

Literatura

Independiente

Corregimiento Mellito

Narly Narly Palacio Morales

Literatura

Independiente

Corregimiento Mellito

Alejandro Medrano Romero

Música, literatura, Juegos pedagógicos, educador

Organización musical clave 3

Zona urbana

Giber Acosta Ochoa

Librerías y distribuidoras

Ediciones Ochoa

Zona Urbana

Johnys Berna Guzmán

Literatura

Club de Guías mayores de los adventistas

Casco Urbano

Camilo Adolfo Osorio Cano

Literatura

Voluntarios de la Cruz Roja Colombiana

Casco Urbano

Emilcen Díaz Castillo

Literatura, promotor cultural

ASOCOMUNAL

Casco Urbano

Jonh Jairo Parra Osorio

Literatura

Independiente

Corregimiento de  Toutmo

Bleidys Bolaños Padilla

Literatura (poesía)

Asociación Centro Occidental el Eden

Zona Urbana

Gustavo de Jesús Tobón Echeverry

Literatura (poesía)

Programa de familias guardabosques

Corregimiento de Pueblo Nuevo

Orlys Cervantes Mestra

literatura, teatro, artesanías(tejidos crochet)

Grupo de teatro Garitón

Vereda Garitón

 

De la tabla anterior se desprende que algunos de los gestores literarios desarrollan otras actividades culturales, predominando la relación con el sector artesanal, la docencia y la música. Igualmente se observa que dentro del campo literario de desarrollan las áreas de la narrativa, la poesía y la dramaturgia (Teatro).

 

El inventario de la producción literaria de los necocliseños muestra la existencia de 40 obras que expresan ese sentir afrocaribeño y de confluencia cultural. En la tabla que se presenta a continuación, se relacionan las obras literarias conocidas de habitantes del municipio; para cada una de ellas se especifica su autor, la institución, el tipo de obra y la localización del autor.

 

Patrimonio Literario

Autor

Clase de Obra

Ubicación Autor

Crecer en son de paz

Corporación los Mandibuleros

Creación literaria (cartillas)

Vereda Cañaflechal – La Playa

La tribu de los calabazos del sol

Corporación los Mandibuleros

Creación literaria (obra títeres)

Vereda Cañaflechal – La Playa

La lucha del pueblo Olo-tule por el territorio

Creación colectiva

Obra literaria (historia)

Resguardo Caimán Nuevo

Poemas de Viento

Daleth Restrepo Pérez

Creación literaria

Vereda Cañaflechal

Las dos torres

Daleth Restrepo Pérez

Creación literaria

Vereda Cañaflechal

Una historia y un pueblo

Daniel Urango González

Creación literaria

Barrio Parroquial

Necesito un corazón

Daniel Urango González

Creación literaria

Barrio Parroquial

Soy antioqueño

Daniel Urango González

Creación literaria

Barrio Parroquial

Cual regalo de Castilla

Fredy Armando Urango

Creación literaria

Barrio Parroquial

Llegada a nuevo oriente

Luis Sánchez Madrid

Creación literaria

Vereda Nuevo Oriente

Desde puerto Rey a las costas de San Blas

Luis Sánchez Madrid

Creación literaria

Vereda Nuevo Oriente

La paz de Colombia

Luis Sánchez Madrid

Creación literaria

Vereda Nuevo Oriente

Mi mamita querida

Marly Palacio Morales

Creación literaria

Corregimiento el Mellito

Los consejos de mi padre

Francisney Cuadrado Beltrán

Creación literaria

Vereda la Merced

La ranita y la niña Juanita

Kenia Vanessa Contreras Reales

Creación literaria

Corregimiento el Mellito

El niño travieso

Alejandro Medrano Romero

Creación literaria

Calle Zapatería Medrano

El Vuelo de los Piscingos

Agustín Esquivel Núñez

Creación literaria

Calle principal

Soñar y seguir soñando

Agustín Esquivel Núñez

Creación Literaria

Calle principal

Un Niño bueno

Elkin Mórelo González

Creación literaria

Corregimiento de Mulatos

Ozikana (Extraño Sueño de Invierno: cuentos)

Oscar Danilo Barrios

Creación literaria

Barrio la Primavera

Leyenda del Cedrón

Jonhys Berna Guzmán

Creación literaria

Calle de INER

Roja Rosa

Camilo Adolfo Osorio Cano

Creación literaria

Barrio Centro

La Meditación de un poeta

Camilo Adolfo Osorio Cano

Creación literaria

Barrio Centro

Guerrero

Jonhys Berna Guzmán

Creación literaria

Calle del INER

Monografía de Necoclí

INER UdeA

Creación literaria

Casa de la Cultura

Donde estás que no te encuentro

Emilsen Díaz Castillo

Creación literaria

Calle del Hospital

Caminando hacia el Mellito

Emilsen Díaz Castillo

Creación literaria

Calle del Hospital

El Niño Inquieto

Emilsen Díaz Castillo

Creación literaria

Calle del Hospital

Los siete Hermanos

Jonh Jairo Parra Castro

Literatura

Corregimiento del Totumo

Poemas de la Artista

Bleidys Bolaños Padilla

Literatura (poesía)

Zona Urbana

El Gusano Soñador

Bleidys Bolaños Padilla

Literatura (poesía)

Zona Urbana

Necoclí

Bleidys Bolaños Padilla

Literatura (poesía)

Zona Urbana

Pachita Pérez

José Heriberto Delacruz Villadiego

Literatura oral (versos)

Resguardo del Volao

Grito de Monte

Vicente Borja Hernández Bustamante

Literatura oral (versos)

Resguardo del Volao

La Muerte

Vicente Borja Hernández Bustamante

Literatura oral (versos)

Resguardo del Volao

El hombre se vuelve nada

Luis Manuel Durango Ruiz

Literatura oral (décima)

Vereda Brisas del Rio

Soy Pájaro que en el agua formado tengo mi nido

Luis Manuel Durango Ruiz

Literatura oral (décima)

Vereda Brisas del Rio

Guardabosque

Celso Miguel Echeverry Ruiz

Literatura (poesía)

Vereda Brisas del Rio

El dolor de muela

Elbert Morelo Muerra

Literatura (obra de teatro)

Vereda Garitón

 

 

8.3.5 Comunicación y Medios Audiovisuales

 

En la actualidad Necoclí posee varios medios de comunicación que le permiten a la comunidad momentos de entretenimiento, al mismo tiempo que reciben información relacionada con los acontesimientos municipales; estos medios cumplen una funsión importante, pues permiten generar redes de información comunitarias que le brindan la oportunidad a los sectores sociales, de mantenerce en estrecha comunicación.

 

El Períodico Horizontes, como medio de comunicación escrto tiene una periodicidad quincenal y le proporciona a la comunidad, principalmente información relacionada con la administración pública local, permitiendole a los ciudadanos hacer un seguimiento importante de la gestión adelantada por sus mandatarios; igualmente, resalta los acontesimientos mas significativos de la vida social, económica, cultural y departiva que acontesen en Necoclí.

 

La Emisora Necoclí Esterio, tiene una programación durante las 24 horas del día, con programas musicales variados del gusto de los hasbitantes del municipio; también desarrolla programas informativos de varias instituciones, como la Alcaldía, las instituciones educativas del casco urbano y el Hospital San Sebastión de Urabá, donde los radio escuchas, son informados del quehacer de estas entidades y de los programas y proyectos en ejecución con impacto social y comunitario. Igualmente, tiene programas especializados para el envio de mensajes de interés comunitario, siendo una alternativa de comunicación para las zonas rurales y para mantener redes de información con alto grado de eficiencia. Carece de un programa periodistico, donde su pueda registrar el aconteser local, departamental, nacional e internacional. No cuenta con una franja cultural que le briende a los ollentes alternativas pedagógicas de los principales elementos de la identidad de las comunidades; el presente Plan de Desarrollo Cultural, busca precisamente generar compromisos con este medio de comunicación, en el sentido de la difución de los valores y el patrimonio cultural municipal.

 

El Canal Local de Televisión tien una programación muy restriguida, pues únicamente está en el aire de cinco de la tarde a nueve de la noche y en la actualidad están incursionando en programas periodisticos. Por este medio se transmiten los principales eventos que se desarrollan en la localidad.

 

En la tabla que se presenta a continuación, se relacionan los medios de comunicación de Necoclí.

 

 

Medios de Comunicación

Tipo

Periódico Horizonte

Impreso

Necoclí Stereo

Radio

Necotv NT

Televisión

 

Los gestores culturales más reresentativos del area de las comunicación en Necoclí, se presentan el la siguiente tabla.

 

Nombre

Actividad

Grupo o Entidad

Localización

Orlando Osorio Martinez

Investigador, líder juvenil, Locutor

Asociación Comunitaria Ecos de Necoclí

Zona Urbana

Jonh Jairo Jiménez Barón

Medios de Comunicación,(locución)

Necoclí Stéreo

Zona Urbana

Agustín Esquivel Núñez

Literatura, Medios de comunicación

Periódico Horizonte

Zona Urbana

Edwin Manuel Peñate Romero

Medios de Comunicación

Administración Municipal

Zona Urbana

Ferlis Narváez Cordero

Medios de Comunicación,(locución)

Necoclí Stéreo

Zona Urbana

 

 


[1] OIA- CORPOURABA, 2003:49.

[2] Ibíd.; Fundación vida, 2003.

[3] Plan de Desarrollo Municipal. Necoclí 2004 – 2007

[4] Plan de Desarrollo Municipal. Necoclí 2004 – 2007.

[5] Plan de Desarrollo Municipal. Necoclí 2004 – 2007.

[6] Vélez, Germán; Valencia María. Comunidad del Volao: De las cenizas del desplazamiento forzoso surge la vida y la esperanza. En: Revistas de las Economías Campesinas. Sin Fecha. En la Web.

[7] Fundación Hemera. Comunicación, Vida y Desarrollo. En: http://www.etniasdecolombia.org/indigenas/zenu.asp

[8] Fundación Hemera. Comunicación, Vida y Desarrollo. En: http://www.etniasdecolombia.org/indigenas/zenu.asp

[9] Colombia Universal 2004 – Cultura Zenu. En la Web.

[10] Ibíd.

[11] Fundación Hemera. Comunicación, Vida y Desarrollo. En: http://www.etniasdecolombia.org/indigenas/zenu.asp

[12] Serpa Espinosa, Roger. Los Zenúes: Población – sistema de producción – propiedad y tenencia de la tierra. Secretaría de Cultura de Córdoba. Montería. 2000.

[13] Ibíd.

[14] Ibíd.

[15] Ibíd.

[16] Vélez, Germán; Valencia María. Comunidad del Volao: De las cenizas del desplazamiento forzoso surge la vida y la esperanza. En: Revistas de las Economías Campesinas. Sin Fecha. En la Web.

Ibíd..

[18] Ibíd.

[19] Ibíd

[20] Ibíd.

[21] Ibíd.

[22] Serpa Espinosa, Roger. Los Zenúes: Población – sistema de producción – propiedad y tenencia de la tierra. Secretaría de Cultura de Córdoba. Montería. 2000

[23] Colombia Universal 2004 – Cultura Zenu. En la Web.

[24] Mosquera, Juan de Dios . Africa en América, una historia por contar. *Versión escrita, corregida por el autor, de la conferencia dictada en la Sala Fundadores de la Universidad Central, el 7 de octubre de 1998.

[25] Cortés, Margrieth Nazareth. Identidad y Desarrollo de los Pueblos Afrocolombianos. Sin Fecha. En la Web.

[26] Centro de Pastoral Afrocolombiana – CEPAC. Historia del pueblo afrocolombiano – perspectiva pastoral. 2003. En la Web.

[27] Villa, Wilian. Con luna llena baila toda Africa. En http://www.etniasdecolombia.org/grupos_afro_cultura.htm.

[28] Cortés, Margrieth Nazareth. Identidad y Desarrollo de los Pueblos Afrocolombianos. Sin Fecha. En la Web

[29] Cortés, Margrieth Nazareth. Identidad y Desarrollo de los Pueblos Afrocolombianos. Sin Fecha. En la Web

[30] Cortés, Margrieth Nazareth. Identidad y Desarrollo de los Pueblos Afrocolombianos. Sin Fecha. En la Web.

[31] Cortés, Margrieth Nazareth. Identidad y Desarrollo de los Pueblos Afrocolombianos. Sin Fecha. En la Web.

[32] UNAD. Monografía de Coroza – Sucre. 2005.

[33] Arias López. Luis Alberto. Altiplanos y Cañones en Antioquia: Una Mirada Genética. Universidad Nacional de Colombia. Sede Medellín, 2003.

[34] Romero G, Álvaro. Patrimonio Cultural y Patrimonio Arqueológico. 1999-2001, Masma WEB, Museo Arqueológico San Miguel de Azapa

[35] INC-OEA. Documento base del Seminario sobre información para el desarrollo cultural del Departamento de Tacna y proyección regional. Tacna, 1984.

[36] Plan de Desarrollo Municipal. Necoclí 2004 – 2007.

[37] Plan de Desarrollo Municipal. Necoclí 2004 – 2007.

[38] Plan de Desarrollo Municipal. Necoclí 2004 – 2007.

[39] Plan de Desarrollo Municipal. Necoclí 2004 – 2007.

[40] Aikawa, Noriko., Patrimonio cultural intangible : nuevos planteamientos respecto a su salvaguardia. UNESCO. Departamento de Patrimonio Intangible. 2004.

[41] Aikawa, Noriko., Patrimonio cultural intangible : nuevos planteamientos respecto a su salvaguardia. UNESCO. Departamento de Patrimonio Intangible. 2004.

[42] Benitez, Edgar. Huellas de Africa en el Bullerengue. Actas del III Congreso Latinoamericano de la asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular.

[46] Benitez, Edgar. Huellas de Africa en el Bullerengue. Actas del III Congreso Latinoamericano de la asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular.

[47] Benitez, Edgar. Huellas de Africa en el Bullerengue. Actas del III Congreso Latinoamericano de la asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular.

[48] Benitez, Edgar. Huellas de Africa en el Bullerengue. Actas del III Congreso Latinoamericano de la asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular.

[50] Días Rodriguez, Benjamin. Citado por Benitez, Edgar. En Huellas de Africa en el Bullerengue. Actas del III Congreso Latinoamericano de la asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular.

Municipio de Olaya

Contexto municipal

 

-           Características Geográficas

 

Este municipio se localiza en la vertiente occidental de la Cordillera Central y hace parte de la dirección territorial Hevexicos de CORANTIOQUIA; su cabecera está localizada a los 06º 37 48” de latitud norte y 75º 49 00” de longitud oeste, con una altitud de 400 msnm, una temperatura promedio de 26º centígrados y una precipitación media anual de 1156 mm.  Para llegar a su cabecera es necesario desplazase desde Medellín por la vía al mar, pasando por Sopetrán y luego tomar una desviación a la altura de la localidad de Quebrada Seca; este recorrido es de unos 106 Kms. (IGAG 1996; Tomo 3: 1523).

 

La extensión del municipio es de 90 Km2  y limita al norte con Libornia, al este con Belmira y Sopetrán, al sur con Sopetrán y al oeste con Santa Fe de Antioquia (Ibíd).  De este territorio 3.6% está cubierto de bosques naturales, 61.9% esta destinado a actividades pecuarias (pastos), 12.4% de rastrojos, 9.9% en áreas erosionadas, 8.7% del total del municipio están destinadas para la producción agrícola y 3.3% están localizadas en zonas sin uso agropecuario (EOT Olaya 1999).  De las anteriores cifras se desprende que el uso del suelo en este municipio está dedicado principalmente al desarrollo pecuario, actividad que se ha caracterizado por el sobre-pastoreo afectando la calidad del suelo de la municipalidad.  A ello se suma un elemento importante como es el fraccionamiento de la propiedad de la tierra, ya el 67% corresponde a propiedades menores de cinco hectáreas,  y sólo el 33% de propiedades mayores a 5 hectáreas; tal elemento ha incidido ampliamente en la producción agrícola del municipio.

 

Se encuentra este municipio localizado en un tramo del denominado Cañón del Cauca, conformado por las vertientes occidentales de la cordillera Central y por las vertientes orientales de la cordillera Occidental; en esta zona el cañón se extiende desde los 3200 msnm y desciende hasta los 430 msnm, propiciando altos niveles de pendiente y pocas zonas planas de tal forma que la mayoría de las cabeceras municipales se encuentran en sectores de pendiente (EOT municipio de Olaya 1999:14).

 

Con relación a las formaciones vegetales encontramos que en este municipio hay presencia de Bosque Seco Tropical (bs-T) localizado por debajo de los 900 msnm en donde el bosque primario ha desaparecido para dar paso a policultivos y cultivos transitorios.  Allí se ubican la cabecera municipal, además de los centros poblados de Sucre, La Quebrada Seca y parte de las veredas Pencal, El Guayabo, Tiembla, Piñones y Badajos. El Bosque Húmedo Premontano: (bh-PM) se encuentra en la franja altitudinal que va de los 900 a los 1600 msnm, terrenos  aptos para el cultivo de café, plátano, maíz, fríjol, yuca, pastos yaraguá y frutales. Cubre parte de las veredas El Pencal, El Guayabo, Tiembla, Badajos, Piñones y Llanadas. Por otro lado, el Bosque muy Húmedo  Premontano (bmh-PM) se encuentra entre 1600 y 2000+/-100 msnm, zona en la cual predominan cultivos de café, plátano, maíz, fríjol, yuca y frutales.  Se localizan en esta zona de vida las veredas La Playa, El Chapón, El Guayabo, Tiembla, Común – Cominal y parte de Pencal. Por último, el Bosque muy Húmedo Montano Bajo (bmh-MB) se extiende en la franja altitudinal que va desde los 2000 msnm hasta los 3000 msnm, donde se localizan porciones importantes de las veredas Chapón, Común-Cominal, La Colchona, Guayabo y el corregimiento de Llanadas.

 

-           Características socioeconómicas

 

En cuanto a la organización de la población, este municipio está conformado por dos corregimientos y 10 veredas, habitado por 2836 personas de las cuales 1506 son hombres (51.5%) y 1420 mujeres (48.5%).  La producción agrícola atraviesa por un momento de depresión ocasionando que este renglón importante en la economía local presente altos niveles de marginalidad (EOT Olaya 1999:98). Dentro de la producción agrícola se destaca el café, el cual ocupa 8% (530 Ha) de la extensión municipal, con una producción anual de 704.4 toneladas, de las variedades caturro, Colombia y en menor proporción pajarito.  Le sigue en importancia la producción de frutales que genera al año 952 toneladas; mientras que cultivos tradicionales como el maíz y el fríjol solo generan 10.7 toneladas.  Con relación a el sector pecuario se anota que corresponde a ganado bovino de doble propósito, manejado de manera extensiva, el cual es combinado con cultivos, sobre todo de frutales (EOT Olaya 1999).

 

-           Contexto histórico municipal

 

Los territorios que actualmente ocupa el municipio de Olaya pertenecieron durante el siglo XIX a los distritos de Sucre y Sacaojal.  Su primer poblamiento se dio a mediados del siglo XVIII, siendo relativamente tardío si se compara con otras fundaciones de la región de Occidente como son Sopetrán, Sabanalarga, San Jerónimo y Santa Fe de Antioquia; fue ocupada por mestizos y mulatos procedentes de la ciudad de Santa Fe de Antioquia, en busca de tierras aptas para el cultivo de Tabaco.  Se reconoce como año de fundación 1773, cuando se establece la parroquia de Sacaojal, quedando bajo su jurisdicción los sitios de Usenguia, Tablazo, Don Milo, Tahamí, Colchón, Barbudo, Remolino, Quebrada Seca, Juan García, La Sucia y Rodas.  Para esta época existían en este territorio 293 familias, eligiendo el sitio de Sacaojal como cabecera de la parroquia, porque ya existía una capilla, además de que se localizaba en inmediaciones de uno de los pasos más importantes del río Cauca hacia Santa Fe de Antioquia y era sitio obligado de tránsito para acceder al camino del Espíritu Santo; el primer nombre que se dio a esta población fue el de Nuestra Señora de las Nieves de Sacaojal (Piedrahita 1.973:56).

 

Los límites iniciales de esta parroquia fueron:

 

Cogiendo del lado del curato de la ciudad desde la quebrada del Contador, quebrada arriba hasta  su nacimiento y de dicho nacimiento hasta debajo de la quebrada que tiene de lindero el pueblo de Buriticá. Y por el otro lado del Cauca…comienza dicho territorio desde la quebrada de Noque, Cauca abajo hacia la quebrada la Honda, que es lindero del pueblo de Sabanalarga (Ibid: 256- 257).

 

Administrativamente, Sacaojal figura en 1808 como sitio de la ciudad de Antioquia.  De 1820 a 1827 aparece como distrito del cantón de Antioquia, situación en la que permanece hasta 1851, cuando pasa a la jurisdicción del cantón de Sopetrán.  En el año de 1855 la cabecera del distrito es trasladada al sitio de Guayabal[1] (Sucre) y cuatro años después los habitantes de Sacaojal se dirigen a la  cámara provincial, pidiendo  se cambie el nombre de Sacaojal por Sucre.  En el año del 1857 es considerado distrito parroquial del departamento de Occidente.  En año del 1866 aparece con el nombre de Sucre y figura en el departamento de Sopetrán.  En 1885 Sucre es trasladada al departamento de Occidente (Ibid).

 

Los sitios que antiguamente se conocían como Sacaojal y Sucre fueron erigidos en municipio en 1936 y se le dio el nombre de Olaya.

 

Cabe anotar que las tierras que pertenecen al actual municipio de Liborina fueron antiguamente de la jurisdicción de Sacaojal; pobladas desde muy tempranas épocas, cuando el gobernador de Popayán se las capituló a Francisco López en el año de 1.582  con el nombre de tierras Tahamí en territorio de la población Nutabe.  Posteriormente se denominaron Juan García, nombre que se le dio por uno de sus propietarios.  El 2 de Enero de 1.832, este paraje se eleva a la categoría de aldea o partido dependiente de la parroquia Sacaojal.  Un año después se crea la parroquia de San Juan García por considerarse que este paraje quedaba muy lejos del paraje de Sacaojal con una población de703 habitantes y se le da el nombre de Liborina queriendo rendir homenaje al héroe de la independencia de Antioquia Liborio Mejía  (Arango 1941: 245 – 247).  Al parecer la población que dio origen a este distrito, migró desde la ciudad de Antioquia, Envigado y el Aguacatal en busca de tierras fértiles para el desarrollo de la agricultura y la ganadería.  Son reconocidos como sus fundadores, es decir quienes les dieron impulso en 1833, Manuel Antonio Martínez, Juan de Dios Martínez, Vicente Londoño y Rafael Pajón.  En este mismo año se erige en municipio y se segrega del paraje conocido antiguamente como Sucre.

 

Para 1864 se informó que existían los siguientes caminos que comunicaban diferentes localidades: de Sopetrán a Sucre con una extensión de 15 Km; de Sopetrán a Córdoba con una distancia de 5 Km.; de Sopetrán a Quebrada Seca con un recorrido de 10 km.; de Sucre a Sacaojal con una longitud de 5 Km. (Espinosa 2000).

 

Se informa que para el año de 1780 vivían en Sacaojal con 1677 personas. Veintiocho años después (en 1808) se reportan 1278 personas que representaban un equivalente a 14 h/km2 y se constituye en la densidad de población más alta de toda la región.  En el censo de población realizado en el año de 1828 se obtuvo un total de 1.397 personas, con una densidad de 15.5h/km2 y un crecimiento del 8.67% siendo él más bajo, si se compara con lo sucedido en Santa Fe de Antioquia, Sopetrán y San Jerónimo.  En el año 1883 vivían en  Sucre 2.656 personas,  con una densidad de 23.3 h/km2   y un crecimiento del 66%.  Para principios del siglo XX (1905) se reportan en sucre 2.038 personas con una densidad 22.6h/kmy un decrecimiento del 23.2 % en los últimos 22 años.  En síntesis, el crecimiento de la población en Sucre y Sacaojal es de la siguiente forma: de 1790 a 1810 se presenta un decrecimiento leve, de allí a 1830 el numero de habitantes permanece estable; a partir de esta fecha y hasta 1850 hay un crecimiento significativo, para darse un ascenso leve hasta 1870 (INER 1995)

-           Las localidades de referencia

 

En este municipio se abordaron para la investigación etnográfica dos localidades que son el corregimiento de Sucre y la vereda de Quebrada Seca.  El primero nos interesó por el poblamiento mestizo, elemento que resulta se suma importancia a la hora de hacer una comparación regional y establecer diferentes dinámicas de poblamiento y construcción de territorialidades en el Occidente Medio.  De otro lado, el interés en Quebrada Seca se centró en la importancia que pudo tener esta localidad en el pasado como sitio de tránsito hacia Santa Fe de Antioquia y otras regiones del Occidente; así mismo, el despoblamiento y la posterior ocupación de esta localidad por habitantes procedentes de diversas regiones del departamento fue importante para ver como en procesos recientes se construye identidad a partir de múltiples influencias culturales.

 

Para estas dos localidades se siguió el mismo esquema de temas y subtemas planteados para las comunidades estudiadas en Buriticá y Sopetrán; es decir, se indagó por los aspectos relacionados con el territorio y la historia haciendo énfasis en los procesos de ocupación del territorio y en los movimientos de población.  Con relación al capítulo relacionado con territorio y población, se hizo énfasis en los aspectos demográficos, pauta de asentamiento, características de la vivienda y en la toponimia que denota el proceso de semantización del territorio.  El parentesco, las relaciones iterlocales y la red de caminos se articularon en torno al ordenamiento social del territorio.  Por último, la imaginación del territorio se planteó a partir de historias relacionadas con los seres sobrenaturales y las leyendas.

 

Es de anotar que la permanencia durante el trabajo etnográfico fue muy corta, pues en cada una de ellas el equipo de trabajo compuesto por tres investigadores, estuvo únicamente tres días.  Así mismo, las conversaciones informales que se sostuvieron con los miembros de estas comunidades estuvieron fuertemente influenciadas por la continua permanencia de grupos armados al margen de la ley, que transitan por estos territorios.  Lo anterior hizo que los pobladores en muchas ocasiones restringieran la información, pues no se sentían seguros al entablar diálogos con extraños, en este caso el equipo de etnografía.  Como se sabe, la práctica etnográfica requiere de prolongadas temporadas de campo para acceder a información sobre las características culturales de los pobladores, por ello el estudio a estas localidades debe considerarse apenas como una aproximación a las dinámicas de poblamiento y a la construcción de territorialidades.

 

 

4.2.3.1    Quebrada Seca

 

Localización

 

Esta vereda del municipio de Olaya, se localiza al sur de la cabecera municipal  hacía los limites con Sopetrán.  Para llegar a ella, desde Medellín, es necesario desplazase hasta San Jerónimo por la vía al mar, girar al norte por la carretera que conduce a Sopetrán, pasando por esta localidad y Córdoba, para luego llegar a Quebrada Seca; también es posible llegar desde Santa fe de Antioquia por la vía que conduce al puente de Occidente, pasando este se llega a la localidad referida.  Sus territorios están bañados por las quebradas Seca, la Silvia y la Florida, así como por el río Cauca que sirve de íimite a la vereda en dirección Occidental.  Sus territorios se encuentran principalmente sobre la zona de vida de bosque seco tropical (bs-T), caracterizado por temperaturas superiores a los 24°C, pluviosidad inferior 1000 mm anuales y vegetación espinosa y xerofítica, característica de bosques espinosos.  El caserío se encuentra a orillas del río Cauca, en el cruce de vías que de Sopetrán conduce a Sucre, Olaya, Liborina y Sabanalarga y la que se desprende hacia el puente de Occidente, que posteriormente continúa hacia Santa Fe de Antioquia.  Se trata de un asentamiento semiconcentrado localizado en una terraza aluvial no inundable, en inmediaciones al río Cauca

 

-                     Territorialidad e Historia

 

En esta localidad, desde la historia oral, es posible identificar dos momentos de la ocupación del territorio.  El primero de ellos es muy antiguo y se desconoce la época de su origen; según cuentan los actuales pobladores se trataba de un asentamiento de negros que se dedicaban principalmente a las actividades de pesca y minería, aprovechando los recursos disponibles en el río Cauca.  Así mismo, se dedicaban al oficio de cargueros de mercancías que por el antiguo paso llegaban a Santa Fe de Antioquia y a todo el Occidente antioqueño.

 

Su historia parece ser larga, aun cuando fragmentada y discontinua, ya que desde épocas anteriores a 1789 se tiene reporte de que este era un puesto importante en el tráfico comercial regional; con la construcción del puente de Occidente debió darse un periodo de fortalecimiento de la localidad, ya que por su ubicación adyacente a dicho puente debió ser clave como bodega y lugar de distribución de mercaderías con destino a los pueblos localizados en una y otra margen del Cauca.  Cuentan algunos de los actuales habitantes que a su llegada aquí hacia 1950, aún podían observarse ruinas de casas deshabitadas, hechas en tapia y bahareque.

 

José María Gómez, de 86 años y habitante de esta localidad, comenta:

 

Cuando llegue a Quebrada Seca…hace más de 50 años…venía de Piñones y aquí vivía la familia de Evangelino Ayala, los Pereira, los Muriel…eran gente negra…poco trabajadora de la agricultura…pescadores en el río y las mujeres lavadoras de oro…aquí se hacían bailes donde se bebía pipo y aguardiente…ya muchos se habían ido para puerto Berrío a buscar oportunidades de trabajo en el ferrocarril y en otras cosas…ellos vivían en esas colinas que se encuentran al otro lado de la carretera cerca de mi casa…los Vargas y los Brand se fueron a vivir al Llano de Santa Fe de Antioquia…las casas de estos negros eran de bahareque  y techos de paja.

 

Con relación a las fiestas que se desarrollaban en esta localidad, Magdalena Londoño informa:

 

Quebrada Seca era hace muchos años un poblado de muchos ranchos en el que vivían sobre todo mujeres negras [a las que describe como parranderas]…de veredas cercanas los hombres se venían a buscar a estas mujeres para “parrandear” con ellas[2].

 

Al indagar por los antiguos habitantes no hay muchas respuestas, solo se recuerda que se fueron antes de “la violencia” para el Magdalena Medio y otros lugares del Occidente, cuando el recurso aurífero y pesquero disminuyó y no encontraban alternativas de trabajo en esta localidad; así mismo, la construcción del nuevo paso sobre el río Cauca, disminuyó el flujo de personas y mercancías por el antiguo puente de Occidente, elemento que también debió motivar estos movimientos de población.  De acuerdo con la información recaudada en localidades como El Rodeo y Córdoba, en jurisdicción del municipio de Sopetrán, este desplazamiento masivo hacia el Magdalena Medio tuvo connotaciones regionales, pues de muchas localidades partió gente para allá, ya que había gran demanda de mano de obra para el desarrollo de la infraestructura petrolera y vial; además era un lugar de “enganche” para desarrollar trabajos en otras regiones del país.

 

El segundo momento de poblamiento de este territorio, corresponde a la ocupación actual y se remonta unos 50 años atrás.  Es claro que uno de los elementos que influenció este movimiento de población fue la migración hacia las orillas del Cauca de familias procedentes de la denominada “tierra fría”, como son las veredas Horizontes, Juntas o Piñones; todos ellos venían buscando trabajo en las haciendas Los Papayos y Las Cabuyas.

 

Don José María Gómez, procedente de la vereda Piñones (jurisdicción del municipio de Olaya), cuenta que cuando llegó a este sitio se enganchó como agricultor, adquirió tierras para el cultivo bajo la forma de arrendamiento a la cuarta, en la hacienda de propiedad del señor Luis Viera; estas tierras eran aptas para el cultivo de maíz, fríjol, tomate y papayo. El lugar del asentamiento lo describe de la siguiente manera:

 

… las tierras de Quebrada Seca eran pencales, habían (sic) muchas matas de cascarillo y  uñaegato …. las gente que habían(sic), que eran en su mayoría negros, se fueron  incluso antes de la época de la violencia.

 

Dice doña Magdalena Londoño que:

 

Lo que atraía a la gente de Piñones a vivir aquí y a poblar estos terrenos era que aquí había trabajo en las tierras de don Luis Vieira y Jorge Arango…que fue el que le vendió la finca de La Florida a Gabriel Barrientos…

 

Luego de la consolidación de este asentamiento fueron llegando pobladores de muy diversos lugares, movimientos que se vienen presentando en los últimos 15 años, ya no buscando sitios para el cultivo, sino para tratar de lograr trabajo estable en las parcelaciones vecinas, especialmente en el club La Florida, el cual, desde sus inicios, a finales de los 80´s, ha influenciado fuertemente el orden económico y laboral, tanto en Quebrada Seca como en Sucre y Córdoba.

 

 

-                     Territorio y Población

 

Esta localidad esta conformada por 245 habitantes que constituyen 64 familias y habitan 55 viviendas.  El 10% del total de la población corresponde a individuos menores de 6 años; 18% se encuentra entre los seis y doce años, el 22% tiene entre trece y veinte años, el 27% son habitantes de veintiuno a cuarenta años, y el 23% restante es mayor de 40 años (Gráfico 3).

 

Se trata de un asentamiento donde predomina la población joven, ya que de acuerdo con los datos anteriores, el 50% es menor de 21 años.  El 31.4% asiste a planteles educativos (escuela primaria Quebrada Seca y Liceo Municipal de Olaya), el resto de los habitantes realiza algún tipo de actividad económica, según se desprende de la información contenida en un censo realizado por el personal docente de la escuela veredal.

 

Las actividades de oficios varios en cabañas y parcelaciones aledañas son desarrollas por el 19.5% del total de la población, actividad que ha ido decreciendo según los habitantes de la vereda en los últimos cinco años, por que los propietarios ya no vistan con la misma regularidad sus casas de recreo. El trabajo agrícola, motor del poblamiento, hoy solo es realizado por 6.9% de sus habitantes, actividades que son complementadas con la venta de productos alimenticios a los grupos de turistas que con frecuencia acuden al puente de Occidente.

 

Gráfico 3. Distribución de la población según grupos de edad

 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El patrón de asentamiento es semiconcentrado; se localiza en el cruce de la carretera que de Sopetrán conduce a Sucre, Olaya Liborina y Sabanalarga y la que desprende de esta en dirección al Puente de Occidente.  Es posible identificar tres sectores; el primero de ellos, esta delimitado por la finca Papayal al sur, la quebrada Seca al norte, el río Cauca al Occidente y la carretera que conduce al Puente de Occidente al oriente; es el sector más poblado y está habitado principalmente por al familia Alvarez.  Corresponde a viviendas, algunas de material y otras de bahareque, que se distribuyen heterogéneamente, sin una organización aparente y generando amplios espacios entre las casas, en donde están plantados algunos árboles frutales y vegetación que sirve de sombrío al caserío.

 

El segundo sector es el de más reciente poblamiento y se encuentra delimitado por la quebrada Seca, al sur, y por la carretera que conduce al Puente de Occidente, al norte y oriente; sus viviendas, son prefabricadas y donadas por algunos hacendados.  Por último, el tercer sector, se encuentra en la margen derecha de la carretera que conduce al Puente de Occidente, siendo este el lugar más antiguo del poblado; allí vive la familia de don José María Gómez, siendo el sector menos poblado; las casas son de bahareque, piso de tierra y techo de zinc.

 

Aunque los tres sectores conforman el asentamiento, al parecer no existen fuertes vínculos entre los habitantes de los distintos sectores, conservando independencia en las relaciones socio – espaciales.  En términos generales , predominan las viviendas construidas con paredes de tapia pisada o adobe, pues de las 55 unidades habitacionales 35 están construidas en estos materiales; 10 están construidas en bahareque, 6 en bloques de cemento, una en madera, dos en esterilla de guadua y una no tiene paredes.  Con relación a los pisos, se observa que 38 son de cemento y las 17 restantes en tierra. Predominan los techos de teja de zinc sin cielo raso, ya que 51 poseen estos materiales, mientras que una lo tiene de palma y tres 3 son de cartón o lata[3].

 

El espacio peridomiciliario en Quebrada Seca, varía según el tamaño de la propiedad; aquellos que llegaron primero al sector, tienen un lote de mayor extensión en donde se encuentra la casa y alrededor de ella se pueden encontrar especies frutales, que entre otras cosas sirve para proporcionar sombrío a la vivienda.  Lotes de cultivo circundantes a la vivienda son casi inexistentes; tampoco se encuentran siembras de especies de plantas medicinales que permitan el control de enfermedades menores, como ocurre en otras zonas.

 

Los nombres de lugares que los habitantes de Quebrada Seca reconocen, están relacionados con los sitios de trabajo, los asentamientos vecinos, los lugares de origen y algunos relacionados con la aparición de seres sobrenaturales.  Algunos de estos nombres son referenciados en la tabla que se presenta a continuación (Tabla 13).

 

Tabla 13. Nombres de lugar y tipo de espacio que denotan en la vereda Quebrada Seca

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

Horizontes

Heriberto Alvarez

Localidad

Los Papayos

José María Gómez

Sitio de trabajo

Olaya

Heriberto Alvarez José María Gómez

Localidad

La Miranda

Yolanda de Jesús Ortiz

Localidad y quebrada

La Yuná

José María Gómez

Quebrada

La Seca

María Magdalena Londoño

Quebrada

La Noharque

Enrique Marín

Quebrada, sitio de encantos

El Callejón

Yolanda de Jesús Ortíz

Camino que atraviesa el poblado

El Bohío

José María Gómez

Lugar de encantos

El Guayabo

Enrique Marín

Localidad

Las cabuyas

José María Gómez

Antiguo sitio de trabajo

Florida Vieja

Heriberto Álvarez

Antiguo sitio de trabajo

Tabla 13. Continuación

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

Florida Nueva

Heriberto Álvarez

Parcelación

El Tablazo

José María Gómez

Localidad

La Cantarilla

José María Gómez

Antiguo lugar de recolección de agua y sitio de encantos

Sopetrán

Yolanda de Jesús Ortiz

Localidad

El Puente de Occidente

Enrique Marín

Sitio de trabajo

Piñones

Enrique Marín, José María Gómez, Heriberto Álvarez

Localidad

Loma de las sepulturas

Enrique Marín, José María Gómez, Heriberto Álvarez

Sito de encantos

Córdoba

Enrique Marín, José María Gómez, Heriberto Álvarez

Localidad

Sucre

Enrique Marín, José María Gómez, Heriberto Álvarez

Localidad

Antioquia

Enrique Marín, José María Gómez, Heriberto Álvarez

Localidad

Llanadas

Enrique Marín, José María Gómez, Heriberto Álvarez

Localidad

 

 

-                     Ordenamiento Social del Territorio

 

Con relación al parentesco se observa en esta localidad la presencia de dos parentelas predominantes que son los Álvarez y los Gómez, que no presentan uniones matrimoniales entre sí.  No se observan reglas claras de filiación, matrimonio y residencia, pues se encuentran uniones matrimoniales entre miembros de esta comunidad, tanto con habitantes de localidades cercanas, como también con otras de regiones tan apartadas como el valle de Aburrá, el nordeste, suroeste y el occidente lejano, sin que se observen patrones claros de residencia.  Esta situación puede ser el resultado de un proceso reciente de poblamiento conformado por personas migrantes o desplazadas de muy diversas regiones. 

 

A pesar de que esta vereda está localizada en jurisdicción del municipio de Olaya, la interacción con la cabecera es de muy baja intensidad y se reduce a actividades culturales y educativas.  Por el contrario, su relación con Sopetrán y Santa Fe es muy activa, pues a estas localidades se recurre para los servicios básicos como atención en salud, y con los comerciantes de estas cabeceras se mantienen significativas relaciones de compra y venta de productos; así, los comerciantes de Sopetrán adquieren parte de las frutas que se recogen o cultivan en Quebrada Seca, especialmente mango y limón, y este dinero es invertido en la compra de víveres en Santa Fe de Antioquia, en donde pueden conseguir una mayor gama de productos para el consumo doméstico y para abastecer los pequeños negocios que atiende la población local y los puestos ubicados al borde de la carretera y en el puente de occidente, para atender a los turistas que por allí transitan[4].

 

Las vías de comunicación más importantes que viabilizan las relaciones interlocales son:

 

  • Carretera que conduce a Sopetrán y San Jerónimo en dirección sur. Esta misma vía, en dirección norte sirve para comunicarse con Sucre, Olaya y Liborina.  Esta carretera fue trazada por el antiguo camino que comunicaba a estas localidades.

 

  • De la anterior se desprende un carreteable desde el punto de Quebrada Seca que conduce al Puente de Occidente y Santa fe de Antioquia en dirección Occidental, utilizada básicamente para entablar relaciones con los miembros de esta última localidad.

 

  • El camino para llegar a Piñones, se trata de una trocha empedrada que se dirige en dirección noreste y su trayecto puede hacerse en hora y media.  En la actualidad es un camino poco utilizado y solo se utiliza para visitar a los familiares que se encuentran en esta localidad.

 

-                     Uso del Territorio

 

Los esquemas de uso del suelo en esta localidad están matizados por la propiedad de la tierra; ello influye radicalmente en las formas de apropiación y creación del territorio;  se puede afirmar que muchos de los habitantes de este sitio aún consideran como su territorio de referencia el lugar de donde proceden, es decir, que no han generado vínculos fuertes, materiales, sociales o simbólicos con el lugar donde han establecido su habitación; a ello contribuye no sólo el que su establecimiento allí es relativamente reciente, sino también el que este es para muchos de ellos un lugar de habitación temporal, puesto que muchas personas llegan desplazadas o buscando trabajo en las parcelaciones cercanas y su permanencia esta condicionada a la solución de necesidades estrictamente laborales.

 

Las actividades económicas que involucran un uso particular del territorio son la pesca y la agricultura.  Antiguamente, una actividad importante aparte de la agricultura era la explotación de maderas para abastecer los salados de Córdoba y la demanda para el consumo doméstico de la cabecera municipal de Sopetrán.  Con relación a este último punto don José María Gómez  afirma:

 

La leña que se utilizaba en El Salado de Córdoba, el cual era propiedad de don Luis Viera, la traían muchas veces de Quebrada Seca y la transportaban en rastras que ponían sobre bueyes; incluso hubo una época en que esta actividad era diaria y se cargaban hasta cinco y seis bueyes.  La sal de aquel lugar era trabajada con el sistema de “la cuarta”, [una cuarta parte de la producción se paga al dueño de la tierra,  en este caso al dueño del terreno salado] y como los ricos no estaban recibiendo esa cuarta parte de la sal, el negocio se fue acabando[5]

 

Esta puede ser una explicación a la falta de bosque, que no se circunscribe solo a Quebrada Seca, sino que también es evidente en San Nicolás, Guaimaral y Córdoba, lugares donde se reportó una importante explotación maderera, cuya producción era utilizada en las salinas de Sopetrán[6]y abastecía también unidades domésticas de la cabecera municipal.

 

En la actualidad la extracción de madera se restringe a la recolección de unos cuantos leños para surtir los fogones domésticos.  Las especies que con mayor regularidad recogen, a orillas de la quebrada Seca y el río Cauca son:

 

  • Cascarillo
  • Huesito
  • Tostao
  • Algarrobo
  • Guayacán
  • Uña de gato
  • Palo pardo

 

De otro lado, los espacios de cultivo se van quedando en recuerdos, toda vez que la propiedad desde hace por lo menos 10 años, se ha venido concentrado en personas procedentes de la ciudad de Medellín, que adquieren predios con el fin de establecer allí zonas recreativas; este cambio en la propiedad de la tierra ha derivado en la escasez de tierras aptas para ser arrendadas y cultivadas.  La producción de maíz era la más frecuente; en tierra “falduda” se podían sacar hasta tres cosechas al año dependiendo del régimen de lluvias y el sistema de regadío que se implementara;  en tierras “mojadas” se obtenía una buena productividad pues de cuatro almudes de sembradura era posible obtener de 16 a 20 cargas.

 

En la actualidad, solo muy pocos habitantes se dedican a la agricultura, destacándose como productos principales maíz, tomate y papaya; el primero de ellos destinado al autoconsumo, mientras que los restantes se comercializan. De maíz se siembran dos cosechas al año en tierras “secas” porque ya las acequias no funcionan; los lugares donde acostumbran realizar este cultivo son pequeñas extensiones que todavía les arriendan a la cuarta en las fincas vecinas, entre las que se destacan los Papayos y las Cabuyas[7], así como en tierras de Hernán Pareja, Gabriel Barrientos y Samuel Martínez.  La cosecha se siembra en marzo, y se recoge a los tres chocloy a los cuatro meses seco, mientras que la traviesa se siembra en octubre.  La productividad ha disminuido en los últimos años, situación que asocian con cambios drásticos en el régimen de lluvias; en palabras de don Heriberto Álvarez:

Ahora se siembra en tierra seca…porque las acequias las dejaron acabar los propietarios de las fincas…antiguamente llovía con mas frecuencia…ahora el tiempo se daño y se pego el verano y adiós cosechas.

 

Cuando la cosecha de maíz es buena, el rendimiento se calcula en una carga de maíz por cada “pucha” de semilla.  La producción obtenida se destina básicamente para el autoconsumo, aunque en algunas ocasiones y dependiendo de la situación económica del agricultor, se comercializa parte de ella; para llevar a cabo esta actividad acuden al mercado de Sopetrán.  El almacenamiento de la producción se hace en mazorca “encapachada”, para lo cual utilizan la troja que se ubica en la cocina o los corredores da las casas.

 

El tomate, se dedica para la comercialización; se despacha directamente para Medellín utilizando un intermediario que cobra comisión y hay que pagarle el flete.  En época de cosecha un agricultor que posea 5000 matas puede sacar hasta treinta cajas semanales, que son compradas entre $4000 y $7000 cada una.  La papaya, otro producto destinado para la comercialización, también es despachado para Medellín, haciendo uso del mismo intermediario.  Este cultivo ha disminuido considerablemente, pues requiere de muchos insumos para el control de la plaga.  Estos dos cultivos también son trabajados bajo la modalidad de arriendo a la cuarta.

 

La cacería es una actividad marginal dentro de la economía local, aunque en la antigüedad su práctica era más frecuente.  Ahora lo hacen esporádicamente y el lugar predilecto para capturar animales es la orilla del río Cauca.  Los animales que con mayor frecuencia se capturan son:

 

  • Iguana
  • Ardita
  • Conejo
  • Gurre
  • Guacharaca

 

El río Cauca, contrario a lo que ocurre en otros asentamientos, es aprovechado solo para la obtención eventual de peces destinados al auto consumo y en oportunidades son vendidos en Santa Fe de Antioquia y Sopetrán; reconocen los mismos habitantes que quienes de manera más regular aprovechan el río en el trayecto vecino a la localidad, son personas procedentes de Santa Fe de Antioquia.  Las técnicas utilizadas son la calandria y la atarraya; las especies capturadas con mayor frecuencia son:

 

  • Bocachico
  • Barbudo
  • Bagre
  • Dorada

 

 

 

 

-                     La imaginación del territorio

 

Este es un importante elemento en Quebrada Seca, donde algunas de las referencias están denotando una compleja amalgama de sitios, historias y normas de comportamiento, quizá debido a la diversidad de los lugares de procedencia entre los actuales habitantes de esta localidad.

 

De esta forma aparecen en el imaginario colectivo con referentes claros en el territorio madres del agua, duendes, burros sin cabeza, brujas y espantos.  Con relación a la madre del agua don José María, la describe como una mujer bonita que sale del río se sienta sobre las piedras a peinarse[8].  Otras historias en la misma región la relacionan con sitios donde puede encontrarse oro[9]; es importante referir que ninguno de los habitantes de Quebrada Seca se dedican a la minería, entonces esta relación puede encontrar una explicación en referencias transeúntes o escuchadas y adaptadas a sus espacios de habitación.  Sin embargo, es una referencia asociada a un lugar que hace parte de su cotidianidad, donde las playas del río se van constituyendo como marcas del territorio.

 

Caso similar se presenta con posibles yacimientos arqueológicos en este sector del municipio de Olaya; los “patios de indios”, guacas o entierros, los cuales son así mismo marcadores de territorio, son mencionados por Don José, quien dice que cuando él llegó ya no excavaba nadie buscando este tipo de cosas, sin embargo, su tío, Rafael Correa compró tierra en un punto que llaman Sepulturas (que va desde la orilla del río hasta Piñones)[10], y la gente veía arder las “candelitas”, que, según quienes cuentan estas historias, son las señas de que ahí hay una guaca.  Estas son referencias comunes entre las comunidades campesinas del Occidente.

 

Otro tipo de narrativas hacen referencia a patrones de comportamiento,  con los cuales se esta sugiriendo el uso diurno del espacio y el respeto a la autoridad de la madre, como se representa en el caso del Gritón[11]:

 

Un hijo grosero, un muchacho joven, se emborrachó y llegó donde su mamá, discutieron y él la golpeó. Su madre resentida, le  profirió la siguiente frase “anda y no se te de nada que para espanto has de servir”.  Y se dice que él le respondió: “¡y a caballo en usted mamá!”  a partir de ese momento el gritón va sobre su madre, emitiendo gritos para arriar la mula en la que se convirtió su madre[12].

 

De esta misma historia existen otras versiones, que estarían corroborando la interpretación antes expuesta: son narrativas que tienen como función prescribir formas de comportamiento aleccionando a los jóvenes acerca de las maldiciones, castigos y desgracias que pueden recaer sobre quienes infrinjan las normas de conducta socialmente establecidas.

Un muchacho de entre 14 y 15 años era muy parrandero y un día llegó borracho a la casa donde vivía con la mamá.  Al otro día ella lo regañó por parrandero, y él estaba enguayabado y le contestó de modo grosero que él hacía lo que le daba la gana; cuando la mamá cogió un palo para golpearlo por haberle contestado, él cogió otro.  Ella le dijo que su castigo lo iba a tener un día no muy lejano.  Al tiempo, cuando la mamá murió, el muchacho se enloqueció y se ahorcó.  Se dice que alguien lo vio en un camino montado sobre la mamá como si ella fuera su caballo, mientras él la chuzaba con las espuelas y la mamá gritaba[13].

 

Estas historias parecen estar en vía de extinción, ya que son algunos de los mayores quienes hacen inventario sobre el particular y se dificulta su seguimiento geográfico, puesto que parte de los lugares referidos en las historias son de difícil ubicación y en otras retoman nombres del lugar de procedencia de los narradores.

 

 

4.2.3.2 Sucre

 

-                     Localización

 

Este corregimiento[14] del municipio de Olaya, se localiza al occidente de la cabecera municipal en la zona de vida definida como Bosque Seco Tropical (bs-T), la cual esta ubicada por debajo de los 900 msnm, sector en donde la cobertura vegetal se ha transformado para dar paso a poli-cultivos, cultivos transitorios y zonas de pastoreo para ganado vacuno; se caracteriza por una pluviosidad anual entre 1000 y 1300 mm y por una temperatura promedio de 25 grados centígrados.  Bajo estas mismas condiciones climáticas y de vegetación también se encuentran la cabecera municipal y la vereda Quebrada Seca, así como parte de las veredas Pencal, El Guayabo, Tiembla, Piñones y Badajoz (EOT municipio de Olaya 1999:43).  Este es un asentamiento nucleado; sus viviendas están localizadas sobre un plano inclinado en inmediaciones del río Cauca, sobre una terraza antigua de origen aluvial; su ubicación es privilegiada, puesto que se encuentra en la vía que de Medellín, pasando por Sopetrán, conduce a Olaya, Liborina y Sabanalarga.  Esta circunstancia lo hace sitio de tránsito obligado en la ruta hacia y desde Medellín. Además, su cercanía al Puente de Occidente, Sopetrán y Santa Fe de Antioquia, así como su antigüedad, lo convierte en sitio turístico de mediana importancia.

 

 

-                     Territorialidad e Historia

 

Hacen mención los pobladores de este sitio que antiguamente se llamaba Guayabital; algunos de sus más antiguos habitantes proceden del sector conocido como el Guayabo, pero que no eran propios de este lugar como lo refiere don Adonai Ospina …mi papá nació en el Llano de Ovejas…la gente del Guayabo vino fue de allá; también se encontraban familias que procedían de Cañasgordas, Frontino y Santo Domingo, como lo cuenta doña Otilia Rodríguez:

 

…los primeros habitantes del Guayabo llegaron de Cañasgordas, Frontino y Santo Domingo y en las elecciones ellos tenían que bajar a votar en Sucre porque a ellos les dieron las tierras de la loma a cambio de votos…ellos no eran propios de allá[15]

 

Sucre recibió diferentes oleadas migratorias desde el Guayabo, seguramente porque aquí se encontraban localizadas un significativo número de bodegas que servían para almacenar los productos que desde Medellín y otras regiones del departamento llegaban para abastecer el mercado de poblaciones como Olaya, Liborina y Sabanalarga.  Se cuenta como una época muy prospera, pues Sucre se constituía en una encrucijada de caminos importantes por donde se movilizaba un significativo número de arrieros.

 

Don José Jaramillo actual habitante de Sucre, hace referencia de algunos de ellos entre los que se cuenta su abuelo:

Los arrieros que venían por aquí eran muchos de Olaya…estaban Rufino Bastidas, Meregildo Díaz, Baldomero Díaz, José María Jaramillo, Antonio María García, Luciano Jaramillo, “Concho” Marín, Marcos Urrego, Moisés García, Mariano García, Tulio Mejía, Antonio Angarita, José Concepción Jaramillo…ese era el papá de mi mamá…estaba también Severiano Jaramillo y Pedro Efigenio Jaramillo…esos eran unos de los arrieros que se mantenían por aquí arriando mulas y bueyes con abarrotes y otras cosas[16].

 

Casas, cantinas, farmacias, tiendas y bodegas se podían contar en gran número, ya que el pueblo se extendía desde la quebrada Tahamí hasta la Quebrada Seca; dicen algunos de sus pobladores…cuando eso por esa quebrada bajaba el agua, refiriéndose a lo que hoy es  Quebrada Seca.  Era un pueblo importante y frecuentado por los pobladores de las partes altas como Tiembla, Piñones, Llanadas y el Guayabo, quienes asistían no solo a las actividades comerciales, sino también a las espirituales, pues Sucre se constituía en vice parroquia de Liborina, desde 1872[17], circunstancia que le otorgaba una importante posición con relación a otros poblados próximos.  Don Vicente Ospina, considerado por sus vecinos uno de los pobladores más antiguos, cuenta que …mi papá decía que antes había más de 25 farmacias y en las calles empedradas se hacían carreras de caballos…las hacían en las fiestas de San Antonio[18].

 

Para este momento se presenta un primer movimiento de población, el cual está relacionado con las acontecimientos de la guerra de los mil días y el frecuente reclutamiento de personas que engrosaban las filas liberales de Rafael Uribe Uribe. Algunos pobladores relatan historias relacionadas con este particular, historias en las que sus padres fueron reclutados, haciendo referencia además a la cantidad de hombres que conformaban estas tropas.  Don Vicente Ospina dice que:

 

Mi papá contaba que aquí venían a reclutar gente para irse a la guerra…él pelió en la guerra de Rafael Uribe Uribe…pero se les voló y se quedo mucho tiempo en un sitio que se llamaba La Peña del Rey…era tanta la gente que reclutaban que mi papá decía que cuando las cabezas iban por la Florida Vieja…los otros no habían salido de Sucre…

 

Es este un elemento que ilustra la trascendencia anterior de esta localidad, pues ser centro de reclutamiento denota la influencia que Sucre ostentaba con relación a localidades como Sacaojal (hoy Olaya).  Esto se vio posteriormente fortalecido por la fabricación de sombreros de iraca o “Panamá” y la explotación de parcelas tabacaleras, actividades que motivaron nuevas oleadas migratorias hacia Sucre.  A la fabricación del sombrero se dedicaba muchas de las persona de la población, sin hacer distinción entre hombres, mujeres y niños; cuentan cómo se iban en las tardes a la cueva del Salto a orillas de la quebrada Tahami a hacer sus sombreros, a cantar y a divertirse, pues era una actividad comercial y de socialización.

 

Doña Agripina Lainez, de 101 años de edad, cuenta que ella aprendió el oficio en Liborina y cuando llegó a Sucre en 1930, ya era experimentada tejedora; describe el proceso para el tejido del sombrero de la siguiente manera:

se ponía a remojar la iraca…se cogía el cogollo de iraca, se sacudía y se ponía al sol, …de ahí se ripiaba [convertirlo en finas tirillas]…luego se cocinaba y después se colgaba en cabuyas al aire pero donde no le diera mucho el sol…eran distintos tipos de sombreros los que se hacían…era según la forma, el tamaño de copa y el ala… a las mujeres y los hombres que trabajaban haciendo sombreros se le decía oficiales… en ese tiempo los sombreros se hacían tan finos que uno los llenaba de agua y el agua no se salía… primero se hacia el plan y luego la copa con una horma…a lo ultimo se hacia el ala…[19]

 

Doña Matilde Quintero, también hace referencia sobre este particular:

 

En el Salto era que se hacían los sombreros… se reunían hasta 150 personas entre hombres y mujeres…se hacían dos calidades de sombreros…el machetero que era el más ordinario, porque se hacía con trenza gruesa y sin pulirlo mucho y el otro que era el fino, el de trenza delgadita…los principales oficiales que hacían sombreros se llamaban Aurora Borja, Rudolfina Cano, José Pulgarín, Aparicio Tamayo, Jesús Tamayo, Cloro Mena, Carmen Cárdenas, Antonio Tamayo y mi mamá María de las Nieves Quintero…la iraca la traían de la finca de los Tamayo…allá era de donde se sacaba la iraca.  Esta familia tenía sus trabajadores para el proceso de la iraca, y luego Isidoro Tamayo la iba a vender a la plaza de Sucre…para que los fabricantes de sombreros compararan el material y los hicieran y luego se los vendieran a él mismo…otros que sembraban iraca para vender eran Evangelisto Ayala, Toño Vázquez y Rafael Muñoz…también algunos hacían esteras para vender por encargo en Sopetrán…esas eran Laura Quintero y la hermana Virgelina Quintero.

 

Doña Susana Herrera hija de Carmen Emilia Herrera, experta tejedora de sombreros, cuenta:

 

Mi mamá trabajaba principalmente el sombrero titino y laboraba en la casa de ella…con otra señora llamada Aurora Borja…otros se iban para el salto a hacer sombreros, allá trabajaban hasta con velas en las noches.  Empezaban el lunes y trabajaban hasta el viernes para vender el sábado…se reunían entre 50 y 80 personas que llevaban sillas y todo para estar más cómodas.

 

Los sombreros, dice doña Agripina, tenían un mercado importante, el cual decayó según ella misma porque se murieron los compradores.  Por otro lado, doña Susana Herrera, refiere que el comercio era muy importante y que la mayoría de las veces los sombreros eran comprados por comerciantes Olaya, cuando iban camino a Santa Fe de Antioquia.Ellos mismos eran quienes llevaban la Iraca para que la gente pudiera tejer:

 

Isidoro Tamayo era quien vendía la paja organizada porque él tenía cultivo de iraca y luego compraba los sombreros hechos….luego Isidoro los llevaba a Santa Fe donde un señor que le decían Garra…él los planchaba, los blanqueaba y les ponía la cinta…después don Isidoro los vendía por la calle en bolsas…eso lo hacia los sábados y domingos.  El negocio de los sombreros duró…hasta que don Isidoro murió.  Después de eso la gente ya no volvió a trabajar en el Salto…también Pedro Guzmán, que era otro negociante de sombreros…vivía en Olaya…pasaba, camino a Antioquia los sábados con  paja de iraca que la gente iba a recoger…cuando él se murió quedó Isidoro Tamayo con el negocio[20].

 

Esta actividad marcó de manera importante la historia de Sucre; aun hoy los niños al ser preguntados por los sitios importantes de la localidad se refieren a El Salto como…a donde se iban los viejos hacer sombreros…su importancia comienza a decaer con la baja en la comercialización del producto.  Cuentan los más viejos que para este momento de la vida de Sucre, existía una acequia comunitaria cuya construcción algunos atribuyen al padre Olguín, modificándose en parte la relación con el espacio de la quebrada, pues ya no había que ir hasta allí y tomar el agua para el consumo doméstico y el lavado de la ropa; así lo relata doña Agripina Lainez …antes del acueducto el agua pasaba por la plaza y la gente la recogía de ahí mismo de esa zanjita[21]…Mientras que don Vicente Ospina refiere…la acequia la puso el padre Olguín…eso le toco a mi papá…de ahí la gente cogía el agüita para las casas y otros también la usaban para regar los cultivos que tenían por ahí[22].  Dicen ahora, que con los cambios en la flora y la fauna que se dieron a partir de sucesivas explotaciones madereras y la captación de aguas de la quebrada Tahami para abastecer el acueducto veredal, incidieron en que la acequia perdiera su funcionalidad y de allí que solo queden las evidencias constructivas (Foto 17).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 17. Sitio El Salto. Corregimiento de Sucre, municipio de Olaya.

 

Ahora bien, de manera casi simultanea con la producción del sombrero se encuentra el establecimiento de fincas tabacaleras, especialmente de propiedad de la familia Araque, la cual es referida como una de las más importantes durante esta época en Sucre, como también en plantaciones ubicadas en el sitio conocido como el Tablazo, cercano a la actual parcelación de la Florida.  Allí contrataban a las mujeres; según doña Virgelina Quintero; esta situación se daba porque ellas eran más cuidadosas y delicadas para este trabajo.  Su función era coger las hojas, doblarlas, ponerlas a secar y después cuando se ponían de color café las aplanaban[23].  Su producción y laboreo cae hacia 1930, cuando, según las mujeres que trabajaban allí, se dejó de sembrar la semilla y las tierras fueron dedicadas a actividades agrícolas y ganaderas, las cuales para esta época, eran más rentables que el cultivo de tabaco[24].

 

La importancia de Sucre como encrucijada de caminos pierde vigencia con la construcción de la carretera que conduce a Liborina y Sabanalarga en la década del 30, además de la construcción de la vía a Llanadas en 1968.  La modernización en las vías de comunicación condujo al decaimiento de esta localidad como sitio de comercio. Baudilio Pineda, de 64 años, se refiere a estos hechos:

 

…antiguamente los habitantes de Liborina, Olaya, el Guayabo, Llanadas y otras veredas de la montaña salían a mercar a Sucre… pero con la construcción de la carretera a Liborina en 1930 y la de Llanadas hace 33 años…las personas pasan derecho por Sucre y arriman a hacer las compras a Sopetrán[25]

 

La agricultura marca también un punto importante en la dinámica de la población actual; con el decaimiento de anteriores ciclos productivos, las tierras se dedican entonces al cultivo de maíz, fríjol “chinche” y tomate.  Ya para la década del 50 se presenta una mayor producción de tomate y papaya; esta última es la que parece tuvo mayor relevancia para la comercialización intermunicipal, pues semanalmente eran recogidas entre 100 y 120 cajas de papaya, las que en su mayoría eran vendidas a comerciantes de Medellín; para este momento las familias Araque y Ospina, marcaban la diferencia con el resto de las que habitaban en Sucre, ya que ellos eran propietarios y productores de excedentes, mientras que los restantes pobladores mantenían relaciones laborales con estos o se dedicaban a la producción para el autoconsumo. Así lo refiere don José Jaramillo …los dueños de los papayales eran Pablo Araque Parra, Elipio Ospina, Leonidas Ospina, los demás eran trabajadores de ellos[26].  Eran extensos cultivos de papaya —“papayuela”— que se almacenaban en el centro poblado de Sucre a la espera de los compradores de Medellín quienes dinamizaban no solo la economía local, sino también la regional, pues compraban parte de lo producido en Sopetrán.

 

La historia de esta localidad se ha visto recientemente influenciada por la construcción de parcelaciones recreacionales, como La Florida, pues ellas se han fundado sobre antiguos sitios destinados a la producción agrícola, los cuales eran arrendados por ¼ del total de lo producido; hoy estos mismos territorios son dedicados a explotaciones extensivas de frutales, beneficio ganadero y sitio de recreo.  Allí trabajan los hombres como mayordomos y las mujeres los fines de semana, como empleadas del servicio domestico; otros tantos esperan el momento de la cosecha para buscar trabajo como jornaleros. Aunque inicialmente esta fue una alternativa para los habitantes de Sucre y otras veredas de los municipios de Olaya y Sopetrán, ella ha decrecido en los últimos cinco años debido a condiciones de seguridad política en la zona y al deterioro de la economía doméstica de los propietarios de fincas y parcelas.

 

 

 

 

 

-                     Territorio y población

 

Esta localidad es habitada por 87 familias distribuidas en 77 viviendas para un total de 342 personas[27] (Gráfico 4). Se observa que menos del 3% de la población actual de esta localidad es menor de 20 años y que 90% se encuentra entre los 20 y 50 años;  esto nos lleva a pensar en un bajo crecimiento vegetativo de la población y en olas migratorias que están generando un acelerado despoblamiento de la localidad.

 

Esta es una localidad concentrada que cuenta con plaza, parque e iglesia, alrededor de las cuales se configura el asentamiento.  Se encuentra localizado en un plano ligeramente inclinado, sobre el cual discurren las quebradas el Dormido, la Tautana, Tahami y el río Cauca que delimitan el espacio del asentamiento. La parte central es atravesada por la vía de carácter terciario que conecta Sopetrán con Sabanalarga y que bordea el costado izquierdo del pequeño parque de Sucre, convirtiéndose en la única vía de acceso a la localidad.

 

Gráfico 4. Distribución por edades de los pobladores de Sucre

 

 

 

Las viviendas del casco urbano presentan en algunos casos “solares”, espacios abiertos que las separan entre sí y son utilizados para la cría de animales o para el mantenimiento de ganado equino y mular; en algunos casos, se destinan al cultivo de frutales, cuya producción es vendida a los viajeros que cruzan por la localidad, aunque en oportunidades es llevada al mercado de Sopetrán y al Puente de Occidente.  Mientras tanto, las viviendas que se encuentran por fuera del área de influencia directa del parque y la iglesia, presentan una distribución espacial un poco distinta, pues ellas, al contrario de las del marco de la plaza que están juntas, se encuentran separadas unas de otras por cultivos de frutales y algunos tubérculos; allí se encuentran plantaciones a pequeña escala de papaya, mango, maracuyá, yuca, plátano dominico, plátano murrapo, sandia y naranja.

La propiedad de la tierra está concentrada en unos cuantos individuos, de ahí que sólo 4% del total de la población sea identificada como productor agropecuario, cifras que si se complementan con las de posición ocupacional están sugiriendo que 81% de los habitantes de Sucre no cuentan con trabajo estable y están subordinados a los flujos laborales que se establezcan desde las fincas de recreo, las grandes plantaciones frutícolas y los establecimientos ganaderos.  Esta situación laboral, se agudiza aún más si se considera que Sucre no cuenta con otro tipo de vocación económica, quedando como única alternativa la planificación de un futuro turístico, pero como en la mayoría de los casos, sin directrices claras que canalicen el potencial de la localidad.   

 

En términos generales existen por lo menos tres tipos de vivienda, cada una de ellos estaría dando cuenta de momentos importantes de la economía local y de los flujos migratorios que de ellos se derivaron.  El que puede proponerse como más temprano dentro de la ocupación de este territorio, corresponde a casas en tapia, con amplios solares delimitados por muros de baja altura y con tejas de barro; este tipo podría estar haciendo referencia hacia 1800 y aun un poco antes, cuando existían según la tradición oral unas cuantas casas de tapia y techos de teja de barro e iraca.

 

En segundo lugar, se puede hacer referencia a un tipo constructivo posterior al ya mencionado, relacionado con la dinámica comercial en tiempos de la arriería, caracterizado por casas de gran tamaño, techos y paredes altas y sólidas puertas de madera, localizadas en inmediaciones de la plaza.  Finalmente, como expresión de un tercer momento de poblamiento surgen las viviendas de interés social que se encuentran en la vía hacía Liborina, en las afueras del poblado principal; se trata de un conjunto de construcciones unifamiliares en cemento y adobe, con una distribución espacial representada por sala-comedor, alcobas, cocina y  patio en cemento, rodeadas por árboles frutales principalmente de mango y alguna vegetación arbustiva cuya función es de sombrío.

 

A ello se suma la presencia de formas arquitectónicas más complejas a las que se presentan en el casco urbano, alojadas en terrenos comprados durante los últimos 10 o 15 años, tratándose de casas de veraneo; estas propiedades marcan una fuerte diferencia arquitectónica con el resto de las viviendas que se pueden observar en el corregimiento de Sucre, pues son las únicas que presentan cercas vivas, mallas metálicas y/o alambres de púa, con las que se determina la propiedad privada.

 

Las viviendas están distribuidas fundamentalmente en cuatro sectores como son el Morro, Patio del Indio, Papayal, el Dormido y las calles “la de abajo”, “la del medio” y “la Iguana”, lugares y calles que presentan una importante relación interna.  Del conjunto del familias que habitan esta localidad 57.47% poseen casa propia; 3.44% pagan arriendo y 39.08% lo hacen como mayordomos o mediante otra forma de tenencia.

 

Con relación a la percepción del espacio, los habitantes de Sucre identifican transformaciones significativas en su entorno, relacionadas con el cambio en la dinámica de las corrientes de agua.  Tanto la quebrada Tahami, como la Seca han sufrido procesos de pérdida en su caudal, situación que asocian con la tala indiscriminada de la vegetación que se ubicaba en las riberas de estas fuentes y en los nacimientos, en las tierras altas cercanas al poblado; así mismo, el uso que se le ha dado al agua, sin control, para el regadío de cultivos, ha provocado que ya no cuenten con este recurso. Con la pérdida de la vegetación, actividades importantes como la pesca, la extracción de maderas y la cacería han disminuido hasta el punto de casi desaparecer.  También encuentran que los espacios de cultivo se han reducido, pues las transformaciones en la tenencia y uso de la tierra los han dejado sin posibilidades para desarrollar esta actividad, provocando que en la actualidad gran cantidad de los habitantes no tengan acceso a la tierra para desarrollar cultivos de autoconsumo.

 

Otro aspecto que identifican los habitantes de Sucre con relación a la transformación del territorio es la modernización de las vías de comunicación; ello ha obligado a cambios en la circulación de la población, por lo cual sitios otrora importantes por ser cruce de caminos o pequeñas bodegas de almacenamiento de mercancías han quedado relegados y las relaciones que con ellos establecían los habitantes de Sucre se han modificado drásticamente.  De esta forma, el esquema de configuración del espacio, prácticamente se ha reducido considerablemente y el eje vial es ahora uno de los elementos más destacados en el proceso de semantización del espacio; así mismo, es el elemento que dinamiza y determina las relaciones interlocales.

 

Los habitantes de Sucre suelen nombrar diferentes tipos de espacios, entre los que se destacan los lugares de pesca, recolección y cacería,  así como los asentamientos con los cuales tienen relación, los sitios de tránsito y los lugares donde suelen presentarse los seres sobrenaturales como los duendes, las sirenas, madres del agua, mohanes, etc.

Estos sitios se relacionan en la tabla 14.

 

Tabla 14. Nombres de lugar y tipo de espacio que denotan en el Corregimiento de Sucre.

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

El Salto

Carmen Rosa Gutiérrez

Sitio donde antiguamente se tejían sombreros

El Guayabo

Carmen Rosa Gutiérrez

Localidad

La Capilla

Carmen Rosa Gutiérrez

Localidad

Tautanito

Carmen Rosa Gutiérrez

Lugar de tránsito hacia el Guayabo

La Colchona

Carmen Rosa Gutiérrez

Quebrada, sitio de pesca

Olaya

Carmen Rosa Gutiérrez

Localidad

Sacaojal

Carmen Rosa

Antiguo nombre de Olaya

Guaimaral

Carmen Rosa Gutiérrez

Adonai Ospina

Lugar de tránsito

El Corral

Carmen Rosa Gutiérrez

Adonai Ospina

Lugar de tránsito

Llano Grande

Carmen Rosa Gutiérrez

Adonai Ospina

Población dispersa, sitio de cacería

Liborina

Carmen Rosa Gutiérrez

Adonai Ospina

Localidad, antiguo sitio para mercar

Cominal

Carmen Rosa Gutiérrez

Pedro José Herrera

Saulo Mena

Adonai Ospina

Localidad

 

Tabla 14. Continuación

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

La Veta

Carmen Rosa Gutiérrez

Adonai Ospina

Localidad

Cuatro Caminos

Adonai Ospina

Sitio de tránsito

La Isleta

Carmen Rosa Gutiérrez

Pedro José Herrera

Saulo Mena

Sitio de pesca

La Playa

Carmen Rosa Gutiérrez

Saulo Mena

Adonai Ospina

Sitio de pesca

Belmira

Carmen Rosa Gutiérrez

Pedro José Herrera

Saulo Mena

Adonai Ospina

Localidad

Horizontes

Carmen Rosa Gutiérrez

Pedro José Herrera

Saulo Mena

Adonai Ospina

Localidad

Tahami

Carmen Rosa Gutierrez

Quebrada

Puente de Occidente

Carmen Rosa Gutiérrez

Pedro José Herrera

Saulo Mena

Adonai Ospina

Sitio de trabajo, sitio de paso.

Macho Flaco

Carmen Rosa Gutiérrez

Pequeña mina de oro

La Guavala

Carmen Rosa Gutiérrez

Quebrada y sitio de espantos

Sta Fe de Antioquia

Carmen Rosa Gutiérrez

Localidad, sitio de mercado

La Florida

Carmen Rosa Gutiérrez

Parcelación, sitio de trabajo

La Miranda

Carmen Rosa Gutiérrez

Localidad

Córdoba

Carmen Rosa Gutiérrez

Localidad

La Mariscala

Adonai Ospina

Finca que antiguamente se arrendaba para cultivos

Llanadas

Carmen Rosa Gutiérrez

Localidad

Sopetrán

Pedro José Herrera

Localidad

Qda. Seca

Saulo Mena

Localidad

Tiembla

Adonai Ospina

Localidad

Sabanalarga

Carmen Rosa Gutiérrez

Localidad

La Hondura

Pedro José Herrera

Quebrada y sitio de espantos

Morro Pelado

Carmen Rosa Gutiérrez

Localidad

Santa Cruz

Pedro José Herrera

Sitio de pesca

El Paso

Carmen Rosa Gutiérrez

Sitio de encantos

El Tamarindo

Carmen Rosa Gutiérrez

Sitio de encantos en el camino hacia Olaya

El Dormido

Carmen Rosa Gutiérrez

Cañada, sitio de encantos y de cacería

Las Niñas

Carmen Rosa Gutiérrez

Pedro José Herrera

Saulo Mena

Adonai Ospina

Quebrada y sitio de encantos

Montecito

Carmen Rosa Gutiérrez

Pedro José Herrera

Saulo Mena

Adonai Ospina

Sitio de cacería

Guyabital

Carmen Rosa Gutiérrez

Antiguo nombre de Sucre

El Moro

Carmen Rosa Gutiérrez

Antiguo asentamiento

-                     Ordenamiento Social del Territorio

 

Las parentelas predominantes en esta localidad son Gutiérrez y Ospina, procedentes del Guayabo; los Tamayo, Quintero, Mena y Araque que son propios de Sucre.  Se establecen uniones matrimoniales entre estas parentelas, predominando los matrimonios entre primos en segundo grado de consanguinidad y presentándose una mayor tendencia hacia la patrilocalidad, aunque no es generalizada; básicamente, las mujeres del Guayabo, buscan casarse con hombres de Sucre, que luego se residencian en esta última localidad.  No fue posible establecer los patrones de filiación, aunque por la gran cantidad de madres solteras e hijos naturales hay una mayor tendencia a reconocer la familia de la madre, lo que estaría sugiriendo una matrilinealidad. No se identifican patrones tradicionales de liderazgo, haciendo que estas funciones se canalicen en la corregidora, la Junta de Acción Comunal y la iglesia como institución, representada por el cura párroco.

 

En cuanto a las relaciones interlocales se observa que los habitantes de Sucre, establecen vínculos con algunos asentamientos entre los que se destacan el Guayabo, Olaya, Santa Fe de Antioquia, Sopetrán y Liborina.  Con los habitantes del Guayabo, tienen fuertes nexos de parentesco y también entablan relaciones comerciales, pues estos acuden varias veces por semana a vender productos agrícolas.  Con Olaya tienen relaciones administrativas y allí acuden en función de servicios de salud y a trámites jurídico – administrativos; entre estas dos localidades existe una rivalidad porque Sucre hacia 1950 perdió el estatus de cabecera municipal y con ello se desplazaron los centros administrativos, de salud y educativos hacia Olaya, generando un descontento entre los pobladores de Sucre, quienes argumentan que ellos aglutinan mayor número de habitantes y que la decisión es solamente política.  Con Sopetrán, Santa Fe de Antioquia y Liborina, han establecido relaciones comerciales, pues a estas localidades acuden regularmente a la compra de víveres, vestuario y herramientas.

 

Los caminos que posibilitan la relación interlocal son vías de carácter terciario, algunas de ellas trazadas sobre antiguos caminos de herradura, entre los que se destacan:

 

  • Sucre – Olaya – Liborina – Sabanalarga
  • Sucre – Quebrada Seca – La Florida – Sopetrán
  • Sucre – Quebrada Seca – Santa Fe de Antioquia
  • Sucre – Llanadas

 

También existe un camino que comunica a Sucre con la vereda del Guayabo, trayecto que puede tomar una hora y media, pasando por el punto conocido como El Corral; de allí es posible continuar hasta Llanadas recorrido que puede hacerse en cuarenta minutos más.

 

-                     Uso del Territorio

 

Antiguamente los pobladores de Sucre basaban su economía en la producción agrícola, sembraban principalmente yuca, maíz, fríjol, plátano y frutales en general.  Sin embargo, durante los últimos treinta años esta actividad ha venido decayendo como lo refiere Don Adonai Ospina…actualmente en Sucre ya no hay casi agricultura…el agua esta muy acabada…la acequia que salía de la quebrada Tahami se acabo prácticamente. Anteriormente, se arrendaban tierras para el cultivo por la modalidad de la cuarta; casi todos los habitantes desarrollaban esta actividad en tierras del señor Vélez que iban desde la quebrada Tafetanes hasta la quebrada Nuarque, y desde el río Cauca hasta un sitio conocido como El Dormido; también lo hacían en un punto conocido como La Mariscala propiedad del señor Rafael Muñoz, cercano a la quebrada Tautanito; estas propiedades entraron en procesos de sucesión y sus nuevos dueños ya no arriendan la tierra por lo que se restringió significativamente el acceso a este tipo de recursos para el desarrollo de los cultivos.

 

En la actualidad por la pérdida de la acequia y la disminución en los caudales superficiales, se siembra en “tierra seca”, lo que hace que se dependan del régimen de lluvias; los habitantes identifican que este ya no es tan estable como en la antigüedad, provocando en muchas ocasiones la pérdida de la cosecha por la falta del liquido. Todavía se siembra algo de maíz para el autoconsumo, en pequeñas extensiones que no sobre pasan el ¼ de hectárea.  Es posible sacar dos cosechas al año; la cosecha que se siembra en abril y se recoge en agosto, y la traviesa que se siembra en septiembre y se recoge en enero; el procedimiento para desarrollar estos pequeños cultivos es el siguiente: descañada, siembra, limpia, revuelta y cosecha; este procedimiento es similar a los descritos para las otras localidades de la región.

 

El espacio del río es utilizado por los habitantes de Sucre como fuente de recursos entre los que se destacan la pesca y la minería y como sitio de recreación.  La minería, actividad importante en el pasado, es prácticada por muy pocos habitantes.  Se lava oro a orillas del río Cauca a partir del barequeo y mazamorreo, únicamente se hace con batea sin utilizar otras herramientas, como el molino o la matraca comunes en otras localidades cercanas.  Se explotan los antiguos y actuales lechos del río, siendo una actividad que básicamente se desarrolla en los periodos de verano, cuando se exponen amplías playas que contienen los placeres auríferos.  El proceso de lavado se realiza durante toda la semana y al final de ella se realiza la recortada y la colada, que son los últimos pasos para obtener el oro libre de jagua.  Al igual que en otras localidades del occidente, la colada se realiza utilizando un macerado de plantas como cedro playero y yomato, que ayudan a separar definitivamente el oro de las partículas de hierro.

 

La pesca  desarrolla con regularidad en el río Cauca, principalmente en las épocas de verano donde se obtiene mayor productividad, van desde mediados del mes de febrero hasta semana santa.  Antiguamente, se pescaba en la quebrada y el río, pero ahora solo se desarrolla en algunos sectores del río. Se destacan por su importancia la desembocadura de la quebrada Tahami, la desembocadura de la quebrada Santa Cruz y el sitio de la Colchona, lugares que se encuentran entre la Playa de Mariano hasta el Puente de Occidente.

 

Se identifican varias técnicas entre las que se destacan la pesca con anzuelo y carnada;  la atarraya, chile o malla cazadora y la calandria.  Con anzuelo se pesca durante todo el año y utilizan como carnada principalmente carne y grillo.  Con atarraya se pesca únicamente en las épocas de verano; el chile o malla cazadora, es una red de nylon cuyo tejido es más estrecho que el que se presenta en la atarraya y posibilita la captura de peces de menor tamaño, que al ser capturados son utilizados como carnada para los anzuelos y las calandrias.  Estas últimas son descritas por las personas que se dedican a la pesca de la siguiente manera…es una cabuya llena de anzuelos a lo largo, que se pone en el río con carnada y después se revisa a ver que se cogió…estos artículos para la pesca son comprados en Córdoba, La Miranda y Olaya, lugares que los pescadores de Sucre reconocen como tradicionales para la fabricación de estos instrumentos, elementos que deben ser encargados previamente; una malla puede costar entre $100.000 y $150.000.  Durante las incursiones pesqueras se pueden obtener ejemplares de bagre, bocachico, dorada, anguilla, corroncho, jetudo, picuda y mazorco, productos que son vendidos en la misma localidad, Sopetrán, Liborina y Olaya.

 

También en el río se llevan a cabo actividades recreativas, pues jóvenes y niños en las horas de la tarde va a bañarse a él, convirtiéndose en un espacio social importante donde se miden destrezas y se socializan conocimientos.

 

Antiguamente, la extracción de maderas era una actividad importante en esta localidad; ahora solo se recogen aquellas que son usadas en la combustión de los fogones, actividad que es restringida pues la mayoría de los pobladores utilizan fogones eléctricos y a gas; las maderas utilizadas como leña son el Chagualo, Arrayán, Noro, Guamo, Huesito, Escobita, Mamoncillo, Uña de gato, Sacahilo, Cascarillo, Sangre de gallo, Chingalé y Tostado.  Para la fabricación de las viviendas también recolectan algunas maderas entre las que se destaca el Cedro Amarillo, Piñón, Tachuelo, Doncel, Guayacán Negro y Guayacán Amarillo.

 

La cacería, al igual que la recolección, es una actividad que ha venido decayendo en los últimos tiempos, aunque todavía es practicada por algunos miembros de la comunidad; los lugares más frecuentados para la captura de animales son las orillas del río Cauca, Llanogrande, Montañitas y el Dormido.  Para capturarlas se utilza perro y escopeta y las especies que con regularidad consiguen se relacionan en la tabla que se presentan a continuación (Tabla 15):

 

Tabla 15. Especies de avifauna, reptiles y mamíferos terrestres capturados

 

Nombre común

Tipo de Animal

Técnica de captura

Guacharca

Ave

Escopeta

Perdiza

Sabanera

Caminera o Pechiblanca

Torcaza

Iguana

Reptil

Escopeta /  Perro

Babilla

Reptil

Escopeta / perro

Conejo

Mamífero

Perro

Guatín

Gurre

Ardilla

Perro / Escopeta

Lancho

Perro

 

En síntesis encontramos que la principal actividad económica de los habitantes de esta localidad es el jornaleo, aunque se practican esporádicamente, y por muy pocos habitantes, la minería, la agricultura, la pesca y la cacería.

 

-                     La imaginación del territorio

 

Cuando Dios expulsó a Luzbel, él se vino con muchos ángeles malos, cada que sacudía la mano caían del cielo al infierno…así fue como se creó el duende.

Agripina Lainez

 

 

El territorio de está localidad esta modelado por un conjunto de imaginarios colectivos, que tienen manifestaciones espaciales particulares.  De esta forma se limitan los espacios de uso y circulación, se generan vínculos de identidad con el territorio y establecen formas de control social, que se traducen en normas de conducta.  La esfera territorial y la imaginación que se tenga de ella, entran a jugar un papel importante en las relaciones sociales.  Así mismo las tensiones con otras localidades hacen que se atribuyan condiciones de malignidad y por esta vía, canalizar el descontento generalizado.

 

Las brujas, como seres humanos con poderes sobrenaturales, tienen espacios propios de acción que al ser reconocidos, intervienen en la concepción del territorio.  Para los habitantes de Sucre estos personajes son sinónimo de maldad y se concentran en Olaya, Sopetrán y Llanadas; esta puede ser una forma de marcar diferencias sociales y de comportamiento, donde los rivales son vistos como peligrosos, validando la oposición política, la pérdida de status y la “imagen del otro”.  Al respecto afirma doña Virgelina Quintero:

 

…Olaya es la tierra de las brujas…volaban de noche por encima de Sucre, rumbando las naguas…los de Olaya se llevaron el colegio y ahora quieren llevarse las campanas de la iglesia

 

También son reconocidos como asentamientos de brujas las localidades de Sopetrán y Llanadas con las cuales también tienen rivalidades económicas y políticas; con los primeros, porque esta localidad desplazó el mercado de Sucre, captando todas las utilidades producto de la actividad comercial, antes centralizadas en Sucre; con la segunda, tienen rivalidades políticas, pues esta vereda siempre ha apoyado a los candidatos liberales que proceden de Olaya. Don Pedro José Herrera, cuenta:

 

las brujas viene de Sopetrán y Llanadas…a mi papá una vez lo molestó una de Llanadas que se le orinó en una chocolatera…pasan por aquí por ahí a las seis de la mañana y se sienten rumbar cuando pasan volando por el aire…

 

Otros seres que hacen parte del imaginario colectivo son el duende, el mohan y la madre del agua, que se convierten en elementos de control de comportamientos socialmente proscritos.  Los duendes son figuras que controlan la movilidad de la población restringiendo algunos espacios de circulación; aquí son figuras de niños negros que están denotando la oposición entre diferentes procesos de poblamiento, estableciendo diferencias entre quienes son “blancos buenos” y aquellos “negros malos”, que pueden estar relaciones anteriores con poblaciones negras que al decir de los habitantes de Sucre se concentraban en Córdoba, Sabanazo y Quebrada Seca; ellos se consideran mestizos rechazando de plano cualquier filiación con poblaciones negras.  Don Pedro José Herrera, cuenta que:

 

El duende es un negro chiquito que aparece en las cañadas del dormido y las niñas. Se monta a un palo y coge a piedra a la gente que pasa por la cañada…hacen muchas maldades…hay que echarles agua bendita para que no vuelvan a joder y desaparezcan…

 

A partir de otras referencias es posible inferir que los duende se asocian a seres que subvierten el orden; Marta Muñoz Oquendo, cuenta:

 

En la casa de los Oquendo…aparecía un duende que no los dejaba en paz. Cada que tenían los sombreros ordenados en la sala, él se los encaramaba en un árbol que había en el solar de la casa, le echaba carbón a la mazamorra que cuando ya estaba hecha, o la ponía a quemar…les mordía la ropa…les hacía la vida imposible.  Nadie lo veía pero sabían que era él…le preguntaron al cura qué podían hacer para sacarlo de la casa, éste dijo que como al duende lo habían echado del cielo, no le gustaban los instrumentos, así que había que ponerle en la casa sobre una mesa una guitarra y un tiple bien afinados para que se aburriera y se fuera…

 

La madre del agua es un ser asociado al río Cauca, su descripción corresponde a las sirenas que se referenciado para otras localidades, restringiendo los horarios de pesca, pues solo se aparece a los pescadores que salen después de las siete de la noche a desarrollar esta actividad. Pedro José Herrera, experimentado pescador de Sucre, cuenta:

 

La madre del agua es una mona muy bonita de cabellos largos…llama a los hombres y a los niños que salen por la noche para el río…vive en una cueva debajo del agua donde tiene oxigeno…a mi me espantó una vez cuando tenía 17 años vi en la orilla a una mujer que trataba de alborotarme [seduciéndolo]…sale porque es malo pescar de noche…porque los animales hay que cuidarlos de noche…en la noche no se trabaja…la noche hay que respetarla…

 


[1] Los actuales pobladores hacen referencia a este antiguo sitio como Guayabital.

[2] Magdalena Londoño. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[3] Ficha resumen SISBEN municipio de Olaya.

[4] Los comerciantes de Santa Fe considerando su importancia como enclave turístico en el Occidente introducen una variada gama de productos no solo para abastecer el mercado local, sino también proporcionar confort a la población flotante. Aunque en oportunidades los pobladores de Quebrada Seca se trasladan a Sucre, Olaya y Liborina a realizar su mercado.

[5] Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[6] En documentos de archivo se han identificado sitios diferentes al de Córdoba para la explotación de fuentes salobres. A.H.A Índice Minas.

[7] Las extensiones que se les arriendan son muy limitadas ya que estas fincas han sido por continuos procesos de venta y sucesión.

[8] Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[9] Duque, Espinosa, Alvarez 2001.

[10] Nombre dado por la densidad de tumbas indígenas en el sector.

[11] Común en distintos lugares del departamento de Antioquia.

[12] José María Gómez. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[13] María Magdalena Londoño. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[14] Del cual hacen parte las veredas Quebrada Seca y el Guayabo.

[15] Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[16] Diario de Campo Proyecto Occidente Medio 2001.

[17] Comunicación personal con el párroco de Sucre. Proyecto Occidente Medio 2001.

[18] Diario de campo Proyecto Occidente Medio 2001.

[19] Ibíd.

[20] Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[21] Ibíd

[22] Ibid

[23] Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[24] Cabe destacar que el tabaco no solo se restringe a Sucre, referencias sobre el mismo particular fueron obtenidas en San Nicolás y Córdoba, aunque su influencia sobre los ciclos económicos no se dio de manera tan fuerte.

[25] Ibíd.

[26] Ibíd

[27] De acuerdo con las fichas resumen del SISBEN del municipio de Olaya.

4.2.2 Municipio de Sopetrán

Contexto Municipal

 

-           Características Geográficas

 

Este municipio se localiza en la vertiente occidental de la cordillera Central y hace parte de la dirección territorial Hevexicos de CORANTIOQUIA; su cabecera está localizada a los 06º 30 14” latitud norte y 75º 44 51” longitud oeste, con una altitud de 730 msnm, una temperatura promedio de 25.3º centígrados y una precipitación media anual de 1400 mm. Para llegar a su cabecera es necesario desplazase desde Medellín por la vía al mar, pasando por San Jerónimo; este recorrido es de unos 74 Km (IGAG 1996, Tomo 4: 2225; EOT: Sopetrán1998:10).

 

La extensión del municipio es de 226 Km2 y limita al norte con Olaya y Belmira, al oriente con Belmira y San Pedro, al sur con San Jerónimo y Ebejico y al occidente con Santa Fe de Antioquia (EOT Sopetrán 1998:10).  Territorialmente, el municipio se divide en tres zonas: Alta, Media y Baja, división en la que se ha contemplado la altura, zonas de vida y productividad.

 

La zona alta se localiza al norte de la cabecera municipal, límite entre los municipios de Belmira y Olaya en una cota máxima que llega hasta los 2800 msnm, mientras que hacia el occidente el límite está determinado por la quebrada La Nuarque desde su nacimiento hasta su desembocadura en el río Cauca; por esta aguas arriba hasta la confluencia de la quebrada La Mirandita, esta aguas arriba hasta su nacimiento en la cuchilla de Monte Frío, límite con el municipio de Belmira.  Se caracteriza por ser sitio importante de nacimiento de aguas, en donde se destaca un patrón de asentamiento disperso.  Con relación al uso del suelo sobresalen las explotaciones agropecuarias y de ganadería de ladera, en mediana densidad.

 

La denominada zona media comprende desde el nacimiento de la quebrada La Mirandita, hasta su desembocadura en la quebrada Sopetrana, por esta hasta su desembocadura en el río Cauca, aguas arriba hasta la desembocadura del río Aurrá y por este aguas abajo hasta el límite con los municipios de San Jerónimo y Belmira hasta encontrar el nacimiento de la quebrada La Mirandita.  Esta zona es considerada como uno de los sectores de mayor productividad y variedad de frutales, en donde también es posible encontrar cultivos de café y plátano.

 

La zona baja comprende el sector que bordea el municipio sobre el río Cauca desde la desembocadura de la quebrada Potosí, hasta la desembocadura del río Aurrá y aguas arriba de este hasta la confluencia de la quebrada El Oro, subiendo hasta el cerro del Guásimo y luego bajando por el cerro hasta el cauce de la quebrada Sucia; por esta aguas abajo hasta la confluencia de la quebrada La Clara y aguas arriba de esta a llegar al nacimiento de la quebrada La Balsala y luego a tomar el camino que conduce del municipio de Ebejico hasta San Nicolás, en la cuchilla de Quirimará, hasta el nacimiento de la quebrada Potosi, aguas debajo de esta hasta su desembocadura en el río Cauca. En esta zona se localizan varios de los asentamientos considerados en esta investigación como son San Nicolás y Guaimaral, los cuales se caracterizan por la explotación de materiales de playa, producción agrícola y ganadería doble propósito; la tenencia y el uso de la tierra se ha transformado en los últimos años hacia parcelaciones y fincas de recreo.

 

Desde el punto de vista geomorfológico, el municipio se caracteriza por la presencia de montañas, valles, cañones y zonas secas.  Con relación al sistema montañoso se destacan cuatro unidades que se desprenden de la cordillera Central, estas corresponden a las serranías de Palogrande, Santa Rita, Monte Grande y Guayabal.  Los valles corresponden a las zonas de divagación de los ríos Cauca y Aurrá, principales fuentes hídricas de la municipalidad, valles que por su característica aluvial son considerados de gran aptitud para el desarrollo de actividades agrícolas; no en vano en ellos concentran un número significativo de hectáreas cultivadas con maíz y frutales, básicamente.  Así mismo sobre salen seis cañones profundos y escarpados que se constituyen en drenajes de los pequeños afluentes que desaguan en los ríos Cauca y Aura; mientras tanto, las zonas secas se concentran básicamente en la cuchilla de Quirimará; se trata de un sistema colinado de suelos pobres y con una fuerte tendencia a la erosión (EOT Sopetrán 1999:17).

 

Estas formaciones geomorfológicas se encuentran constituidas por rocas de diferentes tipos entre las que se caracterizan las rocas ígneas destacándose las composiciones Neís Tonaltico de Horizontes que son cuerpos de forma alargada y afloran en las quebradas La Sopetrana, La Pava y Los Cedros; Neís Granítico de Montegrande, son rocas muy fracturadas y meteorizadas que se presentan en las quebradas Vitá y Miranda; Rocas Ultramórficas de Sucre, relacionadas con el sistema de fallas Cauca Romeral y tienen presencia en las quebradas Guasimal y Chachafruto (Sopetrán) y cerca de la población de Sucre (Olaya); Gabro de San Sebastián, grupo de Gabros que están ubicados dentro del sistema de fallas de Cauca Romeral; Granito Neísco de Palmitas, que se presenta de forma alargada en la parte central del municipio cruzando de sur a norte, partiendo desde la vereda Potrero hasta el costado centro oriental del corregimiento de Horizontes y del centro poblado de Santa Barbara; Diorita de Pueblito, cuerpo de forma tabular que se prolonga al sur del municipio entre las fallas de Qurimará y Quebrada Seca; Formación Quebradagrande, afloran fundamentalmente al sureste de Sopetrán y en Loma Hermosa; Diorita de Heliconia, pequeños cuerpos de composición variable emplazados en las trazas del sistema de fallas Cauca Romeral, se encuentran al Norte de Sopetrán y en la quebrada Yuná.  También son características las rocas metamórficas principalmente del tipo anfiboles, neises; esquistos cuarzo sericíticos y alumínicos, además de rocas sedimentarias.

 

Sopetrán posee una significativa cantidad de fuentes hídricas que fortalecen el desarrollo agrícola.  Es el río Cauca el cuerpo de agua más importante y el cual es alimentado por el río Aurrá que nace en jurisdicción del municipio de San Jerónimo.  De menor caudal, pero no de menor importancia, son las quebradas La Mirandita, cuyo nacimiento se localiza en el limite de las veredas Filo Grande y Filo del Medio a 2800 msnm atravesando el valle de la Miranda y desembocando en la quebrada la Sopetrana; su valle es reconocido por ser  la zona de producción de frutales más significativa del municipio; la quebrada Sopetrana, la cual nace en el límite de las veredas Morrón y Chachafruto, abastece de agua potable al acueducto municipal y a varios veredales; la quebrada Tafetanes, que nace a 2000 msnm en el sitio denominado la Ceja desembocando en el río Aurrá, esta se constituye en límite entre los municipios de Belmira y Sopetrán, además abastece algunos acueductos veredales y su caudal también es utilizado para el riego de extensiones agrícolas y pecuarias; uso que además se ha dado a las quebradas La Nuarque y La Yuná, cuyos caudales aumentan drásticamente en épocas invernales.

 

Otras quebradas del municipio son la Potosí, en límites con Ebéjico; La Gran Laguna, de origen antrópico y aprovechado por los habitantes de la vereda la Puerta; La Vita; La Porquera; La Chusumbi; La Juan Fue; El Silencio; La Malpaso; Aguacates; La Cangrejo; La Cascada; La Honda; La Pulgariana; La Cosme y otras de muy bajo caudal (EOT Sopetrán 1999).

 

En este municipio existen diferentes zonas de vida asociadas a los pisos altitudinales que lo conforman.  Se encuentra el Bosque seco tropical (bs-t), localizado entre 1000 y 2000 msnm con una temperatura promedio de 24 grados centígrados; se caracteriza por estar asociado a cañones profundos con laderas abruptas y de gran pendiente, a esta zona de vida están asociados los corregimiento de San Nicolás y Córdoba, así como las veredas que los constituyen[1].

 

El Bosque húmedo premontano (bh-PM), localizado entre 1000 y 2000 msnm con una temperatura de 17 a 24 grados centígrados, comprende la parte central del corregimiento de Córdoba, la Cabecera municipal y las áreas cercanas a Horizontes, Montegrande y Guayabal y se constituye en una zona altamente agrícola y ganadera.

 

Bosque muy húmedo premontano (bmh-PM), entre 1000 y 2000 msnm con temperaturas promedio entre 12 y 18 grados centígrados; en esta zona de vida se encuentran localizadas las áreas rurales de las veredas Nuevo Horizontes, Loma del Medio, La Aguada, Monte Grande y Guayabal.

 

Finalmente, se encuentra el Bosque muy húmedo montano (bmh-Mb) a una altura de 2000 a 3000 msnm y temperaturas entre 12 y 18 grados centígrados; se trata de una zona montañosa y abrupta en la cual se desarrollan actividades pecuarias de carácter extensivo con las que se ha disminuido drásticamente la proporción de bosques.  En esta zona de vida tienen cabida el corregimiento de Horizontes y las veredas Montegrande y Guayabal.

-           Características Socioeconómicas

 

En cuanto a la organización de la población, este municipio está conformado por siete corregimientos, dos centros urbanos y 31 veredas, habitado en total por 12491 personas de las cuales el 34.79% viven en la cabecera municipal y el 60 .26% en el área rural (EOT Sopetrán 998:147).

 

Las actividades agrícolas en este municipio se caracterizan por el predominio de economías campesinas desarrolladas en minifundios; cuyos suelos presentan, en algunos casos, limitantes para el desarrollo agrícola debido a las altas pendientes, el alto grado de erosión y el difícil acceso para su mecanización.  El recurso tierra esta distribuido de la siguiente manera: 73% son propietarios, 2.66% aparceros, 2.7% arrendatarios, 5.7% predios en sucesión, 10% son propiedades de carácter recreativo y  6.0% están en manos de cosecheros (EOT Sopetrán 1999:69).  Con estas cifras puede interpretarse que son los propietarios los de mayor relevancia en la municipalidad; sin embargo, hay que matizar esto, advirtiendo que la naturaleza de tales propietarios y de sus propiedades es disímil ya que muchos de ellos proceden de Medellín y sus tierras no son están dedicadas a actividades de producción agrícola o pecuaria, sino recreativas; además, un alto porcentaje de predios dedicados a usos recreativos corresponden a grandes o medianas extensiones de tierras con alta aptitud para la producción agrícola, de suerte que el porcentaje de propietarios debe correlacionarse con la extensión, calidad y usos del suelo.

 

Dentro de la producción agrícola se destaca el café, el cual ocupa 8% (530 Ha) de la extensión municipal; anualmente se producen 704.4 toneladas de las variedades caturro, Colombia y en menor proporción que las anteriores, pajarito.  Le sigue en importancia la producción de frutales[2] que genera al año 952 toneladas; el maracuyá es el principal producto en este ramo[3]; mientras que cultivos tradicionales como el maíz y el fríjol solo generan 10.7 toneladas.

 

Con relación a el sector pecuario se anota que corresponde a ganado bovino de carne  y doble propósito, manejado de manera extensiva, combinado con cultivos, sobre todo de frutales (EOT Sopetrán 1999).  Son en total 6666 bovinos de los cuales 10% está destinado a la producción lechera, 30% para la producción de carne y 60% es de doble propósito.

 

El sector minero en este municipio, que fue durante el siglo XVII y XVII un importante renglón de la economía, ha sido calificado como incipiente, pues solo se han realizado prospecciones y estudios para detectar el potencial aurífero en las zonas Sopetrán – Olaya, de ellos se infiere su posible existencia pero no se han desarrollado explotaciones. El desarrollo de este renglón económico en la municipalidad ha estado orientado a la explotación artesanal de gravas, arenas de río y balastro en las veredas San Nicolás y en menor proporción en Guyamaral y el Rodeo.  Otras actividades como la equina, porcícola, avícola, cunícula y piscícola entran a complementar el desarrollo de la economía municipal.

 

-           Contexto histórico municipal

 

La historia del municipio de Sopetrán se remonta a la fundación de los primeros resguardos indígenas en la provincia de Antioquia.  Al igual que el resguardo de Buriticá, este pueblo de indios fue fundado en año 1616 por el señor Oidor y Visitador de la real audiencia del nuevo reino de Granada, Francisco Herrera Campuzano en tierras que pertenecían a doña María de Quesada, sobre la margen derecha del río Cauca.  Esta fundación se hizo con el fin de reducir y agrupar algunas encomiendas del occidente, cuyos indios pertenecían a los cacicazgos de Peques y Bejicos.

 

Por estar ubicada en las mejores tierras para la explotación agrícola de toda la jurisdicción de Santa Fe de Antioquia, fue desde sus inicios continuamente invadido por hombres libres, blancos, mulatos y mestizos.  Esto provocó múltiples conflictos legales y varios intentos de traslado de la población indígena a todo lo largo del periodo colonial.

 

Para 1639, la población indígena había disminuido considerablemente debido a epidemias y enfermedades, lo que motivó a varios vecinos libres de Santa Fe de Antioquia a elevar la petición formal al gobernador de la provincia Juan Jaramillo de Andrade, para la adjudicación de tierras destinadas a estancias, sementeras, rozas y ganadería.  En Agosto del mismo año se certificó esta disminución y se llevó a cabo la adjudicación de algunos terrenos a la población libre demandante (Salazar 1994: 191-192).  En este periodo comenzó un proceso de mestizaje entre población indígena, negra y blanca, como resultado de la cercanía entre pueblos de indios, campamentos de esclavos y centros poblados de españoles blancos, quienes continuamente estaban invadiendo las tierras del resguardo, por su aptitud para el desarrollo de actividades agrícolas.  Ya en el siglo XVIII, la minería de cuadrilla decayó[4] lo que ocasionó la intensificación de la producción agrícola y el surgimiento de mineros mazamorreros independientes, quienes explotaban a pequeña escala las riveras de ríos y quebradas

 

La población indígena de este resguardo y la de San Antonio de Buriticá fue traslada en la segunda mitad del siglo XVIII a Cañas Gordas y Sabanalarga por orden del virrey Solís, quien tiempo después tuvo que revocar la orden y autorizar al gobernador de la provincia, para que nuevamente trasladara los indígenas a su pueblo y demarcara nuevos límites.

 

Inicialmente, la extensión  de este resguardo fue de 295 kilómetros cuadrados, aproximadamente, siendo por su extensión el más pequeño de los resguardos establecidos en el Occidente antioqueño.  Cubría las cuencas de la quebrada La Yuná y la Miranda,  parcialmente la de río Aurrá con su principal afluente  la quebrada Grande que servía del límite al sur.  Espacialmente este pueblo estaba localizado en la cuenca del río Cauca, en región fisiográfica del cañón del río Cauca; se ubica en la vertiente occidental de la cordillera central, en un valle interandino, con una pluviosidad extremadamente baja que no supera los 1000 mm anuales, alturas inferiores a los 1000 msnm y una temperatura que oscila entre los 24 y 30ºC.

 

Los primeros linderos señalados por Francisco de Herrera Campuzano fueron:

 

…desde el nacimiento de la quebrada los tafetanes y por ella debajo de todos los vertientes de un ay otra parte de la dicha quebrada hasta donde entra el río que llaman de Aurrá, todo el dicho de Aurrá abajo, con él va la banda de dicha población, hasta donde entra el río Cauca y el dicho río de Cauca a bajo, hasta la quebrada que llaman de Noarque y de allí la misma quebrada arriba  cortando a dar la cumbre de Sisquiarco y toda la cordillera y lomas altas delante aguas  vertientes  a la dicha población. Y devolviendo por la parte de arriba a coger al nacimiento de la dicha quebrada de  los tafetanes, todas las cuales dichas tierras   inclusas en los dichos términos y resguardos la adjudicaban y adjudicó a los indios en los cuales  dichos términos y resguardos se incluyen y comprenden las estancias y hatos que solían tener doña María de Quesada y los de Rodrigo de Carvajal y el capitán Francisco Martínez y Bartolomé Sánchez Torreblanca que están en la rivera de dicho río Cauca  y también se incluye una parte de estancia de Francisco Alférez  lo que este linde dicha quebrada de Nuarco a la banda de dicha población y así mismo se comprende la estancia de Diego de Miranda y las tierras y estancias que Fabián Ordoñez tenía dentro de dicho resguardo cerca de la dicha quebrada de los Tafetanes, todos los cuales dichas Tierras y estancias  dejen libres…( A.H.A. Tomo. Doc. 4021: F 47 – R 47 V).

 

Luego de ser trasladados los indígenas en 1750 hacia el pueblo de Buriticá, por  intermedio del protector de los naturales, exigen la restitución de sus tierras, argumentando el clima mal sano y las malas relaciones con los residentes del pueblo de indios de Buriticá por lo que 1758 se les asignan nuevas tierras, momento en el cual solo son reportados 30 indios yanaconas, (7.5%) de los 400 inicialmente reconocidos.

 

Dada la constante reclamación de la población de libres, este resguardo tuvo diferentes límites;  los nuevos que se conservaron hasta la disolución del mismo en el siglo XIX, y fueron:

 

…desde el portachuelo del rodeo por su filo, cortando derecho al río de Aurra, río de Aurra arriba hasta la boca de la quebrada de los Tafetanes, quebrada arriba hasta el salto de la dicha quebrada y de dicho salto cortando derecho a la quebrada de Sopetrán y quebrada arriba hasta las partidas  cortando derecho a la quebrada de  la Miranda y de dicha quebrada cortando derecho a la puerta vieja de  la asomadera y de dicha puerta vieja cortando loma abajo al filo  de las cuchillas de las piedras Mulatas y de dicho filo a dar  a las quebradas de Yuná, Yuná  a dar abajo hasta el alto  de Fagandó a la derecha de la Ciénaga de Perucho que mira al primer lindero del morro de portachuelo…(Ibid: Folio 56V).

 

En 1768 los indígenas de este resguardo se quejan ante el gobierno provincial porque los libres no cercaban ni encerraban sus ganados en las noches y al pasar por sus tierras  dañaban las sementeras.  En 1769, a pesar de las amenazas de lanzar a los libres del resguardo, persiste el problema con los ganados, y el gobernador en su sentencia recuerda la orden real de cercar y encerrar en las noches.  El argumento de libres y blancos eran que las tierras lindantes con el resguardo no tenían pasto, en cambio las de los indígenas eran las mejores y más fértiles por lo que el ganado se pasaba.  La medida del gobierno fue multar en $4 pesos a los dueños del ganado que se encontraban en pastos ajenos o sin encerrar y pagar los daños que diesen lugar (Pimienta 1985: 65-66).

 

Con los nuevos linderos, en el año de 1784 se exigió a la población libre, residente, desocupar estas tierras:

 

…notificar a todos los libres que tuvieran bestias y ganado y estuvieran fundados en las tierras de los indios que estos lo saquen o mantengan encerrados dichos ganados…y de continuar el daño de las sementeras de los indios y además que pagaran este,  se les mandara que los lancen y saquen de ellas o que dejen las tierras libres y se muden a otras partes…y los requerirá y los verificaran que si se quieren seguir disfrutando y poseyendo ha de ser con la calidad de contribuir por vía de arrendamiento cada año al respeto de 2 tomines por cada almud de tierra o que de lo contrario serán lanzados  para que lo disfruten otros bajo esta calidad, o los labren los mismos indios (A.H.A.Tomo.149 Doc.4021: 57R-57V).

 

En la última década del siglo XVIII ya eran 150 las familias de libres que vivían en dicho resguardo y nuevamente los indígenas piden al protector diligenciar la expulsión de vecinos libres y blancos puesto que son bastantes y causan grandes perjuicios por ser considerados muchos como malhechores, aparte de tenerlos relegados a una pequeña porción de su territorio.

 

La respuesta de las autoridades fue culpar a los indígenas por haber permitido la convivencia con blancos y libres en tierras del resguardo.  Este pleito propició además algunas diligencias encaminadas al avalúo de los terrenos, que proporcionaron argumentos para promover la reubicación de indígenas en tierras baldías alejadas de las estancias de libres, lo que nunca se logró consolidar (Salazar 1994: 195-196).

 

Aunque las disposiciones anteriores buscaban el desalojo de la población libre para proteger los intereses de los indígenas en lo relacionado con su territorio, el avanzado mestizaje y las alianzas matrimoniales establecidas anteriormente con población mestiza y mulata no permitieron la aplicación a la cabalidad de dicha norma, pues los mismos indígenas cedieron sin ninguna contraprestación tierras a las familias no indígenas.  Con relación a esto, el protector de naturales en el año de 1800 informa al gobernador cómo el alcalde de este pueblo, permite a personas libres cultivar y vivir en sus territorios, en contraposición a las disposiciones legales promulgadas por el virrey (A.H.A. Tomo 170.Doc. 4424: F349 R).

 

En la segunda década del siglo XIX se presentaron nuevamente conflictos por tierras entre indios y entre estos con población libre.  Algunos indígenas que quisieron regresar a sus resguardos en 1824 luego de participar en las campañas libertadoras encontraron que parte de sus tierras estaban ocupadas por otros indios o mestizos libres.  Un ejemplo fue la disputa que adelanto el indio Mateo Ramírez a quien le fueron arrebatadas sus tierras en las localidades de Gallinazo y Giménez; estas tierras habían sido invadidas por los indios Marceliano Sisquiarco y José Ignacio Montoya.  La solución del pleito consistió en la repartición equitativa de las tierras en disputa entre Josefa Ramírez, Mateo Ramírez, José Ignacio Montoya, Marceliano Sisquiarco, y Blas Ruiz; este último libre que no tenía propiedad (Salazar 1994:202).

 

En 1833 se dio inicio a los avalúos de los territorios del resguardo con el fin de llevar acabo la distribución de las tierras entre los indios que tuvieren derecho a ellas.  Es de notar que algunos de los indígenas que habían vendido parcelas y mejoras a personas libres no entrarían en dicha repartición (Ibid 1994:203).

 

Para 1835 se convocó a todos los indios ausentes con derechos sobre las tierras, colocando la lista de indios en los diferentes pueblos vecinos para que se hicieran presentes a la fecha límite al 20 de febrero.  En el momento exacto de la disolución del resguardo, no ha sido posible establecerlos. (Ibid: 203-204).

 

Hacia finales del siglo XVIII (1780) se levantó un patrón general de la población de este pueblo.  Según estos datos se puede observar que de 4.400 habitantes, únicamente 551 eran indígenas que representaban el 12.5% del total de la población.  Ya para 1797 la población indígena disminuyó en 16.6%  (92 personas) de los cuales 56 hombres y 48  mujeres eran casados mientras que entre solteros hombres y mujeres sumaban 345.  La mayoría de los indios eran casados con mujeres libres, lo que demuestra el proceso de mestizaje acelerado que se inició desde la conformación de este resguardo (Ibid: 196).

 

En 1805 la población presenta un leve incremento de 102 personas que representa un crecimiento significativo con relación a las cifras del año anterior.  Únicamente el 17% eran indígenas tributarios, mientras que el 73% eran solteros, lo que permite suponer un predominio de la población juvenil.  Para 1820, 15 años después, la población indígena se mantiene estable, pues fueron reportados 571 indígenas. El poco crecimiento de la población para este periodo, que no alcanza a cubrir la taza de crecimiento vegetativo, puede ser producto de los movimientos de población ocasionados por las guerras de independencia y reconquista.

 

Según el censo levantado en 1832 la población total fue de 484 personas incluyendo los indígenas sueltos de ambos sexos, de los cuales 282 eran mujeres.  Al igual que Buriticá, la población de este resguardo para esta época es extremadamente joven, pues el 34.3% tiene menos de 9 años y únicamente el 10% tiene más de 50 (ver pirámide del resguardo de Sopetrán).  Para esta época los principales apellidos indígenas son: Tangarife, Ortiz, Valderrama, Sisquiarco, Cañola, Oquendo y Congote. (A.H.A. Tomo 2687. Doc 3: F 97–162).

 

El mestizaje en este resguardo se inició desde con el establecimiento de nuevos centros poblacionales (finales del siglo XVII y principios del XVIII) cuando los indígenas comenzaron a hacer alianzas matrimoniales con familias de mestizos y libres que continuamente ocupaban sus territorios.  Prueba de esto es que para 1832 existía gran número de hombres y mujeres indígenas casados con personas libres; se reportaron 36 matrimonios de hombres indígenas con mujeres libres y 45 mujeres casadas con hombres libres.

 

Las primeras referencias sobre el patrón de poblamiento indígena en este sector del occidente antioqueño, proceden de la descripción que hace el señor Juan Antonio Mon y Velarde ; según sus apuntes, al parecer estos vivían dispersos en sus zonas de cultivo y únicamente unos cuantos tenían su habitación permanente en el poblado principal.  Afirma además que:

 

…aunque es un pueblo de indios goza honores y gajes de sitio por ser hoy considerable el número de libres que están allí establecidos…su temperamento es  algo menos que en Antioquia, de donde dista 3 lenguas que anda de por medio el río Cauca…La población está igualmente dispersa aquí como en todas partes, pero no sea a mandado hacer casas pues sería fomentar y autorizar la contravención a la ley que prohibe  vivan indios con libres…(Mon y Velarde. En: Robledo 1950. Tomo2 . Doc.30).

 

Como puede verse la población indígena fue desplazada de su centro poblacional por los libres que habían decidido establecer residencia permanente en dicho poblado lo que muy posiblemente los obligó a dispersarse por todo el territorio del resguardo sin que fuese posible reunirlo en el pueblo.  Al parecer, esta situación continuó durante las primeras décadas del siglo XIX, pues al realizarse el patrón o lista de indios en el año de 1817, se encontró el mismo patrón de poblamiento …Tienen muy pocas casas en aquel pueblo que suman 26 y las de los libres alcanzan 80 y de mejor construcción y aseo  (A.H.A. Tomo 27.Doc 873:F 520R).

 

La población de este resguardo fue sometida a mediados del siglo XVIII a un largo proceso de traslado de los resguardos de San Antonio de Buriticá y San Pedro de Sabanalarga como parte de las políticas administrativas para la adjudicación de tierras a la población libre; se argumentaba que los indígenas que sobrevivieron  al mal trato de las encomiendas eran tan pocos, que no alcanzaban a cubrir los estipendios de los curas doctrineros, lo que provocó un traslado hacía un solo pueblo de indios; esta situación produjo mestizaje entre los diferentes grupos de indígenas que habitaban en el occidente antioqueño; pero la migración nunca llegó a consolidarse, pues en muy poco tiempo los indígenas de Sopetrán exigieron la devolución de sus tierras provocando un nuevo movimiento de retorno de la población hacía sus antiguos territorios.  En las dos primeras décadas del siglo XIX gran cantidad de indígenas emigraron hacia diferentes lugares del territorio Antioqueño, muy posiblemente en búsqueda de mejores tierras,  ya que las pocas que poseían estaban ocupadas por libres, y para evadir así el pago de tributos establecidos para esta región:

 

A causa de las obligaciones pasadas y padecimiento de los naturales, sufrió este pueblo un deterioro grande, con motivo de la migración que les preciso hacer a estos dejando casi solo el lugar, pero luego de que se montó el gobierno republicano han ido regresando aunque no todos como consta…(A.H.A. Tomo27. Doc.873: F519 R).

 

De igual manera, las guerras de independencia y reconquista provocaron nuevamente desplazamiento de población indígena; al parecer fueron  reducidos algunos naturales de este pueblo para las campañas libertadoras libradas en el sur de la Nueva Granada, quedando nuevamente el pueblo de Sopetrán prácticamente desocupado. (Salazar 1994:200).

 

A partir de 1824 comenzaron a regresar a su antiguo territorio, aquellos indígenas que por una u otra razón habían dejado el resguardo, quizá motivados por la repartición de las tierras que se había comenzado a presentar como parte de la liquidación definitiva del pueblo de indios.

 

Durante el siglo XVII la actividad económica preponderante fue la minería de aluvión que se hacía con cuadrillas de negros esclavos especialmente a orillas del río Cauca.  En las tres últimas décadas del siglo XVIII, los indígenas del resguardo de Sopetrán se dedicaban a labores agrícolas y a la explotación del oro corrido o de aluvión en las orillas del río Cauca; para esta época el territorio de este resguardo era la despensa agrícola más importante en toda la provincia, ya que surtía no solo la población local, sino también a la de la ciudad de Antioquia y los poblados de los valles de Los Osos.

 

En 1769 el gobernador Joseph Barón de Chavez al referirse a este pueblo de indios informaba que en sus estancias existían grandes y buenos cultivos de plátano, Cañaduzales y Maíz; “ los cultivadores indígenas y mestizos de Sopetrán eran los agricultores más importantes de la jurisdicción.  Sopetrán era una región particularmente fértil en donde los vecinos lograban tres cosechas de maíz y fríjoles en el año, así como otros productos, en especial los típicos de las tierras bajas: arroz de Castilla,  caña, Plátanos, cacao, guineo, yuca, batata, niquios, auyama, calabazas, vitorias, arracacha, papa, ñame, repollo, lechuga, ajo, cebolla y legumbres” (Turantioquia s.f).  En este año se expide la ley para impedir el cultivo de tabaco en la provincia, la cual no fue acogida en este resguardo, pues se sabe que para 1881, todavía se cultivaba.  La persecución que se dio a este cultivo trajo como consecuencia el levantamiento[5] de algunos campesinos e indígenas porque no estaban dispuestos a cumplir la orden de “arrancar, descepar y quemar todo el tabaco que encontraba en ámbito de la jurisdicción”; sin embargo, después de esta sublevación, desaparece este cultivo en la zona (Ibíd).

 

Al iniciarse el siglo XIX el gobierno de la provincia delega en el corregidor la tarea de motivar nuevamente  a la  población  indígena para el trabajo en las minas de aluvión y la siembra de algunos productos agrícolas; el corregidor debía:

 

moverlos excitarlos a su labor haciendo que uno se aplique a las de las minas, respecto haberlas inmediatas; y que otros siembren caña de  azúcar y plátano, árboles de cacao, algodón, yucas, semillas y todos aquellos frutos, frutas y legumbres que permita su terreno, obligando a cada indio a que a lo menos den y mantengan en continuo cultivo con ellos siquiera 2 almudes de tierra, para que con esta previsión se le vaya quitando y moviendo su desaplicación y pereza ( A.H.A. Tomo 149. Doc. 4021: F 58R).

 

Con posterioridad a los movimientos de población realizados en las dos primeras décadas del siglo XIX, los indígenas, según la información recaudada en el padrón de 1817, se dedicaban principalmente a los tejidos de sombreros de caña  y al barequeo abandonando parcialmente su aplicación a las actividades agrícolas; el encargado del censo informa que:

 

llegaran estos aun estado de posibilidad por ser poco industriosos para agencias, pues para pagar el tributo, más bien se alquilan jornaleros y a labrar sombreros de caña que se les soporta muy poco para mantenerse con sus familias… 2 no aplicasen a cultivar sus tierras útiles que les ofrecen muchas ventajas y no lo hacen apreciando poco y enajenándoselas a los libres, los cuales se hayan bien radicados con buenas fincas… Los indios por el contrario aunque muchos de ellos aun no tienen suficientes terrenos que les franquean los libres… no los siembran bien… de manera que dichos indios no tienen fincas de utilidad ninguna, pues todos los reducen  a unas pocas matas de plátano y caña  y algunas de cacao…Los indios más bien se aplican a agenciar por medio de las minas, que aquí las hay, porque es propensión en ellos…( A.H.A. Tomo 27. Doc. 873: F519R- 520R).

 

La minería que se llevó a cabo en esta subregión durante el siglo XIX fue principalmente de explotaciones artesanales que eran realizadas por mineros independientes, los cuales poseían una infraestructura mínima que se les permitía movilizarse fácilmente por los diversos lugares de trabajo, a lo largo de todo el río Cauca y sus afluentes principales.

 

Fueron denunciadas minas de aluvión en los siguientes sitios: en el río Cauca, quebradas Sopetrana, la Miranda, Noarque, quebrada La Seca, quebrada Ayuna y Tafetanes como puede verse en la tabla 10.

 

 

Tabla 10.  Denuncio de minas de oro en la jurisdicción de Sopetrán[6]

 

Denunciante

Jurisdicción

Lugar

Mineral

Calidad de mina

Año

Nicolas Gomez

Sopetrán

Qda. Miranda

Oro

Veta

1825

José María Villa

Sopetrán

Nuarque

Oro

Veta

1825

Juan Uribe

Sopetrán

Qda. Sopetrana

Oro

Veta

1825

Vicente Vergara

Sopetrán

Qda. Ayuná

Oro

Aluvión

1805

Nepomuceno Ramirez

Sopetrán

Qda. Miranda

Oro

Veta

1808

Remigio Tabares

Sopetrán

Qda. Tafetanes

Oro

Aluvión

1813

Sacramento de Hoyos

Sopetrán

Qda. El Salado

Oro

Aluvión

1825

José Pereira

Sopetrán

Qda. Seca

Oro

Aluvión

1825

Carmelo Tabares

Sopetrán

Qda. Tafetanes

Oro

veta

1825

Rafel Vargas

Sopetrán

Qda. Nuarque

Oro

Veta

1825

Tomás Muñoz

Sopetrán

Obarco

Oro

Veta

1825

Tomás Muñoz

Sopetrán

Obarco

Oro

Veta

1825

Tomás Muñoz

Sopetrán

Obarco

Oro

Veta

1825

Victor Piedrahita

Sopetrán

San Nicolás

Oro

Veta

1825

Juan Antonio Escobar

Sopetrán

Guacamaya

Oro

Veta

1825

Gregorio Diez

Sopetrán

Qda. Miranda

Oro

Aluvión

1752

Bernardo Balbin

Sopetrán

Qda. Miranda

Oro

Aluvión

1771

Nicolas Martinez

Sopetrán

Qda. Nuarque

Oro

Aluvión

1771

José Ignacio de Vargas

Sopetrán

Qda. Nuarque

Oro

Aluvión

1796

 

 

Luego de la erradicación de los cultivos de Tabaco, y simultáneamente con la nueva orientación minera floreció la industria del cacao en las orillas del río Cauca donde se producía con excelentes condiciones, concentrándose principalmente en los sitios de Santa Fe y Sopetrán; esta producción cubría  la demanda de toda la provincia, hasta que la plaga conocida como “ La Mancha “ en 1845 acabó  con los cacaotales, la que generó un comercio de este producto con Manizales y el Cauca para abastecer la demanda de la provincia (Poveda 1988: 104-105).

En 1826 se registra la producción de sal (Tabla 11) y algunos cultivos en Sopetrán, así: se  producían anualmente 450 arrobas de sal que procedía de diferentes lugares de la jurisdicción (Tabla 11), 66 de cacao, 1800 de panela y 1500 cargas de maíz.  Esta producción abastecía tanto los mercados locales como algunos de carácter regional destacándose los cultivos, de cacao, sal, panela y maíz (ensayo de estadística general 1888: 135).

 

Tabla 11. Sitios denunciados para la explotación salina

 

Denunciante

Jurisdicción

Lugar

Mineral

Calidad de mina

Año

Francisco Balbín

Sopetrán

La Hundida

Sal

Fuente

1804

Francisco Balbín

Sopetrán

La Hundida

Sal

Fuente

1804

Francisco Balbín

Sopetrán

La Hundida

Sal

Fuente

1804

Francisco Balbín

Sopetrán

La Hundida

Sal

Fuente

1804

Francisco Balbín

Sopetrán

Qda. El Saladito

Sal

Fuente

1805

Juan Francisco Zapata

Sopetrán

Qda. San Antonio

Sal

Fuente

1806

Juan Francisco Zapata

Sopetrán

Qda. San Antonio

Sal

Fuente

1806

Juan Bautista Robledo

Sopetrán

Abejuco

Sal

Fuente

1814

Juan de Escobar

Sopetrán

San Antonio

Sal

Fuente

1791

Juan de Escobar

Sopetrán

San Antonio

Sal

Fuente

1791

Vicente Celedon Jaramillo

Sopetrán

Qda. Gualí

Sal

Fuente

1792

Rosalia Leal

Sopetrán

San Antonio

Sal

Fuente

1796

Rosalia Leal

Sopetrán

San Antonio

Sal

Fuente

1796

Francisco José Galván

Sopetrán

Córdoba

Sal

Fuente

1797

Francisco José Galván

Sopetrán

Cordoba

Sal

Fuente

1797

Andres Antonio López

Sopetrán

Qda. Tafetanes

Sal

Fuente

1798

Andres Antonio López

Sopetrán

Qda. Tafetanes

Sal

Fuente

1798

 

Además, para mediados del siglo XIX se cultiva en Sopetrán el anís y el índigo  promocionados por la sociedad González y Campuzano y compañía.  Ellos exportaron la producción hacia Europa entre 1845 y 1869; este cultivo decae vertiginosamente y desaparece en la ultima década del siglo XIX a causa del descubrimiento de colorantes químicos ( Poveda 1988: 117- 118).

 

En el año de 1881 el Prefecto del Estado informaba que en Sopetrán se producían 50 cargas de arroz, 200 de azúcar, 150 de tabaco, 30 de cacao, 25 de café 25 de papa, 2000 de panela, 10 de trigo, 6000de maíz y 200 de frijoles (Memoria que se presenta al ciudadano Vicepresidente encargado del Estado.1881: 41).

 

Para 1888, se destacaba la producción de anís, arracacha, arroz, azúcar, cacao plátano, tabaco, frijoles y maíz. (Ensayo de estadística general 1888).

 

Con la relación a la industria pecuaria, esta fue una de las más destacadas en toda la provincia.  En el censo pecuario elaborado 1826 se reportaron 2435 cabezas de ganado vacuno, 106 cabezas de ganado lanar, 260 cabezas de caprinos, 936 caballos, 1026 yeguas, 323 mulas y 57 asnos (Ensayo de estadística general 1888).

 

Paralelamente a estas actividades se desarrollaron algunos oficios entre los que se destacan la elaboración de sombreros de Iraca o Panamá, industria que fue introducida  por el Ecuador y se instaló en esta subregión, principalmente en los distritos de Sopetrán y Olaya; esta producción fue exportgada principalmente a E.EU.U, Cuba y Panamá, conservándose hasta la primera década del siglo XX (Turantioquia sf: 579; Suárez 1989: 283).  Además, florecieron otras actividades económicas a mediados del siglo XIX relacionadas con la costura, albañilería, elaboración de tapias, comercio de Hilandería, tabaquería, carpintería, arriería, artesanía, herrería, platería, música, trapiches, pastelería, panadería etc… que suplían la demanda de la población asentada en los principales centros poblados de esta subregión  (A.H.A. Tomo 2700. Doc.9. Doc4. Doc.11. Tomo. 2723. Doc.6).

 

Sopetrán fue considerada pueblo de indios, desde su fundación  hasta el año 1832 cuando fue disuelto el resguardo; sin embargo. de 1820 a 1827 figura como distrito parroquial del cartón de Antioquia; en 1835 aparece como distrito del cartón de Antioquia nuevamente, situación que no varía hasta 1851, cuando es considerado Villa Cabecera del Cartón de Sopetrán  que pertenecía a la parroquia de Antioquia.  En el año de 1856 se le da el apelativo de la ciudad y con la creación de los departamentos, se le considera capital del departamento  de Sopetrán. En el año 1862 se suprime el Departamento de Sopetrán y se incorpora al occidente en calidad de distrito.  Un año después es considerado distrito capital del Municipio de Sopetrán. 

 

En 1864, con la nueva división política administrativa, nuevamente es elevado a capital del Departamento del Occidente, para, luego, dos años después, con la creación del Departamento de Sopetrán, ser designado capital del mismo.  En el año 1885 se suprime el departamento de Sopetrán y este queda como distrito capital del departamento del Occidente.  Un año después, con la creación de las provincias, Sopetrán es considerado capital de la provincia de  Occidente. En 1890 nuevamente se crea la provincia de Sopetrán con capital en este distrito, hasta que en 1908 figura como municipio del departamento de Antioquia (Rodríguez, José. 1978. Sin numeración)

 

Para 1810, de 180 mestizos que vivían en Sopetrán únicamente el 12 % poseía tierras, mientras que los demás dependían del jornaleo en las tierras de sus vecinos.  Con  la repartición de las tierras del resguardo de Sopetrán en el año de 1832 y 1833, se crean una serie de minifundios que por la “incapacidad” de los indígenas para manejar sus tierras, la mayoría de los lotes quedan en manos de los libres.

 

Para 1864 se informó que existían los siguientes caminos que comunicaban entre los distritos: de Sopetrán a Liborina con una longitud de 25 Kms.; de Sopetrán a San Jerónimo de 1,5 Kms.; de Sopetrán a Sucre con una extensión de 15 Kms.; de Sopetrán a Córdoba con una distancia de 5 Kms.; de Sopetrán a Quebrada Seca con un recorrido de 10 kms (Espinosa 2000).

 

A Comienzos del siglo XIX el camino que conducía de Medellín a Sopetrán era conocido con el nombre de Picachito y cruzaba varios puentes en los que se destacaban: El Edén sobre el río Medellín y el Gallinazo.  Se decía que este camino era poco transitado, aunque por allí entraba la producción de Cañas Gordas, Frontino, Dabeiba (Gutiérrez 1920:285).

 

En síntesis, el resguardo de nuestra señora de Sopetrán se localizaba en tierras excelentes para el desarrollo agrícola y, siendo las mejores de todo el occidente antioqueño para esta época.  Esta localización fue motivo de continuas invasiones por parte de la población libre procedente de los principales centros poblados de la provincia  que se encontraba en cercanías de dicho resguardo.  Estas características del territorio y la invasión del mismo, provocaron desde los inicios de la creación del resguardo un proceso de mestizaje que aceleró la disolución definitiva en la década del 30 del siglo XIX.

 

Con relación a la población, aunque se observa un crecimiento, proporcionalmente disminuía el numero de indios respecto al numero de libres, provocando para 1832 el predominio de la población mestiza y mulata en territorios del resguardo.  Durante las ultimas décadas del siglo XVIII y las tres primeras del siglo XIX, los indígenas de Sopetrán combinaron las actividades agrícolas con la minería de aluvión estacional en los periodos de verano en las inmediaciones del río Cauca.

 

Las Localidades de referencia

 

Las comunidades estudiadas en este municipio se originaron en antiguos asentamientos de negros, localizados en la ruta del camino real que une San Nicolás con la cabecera municipal, y mantienen entre ellas estrechas relaciones sociales y vínculos de parentesco.  El mencionado camino parte de San Nicolás a orillas del Cauca y recorre los asentamientos de La Puerta, Guaymaral, Corral Falso, El Rodeo, y Sopetrán, conectándose también con Córdoba por una variante que parte desde El Rodeo.  Con la construcción de nuevos caminos, especialmente la vía al mar; este camino ha perdido importancia; sin embargo, con frecuencia los pobladores de estas veredas hacen uso del mismo y lo referencian como elemento significativo en las relaciones entre localidades[7].

 

Para este estudio se abordaron tres de las localidades que están ubicadas a la vera del antiguo camino y que se distribuyen desde el punto de partida en San Nicolás, pasando por Guaymaral en su parte media y el Rodeo, casi al final de la ruta, en las afueras de la cabecera municipal. Por otro lado, se llevaron a cabo algunas vistas de campo al asentamiento de Córdoba, el cual, por su importancia histórica como lugar del primer asentamiento post-conquista en la zona y como centro productor de sal desde la época pre-colombina hasta comienzos del siglo pasado, constituyó un lugar central y clave para las comunidades negras ubicadas a lo largo del camino mencionado, y, mas allá de estos asentamientos, cumplió un papel importante en el establecimiento de redes comerciales y sociales en la zona.

 

Para proporcionar una visión de conjunto sobre las características del proceso de poblamiento, la territorialidad y el manejo de los recursos naturales y sociales de estos  asentamientos del municipio de Sopetrán se hará una descripción de cada uno de ellos,  con base en la información obtenida durante el trabajo de campo, complementada con datos procedentes de fuentes históricas, trabajos monográficos previamente realizados, y la caracterización regional contenida en los reportes de otros proyectos que se han ocupado del municipio.

 

4.2.2.1    San Nicolás de Quebrada Seca

 

-           Localización

 

Este es un corregimiento conformado por las veredas Las Juntas, La Puerta, Los Almendros, Guaymaral y San Nicolás[8].  Ubicado en la denominada zona baja del municipio, comprende el sector que bordea el río Cauca; este es un vasto territorio delimitado por algunos de los afluentes del río Cauca, partiendo desde la quebrada Potosí hasta la desembocadura del río Aurrá y por este aguas arriba, hasta la confluencia con la quebrada el Oro y por la divisoria de la microcuenca al lado oriental hasta la cañada la Cal, de este punto sube al cerro El Guásimo, y luego baja por el cerro, hasta el cruce de la quebrada la Sucia, y por ésta aguas abajo, hasta la confluencia con la quebrada la Clara, por ésta, aguas arriba, hasta llegar a la quebrada la Balsala, por ésta aguas arriba, hasta su nacimiento, y luego a tomar el camino que conduce del municipio de Ebéjico hacia San Nicolás, en la cuchilla Quirimará, hasta el nacimiento de la quebrada Potosí, y por ésta aguas abajo, hasta su desembocadura con el río Cauca[9].

 

Es una comunidad asentada a orillas del río Cauca, sobre la margen derecha, en cercanías de la desembocadura del Tonusco.  Ubicada al suroccidente de la cabecera municipal, a 450 msnm, sus pobladores son de ancestro africano y han mantenido fuertes relaciones sociales y económicas con otras poblaciones negras del municipio de Sopetrán; desde allí parte el ya mencionado camino real que según dice la gente va de la puerta de la iglesia de San Nicolás hasta la puerta de la iglesia de Sopetrán; hoy este camino ha sido cortado por la carretera que va a Urabá y en algunos sectores se ha perdido la servidumbre a causa de parcelaciones y fincas de recreo, de las cuales hay que decir que han fracturado de manera significativa los vínculos entre las comunidades negras y campesinas de Sopetrán y otros municipios del occidente medio.

 

La temperatura promedio es de 28° C, y la precipitación de 750 mm anuales; es un clima seco, que obliga a buscar alternativas de convivencia con la vegetación xerofítica característica de esta zona de vida; a pesar de esto existen algunos  sectores aptos para el cultivo, especialmente de maíz, a partir del manejo y conducción del agua en las zonas bajas.  Dadas las dificultades y limitaciones para el cultivo, la economía de los sanicolaseños está orientada hacia la ganadería —como vaqueros a jornal—, la pesca y la mayordomía, especialmente en la vecina localidad de Obregón[10], ubicada frente a San Nicolás en la margen opuesta del Cauca, donde la propiedad de la tierra está concentrada en personas externas que tienen allí sitios de veraneo.

 

Recientemente se ha establecido una cooperativa para la extracción de materiales de playa, la cual se ha convertido en importante fuente empleo y trabajo para muchos de los habitantes de esta localidad.

 

Se ha dicho que San Nicolás cuenta con una particular organización sociocultural, dado que presenta características que la definen como una comunidad cerrada, donde las tierras, bienes y cosechas son de carácter colectivo, puesto que el propio San Nicolás es el único “dueño” del territorio comunal, y ellos son solo sus temporales  usufructuarios; a raíz de esto se ha planteado que toda diferencia social se soluciona por la vía de la fiestas en honor a San Nicolás, en las cuales aquellos que cuentan con mayores recursos se ofrecen como encargados de  los festejos, siendo por este canal que se redistribuyen los recursos y se regulan las tensiones sociales[11].  Este planteamiento es reiterado en varios textos sobre esta localidad[12]; sin embargo, hoy, esta definición de propiedad colectiva, aunque vigente, ha sufrido algunos procesos de transformación, toda vez que la delimitación de “la tierra del santo” no es del todo clara.  Algunos plantean que la propiedad de San Nicolás solo comprende el sector del caserío; otros, consideran que sus límites son mas amplios; y otros mas exhiben escrituras de propiedad individual de sus lotes de terreno; para resolver el litigio, se han remitido a las “escrituras de propiedad del santo”[13]  que conservan los líderes de la comunidad, pero estas son bastante confusas y son de poca utilidad en términos prácticos.

 

 Dada esta ambigüedad sobre los títulos de propiedad de la tierra se han generado problemas para el recaudo de impuestos por parte de la administración municipal de Sopetrán; sin embargo, esta dificultad no solo se presenta con San Nicolás, pues, como se plantea en el E.O.T municipal:

 

El catastro municipal y el recaudo de ese impuesto, se realiza en forma no ajustada a la realidad, la gran mayoría de los habitantes de las comunidades rurales y aun urbanas, se quejan de cobros exagerados y la no existencia de un inventario de las propiedades real, durante muchos años se ha carecido de una actualización y la realización de los cambios de propietarios y su registro correspondiente.  En la actualidad el municipio cuenta con una nueva formación catastral urbana, la cual entrará en vigencia para el año 2001, sirviendo de base para la formación de un catastro moderno, y su recaudo sea un fortalecimiento para los proyectos planteados por el Esquema de Ordenamiento Territorial (1998: 16)    

 

La economía de los sanicolaseños es variada; algunos se dedican a la pesca artesanal, recorriendo el río hasta Anzá y Bolombolo; la explotación aurífera en la actualidad se restringe a una solo familia, mientras que los restantes se encuentran asociados en la cooperativa arenera, organización con personería jurídica y aval de las entidades ambientales a la cual esta adscrita gran parte de la población, especialmente los jóvenes.

 

-           Territorialidad e Historia

 

La tradición oral narra que el origen de la localidad se remonta al momento en que San Nicolás, quien bajaba en una barca por el río con otro santo, decidió quedarse en estas tierras y desembarcó en la margen derecha del Cauca, mientras que el otro santo lo hizo en la margen izquierda del río, dando origen a lo que hoy es Obregón.  Así, la fundación de la localidad es vista como íntimamente ligada a la construcción de la iglesia, la cual es efectivamente una capilla colonial que ha sido declarada patrimonio histórico nacional, y constituye un elemento fundamental de identificación de sus habitantes[14]Existen así mismo otras historias sobre la aparición del santo en un momento en el que ya se había fundado el poblado en estas tierras como se refiere a continuación:

 

En la cañada del Altico una señora se iba a lavar todos los días, un día, cuando estaba lavando, ella vio el reflejo de un costal, lo cogió porque pensó que le podía dar algún uso, estaba enrolladito, ella lo destapó lo lavó y cómo sería la sorpresa cuando encontró un lienzo con la imagen de San Nicolás (el mismo que hoy se conserva en la capilla); por eso San Nicolás es de aquí y no se puede mover nunca, a veces ni siquiera se deja tomar fotos…daña las cámaras…un día a San Nicolás, en épocas anteriores, se lo iban a llevar para Antioquia, lo montaron en una canoa y se les  hundió pero el santo quedó en un punto cerca al pueblito y desde eso no lo sacan[15].

 

Estas historias pueden tomarse como evidencia de los fuertes vínculos entre la fundación y la configuración histórica del asentamiento y la territorialidad actual de sus habitantes, y la iglesia, representada por el santo.

 

Al indagar en los documentos históricos por el origen de los templos se encontró que la construcción de el de Obregón se remonta a 1551, y que la actual iglesia de San Nicolás fue levantada en 1696, lo cual es prueba de la temprana fundación de dichos asentamientos.

 

Cabe aquí destacar como, en un caso, el de San Nicolás, una edificación de carácter religioso se constituye en referencia de origen y marca indeleble de identidad colectiva, al tiempo que es reconocida institucionalmente como monumento de valor patrimonial; mientras que  en el otro, en Obregón, se convierte simplemente en elemento decorativo y de prestigio, para el uso exclusivo de los propietarios de la parcelación vacacional.  Paralelamente, se ha producido un cambio en la interacción entre ambos asentamientos que ya no es una relación entre iguales, sino entre empleados y patrones.

 

En trabajos anteriores sobre San Nicolás ya se ha señalado que para comprender el origen y el proceso de poblamiento de esta localidad, se debe hacer referencia a la historia de la colonia temprana y especialmente al papel que jugó la esclavitud en la región de Occidente:

 

…el corregimiento de San Nicolás de Quebrada Seca, en la primera fase de la colonización vio llegar asombrados españoles….por la riqueza aurífera y el afán de su aprovechamiento, se constituye el primer enclave que después de asentarse en varios sitios, se localiza a orillas del Tonusco.    La Villa de Santa Fe recibió el título de ciudad en 1514, constituyéndose así en la más antigua ciudad del Occidente antioqueño…Quebrada Seca entonces, ahora San Nicolás de Quebrada Seca, también ubicado a la orilla del Tonusco y comprendido dentro del área de influencia de Santa Fe de Antioquia, era también un camino importante.  Los caminos destinados a comunicar centros de población entre sí o con los núcleos principales de trabajo, fueron también importantes, sobre todo después de 1650, cuando ganan importancia el comercio y la agricultura; se referencian algunos caminos fundamentales y entre ellos la vía de Boque a Urán, la que iba por Quirimará pasando por Quebrada Seca y el paso del Alférez[16]

 

La historia de este asentamiento parece remontarse al establecimiento de una capellanía por el capitán Antonio López Bravo en 1664, de lo cual queda constancia en su testamento, donde hace el requerimiento de que todos sus bienes sean reclamados y asignados a un albacea (Anexo 4):

 

[6 R]

…iten declaro las tierras de pan y caballeria que van desde la Quebrada Seca hasta Naranjal vertientes al Cauca como constará de los títulos que tengo a que me remito y en ellas un cacagual = un platanal = y un trapiche de caballo = Iten decalro que es mi voluntad que estas tierras de pan y caballería con las plantas que tienen referidas trapiche y demás aperos desde luego entren en poder de Diego Martín de la Cruz clérigo Castellanos de menores ordenes que a común estimación valen 600 pesos de oro de a 20 kilates =, con el cargo que sostenga de todo lo necesario en los días que viviese y después de mi fallecimiento me haga el entierro como dejo expuesto y quede obligado el dicho Martín de la Cruz a imponerme luego de que fallezca una capellanía de 300 pesos de 20 kilates que es la mitad de las dichas tierras y estancias porque la otra mitad es para mi sustentación y entierro y cumpla solo pagando con este a la real junta con presentar recibo de dicho entierro por razones de la fundación de la dicha capellanía y demás costos que se hiciera de mi sustento mando que no sele tome en cuenta si alguna cosa sobrase del valor que le quedo para ello en dicha estancia desde luego le hago entrega y donación y como llevo dicho desde luego entrego todas la tierras de pan y caballería

 

 

 

[6 V]

con las plantas dichas al dicho Martín de la Cruz y doy poder para que de su autoridad amaño la posesión quedando como a de quedar con las obligaciones referidas y nombro por capellán de la dicha capellanía al dicho Martín de la Cruz capellán para que a titulo de ellas pueda ordenarse de orden sacro santa de presbítero con el cargo de decirme quince misas llevando por ellas quince pesos de a veinte kilates pagando una de las precitadas trescientos pesos al cinco por ciento según prensativo de su majestad y de las dichas quince misas a decir y aplicar por mi alma la de mi esposa, de los reyes la de Domingo López mi hijo y la de mis padres y la de Ana López mi hermana y nombro por patrón de esta dicha capellanía al capitán Felipe Herrera para que nombre capellán interino en el inter y se ordene el dicho Martín de la Cruz y para que en adelante nombre patrón y si por algún impedimento no lo hiciere desde luego nombro a los hijos del dicho capitán Felipe de Herrera y a sus nietos y descendientes prefiriendo el mayor al menor para que nombre capellanes y pase en perpetuidad = Iten mando se le den de mis bienes a Antonio de Montoya 25 pesos de oro por haberla criado y Isabel india que me asiste y sirve otros 25 pesos del dicho oro = Iten quiero y es mi voluntad por no tener heredero legítimo instituir e nombrar como desde luego nombro por mi albacea universal de todos mis bienes derechos y acciones a dicho

 

[7 R]

Martín de la Cruz Castellanos para que los haga y goce como los suyos propios que para ello siendo necesario le hago gracia y donación por el mucho amor y le hago establezco y mando por mi albacea testamentario y fideicomisario al dicho Martín de la Cruz Castellanos y doy poder y facultad para que de su autoridad o de la justicia entre en mis bienes y tome los que bastasen y venda en almoneda y fuera de ello para el cumplimento de este dicho mi testamento doy fe de lo dicho y mando sea pasado el año fatal del albaceazgo y mucho mas tiempo por que así es mi voluntad y revoco y anulo y doy por ninguna y de ningún valor y efecto otros cualesquiera testamento codicilo poderes y memoria y otras ultimas disposiciones que antes de este dicho y otorgamiento todo quiero que no valga ni haga haya fe en juicio y fuera de salvo este testamento el cual quiero que valga en juicio en derecho en codicilo o por aquello que más mejor halla lugar en derecho el gozarlo otorgo como mi ultima y postrimera voluntad y por estar ciego al no poder firmar ruego a un testigo lo firmase por mi del otorgante que yo don José de villa y posada alcalde ordinario certifico y doy en la manera que lo otorgo y esta en su buen juicio, memoria entendimiento y voluntad según las cosas que le comunico a que me respondió cuerda y enteramente y no firmo por estar ciego firmándolo un testigo que lo fueron el sargento Rafael de Oquendo, Miguel de Oquendo, Pablo de Montoya, Tomas de Samayola, Felipe Balbin que lo firmaron…

Albacea que, 50 años después, deja estas tierras a sus hermanos.  Todavía hoy el apellido Cruz, junto con Tilano, es de los mas comunes en San Nicolás, lo que ratifica la continuidad de algunas familias en el asentamiento, al tiempo que evidencia una tradición de marcada endogamia. 

A pesar que el desarrollo de este asentamiento es en oportunidades reducido a la aparición de la imagen del santo y a la creación de la capellanía en la época ya citada, surgen otras posturas con relación a los momentos iniciales del asentamiento.  Algunas de ellas están atravesadas por discursos foráneos en donde el elemento negro e indio aparecen pero de manera aislada y reproduciendo un poco los textos escolares de historia.

 

No cabe duda de la antigüedad del asentamiento, pero no es posible asignar una temporalidad certera, más aún cuando se encuentra en el contexto de la historia de Santa Fe de Antioquia y que seguramente desde los primeros momentos de poblamiento de esta última debió haber sido incluida en alguna merced de tierra, para la producción agrícola y la extracción minera de la cual poco se ha encontrado en los archivos.

 

Durante esta investigación no se han recuperado datos que permitan determinar con detalle y precisión los mecanismos y dinámicas de la participación de San Nicolás en las redes de interacción regional; lo que sí es claro es que se ha producido un cambio en las formas productivas y la tenencia de la tierra, especialmente en relación con los propietarios de la hacienda Remolino.

 

Con relación a la historia reciente, se puede plantear que esta estuvo marcada por el tráfico de mercancías desde y hacia Sopetrán por el camino real y por el río Cauca como sitio donde se desarrollaban actividades económicas complementarias.

 

Algunos de los más antiguos pobladores atribuyen a actividades de arriería el establecimiento de un estrecho vinculo comercial con Sopetrán, San Jerónimo, Medellín, y con las localidades menores por donde el camino antiguo cruzaba, paralelamente con esta actividad, se fortalecían los lazos de parentesco y otros vínculos sociales.  Entre las mercaderías que salían desde San Nicolás estaban los artefactos de totumo, y otros productos agrícolas; así lo narra alguno de los habitantes actuales:

 

en San Nicolás la gente vivía de las calabazas de totumo…todos desde los más pequeñitos trabajaban eso…cogían el calabazo maduro y lo ponían a secar…luego le raspaban lo de por dentro y cuando estaba lista la totuma le llevaban a vender a Sopetrán…mi abuelita me cuenta que en esa época se iban a pie por el camino real…tenían que cruzar la Quebrada Seca casi sin ropa porque cuando eso el puente no existía… y no les gustaba llegar al pueblo sucios…llevaban también yuca, plátano y leña (de huesito, cedro, yomato y nogal),[17] a vender  al mercado de Sopetrán.

 

Estos productos eran transportados en buey o eran cargados por los mismos viajeros; aun hoy, es posible observar algunos arrieros con sus bueyes por el camino, especialmente en el tramo Gauimaral – Rodeo – Sopetrán.  Don Ricardo Cruz cuenta que el recorrido por este camino era el siguiente: San Nicolás, La Puerta, Guaimaral, río Aurra, Finca de Antonio Tamayo, Rodeo, La Placita, Sopetrán, era una distancia de tres leguas que podían ser recorridas en  dos horas y media[18].

Continuando con la historia reciente se destaca aquí el recuento hecho por Don Avelino Rueda[19], tal vez el poblador de mayor edad de San Nicolás (85 años),quien refiere una serie de acontecimientos que son poco conocidos para las nuevas generaciones y que se constituyen en  elementos significativos para conocer no solo los procesos laborales atinentes a esta localidad, sino sus relaciones  con otras comunidades circunvecinas.

 

Dice don Avelino, con pícara voz, concentrándose en sostener fuertemente el bastón que le ayuda a  contrarrestar las tinieblas de sus ojos, que su primer recuerdo de San Nicolás se concentra en las orillas del Cauca, cuando en este río se podían encontrar muchos lugares aptos para la pesca que se convertían en núcleos de concentración de pescadores que venían en balsas[20] desde Santa Fe de Antioquia.

 

Cuenta que eran grupos de no más de cuatro pescadores que subían por el río en búsca de los pozos más aptos para la obtención de especies ícticas[21], y recuerda que uno de los mejores lugares para este tipo de actividades era el conocido como la Manga —sitio en inmediaciones de San Nicolás, al que describe como un pequeño caserío lleno de ranchitos cercanos a la iglesia[22],  …aquí habían (sic) personas viejonas, cuando yo conocí estas orillas y fui conociendo los vivientes…llamaban Luis Tilano y Leopoldo Tilano de los viejos, Jesús Luna, Rafael Luna, esos viejos y Elifonso [no se sabe el apellido] Rafael Luna, Vangelista y una señora que se dedicaban a lavar oro…y dice además que San Nicolás era conocido por toda la gente de la región por el santo que era el patrón del sitio y que dicen tiene aquí siglos (Fotos 13 y 14).

 

 

 

 

 

 

Foto 13. La iglesia del Santo. Vereda San Nicolás, municipio de Sopetrán.

 

 

 

 

 

 

 

Foto 14. El Santo, vereda San Nicolás, municipio de Sopetrán.

 

Cuenta también que la gente de este sector del municipio de Sopetrán se dedicaba al lavado de oro en las orillas del río Cauca, especialmente en el sitio denominado Los Medios y en las playas del río Cauca; fue así como él mismo se fue quedando en San Nicolás.  Estas referencias no solo dan cuenta una actividad económica particular, sino que además ilustran la interacción que se establecía por el río Cauca, por donde circulaban bienes y se transfería tecnología, como lo refiere el mismo don Avelino:

 

En los Medios eran las playas para lavar oro, allá había una cuadrilla de Antioquia, los del Espinal y San Nicolás lavaban a allí. Esos eran como 50 personas, por ahí encontré una buena pinta y convidé a varias personas para que trabajaran conmigo. En esa pinta sacaban muy bien oro, en los primeros días fui con una señora, ahí lavamos como una libra en 4 días lavado con batea, porque esas otras cosas vinieron hace 40 años [se refiere al molino], lo trajo un señor del Valle, bajó por el río buscando pintas y encontró una pinta en Iquiná, el dueño de la playa no lo quería dejar lavar y entonces el señor se opuso y el dueño de la playa lo puso en Anzá, el otro habló con el alcalde y el juez y el alcalde le dijo a Lisandro Guerra que era el dueño de la playa que el oro estaba pagando la mina y tenía papeles que le daban permiso…Donde hubiera minas aclaradas no podía meterse, pero en las otras, no declaradas, sí.  Cuando eso el oro era muy barato, el real valía 20 cvs; uno siempre lavaba un castellano, otras veces 5 reales y con eso se mercaba en Antioquia[23].

 

A partir de estas historias es posible determinar algunos elementos de la territorialidad de los pobladores de este sitio, marcada fundamentalmente por el río, espacio de pesca y minería, y por las partes altas, como espacios para el desarrollo de actividades agrícolas y pecuarias. La agricultura, determinada por las condiciones de fertilidad de la tierra[24],  relacionada directamente con en el acceso a fuentes de agua para el regadío, se desarrollaba mediante reglas como la mano cambiada, trabajo al cuarto, arriendo, o al partir[25], vigentes hasta hace poco —20 ó 30 años—.  Las actividades pecuarias estaban definidas por encierros, sectores alambrados[26] que dividían las propiedades de carácter privado destinadas al pastoreo de ganado, de los lugares destinados a la agricultura y a la habitación.  Por otro lado, para esta misma época, se establece una importante relación con el señor Marceliano Velilla[27]a cuyas tierras acudían jornaleros de San Nicolás; posteriormente, se trasladaron a la hacienda Remolino en donde desarrollaban actividades agrícolas y ganaderas, mediante las formas de trabajo anteriormente expuestas.

 

Al igual que en otras localidades del Occidente[28] prevalece en la memoria de los pobladores de San Nicolás el recuerdo de las guerras civiles; cuentan algunos cómo sus abuelos fueron reclutados en los ejércitos de la guerra de los mil días, pero estos hechos son poco importantes si se comparan con los relativos a  la década del 50, cuando muchas localidades fueron fraccionadas y la propiedad de la tierra sufrió cambios drásticos, puesto que los cabecillas de cada grupo expropiaban por la vía de la violencia a sus dueños legítimos.  En San Nicolás se encuentran personas que debieron huir por los enfrentamientos entre liberales y conservadores, pero la mayoría de ellos refiere a las historias que sobre la época cuenta Don Avelino Rueda, no solo por la forma como las cuenta, sino también por el detalle con que lo hace.  A propósito de este asunto, se logró un importante testimonio que constituye a un extenso recuento de la política regional de la “época de la violencia”  en el Occidente Medio Antioqueño. Cuenta don Avelino que cuando se dedicaba a la pesca, encontraba en el río Cauca los muertos que venían de “Cauca arriba”; que a la gente le toco huir por el enfrentamiento entre liberales y conservadores,  que muchos no dormían en los asentamientos y se iban a dormir en las playas del río Cauca que en ese entonces eran los únicos sitios seguros durante la noche.

 

Hace un recuento de la filiación política de los municipios cercanos a San Nicolás, señalando que ni los liberales ni los conservadores conformaban una mayoría regional definida:   los dos grupos estaban presentes y repartidos en Anzá, Giraldo y Caicedo, mientras que en Santa Fe de Antioquia primaban los liberales, y los conservadores estaban localizados en Tonusco arriba, Las Azules y El Pescado,  pero se mantenían en Antioquia haciendo tiros y matando gente;  en Sopetrán era más conservadores que liberales: allá se volvió una chusma de conservadores y andaban todas las noches sacando gente, y en San Jerónimo no hubo violencia porque el cura y el alcalde no dejaron establecer la chusma. Serían en San Jerónimo liberales solamente.  Se desprende entonces de estos comentarios que los acontecimientos fueron más intensos en la jurisdicción de Santa Fe:

 

En Antioquia hubo un daño muy grande de la violencia, hubo liberales que se fueron a los montes de guida (sic) de los conservadores y cuando la cosa se compuso un poquito los conservadores tuvieron qué comer.

 

Quemaron una casa en la barranca que era de un policía pero fue porque el policía se fue con una comisión de Medellín por la Quebradada Seca y quemaron mas casas y mataron mas mujeres en embarazo. El marido de una de esas señoras se voló y ese cliente por la noche le metió candela a la casa del policía y al otro día que bajó la comisión y vio la casa quemada y ese policía no duró mi dios lo mató ligero porque se enfermó y no se paró.

 

Estas actividades, con frecuencia, cuenta don Avelino, estaban dirigidas a robar a los liberales sus pertenencias y productos…matando liberales para quitarles el café, frisol, maíz, mulas, casas y sacaban las cargas a las cargas a los pueblos.  A partir de estos acontecimientos, propone una interpretación del papel de la iglesia durante este momento álgido de la vida política de la región:

 

Para poder ganar, los conservadores dañaron al clero y los hicieron votar y a las mujeres también; ahí fue cuando ganaron los conservadores y los liberales se fueron para el monte…los curas salían armados con la chusma; por eso les cogieron idea y los liberales mataron a algunos padres.

 

Los padres de Antioquia lo que hacían era en la misa subirse a ese pilón a echar vainas de la violencia, en la misa de 4 los conservadores decían que matar liberales no era pecado, que los liberales estaban en el infierno y los conservadores estaban en la gloria de Dios, pero era al contrario. Los hijos de lo liberales no los bautizaban, y los padres decían que si eran hijos de manzanillo no los bautizaban. Crecieron sin bautizar, les pusieron los nombres como a los perros, los obispos no obligaron a que los bautizaran.

 

Cuando el padre Villa dijo que matar liberales no era pecado los liberales se salieron de la iglesia y solo volvieron después que pasó eso. El padre Villa era de la iglesia de Santa Barbara, en Santa Fe de Antioquia, esa iglesia duró sola un poco de días.

 

En su relato también se encuentran padres “buenos” quienes al parecer eran de filiación liberal, y por consiguiente bautizaban a los hijos de los liberales y eran quienes proporcionaban ayuda en momentos críticos; entre estos se cuentan monseñor Francisco Luis Toro y los padres Valenzuela y Sarrazola.  Tal relato sobre la participación de la iglesia durante la época de la violencia, es similar a lo que piensan hoy algunos de los habitantes del Occidente Medio[29], quienes, apesadumbrados, ven a la iglesia como una institución distante de sus preocupaciones con relación el conflicto en el Occidente Medio.

 

Aunque parece que San Nicolás no sufrió el conflicto con la misma intensidad, la mayoría prefiere evitar referirse a este periodo; sin embargo, se relatan episodios como el siguiente:

 

En San Nicolás la mayoría de la gente era liberal, el único conservador que se recuerda era Antonio Tamayo Gaviria, el dueño de la finca Remolino.

 

Alfredo Palacio Alarcón, le había dado posada a unos familiares suyos, de apellido Jaramillo que habían salido desplazados por la violencia de sus tierras, en la Tolda al lado de Guasabra. De allá los habían sacado tal vez por liberales, ellos tenían bestias, sembrados de café, maíz, revuelto, sidra, repollo, etc. 

 

Ya llevaban un año cuando un día en 1951, parece, a la una de la madrugada llegaron unos policías que silenciosamente venían desde Sopetrán y habían pasado por el camino de herradura e irrumpieron en la casa de esta gente.  Se llevaron a Alfredo Palacio y también a Mamerto Jaramillo, y al hijo Alberto Silva.  A Teodulio Palacio Alarcón, hermano de Alfredo, lo encontraron escondido por fuera de la casa, cerca del río y también se lo llevaron.  Con ellos cogieron para la cárcel de Sopetrán.  Allí estuvieron varios días y luego se los llevaron hasta la plaza de Ebéjico, esposados a todos y luego a Anzá y allá los mataron:  los  echaron al río amarrados con alambres para que murieran ahogados y luego fueron encontrados muertos.  

 

A la casa habían entrado preguntando por ellos cuatro y esculcando, buscando armas.  Los acusaron de tener armas y se llevaron de la casa un machete y una barbera[30]

 

Estos grupos armados contaban con dos reconocidos líderes en Santa Fe de Antioquia, quienes daban las ordenes para el accionar de estos ejércitos irregulares:

 

Rafael vivía por la calle de la amargura a dos cuadras de la plaza principal y el otro vivía a la media cuadra de la plaza de toros; los Sepúlveda murieron ahí y la casa se quedó sin dolientes y la recogió el gobierno, otra casa que quedó sola fue la del presidente Fernando Gómez Martínez (pagaba parte de las comisiones en la violencia).  Los cuarteles de Anatolio eran en la casa y los de don Rafael También. Ellos mismos no se tiraban le tiraban a los pendejos[31].

 

Estos grupos eran los que conducían los procesos económicos a nivel regional y redistribuían bienes y servicios a cambio de lealtad al momento de las elecciones; era pues una manera de interacción como la que aún hoy se vive en parte del territorio nacional.

 

El San Nicolás de hoy es un caserío tranquilo a orillas del Cauca, que sigue estando “gobernado por el santo”; la mayoría de sus pobladores han nacido allí, mientras que otros proceden de sitios como Iguiná, Córdoba, la Puerta, Guaimaral, Santa Fe de Antioquia; a pesar de ello, se mantiene la tendencia a la endogamia, que se traduce, como ya se dijo, en la prevalencia de los mismos apellidos que se reportan desde la época colonial, como Cruz y Tilano; persisten también fuertes lazos de filiación con las comunidades asentadas a lo largo del antiguo camino, motivados no solo por los diferentes grados de parentesco que los unen, sino a su vez por las posibilidades laborales que se gestan en inmediaciones de parcelaciones vacacionales como La Vid, El Gaitero y Obregón.

 

Es este último elemento el que ha motivado el más fuerte movimiento de población durante las últimas décadas; aunque muchos de los trabajadores vinculados al sector turístico solo tienen empleos temporales, el desplazamiento permanente o estacional interfiere con los cotidianos procesos de socialización realizados en el atrio de la iglesia de San Nicolás y con las expectativas que los sanicolaseños tienen y expresan para su futuro, por cuanto muchos jóvenes prefieren vincularse a los trabajos varios en las parcelaciones y fincas de recreo, dejando de lado, al decir de los viejos, los oficios que siempre se han hecho aquí.

 

-           Territorio y población

 

Según las fichas resumen del Sisben habitan la localidad de San Nicolás 192 personas, de las cuales el 12% se ubican en el rango 0-4 años; 9% corresponde a individuos entre los 5 y 9 años; 9% entre 10-14 años; 11% representa el rango 15-19 años; 13% representa el grupo entre 20-24 años; 8% entre 25-29; entre 30-34 años se encuentra el 7%; 5% representa el grupo de edad 35-39; 5% entre 40-44; 5% entre 45-49; 3% representa el grupo entre 50-54; el intervalo de edad 55-59 solo alcanza el 2% y solo un 11% del total de la población supera los 60 años (Gráfico 1).  Puede decirse entonces que es una población relativamente joven; aproximadamente el 78% de la población (entre 10 y 40 años) puede considerarse económicamente activa. Espacialmente, las viviendas se encuentran distribuídas básicamente entre el puente sobre la Quebrada Seca por el cual se accede a la localidad y el sector conocido como la Manguita.

 

La población presenta un equilibrio entre la cantidad de hombres (50%) y mujeres (50%), lo que posibilita la búsqueda de potenciales compañeros matrimoniales al interior de la localidad, fortaleciendo anteriores alianzas matrimoniales entre familias y parentelas del lugar.  Sin embargo, no se desconoce que algunos de los actuales habitantes de San Nicolás proceden de poblaciones vecinas como Santa Fe de Antioquia, Anzá, Guiamaral y Sopetrán.

 

El apellido mas común es el Tilano —aproximadamente 51 personas— conformando así la parentela más extendida, y son, según algunas interpretaciones, los herederos de las tierras de Naranjal (Anexo 5).

 

El patrón de asentamiento es concentrado; las propiedades más antiguas se encuentran localizadas en las vecindades de la iglesia; la estructura tradicional de las viviendas ha cambiado, conforme se han introducido materiales de construcción como zinc, adobe y cemento; recientemente, se ha generado un proceso de cambio arquitectónico estimulado por la explotación de materiales de playa; pero, a pesar de ello, son visibles aún muchas construcciones en bahareque y caña, clásicas formas de construcción en el occidente Medio antioqueño.

 

Visto desde la parte alta, San Nicolás se muestra como un agregado de pequeñas propiedades habitadas por unidades familiares conformadas por padres e hijos; cuando uno de estos últimos se casa, se parte la propiedad, por lo que no se observan grandes construcciones.  También la asignación de espacios de vivienda está estrechamente vinculada con las normas para de uso y posesión de la tierra derivadas de las relaciones con el Santo.

 

El tipo de vivienda más común en todas las localidades visitadas durante el trabajo de campo en esta zona, se caracteriza, entre otras cosas, por la separación entre la cocina y las habitaciones:

 

Referirse al espacio vivienda, es pensar en dos cuerpos construidos; uno  para la preparación y consumo de alimentos y otro para otras actividades familiares y privadas. La cocina está separada del conjunto destinado para dormir, ver televisión o charlar. La cocina, como espacio alimentario, es más pequeño que el otro cuerpo; generalmente es de bahareque y techo pajizo. Tiene el fogón de leña, por encima la troja para almacenar el maíz; en el piso, los asientos que pueden ser piedras, tablones gruesos de piñón o sacos; cercano a la puerta, está casi siempre el pilón de maíz. Al salir de la cocina hay un pequeño corredor en el que también puede estar el pilón y/o la maquina de moler; colgado el chinchorro, y aquí o en el patio, bongo para la comida de los marranos[32].

 

Se identifican y diferencian, pues, dos espacios: uno público y otro privado. El primero,  es un espacio exterior, abierto y amplio, en forma de un corredor o una pequeña “sala” o antesala de las habitaciones, próximo al espacio de la cocina, y rodeado de un pequeño patio o huerta; allí se llevan a cabo animadas conversaciones entre los miembros de la familia, sus parientes y vecinos, y de los visitantes con los dueños de la casa.  El segundo, es un espacio interior, cerrado y privado, reservado para los habitantes de la vivienda, al cual solo se permite el acceso ocasional a allegados y personas de entera confianza acompañadas por alguno de los miembros de la unidad doméstica.  De hecho, la vida cotidiana se desarrolla fundamentalmente en el espacio exterior, en el corredor, antesala y cocina, y en el patio que separa y une al mismo tiempo las dos construcciones que conforman el espacio de la vivienda.  El interior se emplea casi exclusivamente para reposar y dormir, y durante el día permanece prácticamente inhabitado.

 

Gráfico 1. Grupos de edad en San Nicolás de Quebrada Seca

 
   

 

La proximidad de este poblado a Santa Fe de Antioquia y el fortalecimiento de la red vial regional ha generado que las relaciones inter locales hayan experimentado un fuerte cambio; las relaciones con el municipio de Sopetrán se han debilitado y se limitan a lo estrictamente necesario, relacionado con el vínculo político administrativo; hoy en día, los sanicolaseños acuden con mayor regularidad a Santa Fe de Antioquia, tanto en función de las actividades comerciales como en busca de servicios básicos, como el de salud, ya que aunque aparecen inscritos al régimen subsidiado de salud de Sopetrán, prefieren la atención médica de Antioquia.

 

Contrario a lo que ocurría en otras épocas cuando el camino real era el eje vial de la zona, hoy este está interrumpido en algunos de sus tramos ya que algunos de los nuevos propietarios de fincas y parcelaciones de recreo han cerrado el paso por sus propiedades sin respetar el derecho de los pobladores locales a esta servidumbre; así, el “callejón” como también es llamado, ha sido privatizado en ciertos tramos, que solo son empleados por los propietarios y sus mayordomos al cuidado del prado, los cultivos o el ganado. En buena medida la vitalidad de esta ruta de interacciones locales, hoy se ha desvanecido; no obstante, todavía continúa siendo un elemento importante de identificación y articulación comunitaria.  

 

En Sopetrán se reconoce a San Nicolás como una comunidad de “negritudes”, pero en Santa Fe, consideran que tales “negritudes” de alguna manera incluyen a todo Sopetrán, desde el viejo “puente de occidente”.  Estas denominaciones y diferenciaciones se hacen con base en los rasgos fenotípicos, pero funciona como categoría de clasificación y exclusión social y cultural entre los habitantes de ambos municipios.

 

El momento y evento clave de la interacción social entre los habitantes de San Nicolás, y de estos con los de las comunidades vecinas, es  la fiesta del Santo, que, como ya se ha dicho, constituye el clímax de la vida social comunitaria y ocasión para el ejercicio de la reciprocidad y para la solución de las discordias y conflictos generados a lo largo del ciclo anual.  Para esta festividad, regularmente es seleccionado un cabecilla, que en la mayoría de los casos es la persona de mayor liderazgo local, quien centraliza los recursos obtenidos por donaciones y contribuciones, para la sagrada celebración.  A propósito, se cuenta como antiguamente

 

la gente daba plata, gallinas, huevos, para venderlos y hacer las fiestas…antes la fiesta duraba dos días. El padre llegaba y hacía el rosario, también lo que llaman la salve. Al otro día se hacía la misa y la procesión, en la madrugada de ese día se hacía la salve[33].

 

La fiesta reúne fieles que desde diferentes puntos de la región llegan para agradecer los favores del santo Santo; esta romeríaha sido más concurrida desde 1953 cuando se construyó el puente sobre la Quebrada Seca, que permitió la circulación fluída desde San Nicolás, pasando por Guymaral – Río Aura – Finca de Antonio Tamayo – Rodeo – hasta Sopetrán.

 

Otras rutas de comunicación utilizadas para el encuentro con el Santo o simplemente para el tránsito corriente son la ruta San Nicolás – el Paso – Santa Fe, y San Nicolás – Naranjal – Finca Juan Martín.  El camino a Antioquia incluye un carreteable reciente por el cual se accede en la actualidad a la vía troncal de occidente en proximidades del puente sobre el Cauca.

 

Los habitantes de San Nicolás, como una forma de reconocimiento del territorio, nombran lugares relacionados con localidades, sitios asociados con encantos y espantos, sitios de pesca y sitios de cultivo que son importantes en la dinámica de construcción y usufructo del territorio.  Estos lugares se consignan en la tabla 12 que se presenta a continuación.

 

Tabla 12. Nombres de lugar y tipo de espacio que denotan en San Nicolás

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

Cauca

Avelino Rueda

Pesca, Transporte, Minería, Recreación. Asociado con Barbacoas, Sirenas, Bultos, Brujas

Camino San Nicolás –  Antioquia

Avelino Rueda

Camino. Asociado con Brujas (que encerraban al viajante en corrales de penca).

Potosí

Avelino Rueda

Pesca y Minería Sitio de baile de las Brujas

Morromocho

Debora Gil

Sitio para la recolección de leña. Asociado con el fantasma de un cura.

Quirimará

Debora Gil

Ibíd

Cañada del Altico

Debora Gil, Juan Fernando Tilano, Rosa Emilia Tilano

Sitio de pastoreo. Asociado a la “aparición” de la imagen de San Nicolás

Naranjal

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Tierras de Cultivo y pastoreo

La Puría

Alonso Rodriguez

Quebrada, sitio de pesca

Pitanja

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, hacienda, sitio de pesca

Noveron

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, sitio de pesca

Iguiná

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, localidad, sitio de pesca

La Noque

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, sitio de pesca

El Playón

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, sitio de pesca

Cañaveral

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Sitio de pesca y cultivo

La USA

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, sitio de pesca

Juanes

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Quebrada, sitio de pesca

Obregón

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Vereda

Tonusco

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano,

Río

Tabla 12. Continuación

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

Santa Fe de Antioquia

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

Sopetrán

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

Ebejico

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

Guaynaral

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

La Puerta

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

Sevilla

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Localidad

Peñitas

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Lugar de tránsito

Corral Falso

Jesús María Martínez, Juan Fernado Tilano, Eleazar Tilano, Alonso Rodríguez

Lugar de tránsito y localidad

Juan Martín

Eleazar Tilano

Localidad

 

 

-                     Uso del Territorio

 

Las actividades económicas primordiales en San Nicolás son la extracción de materiales de playa a orillas del río Cauca y la Quebrada Seca, la agricultura y la pesca, aunque, con menor intensidad, se dedican también a la recolección, a la cacería y a la minería.

 

La agricultura era la actividad principal en el pasado, pero en los últimos años ha disminuido su intensidad por el cambio en la tenencia de la tierra, pues los nuevos dueños ya no arriendan los terrenos como acostumbraban los anteriores propietarios.  Con relación a estas épocas cuando la agricultura se constituía en la actividad económica principal, Alonso Rodríguez afirma:

 

Anteriormente el dueño de la hacienda Remolino arrendaba la tierra para el cultivo la forma de pago dependía de si era tierra seca o tierra de agua…si era tierra seca se pagaba el cuarto…si era tierra de agua se paga el tercio…era más caro donde había agua…Se trabajaba también la mano cambiada…pero esa no gustaba mucho porque uno se comprometía con los vecinos para la contramano…

Actualmente esta actividad se desarrolla principalmente en las tierras de Naranjal, el Altico y en las partes altas de la quebrada la Seca.  Cultivan principalmente, maíz, yuca y tomate; únicamente el tomate es destinado a la comercialización.  El maíz solo se siembra en “tierras secas” y es posible sacar dos cosechas al año; la cosecha se siembra en abril recogiéndose en agosto – septiembre; mientras que la traviesa se siembra en octubre y se recoge en febrero – marzo.  Cuando los niveles de pluviosidad son aceptables, se puede obtener una buena rentabilidad, pues de cada “pucha” de semilla puede recogerse hasta una carga de maíz desgranado.  El procedimiento para llevar a acabo este cultivo es similar al utilizado por otros habitantes del Occidente; es decir, primero se prepara el terreno, actividad que consiste en descañar o limpiar de malezas el lote; luego, se siembra con un palo hoyador con el cual se hacen pequeños orificios de unos 10 cm de profundidad donde son depositadas las semillas; después se hace el plateo, que implica la limpieza de las malezas, actividad que acostumbran realizar en dos ocasiones antes de recoger la cosecha; por último, se cosecha, actividad que se realiza cuatro meses después de la siembra.

 

En los bordes de los cultivos de maíz, acostumbran sembrar un poco de yuca que también es recogida a los cuatro meses de haber sido sembrada, aunque puede quedarse enterrada por mas tiempo, hasta ser requerida para el autoconsumo. Únicamente tres habitantes de la comunidad tienen pequeñas plantaciones de tomate chonto, que no sobrepasan las 500 matas y su producción es llevada a Santa Fe de Antioquia donde es comercializada.

 

En el río y la Quebrada Seca se llevan a acabo varias actividades económicas como son la explotación de los materiales de playa, la pesca y la minería.

 

La explotación de los materiales de playa es una actividad que se viene desarrollando hace unos diez años, pero se formalizó en agosto de 1997, cuando se crea la cooperativa multiactiva de trabajo de San Nicolás —COOPETRASANI—, que aglutinó a todos los hombres de la localidad que se dedicaban a esta actividad de manera informal.  Esta cooperativa fue impulsada por personal de instituciones como CORANTIOQUIA, quienes viendo la vocación de estos pobladores y el desempleo generalizado, capacitó a algunos miembros de la localidad para que emprendieran un proyecto comunitario, que de alguna forma mejorara los ingresos de los habitantes de esta localidad.  En la actualidad hay 33 asociados, pero por lo general, no hay trabajo para todos, pues la demanda de este tipo de materiales solo permite mantener entre 15 y 20 trabajadores diariamente, circunstancia que provoca la el establecimiento de turnos semanales.  Los productos que ofrecen al mercado son arena de pega, arena de revoque, gravilla tres cuartos, gravilla pulgada y media y piedra.  Cuentan con personería jurídica y con el permiso de explotación de CORANTIOQUIA, que además los ha capacitado para minimizar el impacto ambiental que producen tanto en el río Cauca, como en la Quebrada Seca.  Este permiso tiene una vigencia de 20 años.

 

Los asociados tienen algunas garantías como seguridad social, salud, subvención para la educación de los hijos y bonos de solidaridad; las utilidades se reparten por iguales partes, destinando el 10% para gastos de funcionamiento de la cooperativa y para hacer aportes a la comunidad, entre los que se destacan la construcción del alcantarillado y el arreglo de la iglesia.  Su organización esta compuesta por un  presidente, un vicepresidente, dos fiscales, un gerente, un contador, un tesorero y una secretaría.  La forma de trabajo consiste en dividirse en dos equipos cada uno con siete u ochos trabajadores; mientras un grupo se dedica a extraer y cargar los materiales de la Quebrada Seca, los otros están encargados de lavar y separar los materiales por calidades; para que el trabajo y los esfuerzos físicos sean equilibrados, estas actividades se rotan de equipo cada dos días.  La comercialización esta a cargo del gerente, quien se encarga de promocionar los productos con las empresas contratistas que están construyendo el túnel de occidente y la vía sustitutiva, así como con las diferentes administraciones municipales cercanas, entre las que se destacan San Jerónimo, Sopetrán, Santa Fe de Antioquia y Olaya. 

 

En el río, como importante eje de desarrollo económico de esta localidad permite el desarrollo de otras actividades como la pesca, la cual es practicada por un gran número de hombres de esta vereda; su producción es destinada tanto al autoconsumo, como a la comercialización que se hace en Sana Fe de Antioquia. Para la captura de los peces se utilizan varias técnicas entre las que se destacan la atarraya, la calandria y la cuerda, que poco difieren de las descritas para las localidades estudiadas en el municipio de Olaya.  Aunque es una actividad que se desarrolla durante todo el año, es más frecuente que sus habitantes la practiquen en la época de la “subienda”, que por esta zona se presenta por el tiempo de semana santa.  Las especies comúnmente capturadas son bagre, bocachico, dorada, anguilla, corroncho, jetudo, picuda y mazorco.  Los lugares donde se suele realizar la pesca se relacionan en el mapa que se presenta a continuación.

 

Aunque la minería fue una actividad importante hasta hace unos 15 años ahora no representa un renglón importante dentro de la economía local.  Sus habitantes dicen que ahora no se practica con tanta intensidad, pues el río Cauca ha modificado significativamente su cauce y ya no forma playas a este lado del río, imposibilitando el lavado el oro; según cuenta don Eleazar Tilano, el barequeo era un trabajo propio de las mujeres ya que los hombres se dedicaban a la agricultura; ahora solo se practica en la playa de Naranjal, utilizando la técnica del molino o la matraca, descrita para otras localidades del Occidente como Untí.  Afirma además que cuando la “pinta” esta buena es posible sacar hasta dos reales de oro, cuando se lavan doce docenas de costales de tierra.

 

La cacería y la recolección son actividades poco frecuentes entre los habitantes de San Nicolás. Ahora la recolección se restringe únicamente a la obtención de maderas que son utilizadas como leña; las especies que comúnmente suelen cortar para este uso son:

 

  • Cimarrón
  • Cascarillo
  • Cedro
  • Guayacán
  • Guásimo
  • Huesito salta salta
  • Huesito sembrado

 

La cacería se practica básicamente en las orillas del río Cauca y la Quebrada Seca; allí con la ayuda de perros y escopetas, es posible capturar iguanas, conejos, tatabras, gurre, arditas y guacharas.

-           La imaginación del territorio

 

En San Nicolás se escuchan diversas narraciones que dan cuenta de un amplio espectro de seres mágicos y sobrenaturales; este es un inventario que en algunas ocasiones encuentra relación con sitios de economía extractiva—como el río—, tránsito —como el camino—, sitios donde desarrollan actividades productivas —como lomas y cañadas— y en otras oportunidades dan cuenta de actividades de guaquería.

 

Se trata de encantos, mohanes, duendes o sirenas son parte del imaginario comunitario, en donde se encuentran sitios asociados con este tipo de entidades, alrededor de las cuales se cuentan historias y leyendas que son socialmente compartidas, estableciéndose un fuerte vínculo simbólico con los sitios y seres o entidades sobrenaturales que sirven como elemento cohesionador de la comunidad. 

 

Algunas de estas historias, las bruja para citar un ejemplo, comparten rasgos que podrían llamarse regionales, pues su estructura narrativa contiene elementos comunes con discursos obtenidos durante la fase de campo en otras localidades.  También se presentan algunas referencias a seres del agua que controlan el acceso a los recursos del río y sus orillas. Al preguntar sobre historias de brujas y seres del agua se refiere:

 

Yo oía hablar a los viejos sobre esas cosas en el agua, una vez disque vieron una sirena, otras veces veían barbacoas o bultos…los viejos mentaban una barbacoa que iba río a bajo, otras veces sentían bultos picando leña en las playas pero en ese entonces había muchas brujas, esas brujas cogían a la gente que andaba de noche y los encerraban en un penquero y al otro día amanecían en el camino[34].

 

Esas brujas se hacían un marrano, se metían por entre las patas de la gente y los jodían, por ahí al tiempo fue que oyeron decir que dándole un machetazo así las iban retirando y les decían andá mañana por la sal. Ellas venían de casas por los montes, en un punto que se llama Potosí ahí se mantenían bailando, toda la noche era una parranda, eso era los sábados de cada ocho días se veía ahí la parranda.

 

Esas personas ya no molestan, unos se murieron pero ya no joden como antes. Por los caminos, los sábados mantenían asustando la gente del Tunal venía a mercar a Antioquia y salían con el mercado y los cogía la noche y a veces amanecían en camino real porque el caballo se les plantaba y se veían un pencal, la silla del caballo se la quitaban y se las ponían en la cola.

Se mantenían por ahí rumbiando y tenían por allá lejos una salón grande donde tenían que ir donde el diablo a poner una parranda. Ahí en Goya, donde yo vivía, había una señora que era bruja y se le iba al marido todas las noches y volvía al amanecer y se salía por el caballete de la casa[35].

 

Se notan entonces tres elementos importantes en esta narración. 1. Potosí es una quebrada que hace parte de los límites de San Nicolás; además, es un sitio de pesca, lo que esta dando cuenta que en esta historia se reconocen lugares del territorio como sitios de permanencia—en el pasado—de brujas.  Así mismo, se evidencia que en la construcción del territorio, Santa Fe de Antioquia es punto importante de interacción dada su cercanía con este asentamiento y por la variedad de productos que podían ser encontrados durante las actividades de mercado, lo que estaría mostrando que este es un sitio cardinal y que da alguna manera reemplaza a Sopetrán en la prestación de servicios y adquisición de bienes; 2. la idea de que ”Salían de casas en los montes” esta marcando una diferencia entre el monte y la localidad; no en vano son los pencales la representación del límite entre monte y la localidad; quien salga de allí habrá vencido a la bruja y será de ahí en adelante un individuo reconocido por el resto de la comunidad como verraco; este juicio de valor refuerza entonces las narraciones sobre brujas y el desborde de los hechos será el toque personal de quien lo cuenta.  Sin embargo, estas no son formas de control social, sino situaciones accidentales; 3. Los sitios de reunión de las brujas son referidos como la “casa del diablo”; en Occidente con frecuencia se hace relación a salones grandes donde las brujas bailan y hacen sus aquelarres; en este caso es el sitio de Potosí; en Sabanalarga es el sitio conocido como Carquetá; en Buriticá, como el pozo de Garrido y Carquetá[36].  Sitios a donde tenían que ir los aprendices de brujería y vencer sus más profundos miedos al negar la existencia de Dios y de Santa Maria.

 

Este último elemento es desarrollado de manera más amplía en la siguiente historia relatada por Avelino Rueda:

 

Un señor se quería formar como aprendiz de brujería, la maestra era la mujer, ella le dijo: repita lo que yo diga, no coja oro del que este en esa cueva. Ella dijo: sin Dios y Santa María y brincó hasta la viga, sin Dios y Santa María y saltó hasta el techo; llegaron al salón, ya estaba lleno de gente, él era forastero y los otros lo estaban vigilando, cuando terminó la parranda él iba a coger un pedazo de oro y ella no lo dejó…repitió con Dios y Santa María y se perdió en el monte y andó por ahí como tres días comiendo hojas y la mujer en la casa y no lo iba a buscar; a los tres días cogió él otro monte y ahí sintió una tucusa y se fue yendo al conteo de ella y la vio y la empezó a seguir y la sacó a una manga ahí se perdió la tucusa, él vio a lo lejos una casa, dijo él: voy a pedir comida en esa casa, estaba la mujer de él moliendo pero no la reconoció y le pidió comida y le contó que estaba perdido, que lo sacó la tucusa; ella le arregló desayunito y se pusieron a conversar y en la conversa dijo él que andaba tres días por los tres montes perdido. Se dieron cuenta de quienes eran e hicieron las paces y él le dijo que iba a tener que dejar esas idas por allá y no volvió más. Eso como que fue muy cierto porque esa señora vivía por la Carvajala que llaman, yo la conocí cuando estaba chiquito…esa señora no tenía pestañas.

 

En otras historias también se evidencia la relación entre lugar y entidad imaginada, en la cuale se amalgaman elementos relacionados con la iglesia católica y la guaquería; estas, casi siempre hacen alusión a acontecimientos poco afortunados, como los que se narran en esta historia:

 

En un punto que se llama Morromocho, en Quirimará salía u cura diciendo oraciones en voz baja.  Una vez la abuela de XXX que estaba embarazada en ese momento, venía con el esposo XXX; venían de regreso con leña (al parecer) y el padre este salió y ellos pasaron por su lado mientras él murmuraba oraciones, ellos estaban muy asustados y siguieron caminando, pero el niño que tuvo XXX le salió bobo por eso y murió estando pequeñito.  Parece que el padrecito ese era un santo que tenía algún entierro[37].

 

Yen esta otra:

 

XXX, el abuelo de XXX, tenía el cuello y por ende la cabeza torcidos hacia uno de los lados; además, era tartamudo.  Se dice que trabajó sacando guarapo de manera clandestina; tiempo después el compañero murió pero él no sabía que ese señor guardaba el guarapo en botellas debajo de la tierra al pie de las tapias del cementerio.  Un día después del trabajo, al tiempo de haberse muerto su compañero, al llegar cerca de las tapias del cementerio, vio al compañero muerto que apareció cerca de donde tenían guardado el guarapo.  El señor se quedó frío y desde ese momento tartamudo y torcido[38].

 

Así pues, se construye un complejo espacio habitado por seres que las nuevas generaciones no han visto, ni sentido; ante todo porque existen nuevos modelos para construir y semantizar el espacio, además de otros mecanismos de control social, más fuertes y efectivos que las historias de miedo o las experiencias con duendes o brujas.

 

Siguiendo en esta línea, es muy importante relacionar que la aparición de San Nicolás en el sitio conocido como la cañada del Altico, proporciona otros elementos para la configuración social y espacial de la localidad; su importancia radica en que ese sitio donde se “apareció” el santo también es un referente importante de identidad local, más significativo aun, pues este sitio aparece referenciado como límite de San Nicolás desde su institución como capellanía.

 

 

4.2.2.2 El Rodeo

 

 

-           Localización

 

La vereda el Rodeo está ubicada en la margen occidental de la cordillera Central, al occidente de la cabecera municpal.  Limita al norte con las veredas Córdoba y la Miranda; al sur con las veredas Llano de Montaña y La Puerta; al occidente con el río Cauca, las veredas Guaymaral y Los Almendros y al oriente con la cabecera municipal y las veredas Llano de Montaña y Otrabanda.  El Rodeo es una de las treinta y una veredas que conforman el municipio de Sopetrán.  La mayoría de las viviendas y las fincas de recreo ubicadas en ella poseen energía eléctrica y acueducto, aunque carece de alcantarillado.  Dista de la cabecera municipal unos seis kilómetros y medio, por la carretera que comunica estas dos localidades.  El Rodeo está localizado en un área de bosque seco tropical (bs – T),  Esta zona tiene como características ambientales una temperatura promedio de 24º C, con altitudes inferiores a los 1000 msnm y precipitaciones que oscilan entre los 1000 a 2000 mm / año.  Esta vereda está atravesada al norte por la quebrada La Sopetrana, la misma que marca el límite, hasta cierto punto, e igualmente por los ríos mencionados: El Cauca, al occidente y el río Aura, al sur, el cual vierte sus aguas en el anterior (E.O.T Sopetrán 1998: 66). 

 

-           Territorialidad e historia

 

Algunos acontecimientos han afectado y transformado la vida social de los habitantes de esta localidad; estos sin duda tienen relación con el entorno y sus recursos, y el aprovechamiento de los mismos, así como con la forma y el tipo de interacción que mantienen los pobladores dentro de la comunidad y hacia afuera con otros núcleos y sectores de población. En una escala espacial y social más amplia, se ven afectados también por los complejos procesos sociales, políticos, económicos y de orden público que se han producido en la región y el país. 

 

El origen del asentamiento de El Rodeo se pierde en la memoria de los habitantes; no fue posible rastrear en la tradición oral la memoria de los hechos y las fechas que llevaron a su constitución.  Tampoco en los documentos escritos ha sido posible encontrar referencias explícitas que den cuenta de su proceso de formación. 

 

El propio resguardo de indios de Sopetrán, incluía, según los primeros límites establecidos para el mismo por la corona española, el actual sector de la vereda El Rodeo

 

Los datos que se tienen sobre el resguardo y del pueblo de Sopetrán permiten dar una idea general de este sector durante la colonia.  Inicialmente la población esclava traída a esta zona se empleaba en la explotación de minas de aluvión y de veta, muchas de las cuales fueron denunciadas en lugares dentro la jurisdicción del resguardo: río Cauca, quebrada Sopetrana, Noarque, quebrada La Seca, quebrada Ayuná y Tafetanes. 

 

Luego de la crisis minera, entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, el número de esclavos por cuadrilla disminuyó notablemente y los oficios que empezaron a desempeñar estos consistían principalmente en la agricultura y la ganadería.  La disminución de los indígenas y la presencia de población negra y la manumisión paulatina de los esclavos fueron factores decisivos en la configuración étnica, social y cultural de la zona; a este cuadro se suma además la presencia creciente de blancos propietarios de tierras. 

 

Durante el siglo XVII los libres que poseían tierras las explotaban a través de sus esclavos y de sus dependientes, mientras que los habitantes mulatos, mestizos y zambos trabajaban en sus pequeñas parcelas.  Como estos tenían acceso muy limitado a recursos financieros y tecnológicos para invertir en sus tierras, se empleaban como jornaleros en propiedades ajenas o en oficios manuales alternos (Pimienta 1985: 131- 144.)

 

Las relaciones entre los diferentes grupos establecidos en los terrenos del resguardo continuaron siendo conflictivas, debido a la invasión de las tierras de los indígenas y a la explotación por parte de los advenedizos de recursos como el de los salados, lo que provocaba constantes quejas de parte de los indígenas ante las autoridades.  A pesar de ello, y de las medidas que propendían por la protección del los naturales, poco a poco,  cada vez más libres fueron apropiándose del territorio; también en algunos casos estas fueron cedidas sin contraprestación alguna por los mismos indios.

 

La interacción entre los habitantes del resguardo y los de sus alrededores era frecuente, entre otras razones, porque la demanda de leña para el procesamiento de la sal en los salados de Córdoba era constante y se hizo cada vez mayor debido a la escasez y el agotamiento de este recurso en las inmediaciones de la explotación, por lo que los libres que trabajaban en ella, debían recorrer grandes distancias en busca de este recurso, estableciendo en el proceso redes de relaciones con los nativos y otras personas establecidas en el área.  Esta actividad, que ya estaba plenamente establecida desde antes del arribo de los españoles, continuó desarrollándose durante el periodo colonial, y se mantuvo durante la era republicana, probablemente hasta bien avanzado el siglo XX.  Aun hoy, la gente de mas edad de El Rodeo y de San Nicolás, recuerda los días en que hombres y mujeres, especialmente morenos, iban a sus tierras en busca de leña para el laboreo de la sal.

 

En realidad, aunque el pueblo de Nuestra Señora de Sopetrán fue fundado como pueblo de indios, para la primera década del siglo XIX, las tres cuartas partes de los vecinos eran libres (Patiño 1985: 141).  El mestizaje se dio con una gran intensidad en este pueblo, a pesar de los conflictos generados entre los grupos étnicos por el acceso y control del territorio; sin embargo, la conformación actual de los ya mencionados asentamientos de población de origen negro, situados en los márgenes internos o en la periferias del antiguo resguardo, permite suponer la constitución de asentamientos integrados por negros libres, zambos y mulatos relativamente alejados del proceso de mestizaje intenso que se dio en Sopetrán, como en otros poblados de la región. 

 

Muy probablemente, el paraje de El Rodeo fue creciendo en población y número de viviendas a medida que el uso del camino que comunicaba a Sopetrán con San Nicolás, pasando por varios otros asentamientos, se fue convirtiendo en actividad rutinaria para los habitantes del pueblo y del resguardo, de modo que establecerse sobre esta ruta se convirtió en una ventaja, por la facilidad de movilización, contactos e intercambios que posibilitaba esta localización.

 

Durante el siglo XIX la tierra de la actual vereda de El Rodeo estaba en manos de unos pocos propietarios de grandes extensiones, personajes no originarios de este paraje que poseían terrenos en este y otros lugares cercanos.  La mayoría de los pobladores solo poseía pequeños lotes, insuficientes para el sustento familiar, por lo que dependían para la subsistencia de su labor como arrendatarios o jornaleros en actividades agrícolas en las grandes fincas vecinas.

 

La relación entre propietarios y trabajadores se caracterizó por una dependencia profunda de los últimos con respecto a los primeros, la cual no solamente se manifestaba en relación con el control que estos ejercían sobre el acceso a la tierra y otros recursos vitales como el agua, las posibilidades laborales y salariales de los trabajadores, sino también mediante el establecimiento de un sistema complejo de prestación de servicios y favores mutuos que llevaron a los hacendados a convertirse en “protectores” de la comunidad, o al menos a ser considerados como tales por los mismos pobladores de la vereda, quienes llegaron a ver en ellos sus voceros, intermediarios o defensores frente a los poderes políticos, la iglesia y el Estado y ante las amenazas y riesgos derivados de los conflictos y acciones violentas que periódicamente ocurrían en la zona.  Con frecuencia, los propietarios concedieron más de lo que la costumbre del arrendamiento de tierras  exigía, contribuyendo con dinero para la construcción de obras para la comunidad. Algunos se  incorporaron en la memoria de la gente del lugar como “ricos buenos”.  Otros terratenientes generaron  una imagen contraria, fundada en la avaricia y la falta de bondad, en la desobediencia del mandato eclesial y religioso de la caridad. 

 

Así, según las narraciones de los habitantes de la localidad, por lo general había unas personas con grandes tierras que daban empleo a los pobladores a través de la modalidad de arriendo, en la cual el pago consistía en una tercera o cuarta parte de la cosecha que se recogía, lo que dependía de la fertilidad y productividad del terreno; es decir, en tierras con poca humedad al dueño le correspondía la cuarta parte, mientras que en tierras más fértiles con mayor posibilidad de anegarse, se le daba la tercera.  Otra forma de trabajo era ser peón de alguien que tuviera tierras para sembrar, así, los hombres, y en ocasiones las mujeres, trabajaban durante la semana y se les pagaba por los días laborados, brindándoseles la oportunidad de construir sus viviendas allí y de tener cultivos en esa misma tierra prestada. 

 

Las relaciones sociales alrededor de la tierra características de esta  comunidad, evocan, como en tantos otros lugares del país, la relación que existía entre encomenderos e indios, o, incluso, entre amos y esclavos. La protección, los favores mutuos, el padrinazgo, y la ayuda económica para los pobladores, mediatizados por la tierra como fuente de trabajo, de recursos y de legitimación de la ocupación, y, en última instancia como soporte de un sistema de explotación económica  y control social y político, se han convertido en constantes para esta y otras comunidades del occidente antioqueño en cercanías del Cauca. 

 

Algunos personajes que tuvieron considerables extensiones de tierra durante el siglo XIX y XX son recordados por los habitantes actuales de El Rodeo, especialmente por los ancianos.  De este modo, se menciona a Pedro Luis Rico, propietario de la parte que ahora es Sabanazo; Pedro Vieira, propietario de un lugar llamado “La Mortoria”, lo que ahora corresponde al terreno donde está construida la Piscícola El Gaitero, así como la finca colindante llamada La Fonda; Juan Bautista Sevillano, dueño de la extensión llamada Ísima, parte del resguardo antiguo, ubicada entre Córdoba y el Rodeo; además, Juan Sevillano poseía las tierras de los comunes, al suroriente de El Rodeo; Alfonso Tamayo y su familia eran dueños de los predios de La Mana y Los Bajíos; a las familias Tamayo y Gaviria pertenecía la extensión que iba desde la Placita, donde ahora es el colegio, hasta Tres Portones, y de allí hacia adentro, al sur, a cubrir lo que se llamaba La Esmeralda, El Pelado y Remolino e igualmente hacia el noroccidente, cubriendo los sectores de Contador y Contadorcito.

 

La agricultura entonces continuó siendo la actividad que proporcionaba el sustento familiar y para ello han sido, y siguen siendo, vitales las acequias que se han desarrollado y empleado por años, marcando el territorio con canales de conducción de aguas que atraviesan los campos y los caminos y que sirven para  regar las áreas de cultivo.

 

El maíz fue durante muchos años, aquí como en otros lugares de Antioquia, el cultivo por excelencia, debido a la importancia que tenía en la alimentación.  A este se le sacaban dos cosechas por año, la llamada cosecha propiamente dicha y la traviesa.  En los hogares se consumía diariamente, pero también era un producto para comercializar; era   tan esencial para el consumo, que se dice que en el año había una temporada de hambre, que coincidía con el período en que no había maíz, el cual empezaba en marzo y duraba de dos a tres meses.  “Desde que hubiera maíz, fríjol, huevo y mazamorra, ya había comida”, dice una anciana del Rodeo.

 

La gente de veredas aledañas, pasaba llevando las cargas de maíz en bueyes, novillos y caballos por el camino de El Rodeo para ir a venderlo a Sopetrán.  En cada casa, dicen los pobladores, había troja en la cocina para conservar el maíz libre de polilla, y en los patios se extendían las mazorcas apiladas que luego se llevarían al mercado o que servirían de alimento a la casa.

 

Además del cultivo del maíz, se tienen referencias antiguas de cultivos de tabaco en el sitio de El Rodeo y lugares cercanos y de las revueltas que produjo la orden de su  erradicación en el marco de lo que ha sido llamado la “rebelión de los humildes”; en el año de 1.779 se dicta la orden de suspender los cultivos de tabaco en la toda la provincia de Antioquia, pero pese a ello dos años más tarde los cultivos continuaban en Sopetrán y Sacaojal, por lo cual las autoridades dieron comienzo a una persecución de los cultivadores desobedientes de la ley y a la eliminación de los sembrados; en reacción a ello se levantaron los vecinos de varios parajes: Noarque, El Rodeo, el Tablazo, La Miranda, Sacaojal, río Cauca arriba, Quebrada Seca y el pueblo de Sopetrán, enardecidos por la destrucción de los cultivos de Juan de Lastra, un liberto de El Rodeo, luego de lo cual el tabaco desapareció de la zona por muchos años (Suárez 1989: 394).  

 

Los habitantes del asentamiento de El Rodeo participaron, como otros pobladores de Sopetrán, en la industria del sombrero de iraca o sombrero “Panamá”, que se exportaba a otros departamentos de la república y a países como Cuba y Estados Unidos, durante la últimas décadas del siglo XIX y primeras del siglo XX.  Con este material no solo se hacían sombreros sino también esteras y chinas (especie de abanico), aunque estas tenían un mercado mucho mas limitado que los primeros.  Sin embargo, la fabricación de estos productos desapareció repentinamente.  Igualmente, en la vereda por esta misma época se fabricaron otras manufacturas como las chinelas, zapatos de cabuya tinturada con concha de noro, aunque esta era una actividad aislada que solo unos cuantos habitantes llegaron a desempeñar. 

 

El tabaco vuelve a convertirse en un producto reentable en este asentamiento a comienzos del siglo XX, cuando algunas familias dedicaban parte de sus tierras y su trabajo a éste producto.  De este modo, no sólo esta vereda sino muchas otras, incluso en algunas con climas menos cálidos, sembraron esta planta en sus huertas.  Se recuerda que ciertas familias se dedicaban a sembrar, cuidar y mantener las plantas, para luego procesarlas y transformarlas en puros denominados popularmente tabacos, oficio que era generalmente desempeñado en sus propias viviendas por las mujeres; incluso algunos niños participaban en la elaboración.

 

Por estos mismos años, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, y concretamente entre 1899 y 1902, en muchos lugares de Colombia la Guerra de los Mil Días estaba ocasionando estragos; sin embargo, los acontecimientos más funestos no se presentaron en Antioquia, a excepción de lugares como Puerto Berrío, y en el occidente, en jurisdicción de Santa fe de Antioquia y en el propio Sopetrán, de reconocida orientación liberal, donde actuaron las únicas dos guerrillas de la región de Antioquia que intervinieron activamente en el conflicto armado, aunque éstas fueron sometidas al parecer muy pronto por el ejército conservador (Ortiz:1985:141-142).  Este episodio alcanzó a tener efectos significativos en la región, y todavía se alude a ello, pero, por la antigüedad de estos hechos, no se tiene memoria cierta de sus implicaciones en la zona.

 

Aunque se tienen reportes de que el arroz fue traído por los jesuitas a Antioquia hacia la mitad del siglo XVII y de que en 1788 ya se había concentrado en los alrededores de San Jerónimo, en inmediaciones del río Aurrá cerca a Sopetrán, el cultivo de este producto no fue lo suficientemente relevante para la zona del Rodeo sino hasta los años 30 del siglo XX.  El arroz significó una importante fuente de empleo para muchos campesinos, que trabajaron en su proceso en diferentes terrenos, entre los cuales se recuerda muy especialmente las cercanías de la quebrada La Sopetrana, luego de que lo trajera un poblador y de que les enseñara a los demás el proceso de siembra y cultivo, al tiempo que les daba trabajo.  El arroz implicó para los campesinos jóvenes y adultos años de trabajo, sobre todo porque requería gran cantidad de mano de obra para realizar lo que llamaban “tortear” las matas, que consistía en mantener libre de maleza los sembrados.

 

A comienzos de siglo se sembraba, además, café, yuca, fríjol y papaya y recogían igualmente la cosecha de mangos, naranjas y mamoncillos; el cacao en  especial ocupaba un importante renglón en la economía agrícola.  Así mismo, en ésta como en otras localidades de ascendencia negra, las mujeres elaboraban recipientes y objetos de  totuma en cantidades significativas para venderlos en el mercado de El Rodeo y del propio Sopetrán, además de la recolección y posterior comercialización de leña para abastecer las viviendas de la mayoría de familias que la utilizaba para las labores domésticas.

 

La interacción entre ésta y otras veredas se desarrolló alrededor de varios ejes que posibilitaron la comunicación y  los intercambios de personas, bienes y servicios.  El comercio fue un importante eje entre El Rodeo y las comunidades vecinas, ya que durante muchos años hubo un espacio en el cual compradores externos, dedicados a esta actividad venían de la cabecera y de otras veredas como la Puerta o el Llano, a comprarle a los campesinos su producción agrícola.  En un lugar llamado Cuatro Esquinas, sobre el camino principal de El Rodeo, se realizaba la compra y venta de vegetales, frutas, pequeños animales y otros artículos.  Esta actividad se extendió al parecer desde los años cuarenta hasta hace aproximadamente veinte años.  Otros compradores de la cabecera venían semanalmente a surtirse con los productos locales en medianas y pequeñas cantidades para luego vender en el pueblo.  Se compraba cacao, huevos, gallinas, frutas (guanábanas, pitahayas, sandías, melones entre otros productos) y artículos como los elaborados con totumas, que se vendían especialmente en diciembre. 

 

El camino era, así como lo es ahora, un eje de vida social pero por esos años, durante la primera mitad del siglo XX, fue un importante integrador de las comunidades aledañas, pues esta era la única ruta para llegar a varios destinos.  Actividades como las veladas, realizadas desde los años 20 hasta hace dos décadas al parecer, fueron  ocasión de socialización.  Estas se realizaban en la escuela y eran una suerte de presentación teatral, por lo general de tipo cómico, en la que actuaba la gente de la misma vereda y en la que se cobraba  a los asistentes, con el fin de obtener dinero para construir o mejorar la escuela o de dar apertura a las vacaciones.  Estas representaciones implicaban la colaboración de toda la comunidad, no sólo de El Rodeo, sino también la asistencia y la participación de otras gentes de asentamientos de las cercanías como La Puerta, Guaymaral, Córdoba o El Llano. 

 

Durante la década del 40 otros productos se convirtieron también en fuente de trabajo agrícola para los campesinos del lugar, como el tomate, traído al parecer por un norteamericano en el año de 1945, quien llegó a sembrar en las tierras del Bajío, la variedad conocida como “tomate riñón”;  luego vino el “ tomate chonto”, que fue por años  un producto de preferencia por los cultivadores.

 

La violencia entre los partidos políticos liberal y conservador que vivió Colombia en los años cincuenta, sacudió también profundamente a Sopetrán.  El apoyo de la iglesia, con la fuerte influencia y el poder que detentaba, al partido conservador, condujo a que en asentamientos como estos y sus colindantes, en donde la mayoría de los habitantes era de filiación liberal, el temor y las acciones violentas fueran una presencia constante y se incorporaran a su memoria y a su historia.  Los habitantes de El Rodeo recuerdan las batidas en las que llegaba la policía a buscar armas (que en muchas ocasiones no eran más que objetos de uso corriente en la casa o el trabajo) o en busca de causales para llevarse a los hombres a la cárcel.  También recuerdan cuando llegaba la “chusma” en busca de personas a las que se consideraba enemigas por ser liberales. 

 

El temor de las personas era constante, especialmente de los hombres adultos que huían en las noches al monte o la loma donde se ocultaban hasta el amanecer, previniendo ser asesinados o detenidos, dejando en casa a las mujeres y a los hijos.  Los hombres que llegaban a las veredas en busca de gente de filiación liberal para cometer los temidos atropellos, eran llamados “los caimanes”, y tenían el apoyo de las autoridades para cometer actos de este tipo. 

 

Pese a todo, en El Rodeo los acontecimientos no fueron tan graves como en otros lugares del mismo Sopetrán, ya que allí no se quemaron viviendas, ni asesinaron a nadie, pues los actos más violentos consistieron en llevarse a algunas personas y mantenerlas en la cárcel por algunas horas o días, o hacer disparos al aire para intimidar y advertir a la gente.  Todo, dicen, “gracias a la virgen de Sopetrán que los mantiene alejados de problemas graves, y los mantuvo a distancia de la violencia de esa época, pues los rezos de niños, jóvenes, adultos y ancianos fueron escuchados por ella”, creencia que hace pensar en una confrontación de conceptos al que se ven enfrentadas los grupos sociales como éste, en un antagonismo entre las convicciones y principios que pregona la iglesia y las exhortaciones y actuaciones  de sus representantes.

 

Desde la mitad de siglo XX en adelante, y especialmente durante los años setentas y ochentas, una serie de acontecimientos han transformado los usos del suelo en El Rodeo, así como la vida cotidiana de las veredas cercanas, que compartían con esta un fuerte lazo con su origen africano. 

 

A finales de los años cuarentas, un trabajador humilde de Sopetrán llamado Bartolo Peña, que laboraba en tierras de El Rodeo y  vendía su producción en el pueblo, encuentra una “guaca” en tierras de Juan Sevillano, y con el dinero que de allí obtiene luego compra tierras a los herederos de este personaje, además de otras como las de Alfonso Tamayo, denominadas “la Mana” y “El Bajío”, consiguiendo, con los años, ser el mayor propietario de tierras del Rodeo, las cuales luego dejó en herencia a su hijo Alberto Peña, más conocido como el “mono Peña”.

 

Bartolo Peña no sólo fue un terrateniente en esta y otras localidades como Guaymaral, sino que se convirtió en un protector y benefactor de la comunidad de Sopetrán y El Rodeo, pues con sus aportes algunas obras importantes pudieron llevarse a cabo, e igualmente hizo contribuciones para llevar a cabo obras de beneficio común que la comunidad demandaba.  Se dice que durante la época de la violencia, en los años 50 y en otros momentos, fue a través de su intervención como logró evitarse que aprisionaran a algunos acusados de El Rodeo, todo lo cual evidencia y ejemplifica el importante vínculo arriba mencionado, entre los trabajadores y la comunidad misma con propietarios adinerados como éste.

 

Con el paso del tiempo y con los procesos de transformación vividos por la región del Occidente, las tierras continuaron cambiando de dueños, convirtiéndose en fragmentos más pequeños en manos de más propietarios externos.  Así, los herederos de Juan Sevillano vendieron a otros como la familia Pulgarín de Sopetrán las tierras que correspondían a los comunes y esta familia durante muchos años arrendó a cultivadores del mismo El Rodeo y del Llano que pagaban “a la cuarta” el arrendamiento de la tierra para sembrar, hasta que desde cierta época, probablemente entre los años setentas y ochentas para acá, éstos vendieron por fracciones para construir parcelaciones a compradores foráneos. 

 

Otros propietarios también vendieron grandes extensiones o simplemente comenzaron a dedicarlas al manejo de ganado, lo cual implicaba la siembra de pasto y el despido de los trabajadores locales que se habían ocupado de los cultivos durante generaciones.  Con todo ello, la agricultura perdió importancia como fuente de ingresos económicos.

 

Además de los terrenos de Alberto Peña, dedicados en su mayor parte a la ganadería, solo quedaron propietarios de parcelaciones en lo que eran los comunes, o de fincas de recreo que pertenecen por lo general a personas extrañas a esta vereda y que vienen casi siempre de Medellín.

 

La nueva carretera de occidente, la vía al mar, construida en la década del sesenta, atravesó literalmente el asentamiento de Guaymaral, produciéndose con ello una enorme ruptura de las relaciones sociales de esta comunidad con las localidades vecinas y con la cabecera del municipio.  El camino perdió entonces vigencia para poblados como San Nicolás y Guaymaral, pues la carretera y los vehículos de constante circulación acortaron las distancias entre ellas y con Santa Fe de Antioquia.  Los productos y servicios que pudieran necesitar ellos, así como los vecinos de las otras veredas, poco a poco dejaron de encontrarse en El Rodeo, en la Puerta o en el propio Sopetrán, para ser hallados en este otro municipio.  La ligazón entre estas comunidades, se debilitó enormemente desde ese momento.

 

A pesar de disminuir los espacios cultivables, los pocos propietarios que conservan grandes extensiones de tierra, así como habitantes del asentamiento que conservaron pequeños terrenos, se han mantenido cultivando.  Con la llegada del maracuyá, cuya semilla fue traída por primera vez en el año de 1962, muchos cultivos como el maíz, el cacao, y el tomate, fueron desplazados.   Al parecer, las primeras cosechas de la fruta no tuvieron mucha acogida en el mercado, pero luego comenzó a cobrar importancia a nivel local e intermunicipal. 

 

Durante los años 70, y con la acción de los mismos habitantes, el camino se habilitó como carretera, posibilitando el acceso de vehículos para transportar los productos con mayores facilidades, de modo que durante las cosechas de mango, mamoncillo y coco, venían todos los días tres carros a recoger la fruta, según dice un poblador.  La acción comunal de la vereda tuvo una importante participación en esta obra, pues fue a partir de su trabajo con herramientas rústicas (picos, palas, barras, etc.) como logró acondicionar el camino como vía transitable para automotores, y volverla también más transitable para los caminantes. 

 

La escuela, convertida actualmente en un colegio que imparte educación hasta el nivel básico secundario, es igualmente un orgullo para los habitantes, sobre todo porque representa el esfuerzo de la comunidad, que realizó actividades  cívicas y recreativas para obtener el dinero de su construcción.   Con este fin se realizaron veladas y otras obras que involucraron la participación de padres, alumnos, profesores y pobladores en general.

 

Actualmente el colegio es un espacio importante de congregación; allí se realizan diversas actividades para obtener dineros con fines comunitarios y, en ocasiones, la junta de acción comunal se reúne allí con los miembros de la vereda o de otras localidades aledañas.  Es en esta institución donde muchos de los niños y jóvenes de los asentamientos cercanos estudian, como es el caso del Llano de Montaña, de Guaymaral, y de Córdoba. 

 

Según se puede constatar a partir de los comentarios de las personas entrevistadas, durante las décadas de la construcción del ferrocarril de Antioquia, quizás entre los años treintas y cuarentas, muchas personas del Rodeo migraron a buscar opciones de trabajo  en esta obra en lugares como Puerto Berrío.   Como se sabe, el ferrocarril generó gran expectativa entre los antioqueños que vieron en la construcción de la obra la oportunidad de prosperar económicamente.  Oleadas de personas llegaron a Puerto Berrío desde el comienzo de la década del cincuenta al punto de que entre los años 1951 y 1964 la población de este municipio creció en un 127.6% (Parsons,  1997: 246)

-           Territorio y población

 

Con base en el censo realizado por el Sistema de Aprendizaje Tutorial —SAT— de El Rodeo, se pudo establecer que esta localidad esta conformada por 481 personas.  En términos generales, es posible afirmar que se trata de una población muy joven, pues mas de 50% de la población tiene menos de 24 años, siendo el grupo etáreo mayoritario el que va de 5 a 9 años, pues haciende al 14%.  Con relación a la distribución de la población por género, encontramos que hay un equilibrio, pues 49.27% son hombres y el 50.73% son mujeres.

 

De un total de 121 viviendas encuestadas, la mayor parte de ellas la ocupan familias nucleares que en ocasiones conviven con algún familiar, sobre todo con uno de los abuelos.  Este tipo de unidad doméstica se encontró en un 56.19% del total de casas encuestadas, mientras que otro alto porcentaje, un 24.79% del total, corresponde a las familias extensas conformadas por la madre (o padres, en ocasiones), sus hijos solteros, y las hijas que a su vez son madres solteras, con su descendencia.  Hay, sin embargo, un importante números de viviendas ocupadas por parejas jóvenes sin hijos, esposos que ya no viven con los hijos y personas solteras de edad avanzada, todos ellos agrupados bajo la categoría de otros, para configurar un total del 19% (Gráfico 2).

 

Gráfico 2.  Distribución de la población según grupos de edad en la vereda El

Rodeo 

 
   

 

La carretera que atraviesa El Rodeo de oriente a occidente; es también una frecuente guía para los pobladores, como referencia; a lado y lado de ella hay casas tan antiguas, que su edad se pierde en la memoria de sus habitantes.  El sector de La Aguamala, dicen algunos, comienza desde el puente del Chiche; su extensión, como la de otros lugares, es ambigua, y depende de la apreciación de las personas; algunos, afirman que se extiende hasta la casa de Andrés Villa, en la parte media del camino, lugar en donde, según estas mismas personas, comienza “el propio Rodeo”.  Otros, consideran que la Aguamala no comienza en el puente mencionado sino en el casco urbano del pueblo, en la calle que da con la gasolinera y que continúa en descenso y empata luego con el camino, y otros mas, creen que termina en las cercanías de la piscícola El Gaitero.

 

Por otro lado, la Placita es el centro de la vereda; a ella conducen todos los caminos, el que viene de Sopetrán, el que viene del sector de Sabanazo y de la carretera Medellín – Santa fe de Antioquia, el camino que viene desde Guaymaral y el que viene desde Córdoba. 

 

Sabanazo es otro sector dentro de la vereda que de algún modo se ha considerado como una zona aparte, aunque con fuertes nexos con el resto, pues se hace constante en el lenguaje de las personas una diferenciación entre ser del Rodeo y de Sabanazo, lugar al que se le refiere como el punto de mayor concentración de gente negra y que, en términos de las relaciones sociales, tiene más vinculación con la zona de La Placita y las viviendas del interior, que con la parte llamada Rodeo Arriba, aunque tal vez este asunto sólo se deba a la forma misma del lugar, específicamente porque Rodeo Arriba tiene mayor relación con la parte urbana del pueblo, dada su cercanía.  Sabanazo es un espacio muy poblado, situado al suroccidente del Rodeo, caracterizado por espacios mucho más planos que el resto, y hoy en día ocupado en buena parte por fincas de recreo y sembrado de árboles frutales; muchos de los habitantes de este sector son personas de avanzada edad o familias que han vivido por años allí, cuyas casas de apariencia antigua, por lo general han sido heredadas por varias generaciones. 

 

Las casas del camino del Rodeo son, como dijimos, bastante antiguas, aunque no todas, ya que también es frecuente ver algunas construidas en adobe y otras tantas prefabricadas, de reciente construcción, habitadas casi siempre por mayordomos de fincas de recreo, construidas por los patrones para ellos.  Estas últimas son casas muy pequeñas, con dos cuartos o máximo tres, salas de estar con espacios mínimos y con acceso directo a la puerta de entrada, sin antejardín u otro espacio abierto semejante.

 

Las casas antiguas, algunas construidas en bahareque y muchas otras en tapia, poseen en muchos casos un pequeño corredor protegido por el techo, aunque sin paredes, a modo de espacio social anterior a la puerta principal o soportal.  Las puertas exteriores, e interiores, cuando las hay, son de madera, en alas o de una sola hoja pero siempre las primeras son de un mayor tamaño.  Algunos techos aun se conservan en paja de iraca, pero, la mayoría son de teja de barro.

 

Las casas no tienen un patrón de construcción similar en todos los casos, aunque hay formas que se repiten, y que tienden a estar en relación con los materiales constructivos.  Por ejemplo, un solar o patio abierto al interior, en la parte posterior, que en ocasiones da hacia las habitaciones y que está unido a la casa por un corredor amplio y techado, con piso de cemento que da ventilación a la vivienda, y que se convierte en el espacio para recibir el aire en las horas de la tarde, momento en el cual el calor es insoportable, convirtiendo esta hora y lugar en el ámbito preferido para socializar con la familia o los vecinos, en hamacas, en sillas recostadas a la pared o en el mismo suelo.

 

La cocina casi siempre es una construcción separada de las habitaciones y con puerta independiente; en muchos casos, sobre todo en las casas más antiguas, además de la cocina principal hay una cocina de leña, un espacio con techo de iraca o de otra paja donde está el fogón de leña y un pequeño mesón de barro que en realidad es una extensión del mismo.

 

En 1998 se entregaron a la comunidad 21 casas construidas bajo la modalidad de autoconstrucción y autogestión comunitaria, 20 de las cuales están ubicadas en el camino frente a la finca La Fonda, todas ellas localizadas a lado y lado de un patio de tierra, con una extensión aproximada de 6 a 7 metros.  La estructura de éstas es la de un antejardín, un salón comedor pequeño, habitaciones frente a este y a lo largo de un corredor, y una cocina integrada al resto de la casa tras el salón, un baño hacia la parte posterior, y al final de la casa, un pequeño solar donde algunos han sembrado plantas para el consumo o la ornamentación. 

 

A excepción de éstas, las demás viviendas están distanciadas varios metros unas de otras, es decir, aisladamente construidas, o separadas sólo por algunos metros, rodeadas de espacios con pasto, plantas y árboles, sobre todo aquellas que no están en los lados del camino. 

 

En El Rodeo, como hemos dicho, las viviendas son de diverso tipo, pues con la construcción de nuevas casas, va variando el patrón constructivo y la distribución interior y exterior de los espacios.  Las características de la vivienda dependen también de su emplazamiento y ubicación en relación con otras casas y con los caminos, de modo que aquellas que se encuentran ubicadas al lado de la carretera, como en los sectores de Aguamala o Rodeo Arriba, no poseen espacios sociales abiertos en la parte anterior, sino que, en la mayoría de los casos, dejan un área a ambos lados de la puerta,  que sirve para las reuniones informales de  los habitantes de la casa y con los vecinos.  La visita entre vecinos, especialmente entre las mujeres, y sobre todo en las tardes, es una importante actividad cotidiana para esta comunidad.  La casa de cualquiera se puede convertir en lugar de charlas y conversaciones que se pueden prolongar por varias horas.

 

En este mismo sector en donde las casas no quedan contiguas unas de las otras, por lo general las viviendas están rodeadas de pasto, jardín o árboles, y en algunos casos, pequeños cultivos bordean la entrada.

 

En la parte trasera de las viviendas se conserva con mucha frecuencia, tanto en el sector de Rodeo Arriba como en Sabanazo o La Placita, un espacio para el sembrado de algunos productos de pan-coger, como plátano, tomate, caña de azúcar, yuca, ñame y banano,  y plantas medicinales o aromáticas de uso habitual.

 

La llamada Placita, ubicada al lado del camino en la parte central de la vereda, es un importante lugar de encuentros.  Es una extensión abierta situada también sobre el camino principal, como una abertura lateral de este y cuyo  carácter de centralidad está marcado por la presencia de la figura de la virgen del Carmen, ubicada al lado del colegio.  Es un área donde se presenta una mediana concentración de viviendas, muy cercanas unas de otras, ubicadas a un costado; aunque no tiene la forma tradicional de una plaza,   cumple las funciones de esta.  La Placita es el lugar para ciertos eventos, donde se encuentra la gente en las horas de la tarde:  los hombres que terminan la jornada de trabajo se reúnen allí y conversan entre ellos, recibiendo el aire fresco después de las 4 ó 5 de la tarde, al igual que lo hacen los jóvenes y niños.  Este es también el lugar donde los carros recogen a quienes requieren transportarse al pueblo, a profesores y alumnos que regresan a sus casas en la Aguamala o Rodeo Arriba o quizás en el mismo casco urbano; es el espacio donde también se hicieron las veladas en otras épocas y en sus cercanías, en Cuatro Esquinas, se realizaban igualmente las ventas de frutas, verduras y animales.  La Placita, es pues un lugar para ver a los demás, donde la gente se encuentra y conversa de pie a falta de asientos y bancas, o se instala en las afueras de las  casas adyacentes.

 

Otro espacio social, especialmente utilizado y apropiado por los jóvenes, es el que se encuentra en el lugar que han llamado la “Tierra Seca”, que en realidad es una pequeña terraza aplanada recientemente (desde el año pasado según parece), donde los niños,  jóvenes y deportistas de la vereda realizan actividades colectivas; es un espacio que han creado los jóvenes para la socialización y el encuentro, utilizado especialmente los fines de semana para  practicar o presenciar deportes como el fútbol o el baloncesto.

 

El colegio cumple también una  importante función de congregación de los vecinos, en tanto allí se reúne comunidad en torno a la acción comunal y para eventos y actividades que benefician o que afectan a la misma. 

 

-           Ordenamiento Social del Territorio

 

El patrón de matrimonio y de uniones, así como el de la conformación de familias tiene particularidades en esta vereda y en los asentamientos vecinos, lo cual probablemente tenga relación con una herencia cultural de los grupos negros concentrados en diferentes lugares de Antioquia y las circunstancias a las que éstos se adaptaron.  Esclavos que cambiaban de dueños, en muchos casos conformaban parejas temporales por razones  ajenas a su voluntad, lo cual inducía el nacimiento de hijos sin padre que crecían al amparo de la madre y el apoderado de ésta.

 

Así, podemos hablar de una constante de madres solteras no sólo en las generaciones presentes – caso  muy común en la actualidad y que se presenta repetidamente a lo largo y ancho del país –  sino también en varias generaciones anteriores.  Es común encontrar entre los abuelos, bisabuelos, y tatarabuelos de los habitantes de El Rodeo, casos en los que una mujer haya tenido hijos con dos y más hombres y que ninguno de ellos haya sido compañero permanente o esposo.  De esta manera, en innumerables ocasiones, los hijos heredaban hasta hace poco, sólo el apellido de la madre y mantenían con el padre una relación distante en los casos en los que lo conocían, recibiendo de él ayuda económica sólo durante los primeros años y en otros casos ningún tipo de apoyo monetario.

 

Durante la época de juventud de la generación de las mujeres que hoy en día son abuelas, la necesidad económica obligó a muchas mujeres con hijos y sin el esposo y padre de sus hijos a su lado, a emplearse como jornaleras, realizando los oficios que se consideraban propios de hombres en los cultivos y las haciendas de los ricos.  Sembrar, recoger, podar y ordeñar eran algunas de las funciones asignadas a cambio del pago de su trabajo diario para sostener a los hijos, aunque en muchos casos estas mujeres conseguían otro marido que pudiera asumir la responsabilidad de todos los hijos incluyendo los que se tuvieran con él.  Esta última elección con frecuencia era asumida por los hombres pero sólo durante algún tiempo, quizás unos pocos años, tras los cuales se iban y quedaban familias más numerosas dirigidas por la madre.

 

Es interesante descubrir cómo se repiten con frecuencia en las familias los mismo patrones de relación con las parejas y los hijos, de manera que, por ejemplo, las mujeres cuya madre era soltera, por lo general llegaban a tener hijos de varios maridos sin casarse con ninguno, mientras que las mujeres provenientes de matrimonios formalmente establecidos, por lo general se casaban también y sólo tenían hijos con otros hombres cuando enviudaban, tras conformar nuevas parejas, pero no bajo el matrimonio católico.

 

Igualmente es importante señalar que existe diferencia en relación con la manera en que hombres y mujeres establecen nuevos vínculos, pues éstas últimas mantienen, como antes, relaciones con un hombre y luego de que esta relación se rompe, comienzan otra teniendo hijos de cada nueva relación, pero no es muy común que tengan relaciones simultáneas, en tanto que los hombres casados con frecuencia tienen otra mujer e hijos con ella, sin romper necesariamente su relación con la esposa. 

 

A pesar de todo, muchas veces el asunto de la herencia del apellido materno y no del paterno, se debía a que aunque las parejas fueran estables y duraderas, como en muchos casos efectivamente lo eran, la mentalidad local estaba, como en la generalidad de la región, influenciada por la iglesia al punto de que los hijos que no nacieran bajo el sacramento del matrimonio no podían adquirir el apellido de sus padres.

 

En términos generales las tres generaciones anteriores conseguían pareja entre coterráneos de El Rodeo e igualmente en muchos casos entre hombres y mujeres de veredas cercanas como El Llano de Montaña, Córdoba, La Puerta y Guaymaral.  Muchos de los maridos y de las mujeres que se unían, no habían nacido en el Rodeo pero llevaban muchos años allí, pues habían venido con sus padres desde otros lugares, entre los que podemos mencionar a Ituango (apellido Moreno), Belmira (apellido Cortínez) o Santa fe de Antioquia (apellido Rodríguez). 

 

A pesar de la cercanía de la vereda con la cabecera municipal, pocas personas de generaciones anteriores se casaban o se unían con pobladores del casco urbano, al contrario de lo que ocurre hoy, cuando ha disminuido la consecución de pareja entre los mismos habitantes del asentamiento y en lugar de ello las parejas son, en buena medida, provenientes de la cabecera de Sopetrán, de otros municipios, entre los que se cuentan como los más frecuentes: Medellín, Bello, Liborina, San Jerónimo, Santa fe de Antioquia o municipios de la zona de Urabá como Carepa o Apartadó.  En estos cambios ha tenido influencia, sin duda, el hecho de que maestras y maestros originarios del Rodeo sean asignados a algunos de estos territorios, en donde establecen uniones que a menudo se rompen. 

Con la legislación actual que reconoce y protege a las madres solteras y las uniones libres, los hijos de las generaciones recientes, por el contrario, llevan el apellido del  padre, lo que de algún modo asegura cierta responsabilidad de parte de éstos, aunque en muchos casos no convivan con sus hijos.  No obstante, dicha responsabilidad casi siempre se limita al respaldo económico.  Por otro lado, cuando las mujeres jóvenes viajan a Medellín en busca de mejores opciones de empleo y educación, por lo general regresan con hijos de padres que no asumen la paternidad, dejándoselos a los abuelos mientras ellas trabajan en la ciudad o en el pueblo mismo. 

 

Un aspecto que permanece a través de los años y que se acentúa incluso en las generaciones actuales, es la conformación de parejas por medio de la unión libre, las rupturas frecuentes, y las madres con hijos de varios padres.  Todo ello evidencia cierto distanciamiento con la tradición moral y religiosa antioqueña que no necesariamente implica un rompimiento con ésta, sino formas sociales alternas y percepciones de la moral diferentes.  Aun cuando en menor medida, muchas parejas aun se casan, sobre todo aquellas que involucran una persona nacida en el Rodeo con otra de lugares como Liborina o San Jerónimo, e incluso se presenta un caso de matrimonio civil. 

 

Por otra parte, es constante la conformación de parejas entre personas ajenas a la familia o parentela y sólo en uno de los casos conocidos durante este trabajo, un hombre tuvo hijos con una mujer e igualmente con la prima de ésta, lo cual ocurrió varias generaciones atrás.  Esto contradice lo que afirman  personas externas a El Rodeo acerca de los incestos, pues se cuenta de lo frecuente que eran las uniones de hombres con sobrinas, o de parientes cercanos conviviendo.  Sin embargo, es importante clarificar igualmente  que para esta investigación no fue tomada en cuenta la totalidad de la población de la vereda.

 

El Rodeo ha tenido a lo largo del tiempo importantes personajes que han liderado diferentes procesos.  La escuela, hoy convertida en colegio, fue construida gracias al liderazgo y la creatividad de dos generaciones, impulsadas por personajes reconocidos localmente como Luis Eduardo Peña, (Lalo Peña), quien fue por muchos años el gestor de las veladas.

 

La ampliación del camino y la conversión de éste en carretera transitable fue posible así mismo debido al liderazgo y la participación de la comunidad y sus líderes durante la década del setenta.  La construcción de 21 viviendas bajo el proyecto de autogestión y autoconstrucción comunitaria tuvo lugar desde el 1992 y culminó en 1998 promovida por   Diego Luis Acevedo y liderada por un comité de vivienda que surgió gracias a la Junta de Acción Comunal.  En estas y otras obras realizadas recientemente para la comunidad como la instalación de teléfonos públicos o el mejoramiento de la carretera, han tenido una importante participación los líderes comunitarios pertenecientes a las diferentes juntas de acción comunal existentes en los últimos años, las cuales han contado con personas representativas y respetadas por la comunidad como Arsenio Marín. 

 

La historia de esta vereda está atravesada por el empuje y la autogestión para construir obras para la comunidad, y recientemente por la participación política en cargos públicos como el de concejal que han desempeñado algunas de estas mismas personas.  Actualmente la junta de acción comunal mantiene una actitud estricta, ordenada, y procura respetar la continuidad de las reuniones y reclamar inversión para la vereda; ha contado con una participación activa de hombres y mujeres comprometidos desde años atrás y de jóvenes con actitudes de liderazgo que se involucran en ella y asumen funciones importantes en su interior.

 

En el deporte, El Rodeo también ha contado con jóvenes de buen rendimiento y con líderes que estimulan la calidad del mismo, gestionando y apoyando la actividad deportiva y recreativa entre las veredas, creando espacios para el estímulo del mismo, como los campeonatos o los partidos que semana tras semana se dan lugar en un lugar llamado “la tierra seca”.  En casa un líder de la Junta de Acción comunal se encuentra un estante cargado de trofeos ganados desde hace algunos años por los diferentes equipos deportivos del Rodeo.  La vereda ha tenido pues, una estimada trayectoria deportiva a nivel local, que implica el reconocimiento de las demás veredas y colegios de las mismas.

 

La vereda ha sido un eje de comunicación, literalmente hablando, pues el camino, ha sido, como hemos dicho, un lugar de paso obligado para las demás veredas con población de origen negro; esto implicó la constitución de unos fuertes lazos entre sus habitantes, evidenciados en las actividades sociales que compartían: la participación y visita a las obras presentadas en las veladas, la asistencia y participación constante en fiestas y reuniones sociales en las que se recoge dinero o simplemente en aquellas que se realizan por fines recreativos, los nexos familiares, los vínculos comerciales.

 

Aunque en otras épocas, antes de la construcción de la nueva vía al mar (tramo  Medellín – Santa fe de Antioquia) que atravesó Guaymaral, esta última localidad así como San Nicolás tenían una relación mucho más estrecha con El Rodeo,  ya que obtenían los servicios necesarios de Sopetrán y no de Santa fe de Antioquia como ahora, hoy en día La Puerta, el Llano de Montaña y Córdoba siguen formando un conjunto al lado del Rodeo, y mantienen fuertes vínculos y relaciones entre sí.  La búsqueda de pareja en este conjunto de asentamientos, la realización de actividades en asociación, como los campeonatos deportivos – especialmente de fútbol –, las fiestas, la realización de bingos, las celebraciones religiosas o de las navidades, la educación de niños y jóvenes en la concentración educativa de El Rodeo, son algunas de las acciones que dan cuenta de una red de relaciones que se dan con naturalidad entre unos y otros habitantes.

 

A Sopetrán van los habitantes de El Rodeo frecuentemente, mucho más ahora cuando que llegan carros varias veces al día hasta La Placita llevando y trayendo personas a modo de transporte público, aunque quienes viven más cerca del pueblo, en el sector de la Aguamala, viajan frecuentemente a pie.  Algunos niños de esta parte de la vereda estudian en colegios, escuelas y preescolares del pueblo y no en la concentración de El Rodeo, revelando este hecho cierta debilidad en los vínculos con la parte de El Rodeo central y Sabanazo, determinada, hasta cierto punto, por la cercanía de la Aguamala con la cabecera.  Es también común que la gente salga a mercar y hacer diligencias, al servicio médico o a trabajar en la parte urbana del municipio, y con frecuencia algunos visitantes vienen desde allí hasta la vereda caminando o pasan por ella para llegar a Córdoba por el camino que los comunica. 

 

La similitud de este conjunto de veredas en sus condiciones ambientales y climáticas, y la cercanía física entre ellas, han posibilitado también la vivencia de procesos semejantes, especialmente en el campo económico, que se ha visto transformado por el cambio del uso del suelo que han experimentado las tierras de las mismas.  Prácticamente en todos los casos, como en El Rodeo, la agricultura, principal fuente de ingresos económicos en otras épocas, se ha visto lentamente relegada a un segundo lugar, luego de que los grandes propietarios de tierras empezaran a vender y de que, desde los años 70, se empezaran a adquirir por parte de propietarios foráneos para construir fincas recreacionales. 

 

La principal vía que une a El Rodeo con otras veredas y la misma cabecera municipal es la carretera “destapada” o camino que atraviesa la vereda y que sale desde la bomba gasolinera y llega hasta las cercanías de un lugar llamado “Corral Falso”; antes de llegar allí, deja de ser transitable para vehículos y se desvía un poco hacia el sur occidente, descendiendo en una travesía de tierras secas bordeada de cactus y pencas, hacia una pequeña planicie igualmente seca, hasta encontrar el río Aurrá o Aura como es llamado localmente, luego del cual se encuentra Guaymaral.

 

Este camino tiene varios ramales, los cuales salen de un punto llamado Cuatro Esquinas.  Hacia el sur, sale una ruta que llega hasta la vía al mar en su tramo Santa fe de Antioquia – Sopetrán cuya extensión hasta San Nicolás es de 24 Kms. atravesando las veredas Guaymaral y los Almendros.  Dicha vía es transitable para vehículos, sobre todo en temporada de verano y cruza parte del sector de Sabanazo y el río Aurrá a través de un puente, tras pasar por territorios de cumbres bajas y pequeños valles a lado y lado.

 

Dentro del sector de Sabanazo se encuentran también pequeños caminos no continuos, pues se cierran en algunos tramos que también cruzan las fincas para acortar distancias, siendo transitables sólo para personas. Estos ramales de caminos se encuentran en un sector concentrado de población, sobre una planicie. Igualmente hay un camino de herradura que sale por una especie de calle alterna al camino principal, hacia el norte de la vereda y que conduce a la vereda vecina de Córdoba, atravesando en su recorrido la quebrada Sopetrana y pasando por uno terreno conocido como San Roque. 

 

-           Uso del territorio

 

La recolección de leña sigue siendo para los habitantes de El Rodeo, y especialmente para las mujeres, una actividad importante, aunque ha disminuido la frecuencia y la cantidad de recolección.  En otras épocas, cuando los comunes se arrendaban, era frecuente que las mujeres fueran a recoger leña, pero ahora, como no es tan habitual cocinar con leña, sólo algunas, por lo general en familias de muy pocos recursos o con hábitos muy tradicionales, recogen leña en mangas abiertas de la vereda; en estos casos la actividad  es realizada por mujeres mayores que se ponen de acuerdo para ir en pequeños grupos de 2, 3 y hasta 5 personas en busca de este recurso.

 

La recolección de plantas para uso medicinal es frecuente entre las mujeres de la localidad, quienes en casos de enfermedad  de miembros de sus familias, recogen de sus solares, de fincas o terrenos cercanos, ramas y plantas conocidas por tradición para aliviarse con ellas. 

 

A pesar de los cambios en los usos del suelo y el régimen de tenencia de la tierra, la agricultura aun sigue siendo una actividad importante para la obtención de recursos económicos y que continúa abasteciendo de productos el mercado local y municipal; entre ellos se destacan las frutas, el tomate, el estropajo y la berenjena.  Existen pequeños propietarios, que siembran en tierras anegadas por acequias,  aunque el factor agua es también una limitante para lograr los objetivos en períodos de intenso verano, época en la cual los caudales disminuyen.  En los últimos años esta situación ha generado algunos conflictos entre los pobladores, provocando que muchos de estos agricultores deban establecer una vigilancia permanente de las “tupias” (tablas de madera que se usan a modo de esclusas), impidiendo con ello que las aguas que conduce la acequia sean desviadas a otros cultivos, situación que generaría disminución en la productividad.

 

Aquellas tierras que aun hoy son sembradas, están cerca de la quebrada, al noroccidente de la vereda, o bien son las de Alberto Peña, el mayor propietario de tierras de El Rodeo, que aun hoy en día las arrienda a varios campesinos que continúan pagándole con la cuarta parte de la producción.  Las tierras de este propietario están ubicadas en la parte occidental a lado y lado de la carretera, especialmente hacia el norte, en los terrenos que se llaman “la Mana” y los Bajíos, pero también donde comienza el sector de Sabanazo, en el sur oriente de la vereda, las cuales también son dedicadas a la ganadería.

 

La cacería es actualmente una actividad prácticamente inexistente, pues sólo algunas pocas personas, y aun esas muy excepcionalmente, salen a cazar.  En otros días fue una fuente de alimentación, así como una actividad placentera para los hombres, pero hoy las especies que antaño se buscaban con este fin, han disminuido notablemente o desaparecido completamente.

 

Los ríos siguen ocupando un lugar importante entre los espacios representativos para esta comunidad.  Los paseos al río Aurrá y a las quebradas como la Ayuná, siguen siendo una costumbre realizada los domingos o los días de fiesta por familias extensas  y grupos de vecinos.  La pesca se mantiene como una actividad relevante para esta comunidad; se sigue practicando en algunos casos con fines comerciales, entre adultos que pescan en el río Cauca, con atarraya principalmente.  Además, se realiza con fines recreativos sobre todo entre jóvenes muchachos que llegan hasta el mismo río en grupos, para obtener algo de pescado, jactándose luego de sus logros.  La atarraya, aquí como en Córdoba, es aun fabricada por unos pocos ancianos varones que en la mayoría de ocasiones las elaboran por encargo de pobladores de la misma vereda o de otras cercanas, donde también se mantiene la práctica de la pesca. 

 

La piscícola El Gaitero, es por otro lado, una cooperativa de cultivo y procesamiento de peces, que ofrece empleo a algunos de los habitantes del sector, entre ellos muchas mujeres cabezas de familia, y que funciona con tanques de cultivo de peces que después se procesan y se comercializan.  

 

El camino: De puerta a puerta entre las dos iglesias

 

Desde documentos coloniales se menciona a El Rodeo como ruta de paso para llegar a otros lugares.  Por años, los habitantes de esta localidad han presenciado el trasegar de numerosas personas que a pie, o a lomo de buey, mula o caballo, han viajado y han conducido sus productos o animales hacia el mercado del pueblo o desde el mercado hacia sus casas.  El camino, días atrás una difícil trocha, convertida en pantano en los inviernos, hoy en día es carretera transitable para vehículos y peatones y orgullo de los rodeeños que conocen de su importancia en las comunicaciones y el transporte local.

 

En otra época, el camino principal de El Rodeo llegaba, como hoy, a Corral Falso, pero no se desviaba por donde lo hace actualmente, sino que pasaba por  sector más “peligroso”, como dicen los rodeeños, llamado por muchos “el canalón”, auque por su antigüedad no fue posible que las personas dieran cuenta de la ruta exacta de éste.  Según parece, el camino atravesaba la finca Remolinos, entre La Quebrada Seca y San Nicolás, y recorría parte de Guaymaral (en tiempos en que la carretera para Santa fe no pasaba por allí); otra ruta se metía por Sabanazo y salía de allí para La Puerta, desde donde bajaba a San Nicolás.

 

Al parecer el propio nombre de esta localidad podría tener su origen en la importancia que desde tiempos remotos tuviera tal camino para el pueblo de Nuestra Señora de Sopetrán, y más adelante para el municipio.  La palabra “rodeo”, en una de sus acepciones, significa “camino más largo o desviación de un camino derecho”[39], lo cual hace pensar que de allí tomó su nombre el asentamiento y que quizás gran cantidad de la población de este poblado se concentró en cercanías del camino debido a su carácter de vía de comunicación.  Además el patrón de poblamiento del casco urbano de Sopetrán inicialmente se da en torno al cruce de los antiguos caminos de herradura, es decir, hacia San Jerónimo, Liborina, El Rodeo y Montegrande (E.O.T Sopetrán 1998:103). 

 

No por casualidad se oye decir a habitantes de Guaymaral y de San Nicolás que aquel antiguo camino, hoy, cortado y transformado por los cambios de la modernidad, fue en su época el que conducía “desde la puerta de la iglesia de San Nicolás hasta la propia puerta de la iglesia de Sopetrán”, o se escucha decir, como dijo una anciana del Rodeo, que el camino era “de servidumbre y costumbre” para toda la gente de estas veredas.  Las relaciones entre los asentamientos de población de origen negro eran de algún modo  articuladas y mantenidas gracias a esta  vía de comunicación. 

 

Sin embargo, la importancia y significación de este camino es cada vez menor desde la construcción de la vía al mar en el tramo que comunica a Sopetrán con Medellín y Santa fe de Antioquia, la misma que atraviesa a Guaymaral y que hizo acortar las distancias entre San Nicolás, La Puerta y Guaymaral y Santa Fe, pues ahora los habitantes de estas dos localidades se trasladan allí más fácilmente en caso de necesitar algún servicio o producto, debido al constante flujo de vehículos que transitan por esta vía; este hecho ha fortalecido los vínculos entre estos asentamientos y Santa Fe, y ha debilitado sus contactos con Sopetrán, del cual dependen administrativamente (Foto 15).

 

No obstante los cambios en los medios y rutas de transporte, el camino sigue siendo un importante referente de identidad de la vereda, y en general de los asentamientos habitados por población de marcada ascendencia africana.  Este era, y hasta cierto punto sigue siendo, el eje de vida social e interrelación entre las comunidades negras de la región, por el cual circulaban y circulan, no sólo los productos, y las personas, sino también la información, los “chismes”, las ideas, los planes y proyectos, y en general todos aquellos elementos que han permitido el mantenimiento de algunos elementos de identidad cultural común entre los miembros de estas localidades y diferenciada del resto de los asentamientos de la región.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 15. Transporte de mercancías por el antiguo camino, tramo Gauimaral – Rodeo. Municipio de Sopetrán.

 

 

-          La imaginación del territorio

 

El Rodeo es territorio de creencias en entidades no materiales, en seres sobrenaturales, que aparecían en otras épocas y que aun aparecen para alertar o rebelar secretos.  No sólo los viejos de la vereda saben historias de conocidos a quienes en algún momento asustó un ser o entidad espiritual o sobrenatural; también los jóvenes y niños que escuchan conversar o preguntan con curiosidad y aprenden tras el asombro. 

 

A diferencia de lo que acontece en otros lugares, como Buriticá por ejemplo, donde las brujas son los personajes que se mencionan mas comúnmente en la imaginería y las narrativas populares tradicionales, las brujas no son los personajes más populares en el repertorio de entidades que pueblan el imaginario colectivo de El Rodeo.  Los mas frecuentemente mencionados aquí son el duende, el mohán y muchos otros entes sin nombre definido, que, a partir de los supuestos encuentros con algunos individuos de la comunidad, pasan a convertirse en figuras legendarias y fantásticas de la sarta de historias de la tradición local. 

 

Por ejemplo, se cuenta que el mohán era un hombre que vivía en Guaymaral, de gran estatura y extremadamente obeso, llamado Severiano Aguirre, que pasaba por el camino de El Rodeo bufando como si fuera un toro, o quizás transformado en él, llegándose a afirmar incluso que su retrato se encuentra en la Normal Santa Teresita en la cabecera.

 

Versiones diferentes dan cuenta de que este ser no era único, sino que su existencia obedecía a una transformación física que algunos hombres podían experimentar bajo determinadas condiciones o por su propia voluntad, aumentando de tamaño hasta alcanzar estaturas increíbles, o transformándose en animales poderosos y temibles para el resto, siempre asustando con sonidos o figuras que al percibirse a la distancia, convencían a los demás de su poder sobrehumano.

 

Del duende, conocido igualmente en otros lugares como en Sucre o Quebrada Seca, se dice que hace muchos años, en el camino entre el Rodeo y el Llano de Montaña, había una familia frecuentemente acosada por este personaje y que ante esta situación decidieron mudarse de la casa.  Mientras estaban haciendo el trasteo, ordenando cada cosa dentro de la nueva vivienda, descubrieron que faltaba el pilón, y al buscarlo se dieron cuenta de que el duende también participaba de la mudanza llevando consigo este artefacto.  La historia continúa, como en otras versiones, pero con algunas variaciones: Un día apareció un señor que sabía como deshacerse del duende; les explicó que tenían que poner una mesa en la entrada de la casa con un vaso de agua y un “tiple afinado por angelitos”, así que siguieron sus instrucciones al pie de la letra, provocando que el duende cayera en la trampa.  Éste se bebió el agua del vaso y tocó tiple hasta las 5 de la mañana, y luego se fue de la casa, para nunca regresar. 

 

Las versiones de la forma física que toma este personaje  pueden ser absolutamente opuestas, pues de tener forma humana, puede transformarse en animales diminutos o  fastidiosos como el murciélago para introducirse y escabullirse por lugares muy pequeños, o volverse invisible, e incluso hacer que su esencia quepa en una botella de petróleo.  Este ser, que fastidia irremediablemente hasta el cansancio, no parece tener la forma de un castigo divino ante un error o la desobediencia de los miembros de la casa, sino que es más bien la encarnación de uno de esos seres sobrenaturales asociados al mal, cuyos poderes se limitan a hacer pequeños daños en las viviendas de familias numerosas, lo cual lo acerca a una personalidad bastante humana, más aun cuando su debilidad y la única manera de deshacerse de él es a través de la música, el licor y la fiesta.

 

En la tradición de este asentamiento, otros personajes aparecen igualmente asociados a animales y otros seres  de forma cercana a la humana, que echan fuego por la boca, que arrastran cadenas, que recorren grandes distancias produciendo sonidos y apariencias extraordinarias, evocando símbolos clásicos asociados al infierno y los seres de aquel mundo, aunque en realidad su presencia se limite a asustar a las personas, advirtiendo de los momentos y lugares restringidos como la noche o los espacios apartados y solitarios. 

 

En este orden de cosas, aparecen también los días sagrados y/o extraordinarios en los que el universo puede aparecer ante los ojos de sus habitantes de un modo diferente, como los días de la semana santa, el jueves y especialmente el viernes (dado que es el día de mayor duelo y respeto para la tradición católica que lo asigna a la evocación de la crucifixión de Cristo).  En esta fecha es cuando, dicen los rodeeños, se hacen evidentes los entierros o guacas repletas de oro, de indígenas y de ricos de otras épocas.  Los “tropeles de caballos” que se oyen pero que no se ven, así como los fuegos que alumbran y se extinguen súbitamente, dan cuenta de los lugares donde días después pueden ser  encontrados estos entierros. 

 

En el Rodeo, los personajes fantásticos “están vivos”, son parte del transcurrir del mundo en que se mueven sus habitantes, pues auque no todos creen, no ha de faltar ninguno por conocer las historias que hablan de ellos.  Así, los espantos aparecen y desaparecen ante los ojos de personas conocidas que no tienen reparos en afirmar la veracidad de tales acontecimientos. 

 

También sucede que hechos reales se exageren y enriquezcan, transformándose  y conservándose en la memoria como fenómenos que están más allá de la experiencia cotidiana del mundo, pero que se aceptan y recuerdan como episodios que sucedieron a personas de otra época.

 

De don José de la Cruz González, antiguo habitante del Rodeo que dejó descendencia aquí, algunos ancianos recuerdan, que tras su muerte, duró tan sólo dos horas en el purgatorio para luego subir al cielo, pues su nobleza y bondad lo mantuvieron como un ser “limpio de corazón”.  Después de muerto y enterrado, quizás años más tarde, el comentario llegó a oídos de los pobladores tras una cadena de mensajes transmitidos, como se dice desde el “Santo Papa”, que le reveló todo esto a las unas monjas en Bogotá y finalmente estas lo hicieron saber al sacerdote de Sopetrán.  Al parecer, este hombre se caracterizaba por ser inmensamente caritativo, pues con frecuencia daba limosna y colaboraciones a los más pobres, que iban hasta su casa a pedirle.  Dicen que cuando murió, los que más lo lloraron fueron los pobres porque era él quien les quitaba el hambre y a cada uno le daba en una mochilita un poco de cada cosa de comer que hubiera en su casa, aun ganándose el enojo de su esposa.

 

El territorio, pues, se construye continuamente en tanto las comunidades a lo largo de las generaciones, van integrando o excluyendo los lugares, las personas, las historias, asumiéndolos como parte de su vida u olvidando su existencia en un proceso de selección marcada no sólo por la utilidad corriente de los mismos, sino por la experiencia vital que a partir de ellos se produce.  Así, los acontecimientos y personajes en torno a los lugares, pero también los usos de éstos, determinan su nombre, la apropiación y los sentimientos que hacia ellos se construyen, plasmándose de este modo la apropiación y la  significación de los espacios por parte de un conjunto social.

 

De esta manera, en El Rodeo algunos personajes representativos para esta comunidad han proporcionado nombres a los lugares en los que han interactuado, como una manera de establecer asociación entre ellos y los espacios mismos, sin que por esta razón dejen de ser apropiados por el resto de los habitantes.  Este es el caso de lugares como Ísima, una extensión que hoy corresponde a El Rodeo y Córdoba, al noroccidente de la vereda, el cual hizo parte del antiguo resguardo de indios y luego perteneció a Alfonso Ísima, un indígena a quien probablemente se le asignó este terreno luego de la disolución del resguardo.  Así mismo, el llamado puente del Chiche, que marca la entrada a la vereda, donde comienza el camino desde Sopetrán hacia El Rodeo, obtuvo su nombre de un poblador que vivía cerca del mismo, cuyo apelativo era el de Jesús María Salas y a quien apodaban “Chiche Salas”. 

 

Pero los lugares no toman nombres súbitamente, no hay ritual o bautizo que los reconozca de un momento a otro, van tomando apelativos que se aceptan y se quedan en la memoria a través de los años, para ser evocados y ser recordados hasta convertirse en marcas y referentes simbólicos de la colectividad. 

 

En otros casos, son las características físicas, topográficas, y bióticas, o las actividades sociales y culturales las que dan origen a la toponimia y en general a la denominación  de lugares y espacios del entorno natural o construído.  Así, lugares como Sabanazo o Cuatro Esquinas, revelan una asociación de características físicas que designan los espacios.  Sabanazo, es, de hecho, un espacio intensamente poblado, más plano que otros lugares de la vereda, lo cual remite a la idea de sabana como ámbito topográfico[40].  De esta misma manera, Cuatro Esquinas es el nombre del espacio alrededor de un cruce de caminos.

 

Los nombres de las haciendas, fincas o establecimientos comerciales de otras épocas se mantienen en muchos casos como denominación de lugares o sectores, así estos hayan sufrido grandes transformaciones, como sucede con lugares de referencia como La Fonda, Tres Portones o Corral Falso entre otros.  De esta misma manera, el sector de la Aguamala, debe su nombre a la quebrada que recibe las aguas sucias del matadero que van a parar allí. 

 

La gente de la vereda sabe como se llama cada sitio, cada sector de su territorio,   aun si en  ocasiones desconoce el origen del nombre, la persona, evento o característica que este evoca.  Sólo algunos viejos dan cuenta en ciertos casos de la procedencia de los nombres, o sin proponérselo mencionan asuntos que dan idea de ello. 

 


4.2.2.3    Córdoba

 

-           Localización

 

Este corregimiento se localiza al occidente del municipio y de él hacen parte las veredas Córdoba, Ciruelar, La Miranda, Alta Miranda, Santa Rita y la zona urbana del corregimiento.  Para llegar a su casco urbano desde Medellín, es necesario desplazarse por la vía al mar, hasta San Jerónimo, donde se debe tomar la desviación que conduce a Sopetrán, siguiendo por esta vía, unos 10 km adelante, se encuentra esta localidad.  Se ubica en la zona media del municipio donde se presenta la formación vegetal de bosque seco tropical (bs-T), caracterizado por temperaturas superiores a los 24° C, altitudes que no sobre pasan los 1000 msnm y precipitaciones que no alcanzan los 2000 mm anuales.  Las principales fuentes de agua que atraviesan su territorio son la quebrada la Yunada, la Playita, la Hondura y la Miranda.

 

En esta localidad la indagación etnográfica se centró en los aspectos relacionados con al historia oral, enfatizando en aquellos elementos asociados a la explotación de fuentes de agua sal.  La permanencia en este asentamiento se redujo a dos días, de los cuales uno se dedicó al registro de las evidencias arqueológicas asociadas a la explotación salina; en el tiempo restante se recorrió el asentamiento, se sostuvieron conversaciones informales con distintos habitantes, y se efectuaron tres entrevistas formales a pobladores tradicionales de la localidad.

 

-           Territorialidad e Historia

 

Los habitantes de esta localidad identifican varios elementos en el paisaje que los lleva a pensar, en una ocupación muy antigua que se remonta a períodos anteriores de la conquista.  Las evidencias de la cultura material de antiguos pobladores del lugar, dispersa por algunos sectores de esta localidad, principalmente hacia el norte y el oriente, así como una significativa cantidad de alteraciones antrópicas del paisaje, son referentes importantes para los pobladores como indicios de aquella ocupación indígena.  Aunque no identifican una temporalidad precisa a esta antigua ocupación, la asocian a la gran provincia Nutabe del noroccidente y norte antioqueño, que cronistas y escribanos del siglo XVI describieron; por eso, es común encontrar que las respuestas al ser preguntados por los primeros pobladores, señalen se trataba de población Nutabe rica en oro y dedicada también a la explotación de las fuentes de agua sal que existen en las inmediaciones.  Este recurso se convierte entonces en un elemento importante en la historia de esta localidad, que marca su ocupación desde los primeros momentos, continuándose sus explotaciones hasta mediados del siglo XX.

 

Continuando con la secuencia de ocupación de este poblado, sus pobladores afirman desde la historia oral, que por allí pasó Jorge Robledo quien fundó a Sopetrán en el año de 1541; aunque a partir de las fuentes documentales es posible establecer que esta fecha de fundación no es cierta, se sabe que este capitán y sus huestes pasaron por el cañón del río Cauca deteniéndose algunos días en un pueblo, a orillas de este río, donde hallaron gran cantidad de panes de sal y fuentes de agua sal donde era explotado este recurso.  Otros afirman, acercándose un poco más al panorama histórico desde las fuentes escritas, que Córdoba fue el primer centro poblacional de Sopetrán, fundado por el Oidor y visitador Francisco de Herrera Campuzano en el año de 1615, donde estaban los indios que se dedicaban a la explotación de las fuentes de agua sal.  Con relación a lo anterior, doña Gariela Saldarriaga, maestra de escuela, afirma:

 

Aquí vivían los indios Nutabe…creo que ellos sacaban sal…Los salados existen desde la época de la conquista, desde la fundación de Córdoba por Jorge Robledo en 1541…el pueblo de Sopetrán fue primero en esta zona de Córdoba y que luego lo trasladaron. 

 

Los habitantes de Córdoba cuentan que después de estos tempranos acontecimientos, las explotaciones salinas siguieron siendo importantes, hasta el punto de que para finales del siglo XVIII era el primer centro productor de sal de todo el departamento; estas explotaciones son asociadas con gente “morena” que al son de la música y el baile[41], se dedicaban a las arduas labores de “cocinar el agua sal”.  Así mismo, consideran que estos pobladores morenos antiguos, les dejaron un oficio importante y que fue significativo hasta hace algunas cuantas décadas.  Con relación a la predominio de población “morena” en esta localidad, don Gabriel Méndez cuenta:

 

El único apellido que se relaciona con familia de blancos es el de los Zapata.  Aquí en Córdoba solo vivían negros feos y caratejos.  En las cocinas de sal trabajaban las mujeres cocinando la sal y los hombres trayendo la leña…

 

Algunos habitantes todavía recuerdan aquellas épocas cuando este recurso era importante en la economía local, actividad que en la primera mitad del siglo XX era desarrollada por mujeres, como lo relata Doña Gabriela:

 

…las mujeres se reunían en equipos para sacar la sal…tenían que pasar la mayor parte del día en las cocinas…allí se quedaban vaciando agua continuamente hasta que se secara la sal… A esa agua salada que se hervía en los fogones y hornos se le echaba clara de huevo para que recogiera la suciedad…al subirse la cachaza, se sacaba también la suciedad y así la sal quedaba limpia…la sal la almacenaban en huecos grandes donde la guardaban por 2 ó 3 días con ceniza…La leña la traían los hombres de por los lados de Cauca…hasta que finalmente ya no había de dónde sacarla…se acabó el combustible y el salado se fue acabando. Después de eso muchas personas se fueron para otras partes, muchos migraron a Segovia, Puerto Berrío o Medellín. 

 

Plantea Doña Sofia Serna, que el último de los propietarios de las tierras donde se encuentran las fuentes salobres era el señor Gabriel Viera, quien también tenía algunas propiedades en Quebrada Seca; cuenta además que quienes explotaban el recurso pagaban ¼ de lo obtenido al dueño del salado.

 

La producción de sal era comercializada en el mercado de Sopetrán a donde se desplazaban las mujeres, cargadas de bateas llenas de sal y adornadas con flores en su cabeza; allí, en una esquina del mercado reconocida como su punto de comercialización, se “acurrucaban” las morenas con varias calidades de sal, como son la de ganado y la de cocina; para el ganado se vendía la sal más gruesa y húmeda, mientras que para el consumo en los hogares se dejaba la más menuda y seca, aunque cada persona en su casa se encargaba de secarla aun más, mediante un proceso que consistía en limpiar el fogón de leña para poner allí un trapo y en él depositaban la sal, sobre la cual, rociaban agua cuidadosamente, de modo que la sal fuera quedando en gránulos más pequeños o menudos, que luego empacaban en calabazos para almacenarla en la cocina.

 

En el procesamiento de la sal, el agua que se cocinaba producía también “el aceite de la sal” que era un “aceite” especial que estas mujeres vendían en frascos, y al que le atribuían poderes curativos y por ello era muy apetecido como remedio para quitar dolores musculares, para el reumatismo y la artritis (Foto 16).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 16. Vestigios del antiguo salado. Vereda Cordoba, municipio de Sopetrán.

 

Según doña Gabriela…la sal les daba para vivir bien…tenían muchas alhajas…y estrenaban en cada fiesta.  Aparte del agotamiento de los recursos que servían de combustible al salado, los habitantes identifican otra situación que generó el decaimiento de esta actividad.  Afirman que las señoras que trabajan se fueron cansando, porque el trabajo era muy duro, pues…tenían que trasnochar mucho…y había que buscar la leña muy abajo…por allá por Cauca y dicen también que además se dejó de pagar la cantidad estipulada al dueño de la tierra, lo que ocasionó gran malestar y conflicto, lo que contribuyó a que cesara definitivamente la explotación del salado[42].

 

Los habitantes mayores de Córdoba tienen memoria de que existía una importante relación entre ellos y los habitantes de otros asentamientos de población “morena”. Así lo plantea doña Sofía Serna:

 

Los que vivían por el Puente de Occidente eran negros…menos los Gaviria y los Tamayo…esos venían de Santa Fe de Antioquia…venían a Córdoba a traer leña para el salado y a comprar la sal aquí mismo…esa gente era muy distinta…yo nací en San Nicolás y viví un tiempito por allá…la gente de San Nicolás es morena…lo mismo en La Puerta…esa gente era morena…pero no tan de piel oscura como los del Puente.

 

Por esta misma época, también se explotaban los placeres aluviales del río Cuaca y la quebrada Yuná; se trabajaba también con bastante intensidad la agricultura, principalmente plátano, maíz, yuca y arroz.

 

Entre las décadas del 30 y 40 del siglo XX, este poblado sufrió un proceso de despoblamiento ligado al decaimiento de la explotación salina y a la disminución del recurso aurífero; cuentan que muchos de los pobladores tomaron rumbos hacia el Magdalena Medio y el nordeste, tratando de encontrar posibilidad de trabajo en áreas de expansión de la frontera económica.  La experiencia de uno de sus habitantes sirve para ilustra esta situación; Don Gabriel Méndez cuenta:

 

Mucha gente partió de Córdoba buscando mejores posibilidades de trabajo, se fueron para Puerto Berrío, Puerto Gamarra, Aguachica, Ocaña, San Calixto, Santa Catalina, La Perdida…yo me fui con otros paisanos enganchado al Catatumbo; primero fui a Puerto Berrío, de ahí baje en dos días a Puerto Gamarra…después en carro hasta Aguachica y de ahí en garrucha [cable y motor] y llegamos a las cinco de la tarde a Ocaña…viajábamos cuatro por canastica…de ahí seguimos a pie hasta San Calixto…luego al Dos…luego a un punto que se llama Santa Catalina…de ahí llegaron a un punto que se llama La Perdida ya era el sitio propio de trabajo, ahí teníamos que construir una carretera, lo hacían por estaciones, cada estación eran 10 kilómetros de carretera; el segundo contrato que hice fue de 8 kilómetros y cuando eso se metió la guerra de Hittler y como era una compañía alemana se tuvo que ir y despedir a los trabajadores…nos sacaron a Puerto Sahagún y de ahí volvimos a Puerto Berrío.

 

Hace unos 25 años los territorios de Córdoba se han visto progresivamente influenciados por el proceso de cambio en el régimen de tenencia de tierra y la transformación en el uso del suelo, pues amplias extensiones son fragmentadas en pequeños y medianos lotes, donde son construidas parcelaciones y fincas de recreo; esto hace que tanto la parte central del caserío, que se encuentra alrededor de la pequeña plaza y la iglesia en reconstrucción, como las zonas rurales de los alrededores, estén casi completamente ocupadas por fincas de veraneo cuyos dueños solo las ocupan en fines de semana o periodos vacacionales, generando un cambio significativo en la dinámica económica y social del caserío.  Desde que se inició el establecimiento de estas parcelaciones y fincas de recreo, se ha venido dando un proceso de desplazamiento de los habitantes tradicionales hacia el área urbana de Sopetrán, o hacia Medellín, y se vienen modificando las actividades económicas de los pocos habitantes que continúan ocupando esta localidad, pues ahora predominan las actividades de jornaleo y mayordomía asociadas a estos nuevos usos del suelo, y la oferta ocasional de servicios a los turistas que recorren la zona en sus paseos de fin de semana.

 

También el fenómeno del surgimiento de grupos armados irregulares e ilegales ha tenido incidencia en la zona, y esta actividad se ha convertido en una fuente de “empleo” especialmente para los mas jóvenes, a pesar del desconcierto y preocupación que tales grupos y actividades provocan entre la mayoría de los adultos, quienes preferirían que sus hijos continuaran su tradición de trabajo y forma de vida pacífica.

 

 

4.2.2.4   Guiamaral

 

-           Localización

 

 

Esta vereda se encuentra localizada al suroccidente de la cabecera municipal, en la zona de vida bosque seco tropical (bs-T), caracterizado por temperaturas superiores a 24°C, niveles de pluviosidad que no sobrepasan los 2000 mm anuales y con alturas inferiores a los 1000 msnm.  Sus territorios están delimitados por los ríos Cauca y Aurrá, así como también por la Quebrada Seca.  Se encuentra en las inmediaciones de la carretera que conduce de San Jerónimo a Santa Fe de Antioquia, dos kilómetros antes del puente sobre el río Cauca. Se trata de una vereda caracterizada por un poblamiento disperso, donde la mayoría de las viviendas se ubican a ambos lados del camino que une a esta localidad con la vereda El Rodeo.  Con la construcción de la carretera que conduce a Santa Fe de Antioquia, esta vereda quedó fragmentada en dos sectores, uno hacia la margen derecha y el otro en la margen izquierda de esta vía.

 

Los habitantes de esta vereda identifican un poblamiento anterior al suyo y lo relacionan con la ocupación antigua de población indígena; para hacer estas afirmaciones se basan en las múltiples guacas que se encuentran en los pequeños cerros que rodean la localidad, entre los que se destaca el llamado “cerro de la mamita”; en estos sitios los habitantes de Guaimaral encuentran las manifestaciones físicas de aquella antigua ocupación.  Reconocen su carácter de “morenos”, e identifican su proceso de poblamiento de estas tierras como posterior a las evidencias indígenas, lo cual es evidentemente cierto; pero hablan también de un antiguo poblamiento negro procedente de Santa Fe de Antioquia, con base en la hipótesis del historiador sopetraneño Darío Sevillano[43], quien plantea que esta vereda fue poblada desde muy empezada la colonia por negros africanos que huyeron de la influencia de sus amos españoles y que conformaron un pequeño palenque en el lugar.  Esta versión es difícil comprobación ya que no existe referencia alguna sobre la existencia de palenques cimarrones para este sector del Occidente antioqueño.

 

En esta comunidad fue interesante observar cómo la historia es construida y recreada por una líder comunitaria; doña Angélica Montoya, quien es reconocida por el resto de los pobladores de Guaimaral como la que sabe toda la historia de aquí.  Así, cuando se hacen preguntas relacionadas con la dinámica de poblamiento de la vereda y sus actividades, siempre se remiten a ella; por tal circunstancia, la información obtenida aquí es apenas una versión sobre los hechos, la que Doña Angélica narra, no solo con base en la tradición oral de los lugareños, sino retomando también elementos que ha escuchado y aprendido de historiadores locales en cursos de capacitación y reuniones con otros dirigentes comunitarios de la zona.   El resto de sus pobladores dicen estar “cansados” de ser objeto de múltiples investigaciones, y son reacios a someterse a entrevistas y cuestionarios.

 

Doña Angélica Montoya recuerda de las épocas de su infancia, que:

 

Guiamaral era rico en agricultura y frutas.  En esta vereda la mayoría de las familias son propietarias de su vivienda, pero todo lo que trabajan lo hacen en tierras del señor Bartolome Peña y otras tierras propiedad de don Antonio Tamayo.  Las de don Antonio Tamayo si son de agua como el famoso dique y las afamadas vegas.  Estas tierras se riegan con agua del río Aurrá por medio de acequias…

 

Para los actuales habitantes, esta es una vereda muy antigua y no saben con certeza en que época se conformó; aseguran que tienen más de 200 años, pues sus abuelos y los choznos ya eran nacidos en esta comunidad.  Se refieren a dos elementos como fundamentales en la dinámica de desarrollo de la localidad; el primero de ellos, es el camino, ya mencionado en otros apartes de este informe, que parte de San Nicolás, comunicando todos los asentamientos de origen negro; es el llamado “el callejón”, por el que han transitado por generaciones los habitantes de dichos asenctamientos y por donde han circulado diversas mercancías hacia La Placita (sector de El Rodeo) y Sopetrán.

Sobre el camino cuenta doña Angélica Serna:

 

…por el camino se iban a vender leña, la primera estación era Corral Falso, la leña la vendían dos o tres veces a la semana, cada rastra valía 2 pesos; con eso se podía comprar rellena de res, papa, yuca, hueso…cuando eso era muy bueno porque no se pesaba…le echaban las cosas a uno a ojo…también la gente de aquí llevaba totumas para vender a Sopetrán… Las totumas se hacían con un gurbio…con eso se sacaba la carne del calabazo…después se ponía a secar…la ida a buscar calabazos se demoraba todo un día…a eso nosotros le decíamos tutumiar…en un día se podían hacer varis docenas…los sábados por la tarde empacaban por docenas en costales y el domingo salían a vender al parque de Sopetrán…se iba uno contento por ese camino.

 

Con la construcción de la carretera hacia Santa Fe de Antioquia en 1970, el camino fue duramente impactado y el circuito comercial fue interrumpido; a las mismas obras se atribuye que los cultivos que tenían los viejos también se hubieran afectado; es para este momento que los pocos propietarios comienzan a vender sus tierras, para dar paso a las primeras parcelaciones ubicadas a lo largo del trazado de la carretera.

 

Otro elemento de importancia para la gente de Guaimaral es la antigua acequia, la cual desde hace mucho tiempo…más de dos siglos posibilita el regadío de los cultivos. Según estudios de CORANTIOQUIA[44], se trata de un sistema de conducción de aguas por canal abierto alimentado por la corriente de la quebrada la Mirandita. Ante la Corporación, se encuentra registrada la Junta de Acción Comunal de esta vereda como usuario legal, para su aprovechamiento le ha sido aprobado un caudal de 4.00 litros por segundo, los cuales son destinados en su totalidad para el desarrollo de actividades agrícolas.

 

Otro hecho importante que retoman los pobladores de la localidad al recordar su historia es la construcción de la escuela; cuentan cómo durante su construcción la comunidad se unió entorno a este objetivo común; al decir de doña Angélica Montoya esa fue una de las mejores cosas que le paso a Guaimaral…y continua diciendo:

 

Pedro Antonio Peña, se condolió de las incomodidades para pasar al otro lado del río Aurrá y le dio por pensar en una escuelita en Guaimaral y habló con Bartolomé y les ofreció un terreno y le sugirió a Pedro que hablara con el padre de Sopetrán y él lo mandó a la alcaldía…se juntaron entre parroquia, comunidad y alcaldía para construir la escuela.  Hicieron una cantarilla…eso era como una rifa…recolectaron 35000 pesos, con eso la alcaldía dio el pase para la construcción, los bloques los hicieron los presos de la cárcel de Sopetrán y con material de playa del Aura…

 

Cuando los pobladores hablan de ofrecimientos y regalos de tierra para la construcción de la escuela, están planteando que la tierra en la que ellos cultivan siempre ha sido arrendada, al igual que sucede con los campesinos pobres en otras localidades de la región.  La tierra se concentró desde hace muchas décadas en las manos del señor Bartolomé Peña, quien arrendaba lotes de cultivo a los habitantes de Giaumaral; afirman que él era el quien mantenía el equilibrio económico en la comunidad, pues nunca dejó de arrendar la tierra y siempre favorecía al pobre, ahora el papel de redistribuidor lo cumple su hijo a quien llaman el “mono Peña”, y es a él a quien recurren cuando tienen cualquier tipo de dificultad.  Con relación al uso del suelo, cuentan que los viejos cultivaban maíz, tomate y cacao, pero se vieron afectados por la construcción de la carretera a Santa Fe de Antioquia porque las tierras se pusieron muy secas.

 

En la actualidad se sigue cultivando en las tierras del “mono Peña”; principalmente se siembra maíz, cuya productividad está determinada por el caudal que se maneje a través de la acequia.  Se recogen dos cosechas al año, en agosto o julio; mientras que en septiembre se siembra la traviesa, que se cosecha en enero.  Según Don Aristóbulo Montoya, una buena cosecha está representada por 5 o 6 cargas de maíz y una mala cosecha solo da una carga; este cultivo se destina básicamente al auto consumo, se almacena en trojas y encapachado.  También se siembran algunas variedades de fríjol como chinche, guandul, cuarentano y haba; estos productos son acompañados de Sandía y algunas cantidades de tomate, productos estos últimos que sí son comercializados.

La actividad agrícola en la actualidad atraviesa por un difícil momento, pues las dificultades para el regadío y las nuevas condiciones de la tenencia de la tierra han ocasionado que esta haya sido paulatinamente sustituida por la explotación de materiales de playa en el río Aura, vocación que comparten con sus vecinos de San Nicolás.

 

Aquí, como en Córdoba, en El Rodeo, en Sucre y en otras localidades, la consolidación del turismo como actividad económica preponderante en la región, está provocando cambios sustanciales no solo en la economía local sino en los modos de vida tradicionales.  La disyuntiva que hoy enfrentan los habitantes de Guaimaral en relación con el mantenimiento de la acequia y su aprovechamiento para las distintas actividades de la comunidad, presionados por los grandes propietarios y los nuevos dueños de fincas de veraneo, quienes pretenden controlarla, es muy diciente de los cambios que se están sucediendo, y que, de acuerdo con las tendencias actuales, se verán intensificados por los impactos de las obras de infraestructura en curso, como el túnel de occidente, o en proceso de planeación, como la represa Pescadero-Ituango.

 

De otro lado, Guaimaral por su condición de vereda habitada por “morenos” ha sido punto de referencia en el reciente surgimiento de organizaciones de negritudes, que reivindican su condición racial y cultural.  En el Diagnóstico Etnoambiental, elaborado por el “Cabildo Verde” para la Corporación Regional del Centro de Antioquia en el año de 1997  se trató de establecer si la vereda en cuestión podía ser catalogada dentro del conjunto de comunidades afrocolombianas del país, llegando a la siguiente conclusión:

 

Guaimaral es una comunidad que conserva una memoria sobre sus antepasados y hay un reconocimiento de las raíces africanas en la población más adulta, sin embargo, en una primera aproximación no fue posible detectar unas prácticas culturales que los relacione con comunidades negras donde se conservan prácticas etnoculturales del pueblo afrocolombiano, no se quiere decir con ello que no existan, probablemente las haya pero es necesario realizar un estudio y/o investigación que permita una recuperación de la memoria cultural para posteriormente ser apoyado por un proceso etnoeducativo que permita consolidar y fortalecer su etnicidad.

 

Es cierto que conservan memoria sobre sus ancestros y que hay un mediano reconocimiento de su identidad étnica particular, pero cabe la preguntarse hasta dónde es posible y justificado reivindicar una identidad afrocolombiana, cuando han estado inmersos en un largo e intenso proceso de mestizaje e hibridación.  La respuesta sin embargo no es asunto fácil, puesto que, como se reconoce hoy en día en  las conceptualizaciones sobre la identidad cultural y la etnicidad (ver capítulo 2), estas no solo se construyen con base en el pasado, sino que también tienen que ver con expectativas y proyectos de futuro; y al mismo tiempo, son resultantes de procesos de “invención de la tradición”, son circunstanciales, negociadas y orientadas a fines específicos, particularmente en el campo de la acción política. 

 

En la actualidad se detectan en la región ciertas corrientes y tendencias, que buscan (aquí, como en otras regiones del país), “recuperar” o “reconstituir” identidades culturales y étnicas en torno a esos emergentes movimientos de negritudes , dirigidos a reivindicar sus derechos particulares en el contexto del Estado que ha reconocido, al menos formalmente, el carácter pluriétnico y multicultural de la nación colombiana.  No es pues extraño que en comunidades locales del occidente antioqueño como Guaimaral, El Rodeo, San Nicolás y otras, despierten simpatías tales argumentos.  El complejo proceso de mestizaje y cambio cultural que han vivido a lo largo de generaciones, no es obstáculo para que se asuma en un momento dado una identidad “afrocolombiana”, pues, como decíamos, la identidad no constituye una esencia auténtica, continua e inmutable, sino que, si bien se nutre de elementos de la tradición, también responde a los intereses políticos actuales y los proyectos de futuro de una o varias comunidades en un momento dado de su historia.  Solamente una atenta observación del proceso en el futuro mediato podrá darnos una respuesta cierta sobre la viabilidad de tales proyectos, que por el momento son todavía muy incipientes.

 

Síntesis Municipal

 

 

De acuerdo con la información obtenida en las cuatro localidades, es posible plantear algunos elementos de singular importancia en la conformación de los asentamientos y los cambios que se han experimentado en el tiempo. Estos corresponden a los procesos de poblamiento, el uso del suelo y nuevas dinámicas de poblamiento. Es de resaltar que dentro de la historia oral de estas localidades, surgen con frecuencia alusiones a un pasado íntimamente ligado con la presencia de poblaciones negras, las cuales se dedicaban a la explotación de diferentes recursos y hacían parte importante del circuito comercial de Sopetrán.

 

Con relación a los procesos de poblamiento en los cuatro asentamientos, importante anotar que ellos exhiben características similares, pues sus habitantes reconocen por parte de los pobladores una ocupación durante el periodo colonial temprano por parte de gente “morena”. En su construcción de la historia del asentamiento, surgen algunos planteamientos en los que se refiere a cuadrillas de esclavos que fueron introducidas a esta porción del Occidente antioqueño, como estancieros, mineros y personal de servicio, que derivaron en agricultores para surtir la demanda de los mercados de Sopetrán y Santa Fe de Antioquia.

 

 

Es inudubale que a lo largo del período colonial y especialmente después de la liberación de los esclavos, estas comunidades han vivido un intenso y continuo proceso de mestizaje e hibridación que ha transformado sustanciamente su composición étnica y sus prácticas culturales, al punto que hoy solamente se pueden identificar unos pocos vestigios de la tradición de origen africano. No obstante lo anterior, tanto en su autopercepción, como en las designaciones utilizadas por los habitantes de otras localidades de la región para referirse a ellos, persiste la referencia a “lo moreno” o “lo negro” o “lo africano”, en terminología más contemporánea, y con base a ello parecen haberse puesto en movimiento procesos organizativos de autoafirmación de una identidad distintiva, en parte “recuperada”, en parte “inventada”, pero en cualquier caso podría llegar a adquirir dimensiones políticas significativas en un futuro no muy lejano, de persistir dichos esfuerzos organizativos y discursivos.

 

Córdoba por ejemplo, fue importante desde 1797 por la explotación de fuentes salinas, con las cuales se abastecían mercados como el de Sopetrán, Santa Fe de Antioquia y de asentamientos más pequeños. Por su parte San Nicolás, suministraba totumas, peces y maderas para la combustión de la explotación salina y para el uso doméstico. Mientras tanto, Guaimaral y El Rodeo contribuían con leña, totumas y productos agrícolas; todos ellos eran conducidos por el antiguo camino que de San Nicolás llevaba a la parte central de Sopetrán. Esta ruta comercial plantea una importante interacción Interlocal, ella se ve reflejada en intrincadas redes de parentesco que aún hoy están vigentes, pues no es extraño encontrar personas en San Nicolás con vínculos familiares en San Nicolás, como es el caso de doña Sofía Serna, o Guaimaral con El Rodeo, como lo representa la intricada red de parentesco de doña Angélica Montoya. Por otro lado, existen importantes referentes de identificación en cada una de las localidades, desde donde fortalecen su imagen de comunidad y plantean la diferencia con sus vecinos, todo en un marco anterior de complementariedad.

 

San Nicolás es asociado al Santo, es sitio de romería durante las fiestas patronales en el mes de diciembre y con cierta regularidad grupos de oración conformados por mujeres de Guaimaral, La Puerta y El Rodeo se desplazan allí para cumplir con deberes religiosos y además fortalecer sus lazos de parentesco. Guaimaral es asociado a la antigüedad de su acequia, a sus tierras fértiles y por ser un importante productor agrícola. Además, otras localidades haciendo una lectura de los rasgos fenotipicos ven en sus habitantes como “negros”, se refieren a esta localidad como “África”; sin embargo, ellos se identifican como “morenos”, al igual que los habitantes de San Nicolás, La Puerta, El Rodeo y Córdoba. Dicen con cierto humor y descontento negros no…nosotros somos morenos…los negros son del Chocó, esta explicación no solo se escucha en Guaimaral. Por  otro, lado El Rodeo es aun relacionado como sitio de paso hacía Sopetrán, en el cual se plantaban los arrieros y comerciaban parte de sus productos en el sitio conocido como la Placita, lo hacían antes de llegar al pueblo y con ello daban preferencia a otros viajantes. Córdoba por su parte, aun hoy es recordado por las señoras que se plantaban a vender la sal…esa era la mejor sal que se conseguía por aquí, dicen doña Sofía Serna y doña Angélica Montoya. Pero esos tiempos ya pasaron, el mercado de la Placita ya no se lleva a cabo, los salados quedan como testigos mudos de la historia de Córdoba. La acequia de Guaimaral sigue funcionando, pero su caudal ha disminuido notablemente y su control es hoy fuente de incertidumbre para la comunidad local; la servidumbre del antiguo camino ha sido fraccionada y el tránsito por el es restringido, además existen nuevas vías que hacen que el ya no sea transitado. Permanece la iglesia de San Nicolás y la devoción por el santo, pero también sus feligreses estan sometidos a presiones en el cambiante contexto regional.

 

En términos generales se percibe un intenso proceso de transformación, asociado al agotamiento, pérdida de vigencia o pérdida de control por parte de las comunidades locales de recusos que en otra época fueron claves para su subsitencia y moldearon sus relaciones sociales, como el oro, la sal, y el agua para regadío de los cultivos mediante el sistema de acequias, y asociado también a la progresiva imposición de la actividad turística y recreativa como elemento dominante de la economía, con lo que se modifica la estructura de la propiedad, los usos del suelo, la estructura del empleo, y con ello se altera también la composición de las unidades domésticas, la estructura organizativa de las localidades y el sistema de relaciones entre localidades y sus formas de articulación con las cabeceras municipales y con los centros de mercado y sedes del poder político administrativo local y regional.

 

Todas comparte procesos comunes de desterritorialización, si bien unas con mayor intensidad que otras estos son visibles cuando los antiguos pobladores venden sus tierras a parcelaciones recreativas y ya no son entonces las casas pequeñas que albergan unidades domésticas con fuertes vinculos familiares las que dominan el paisaje; sino que son las ostentosas residencias con piscinas, separadas del vecindario por rejas de seguridad, y custodiadas por mayordomos de otras regiones o de allí mismo, las que se observan en número cada vez mayor. Esto sin lugar a dudas ha contribuido a la fragmentación de las unidades sociales, por la vía de la expulsión de la población jovén y aún de unidades familiares enteras hacia otras localidades de la región o hacia Medellín.

También se presenta una ruptura en las formas asociativas para la producción, pués formas como la mano cambiada, el trabajo al 1/3 o al ¼ se han visto sustituidas por relaciones obrero patronales que inciden en la estructura del empleo a escala local y regional, en la circulación del capital y por consiguiente en la cosntitución de las unidades familiares. El regimen de tenencia de la tierra predominante en la zona, donde predominan grandes y medianos propietarios de las cabeceras municipales o de Medellín, por un lado, y una amplía masa de campesinos pobres arrendatarios o salariados, sin tierras de labor y que apenas poseen pequeños lotes de pan coger alrededor de sus viviendas, es igualmente un elemento muy significativo en la configuración de las realciones sociales en el municipio y, más allá en la región en su conjunto. El hecho de que la propiedad de las áreas tradicionales de cultivo no esté en manos de los pobladores de la mayoría de las localidades estudiadas hace que este tipo de producción agrícola no solamente se desarrolle a muy pequeña escala, sino que genere beneficios muy limitados. Frente a ellos se yerguen los cultivos industrializados modernos, fundamentalmente de frutales, que predominan en otra áreas de la misma región.

 

Otras circunstancias sociales y políticas que afectan a la región, como afectan también a tantas otras zonas del país, están representadas en la presencia de las autodefensas, quienes ejercen control coercitivo en las localidades y son vistas por algunos jóvenes como modelos a emular. Aún cuando los efectos estructurales de este fenómeno todavía no son completamente claros, no hay duda de que su impacto conllevará cambios sustanciales en el régimen de propiedad del suelo, en las dinámicas territoriales de la población, y en el manejo de los recursos naturales y humanos de que dispone el municipio y la región. Su análisis detallado excede los objetivos de este estudio, pero deberá ser objeto de otras investigaciones.


[1] San Nicolás: Los Almendros, Guaymaral, La Puerta, Juntas y San Nicolás. Córdoba: Córdoba, Ciruelar, La Miranda, Santa Rita, Alta Miranda (EOT Sopetrán 1999:22).

[2] Tamarindo, mamoncillo, melón, papaya, cacao, guanábana, mango y zapote.

[3] No en vano Sopetrán es el primer productor de maracuyá en el departamento.

[4] Actividad que tuvo su momento de auge en el siglo XVI y las primeras décadas del siglo XVII.

[5] Actitud que seguramente también se dio en otros sectores tabacaleros como Obregón, San Nicolás y Sucre.

[6] A.H.A Indíce minas tomos 1 y 2

[7] Estos núcleos de población parecen haberse establecido en la periferia del pueblo de indios de Nuestra Señora de Sopetrán.

[8] EOT1998:11

[9] E.O.T

[10] Obregón fue también un asentamiento antiguo con fuertes vínculos con San Nicolás y los otros núcleos poblados considerados en este estudio, pero la población nativa ha sido prácticamente expulsada del lugar, y las pocas familias que permanecen en este territorio, hoy convertido en una parcelación privada, se desempeñan como mayordomos sin tierra propia. De hecho, el caso de Obregón es ilustrativo de lo que podría suceder con otros asentamientos ante la presión económica provocada por el desarrollo turístico del occidente antioqueño.

[11] Sánchez 1995.

[12]Programa de Recuperación de la Memoria cultural de Antioquia.  Área de Economía y Ecología.  Secretaría de Educación y Cultura de Antioquia, Universidad de Antioquia, Facultad Ciencias Económicas, Departamento de Economía.  1991:7; Sánchez 1995.

[13] Interesante documento con el que cuenta la comunidad y en donde se plantea que las tierras de San Nicolás van desde la Quebrada Seca hasta el sector denominado como Naranjal, documento que ha sido transcrito en su totalidad y se presenta en el anexo 4.

[14] José María Martínez 2001. En: Diario de Campo proyecto Occidente Medio 2001.

[15] Juan Fernando Tilano 2001. En: Diario de Campo proyecto Occidente Medio 2001.

[16] Sánchez 1995:89-90

[17] Juan Fernando Tilano. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio.

[18] Ricardo Cruz. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio.

[19] Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001. Nacido en el sitio conocido como Goya.

[20] No quiere decir esto que San Nicolás funde su historia e interacción local solo por la vía de las actividades del río.

[21] Sobre todo Bocachico y de los cuales se podían obtener hasta 200 peces por día. En: Diario de campo Occidente Medio 2001.

[22] El San Nicolás de hoy que es un caserío con diferentes formas arquitectónicas, cuyas materia prima reproduce no solo la utilizada en los centros urbanos cercanos, sino también la de Medellín.

[23] Avelino Rueda. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[24] La distancia con relación al río determina tierras secas, diferentes de tierras “mojadas”; esa categoría le imprime una valoración espacial al suelo y a su uso.

[25] Tipos de relaciones entre el dueño de la tierra y quien la explota. Mano cambiada consiste en que una persona presta sus servicios a otra durante uno o más días y el otro no paga en efectivo sino trabajando durante el mismo número días en las tierras del primero. Al cuarto, consiste en que el trabajador  debe pagar una cuarta parte de lo obtenido al dueño de la tierra. Al partir, consiste en que se distribuye el producto o  las ganancias obtenidas de su venta, de manera equitativa entre propietario y trabajador.

[26] También denominados columpios.

[27] Obregón. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[28] Buriticá, Sopetrán o Sabanalarga.

[29] No se hace referencia personal de ellos para proteger su integridad física.

[30] Rosa Elvira Tilano. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[31] Avelino Rueda. En: Diario de Campo proyecto Occidente Medio 2001.

[32] Sánchez 1995:31.

[33] Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[34] Avelino Rueda. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[35] Ibíd.

[36] Sin embargo, no se esta proponiendo aquí un patrón homogéneo para el Occidente Medio, esto es aún prematuro ya que la información con la que se cuenta es muy poca. Tampoco podría aventurarse una hipótesis frente a la mixtura de tradiciones blancas, negras e indias durante la colonia y la república.

[37] Debora Gil. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[38] Rosa Emilia Tilano. En: Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[39] Diccionario de la Real Academia Española, 1992.  vigésima primera edición.

[40] Esta misma palabra, sabanazo, es usada en   lugares del caribe para designar igualmente una sabana o pradera de reducidas dimensiones.

[41] Las descripciones sobre la música y el baile son poco extensas y vagas.  Sin embargo, es posible que estas manifestaciones lúdicas correspondan a la Candanga. Se trata, según comunicación personal con Claudia Quiroz de la Escuela Popular de Arte —E.P.A— y con el investigador Jesús Mejía Osa, de una expresión que consistía en sainetes y sátiras que están relacionados con el “baile de los diablitos” de Santa Fe de Antioquia y era una manifestación artística de la última capa social.  Así mismo, esta es vista como un movimiento de índole sociocultural “afroantioqueño”, el cual, al parecer, tuvo sus orígenes en la hacienda de la familia Obregón a orillas del río Tonusco (es posible que se trate del Obregón de hoy).  En esta expresión musical y teatral, se manifestaban elementos que abogaban por la libertad de los esclavos y negros cimarrones; data aproximadamente del siglo XVIII, y consistía en coplas danzas y toques de tiple; según Jesús Mejía este era un sandungueo con lenguaje sensual campesino mulato, no solo se reducía al occidente pues estas manifestaciones también se dieron en El Retiro e Itagui.

Por otro lado, anota Jaime Jaramillo Uribe en su texto Travesías por la Historia que el cimarronismo y los palenques de esclavos plantearon un serio problema para la sociedad colonial durante la segunda mitad del siglo XVIII, sobre todo entre 1750 y 1790.  El mismo autor ilustra el carácter regional de la Candanga, para ello hace referencia al juicio seguido a Pedro Elejalde en la ciudad de Rionegro, en los años 1777 y siguientes.  Se trata de un juicio por cimarronaje en el cual…Se preguntó también si los testigos sabían que…varios esclavos de esta villa como de los parajes de Envigado, Itagüí, San Jacinto y Rionegro, bajo el nombre de Candonga, propulsaron otra conspiración contra sus amos…A.N.C. NE, Antioquia T II, ff 21 y ss. En: Jaramillo 1995:103.

 

[42] Aun pueden observarse ruinas de las construcciones, canales, estanques y hornos, que albergaron el último entable de explotación de sal, así como pedazos de metal y cerámica dispersos en una amplia zona aledaña a la fuente salina; se trata de abundantes y densos depósitos de vestigios que dan cuenta de la importancia que tuvo este sitio en la vida social y económica de Córdoba y Sopetrán.

[43] Monografía vereda Guaimaral 1994.

[44] CORANTIOQUIA 2000:40

4.2.1 Municipio de Buriticá

En este aparte se hará referencia al contexto municipal, el cual fue abordado a partir de las características ambientales, socioeconómicas e históricas; así mismo, se presentan los contextos locales de los asentamientos de referencia, que para este caso son las veredas de Untí y Bubará, así como el corregimiento de Guarco.

Contexto municipal

           Características geográficas

Este municipio se localiza en la vertiente oriental de la Cordillera Occidental y hace parte de la dirección territorial Hevexicos de CORANTIOQUIA; su cabecera está localizada a los 6º 43 16” de latitud norte y 75o 54 41” de longitud oeste, con una altitud de 1650 msnm, una temperatura promedio de 19.3 grados centígrados y una precipitación media anual de 1430 mm.  Para llegar a su cabecera es necesario desplazase desde Medellín por la vía al mar, pasando por Santa Fe de Antioquia y luego, tomar una desviación a la altura de la localidad de Pinguro; este recorrido es de unos 107 Km de longitud (IGAG 1996; Tomo 1: 329).

La extensión del municipio es de 368 Km2  y limita al norte con Peque, al este con Sabanalarga y Liborina, al sur con Santa Fe de Antioquia y Giraldo, y al oeste con Cañasgordas (Ibíd). De este territorio, el 1.1% esta cubierto de bosques, el 33.5% de pastos, el 4.4% de rastrojos, el 41.2% en áreas que han perdido la cobertura vegetal; el 18.8% corresponden a sectores urbanos y a terrenos cultivados (EOT Buriticá 2000).  De las anteriores cifras se desprende que los suelos de este municipio están bastante degradados por las múltiples intervenciones antrópicas, principalmente por la minería.  Fisiográficamente, este municipio pertenece al llamado Cañón del Río Cauca, conformado por un Valle intercordillerano, que se caracteriza por fuertes pendientes ente las cordilleras Central y Occidental.

Su territorio está conformado por varias unidades litológicas, como son el grupo Cañasgordas, la formación Barrosos, el Batolito de Sabanalarga, las andesitas de Buriticá y los depósitos recientes del cuaternario. El grupo Cañasgordas esta conformado por rocas sedimentarias como las liditas, calcáreas y lodolítas, formadas en el cretáceo superior y que se distribuyen en pequeños núcleos por el sector sur del municipio; la formación Barroso, se compone de rocas volcánicas y cubre un área importante del municipio, pues alcanza más del 85% de la totalidad de la extensión, concentrándose principalmente en los sectores norte y centro del municipio; el batolito de Sabanalarga está compuesto por rocas ígneas del cretáceo, donde predominan las dioritas y las orblendas, las cuales afloran como cuerpos alargados en dirección norte – sur, principalmente en el sector sur – oeste , en inmediaciones del río Cauca; las andesitas de Buriticá son cuerpos semi – alargados del terciario que se encuentran principalmente en el sector sur – oeste de la cabecera; por último, los depósitos del cuaternario, están constituidos por los aluviones formados por arenas y gravas localizados en los cauces de las corrientes superficiales y el las planicies de inundación, además de los depósitos de vertiente constituidos por materiales transportados por eventos torrenciales, debido a las fuertes pendientes de este territorio (EOT Buriticá 2000).

Con relación a la geomorfología, este municipio presenta unidades de vertiente largas con una topografía abrupta y pendientes de fuertes a moderadas, drenajes profundos, donde se forman valles en forma de V, con poca vegetación; estas unidades se localizan principalmente en el sector occidental del municipio.  Las unidades de vertientes cortas están conformadas por laderas de poco desarrollo, filos y altos, localizados hacia la parte media de las vertientes, formando colinas cortas y semiredondeadas con pendientes menores y cañones poco profundos.  Las unidades de colinas bajas están formadas por depósitos de vertiente, donde se presenta un relieve bajo e irregular, con drenajes escasos y poco profundos; estas unidades tienen suelos pobres, poco desarrollados y afectados por erosión laminar, lo que hace que en muchas ocasiones no presente cobertura orgánica; en el municipio se localizan hacia el oriente y sur de sus territorios (EOT Buriticá 2000).

 Con relación a la red de drenaje, se observa que aunque presenta un gran numero de ellas, se encuentran en un alto grado de degradación por la perdida de la cobertura vegetal y por los bajos niveles de pluviosidad que presenta la región; esta situación ha determinado en gran medida la localización de los asentamientos en jurisdicción de este municipio. Aparte del río Cauca se destacan las cuencas de las quebradas Las Cuatro y La Clara que cubren más del 70% del área municipal; otra cuenca de cubrimiento significativo es la de la quebrada Tesorera, que cruza el municipio por el sector sur – oriental.

 En esta municipalidad se encuentran diferentes zonas de vida; las partes bajas, por debajo de los 1000 msnm, se caracterizan por vegetación xerofítica y una zona de vida de bosque seco tropical (bs-T), en donde predominan condiciones de humedad bajas, pues las lluvias no sobrepasan los 2000 mm. anuales, presentándose además  una biotemperatura superior a los 24 grados centígrados; del total del municipio, en esta zona de vida se encuentran 61.5 Km2 que equivalen al 16.9% de total de sus territorios. También se encuentran sectores en bosques premontanos húmedos (bh-P), en la zona altitudinal que va desde los 1000 a los 2000 msnm; allí se presenta una precipitación promedio entre 1000 y 2000 mm de lluvia anual y una biotemperatura que oscila entre los 18 y los 24 grados centígrados; cubre un área de 174.0 Km2 que representa el 47.8% del municipio. El bosque muy húmedo montano bajo (bh-MB), rodea la formación anterior, ocupa una franja altitudinal que va de los 2000 a los 3000 msnm. y sus características son una biotemperatura entre los 12 y 19 grados centígrados, un promedio anual de lluvias de 1000 a 2000 mm anuales; esta última formación configura extensos paramos, importantes en la jurisdicción de este municipio, que se encuentran protegidos por acciones administrativas de CORANTIOQUIA y cubren 128.5 Km2, que representan el 35.3% del total del área municipal (Espinal 1985; EOT  Buriticá 2000).

 -           Características socioeconómicas

 En cuanto a la composición y distribución de la población, este municipio está conformado por cinco corregimientos y 32 veredas, donde viven 3481 hombres y 3219 mujeres.  La producción agrícola del municipio es pequeña en el contexto regional y el producto que más se destaca es el café, que cuenta con una área plantada de 917 Ha, de las cuales 807 están en producción, con una productividad promedio de 625 Kg. por Ha. para un total anual de 566.9 toneladas; de acuerdo a las cifras proporcionadas por Planeación Departamental, esta producción, en términos generales, ha venido disminuyendo desde el año 1986, cuando alcanzaba un total de 935 toneladas.  Otro producto importante del municipio es el plátano, del cual se encuentran 297 Has. plantadas con una productividad promedio de 1966 Kg. por Ha. para un total de 583.9 toneladas anuales.  Con relación a el sector pecuario, encontramos que el 77% del ganado bovino es de doble propósito, un 20% se dedica a la producción de carne y únicamente el 3% restante corresponde a ganado de leche; para el sustento de estos animales hay 12310 Ha en pastos para el pastoreo y 300 en pastos de corte (EOT Buriticá 2000).

 Una actividad importante de este municipio es la explotación aurífera, tanto de veta como de aluvión; esta actividad económica no solo es importante en la actualidad, sino que ha sido significativa en la historia de este territorio, pues siempre ha sido importante su producción en el contexto regional y departamental; así mismo, se ha convertido en elemento de identidad de sus habitantes.  Según los estudios técnicos, en este municipio es factible la explotación de este recurso no renovable aunque no en grandes cantidades. En la actualidad se explotan filones auríferos en el sector central del municipio, donde se destaca la mina conocida como La Centeno, que al parecer ha sido explotada desde épocas coloniales, primero a cielo abierto y ahora mediante largos socavones y empleo de tecnología industrial moderna; esta mina constituye una fuente de empleo importante para los habitantes del municipio, principalmente para los de las veredas El Naranjo y Los Asientos.  En la actualidad se tienen en el municipio 35 licencias de explotación vigentes, concentradas en aquellos sectores donde se localiza la formación de andesitas de Buriticá (EOT Buriticá 2000).

 Con relación a las vías de comunicación, encontramos que únicamente se cuenta con dos carreteras; una de ellas comunica la cabecera con la localidad de Pinguro sobre la carretera al mar, tiene una extensión de 5 Kms. y está catalogada como una vía secundaria; la otra, es una vía terciaria, tiene una extensión de 27 Kms. y comunica a la cabecera con el corregimiento de Tabacal.  Adicionalmente, este municipio cuenta con 8 caminos de herradura que forman una red de comunicaciones importante para los habitantes de las áreas rurales.  En la tabla que se presenta a continuación se relacionan estos caminos, con sus distancias y las localidades que comunican (Tabla 3).

 Tabla 3. Principales caminos de herradura en el municipio de Buriticá.

 

Camino

Extensión en Kms.

Buriticá – Guarco

6.3

Buriticá- Angelina

10

Tabacal – El Guásimo

7.5

El Naranjo – Angelina

8.3

Tabacal – Urarco

13

Tabacal – Limites con Cañasgordas

14.5

Urarco – Puente Las Cuatro

13

Urarco – Limites con peque

7.5

 

 

-           Contexto histórico municipal

Esta población tiene sus orígenes como pueblo de indios.  Fue fundada por Francisco de Herrera Campuzano en 1615 con naturales de las encomiendas que se encontraban en los cerros de San Antonio y Buriticá.  Desde épocas muy tempranas los territorios de este resguardo fueron ocupados por mestizos, negros y blancos quienes en cuadrillas y/o de forma independiente, se dedicaron a la explotación de filones auríferos que allí se encontraban.  Los naturales de este lugar fueron ocupados en el real de minas  de este pueblo, lo que provocó que muchos de ellos dejaran sus territorios para refugiase en los terrenos baldíos del Occidente Antioqueño (Salazar 1994).

 La  presencia permanente de libres en este resguardo y de cuadrillas de esclavos provocó grandes conflictos a todo lo largo del siglo XVII y XVIII.  A finales del siglo XVIII, cuando se encontraba la provincia de Antioquia  en una gran crisis minera, la población indígena de este resguardo intensificó las actividades agrícolas y se estableció la ley de las rozas de comunidad  en los sitios de Tabacal y Naranjal (INER – Secretaría de Educación 1995).

 Para el siglo XIX, el territorio de este resguardo correspondía a los  límites del municipio hacia el sur,  y hacia el norte, la quebrada Rosa, la cual servía de lindero  con el resguardo de San Pedro de  Sabanalarga.  Las principales cuencas eran la quebrada La Clara, la quebrada Rosa y el río Cauca.  Se encontraba a una jornada de la ciudad de Santa Fe de Antioquia, caracterizándose sus territorios por fuertes pendientes que dificultaban las actividades  agrícolas.

 Sus suelos eran estériles por la extrema sequedad  y poca pluviosidad, ubicándose  en los pisos térmicos cálido y templado, con una extensión total de 364 Km2. Como ya se dijo, este resguardo fue sometido a continuas invasiones por parte de los libres, lo que, sumado a las condiciones topográficas, ocasionó interminables pleitos.

 En 1836 el personero Alfonso Lotero informaba que:

  …aquellos infelices…continúan siendo la presa de los libres [pues] se apoderan de sus resguardos de propia autoridad, los ultrajan y así los sacan de sus posesiones y pertenencias valiéndose  de la fuerza e intimidándolos ….. Podría decirse que estos males se remediaran practicando la distribución de los resguardos que esta prevenido  en la ley. Pero este recurso parece no ponerse en ejercicio tanto porque los indígenas están contentos por vivir en comodidad y se opone a la división. Cuanto que es impracticable  a causa de que el terreno es muy desigual en su fertilidad compuestos de grandes peñascos  y cuchillas áridas; por lo que quizá habrá que hacer esta excepción   de la ley….. Entre tanto la oprimida  tribu por quien  hablo demanda del gobierno toda su protección y todo el amparo que la humanidad y las leyes presten a los desgraciados indígenas y declaro pues, por manifestación  del título de sus resguardos se sirva prevenir que inmediatamente proceda  a la lanzar a todos aquellos que por no pertenecer a la tribu indígena no han tenido derecho alguno para introducirse y posesionarse en sus resguardos… (A.H.A tomo 2537. Doc.  B F 285V).

 Para 1840, Martín Higuita, a nombre de los indígenas de Buriticá, pide la anexión de algunos terrenos baldíos, a causa de la disminución de tierras ocasionada por la división que se hizo del resguardo de Sabanalarga y la pérdida del punto llamado Cuajaron, sitio destinado a cultivos. Por este motivo, solicitan la adjudicación de los terrenos desde el punto conocido como Fragua hasta el morro de Singo; esta petición no fue aceptada, pues eran tierras que fueron declaradas  judicialmente a favor de la familia Oquendo (INER 1995).

 Según las autoridades, en el resguardo de Buriticá existía un territorio  suficiente que bien podría ser repartido a los indígenas. (A.H. A. Tomo 2537. Doc 22:F 344R), pero esta interpretación que hacían los funcionarios de la administración republicana, al momento de la repartición se demostró equivocada, y se evidenció la escasez de tierras para la repartición entre los indígenas; por esta razón, la ley de 1832 con la que se buscaba la liquidación definitiva de los resguardos, no pudo aplicarse inmediatamente y la disolución de éste se postergó hasta 1839, cuando el gobernador Obregón logra consolidar la división de las tierras  con base en un levantamiento topográfico.  Este informa a la cámara provincial que

 …verificada ya la mesura de los de Buriticá y levantó el plano topográfico, se trabaja actualmente en su distribución; la esterilidad de estos terrenos y la desmembración que ha sufrido de su parte más pingüe a virtud de sentencias y judiciales, ha presentado  obstáculos a la venta de la porción asignada para los gastos de mesura. Y repartimiento y por consiguiente se han entorpecido  en su conclusión…(Uribe y Álvarez. 1987: 171).

 En síntesis, el territorio  de este resguardo era poco y de mala calidad a la hora de ser distribuido entre los pobladores que debían dedicarse a las actividades agrícolas, ya que este pueblo de indios fue constituido sobre la base de un real de minas.  Al disminuir tanto el recurso aurífero como los terrenos aptos para los cultivos y aumentar la presión de la población libre, los indígenas quedaron en condiciones desfavorables frente a la política de repartición de tierras, lo que ocasionó retrasos en la desintegración de este  resguardo.

 Al inicio de siglo XIX el resguardo de San Antonio de Buriticá contaba con 729 indios entre tributarios, jubilados, jóvenes, mujeres y menores de 18 años, mientras que los libres ya ascendían  a 430 y los esclavos llegaban a 25 (A.H.A. Tomo 343. Doc. 6358 Trascripción Ivonne Suárez).  Para 1812 la población indígena había disminuido y solo aparecen 658 personas presentándose un decrecimiento del 10.7% en 4 años.  Sin embargo, para 1820 la población incrementa levemente en 46 personas, lo que representa un crecimiento del 6.1%.

 En 1832, año en el cual se realizó un  censo sistemático de la población indígena localizada en el territorio antioqueño en cumplimiento a la ley del 2 de noviembre sobre disolución de resguardos,  el pueblo de indios de Buriticá  contaba con 960 personas de las cuales 493 eran hombres  y 467 mujeres; más del 50% de la población tiene menos de 14 años, mientras que solamente el 10 % tiene más de 40 años.  En los últimos 12 años (de 1820 a 1832) la  población indígena creció en 256 personas, lo que corresponde al 26.6%.  Para esta fecha, el mestizaje estaba bastante avanzado, pues figuraban 57 hombres libres casados con mujeres indias, que se incluyen en la pirámide con sus hijos, puesto que son considerados indios.  Entre estos libres sobresalen los apellidos David, Jaramillo, Manco, Graciano, Campos, Rueda, Agudelo, Olguín etc.  Además, aparecen 56 mujeres libres casadas con indios, cuyos hijos no se incluyen en la pirámide por no ser reconocidos como indios dentro de las categorías raciales y étnicas de la época.  Los apellidos predominantes son David, Salas, Tangarife, Guerra, Castro, Sepúlveda, Díaz,  Higuita, Usuga, Sogorro, Manco, Goes, Graciano y Tuberquia (A.H.A. Tomo 687. Doc. 3: F 97R – 162V).

 Aunque para 1851 ya se había repartido las tierras del resguardo, entre los habitantes de la zona aparecen 1.011 indios de los cuales 540 eran mujeres y 471 hombres, y entre ellos, la población menor de 20 años representa más del 50% del total (A.H.A. Tomo 2698. Doc 3.).

 Con relación a la población libre, disponemos de las siguientes cifras demográficas en la segunda mitad del siglo XVIII y el siglo XIX.

 Para 1780 la población de Buriticá ascendía solo a 308 personas entre indígenas y libres; Ya en 1808 se presentó un incremento de la población pues se reportan 1.184 habitantes con una densidad 3.25 h/km2.. En 1823 se reportan 1513 habitantes en Buriticá, convirtiéndose este último en el principal centro poblado de esta subregión, ya que concentraba en 62% del total.  Para esta época la población de Buriticá se había incrementado en un 27.7 % con relación al año 1808, con una densidad que llegaba a 4.1h/km2.

 En 1843 se realiza un censo sistemático para toda la provincia de Antioquia, en el cual se encontró que 2151 personas vivían en Buriticá.  Ocho años después, en el censo de 1851 se registra que Buriticá estaba habitado 1980 libres. Con relación al crecimiento de la población se observa que en los últimos 17 años la población había crecido en un 30.4%, alcanzando una densidad de 5.4H/km2, siendo la mayor de toda la subregión.

 Para el año 1864 se reporta un total de 2.174 personas, mientras que para 1870 se informa sobre la presencia de 1.313 personas, con una densidad de 6.33 h/kmy un crecimiento del 17.1% en los últimos seis años.

 En 1883 se realiza nuevamente un censo sistemático del Estado Soberano de Antioquia,  donde se encontró que Buriticá contaba con 3.450 personas que representaban el 38% del total de la subregión, presentándose un incremento de 43.2% con relación al censo anterior, y una densidad de 9.45 h/km2 .

 Para principios del siglo XX (1905), la población de Buriticá solo albergaba 4.026 personas, presentando un incremento del 16.6% en los últimos 22 años y una densidad de 4.03h/km2.En síntesis, el crecimiento de la población en Buriticá durante el siglo XIX fue constante  hasta 1870, momento en el cual presenta un incremento significativo,  que se prolonga hasta la primera década del siglo XX, momento en el cual se estabiliza.

 Con el análisis de las cifras demográficas queda claro que aunque la población indígena aumenta en al primera mitad del siglo XIX, el mestizaje jugó un papel importante, por lo que fue difícil para la administración distinguir las categorías étnicas de los pobladores de acuerdo a los criterios utilizados.  Muy posiblemente esta situación llevó a que después de 1850, no se siguiera utilizando la categoría de indios para los habitantes de Buriticá. Estas categorías socioraciales como “tente en el aire”, “paso atrás”, “mulato”, “pardo”, “mestizo”, etc. se basaban  en grados de mestizaje, lo que no permitía tener en cuenta filiaciones étnicas y tradiciones culturales.

Al conformase este resguardo, la pauta de ocupación territorial giró en torno a las grandes explotaciones mineras, por lo que el asentamiento principal estaba localizado en cercanías del cerro Ugumé, en un plano sumamente reducido, circundado de peligrosos peñascos y compuesto por 120 viviendas aproximadamente, habitadas por población indígena y libre.

La ubicación de este caserío no varía durante todo el siglo  XIX.  Según Uribe Ángel

el pueblo estaba situado en una ceja angosta y pendiente que se extiende de sur a norte  entre los estribos de más de 15 lomas que lo rodean, de tal manera, que cuando se desciende a la población, no se comprende por donde se entró ni por donde puede salirse.  Tal es el laberinto que forma esta multitud de encrucijadas  (Uribe Ángel, Manuel. 1985 (1885): 248).

A comienzos del siglo XIX, como la minería de veta decayó, el patrón de ocupación del territorio cambió, pues aunque siguió existiendo el poblado central, se levantaron varias rancherías en los linderos  del resguardo  a orillas del río Cauca, como fue  la del Tesorero ubicada al oriente del caserío principal, dedicada  a la explotación aurífera de aluvión y distante una hora por camino del pueblo. Tabacal, también ranchería de indígenas, fue localizada hacia el norte del poblado principal en un clima templado, apto para la explotación agrícola, que permitió el cultivo de maíz, plátano y caña principalmente (A.H.A. Tomo 342 .Doc .6358).

Con las disposiciones generales para la disolución de resguardos del actual territorio antioqueño, posiblemente los descendientes de los indígenas de este pueblo se desplazaron hacia los territorios que actualmente pertenecen al municipio de Cañasgordas pues allí predominan las familias Higuita, Usuga, y David, apellidos comunes en Buriticá  durante el periodo colonial, en la primera mitad del siglo XIX, y aún en el presente, como se señaló atrás.

Durante el periodo colonial, desde los inicios del resguardo en 1615, la principal actividad económica era la explotación de los filones de cuarzo aurífero en los cerros  de Ugumé y San Antonio.  A medida que las minas fueron denunciadas por libres y personas foráneas del resguardo durante el siglo XIX, esta actividad disminuyó entre la población indígena, ya que el acceso a los recursos se limitó considerablemente.

Otro aspecto que contribuyó a la crisis minera fue el hecho de que hacia finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX a toda la población minera de Antioquia, incluidos los indígenas, se le obligó  a pagar los derechos de mazamorra, que produjeron la doble tributación.  Prueba de la disminución de la actividad minera de este resguardo es la información levantada en 1808, donde se afirma que “ la inclinación de estos indios es la agricultura y muy pocos a la minería de  oro “ (A.H.A. Tomo 343. Doc. 6358. Trascripción Ivonne Suárez).

Sin embargo, se continuaron algunas explotaciones en el cerro de Ugumé donde se presentaban múltiples dificultades para su explotación por las fuertes pendientes y movimientos de masas erosionadas; a pesar de estas limitantes, su producción seguía siendo significativa en el contexto regional y departamental  (Ibíd).

Para ilustrar la dinámica de esta actividad en Buriticá, se presenta a continuación una tabla que relaciona las denuncias de minas efectuadas en la  segunda mitad del siglo XVIII y el primera mitad del siglo XIX (Tabla 4).

Tabla 4. Denuncios de minas entre 1746 – 1825

 

Denunciante

Jurisdicción

Lugar

Mineral

Tipo de mina

Año

José María Sarrazola

Buriticá

Guambuco

Oro

Veta

1825

Cornelio Sorrogo

Buriticá

Qda. Mancilla

Oro

Veta

1825

Jacinto Jaramillo

Buriticá

Angelina

Oro

Veta

1825

Francisco Herrera

Buriticá

Miraflorez

Oro

Veta

1825

Francisco Ibarra

Buriticá

Virginia

Oro

Veta

1825

Francisco Ibarra

Buriticá

El Algarrobo

Oro

Veta

1825

Francisco Ibarra

Buriticá

La Clara

Oro

Veta

1825

Eugenio Martinez

Buriticá

La Virgen

Oro

Veta

1825

Manuel Graciano

Buriticá

La Estera

Oro

Veta

1802

Vicente del Campillo

Buriticá

Solimán

Oro

Veta

1802

Manuel Acevedo

Buriticá

Cerro del Aguilar

Oro

Veta

1803

Jeronimo Graciano

Buriticá

San Mateo

Oro

Veta

1803

Cipriano Salas

Buriticá

El Totumo

Oro

Aluvión

1805

Andres Tangarife

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1809

José Felix David

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1810

Tomás Higuita

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1810

Antonio Manco

Buriticá

Cerro Buriticá

Oro

Veta

1812

German Manco

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1812

Pedro Manco

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

veta

1813

León Manco

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1813

Lino David

Buriticá

Qda. Animas

Oro

veta

1815

Lino David

Buriticá

Mogote

Oro

Aluvión

1815

Manuel Dimas Corral

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1824

Julian Arrubla

Buriticá

Cerro Buriticá

Oro

Veta

1824

Manuel Corral

Buriticá

La Centeno

Oro

Veta

1824

Estanislao Campuzano

Buriticá

Qda. Tunal

Oro

veta

1825

Estanislao Campuzano

Buriticá

Angelina

Oro

veta

1825

Estanislao Campuzano

Buriticá

Camito

Oro

veta

1825

Estanislao Campuzano

Buriticá

Qda. Tesorero

Oro

veta

1825

Juan Esteban Martinez

Buriticá

Alto León

Oro

veta

1825

Francisco Pastor

Buriticá

Alto de los Herejes

Oro

veta

1825

Eugenio Martinez

Buriticá

Qda. Del Viento

Oro

Veta

1825

Severo Martinez

Buriticá

El Higueronal

Oro

Veta

1825

Eugenio Martinez

Buriticá

Qda. Puria

Oro

Veta

1825

Joaquin Escudero

Buriticá

Morrogacho

Oro

veta

1825

Manuel Corral

Buriticá

San José

Oro

veta

1825

 


Tabla 4. Continuación

 

Denunciante

Jurisdicción

Lugar

Mineral

Tipo de mina

Año

José María Restrepo

Buriticá

Qda. Del Brazo

Oro

Veta

1825

Franciso Ibarra

Buriticá

Las Cuatro

Oro

veta

1825

Leonardo Pereira

Buriticá

Qda. San Cipriano

Oro

Veta

1825

Ruperto Vergara

Buriticá

Morro Pelado

Oro

Aluvión

1825

José María Restrepo

Buriticá

Parquí

Oro

veta

1825

Eusebio Tuberquia

Buriticá

Loma de Pajarito

Oro

Veta

1825

Juan Santamaría

Buriticá

Tabacal

Oro

Veta

1825

Juan Santamaría

Buriticá

Tabacal

Oro

Veta

1825

José Manuel Bravo

Buriticá

Palo de la Colmena

Oro

Veta

1825

Enrique de Vargas

Buriticá

Morrogacho

Oro

Veta

1825

Juan José Santamaría

Buriticá

Guarco

Oro

Veta

1825

Juan Santamaría

Buriticá

Guarco

Oro

Veta

1825

Juan Santamaría

Buriticá

Angelina

Oro

Veta

1825

Juan Santamaría

Buriticá

Chachafruto

Oro

Veta

1825

Antonio Ferreiro

Buriticá

Chagualo-río Cauca

Oro

Aluvión

1746

Antonio Ferreiro

Buriticá

Qda. Igumé

Oro

Aluvión

1747

Javier de Villa

Buriticá

Remango-Qda. Guarco

Oro

Aluvión

1747

Juan Bautista de Herrera

Buriticá

Cerro de San Antonio

Oro

Veta

1767

Luis Fernando Porto

Buriticá

Cerro el Aguilar

Oro

Veta

1774

José Zuluaga

Buriticá

***

Oro

veta

1777

Pedro Zapata García

Buriticá

***

Oro

Veta

1778

Dionisio Iserquia

Buriticá

Carrucal

Oro

Veta

1778

Francisco Zamora

Buriticá

Cerro San Antonio

Oro

Veta

1789

Cayetano Vuelta Lorenzana

Buriticá

Cerro de San Antonio

Oro

Veta

1789

Roman Manco

Buriticá

Cerro Igumé

Oro

Veta

1791

Manuel Graciano

Buriticá

Cuchilla de Taborda

Oro

Veta

1798

Cruz Higuita

Buriticá

Mogote

Oro

Aluvión

1799

Marta Tuberquia

Buriticá

el Estero

Oro

veta

1799

 La agricultura, como ya se dijo, fue una actividad que reemplazó a la minería paulatinamente.  Al finalizar el siglo XVIII se empezaron a promover las rozas de la comunidad en este resguardo, en las cuales se les obliga  a sembrar 4 almudes de maíz en los pasajes del Tabacal y Naranjal, cuyo producto era destinado a sostener la población indígena de ancianos y viudas.

En 1808, debido a  las condiciones de aridez de los suelos, los indígenas pidieron se les quitara la obligación de las rozas de comunidad, pues no contaban con tierras aptas para la agricultura y carecían de buenas fuentes de agua (Salazar 1994: 184-185).

Aunque se suspendieron las rozas de comunidad, en 1809 los indígenas siguieron trabajando la agricultura de autoconsumo principalmente en los sitios de Tabacal y Naranjal con infinidad de dificultades, debido a la invasión de libres procedentes de Tonusco arriba.

Según la información del comisionado,

No habían (sic) sementeras de comunidad…que tienen sus cosas en el sitio, que viven en sociedad y buena visión, que trabajan los campos y hacen sus rozas y  sus plantas  caña dulce y platanares y algunos se dedican al laboreo de minas, de forma que muy rara o ninguno de estas naturales  padecen suma indigencia…( A.H.A. Tomo 26. Doc. 2110 : F 267V).

En el informe realizado a raíz de la visita de 1808 se afirma que:

es abundante en maíces, plátanos y caña dulce. La ranchería de Tabacal que queda hacía el norte es fría y produce la hierva medicinal del culantro… Su población nombrada Urota es abundante en la raíz de la arracacha y otras…( A.H.A. Tomo 343.Doc 6358. Transcripción Ivonne Suárez).

Al parecer, la ganadería era una actividad poco significativa en este resguardo, pues se dice que es escasa por no haber suficientes pastos y porque en la mayoría de los casos los animales se precipitan por los peñascos.  Además, para principios  del siglo XIX se explotaba la Quina, que era conocido con el nombre de Turaví; también se recolectaban en menor proporción, Fríjol, Guineo, Dominico, Granadilla, Guayaba, Ahuyama, y Batata en las tierras templadas, y se obtenía gran cantidad de pescado en el río Cauca (Ibid).

Es importante resaltar la permanencia de las parentelas de origen indígena después de la disolución del resguardo y el intensivo mestizaje con algunas familias de libres mulatos y mestizos procedentes de la ciudad de Santa Fe de Antioquia y del Tonusco arriba.

Con relación a las actividades económicas, se visualiza un cambio importante cuando, para el siglo XIX, decae drásticamente o se agota la producción aurífera, y las pocas minas de veta que aún  podían ser explotadas, son denunciadas por libres, lo que ocasionó la intensificación de la producción agrícola y de la minería de oro corrido o aluvión, que se llevaba a cabo a orillas del río Cauca en períodos de verano.

Como se dijo, el pueblo de indios de San Antonio de Buriticá, se funda en el año 1615 por oidor y visitador Francisco de Herrera Campuzano.  Permaneció con esta categoría hasta el año 1820, época en la cual se confiere el título de  distrito parroquial del Cantón de Antioquia.  En 1851 pasa a ser distinto del cantón de Antioquia, pero 2 años antes había presentado litigios con el recién fundado distinto de Ituango por el partido de Peque, argumentando que el distrito de Buriticá era demasiado pequeño y sus tierras de mala calidad, por lo que si  le era segregado el terreno de Peque, se vería afectado significativamente; debido a esto se propuso que el lindero entre ellos fuera la quebrada de Peque y no la quebrada las Cuatro, que quedaba en inmediaciones de la parroquia de Buriticá.

Con relación a esta situación, el personero parroquial de Buriticá, pedía al gobernador de la provincia que:

el punto divisorio con Buriticá sea el alto de Guacharaquero cogiendo la quebrada de la Playuela hasta su desemboque del río Cauca que hasta allí eran los límites de diezmos de la parroquia de Sabanalarga, en cuya parte se ha crecido la población de Ituango…(A.H.A. Tomo 378.Doc.7031: F78 R).

Con relación a esta petición, el cabildo de Ituango afirma que el punto asignado como  límite con Buriticá dista únicamente una legua de su cabecera y que se encuentra además muy cercano de Peque, lo que ayudaría a la administración de este partido asegurado que hay caminos y buena comunicación  entre los 2 poblados; argumentaba a demás que entre el  partido de Peque y Buriticá había 2 jornadas de camino, lo que dificultaría la administración desde Buriticá, ya que Ituango habría menos de una jornada y que además  Peque jamás había pertenecido al distrito de Buriticá siendo siempre de Sabanalarga y que si había escasez de terrenos en Buriticá se les debían asignar los de los dos lados de Urama (Ibid: F 99R –99V).

Para 1855, Buriticá es convertido en distrito del circuito municipal de Antioquia, y 7 años después, en 1862, figura como aldea del municipio de Antioquia.  Un año después, en 1863, nuevamente es considerado como distrito del departamento de Antioquia, situación que permaneció igual hasta 1866, época en la cual se crea la provincia de occidente y Buriticá es anexada a ella, situación que permanece hasta finalizar el siglo XIX (Ramírez 1978).

Las localidades estudiadas

En este municipio fueron abordadas tres localidades que son Untí, Bubará y Guarco. La intensidad y duración de las visitas estuvo íntimamente relacionada con la cantidad y calidad de la información requerida, dados los objetivos del proyecto; la vereda Untí fue objeto de una mirada con mayor detalle, puesto que allí se desarrolla una actividad artesanal relacionada con la producción alfarera, que revestía importancia, tanto para la administración municipal, como para la CORPORACIÓN.  Allí se permaneció por espacio de 7 días, lo que permitió que la comunidad se habituara a la presencia del grupo de investigación y estuvieran más dispuestos a establecer un diálogo con los miembros del equipo etnográfico, de ahí que el detalle en la descripción de esta localidad sea mayor al de las otras visitadas.

Bubará también fue importante puesto que allí se desarrolla un proceso de producción artesanal relacionada con la cestería; esta localidad  fue visitada durante cuatro días, siendo más complejo el relacionamiento con la comunidad, factor que disminuye la calidad de la información obtenida.  Las dificultades para la obtención de información se debieron a los conflictos internos de la comunidad derivados de la división de los habitantes en cuanto a sus creencias religiosas, por la labor evangelizadora realizada durante los últimos años por iglesias protestantes, y el descreimiento que manifiestan sus pobladores hacia las acciones emprendidas por las instituciones oficiales.

Inicialmente Guarco no estaba contemplado como localidad de referencia; sin embargo, la insistencia por parte de la administración municipal, motivó al equipo etnográfico a visitarlo; fue importante porque permitió conocer una localidad de la parte alta con características diferentes a las anteriores, lo cual posibilitó la contrastación entre diferentes procesos de poblamiento.  La permanencia en esta localidad fue de tres días, contando con los desplazamientos que son cuatro horas de ida y cuatro de regreso por camino de herradura.

En todas las localidades se buscó indagar por aspectos relacionados con la territorialidad y la historia, que incluyeron averiguaciones sobre: los procesos de poblamiento y la dinámica de movilidad de la población; el territorio y la población, que consideró la demografía, la pauta de asentamiento, las características de la vivienda y la toponimia; en el aparte relacionado con el ordenamiento social del territorio, se abordaron las temáticas relacionadas con el parentesco, liderazgo, las relaciones con otros asentamientos y la red de caminos; por último en cuanto al territorio imaginado se trataron los aspectos relacionados con las leyendas y las historias relacionadas con seres sobre naturales.

4.2.1.1   Untí

-                     Localización

Este asentamiento se ubica en el sector central del municipio, al norte de la cabecera; sus territorios cubren los pisos térmicos templado y cálido, en zonas de vida de Bosque Seco Tropical (bs-T) y bosque Premontano Húmedo(bp-H), donde predomina una vegetación Xerofítica, una temperatura entre los 20 y 24 grados centígrados y una pluviosidad que no sobrepasa los 1000 mm anuales.  Se trata de un asentamiento nucleado, cuyas viviendas se distribuyen a lo largo de una colina baja que esta circundada  por dos fuentes de agua que delimitan el espacio del caserío; estas fuentes de agua son las quebradas La Clara y La Remango.  Su localización es bastante estratégica, ya que la conformación topográfica hace que allí confluyan cuatro corrientes de agua que se convierten en corredores naturales de comunicación que permiten una amplia red de relaciones de sus habitantes con las otras localidades del municipio que se encuentran hacia el oriente, centro y norte. Esta situación hace que este asentamiento sea paso obligado de muchos de los pobladores de estos sectores, pues Untí es atravesado por múltiples caminos, que más adelante los describiremos.

-                     Territorialidad e Historia

En la memoria de los pobladores existe el recuerdo de un asentamiento próspero, donde había mas de 60 viviendas, cantinas, billares y puesto de policía, que empieza a decaer en la segunda mitad del siglo XX, a causa de los acontecimientos de “la violencia” y por la “modernización” de las vías de comunicación intermunicipal y departamental, que impulsan significativamente procesos migratorios hacia otras localidades del occidente y hacia la capital del departamento.

Don Samuel Jaramillo, el más anciano de la comunidad, cuenta que cuando llegó a Untí, ésta  era una vereda  conformada por 59 casas y dos cantinas, cuyos propietarios eran Luis Oquendo y Jorge Ramírez; a ellas llegaban todas las gentes de las montañas a divertirse; dice con nostalgia:

En la época de la violencia los puntos más importantes de Buriticá eran Untí y Los Asientos…Untí ahora se volvió un monte. Antes existían 59 casas, contando 2 cantinas y una escuela.

Una de las características que convertía a esta localidad en lugar importante dentro del contexto municipal, era que se consideraba como un lugar de tránsito y encuentro de muchos de los pobladores de los sectores central y occidental del municipio; en palabras de Don Samuel:

… En este caserío se hacían muchas fiestas, donde llegaban casi todos los de las veredas de la montaña; había grupo de cuerda para amenizarlas y los músicos eran Luis Oquendo y Luciano David… Con la violencia se acabaron las fiestas y el trabajo de las artesanías ya no es como era antes.

Sobre el origen de este asentamiento, los pobladores no tienen referente preciso, pues es más antiguo que sus recuerdos; sólo referencian que varias generaciones de Rodríguez, Oquendos e Higuitas han ocupado este caserío desde hace mucho tiempo; recuerdan además que debió ser un lugar importante del municipio a principios del siglo XX pues allí se localizó la primera escuela rural de su jurisdicción.

Se cuenta que para las primeras décadas del siglo XX esta era una comunidad dedicada a actividades artesanales, como la fabricación del sombrero de iraca y la elaboración de objetos de alfarería.  Estos productos tenían bastante acogida en los mercados locales y regionales, principalmente los recipientes de cerámica que siempre ha jugado un papel preponderante en la localidad.  Su producción era distribuida en todo el municipio y en otros cercanos del occidente, destacándose Cañasgordas, Giraldo y Santa Fe de Antioquia.

La elaboración del sombrero de iraca era una actividad que congregaba todos los miembros de la comunidad, pues en ella participaban niños, jóvenes y adultos, mujeres y hombres; en Untí se elaboraba el sombrero, que posteriormente se llevaba a Santa Fe de Antioquia donde se le daba la horma definitiva en los talleres de esta ciudad; al igual que en otras tantas localidades de Buriticá y el Occidente Cercano, esta actividad era bastante lucrativa, pues existía una amplia demanda del producto en mercados regionales, nacionales e incluso internacionales; fue la época del apogeo de famoso sombrero “Panamá”.  Con el paso del tiempo este producto perdió vigencia en los mercados y con ello vino el decaimiento de esta actividad, hasta el punto que hoy en día ya los habitantes desconocen completamente las técnicas y los procedimientos para su elaboración.

La historia reciente de esta localidad está marcada por un proceso acelerado de despoblamiento que se inicia con los acontecimientos de “la violencia” política de las décadas de los 40 y 50; muchos de los antiguos habitantes se fueron por miedo de los “conservadores” que perseguían a los liberales por estas “peñoleras”.  Una característica importante de los movimientos de población que se desarrollaron a raíz de estas circunstancias, fue que gran cantidad de los pobladores de Untí se desplazaron hacia la cabecera municipal y hacia el occidente lejano, especialmente hacia Dabeiba, donde hoy viven muchos familiares de los actuales habitantes de esta localidad. 

Doña Alicia Higuita, que cariñosamente la llaman “Tusca”, informó que:

 Antiguamente en Untí vivía más gente, pero se fue despoblando el caserío porque unos se fueron muriendo, otros se fueron para Dabeiba y otros para Medellín.  Estas personas se fueron principalmente en la época de la violencia cuando tenía 13 años, porque en ese tiempo quemaron el caserío los conservadores, ya que esto era un asentamiento de puros liberales; …Rojas Pinilla dio la libertad para volver a este punto…muchas personas caminaron a Buriticá porque allá no paso mayor cosa, porque San Antonio[1] siempre protege a este pueblo de cualquier desgracia

Don Eladio Rodríguez, cabeza de esta parentela en Untí, hace referencia a estos acontecimientos:

Estos hechos lo provocaron los conservadores del gobierno, porque  la mayoría de las personas que habitaban en Untí eran liberales… En esa época también se desocuparon las veredas de Angelina y Mogotes, que también fueron quemadas. Tabacal no fue desocupado ni quemado, porque era un asentamiento de trabajadores conservadores.

Estos acontecimientos están marcando una ruptura en el proceso de ocupación del territorio, pues muchas familias nunca regresaron; tal es el caso de la familia Graciano que es recordada como una de las más influyentes de la vereda, pero que nunca regresó, por lo que no se encuentran descendientes suyos en la actualidad, alterando significativamente las redes de parentesco y las estructuras de liderazgo y poder que estuvieron vigentes en esta localidad hasta entonces.

Otros pobladores, como Don Eladio Rodríguez, cuentan que Untí fue quemado en dos ocasiones, circunstancias por las cuales su familia debió desplazarse hacia la cabecera municipal, cuando él apenas tenia 10 años.  Su familia y otras tantas permanecieron un año allí, para luego regresar y levantar nuevamente sus casas, iniciando con ello la reconstrucción de la vida social y económica del caserío; sin embargo, las actividades productivas que anteriormente eran importantes pasaron a un segundo plano pues individuos con conocimientos agrícolas, mineros, alfareros y botánicos, así como cazadores, pescadores y pequeños propietarios de parcelas no regresaron, provocando una transformación sustancial de las redes de interacción inter e intra locales.  Así mismo, el cambio obligado en la propiedad de la tierra en este y otros sectores del municipio, a causa de estos mismos acontecimientos, transformó de manera importante las estrategias de acceso a los recursos.

Otros pobladores, como don Samuel Jaramillo, se desplazaron con sus familias hacia Dabeiba; allí vivió como 30 años y luego regresó nuevamente a Untí:

Cuando llegaron los enfrentamientos a Untí, estuve por siete semanas durmiendo en el “monte” y luego me fui para El Naranjo, donde permanecí como uno o dos meses; de ahí salí para Pereira (Risaralda) con unos hermanos, estuve trabajando en fincas cafeteras por tres meses; luego caminé para Buriticá y después viajé a Mutatá, donde viví tres meses trabajando en lo que le resultara; ya aburrido de tanto caminar, eche para Dabeiba a encontrarme con la familia.

Con la apertura de la vía al mar, las explotaciones de tagua y caucho, y la expansión de fronteras de colonización, Dabeiba se convirtió en un importante centro de poblamiento y desarrollo económico; por sus características, la población que llegaba a este pueblo lo hacía motivada por ser este un ambiente tan disímil y heterogéneo que no se consideraban las filiaciones políticas como marcas estigmatizantes; estas circunstancias la hicieron sitio predilecto de migración de aquellos pobladores perseguidos por los grupos de filiación política conservadora y que habitaban las laderas occidentales del Cañón del Río Cauca. El acelerado crecimiento demográfico limitó el acceso a los recursos, el trabajo y los servicio básicos, generando movimientos de población en sentido inverso, es decir, muchas personas regresaron a sus asentamientos de origen, lo que se ve reflejado en un re-poblamiento paulatino de localidades como Untí, que aún hoy se sigue presentando.

Don Samuel Jaramillo describe esta situación: “…me regresé por que allá nunca tuve casa propia y siempre viví de arrimado; me cansé  y quise regresar a construir mi propio Ranchito…”.

Después de estos acontecimientos la población de Untí nunca se recuperó demográficamente, ya que el re-poblamiento no fue significativo, y por el contrario siguió disminuyendo ostensiblemente el número de habitantes; entonces, los motivos que seguían impulsando el despoblamiento eran la falta de empleo y el decaimiento de las actividades artesanales. Este éxodo se vio fuertemente influenciado por la construcción de la carretera que comunica a la cabecera con el corregimiento de Tabacal, que pasa por uno de los costados de esta vereda, por donde oleadas migratorias se dirigen hacia la capital del departamento en búsqueda de mejores condiciones económicas y mejor calidad de vida. Esta obra se construyó hace unos 12 años y por ella se fueron muchas de las mujeres de la localidad para Medellín a trabajar como empleadas domésticas. También con esta construcción se estableció un sitio que se convirtió en lugar de recreación de muchos habitantes de la cabecera y otras localidades del Occidente.  Comenta Don Ramiro Pineda que el sitio conocido hoy como El Puente se formó con la construcción de la carretera que une a la cabecera de Buriticá con el corregimiento de Tabacal; entonces, algunas familias de Carauquia, incluida la suya, se trasladaron para este lugar, que se localiza en las margenes de la Quebrada La Clara, cerca de la confluencia con la quebrada La Remango.  El origen de este asentamiento se remonta a unos 12 años y rápidamente se convirtió en un lugar de recreación y paseo de los habitantes de Buriticá y otros municipios cercanos como Cañasgordas y Giraldo, actividad que ha venido disminuyendo en los últimos años por la difícil situación de orden público.  En la época de bonanza de este negocio todos los fines de semana se veían muchos paseos en las orillas de las quebradas; para atender la demanda, Don Ramiro tenia un criadero de cerdos y de gallinas, actividad que ya no realiza por la falta de clientela.

Vemos entonces que el elemento más significativo de la historia reciente de esta localidad es el proceso de despoblamiento derivado varios factores que han tenido fuerte incidencia en la población.  En primer lugar, se observó cómo la confrontación armada en la época de “la violencia”, generó fuertes oleadas migratorias a varios sectores del departamento, principalmente a las nuevas zonas de colonización del occidente lejano y el Urabá antioqueño; así mismo, la apertura de vías de comunicación incentivó el traslado de habitantes a otras zonas en busca de alternativas económicas; por último y ligado a lo anterior, el decrecimiento de la demanda de productos de alfarería, renglón económico significativo  antes de la ruptura en la continuidad del poblamiento, marcó y aún marca un cambio en el papel que desempeñaba esta localidad en los procesos de interacción regional, generando un cambio sociocultural, pues las nuevas generaciones no encuentran esta actividad rentable y el legado de conocimientos alfareros, no encuentra receptividad ni depositarios; lo anterior permite afirmar que estamos siendo testigos privilegiados de la última generación de alfareras  del occidente antioqueño. Otro hecho que está marcando este despoblamiento es que los actuales habitantes no poseen tierra suficiente para el desarrollo de las actividades de subsistencia.

-                     Territorio y población

La vereda Untí esta compuesta por 75 habitantes distribuidos en 12 viviendas.  Se trata de un asentamiento nucleado, donde las viviendas se localizan en una extensa cima de colina baja que está delimitada por las quebradas La Clara y La Remango.  El centro del asentamiento es atravesado por dos caminos; uno de ellos comunica a esta localidad con la cabecera municipal, mientras que el otro permite el acceso desde y hacia veredas como Sincierco, Costas, Llano Chiquito y León.

Las viviendas, aunque concentradas, presentan una distribución particular que genera espacios amplios e intermedios que conforman el entorno peridomiciliario, donde se localizan los patios de las casas, que son utilizados para la cría de los animales domésticos y para tener algunas pequeñas huertas caseras, así como una reducida variedad de arboles frutales.  Como área peridomiciliaria también se consideran algunos espacios comunitarios que son utilizados para el esparcimiento y para el encuentro social cotidiano; en estos espacios comunes también hay gran cantidad de arboles frutales que son beneficiados por toda la comunidad, sin que se presente apropiación privada de los mismos.

Dentro de estos espacios comunitarios se destaca un conjunto de rocas que se localizan en la parte central del asentamiento, las cuales son relacionadas con “los primeros pobladores”; allí todas las tardes se reúnen algunos de los adultos a socializar los acontecimientos del día; se convierte en un lugar de referencia del origen y sirve como espacio de recreación.

 Las viviendas por lo general son elaboradas en bahareque o tapia, con piso de tierra o cemento y techo de zinc.  Constan básicamente de dos espacios contiguos, uno de ellos dedicado a la cocina y el otro al dormitorio; en algunos casos hay viviendas que poseen más de un dormitorio (Dibujo 1).  Estas casas son habitadas por familias nucleares en la mayoría de los casos, aunque también se da el caso de familias extensas donde viven los hijos de algunos familiares que se han trasladado a laborar en Medellín, situación que se da principalmente con los hijos e hijas de las hijas y constituye un aspecto importante de modificación de la estructura familiar y doméstica actual, y que además tiene incidencia en las generaciones futuras puesto que la crianza de los hijos queda a cargo de los abuelos o tíos, rompiéndose así el estrecho vínculo tradicional entre madres e hijos.

Los habitantes de Untí reconocen cinco partes fundamentales que componen la estructura de la vivienda; el techo, las “albarjas” (maderas que sostienen el techo), estantillos, paredes y piso. Para cada una de estas partes utilizan materias primas diferentes, algunas de ellas recolectadas en cercanías a la localidad, mientras que otras deben ser compradas.  La construcción es un trabajo comunitario, pues todos los habitantes de la vereda participan en la elaboración de las viviendas de sus vecinos y familiares, generándose lazos de reciprocidad para este tipo de labores.  Pueden tardarse un promedio de once jornales, 4 de ellos destinados a la recolección de la cañabrava, 3 a la recolección del bejuco, y 4 a la construcción; estas viviendas pueden durar aproximadamente 40 años.  Un cambio significativo en las pautas constructivas es la incorporación de materiales foráneos en la construcción del techo, como es el zinc, que hace 20 años se viene utilizando regularmente; las razones que aduce la comunidad son la escasez de la iraca en los alrededores de la localidad y la poca durabilidad de este material; es necesario recoger más de cuarenta cargas de Iraca para poder fabricar un techo duradero, tarea que es muy dispendiosa, máxime cuando  el recurso es tan escaso. De igual manera, se han introducido el cemento y el adobe por parte de programas de desarrollo comunitario impulsados por la administración municipal[2].

En la tabla que se presenta a continuación se describen los materiales utilizados para cada parte de la vivienda, discriminado el lugar de recolección y compra (Tabla 5)

 

Tabla 5. Materiales para la construcción de la vivienda en la vereda Untí

 

Materia prima

Parte

Sitio de obtención

Iraca

Techo

Orillas de quebradas y cañadas

Zinc

Almacenes de Buriticá

Barro

Paredes

Inmediaciones del caserío

Bejuco corralero

Amarre de Techo y paredes

Orillas de quebradas y cañadas

Caimo

Estantillo

Orillas de la quebrada La Clara y filo del Chiquero

Chagualo

Siete Cueros

Amargo

Doncel

Estantillos y Albarjas

Cotobé

Nuna

Los pobladores de Untí identifican como su entono espacial el territorio comprendido entre la quebrada La Remango, la quebrada La Clara, La loma del Morón y la Loma de Sincierco.  Este espacio lo asocian a características ambientales particulares; Fernado Rodríguez las describe de la siguiente manera:

desde que me conozco estas tierras han tenido la misma vegetación…lomas peladas con pastizales y algunos rastrojos en las cañadas y quebradas donde también hay muy pocos árboles maderables…cuentan los viejos que las maderas finas de la antigüedad eran Nuna y Carcabe, que ahora no se consiguen…el clima en los últimos 5 años ha venido cambiando, pues se a puesto más seco y caluroso…antiguamente se veían más animales de monte como Guacharacas, Iguanas, Conejos, Guaguas y Venados. Las quebradas han disminuido su caudal posiblemente es por los fuertes veranos y las quemas que se realizan para las rozas de maíz y frijol[3].

De la referencia anterior se desprende que se perciben cambios sustanciales en las condiciones ambientales, muchos de los cuales están asociados con las intervenciones antrópicas que ellos mismos ejecutan, sin que dichos cambios los motiven a pensar en estrategias diferentes para la utilización de los recursos naturales.

Un aspecto significativo en la construcción social del territorio en esta localidad es la distinción que se plantea entre los suelos de uso individual y aquellos de uso colectivo.  En la vereda existe un territorio comunitario que sus habitantes denominan “el Común”, en donde pueden trabajar todos los miembros de la comunidad. La delimitación de este entorno es descrita por Fernando Rodríguez:

desde el portón que está donde empieza El Llano y va hasta la parte alta de loma del frente, delimitada por un lado de la quebrada La  Remango, por el otro por la quebrada La Clara[4].

Allí, algunas personas tienen sus cultivos, aunque el uso más frecuente es para el pastoreo de animales, principalmente las mulas y los caballos, pues pocos tienen ganado vacuno.

Este tipo de estructuras de propiedad tienen la característica de ser una posesión colectiva basada en líneas de ascendencia familiar hasta los primeros pobladores del lugar, elemento que discrimina quién tiene derecho de uso sobre ellos.  Se trata de hijuelas que van siendo heredadas de padres y madres a hijos e hijas, aunque también se pueden comprar o vender los derechos sobre ellos.  También se da el caso de parentelas, que si bien se han establecido en el lugar en épocas relativamente recientes, llegan a acceder a las tierras del “común” por la continuidad de su radicación en el caserío, como es el caso de la parentela Jaramillo.

Solo un habitante de Untí posee tierras por fuera del común; se trata de una pequeña parcela de cuatro hectáreas que es destinada para las labores agrícolas por parte de don Eladio Jaramillo.

Los habitantes de esta vereda construyen su territorio a partir de la semantización que hacen de su entorno; nombran localidades, cuchillas, lomas, fincas, quebradas, sitios de cacería, lugares de pesca y cordilleras.  Los nombres aluden a algunas particularidades de los sitios que en algunos ocasiones están relacionadas con las condiciones fisiográficas, a la recurrencia de los recursos allí localizados o hacen alusión a nombres antiguos de origen indígena. Un referente importante para los miembros de la vereda y que les permite dar orden a los demás sitios que conforman su territorio es la quebrada La Clara ya que a partir de ella se clasifican los lugares “de este lado” y “del otro lado”.

En la tabla 6 que se presenta a continuación se relaciona la toponimia del territorio de Untí.


Tabla 6. Nombres de lugar y tipo de espacio que denotan en la vereda Untí

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

Carauquia

Alicia Higuita

Vereda

Chiquero

Fernando Rodríguez

Filo

Chunchunco

Alicia Higuita

Vereda

Costas

Alicia Higuita

Vereda

El Guaimaro

Alicia Higuita

Vereda

El Limón

Carlos Alirio Jaramillo

Cañada, Lugar de cacería

El Potrero

Carlos Alirio Jaramillo

Lugar de Cacería

El Puente

Alicia Higuita

Caserío

El Salto

Fernando Rodríguez

Lugar de pesca en el río Cauca

El Suspiro

Saúl Oquendo

Cordillera

El Viento

Alicia Higuita

Cuchilla

Inguia

Alicia Higuita

Loma

La Aguada

Carlos Alirio Jaramillo

Lugar de cacería

La Buchona

Fernando Rodríguez

Quebrada, lugar recolección de maderas y lugar de cacería

La Caña

Carlos Alirio Jaramillo

Lugar de cacería

La Clara

Fernando Rodríguez

Quebrada

La Remango

Fernando Rodríguez

Quebrada

La Sabana

Carlos Alirio Jaramillo

Lugar de cacería

Llanochiquito

Alicia Higuita

Vereda

Llanogrande

Alicia Higuita

Finca

Los Azules

Saúl Oquendo

Cordillera

Los Erejes

Saúl Oquendo

Cordillera

Morron

Fernando Rodríguez

Loma, aquí se encuentra el común

Perentá

Fernando Rodríguez

Loma

Pingura

Fernando Rodríguez

Quebrada, lugar de cacería y recolección de maderas

Piquira

Saúl Oquendo

Cañada, lugar de cacería y recolección de maderas

Pitallal

Fernando Rodríguez

Loma

Sacahojal

Fernando Rodríguez

Llano, lugar de cultivos

San Antonio

Saúl Oquendo

Cordillera, sitio de encantos

Tabacal

Fernando Rodríguez

Corregimiento, Quebrada

Tungo

Saúl Oquendo

Alto

Utunal

Carlos Alirio Jaramillo

Lugar de cacería

-                     Ordenamiento social del territorio

Para abordar el ordenamiento social del territorio se han considerado cuatro elementos que muestran la organización interna de la vereda; estos son: el parentesco, el liderazgo, las interacciones locales, y la red de caminos.

En la actualidad, Untí esta poblada por tres parentelas que son los Rodríguez, los Jaramillo y los Oquendo, quienes presentan estrechos vínculos de parentesco entre sí, que se remontan por lo menos cuatro generaciones atrás.  De estas familias, la única que podría ser considerada foránea es la Jaramillo, que se asienta en la vereda desde la década del 30, mientras que las otras dos presentan un poblamiento más antiguo.  Estas relaciones son claras desde la tercera y cuarta década del siglo XX, constituyendo una compleja red de parentelas a partir de las cuales se evidencia una continuidad en el poblamiento, a pesar de las migraciones ya expuestas, que se hace visible hoy por los lazos matrimoniales y de solidaridad que se presentan entre los habitantes de esta localidad.

 La información de parentesco, sustentada con el genograma levantado en la comunidad (Anexo 1), permite proponer una regularidad en la filiación, residencia y reglas de matrimonio. Actualmente, las reglas de matrimonio muestran que existe una fuerte endogamia, incluso presentándose las uniones entre primos cruzados bilaterales en primero, segundo y tercer grado de consanguinidad; esto quiere decir que no existen restricciones muy estrictas para la selección de la pareja entre miembros cercanos de la parentela. Sin embargo, observando la conformación de alianzas matrimoniales tres y cuatro generaciones atrás, parece que esta endogamia no era tan fuerte, ya que se dan algunos casos de matrimonios entre hombres de Untí con mujeres de otras localidades, siendo para ese momento importantes las relaciones con las veredas Los Asientos, Carauquia y Guaimaro, lo que podría estar indicando que anteriormente existía una tendencia hacia la patrilocalidad, que ahora solo se manifiesta en dos uniones matrimoniales: hombres de Untí con mujeres de Carauquía y El Guaimaro. Esta tendencia social ha sido modificada, pues ahora predomina la virilocalidad que se desprende de la endogamia, pues tanto uniones de hombres de Untí con mujeres, como mujeres de Untí con hombres de otros asentamientos, buscan asentarse en este caserío.  Otro elemento que puede ilustrar la tendencia de la patrilocalidad en el pasado, es el hecho de que en la actualidad son las mujeres las destinadas a buscar trabajo por fuera de la comunidad.

Hay una mayor predilección a ubicar los sitios de vivienda en cercanías de la casa del padre, lo que está mostrando una tendencia hacia la patrilocalidad.  Este hecho es bastante particular si se compara con lo que se conoce de otros sectores del cañón del Río Cauca, principalmente en Sabanalarga, donde hay una mayor tendencia a la matrilocalidad.  Puede plantearse que las relaciones de parentesco están vinculadas con las practicas económicas y el origen étnico de sus ancestros; se ha observado que en aquellos asentamientos donde se practica la minería de forma intensiva y tienen un origen amerindio, predomina la matrilinealidad, mientras que en las comunidades campesinas agrícolas, que tienen un origen mestizo, se presenta más la patrilinealidad; el caso de Untí, es precisamente este ultimo.

De otro lado, el liderazgo tradicional en esta comunidad es difuso, pues no se identifica claramente quién cumple esta función en Untí.  Se nota, sin embargo, que hay un respeto por los ancianos a quienes permanentemente se les consulta las decisiones que atañen a toda la comunidad.  Quien ejerce funciones de liderazgo actualmente, lo hace a través de organizaciones comunitarias de origen institucional como son las Juntas de Acción Comunal.  Sin embargo, estas no presentan relación alguna con líneas de filiación, pues este cargo se rota entre los miembros adultos de la comunidad, privilegiando a aquellos que tienen un nivel básico de educación.

Especial papel dentro las pautas de liderazgo juegan las mujeres pues son las encargadas de establecer y mantener las relaciones hacia el exterior de la comunidad; ello se manifiesta en que ellas son quienes desarrollan las actividades comerciales; esta situación se da en doble vía, pues por un lado comercializan todo lo producido en la vereda y al mismo tiempo, son las encargadas de comprar todo aquello que no producen y que adquieren en los mercados locales, principalmente en la cabecera municipal de Buriticá.  Este liderazgo femenino en las relaciones hacia el exterior del asentamiento influencia de forma importante la forma como se plantean las interacciones locales en la actualidad.  Las relaciones con otros asentamientos se establecen en función de las transacciones comerciales, la demanda de servicios de salud, la búsqueda de empleo y los vínculos laborales con propietarios de tierras y patrones, la asistencia a servicios religiosos, eventos públicos o fiestas, y en menor proporción, las redes de parentesco; todas ellas se desenvuelven a través de la red de caminos que cruza por la localidad.

La cabecera municipal de Buriticá es el sitio al que con mayor regularidad acuden los pobladores de Untí; allí asisten al mercado dominical en el cual venden una muy baja cantidad de productos agrícolas entre los que se destacan el tomate y algunas frutas; así mismo, se abastecen de productos básicos, entre los que se cuentan alimentos y herramientas para el trabajo agrícola; es en este mercado en donde se comercializa la pequeña producción alfarera de las cinco mujeres que se dedican a este oficio, quienes además establecen relaciones de intercambio con otros asistentes al mercado canjeando cayanas por hortalizas y otros productos artesanales como son las esteras; esta relación es más evidente con las pobladoras de Bubará con quienes tienen especiales nexos por su oficio manufacturero.  Es común encontrar a las mujeres de Untí siempre en el mismo punto del mercado; no es entonces extraño, que personas llegadas de otros municipios como Giraldo, Liborina, Cañasgordas principalmente, además del mismo Buriticá, las busquen con el fin de adquirir las cayanas u otros productos alfareros que realizan por encargo.  Durante los días de mercado también acuden a las instituciones que prestan los servicios de salud,  asisten a misa, y realizan contactos y gestiones de distinto tipo con las autoridades y otras personas de la cabecera del municipio.

Se tuvo la oportunidad durante la estadía en campo de asistir a un mercado dominical en compañía de la alfareras de Untí, donde se pudo corroborar los pocos ingresos que perciben por este trabajo artesanal, así como por los pocos productos agrícolas que venden[5].

En las épocas de verano, cuando algunos hombres de Untí se dedican a la pesca, salen a vender este producto a la cabecera municipal, y también a las veredas de Sincerco y Llanochiquito, lugares donde el producto muy apreciado, ya que no se consigue en las proximidades de sus localidades.

Ocasionalmente, acuden a Cañasgordas y Santa Fe de Antioquia, principalmente en el mes de diciembre, para la compra de ropa y artículos de talabartería, pues en sus mercados existe una mayor variedad de estos productos, así como precios más accesibles.  Para salir a Cañasgordas se utiliza básicamente la carretera; es decir, salen a Buriticá por la vía veredal, de allí a Pinguro y luego por la variante Cativo hasta Cañasgordas; antiguamente utilizaban el camino que parte de la vereda hacia las partes altas, pasando por Llano Chiquito, Guarco, La Palma y por último Cañasgordas. Cuando acuden a Santa Fe de Antioquia lo hacen por este mismo carreteable.

Desde hace aproximadamente 40 años los habitantes de Untí se han desplazado por diferentes localidades del Occidente en las épocas de la cosecha cafetera como una estrategia de captar dinero contratándose como jornaleros; principalmente se desplazan hacia El Junco, jurisdicción de Sabanalarga, y a La Honda, en Liborina, y en menor proporción a las veredas de Guarco, Chunchunco y Sincierco, así como al municipio de Giraldo.

Otro aspecto importante de las relaciones sociales son las fiestas municipales a las cuales asisten los habitantes de Untí; acuden a Buriticá durante la Semana Santa y las fiestas patronales de San Antonio, así como a las Fiestas del Caballo que se desarrollan en el corregimiento de Tabacal, donde se da el encuentro entre pobladores de diversos asentamientos, y se desarrolla una intensa interacción social.

Untí, como se ha dicho, se localiza en un cruce de caminos, lo que hace que se establezcan múltiples relaciones con los habitantes de las veredas que se comunican a través de esta red de vías; el paso de caminantes y arrieros motivan relaciones de amistad y solidaridad pues a todos los viajantes se les proporcionan viandas para hacer mas llevadero el camino, hecho que genera reciprocidad por parte de la gente de la montaña, quienes a su vez les obsequian o venden a precios reducidos algunos productos agrícolas . Así mismo, con los habitantes de Llanochiquito, Costas y Chunchunco se da el trueque de productos de la montaña, principalmente hortalizas, por el maíz que se produce en mediana proporción en Untí.

Los cuatro caminos que atraviesan Untí, y que son rutas de interacción con los habitantes de otros asentamientos, son los siguientes:

  • Untí – Carauquia – río Cauca: Sale en dirección oriental, pasando por el sitio conocido como el  Puente, a 10 minutos de la localidad, continúa para Carauquia que puede quedar a media hora de camino, para terminar en el Salto a orillas del río Cauca. El circuito completo se realiza principalmente en las épocas de verano cuando se acude a las labores de minería y pesca.

 Untí – Sinsierco – Guarco – Cabecera de Buriticá: parte en dirección suroeste por la loma del Morrón hasta llegar a Sincierco, recorrido que puede hacerse en dos horas; de allí se puede continuar en dirección sur hacia el corregimiento de Guarco, que puede ser una hora treinta minutos de recorrido, para luego por el oriente y siguiendo el denominado canalón hasta llegar a la cabecera del municipio,  tramo que puede realizarse en dos horas. Este camino es poco utilizado por los habitantes de Untí, aunque es la ruta principal para llegar a la vereda Sinsierco, lo que hace que la mayoría de sus habitantes deban pasar por Untí cuando se desplazan para la cabecera municipal.

  • Untí – Chunchunco – Llanochiquito – Costas: Se sube en dirección noroeste a Inguia  por espacio de 45 minutos, donde se encuentran varios ramales cada uno de los cuales conduce a una vereda distinta. Uno de estos ramales conduce a Chunchunco, otro a Costas, y un tercero a Llanochiquito; a Chunchunco puede llegarse en dos horas,  a Costas en tres horas y a Llanochiquito en cuatro. Para estas veredas, es el camino principal para salir a Buriticá, por lo que obligatoriamente sus habitantes tienen que pasar por Untí.  Esta situación hace que los habitantes de Untí conozcan  a la totalidad de los pobladores de estas veredas y tengan con ellos una relación de amistad.  También por este camino se puede llegar a Cañasgordas.
  • Buriticá – Untí – Tabacal: Saliendo desde la cabecera municipal en dirección norte, este camino llaga a Bubará, recorrido que puede hacerse en 40 minutos, siguiendo el mismo rumbo atraviesa Llanogrande para luego llegar a Untí; de esta localidad continúa hacia la Cienaga de Suceva y por último se llega al corregimiento de Tabacal. La distancia entre Untí y Tabacal puede cubrirse en dos horas treinta minutos. Este camino es poco utilizado ya que la carretera que comunica la cabecera municipal con Tabacal permite hacer este recorrido en vehículos de servicio público; únicamente es transitado con intensidad el tramo que va desde la cabecera hacia la vereda Bubará.  La construcción de la carretera cortó ciertos tramos de este, por lo que algunos sectores del carreteable son utilizados como “travesías” por las personas que se desplazan desde Untí hacía Buriticá.

 –                     Uso del Territorio

Los habitantes de Untí diferencian entornos de producción y recreación. Podemos distinguir los espacios de los cultivos, los espacios de cacería, los espacios del río donde se llevan a cabo actividades de pesca y minería.

Con relación a los espacios de cultivo se observa que casi la totalidad de los habitantes de Untí debe acudir al arriendo de tierras para poder acceder a este recurso, pues como ya se dijo, únicamente uno de ellos posee terrenos por fuera del “común”.  En los territorios comunitarios no se acostumbra desarrollar los cultivos de autoconsumo, ya que estos se destinan en esencialmente al pastoreo.  La agricultura se desarrolla en su totalidad en la finca del señor José Usuga quien tiene una propiedad en el sector conocido como Llano Grande; a él deben pagar la cuarta parte de la producción en calidad de arriendo de las tierras.

Don José compró esta tierra en el año de 1970 a Miguel Monsalve Restrepo y este a su vez la había adquirido de Antonio José Lara, antiguos propietarios que no acostumbraban  arrendar la tierra para cultivos.  Tiene una extensión de 160 hectáreas, inicia en el Llano Grande y va hasta al otro lado de la quebrada La Clara; únicamente las tierras de la Loma de León son destinadas para el arriendo; lo demás lo tiene con pastos.  Ahora solo tiene 5 cosecheros y todos son de Untí.

Se pueden identificar dos tipos de cultivos realizados por los habitantes de Untí: los productos que son los dedicados al autoconsumo y aquellos que comercializan; entre los primeros se destaca por la intensidad en la producción, el maíz, aunque también siembran en menor proporción fríjol de la variedad güífaro y garbanzo; los cultivos para la comercialización se restringen únicamente al tomate.  Esta es una actividad exclusiva de los hombres aunque algunas mujeres colaboran durante las actividades de cosecha.

Para cada uno de estos cultivos utilizan periodos y técnicas particulares.  Por ejemplo, el maíz se siembra en abril y se cosecha en agosto-septiembre, mientras que la traviesa se planta  en septiembre y se cosecha en enero-febrero.  Los lotes que les alquila Don José son utilizados por espacio de cinco años, tiempo después del cual es necesario buscar un nuevo tajo, pues se debe dejar descansar la tierra por igual termino de tiempo para que recupere su fertilidad.  Algunos habitantes dicen que sería bueno rotar con más frecuencia pero no hay disponibilidad de tierras para hacerlo, lo que implica que las últimas cosechas sean de muy baja productividad.

Los pasos para desarrollar el cultivo del maíz son los siguientes:

 

  • Descañada: consiste en retirar y limpiar el terreno de las cañas de la cosecha anterior y se remueve la tierra.
  • Siembra: esta actividad la realizan con un palo hoyador con el que se realizan unos pequeños huecos maíz a una distancia de 1 m aproximadamente, en cada uno delos cuales se depositan 2 ó 3 granos.
  • Limpia: Se realiza 3 semanas después de haberse sembrado y consiste en retirar la maleza a los pequeños retoños que ya han brotado de la tierra.
  • Revuelta: Es la segunda limpia y se realiza cuando el maíz ha “filoteado”, es decir cuando ha comenzado a echar lengüeta.  Se le hecha tierra  a las raíces o se “aporca”.
  • Cosecha: A los 4 meses se coge el maíz serazo, entre chocolo y maíz duro, y  a los 5 meses maíz seco.

Los habitantes de Untí por lo general alquilan pequeños lotes menores a un hectárea, donde pueden sembrar hasta un almud de semilla y cosechar cuarenta cargas que equivalen a 1400 kgs. de maíz desgranado.  Esto cuando el clima es favorable y las plagas no atacan los cultivos; este año debido al intensos verano y a la escasez de las lluvias las cosechas estuvieron bastante malas y no recogieron ni la mitad de lo esperado, desequilibrando la situación alimentaria y económica de la comunidad.  Como ya se ha dicho, esta producción en su gran mayoría es destinada al autoconsumo aunque algunos miembros de la comunidad dejan una cuarta parte de ella para ser comercializada en la cabecera municipal o con sus vecinos de la montaña.

El almacenamiento se hace desgranado en costales de fibra o fique que son fumigados para que las plagas no lo deterioren y debe durar hasta seis meses, época en la cual se aproxima la recolección de la nueva cosecha.

Otro producto importante para el autoconsumo es el fríjol de la variedad Güífaro; este cultivo también lo desarrollan en tierras de don José Usuga y le pagan la misma cantidad estipulada por el arriendo, es decir la cuarta parte de la producción, aunque algunos tienen pequeños tajos en el “común” para desarrollar esta actividad.  Se recoge a los 2 meses y medio cuando esta maduro; los pasos para sembrarlo son los siguientes:

  • Quema: a diferencia del maíz, la siembra de frijol requiere de este procedimiento.
  • Siembra: como se trata de una variedad de “arbolito” debe hacerse un pequeño hoyo donde son depositadas dos o tres granos de fríjol.
  • Cosecha: Se realiza a los 2 meses y medio.

 La productividad del fríjol Güífaro es bastante baja pues el clima cálido y seco lo golpea bastante; los habitantes de Untí suelen sembrar en promedio entre 14 puchas y un almud de semilla, a partir de la cual pueden recoger hasta una carga, que equivale a 100 Kg.  Al igual que el maíz, es almacenado en costales y fumigado para protegerlo de las plagas.

Casi todas las familias de la vereda siembran en pequeñas cantidades un fruto comestible que llaman garbanzo, que es distinto al que nosotros conocemos.  Se trata de una leguminosa en forma de arbusto que puede dar producción hasta dos años consecutivos; lo siembran en los bordes de los lotes donde se cultiva el maíz.  Es una planta que, de acuerdo a los comentarios de los pobladores de la vereda, resiste bastante las sequías, no necesita riego y es especial para tierra caliente.  La semilla de esta leguminosa fue traída desde la localidad del Junco en jurisdicción de Sabanalarga.

El tomate es un producto que no lo siembran todos los habitantes, pues su producción requiere de cierto capital, a diferencia del maíz, el fríjol o el garbanzo; su cosecha es destinada exclusivamente para la comercialización en la cabecera del municipio.  Los pasos para sembrar el tomate son los siguientes:

  • Rayar: Consiste arar el terreno donde se va a cultivar.
  • Echada de cal: Hay que echarle cal agrícola al terreno para prepararlo y quitarle la acidez.
  • Siembra: se realiza 2 días después de haberle echado la cal.
  • Limpia: Se realiza al mes de haberse sembrado; debe abonarse con triple 15 y fumigarse con “sinbas”. Esta actividad tiene bastantes costos pues el abono puede costar $32000 y el veneno $25000.
  • Recolección: Al sembrado de tomate se le pueden coger frutos en 4 o 5  ocasiones, obteniéndose en cada una de ellas aproximadamente 10 cajas.

 La productividad del tomate tiene la siguiente proporción: de 500 matas pueden cogerse entre 50 y 70 cajas que pueden representar entre $250.000 y $350.000, capital del cual se debe restar el transporte al mercado que puede oscilar entre $50.00 y $70.000, lo que sumado a los abonos y fungicidas genera una utilidad bastante baja.

 También se encuentran algunos árboles frutales cuya producción se destina a la comercialización y el autoconsumo; entre los frutos más destacados de esta vereda se destacan Ciruelo, Mango, Anón, Aguacate, Tamarindo, Naranja, Guayaba, Mamoncillo, Papaya y Mandarina, entre otros.

En síntesis, es posible afirmar que aunque la actividad primordial de esta vereda es la agricultura, por ella no se perciben los ingresos suficientes para subsanar las necesidades básicas, pues existen varios elementos que condicionan la rentabilidad económica de esta actividad.  En primer lugar, prácticamente ningún habitante posee propiedad sobre los terrenos que cultiva, lo que hace que deban pagar arriendo por ellas, disminuyendo las ganancias económicas que pueden desprenderse del cultivo de sus productos, generando un déficit alimentario entre los habitantes de la vereda; así mismo, cultivan en suelos pobres y agotados por la frecuencia e intensidad de uso y por no tener la disponibilidad de suficiente tierra para rotar los lotes y así obtener una mayor productividad; por último, el desarrollo de la agricultura en climas extremadamente cálidos y muy secos, limita el tipo de productos que pueden cultivarse así como la rentabilidad que puede obtenerse de ellos.  Podemos inferir que el despoblamiento de esta vereda esta ligado a estos factores; los jóvenes no encuentran la manera de subsistir bajo estas condiciones, ya que las estrategias de producción tradicionales no son viables en la actualidad.

La cacería y la recolección son actividades económicas complementarias entre los habitantes de Untí que no representan un renglón importante dentro de la economía local; algunos miembros de la comunidad practican la cacería como si fuera una actividad recreativa de la que no esperan excedentes para la comercialización; caso contrario ocurre con la recolección de maderas y algunos frutos que son fundamentales para las actividades de construcción y el levante de animales domésticos.

Aunque casi todos los hombres de la comunidad cazan, solo uno de ellos es reconocido como un experto en la materia; él acostumbra salir una vez por semana a buscar animales de monte.  Según informaron los habitantes de Untí, antiguamente había mayor disponibilidad de animales que fueron disminuyendo por las quemas y la tala de bosques en las riberas de quebradas y cañadas; esta actividad ha venido disminuyendo, no solo por la baja disponibilidad, sino también porque los jóvenes manifiestan cierto desagrado al consumo de carne de monte. Los lugares que reconocen como especiales para capturar especies de avifauna y mamíferos terrestres son especialmente cañadas y quebradas donde aún es posible observar cordones verdes y pequeños reductos de bosques de galería.  Los más frecuentados son:

  • Cañada de La Aguada
  • La Sabana
  • Cañada del Limón
  • El Potrero
  • La Caña
  • Quebrada Pingura
  • Cañada Piquira
  • Orillas del río Cauca
  • Quebrada La Clara
  • Quebrada La Remango

Las técnicas de cacería están íntimamente ligadas a las especies que se capturan; básicamente utilizan dos técnicas que son: la captura con perro y la caza con escopeta. La primera de ellas está asociada a la obtención de mamíferos terrestres, mientras que la segunda a especies de avifauna.  En la tabla que se presenta a continuación se relacionan

los nombres comunes de las especies capturadas con mayor regularidad en esta localidad así como el tipo de animal (Tabla 7).

Tabla 7. Especies capturadas durante las actividades de cacería en la vereda Untí

 

Nombre común

Tipo Capturado

Técnica de captura

Guacharaca

Ave

Escopeta

Tucusa

Coyareja

Torca

Iguana

Reptil

Escopeta /  Perro

Conejo

Mamífero

Perro

Gurre o Armadillo

Guagua

Venado

Perro / Escopeta

Ñeque

Perro

De otro lado, la recolección es una actividad que proporciona a los miembros de la comunidad frutos y maderas indispensables como alimentación y materias primas utilizables con diversos fines; entre los frutos, algunos se recogen para la alimentación de los pobladores, mientras que otros son destinados para la cría de animales domésticos. La recolección de maderas proporciona materias primas para la fabricación de viviendas y objetos de uso doméstico, siendo los mas comunes en el caso de Untí, los pilones, las manos moler y las herramientas propias de la minería.  Así mismo, se recolectan maderas que son utilizadas como leña, tanto en el fuego doméstico, como en la cocción de los objetos alfareros. Según sus habitantes, para el acceso a estos recursos no hay limitaciones diferenciales entre los miembros de las distintas parentelas, pues todos los miembros de la comunidad tienen derecho a disponer de lo que consigan.

Los lugares donde se suele buscar estos recursos son principalmente las cañadas y las quebradas, destacándose por la continuidad de la búsqueda las quebradas La Clara, La Remango y La Pinguro, así como las cañadas de Piquira, El Limón y La Aguada. En la tabla que se presenta a continuación se relacionan las especies recolectadas, el tipo, uso, época y los encargados de hacerla (Tabla 8).

Tabla 8. Tipos maderables recolectadas por los habitantes de la vereda Untí.

 

Especie

Tipo

Uso

Época

Encargados

Cedro

Árbol maderable

Materia prima

Para pilones

Todo el año

Hombres adultos

Iraca

Palma

Materia prima

Para techos

Todo el año

Hombres adultos

Amargo

Árbol maderable

Construcción de vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Bejuco Corralero

Liana

Construcción de vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Chagualo

Árbol maderable

Construcción de vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Nuna

Árbol maderable

Construcción de vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Siete cueros

Árbol maderable

Construcción de vivienda, leña para fogones

Todo el año

Hombres adultos, mujeres y niños

Doncel

Árbol maderable

Materia prima para pilones y manos de moler

Todo el año

Hombres adultos

Corozo

Fruto de palma

Alimentación de animales

Enero – Febrero

Niños

Piñuela

Fruto

Alimentación pobladores

Junio

Niños

Matarratón

Arbusto

Leña casa y alfarería

Todo el año

Mujeres y niños

Cañafistola

Arbusto

Leña alfarería

Todo el año

Mujeres y niños

Cañabrava

Arbusto

Leña alfarería, paredes vivienda

Todo el año

Hombres adultos, mujeres y niños

Guayaba

Fruto

Alimentación población

Junio

Niños

Tocuno

Árbol maderable

Leña casa

Todo el año

Mujeres y niños

Yarumo

Árbol maderable

Leña casa

Todo el año

Mujeres y niños

Morcillo

Fruto

Alimentación población

Junio

Niños

Cotobé

Árbol maderable

Construcción vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Caimo

Árbol maderable

Construcción vivienda

Todo el año

Hombres adultos

Granadilla de Monte

Fruto

Alimentación población

Junio

Niños

 

 

Para los habitantes de Untí, el río Cauca juega un papel importante, no solo porque es un espacio de explotación de recursos significativos desde el punto de vista económico, sino por que se convierte en el centro de interacción e intercambio de conocimientos y experiencias vitales entre habitantes de varias localidades del norte del municipio de Buriticá, especialmente las veredas Untí, Carauquía y el corregimiento de Tabacal,  lo que le imprime al río una connotación especial a la dinámica de relacionamiento veredal.

Desde el punto de vista de la explotación de los recursos, el río Cauca se convierte en fuente importante de la economía local, pues allí practican la pesca y la minería, de forma estacional en las épocas de verano, que para esta región se concentran por los meses de diciembre, enero y febrero.

Con relación a la pesca, podemos afirmar que es una actividad eminentemente masculina en lo relacionado con la captura, pero en la comercialización las mujeres juegan un papel importante; se practica de forma estacional, pues únicamente lo hacen en los meses de verano.  Para ello se desplazan al río Cauca, principalmente al sitio conocido como El Salto, que se localiza en la desembocadura de la Quebrada La Clara; a este paraje también acuden a desarrollar esta actividad habitantes de Carauquia, Tabacal y población dispersa de la parte central del municipio; para llegar allí, los habitantes de Untí se tienen que desplazar por espacio de hora y media por la orilla de la Quebrada La Clara y principalmente lo hacen en las horas de la noche, de tal forma que les permita desarrollar la pesca hasta aproximadamente las siete de la mañana.

Para la captura utilizan básicamente la atarraya, que es elaborada por especialistas dentro de la comunidad; en algunos casos utilizan varas, nylon y anzuelos, usando como carnada “tripa de bocachico”, lombriz y “chiche de avispa”.  Antiguamente, acudían también a realizar esta actividad a la quebrada La Clara, pero, por la disminución de su caudal y la contaminación de esta corriente superficial, disminuyó la variedad de especies y el volumen de la pesca.

 

Al ser El Salto un lugar frecuente e intensamente concurrido, el “barrido” del río con la atarraya debe hacerse por turnos; es decir, que a medida que los pescadores van llegando al río, empiezan a coger turno por realizar el recorrido que puede ser de aproximadamente un kilometro.  Así mismo, pero en menor proporción, acuden al sitio conocido como Arce, que se localiza a 10 minutos, aguas arriba de El Salto, donde únicamente se pesca con anzuelo.

 

Las especies que se capturan son:

 

  • Bocachico
  • Dorada
  • Bagre
  • Barbudo
  • Anguila
  • Picuda
  • Sabaleta

 

La mayoría de la pesca se destina a la venta que se realiza en Sinsierco y en la cabecera del  municipio de Buriticá y son las mujeres las encargadas de realizar esta actividad.  Una pequeña proporción se destina al consumo familiar y al regalo a sus vecinos.  Parte de los pescados son salados y secados al sol para el consumo de la semana.

 

También la minería se desarrolla fundamentalmente durante los periodos de verano; un solo habitante lo hace durante todo el año.  Básicamente, el procedimiento consiste en lavar los

 

lechos que se descubren cuando el río disminuye su caudal, pues allí se depositan arenas con alto contenido aurífero, que se desprenden de los filones de las cordilleras Central y Occidental y son transportadas a la cuenca del Cauca por las diferentes corrientes de agua.

 

Los lechos se explotan a partir de técnicas artesanales como son el barequeo, el mazamorreo y el zambullido.  Para esto utilizan dos tipos de herramientas: las que tradicionalmente son elaboradas por la comunidad y las de fabricación exógena que se obtienen mediante la compra en los principales centro de acopio de la región, que en el caso de Untí es la cabecera municipal de Buriticá.

 

Dentro del primer grupo sobresalen la batea y el canalón para los cuales se utilizan maderas como el ceibo y el amargo.  Antiguamente se lavaba el oro solamente con batea; el molino fue una herramienta que se introdujo posteriormente  y consiste en una canoa rectangular cubierta de un costal que se coloca sobre un andamio de madera o piedra  a la orilla del río, con una inclinación especial para lograr que el agua que se vierte circule sin dificultad.  En la parte superior de esta canoa se coloca la zaranda, un cajón también elaborado de amargo, con una lámina de zinc agujereada en el fondo, que actúa como colador; allí se deposita el material elegido para lavar, compuesto por arenas y cascajo.  Al verter agua del mismo río sobre este material seleccionado, las partículas finas que contienen el oro y los minerales de hierro pasan a través de la zaranda y quedan atrapadas por su mayor peso en el costal que cubre el molino.  Las piedras de mayor tamaño que no alcanzan a atravesar la zaranda, son desechadas para iniciar de nuevo la operación.

 

La batea es un instrumento cóncavo circular que se utiliza para el lavado directo de las arenas del río y durante la recortada, que consiste en separar (lo más que se pueda) la jagua (mineral de hierro) del oro.  El manejo de esta herramienta requiere de una mano experta que logre imponer los movimientos giratorios y las sacudidas necesarias para lograr el objetivo.

 

Dentro del segundo grupo de herramientas sobresale el almocafre[6] elaborado sobre un machete mediante la exposición al calor; se le da una forma curva en los extremos de manera que sirva para remover la tierra de la playa y de los antiguos lechos aluviales.  Otros utensilios y herramientas empleados son la pica, el recatón, la barra, el machete, el hacha y el costal.

 

Las diferentes técnicas utilizadas  para el desarrollo de esta actividad dependen de los períodos estacionales; el mazamorreo que implica el manejo del molino, se practica durante el invierno cuando se dedican a la extracción del material que reposa en los antiguos lechos aluviales; el barequeo que solamente requiere de la batea, se aplica durante el verano cuando el río está “tirado” (pequeño) y quedan al descubierto extensas playas, al igual que el zambullido donde se utiliza la batea y el molino.  Este último se ejecuta directamente en el río fabricando un muro de piedras a manera de contención de la corriente para facilitar la inmersión del minero con la batea, quien recoge del fondo del río las arenas que serán depositadas y lavadas en el molino.

 

En la aplicación de cualquiera de estas técnicas es necesario tener un conocimiento detallado de la estratigrafía del suelo, pues la tierra que lleva el oro tiene características particulares que deben tenerse en cuenta para garantizar el rendimiento y la eficacia del trabajo.

 

El proceso de lavado se realiza durante toda la semana, al final de la cual  se inicia la llamada “recortada” que, como ya se dijo, consiste en verter el material depositado en el costal en una batea con el fin de separar la jagua (minerales de hierro) del  oro.  Posteriormente para la separación final del oro, se procede a la colada que se realiza en una pequeña totuma conocida con el nombre de “jaguero”, donde se adiciona un macerado de plantas, que bien puede ser de Cedro Playero o Yomato.  De acuerdo a consultas realizadas con biólogos botánicos e ingenieros químicos, las plantas producen una disminución en la tensión superficial del agua y la flotación de las partículas de oro por absorción de moléculas de largas cadenas de carbono (Duque y Espinosa 1994).  La incorporación de este macerado, reemplaza los métodos de amalgamación utilizados en otras regiones mineras del departamento.

 

Las últimas actividades del proceso minero, son quizás las más importantes, pues el éxito del trabajo depende de la capacidad que tiene el minero para imponer movimientos rítmicos a la batea durante la recortada y al jaguero durante la colada.

 

Esta labor influye de manera directa otras esferas de interacción regional, pues la minería no sólo es asumida como una actividad productiva, dado que involucra diferentes elementos que establecen sentidos de pertenencia y formas particulares de reconocer a otros sujetos, además de definir las reglas de relaciones sociales entre unos y otros, planteando con ello una forma singular de concebir el espacio. 

 

 

-           La alfarería

 

Verdaderamente son pocos los que saben de la existencia de un pequeño cerebro en cada uno de los dedos de la mano, en algún lugar entre falange, falangina y falangeta…

…Lo que este barro esconde y muestra es el tránsito del ser en el tiempo y su paso por los espacios, las señales de los dedos, los arañazos de las uñas, las cenizas y los tizones de las hogueras apagadas, los huesos propios y ajenos, los caminos que eternamente se bifurcan y se van distanciando y perdiendo unos de los otros… José Saramago. (La Caverna. Alfaguara, Bogotá 2001)

 

 

La alfarería como actividad artesanal se ha realizado en esta localidad desde hace mucho tiempo; a partir de la historia oral no fue posible conocer sus orígenes, pero los habitantes informan que se ha sido una labor de varias generaciones y su conocimiento lo han heredado de los “antiguas”.  Aunque en la actualidad puede considerarse una actividad marginal, en el pasado jugo un papel importante en la economía local y su disminución esta

 

ligada a la perdida de la funcionalidad de este tipo de productos entre los habitantes del municipio y el Occidente en general.

 

En palabras de don Saúl Jaramillo:

 

Este trabajo al igual que el del sombrero se dañó en la época de la violencia…la mejor alfarera era mi hermana que ahora vive en Medellín y quedo remplazándola como mejor alfarera Marta Dolma que es la nuera de mi hermana María.

 

La incorporación de esta región a los mercados departamentales y nacionales hizo que los recipientes de barro fueran remplazados por aquellos elaborados en aluminio y peltre. De esta forma, el desarrollo de la alfarería entre los habitantes de Untí se convierte en una actividad que evoca un pasado próspero, cuando se transitaban los caminos hacia Giraldo, Cañasgordas, Liborina, Peque y Sabanalarga.

 

Como en otros lugares de Occidente, la producción de los objetos de barro es una actividad eminentemente femenina, donde todo lo que tiene que ver con la fabricación y posterior comercialización está a cargo de las mujeres[7].  Antes era desarrollada por un gran número de ellas, pero ahora solo la desempeñan cinco mujeres, que son:

 

  • Alicia Higuita
  • Marta Oquendo
  • Severiana Higuita
  • Maria del Socorro Higuita
  • Marina Jaramillo

 

La producción alfarera de los habitantes de esta localidad puede ser explicada a la luz de una serie de pasos que conforman una cadena operatoria que va desde la obtención de las materias primas hasta su comercialización.  Estos pasos pueden dividirse y ordenárse en fases, de las cuales distinguimos aprovisionamiento, producción, distribución y uso.

 

Fase de aprovisionamiento: corresponde a las actividades que desarrolla el grupo de alfareras de Untí, para obtener arcillas[8] que servirán como materia prima en la elaboración de recipientes y otros objetos cerámicos.  Las alfareras de Untí realizan esta actividad en una mina que se localiza en las inmediaciones del caserío, lugar que han utilizado por décadas para obtener el material necesario.  Esta actividad no es desarrollada por la totalidad de las alfareras de Untí, pues solo la realizan dos de ellas, quienes se encargan de recoger toda la arcilla que necesitan ellas y las demás; se realiza en las horas de la mañana.

 

Dice doña Alicia:

 

el barro bueno para las ollas es el barro negro, porque el otro barro es rajador, el barro para hacer cayanas tiene que ser colorado.  Antes se cocinaba en las mismas ollas que hacían, se pisaba el barro con toda la arena y eso duraba mucho.

 

Si tenemos en cuenta las afirmaciones anteriores, esta fase se articula a la esfera tecnoeconómica  relacionada con la obtención intencional de cierto tipo de materias primas como primer paso para la elaboración de objetos cerámicos de donde puede inferirse el tipo de intensidad  y  manejo de las zonas elegidas para la extracción (Foto 1).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 1. Doña Alicia preparando el barro. Vereda Untí, Municipio de Buriticá.

 

 

Fase de manufactura:  Corresponde al procesamiento y transformación de la arcilla en objetos cerámicos.  Es una de las fases más importante para el conocimiento de la industria alfarera como actividad productiva y social.  De acuerdo al procedimiento tecnológico empleado para la fabricación de piezas, es posible identificar dos actividades con implicaciones tecnoeconómicas, sociales e ideológicas diferentes: procesamiento de la arcilla, que tiene que ver con la manipulación de la materia prima hasta convertirla en la pasta con las características deseables para el alfarero y el proceso de elaboración de la

 

pieza que implica una técnica de elaboración y unas técnicas de cocción.  Con relación al procesamiento de las arcillas encontramos que las alfareras de Untí no le adicionan ningún componente mineral, lo que da a entender que las materias primas locales utilizadas para su elaboración contienen los desgrasantes necesarios para hacerla maleable y poder moldear las piezas (Fotos 2 y 3).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 2. Severiana al comenzar el modelado. Vereda Untí, municipio de Buriticá.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 3. Modelado del barro. Vereda Untí, municpio de Buriticá

 

En la actualidad la técnica de elaboración es el modelado directo, pues, como ya se dijo, la producción alfarera se restringe a la fabricación de callanas; este modelado directo lo hacen sobre una callana vieja que les sirve como molde en el inicio del modelado; posteriormente, modelan el resto de la callana, primero para arriba y luego la aplanan con los dedos; para darle el acabado utilizan una pequeña piedra que les sirve como pulidor y este acabado consiste en un alisado de superficie por la cara externa; este tipo de objetos se elaboran en dos tamaños.  Anteriormente, también se recurría a la técnica del rollo para realizar otro tipo de recipientes diferentes a las cayanas, conocidas con los nombres de olletas, cazuelas y ollas; así mismo, realizan algunos objetos por encargo como son los “candeleros” y algunas ollas que se destinan a la decoración de viviendas.

 

Las alfareras no se dedican exclusivamente a esta actividad; la combinan con los oficios domésticos y otra actividades propias de las mujeres en esta comunidad; durante las horas de la tarde cada una de ellas modela 4 o 5 cayanas, acumulando en la semana entre 20 y 25 de ellas.

 

Después del modelado y antes de la cocción es necesario disponer las piezas en un espacio seguro y a la sombra para que su secado sea lento y no pierdan la humedad rápidamente, por que de lo contrario, se fracturarían antes de ser sometidas al fuego.  El lugar acostumbrado en donde se disponen las piezas para el secado antes de la cocción es la cocina, sobre el fogón en un pequeño andamiaje similar a una troja, a una altura aproximada de 1.80 m sobre el fogón; de esta forma se protege las piezas de las travesuras infantiles y al mismo tiempo se genera un ahumado leve que ayuda al acabado definitivo de las piezas.

 

La cocción se realiza en los patios de las casas en lugares previamente establecidos para ello; el proceso de quemado solo demora una hora y la leña utilizada es caña brava y matarraton delgadito, pues, en palabras de doña Severiana, “la leña gruesa no sirve porque  quiebra los tiestos”.  Todos los sábados se quema el producto de la semana.  Esta actividad la desarrolla de 4 a 5 PM, por considerarse el momento más fresco de la tarde.

 

El horno se improvisa a cielo abierto donde se disponen tendidos de maderos delgados formando una malla en la cual son distribuidas las piezas para luego ser cubiertas con otros leños, esta vez de una manera menos ordenada; antes de terminar este segundo tendido, ya se ha iniciado el fuego en el soporte, de forma que cuando se le están poniendo las últimas astillas de madera ya el fuego ha cubierto la totalidad de las cayanas.  De acuerdo a lo observado, se trata de una cocción en atmósfera oxidante, con temperaturas muy bajas donde se presenta una fuerte cantidad de oxigeno en la combustión generada por los intersticios que quedan del tendido y el soporte; la temperatura de cocción debe ser muy baja pues la combustión es rápida y no se tiene el tiempo suficiente para alcanzar temperaturas superiores a los 500°C, lo que genera cerámica en la mayoría de los casos con cocción incompleta y manchas de cocción en ambas caras.

 

Durante este proceso es común que se fracture el 30% o 40% del total de las piezas  quemadas; algunas de ellas son reutilizadas como moldes para la fabricación de las nuevas callanas.  Los tiestos de las callanas reventadas se dejan en patio de la casa por lo que es común encontrar gran cantidad de ellos dispersos por todo el asentamiento.  La ceniza que

 

queda de la quema se barre y por eso no queda ninguna huella visible en el lugar donde se lleva a cabo esta actividad (Foto 4).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 4. Sitio para la cocción. Vereda Untí, municipio de Buriticá.

 

 

Fase de distribución:  Las callanas se comercializan en la cabecera municipal de Buriticá; allí, localizadas en un lugar especifico del mercado dominical, que ya es reconocido como su punto de venta; las alfareras de Untí desarrollan una ardua labor de comercialización, tratando de conciliar sus precios con los ofrecimientos hechos por  pequeños comerciantes que quieren comprar su producción a bajos precios.  Las cayanas pequeñas son ofrecidas a $ 1.000 y las grandes a $ 4.000, pero se pueden vender hasta en la mitad del precio, dependiendo del recateo, la amistad y la cantidad.  Algunas de las cayanas producidas por las alfareras de Untí, después del mercado, continúan su recorrido por otras localidades de occidente, pues son compradas por pequeños comerciantes y las revenden en otros mercados, como las de Liborina, Cañasgordas, Giraldo, Olaya, Sucre y Santa Fe de Antioquia.

 

Tiempo atrás, la distribución de esta producción no sólo se realizaba en el mercado de Buriticá, sino que las alfareras se desplazaban directamente a mercados más lejanos y amplios como el de Cañasgordas y Giraldo, donde obtenían buenos precios, ya que entonces estos objetos tenían mayor funcionalidad pues hacían parte del menaje doméstico de los campesinos del Occidente antioqueño.  Ahora, perdida la funcionalidad, el mercado se ha deprimido; en ello ha incidido también el hecho de que la red de relaciones sociales

 

que incluye las relaciones comerciales, se han restringido al ámbito local y municipal.  De esta forma, el decaimiento de la distribución de la producción alfarera ha jugado un papel importante en las transformaciones sociales de la comunidad de Untí, agenciando cambios en la concepción del territorio y las relaciones inter locales (Foto 5). 

 

El Untí de hoy es tan plano como una cayana, tan compacto y frágil como el barro cocido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 5. Cayanas en el mercado dominical de Buriticá.

 

Fase de uso:  Está relacionada con la función específica que se da a cada uno de los objetos elaborados  en las diferentes actividades desarrolladas por el grupo.  El uso tiene que ver con actividades cotidianas (productivas, ceremoniales, sociales).  Esta fase recoge la secuencia de las acciones intencionales de las fases anteriores,  con el fin de proveer objetos funcionales y/o simbólicos que forman parte de la cultura material, no sólo del grupo, sino también de aquellos que los compran, exhiben y/o usan.

 

-           La imaginación del territorio

 

 

San Silvestre bendito

Guardame bien mi casa

Y todo mi alrededor

Guárdame de brujas hechiceras

Y del hombre malhechor

San Silvestre

San Damián

San Jorge

Santa María

Santa marra

Santa María

Ora pro nobis

Ora pro nobis

Ora pro nobis (Oración para ahuyentar a las brujas, proporcionada por un habitante de Untí).

 

El territorio está modelado por un conjunto de imaginarios colectivos, aunque en algunos casos pueden contener elementos individuales, ligados en buena medida con las manifestaciones espaciales que se le otorgan a las presencias no materiales, a las leyendas y a las personas con poderes sobrenaturales, que son reconocidas socialmente. Este modelado limita los espacios de uso y circulación, influencia el sentido de arraigo o desarraigo entre sus habitantes y se articula a las formas de control social y a la generación de normas de conducta, así como a la configuración de identidades locales y regionales.  De esta forma la esfera territorial y la percepción, valoración e imaginación que se tiene de ella, entran a jugar un papel importante en las relaciones sociales.

 

Las brujas, como seres humanos con poderes sobrenaturales, tienen espacios propios de acción que al ser reconocidos, intervienen en la concepción del territorio.  La creencia en la eficacia del accionar de estos seres o entidades, así como sus manifestaciones espaciales tienen un reconocimiento regional, lo que articula una serie de localidades en torno a imaginarios comunes; estos espacios de reconocimiento regional, de carácter fijo y de permanencia entran a articularse con las manifestaciones locales del fenómeno de la brujería que generan espacios intermitentes y de tránsito.

 

La articulación a escala regional a partir de las creencias sobre la brujería se manifiesta en espacios de reconocimiento común por parte de los habitantes de diversas localidades que denotan lugares de encantos y asentamientos de brujas.  Es así como la laguna de Carquetá, el Cerro del Chocho, La Vuelta de la Catalina, el pozo de Garrido, el Cerro del Aguilar, son reconocidos como espacios propios para el accionar de estos seres en el contexto regional, agenciando  patrones comunes de percepción del territorio e identidades frente a entornos geográficos amplios.  Así mismo, el reconocimiento de Sinicierco como asentamiento de brujas, por parte de los habitantes de Untí y de otras localidades del centro y occidente de Buriticá, muestra que existe una concepción del territorio que sobrepasa la esfera local.  Saúl Oquendo en un relato ilustra esa concepción regional del entorno espacial de las brujas:

 

El pozo de Garrido era donde las brujas se iban a hacer sus bailes…también iban a la ciénaga de Carquetá…esa ciénaga se seco, nadie sabe por qué, pero era un sitio muy peligroso, si alguien caía allí no volvía a salir jamás, nadie sabe cómo crearon el pozo y la ciénaga…pero si se cuenta que era a donde el diablo bailaba con las brujas.

 

La versión de Carlos Alirio Jaramillo contiene elementos locales y regionales que fortalecen la descripción anterior:

 

en esta vereda no existen las brujas pero anteriormente si las había…ellas están en Sincierco y algunas veces pasan volando de camino a Carqueta que queda al otro lado del río, en Sabanalarga.

 

Sincierco es referido como sito donde “abundan” las brujas, este es un elemento del contexto municipal, pero no es clara su intención; Don Eladio Rodríguez de Untí plantea la no existencia de brujas en su vereda, sin embargo si las relaciona en Sicnicerco:

 

En Untí no hay brujas, ellas vienen de Sinsierco y acostumbran tapar los caminos enmalesándolos y molestan los hombres de noche, asfixiándolos, sentándoseles en el pecho no dejan resollar.

 

Estos seres sobrenaturales eran muy comunes en el pasado, aunque en la actualidad casi no se habla de ellos; ejercían sus poderes principalmente sobre los hombres, pues no se hace referencia a ningún caso donde le haya sucedido a una mujer de Untí.  De alguna forma, tal singularidad está generando un control social y unas normas de conducta en los hombres, restringiendo su circulación, sugiriendo la abstinencia de consumo de licor y marcando pautas morales frente a la infidelidad.

 

Los mohanes están asociados a la zoomorfización de lo humano, ya que corresponden a personas que tienen la capacidad de convertirse en animal con el ánimo de producir miedo en los demás; en contraste con las brujas, estos seres seleccionan a las mujeres como objeto de su acción.  La transformación que sufren estas personas no incluyen la cabeza, pues se encuentra restringida por la aplicación del crisma bautismal; de esta forma se está vinculando una creencia religiosa con acciones paganas señaladas como no convencionales dentro de la ideología judeo-cristiana.  La cobertura espacial del mohan es restringida y se limita únicamente a su comunidad generando particularidades independientes en la percepción del territorio, ya que en cada asentamiento se referencian lugares especiales de su aparición. Esta esfera local de concepción del territorio contrasta nuevamente con la creencia de las brujas que tiene una connotación más regional.

 

Si las brujas coadyuvan en el control social de los hombres, los mohanes lo hacen con las mujeres; así mismo estos últimos delimitan espacios de usos femeninos y la circulación socialmente reconocida de las mujeres.  Al respecto refiere Doña Alicia Higuita:

 

Estos son personas, como cristianos normales que tienen estudio para convertirse en animales…lo que hacen es asustar a las personas principalmente a las mujeres

 

Por otro lado, los duendes centran sus acciones en los niños, aunque en algunas oportunidades influyen sobre los adultos; ello esta demarcando restricciones con relación a la movilidad y uso social del territorio.  Se presentan con la figura de algún pariente y convocan a los niños hacia las cañadas para extraviarlos (jugar con ellos) de su camino. Como lo plantea la misma Doña Alicia Higuita:

 

Los duendes sí no son personas; es como un animal que habita principalmente en las cañadas y se dedica a asustar a los niños, aunque en algunas ocasiones también lo hace con las personas adultas.  Para asustar a los niños se convierte en un familiar de ellos y en algunas ocasiones los niños se confunden y se van con los duendes; se quedan un rato y también días perdidos hasta que aparecen en los caminos o en las cañadas.

 

 

4.2.2.2    Bubará

 

 

-           Localización

 

Bubará es una de las 32 veredas del municipio de Buriticá; se localiza en el sector central, al nor-occidente de la cabecera municipal; para llegar a ella, es necesario desplazare por un camino de herradura desde la cabecera, por espacio de cuarenta minutos; este camino parte del sector sur del municipio, coge en dirección norte por una ladera hasta llegar al sitio de Piuntí, donde voltea al occidente por una pendiente  hasta llegar a la localidad; esta ruta hace parte del camino “real” que comunicaba antiguamente a Buriticá con el corregimiento de Tabacal.  Sus terrenos se encuentran en la zona de vida de Bosque seco tropical (bs-T), donde predominan las altas temperaturas (mayores de 24° centígrados), una baja pluviosidad y vegetación  arbustiva que se concentra en las orillas de la quebrada.

 

Se trata de un asentamiento semiconcentrado que se localiza en un sistema de colinas bajas aledañas a la quebrada La Remango, articuladas por cuchillas amplias y poco pendientes donde se encuentran las viviendas; están distanciadas 100 mts. Aproximadamente una de la otra, configurando amplios espacios entre ellas que son utilizados como huertas donde se cultiva caña de azúcar, arboles frutales y se hace un manejo de la sucesión natural de la iraca, elementos que son muy importantes en la vida económica de este poblado (Foto 6 y Dibujo 2).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 6. Panorámica de la vereda Bubará, municipio de Buriticá.

 

-          Territorialidad e Historia

 

Los habitantes de Bubará, como los de Untí, no recuerdan los orígenes de este asentamiento, pues estos acontecimientos se han perdido en el tiempo.  Afirman sin embargo que varias generaciones de Tuberquia, Graciano e Hidalgo, han ocupado este territorio desde hace más de 100 años.  La historia más antigua la reconstruyen a partir del conocimiento minucioso que tienen de su entorno que incluye el reconocimiento de alteraciones antrópicas significativas en el paisaje,  el hallazgo cotidiano de restos de la cultura material de los pobladores de épocas remotas, y las leyendas sobre personajes populares en la tradición oral municipal y regional.

 

El referente más antiguo sobre los inicios del poblamiento es la ocupación por parte de grupos indígenas, que los actuales habitantes identifican a partir de continuos hallazgos de fragmentos cerámicos dispersos por todo el caserío y esporádicos encuentros de “sepulturas” en grandes recipientes de barro; los habitantes interpretan estos como las manifestaciones de una ocupación antigua de indios que no tenían oro y a partir de allí dicen que “estos indios son igual de pobres que nosotros”.  Aunque no vinculan este poblamiento antiguo con la actual ocupación que hacen ellos del territorio, sí se identifican como población “aindiada” aunque no quieren saber nada de esta “categoría” étnico-racial, afirmando que los indios “no eran gente” y se acabaron hace mucho tiempo, quedando ellos como sus descendientes quienes sufrieron un proceso de humanización a partir de la evangelización. Este elemento es bien interesante ya que expresa la existencia de una contradicción en la imagen tienen hoy los habitantes de Bubará de esos antiguos pobladores, pues, de un lado, se les niega la categoría de humanos y se asocian con demonios, mientras que de otro, se les reconoce su tenacidad en el desarrollo de actividades mineras, así como sus conocimientos para el manejo del entono geográfico y su saber

 

sobrenatural, atribuyéndoles poderes que los habitantes de ahora ansiarían tener.  Es común ver cómo los pobladores de Bubará, en medio de sus trabajos agrícolas y sus recorridos cotidianos, imaginan ese pasado a partir de la observación de unos cuantos tiestos encontrados superficialmente; por ello no es raro que al ser preguntados por su historia, miren al piso buscando unos cuantos fragmentos para demostrar la antigüedad de este asentamiento y para hablar de las calidades de aquellos pobladores del “otro día”, dicen:

 

…eran muy verracos, tanto así que no parecen gente…mire los laboriados y la quemada…esta gente sabía más que los de Untí…pero no nos dejaron nada de orito…el cacique Buriticá y María Centena lo escondieron y no se sabe en donde…no nos dejaron nadita de oro.

 

Cuando quieren resaltar la importancia minera de sus territorios en un pasado que no vivieron pero que logran reconstruir a partir de la observación de elementos antrópicos transformadores del paisaje, se remiten a la quebrada donde se encuentra la evidencia material de esa antigua actividad; describen y señalan un conjunto significativo de acumulaciones de piedra, la mayoría de ellas aledañas al cauce, que forman muros o vallados con alturas y formas diversas, asociados con la explotación intensiva del recurso aurífero; para afirmar que se trataba de obras relacionadas con la extracción de oro a gran escala, acuden a su experiencia como mineros artesanales para decir que aquellas son el producto de trabajos de cuadrilla conformadas por individuos con fuerzas superiores a la humana[9].  De esta forma se vincula el pasado remoto con la cotidianidad, generando continuas y cambiantes interpretaciones sobre aquellos acontecimientos que han dejado huellas en este territorio.  Ese pasado cobra importancia y significación en el comportamiento social cuando aquellas interpretaciones se articulan en narrativas compartida por toda la comunidad; niños, jóvenes y adultos encuentran en las evidencias de la quebrada, las marcas y referentes de la ocupación del territorio y de la explotación de los recursos de los cuales da cuenta la tradición oral que pasa de generación en generación.

 

Los vallados son entonces elementos significativos en la percepción y descripción que hacen ellos de los primeros momentos de la ocupación de la zona, pero son elementos que aparecen de manera fragmentaria en su discurso; en algunas oportunidades son asociados con María Centeno y sus poderes “demoníacos”.  Este personaje histórico, convertido en figura de leyenda, y casi mitificado por los habitantes de todo el Cañón del Cauca, es referenciado por los habitantes de Buriticá sin distingo de ascendencia étnica o condición social; esta mujer, se dice, era la encargada de dirigir los trabajos de los indios, a quienes tenía esclavizados, haciéndolos trabajar en la explotación del oro (Foto 7).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 7. Vallados. Vereda Bubará, Municipio de Buriticá.

 

Doña Carolina Úsuga cuenta que:

 

María Centeno era una hija descarriada de los reyes católicos que se vino para Colombia…era una mujer entendida en lo de la minería y ella con los indios y sus legiones de diablitos hicieron los vallados que se ven por allá por la orilla de la quebrada La Playa[10].

 

El conocimiento histórico que la comunidad tiene a partir de las experiencias vividas por ellos y por sus ascendientes directos, se remonta a los últimos 100 años; en los relatos se resalta la continuidad en la ocupación del territorio, los conflictos políticos que debieron afrontar y las actividades económicas que generaban buenos ingresos en el pasado.

 

Para  demostrar la continuidad de su ocupación del territorio acuden a la relación de sus ancestros, tratando de demostrar cómo ellos eran quienes habitaban este caserío, agregando que “siempre les ha gustado casarse entre ellos”; esta referencia también surge cuando se les pregunta por los parientes que viven en su localidad; de esta forma ratifican su identidad con el territorio a partir de mostrar una conducta social endógama evidenciada en el hecho de             que los Tuberquia, Graciano e Hidalgo están emparentados entre sí desde hace muchas generaciones.  De esta forma utilizan el pasado para justificar patrones sociales actuales relativos a las reglas de matrimonio y parentesco.

 

Al ser indagado Don Marceliano Tuberquía por la historia de este asentamiento dice que:

 

Los mayores que vivían en Bubará eran Pacho Tuberquía “el General”, Pacho Tuberquia el hijo, Manuel Tuberquia, Sebastián Tuberquia, Elías Hidalgo, Juancho Hidalgo, Joaquín Hidalgo, Benancio Hidalgo, Cruz Hidalgo, Valentín, Cipriano Tuberquía que era mi papá, Protacio Tuberquia abuelito mío y de mi mujer, Julián Hidlago, Simón Graciano, Petrona Tuberquia, Juana Tuberquia, Rosa Tuberquia, Cruz Tuberquia, Joaquín Tuberquia, Teresa Tuberquia.

 

Es un  notable recuento de cabezas de familia, sugiriendo una continuidad en el poblamiento del territorio por parte de las mismas parentelas que actualmente ocupan la localidad.  Otros coinciden en afirmar que todos los anteriores habitantes de Bubará eran propios del lugar negando la presencia de foráneos o forasteros.

 

Al igual que en muchas de las localidades del occidente medio, en esta vereda los conflictos armados del siglo XX, de amplía repercusión en la región, marcan momentos importantes que son recordados como hechos históricos significativos.  En Bubará algunos de sus habitantes evocan fragmentos de la realidad vivida en la guerra de los mil días y en “la violencia” de los 50s.  Afirman que durante la época de la violencia en esta localidad no ocurrieron hechos significativos lamentables, pues nunca se presentaron enfrentamientos y no fue quemada, como si sucedió con otras tantas localidades cercanas; por esta razón, afirman que no se presentaron fuertes movimientos de población en esos años, por lo que no se han generado rupturas en la ocupación reciente del territorio.

 

El relato de doña Ana Rosa Tuberquia se remonta a la guerra de los mil días, mezclando los acontecimientos de este evento de finales del siglo XIX y principios XX, con los de la violencia de los 50´s.

 

Cuando Gaitán aquí en Bubará no pasó nada…lo que si oíamos eran las historias que la tía de mi mamá contaba…decía que cuando estaba mediana, nos contaba que había una violencia muy horrible por estos lados…ahí bajó dizque allá en el Picacho, allá en Llanito se llama Picacho…pa’ Sincierco…se pusieron a peliar unos ejércitos a yo me recuerdo que ella decía quizque esa guerra era la de los mil días…pero yo no me recuerdo de que en la violencia de Gaitán hubiera pasado algo por  aquí

 

Así, entonces, plantean que Bubará siempre ha sido el mismo pequeño poblado,  distribuido en tres calles, con las mismas familias y con una economía de subsistencia que ahora está decayendo.  La disminución en la demanda de productos tradicionales del asentamiento como la panela y los objetos de cestería, hacen que al evocar el pasado aludan con nostalgia a aquellas épocas cuando esas sus actividades económicas eran rentables y sus dividendos les permitían satisfacer muchas de sus necesidades.

 

Los productos artesanales elaborados a partir de la Iraca fueron durante muchas décadas emblemáticos de la localidad; sus habitantes recuerdan que en la primera mitad del siglo XX la fabricación del sombrero “Panamá”, era una actividad económica a la cual se dedicaba toda la comunidad, generando ingresos a todos sus miembros, oficio que declinó por la disminución de la demanda en los mercados nacionales e internacionales.  Mientras las mujeres tejen la Iraca para fabricar esteras, junto con la “chinas” o abanicos, únicos objetos de cestería que se siguen produciendo hoy en Bubará, recuerdan como antes los diversos objetos tejidos eran ampliamente demandados, pues hacían parte fundamental de la utilería doméstica de los campesinos de muchas veredas; en esta época todas las mujeres de la localidad se dedicaban a la cestería y por ello recibían importantes ingresos; recuerdan ese pasado no muy remoto,  mientras unas pocas de ellas alistan su reducida producción semanal para llevarla al mercado dominical de Buriticá.

 

Cuentan también, como la producción panelera de la comunidad abastecía gran parte del mercado municipal; esta situación fue transformándose de manera desventajosa para ellos, cuando a Buriticá empieza a entrar la producción panelera de los de grandes establecimientos paneleros del occidente con precios con los cuales los productores de Bubará no podían competir.  Los habitantes de Bubará recuerdan, mientras orgullosamente operan manualmente sus trapiches artesanales, llamados localmente “amansa yernos” o “matagente”, que esta es una actividad muy antigua y con una significativa importancia en su historia.

 

- Territorio y población

 

En Bubará habitan 127 personas que conforman 30 familias, distribuidas en tres sectores: Buga, Arrieral y El Hoyo; esta distribución espacial se ve reflejada en las relaciones de parentesco, ya que a cada sector están asociados grupos familiares predominantes, aún cuando se presentan estrechos vínculos entre sectores y parentelas. 

 

El sector de Buga es la parte central de la vereda; allí se localiza la escuela, por él entra el camino que viene de Buriticá y está habitado por un tronco importante de la parentela Tuberquia. El sector del Arrieral se localiza al noroccidente de Buga, sector con el que se comunica por un camino de unos 250 m.; allí viven los Hidalgo; en el Hoyo, que esta al occidente de Buga y al suroccidente del Arrieral, viven familias emparentadas conformadas por uniones matrimoniales entre Tuberquia e Hidalgo.

 

La distribución espacial del poblado presenta algunas características que la comunidad relaciona con diferencias internas en cuanto a poder adquisitivo y propiedad de la tierra; los Tuberquia del sector de Buga, tienen amplios patios con huertas que son intercaladas con viviendas y pequeños trapiches; son reconocidos como los que tienen una mejor calidad de vida por que perciben mayores ingresos económicos, pues poseen pequeñas extensiones donde tienen cultivos para el auto-consumo y caña para la producción de guarapo. Los habitantes del Hoyo y Arrieral,  tienen lotes mas pequeños y por tanto sus viviendas están más concentradas, no poseen la infraestructura para procesamiento de la caña y no poseen tierras para los cultivos.

 

Existen diferentes tipos de construcciones arquitectónicas en esta localidad, por lo que el entorno adquiere un orden particular donde se diferencian espacios construidos, espacios de cultivo y espacios comunitarios.  Se construyen casas y pequeñas ramadas para ubicar los trapiches.  Hay dos tipos de vivienda que están hablado de dos momentos constructivos; aquellas casas construidas en tapia y teja de barro, nos hablan de construcciones de más de 70 años que están siendo habitadas por descendientes de sus constructores, sin que en la actualidad existan especialistas para el oficio, pues en la comunidad no hay tapieros y el tejar de Piuntí hace mucho tiempo que dejó de funcionar. De esta forma, la desaparición de un oficio y las limitaciones en la consecución de los materiales tradicionales, impulsó la aceptación de nuevos materiales y con ellos, de nuevas estructuras habitacionales; hace 20 años se vienen modificando las antiguas viviendas y ahora son construcciones con paredes de bahareque y techos de zinc.  En todos los casos se trata de viviendas construidas a dos aguas, que le dan el frente al cañón y a la quebrada; la fachada principal, contiene las ventanas y las puertas de acceso a la casa y la cocina, dando a un corredor que sirve de espacio social, para el desarrollo de actividades cotidianas relacionadas con la preparación de alimentos, y para el almacenamiento de productos agrícolas o herramientas de labranza; en las construcciones más recientes y en algunas de tapia la cocina suele ser una construcción independiente separada unos cuatro o cinco metros de la construcción destinada para al habitación (Foto 8).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 8. Casa en la vereda Bubará, municipio de Buriticá.

 

Las ramadas para los trapiches son construidas al frente o al lado de la vivienda, en el solar o patio adyacente a al misma y cerca de la cocina; constan de seis postes que sirven de soporte a un techo de paja de Iraca, bajo el cual se encuentra el trapiche propiamente dicho.  Se trata de espacios donde se desarrollan muchas actividades aparte de la producción de guarapo, pues se convierten en lugares de encuentro social en el que se comparten experiencias, historias cotidianas y se miden capacidades físicas, pues la extracción del dulce jugo de la caña por este procedimiento artesanal, es una actividad extenuante. Estas construcciones están rodeadas de huertas, árboles frutales, café, caña e iraca que le imprimen al caserío su carácter particular, haciendo que las casas  queden camufladas y disfruten de cierta independencia de los vecinos y de sombrío gracias a  esta vegetación y arborización se convierte en un elemento importante del paisaje.

 

Aparte del entorno de las viviendas, los habitantes de Bubará manejan otros espacios geográficos mas amplios, que incluyen aquellos lugares que son utilizados para la pesca, la caza, los cultivos y la explotación minería, así como sitios que están asociados a los imaginarios tradicionales relativos a encantos, brujas y duendes.  El acto de apropiación y semantización de este entorno territorial se refleja en la toponimia, tal como lo muestra la tabla 9 que se presenta a continuación . Es importante resaltar la abundancia de toponímicos de claro ancestro indígena, como el mismo nombre del asentamiento, lo cual se convierte en evidencia adicional de la presencia de dichos grupos en el área, así como de la continuidad y vigencia de algunos elementos de este origen.

 

Tabla 9. Nombres de lugar y tipo de espacio que denotan en la vereda Bubará

 

Toponímico

Fuente

Tipo de espacio que nombra

La Remango

Rodrigo Tuberquia

Jorge Tuberquia

Isabelina Tuberquia

Marceliano Tuberquia

Ramón Tuberquia

Ana Rosa Tuberquia

Carolina Hidalgo

Quebrada

La Playa

Orillas de la quebrada Remango, aparición de duendes, sitio de minería, localización de evidencias de explotación antigua.

La Vuelta

Sitio de cacería, aparición de duendes

El Plan

Lugar de cacería

La Guarcana

Lugar de cacería

El Chochal

Sitio de cultivo

El Salto

Sitio de pesca, sitio de encantos asociados a María Centeno

Loma de los Indios

Sitios de encantos asociados a María centeno

La Calabacera

Lugar de residencia y sitio de encantos asociados a María Centeno

Piuntí

Lugar de tránsito y sitio de guacas

Pispal

Sitio de cacería

Llanogrande

Lugar de trabajo

Untí

Asentamiento

Aguilar

Cerro asociado a minería y encantos de María Centeno

El Chocho

Cerro asociado a guacas, encantos y brujas

San Cipriano

Alto asociado a guacas, encantos y brujas

El Obispo

Alto asociado a guacas, encantos y brujas

Los Arados

Asentamiento

Igumé

Cerro

La Asomadera

Asentamiento

Guatí

Sitio de minería, sitio de duendes

Ciruelar

Asentamiento

 

 

 

 

-                     Ordenamiento social del territorio

 

Al igual que en el resto de las localidades abordadas en este estudio, se consideraron aquí, dentro del ordenamiento social del territorio, cuatro elementos que muestran la organización interna de la vereda; estos son el parentesco, el liderazgo, las interacciones locales y la red de caminos.

 

En esta localidad se observa que hay una fuerte endogamia, representada por uniones matrimoniales entre miembros de las parentelas predominantes, situación que de acuerdo con el genograma levantado, se remonta por lo menos tres generaciones atrás.  Aunque esta es la situación predominante se observa que la personas venideras son por lo general las mujeres, dándose algunas alianzas matrimoniales entre hombres de la comunidad y consortes de algunas localidades de la montaña como Llanochiquito y el sector de Tabacal.  En todos los casos se observa una tendencia hacia la patrilocalidad , pues tanto las familias conformada por hombres de la comunidad con mujeres foráneas, como aquellas donde los dos miembros son nacidos en Bubará, tienden a ubicarse en cercanías a las casas de los padres del marido, por ello las uniones matrimoniales entre Tuberquias e Hidalgos se distribuyen básicamente en los sectores de Buga, cuando el marido es Tuberquia, y en Arrieral, cuando el hombre es Hidalgo.

 

Es muy común el matrimonio entre primos hermanos, tanto en la generación actual, como en las anteriores; tal es el caso de uno de los troncos principales de la parentela Tuberquia, donde se observa que tienen los mismos abuelos paternos, situación que también se observa en sus hijos. La información de parentesco sustentada en el genograma levantado en la comunidad (Anexo 2), permite afirmar que existe regularidad a lo largo del tiempo en los patrones de filiación, residencia y matrimonio.

 

Al igual que en Untí, el liderazgo en esta comunidad es difuso y fraccionado, pues no se identifica claramente quién cumple esta función. Esto puede estar motivado por dos elementos básicos: la fragmentación del asentamiento en sectores diferenciados, y las creencias religiosas que generan choques frecuentes que dificultan la implementación de proyectos que respondan a intereses homogéneos. En esta medida quienes detentan el poder son representantes de una de las parentelas, de un sector del poblado, o de una doctrina religiosa, lo que propicia que las decisiones no sean acogidas o avaladas unánimemente por la totalidad de los miembros de la comunidad. 

 

De lo anterior se deriva que la Junta de Acción Comunal, interlocutor reconocido por la administración municipal, no cuente con el respaldo de todos los miembros de la comunidad y así las relaciones de la J.A.C con la comunidad en general son restringidas y no reconocidas como legítimas, pues no todos reconocen su autoridad ni la eficacia de su gestión.  De otro lado, se nota una dependencia muy marcada hacia los programas de diversa índole, proyectados desde diferentes dependencias de la administración municipal, siendo personal foráneo el que toma las decisiones sobre los programas y proyectos a ser desarrollados en esta comunidad.

 

Al igual que en el caso de Untí, las relaciones con otros asentamientos se establecen a partir de transacciones comerciales, demanda de servicios de salud, búsqueda de empleo, la asistencia a fiestas y eventos religiosos o cívicos, y, en muy pocos casos, por relaciones de parentesco.

 

Es a la cabecera municipal de Buriticá a donde se acude con mayor frecuencia; su cercanía lo hace más accesible y de ahí la regularidad e intensidad en las relaciones que mantienen con dicho centro, siendo el día Domingo cuando se presenta un mayor flujo de viajantes. Gran parte de ellos asisten a diferentes celebraciones religiosas, eventos donde concurren también familiares, amigos y conocidos de otros sectores de Buriticá, dándose alrededor de estas celebraciones, ocasión para fortalecer relaciones sociales.  Si bien el mercado es importante, este no tiene una significación económica mayor, pues los productos agrícolas que los pobladores de Buriticá ponen en venta allí, son pocos y no pueden competir en precios con aquellos procedentes de centrales mayoristas o  de localidades vecinas con mejores terrenos para la producción agrícola.

 

Desde Bubará se abastece la demanda de artículos tejidos en iraca, principalmente esteras y ventiadores o “chinas”; aunque estos ya no son tan esenciales en el mobiliario doméstico, siguen siendo elementos distintivos de los pobladores de Bubará; su producción las más de las veces está comprometida, ya que su fabricación se hace por encargo; al mercado acuden entonces con muy pocos productos, y aun así, las ventas son escasas.  Las tejedoras, representantes de tres familias, se localizan en el mercado en cercanías de las alfareras de Untí y con ellas establecen relaciones de intercambio, tanto de productos agrícolas, como artesanales, compartiendo las dificultades con relación a la comercialización de sus productos.

 

Otras relaciones se establecen con algunas localidades de la “montaña”, principalmente con Guarco; ellas se basan en intercambios comerciales y laborales, los cuales en los últimos años han decaído, principalmente por la crisis cafetera, que antiguamente permitía la contratación de mano de obra de diferentes sectores de la región para trabajar en los cafetales. De otro lado, la demanda de productos agrícolas de tierra caliente por parte de los habitantes de Guarco, también ha disminuido en los últimos años, restringiendo el tipo de comercio que establecen con Bubará. También los pobladores de Bubará son contratados esporádicamente como jornaleros en fincas cercanas a la cabecera municipal, constituyéndose esta en su principal fuente de ingresos monetarios en la actualidad.  Las relaciones derivadas de las alianzas matrimoniales son muy reducidas, pues solo unas pocas mujeres de Bubará se desplazan ocasionalmente a visitar sus parientes a Guarco, Tabacal, Llanochiquio y Llanogrande.

 

Los caminos que comunican a esta localidad son solo dos:

 

  • Buriticá – Bubará – Llanogrande: hace parte del camino real que comunicaba a la cabecera con el corregimiento de Tabacal. Los habitantes de Bubará lo utilizan para desplazarse hacia los lugares de trabajo, para comercializar sus productos y para acudir al pueblo a realizar las actividades ya descritas.

 

  • Bubará – Guarco: este camino era bastante utilizado hasta hace una década,  cuando se presentaba un fuerte flujo y reflujo de productos e ideas entre los habitantes de estas localidades.  Saliendo de Bubará, este camino de herradura coge en dirección occidental en un tramo que puede tomar dos horas, subiendo por las cuchillas aledañas, para desembocar en un punto intermedio entre las localidades de Pajarito y Guarco, donde se conecta con el antiguo camino hacia Cañasgordas.

 

Otro aspecto importante del relacionamiento social son las fiestas municipales a las cuales asisten los habitantes de Bubará; acuden a Buriticá durante la Semana Santa y las fiestas patronales de San Antonio o las festividades programadas por las iglesias evangélicas, así como a las fiestas del caballo que se desarrollan en el corregimiento de Tabacal, siendo una vía interesante de interacción social.

 

-                     Uso del Territorio

 

Los habitantes de Bubará diferencian entornos de producción y recreación. Podemos distinguir los espacios de los cultivos, los espacios de cacería, los espacios del río donde se llevan a cabo actividades de pesca y minería en baja intensidad.

 

Con relación a los espacios de cultivo, se observa, como se dijo atrás, que algunos miembros de la comunidad poseen pequeñas parcelas de tierra donde desarrollan esta actividad; quienes no son propietarios, que son la mayoría, deben recurrir al arriendo en el sector de Llanogrande; a diferencia de Untí, aquí no existen territorios comunitarios.  Los cultivos son básicamente destinados al autoconsumo y son muy pocos los productos cuyo excedente es dedicado a la comercialización.

 

Los principales productos agrícolas de esta localidad son maíz, fríjol, caña de azúcar, y en menor proporción, frutales. Esta es una actividad exclusiva de los hombres, aunque algunas mujeres colaboran durante las actividades de cosecha. Para cada uno de estos cultivos utilizan técnicas particulares. Se obtiene una cosecha de maíz anualmente y se demora 5 ½ meses para lograr el punto de producción; se siembra en pequeñas cantidades, no sobrepasando ¼ de hectárea, donde se pueden plantar aproximadamente 5 “puchas”[11] de sembradura que pueden producir hasta cinco “cargas”[12] destinadas en su totalidad al consumo de las unidades familiares.  El maíz se siembra en abril o mayo y puede recogerse en octubre o noviembre.

 

Al igual que en Untí, los pasos para desarrollar el cultivo del maíz son los siguientes:

 

  • Descañada: consiste en retirar y limpiar el terreno de las cañas de la cosecha anterior y se remueve la tierra.
  • Siembra: esta actividad la realizan con un palo hoyador con el que se realizan unos pequeños huecos a una distancia de 1 m. aproximadamente entre uno y otro, en cada uno de los cuales se depositan 2 ó 3 granos de maíz.
  • Limpia: Se realiza 3 semanas después de haberse sembrado y consiste en retirar la maleza a los pequeños retoños que ya han brotado de la tierra.
  • Revuelta: Es la segunda limpia y se realiza cuando el maíz ha “filoteado”, es decir, cuando ha comenzado a echar lengüeta.  Se le hecha tierra  a las raíces o se “aporca”.
  • Cosecha: a los 5  meses se coge el maíz serazo, entre chócolo y maíz duro, y a los 5 ½ o 6 meses maíz seco.

 

El almacenamiento se hace desgranado en las trojas que se localizan en la cocina encima del fogón y debe durar un año, hasta que se recolecte la nueva cosecha.

 

En Bubará también se cultiva frijol de las variedades cargamanto y güífaro; este cultivo también se establece para el autoconsumo y se siembra en los mismos lotes donde se cultiva el maíz.  El cargamanto se recoge simultáneamente con el maíz, mientras que el güífaro es recolectado a los tres meses de haber sido sembrado.

 

La productividad del fríjol es mayor en Bubará que en otras localidades cercanas, pues las condiciones climáticas favorecen más el desarrollo de este cultivo; se trata de tierras menos secas y en un piso térmico más alto que las de Untí.

 

Quizá el producto más importante de la vereda sea la caña de azúcar de donde extraen guarapo para hacer melao; este cultivo se desarrolla en las pequeñas huertas domésticas, localizadas en el perímetro habitacional.  Inicialmente es necesario quemar el lote donde se va a cultivar, luego de ello se limpia quitándole toda la basura que ha quedado del proceso anterior, para proceder a la siembra que se hace por medio de estacas que son traídas de cultivos vecinos. Para la siembra utilizan un palo hoyador con el que hacen agujeros de 12 cm de profundidad y separados 30 cm entre un y otro; allí entierran una o dos estacas.  A los tres mese debe hacerse la primera limpia, actividad que debe repetirse cada tres o cuatro meses para mantener el cultivo limpio de malezas.  Empieza a producir a los 8 meses y es buena su producción durante los siguientes dos años,  cuando deben renovar los cultivos. En las actividades de cultivo trabajan únicamente los hombres, mientras que en su recolección y procesamiento  participan también las mujeres y los niños.

 

Para su procesamiento, como ya se ha anotado, utilizan trapiches artesanales denominados “amansa yernos” o “matagente”; estos son estructuras en madera compuestas por dos “horquetas” que soportan dos travesaños cilíndricos que se hacen girar por medio de palancas localizadas en cada uno de sus extremos (Dibujo 2 y 3, Foto 9).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 9. Trapiche tradicional. Vereda Bubará, municipio de Buriticá.

 

 

Dibujo 2. Componentes del trapiche.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Dibujo 2. Forma de moler la caña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el beneficio de la caña participan hombres, mujeres y niños siendo un trabajo manual que requiere de mucha energía. Generalmente se requieren cinco personas para moler la caña, cuatro de ellas hacen girar las manijas y la otra se dedica a pasar la caña por entre los cilindros. Es una actividad donde no sólo participan los miembros de la unidad familiar dueña del trapiche, sino también sus vecinos, convirtiéndose en una actividad de confluencia e integración social.  Aunque estos trapiches manuales y artesanales son los predominantes, existe un trapiche mecánico, anteriormente movido por tracción animal, el que en la actualidad es operado manualmente, de forma similar a los trapiches tradicionales, variando el número de operarios.  El guarapo que resulta en la molienda es sometido al fuego para la producción de melao que es utilizado en su totalidad para el consumo doméstico.

 

El único cultivo destinado a la comercialización es el café, pero no representa un volumen significativo dentro del contexto municipal; estos cultivos se desarrollan en las laderas de las montañas que circundan la localidad y en los alrededores del camino que conduce a Buriticá; lo hacen en tierras de Leonisa Graciano y Rodrigo Pereira, propietarios que viven en Buriticá y a los cuales se debe pagar un arriendo, el cual se tasa según pautas tradicionales, como es el pago de “la cuarta” de la cosecha.  La producción es muy limitada, pues se trata de pequeñas extensiones que no sobrepasan ½ cuadra, allí siembran la variedad “pajarito”, introducida hace aproximadamente 70 años.

 

También se encuentran algunos árboles frutales cuya producción se dedica en su mayoría al autoconsumo y en muy baja escala a la comercialización en la cabecera de Buriticá; entre los frutos más destacados de esta vereda se destacan Mango, Anón, Aguacate, Naranja, Guayaba, Papaya y Mandarina, entre otros.

 

Al igual que en Untí, aunque la actividad primordial de esta vereda es la agricultura, por ella no perciben los ingresos suficientes para  satisfacer las necesidades básicas, pues existen varios elementos que condicionan la rentabilidad económica de esta actividad.  En primer lugar, muy pocos de los habitantes poseen tierras para desarrollar actividades agrícolas a mediana escala, por lo cual un número significativo tiene que acudir al arriendo de tierras disminuyendo la rentabilidad de los cultivos; de otro lado, dada la baja disponibilidad del recurso tierra, los suelos se encuentran agotados y la productividad es muy baja.

 

La cacería y la recolección son actividades económicas complementarias, que no representan un renglón importante dentro de la economía local; muy pocos hombres se dedican a estas labores, esporádicamente se trasladan a sitios como Guarco donde todavía es posible conseguir algún animal de monte; anteriormente desarrollaban en forma más intensiva esta actividad hacia el sector de la Guarcana, pero ahora, al ser este sitio declarado como reserva forestal se han establecido reglamentaciones que impiden esta actividad. En palabras de Jorge Tuberquia “a mi ya no me gusta joder con eso porque ya no hay a qué tirarle…se pierde mucho tiempo, la munición esta muy cara y es poquita la carne que se consigue…”. También es importante anotar que muchos de los habitantes de Buriticá ven restringidos los movimientos de cacería dadas las condiciones de seguridad para el desplazamiento con escopetas por la zona.

 

Cazan fundamentalmente con perro y escopeta, capturando mamíferos terrestres, aves y reptiles, aunque lo más común es la captura de avifauna.  Las especies y la técnica de captura no difieren de las relacionadas para Untí.

 

La recolección se restringe a especies maderables que  son utilizadas para la construcción de las viviendas y trapiches, así como en la combustión de los fogones para la cocción de alimentos y el melao. Básicamente, las obtienen de las riberas de la quebrada la Remango y en la loma de Churunbel, que queda hacia el sur del caserío; como leña utilizan el Arrayán, Guayabo, Nuna, Cordoncillo, Velero y Sunungo; estas se destinan a la construcción y a la combustión

 

Para los habitantes de Bubará, el río Cauca no juega un papel importante, pues solo acuden a él esporádicamente en las épocas de verano a realizar la pesca con atarraya. Se desplazan al sitio conocido como El Salto, por el camino que conduce a Llanogrande, para luego continuar por el Guaimaro y Carauquía hasta llegar a orillas del río Cauca.  Se trata de expediciones muy eventuales, y lo obtenido se dedica al consumo doméstico.  Las especies que capturan son: Bocachico, Dorada, Bagre, Picuda y Anguilla.

 

La minería se desarrolla a orillas de la quebrada La Remango en el sitio conocido como la Playa.  Utilizan técnicas muy diferentes a las desarrolladas por los habitantes de Untí, pues se trata de minería de canalón.  Según se pudo observar, los actuales mineros de Bubará, utilizan técnicas similares a aquellas que fueron desarrolladas en el pasado y cuyos vestigios todavía son visibles a orillas de la misma quebrada.  Los pasos para desarrollar esta actividad son los siguientes (Dibujo 3, 4 y 5).

 

  • Cateo: consiste en identificar los depósitos auríferos que en este caso son el actual lecho de la quebrada y las terrazas aluviales no inundables aledañas.  Para identificar estos depósitos deben hacer pequeños huecos de unos 50 cm de diámetro, de donde extraen pequeñas cantidades de tierra a diferentes profundidades para ser lavadas en batea y de esta forma identificar aquellas capas de grava y arena que contienen una buena “pinta” que justifique la inversión de trabajo.  La productividad de “la cinta” es medida por la cantidad de reales[13] de oro que se pueden obtener de un costal lleno de tierra; cuando la “pinta” es buena se pueden obtener hasta tres reales de oro por costal; cuando se calcula que es menor de un real por costal, se opta por no explotarla, por que nos se considera rentable.

 

  • Desvío de la quebrada: luego de tener identificado el lugar de trabajo y la profundidad a la cual se encuentra el deposito aurífero, proceden a desviar la corriente de agua de tal forma que pueda pasar cerca al lugar previamente seleccionado para el trabajo. Este desvío se consigue mediante muros de contención hechos en piedra y madera; para desarrollar este procedimiento deben seleccionar un lugar del cauce que en encuentre por encima del deposito aurífero a lavar, de tal forma que el agua pueda bajar por gravedad.

 

  • Construcción del canalón: después de haber realizado el desvió del agua, se construye un canalón sobre los lechos antiguos de la quebrada que conduzca la corriente al lugar de la explotación.  Se hace una excavación cuya profundidad depende del grado de inclinación del terreno y de la profundidad del depósito aurífero, buscando que el agua pueda correr fácilmente y el proceso de lavado sea operativo. Estos canalones pueden tener diferentes extensiones dependiendo de la distancia entre el lugar de explotación y el punto de desvío.

 

  • Lavado de las arenas y gravas: sobre el canalón previamente construido se depositan las arenas y las gravas a ser lavadas y luego se hace correr el agua sobre él para que la corriente arrastre los materiales más finos, incluido el oro y la jagua hacia el final del canalón, donde se ubica un cajón de madera forrado en costal que retenga las pequeñas partículas del metal.  Esta actividad se realiza durante una semana completa tiempo en el cual se van acumulando en el costal las partículas de oro y jagua  que serán recortadas en la fase siguiente.

 

  • Recortada: el material que ha quedado atrapado en el costal del cajón de madera se recoge y se lava en una batea, tratando de separar el oro de las partículas de hierro. Esta actividad es una de las más importantes del proceso pues de su destreza depende la utilidad que se obtenga de la minería.

 

  • Colada: cuando se ha separado el hierro del oro, se vierte lo obtenido en una totuma alargada donde se lleva a cabo el último paso para la obtención del oro. Para la separación final se utiliza un macerado de las hojas de cedro playero, jabón u orina para romper la tensión superficial de las partículas y lograr la separación definitiva.

 

Esta técnica ha sido descrita en los documentos desde finales del siglo XVI y principios del XVII para toda la región del cañón del río Cauca y según se desprende de esta información, se trataba de métodos de extracción propios de la población indígena del occidente antioqueño (Duque y Espinosa 1993, 1995).

 

 

 

 

 

 

Dibujo 3. Vista Frontal desviación de la quebrada para actividades de minería de aluvión

 

 

 

Dibujo 4. Vista lateral desviación de la quebrada para actividades de minería de aluvión

 

 

 

 

 

 

 


Dibujo 5. Vista superior desviación de la quebrada para actividades de minería de aluvión

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-           La Cestería

 

Dentro de las actividades tradicionalmente femeninas se encuentra, como ya se mencionó, la cestería, la cual, por tratarse de una labor de ancestro probablemente indígena, merece especial atención en el contexto de este trabajo, aun si se ha visto paulatinamente reducida, al punto que sólo se tejen algunas esteras para surtir el mercado dominical.  La cestería como actividad artesanal se ha realizado en esta localidad desde hace mucho tiempo; a partir de la historia oral no fue posible conocer sus orígenes, pero los habitantes informan que ha sido una labor de varias generaciones y su conocimiento lo han heredado de los “antiguas”.  Aunque en la actualidad puede considerarse una actividad marginal, en el pasado jugó un papel importante en la economía local y su disminución esta ligada a la pérdida de la funcionalidad de este tipo de objetos entre los habitantes del municipio y del Occidente en general.

 

Doña Carolina Usuga una de las mujeres de la localidad, comenta que:

 

Lo del trabajo de la iraca es muy antiguo…ese oficio lo aprendí de mi mamá y de las mujeres de mis tíos…antes lo hacían todas las mujeres del caserío porque en esa época si había a quien venderle…ahora ese trabajo se puso malo; la iraca esta muy escasa porque le han dado muy duro y ya no cuidan las maticas…

 

Para explicar esta actividad se recurre al modelo de la cadena operatoria como estrategia que vincula una actividad manufacturera con la dinámica social y económica del asentamiento.  Se pueden identificar varias fases, en cada una de las cuales se desarrollan diversas actividades que tiene como fin último la producción, comercialización, distribución y uso de objetos tejidos de fibras vegetales.

 

Fase de aprovisionamiento:  Corresponde a las actividades que desarrollan las mujeres tejedoras de Bubará para la consecución de la Iraca como única materia prima en el desarrollo de esta labor. Esta planta no se cultiva y lo que se hace es manejar su sucesión natural dentro de las huertas que rodean las casas. Su corte debe hacerse en época de menguante para que la planta continúe produciendo.  La parte a utilizar para la fabricación de esteras y otros objetos son las “venas” de las hojas.  Se trata de una actividad que se realiza durante tres días al mes en las horas de la mañana.

 

Fase de manufactura:  Luego de contar con la materia prima se hace necesario sacarle la “vena”, parte útil para la fabricación de los objetos; debe hacerse cuando la hoja no se ha secado del todo y para realizarlo utilizan un cuchillo de tal forma que puedan  separar esta parte y desechar el resto. Inmediatamente después de esta actividad, la “vena” es pisada con un mazo de madera buscando aplanarla y darle la forma necesaria para la fabricación de las esteras y las chinas. Luego, se raspa quitándole la diminuta corteza verde que las recubre, para ser expuesta al sol por 8 o 15 días hasta que este completamente seca y blanca; por eso es común ver a las tejedoras de Bubará, entrar y sacar de sus casas los manojos de “vena” tratando de aprovechar al máximo los tiempos secos y de buen sol.

 

Cuando la vena esta seca por completo se puede proceder a su tejido; para ello es necesario remojarla, buscando mayor flexibilidad; se procede entonces al tejido comenzando por la parte central, de forma que sea posible incorporar nuevas fibras, según el producto que se desee elaborar, y el tamaño del mismo.  Se trata de un tejido plano en forma de cruz, cuyo entramado es cubierto de “pares”; es un tejido donde las fibras no se manejan aisladas, pues lo que da forma y textura al objeto es la superposición de “pares”; los cuales confluyen, en el caso de los ventiadores, en la parte denominada “mazorca”, es decir la parte del mango; cuya forma y acabado evidencia la calidad del tejido y la maestría de la artesana (Foto 10).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 10. Doña Ana Rosa Tuberquia tejiendo con hoja de Iraca.

 

 

Fase de distribución:  Esteras y ventiadores se venden en la cabecera municipal de Buriticá; allí, localizadas en un lugar específico del mercado dominical, que ya es reconocido como su punto de venta, las mujeres de Bubará esperan que los habitantes de la cabecera, o los pobladores rurales que acuden al mercado, compren alguno de estos objetos. Su distribución no sobrepasa los limites del municipio, pues no son comprados para la reventa en otros lugares del departamento. El precio depende del tamaño del tejido: un ventiador puede ser vendido por $ 1000, esteras grandes a $10000 y las pequeñas tienen un costo de $5000.

 

Usos de la cestería:  Están relacionados con la función específica que se da a cada uno de los objetos elaborados; los ventiadores hacen parte del menaje culinario y se usan para avivar los fogones; es un instrumento fundamental en toda el área rural del municipio, pues la costumbre, así se tenga energía, es cocinar con leña. Las esteras son usadas en los dormitorios, en algunos casos para reposar en ellas y en otros para proteger el colchón.

 

-           La imaginación del territorio

 

Dentro de los seres imaginados por los habitantes de Bubará se encuentran las brujas, duendes, y sirenas. La historia sobre las primeras esta relacionada con las mujeres de Sincierco, lo que confirma a esta localidad como un referente importante en relación con estos seres dentro del contexto municipal, puesto que en Untí y en otras veredas también se la menciona como lugar de origen de las brujas.

 

Al igual que en Untí, los territorios de esta vereda se ven fuertemente modelados por este conjunto de seres imaginarios, ligados igualmente con manifestaciones espaciales que se le otorgan a estas presencias, así como a las leyendas y los otros seres con poderes sobrenaturales; un aspecto importante dentro del ordenamiento social del territorio y de la imaginación que se tiene de él, es que se trata de un reconocimiento colectivo que genera fuertes lazos de identidad, con los contornos espaciales que cotidianamente se habita, limitando los espacios de circulación y uso y generando una fuerte influencia en el arraigo del territorio; se articulan además a los mecanismos de control social que todos los miembros de la comunidad reconocen y a la normatividad imperante en esta vereda.

 

Su forma, manifestaciones y funciones no varían con relación a los relatos obtenidos durante las fases de campo de este proyecto en otras localidades, que no se restringen al área de Buriticá.  La estructura de las narrativas sobre brujas en Bubará contiene los mismos elementos presentados en la sección de la vereda Untí. No quiere decir ello que los elementos identificados en Bubará sean de poca importancia; por el contrario, permite relacionarlo con otros textos orales recopilados en la zona.

 

Las brujas son consideradas seres humanos con poderes sobrenaturales que cuentan con espacios precisos de acción que se manifiestan en recorridos y marcan de forma significativa la concepción que se tiene del entorno espacial.  La eficacia es otorgada socialmente y convalidada a partir de manifestaciones con una credibilidad por parte de todos los habitantes, elemento que a su vez tiene una cobertura regional como lo mencionamos en el caso de Untí, articulando una serie de localidades en torno a creencias específicas e imaginarios comunes.  Estos elementos de carácter regional entran a ser modelados por aspectos locales que le imprimen a las creencias de los habitantes de Bubará un carácter especial y particular.

 

Al igual que Untí, la creencia en la brujería en Bubará se manifiesta en espacios de reconocimiento común que también son aceptados por los miembros de otras localidades del occidente antioqueño, particularmente por aquellos que habitan Sabanalarga y Buriticá, denotando espacios específicos del accionar imaginario de estos seres  simbólicamente relacionados con espacios de encantamiento y habitación.  Igualmente reconocen lugares como la Laguna de Carquetá, el Cerro del Chocho, el pozo de Garrido y la Loma del Aguilar, espacios propios para la subversión del orden por parte de estas mujeres.  El reconocimiento de Sincierco como asentamiento de brujas, nos esta mostrando que existe una concepción del territorio que sobrepasa los límites veredales y se articula a una esfera de las creencias de cobertura regional.

Doña Carolina Usuga al referirse a estos seres, informa que:

 

…por aquí no ha habido de eso…como que vienen de Sincierco de por allá de la montaña…a veces resultan las mujeres mordidas y los hombres asfixiados y con arañatazos…

 

Es una creencia que se ha diluido en el tiempo, quizá por las influencias de las doctrinas católicas y protestantes vigentes en esta localidad; Don Marceliano Tuberquia dice…eso si que se veía en el otro día…ya eso no vuela por aquí.

 

Los duendes, al igual que en otra localidades del municipio, están relacionados con el control en la movilidad de los menores de edad, aunque en algunas ocasiones se les manifiestan a los adultos.  Don Jorge Tuberquia relata:

 

…esa cosas salen por las cañadas de Churumbelo y La Remango…a una señora que buscaba leña en la Churumbela que andaba en abarcas y que se las quitó para coger la leña, el duende se las embolató…luego, cuando terminó de recoger la leña se le olvidó recogerlas y cuando estaba llegando al caserío el duende la alcanzó y le dijo que porqué había dejado las abarcas….yo le he oído llorar por el Llano de la Calabacera y por los lados de la quebrada Guatí….venía como a las ocho de la noche y oí llorar un niño y pensé que era mi hermanito…cuando fui a buscarlo empezó a reírse me tiró piedras y echó para abajo…a una familia que tenía una hija muy bonita el duende los jodió mucho porque se enamoró de la muchacha…cuando ella se quedaba cocinando el duende la pretendía en la cocina y no la dejaba hacer los destinos…ella le contó a los papás que decidieron construir otra casa y cuando pasaron todo para la otra casa les quedó faltando el pilón…ese duende le llevó ese pilón hasta la nueva casa…por los lados de Guarco…por la cañada del plan, un señor se encontró un muchachito recién nacido lo metió en la canasta donde llevaba unos guineos…le dio lástima de ese muchachito…cuando estaban llegando a la casa….el niño “mire papá como me crecieron los dientes”…cuando el señor voltió a mirar se dio cuenta que era un duende que tenía colmillos…el señor lo quiso agarrar pero ese duende tan jodido se le voló.

 

Asociado al espacio del río se encuentra otro ser sobrenatural que los habitantes identifican como la sirena; se trata de una mujer muy bonita que trata de seducir a los hombres ambiciosos, convirtiéndose en un control social para quienes quieren tener mayor poder adquisitivo que los vecinos.  Esta historia es referida por muchas comunidades asentadas en las orillas del Cauca, pero es extraño escucharla en Bubará que no tiene una relación muy estrecha con el río; seguramente esta es una historia apropiada por los pescadores que bajan de esta localidad al sitio conocido como El Salto, lugar de encuentro de pescadores de otras tantas localidades del sector central del municipio de Buriticá.  Al respecto, refiere Jorge Tuberquia que:

 

La sirena es una mujer muy bonita…la mitad es gente y la otra parte es pescado…sale por todo el río Cauca a peinarse con un peine de oro…se sienta en las piedras y le ofrece el peine a los hombres y ellos cuando intentan quitárselo se ahogan en el río

 

 

4.2.2.3    Guarco

 

-                     Localización

 

Este corregimiento se localiza en el sector sur – occidental del municipio, al nor – occidente de la cabecera municipal. Para llegar allí, es necesario desplazare por un camino de herradura desde Buriticá; este camino sale de la parte sur de la cabecera, se dirige al occidente hacia las localidades de Los Arados y Pajarito, para luego tomar en dirección norte hasta llegar a la parte central del corregimiento; el trayecto completo puede hacerse en unas tres o cuatro horas.

 

Sus territorios se localizan entre las zonas de vida Bosque Húmedo Premontano (bh-P) y Bosque Húmedo Montano Bajo (bh-MB), cubriendo una franja altitudinal que va desde 1500 msnm hasta 2800 msnm; allí predominan condiciones de humedad relativamente altas, temperaturas que oscilan entre 18°C y 10°C, con una vegetación de bosques de niebla.  La cabecera del corregimiento se encuentra a 2200 msnm donde se presenta una concentración de viviendas distribuidas alrededor de una pocas calles conformando un asentamiento de forma rectangular.

 

Este asentamiento se encuentra sobre terrenos quebrados con pendientes que oscilan entre 30° y  70° de inclinación, donde se forman terrazas en ladera, algunas de ellas amplias que son utilizadas para la construcción de viviendas dispersas; la parte central del caserío se encuentra sobre una terraza en ladera de formación coluvial relativamente angosta, donde es necesario hacer banqueos para localizar las viviendas; algunas de ellas se construyen cortando la pendiente y sostenidas sobre pilotes (Foto 11).

 

Dadas las condiciones ambientales de bosques de niebla poco intervenidos, en cercanías de este corregimiento han sido declaradas por CORANTIOQUIA dos reservas forestales—La Guarcana y La Trigueña—, lugares que se convierten en pequeñas estrellas fluviales donde nacen múltiples fuentes de agua que abastecen los acueductos de la cabecera municipal y otras veredas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 11. Panorámica de la vereda Guarco, municipio de Buriticá.

 

 

 

-                     Territorialidad e Historia

 

Al igual que en muchas de las localidades de Buriticá, los pobladores de Guarco asocian la ocupación más antigua del territorio a grupos indígenas y para ello, hacen una lectura de los rasgos antrópicos presentes en el paisaje y los restos de la cultura material que se encuentra dispersa en sus tierras.  Los tiestos regados en las áreas de cultivo y las sepulturas que encuentran cuando excavan los cimientos de las casas, los llevan a pensar en una ocupación antigua, que según los pobladores, no tiene nada que ver con ellos.  Sin embargo, reconocen en esas evidencias, los restos de una población aguerrida que fue capaz de vivir en aquellas zonas, a las que se imaginan en aquel entonces cubiertas de espesos montes y animales peligrosos.

 

Siguiendo el relato de los pobladores, ellos creen que con posterioridad a esta ocupación se dio otra, de la cual se encuentran evidencias en las “acequias de María Centeno”, las huellas materiales más significativas de la importancia que tuvieron sus territorios en los inicios de la colonia, cuando por allí pasaba el agua que venía de la Guarcana y lugares más alejados como Cañasgordas y Giraldo, hasta los sitios  de explotación intensiva de la minería.

Leonel Hidalgo cuenta que:

 

La acequia de María Centeno tiene un recorrido de 12 km…pasando por pajarito y el alto de Miraflores, cruzando por la cordillera del Aguilar donde lavaba María Centeno el oro, recogiendo las aguas de Giraldo, Guarco y las unía con el alto de Miraflores.

 

Pero estas interpretaciones no son compartidas por todos los miembros de la comunidad, pues algunos de ellos cuestionan los poderes de esta mujer y asocian tales construcciones a eventos más tardíos, aunque confirman que están relacionadas con actividades mineras.

 

Para los actuales habitantes de Guarco, la ocupación indígena se prolongó por mucho tiempo, pues aparte de las evidencias que ellos relacionan con este evento, dicen que hasta hace 150 años aproximadamente, estos territorios todavía eran poblados por aquellos y para hacer relación a esto, se remiten al nombre de la localidad, que asocian con vocablos indígenas.  Al respecto existen dos versiones: una de ellas afirma que el nombre de esta localidad está asociado a la quebrada Guabunco, nombre que posteriormente cambió a Guarco; Doña María Ángela Hidalgo dice:

 

La quebrada que pasa por acá, dizque se llamaba la Guabunco y a mi me contaban los viejos, que ese nombre era de indios y que con el paso del tiempo empezaron a llamarla Guarco… 

 

La otra versión sobre el origen indígena del nombre de la localidad tiene que ver con la permanencia en esta región de un indio que se dedicaba a la guaquería y se llamaba Edwin Guacu.  Leonel Hidalgo afirma respecto a esta versión que:

 

La vereda lleva este nombre porque Guarco proviene del apellido del indígena Edwin Guacú, cuyo oficio era la guaquería…

 

Otras versiones asumen un poblamiento indígena que se prolongó hasta hace muy poco tiempo y lo sustentan a partir de rasgos en el vestuario, que estarían denotando una diferencia con los pobladores de áreas rurales de Buriticá.  Don Ramón Emilio Usuga, poblador de 100 años, afirma:

 

Por aquí vivía la gente que parecían indiecitos y vestían batas de la nuca para abajo por que no se usaba calzón…

 

El poblamiento actual, de acuerdo con los relatos recopilados, se inicia desde la segunda mitad del siglo XIX, cuando este sitio era posadero de los arrieros que conducían las cargas de mercancías desde Buriticá hasta Cañasgordas; este tramo hacía parte del antiguo camino que unía esta región del departamento con Santa Fe de Antioquia y Medellín, por lo que se constituía en la vía principal en momentos en que aun no se había construido la vía al mar.  Leonel Hidalgo Higuita, cuenta que esta vereda se fundó entre los años de 1850 y 1870 por los señores León Hidalgo, Tomas Sierra, Fulgencio Manco, Cándido Usuga, Manuel Quiroz, Xenón Dusán, procedentes de Giraldo y algunas veredas de Buriticá.

 

Un testimonio destacado sobre el papel de este asentamiento en las épocas en las que se transitaba por caminos de herradura como vías de comunicación principales, es el de don Ramón Usuga, que fue arriero durante 30 años; mientras se toma un aguardiente, dice que:

 

los arrieros hacían el recorrido Medellín – Buriticá – Cañas Gordas… llevaban fríjol y traían abarrotes…se demoraban 9 días para llegar a Medellín…descargaban en San Cristóbal…el camino era San Cristóbal – San Jerónimo – Antioquia – Cativo – Loma grande –  Sapera…Guarco era un rastrojo y las casas eran donde hoy está el centro, todo era una sola falda, que funcionaba como paradero y bodega.

 

Otro elemento importante dentro del desarrollo de esta vereda es la intensificación de las actividades agrícolas; en Guarco, cultivos como el café y la cebolla junca, has sido cruciales dentro del desarrollo de la localidad.  Sus pobladores cuentan cómo hace unos 100 años se inicia el cultivo del café, con la variedad pajarito, que se acomoda a las condiciones ambientales de la zona. A partir de entonces Guarco se convierte en uno de los centros de producción de café más importantes del municipio y se constituye en un poblado pujante, habitado por propietarios de medianas y extensas fincas, marcando una diferencia importante con las poblaciones localizadas en las partes bajas.  Es en esta época cuando se fortalecen las familias Hidalgo, Sierra y Usuga, que son los troncos familiares de los actuales habitantes.  Años después llegan los acontecimientos de “la violencia“  los que, sin embargo, no ocasionaron rupturas significativas en el proceso de ocupación del territorio, pues no se produjeron movimientos de población.  Don Darío Usuga con relación a este particular, informa que:

 

Como todos los de aquí éramos conservadores las fuerzas del gobierno no nos perseguían y nos ayudaban a mantener la vereda sanita de la chusma que algunas veces pasaba por aquí…unas noches, cuando sentíamos los tiroteos por allá en la cañada nos íbamos a posar en el monte, cosa que era difícil por que los niños y los carajitos se nos enfermaban…de aquí nadie se fue y por el contrario siguieron llegando nuevas familias de por allá de los lados de Pajarito y también de Bubará…

 

Posteriormente, en la década del 60, se cambia la variedad de café pajarito a caturro cuando la Federación de Cafeteros empieza a tener una presencia significativa en estos territorios.  Al principio los pobladores se mostraron reacios al cambio pues la siembra de esta variedad implicaba inversiones y tecnologías que eran complejas y de difícil práctica para los habitantes de la zona; la Federación quería que la comunidad tecnificara sus cultivos e hiciera un mejor beneficio del producto para que lo pudieran comercializar como café pergamino de alta calidad, lo que requería una inversión significativa en los entables requeridos. El primero que inició estos cambios fue don Darío Usuga David, quien convenció a sus hermanos y otros parientes para que aceptaran la propuesta de la Federación, en palabras de don Darío:

 

En esa época todo era más fácil pues los técnicos de la Federación nos asesoraban y nos prestaban plata a muy bajos intereses…esta inversión se recuperó rápido porque ellos mismos nos compraban la cosecha a muy buenos precios…se veía la plata y por eso pude mandar a estudiar a mis hijos al pueblo donde también compré una casa…esa bonanza se acabó porque las plaga ya no dejan trabajar y ahora quieren que volvamos a cambiar por la variedad Colombia que es una mata que no pega bien porque las raíces son muy chiquitas y tiene muy baja productividad…para este cambio ya no nos quieren prestar plata y los que se han metido con eso han perdido hasta los calzoncillos…

 

Las dificultades en estas prácticas agrícolas llevaron a la comunidad de Guarco a diversificar los cultivos y desde hace 24 años empiezan a sembrar la cebolla de rama o junca; este cultivo fue sugerido por varios compradores de Cañasgordas que tenían el mercado asegurado en el Urabá antioqueño.  Este cambio es bastante significativo, pues ahora se ha convertido en el renglón más importante de la economía local.

 

Como último acontecimiento destacable dentro de la historia de esta localidad, sus habitantes resaltan la pérdida de la categoría de Inspección que cambio la dinámica de las relaciones, pues ahora los habitantes de Sincierco, Santa Teresa, Los Arados, Costas y Chuncunco, veredas antes aglomeradas en torno a Guarco, ya no tiene a que acudir a este lugar; resaltan que el inspector les hace mucha falta porque ahora no tienen quien resuelva todos los problemas que se presentan en la comunidad, porque acudir a la cabecera se les hace muy dispendioso y muchas veces no encuentran receptividad por parte de la administración municipal.  Sin embargo, dicen que esta pérdida también tiene sus beneficios, porque con la situación de orden público que viven, tener un inspector “es cosa delicada”.  Ya no funcionan las tres tiendas “mixtas”, tampoco la cantina, que hasta hace muy poco tiempo eran importantes lugares de encuentro social y sitios para abastecer de alimentos poblaciones cercanas; don Sixto Sierra afirma que “…hasta para comprar un paquete de cigarrillos tenemos que ir al pueblo”.  Ahora estas tiendas han sido cerradas por orden de los grupos armados que actúan en la zona y que con frecuencia cruzan por esta localidad.

 

 

-                     Territorio y población

 

Guarco es habitado por 208 personas que conforman 55 unidades familiares que habitan 52 casas; se trata de un asentamiento concentrado que se distribuye a lo largo de una ladera que tiene una pendiente mediana y forma pequeñas terrazas de origen coluvial.  La distribución de las viviendas configura dos calles en sentido norte – sur y otras dos en sentido oriente – occidente, generando algunos espacios intermedios donde se localizan pequeñas huertas y cultivos de cebolla.

 

Se encuentran diversas tipologías de vivienda, de acuerdo a los materiales y espacios constructivos, aunque conservan cierta homogeneidad en la distribución de los espacios y en la forma genérica.  Se trata de construcciones habitacionales donde es posible encontrar lugares destinados a dormitorios y una cocina amplia, generalmente separada de los dormitorios, donde también se localiza el comedor; estas construcciones tienen forma de “L” donde en el lado más largo se ubican los dormitorios y en el más corto la cocina.  En las viviendas localizadas en la dirección norte – sur, el frente da hacia el cañón, aprovechando los extensos paisaje que se pueden divisar; las localizadas en las calles con orientación oriente – occidente, sus frentes dan hacia las cañadas, lo que hace que tengan poca visibilidad.  De acuerdo a los materiales de construcción, se pueden identificar tres momentos: aquellas construidas en tapia con amplios corredores, pisos en cemento y techos de teja están relacionadas con los primeros momentos de la actual ocupación y se ubican a todo lo largo de la calle principal, que a su vez hace parte del antiguo camino que comunicaba a Buriticá con Cañasgordas; estas casas presentan además amplios espacios de bodegas que testimonian aquellos tiempos cuando Guarco era un sitio importante como posadero de los arrieros.  Al respecto don Sixto Sierra, afirma que:

 

donde están las casas de teja que vemos ahora a la orilla del camino, solo estaban las de los Usuga, Tuberquia y Lujan, que eran los potentados…todo lo demás eran guayabales.

 

Las casas construidas en materiales como ladrillo, cemento y eternit, datan de aquellos momentos de apogeo del café, cuando pudieron acceder a estos materiales por las buenas utilidades que obtenían de este cultivo; se localizan sobre las calles más hacia el norte de las que están orientadas oriente – occidente; allí los espacios son amplios con grandes patios en cemento hacia el frente, que son utilizados para secar el café; en este sector las viviendas son intercaladas con otro tipo de construcciones dedicadas al beneficio del café, las cuales son ramadas relativamente extensas cubiertas con techos de zinc y paredes de tablas.

 

Por último, las viviendas más recientes son elaboradas en bahareque, piso de tierra y techo de zinc, correspondiendo al último momento constructivo que se puede observar en la localidad, cuando ya no cuentan con recursos, materiales, ni conocimientos, para la elaboración de otro tipo de estructuras habitacionales. Estas se localizan en la calle más hacia el sur de las que están orientadas oriente – occidente; allí viven los pobladores que no son propietarios de fincas y que se dedican principalmente al jornaleo.

 

De esta forma vemos cómo los elementos arquitectónicos que conforman el caserío están hablando de las características de su proceso de poblamiento y de la historia de la economía local.  En términos generales, encontramos que de las 55 familias que habitan allí, 40 viven en casa propia, 1 paga arriendo y 14 restantes tienen otra forma de propiedad, como préstamo o sucesión.

 

Los habitantes de Guarco identifican su territorio como aquel comprendido entre los límites occidentales del municipio, la quebrada Casaquia y los nacimientos de la quebrada La Remango; allí encuentran que los recursos naturales se están deteriorando a causa de la intensificación de las actividades agrícolas, que implican el uso frecuente de agroquímicos.

 

La toponimia que se presenta en este sector del municipio de Buriticá, se restringe a “filos” y “cañadas”, lugares importantes para el desarrollo de actividades complementarias como son la cacería y la recolección, además de referenciar  sitios donde se encuentran localizados algunos encantos; así mismo se reconocen los nombres de las localidades de los alrededores.  En la tabla 9 que se presenta a continuación se hace relación de la toponimia que utilizan sus habitantes.

 

Tabla 9. Nombres de lugar y tipo de espacio que denotan en el corregimiento de Guarco 

 

Toponímico

Fuente:

 

Sixto Sierra

Ramón David

Darío Usuga

Mario Usuga

Berta Tulia Hidalgo

Laura Lujan

Tipo de espacio que nombra

Guabunco

Quebrada, sitio de tránsito entre Guarco y Buriticá

El Estanco

Filo, sitio de vivienda

La Guarcana

Reserva forestal

Manglar

Localidad, sitio de comercialización de la cebolla

Giraldo

Localidad

La Trigeña

Cañada, Reserva forestal, sitio de encantos

La Centena

Alto, asociado a las minas de María Centeno

Los Arados

Localidad

El Aguilar

Cerro, allí se encontraban algunas de las minas de María Centeno

El Chochal

Filo, sitio de cultivo

Sincierco

Localidad, sitio donde se práctica la brujería

Chuncunco

Localidad

Santa Teresa

Localidad

Costas

Localidad

La Playuela

Quebrada

Zapatín

Sitio de encantos

El Plan

Quebrada, sitio de encantos

Pajarito

Localidad

El Chcho

Alto, sitio de espantos y guacas

La Palma

Localidad, lugar de comercialización de la cebolla

El Alto

Alto

 

Tabla 9. Continuación

 

Toponímico

Fuente:

 

Sixto Sierra

Ramón David

Darío Usuga

Mario Usuga

Berta Tulia Hidalgo

Laura Lujan

Tipo de espacio que nombra

San Mateo

Filo, localidad

Candingue

Quebrada, lugar de aparición de duendes

El Medio

Quebrada

El Brazo

Quebrada

Mancias

Quebrada

Bubará

Localidad

Los Chorros

Sitio de aparición de duendes

 

 

-                     Ordenamiento social del territorio

 

A diferencia de las otras localidades estudiadas en Buriticá, en Guarco no se identifican pautas claras de parentesco relacionadas con la filiación, residencia y reglas de matrimonio; encontramos que existe una tendencia, aunque no generalizada, a ubicar las casas en cercanías a la residencia de la familia del padre.  También se conforman matrimonios tanto entre los mismos habitantes de la localidad, como uniones de lugareños con gente venidera, siendo más común los casos de mujeres foráneas, que vienen de diferentes lugares del municipio, principalmente de Pajarito, los Asientos y Bubará (Anexo 3).

 

Otro aspecto importante en el ordenamiento social del territorio es la tenencia de la tierra, elemento contrastante con las otras localidades observadas de este municipio.  En Guarco hay propietarios de fincas de pequeña y mediana extensión, localizadas en sus alrededores y en las veredas aledañas como Costas, Sincierco, Llano Chiquito y Santa Teresa.  Esto hace que exista un tránsito cotidiano entre estas localidades y se fortalezcan las relaciones a partir de la dependencia laboral que existe entre quienes las ocupan y sus propietarios.

 

Aparte de estas relaciones, los habitantes  de Guarco establecen contactos de diverso tipo; con los habitantes de Manglar sostienen relaciones comerciales, pues allí se vende la cebolla que posteriormente es embarcada a Urabá; los cultivadores hacen dos viajes a la semana para llevar hasta este sitio el producto.  Así mismo, tienen relaciones comerciales con los habitantes de Bubará quienes llegan a Guarco a vender algunos productos de tierra caliente, entre los que se destacan mango, maíz y tomate en pequeñas cantidades; todos los viernes sube María Angélica Tuberquia para comercializar los pequeños excedentes de estos productos; antiguamente esta relación era mas intensa, pues existían mayores compradores potenciales y mayor diversidad de productos para ser vendidos.

 

El centro de acopio y de comercialización es la cabecera municipal de Buriticá, aunque antes también desarrollaban esta actividad en Cañasgordas y Giraldo. También a Buriticá acuden para visitar a sus familiares, para buscar servicios de salud y para desarrollar las actividades relacionadas con la administración municipal.

 

Los habitantes de Guarco identifican un cambio significativo en el entorno ambiental, pues ahora los recursos están muy agotados, las aguas contaminadas y los suelos deteriorados; atribuyen esta situación a la intensificación en el cultivo del café que requiere de la quema de la vegetación y el uso de fertilizantes. Aunque en principio no estuvieron de acuerdo con el establecimiento de las reservas forestales en su territorio, porque disminuía las posibilidades de caza y recolección, ahora las empiezan a ver como espacios y estrategias importantes y útiles pues generan empleo y ayudan a la recuperación de la calidad ambiental de sus territorios.

Las relaciones que se establecen con otras comunidades se viabilizan por la red de caminos que cruzan por el poblado, los cuales son:

 

  • Guarco – san Mateo – Chochal – Sincierco: este camino es utilizado para ir a las fincas que se localizan en estas veredas, cuyos propietarios tienen residencia en Guarco.

 

  • Guarco – Buriticá: se trata de un camino de herradura por el que se movilizan hacia el pueblo, pasando por las veredas de Pajarito, los Arados y cercanías de Siará.  Se sale de Guarco en dirección suroriente hasta llegar a la localidad de Pajarito; siguiendo en esta dirección se llega a los Arados donde el camino gira al nororiente hasta llegar a la cabecera municipal.  El recorrido puede tomar entre 3 y 4 horas, es uno de los caminos más utilizados por los pobladores de Guarco.
  • Guarco – Manglar: este camino se puede recorrer en 45 minutos; parte de Guarco en dirección occidental y desemboca el la antigua carretera de Cañasgordas, en el lugar conocido como Cativo; este camino es utilizado por los habitantes para sacar la producción de cebolla y para desplazarse a Medellín.

 

  • Guarco – Pajarito – Arados – el alto de San Antonio – carretera central: es un camino poco utilizado en la actualidad, aunque antiguamente era la ruta principal para ir a Santa Fe de Antioquia y la cabecera municipal de Buriticá.

 

-                     Uso del Territorio

 

Los habitantes de este corregimiento tienen en la agricultura su actividad principal, siendo la cacería y la recolección de baja intensidad.  Anteriormente, se practicaba mucho más la cacería y el lugar predilecto para desarrollar esta actividad, era la loma de la Guarcana, aunque también acudían a las cañadas y quebradas cercanas donde todavía se conservan algunos reductos de bosques, entre las que se destacaban las quebradas La Trigueña y La Guabunco.  Cazaban con perro y escopeta, venados, guaguas, armadillos, y guacharacas, actividad que desarrollaban básicamente en las épocas de verano; ahora casi a ningún miembro de la comunidad le gusta salir a montear y lo hacen más como una actividad recreativa, que como mecanismo para obtener parte de la carne que consumen. Con las restricciones que se derivaron de la declaratoria de la Guarcana como reserva, la cacería prácticamente se acabó.  También existe un rechazo a la carne de monte por considerarla que es comida de “pobres”, actitud que disminuye ostensiblemente la práctica de la cacería.

 

La recolección se restringe únicamente a la obtención de maderas para la combustión y para la fabricación de las viviendas; para la leña de los fogones recolectan principalmente Encenizo y Navidad, aunque en bajas proporciones porque la mayoría de los habitantes en la actualidad cocinan con fogones de energía eléctrica o gas.  Según informaron los pobladores de esta localidad, todavía se puede conseguir leña fácilmente en las orillas de las quebradas y cañadas, actividad que desarrollan principalmente los niños y las mujeres.

 

Las maderas que todavía explotan son el Cedro Amarillo, el Cedro Negro, Aliso, Timulá y el Laurel, que se encuentran el la cordillera camino a Costas y en la reserva de la Guarcana; con relación a este último lugar, los habitantes incursionan de manera ilegal por que afirman que es el mejor sitio para obtener estos recursos.  La explotación de maderas era una actividad que los habitantes del corregimiento identifican como importante en el pasado, pues se surtía la demanda de la cabecera municipal y en algunas ocasiones se llevaba a vender a Cañasgordas; ahora reconocen el agotamiento de este recurso y solo las extraen para el consumo local.

 

Hasta hace unos diez años existían pequeñas explotaciones de oro de veta en esta localidad, que se concentraban en los alrededores de la quebrada Guabunco; allí extraían la piedra que era molida aguas abajo con pequeños molinos artesanales; esta actividad era básicamente desarrollada por personal que no vivía en la localidad y venían principalmente de Los Asientos; no era muy rentable, al decir de la gente de Guarco, por eso “no duraban mucho tiempo por aquí”.

 

Con relación a la agricultura, es posible identificar dos tipos de cultivos, aquellos destinados al consumo local y los que se comercializan.  En el primer grupo se destacan el maíz y el fríjol, productos que siembran todos los miembros de la comunidad.  El maíz se siembra en febrero o marzo y se demora un año para su recolección; la variedad que se acostumbra sembrar la conocen con el nombre de “puto” y afirman que es propia de la tierra fría; la productividad es bastante alta, pues de un almud de sembradura es posible recoger hasta 10 cargas de maíz desgranado.  Para sembrar este producto, preparan el lote quemándolo y retirando toda la vegetación, prefiriendo los terrenos quebrados; luego es arada la tierra y a los ocho días se siembra; para esta actividad utilizan un palo hoyador, con el que hacen pequeños huecos distanciados uno del otro 80 cms. aproximadamente; en el año le hacen hasta tres limpiezas al cultivo. Aunque, al igual que en las otras veredas del municipio, es una actividad masculina, las mujeres colaboran al momento de recoger las cosechas.

 

El fríjol es sembrado en los mismos lotes del maíz y principalmente utilizan las variedades vida y cargamanto; aunque se demora en producir únicamente tres meses, solo siembran una cosecha al año, porque los habitantes afirman que es “un cultivo que requiere de mucha agua para sacarlo adelante”, característica que restringe su productividad durante todo el año.

 

A diferencia de los cultivos anteriores, la producción de  cebolla y café, es destinada a la comercialización y se desarrolla en terrenos propios, por lo que no todos los habitantes se decidan a ello; otra diferencia sustancial radica en que no se trata de cultivos transitorios, sino permanentes.  El café se siembra en lotes que pueden tener de ¼ de hectárea hasta 2 hectáreas, preferiblemente en terrenos de mediana pendiente; se trata de cultivos que pueden durar hasta diez años, tiempo después del cual deben ser reemplazados por nuevas matas, porque de lo contrario, la productividad disminuye ostensiblemente.  La producción es bastante compleja, pues para lograr un producto de primera calidad que sea vendido a buenos precios, es necesario hacer un beneficio riguroso, siguiendo los siguientes pasos:

 

  • Preparada del terreno:  Es necesario seleccionar un lote que no esté muy trabajado para que las plantas obtengan un buen desarrollo, cosa que es difícil en la vereda por el agotamiento de los suelos, debido a la prolongada utilización de ellos.  Luego de haber seleccionado el terreno, es necesario hacer un desbroce de la vegetación, para luego quemarla, actividades que se hacen en la época de verano que corresponde a los meses de enero, febrero y marzo; posteriormente, son retirados hacia los extremos del lote los troncos que no alcanzaron a consumirse completamente; pasados 15 días de la quema, se ara el terreno, actividad que se realiza con azadón, pues no utilizan ningún procedimiento mecánico. Para preparar una hectárea, pueden requerirse hasta 18 jornales, por lo que acostumbran contratar mano de obra entre los mismo habitantes del corregimiento o de veredas aledañas.

 

  • Siembra:  Antes de sembrar las plantas en el lote seleccionado y preparado, los caficultores han hecho un almácigo en cercanías a la vivienda donde ponen a retoñar las plántulas por un tiempo aproximado de dos meses.  Cuando estas plántulas están de unos 15 cms. de largo, proceden a transplantarlas al lote, donde han realizado el hoyado del terreno, el cual acostumbran hacer de forma atravesada para que no se produzca mucha erosión de las capas orgánicas de los suelos; entre hueco y hueco dejan una distancia de un metro; para esto también acostumbran contratar jornaleros, y es una actividad que puede desarrollarse en ocho días si el lote tiene una extensión de una hectárea; antes de trasplantarlas es necesario dejar los huecos abiertos por una semana para que la tierra “respire”; pasado este tiempo se hace el transplante, que es acompañado de la primera abonada que se hace con triple 15 y úrea.

 

  • Aporcada:  Cada cuatro meses, después de hacerse el transplante y durante todo el tiempo útil del cultivo, se realiza la aporcada que consiste en cubrir las raíces y la parte inferior del tallo con tierra de los alrededores; también se acostumbra abonarlas con los mismos productos mencionados; para un lote de una hectárea, pueden gastarse hasta 12 jornales.

  

  • Recolección:  Es la actividad más dispendiosa del proceso, pues demanda mucho tiempo y requiere de gran cantidad de mano de obra; se realizan dos cosechas al año: por los meses de junio y julio la traviesa, y en noviembre y diciembre la cosecha; en esta época se desplaza mucho personal de otras veredas del municipio a participar de esta actividad y se paga por cantidad recogida; para evitar que al cultivo lo ataque de manera drástica la “broca”, se hace lo que llaman el “rere”, que consiste en estarle recogiendo todos los granos que se maduren entre cosecha y cosecha, acción que demanda tiempo e inversión, pero es fundamental para obtener buenas utilidades de este cultivo.

 

  • Fermentada:  Después de recoger los granos maduros de café, se depositan en tanques con agua para ponerlos a fermentar durante unos 5 días; este procedimiento es fundamental para obtener granos de excelente calidad; en este punto hacen una separación de los granos, desechando aquellos que no alcanzaron el grado de maduración ideal y los que están atacados por la broca; este desecho lo utilizan para el consumo domestico.

 

  • Despulpada:  Cuando los granos han alcanzado el grado de fermentación ideal, son lavados y posteriormente despulpados en máquinas manuales o eléctricas; nuevamente es lavado el café y separado en calidades de acuerdo a la forma y el tamaño de los granos. 

 

  • Secado:  Cuando los granos se encuentran lavados y seleccionados, se ponen a secar en los patios de las casas o en los secaderos que construyen el los techos de los beneficiaderos de café.  Es una actividad que requiere de mucho tiempo, pues “hay que estar pendiente de entrarlo cuando empieza a llover”; el secado puede demorarse hasta diez días, ya que hay que esperar que la cáscara se endurezca.

 

  • Empacado:  Cuando el café se encuentra totalmente seco, es empacado en costales de fique de 50 Kgs., sin revolver las calidades, dado que cada uno de ellos va destinado a compradores distintos.

 

  • Venta:  La comercialización se hace en la cabecera de Buriticá; el café calidad pergamino es vendido directamente a la Federación, mientras que las otras, son vendidas a comerciantes particulares.  Las utilidades que obtienen de este cultivo, son fluctuantes y dependen de la cotización del café colombiano en los mercados internacionales.

 

El otro producto agrícola destinado a la comercialización, es la cebolla de rama, que en los últimos 15 años se ha convertido en el principal renglón de la economía de esta localidad; los pobladores de Guarco viendo que el café estaba disminuyendo sus utilidades por las continuas pestes de la Roya y la Broca, empezaron a seguir los consejos de sus vecinos de Cañasgordas que hacia algún tiempo venían probando con este producto, hasta que prácticamente todos los que tienen tierras en las inmediaciones de el caserío asumieron esta actividad.  Para este cultivo se destinan pequeñas extensiones de tierra, principalmente a los lados de las casas, porque son cultivos que tienen que estar trabajando constantemente. Los pasos para la siembra y el beneficio de este producto son los siguientes:

 

  • Picada del lote:  En pequeños lotes que no sobrepasan el ¼ de hectárea, se siembra este producto; inicialmente se pica el terreno buscando remover los suelos hasta una profundidad de 30 cms.

 

  • Siembra de hijos:  Luego de tener preparado el terreno y haber esperado ocho días, se siembran las plantas a partir de “hijos” que son los tallos de cebolla; acostumbran sembrar dos variedades que son la blanca y la roja; aunque la roja tiene un mayor precio en el mercado, la blanca posee una mejor acogida entre los compradores por que hay una mayor demanda de ella en las plazas de Urabá.

 

  • Limpieza:  Se debe limpiar el cultivo cada tres semanas o cada mes; esta limpieza consiste en quitarle la maleza que ha nacido en sus alrededores; no acostumbran abonarlo, aunque algunos les administran triple 15 y urea en pequeñas proporciones.  La limpieza debe hacerse durante todo el tiempo que el cultivo esté en producción, el cual se calcula en un año aproximadamente.

 

  • Recolección:  Se empieza a recoger a los tres meses y puede hacerse una “saca” cada 20 días.

 

  • Empacada: Para su comercialización, se empaca en “manos” de aproximadamente un Kilogramo cada una.

 

  • Venta:  Se hace en Manglar y en La Palma, localidades en jurisdicción de Cañasgordas que se encuentran en inmediaciones de la carretera al mar.  Allí son transportadas las manos en mula por un camino de herradura dos veces por semana; allí son compradas por comerciantes que las despachan a su destino final.  En épocas normales de buena demanda y buenos precios, la mano de cebolla blanca es vendida en $ 4.000 y la roja en $ 6.000 (Foto 12).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto 12. Cebolla lista para salir al mercado.

En síntesis observamos que Guarco es una localidad eminentemente agrícola, donde las actividades de cacería y recolección son marginales, y la pesca y  minería no se practican.  Todas las unidades familiares practican la agricultura de subsistencia, básicamente de productos como el maíz y el frijol en terrenos propios o alquilados a la cuarta, mientras que únicamente aquellos pobladores que tiene tierras producen café y cebolla para la comercialización.

 

-                     La imaginación del territorio

 

Los pobladores de Guarco identifican la presencia de algunos seres sobrenaturales que le dan una connotación particular a su territorio.  Estos están asociados a antiguas construcciones para la explotación minera, a lugares de tránsito y sitios de obtención de recursos naturales; ayudan a controlar la movilidad de la población y a restringir los espacios de uso a ciertos sectores, delimitando los entornos de explotación; de igual manera se recurre a ellos para dar sentido a elementos que aparecen en su entorno y consideran importantes dentro de la historia de ocupación del territorio.

 

Como se ha dicho en el aparte de territorialidad e historia, la leyenda de María Centeno tiene una expresión particular en esta localidad, pues le sirve a los pobladores para articular su percepción del territorio actual a aquellas épocas  cuando la minería era una actividad importante en el contexto municipal; aunque sus territorios no contienen significativos recursos auríferos, las estructuras en piedra que los pobladores observan, son asociadas con grandes explotaciones de oro y con una leyenda aglutinadora dentro de la identidad municipal como es la de María Centeno.  De esta forma se articulan con creencias que sobrepasan los límites de su territorio.  Dice doña María Angela Hidalgo que

 

La Centena era una española ayudada por el demonio…pero devota de Dios…porque hacía iglesias con la ayuda del diablo…atravesaba el Cauca en su mula que era el mismísimo Satanás.

 

Estos elementos están presentes en todos los relatos que se establecen sobre María Centeno; ellos están dando cuenta de la convalidación de rupturas normativas de la iglesia católica y justificando las acciones cotidianas, en las cuales no es posible mantener un comportamiento completamente acorde con las reglas de Dios.  María Centeno salva sus culpas con la construcción de iglesias en muchas localidades de Antioquia, pero más que la construcción de iglesias, es su carácter fuerte y la acumulación de enormes riquezas, lo que hace que no sea condenada, lo que los actuales habitantes del occidente relacionan con oreceptos populares expresados en dichos como “el que peca y reza empata” o que “el cielo se compra”.

 

Siendo Guarco un territorio marginal dentro de la historia minera de Buriticá, sus habitantes encuentran una conexión con esta actividad por la vía de interpretaciones asociadas a construcciones en piedra presentes en su territorio, de esta forma buscan identificarse con ese pasado pujante que hace parte de la identidad del municipio y que establece mojones en cada uno de los lugares donde en el pasado la Centeno tuvo alguna influencia real o supuesta.  La acequia es la obra constructiva más importante que en esta zona se asocia a esta mujer; Sixto Sierra afirma al respecto:

 

María Centeno era una mujer que trabajó muchas minas en Buriticá, y aunque no las explotó por aquí, sí sacaba el agua por una acequia que construyó con la ayuda de 1500 esclavos, por donde llevaba el agua desde la Guarcana hasta el alto de San Antonio…consiguió mucha plata y tuvo varios maridos que los mataba cuando se aburría con ellos.

 

Este relato conjuga las construcciones en piedra con una de las principales riquezas de Guarco como son las fuentes de agua; de esta forma se vinculan  características ambientales a formas de explotación del suelo que fueron importantes en el pasado del municipio, generando elementos de identidad que parten de las constantes interpretaciones de intervenciones antrópicas, de tal forma que los vallados y el canal de la acequia no son solo estructuras materiales, sino que, por el contrario, adquieren cierta vida social, ya que son constantemente  recordados y narrados en las historias orales.

 

Mohanes, espantos y duendes hacen parte del imaginario colectivo de los habitantes de Guarco que delimitan entornos de circulación y explotación, convirtiéndose en elementos importantes del control social de la comunidad.  El control pierde efectividad cuando se incorporan nuevas formas de captar recursos. Es el caso del espanto que salía en el lugar conocido como El Plan, espacio utilizado para recoger el agua para el consumo antes de la construcción del  actual acueducto.  Este espanto asustaba a los pobladores Guarco entre las 5 p.m. a  6 a.m. restringiendo el horario de recolección del agua y alterando el ritmo normal de las actividades domésticas.  Ahora la gente ya no tiene restricción para recoger el agua, pues le llega por tubería a sus casas, de manera que paulatinamente este tipo de mecanismos de control pierden efectividad y vigencia.

 

También las creencias en espantos han controlado la movilidad de la población y las horas de desplazamiento; ilustra lo anterior la historia del “muerto que salía en la cañada camino a Buriticá por la noche” limitando el paso por este sector.  Sin embargo, ahora no todos los habitantes creen en esas historias, pues al decir de algunos, esas “son historias de borrachos…que cualquier ruido lo sienten raro”, descalificando antiguas formas de recreación[14].

 

Las historia de duendes parecen estar asociadas al control de las actividades de cacería y a la movilidad de los niños.  Cuentan los habitantes de Guarco que estos seres son como “espíritus” porque nunca se les ve pero sí se les siente; les “tiran piedra” a los niños y a los cazadores cuando ellos van por cañadas y sitios oscuros…solo asustan porque no le hacen mal a la gente.

 

-           Síntesis Municipio de Buriticá

 

A partir de la observación de estas localidades es posible encontrar algunas regularidades y diferencias relacionadas con la historia oral, el ordenamiento social del territorio y la imagen que se tiene de él.

 

Con relación a los aspectos históricos encontramos que se presentan elementos aglutinadores en las tres localidades abordadas, que se convierten en historias compartidas por todos los habitantes del municipio, pues también fueron referidas por los habitantes de la cabecera y por los de otras localidades que fueron abordadas por los alfabetizadores, vinculados como auxiliares de este componente de la investigación.  En primera instancia, vemos cómo existe un reconocimiento generalizado sobre el antiguo poblamiento indígena de este municipio, elemento que es leído a partir de la observación de rasgos antrópicos en el paisaje, la cultura material dispersa por sus territorios, y los discursos construidos como parte del procesos de recuperación y recreación de memoria colectiva.

 

Se da entonces el reconocimiento de un importante poblamiento indígena que genera fuerte lazos de identificación con el territorio, pues le permite a sus pobladores considerarse ocupantes de un entorno espacial de singular importancia en otras épocas, aunque ahora sea marginal dentro del contexto regional y de poca importancia en la economía departamental.  A pesar de que ahora la economía de Buriticá pase por procesos de depresión, sus habitantes se sienten orgullosos de vivir allí pues están convencidos de su riqueza e  importancia en la época colonial.

 

En algunas oportunidades los acontecimientos históricos son incorporados a las narrativas locales, mezclando y superponiendo épocas y eventos.   Ejemplo de ello es el que personajes de la historia colonial como Alonso de Ojeda y Francisco César son incorporados a relatos sobre la fundación del municipio y relacionados con la leyenda de María Centeno; de esta forma afirman que Francisco César fundó a Buriticá y que Alonso de Ojeda era el marido de María Centeno.  Sabemos por los documentos y la historia académica, que estas afirmaciones no son ciertas, pues Francisco César pasa por las tierras de Buriticá en 1537 y no funda ningún pueblo en la región, y Buriticá se constituye como pueblo de indios en el año de 1614 por el Oidor Francisco Herrera Campuzano.  Por otro lado, a partir de documentos coloniales se ha podido identificar que María Centeno se casó en tres ocasiones; en primeras nupcias con Francisco García Jaramillo, primer propietario de las minas de Buriticá; un segundo matrimonio se efectuó con Alonso de Rodas, hijo del Gobernador Gaspar de Rodas, y encomendero de los indios de Buriticá; por último, contrajo matrimonio con Fernando de Cossio y Salazar, abogado de la época quien le ayudo a recuperar las encomiendas de su segundo marido.

 

María Centeno y sus explotaciones mineras se constituyen en referentes de aquellos tiempos en los que la minería era motor del desarrollo de la provincia y Buriticá su centro de acción más importante.  Socavones, acequias y vallados son hitos en el paisaje que llevan a los habitantes del municipio a reconocerse como herederos de un proceso de poblamiento importante en el contexto departamental, convirtiéndose en substanciales referentes de identidad y de arraigo al territorio.

 

De otro lado, la leyenda de Maria Centeno es también un elemento de validación de comportamientos sociales no siempre acordes con patrones morales tradicionales, promovidos por la tradición judeo cristiana; así, se legitiman otras creencias que no están sujetas a la moralidad dominante.  Es de esta manera como en las diferentes versiones  de la historia de “la Centeno” encontramos elementos que dan cuenta de su carácter particular con relación a otras mujeres de su época: no tuvo hijos, se casó varias veces, manejaba cuadrillas de esclavos, recorría las mismas distancias que un dueño de cuadrilla y “era ayudada por el demonio”.

 

Con relación a la ocupación reciente del territorio se evidencia un contraste importante entre las tierras bajas, donde están localizada las veredas de Untí y Bubará, y las tierras altas, donde se encuentra Guarco; las primeras localidades son tan antiguas que los habitantes no recuerdan su origen, mientras que en Guarco se habla de un poblamiento que no sobrepasa la segunda mitad del siglo XIX.  Así mismo, aspectos como el fenotipo y la producción artesanal de las tierras bajas, ligan más este territorio con poblaciones amerindias, mientras que las partes altas son poblamientos más recientes vinculados a migraciones procedentes de Pajarito, Los Arados, Giraldo y Cañasgordas, articuladas al antiguo camino que comunicaba esta región del departamento con Santa Fe de Antioquia y Medellín.

 

Los aspectos demográficos también marcan diferencias entre los asentamientos de las partes altas y bajas,  pues en las primeras se encuentran poblaciones nucleadas más densas, mientras que en las segundas se trata de pequeñas aldeas.  Estos elementos demográficos pueden estar ligados al uso del territorio y a la tenencia de la tierra.  En localidades como Untí y Bubará, encontramos que existen remanentes de territorios comunitarios y muy pocos propietarios de pequeños predios, de lo que se deriva una dependencia hacia personas foráneas para de esta manera tener acceso a los recursos; por otro lado, en las partes altas predominan los propietarios de medianas y grandes extensiones dedicadas a monocultivos y la ganadería, siendo secundaria la producción para el autoconsumo.  La elaboración de productos artesanales, la minería a pequeña escala y la pesca, se constituyen en actividades económicas importantes en las tierras bajas, pero elementos ausentes en poblados como Guarco, donde predominan cultivos para la comercialización como el café y la cebolla. 

 

Con relación al parentesco, se pudo establecer que en Bubará y Untí predominan las uniones entre los mismos miembros de la comunidad, denotando un patrón más endógamo, mientras que en Guarco hay una tendencia más orientadas a la exogamia, pues se presentan uniones con consortes procedentes de veredas cercanas principalmente de Pajarito; en las tres localidades se presenta una tendencia hacia la patrilocalidad, pues en todos los casos se observó que es más común localizar la vivienda propia en cercanías de la casa del padre.

Por último, se observó que la existencia una complementariedad económica entre los asentamientos localizados en diferentes pisos térmicos, que evidencia una interacción entre las distintas localidades; en la antigüedad fue más importante y ahora, por las dificultades de orden económico y por el conflicto armado, han disminuido ostensiblemente.


[1] Este es un elemento importante en el contexto social del municipio, pues la imagen de San Antonio como protector es referida de manera común, convirtiéndose en un elemento aglutinador de  los pobladores y marcador de diferencia con relación a poblaciones cercanas.

[2] En la actualidad existe un programa de mejoramiento de vivienda para esta vivienda que no considera los patrones tradicionales constructivos, ni las características de la vivienda vernácula, imponiendo esquemas foráneos arquitectónicos foráneos.

[3] Diario de campo proyecto Occidente Medio 2001.

[4] Ibíd

[5] Este domingo la gente de Untí sacó al mercado guanábanas, tomates y callanas para vender.  Cada bolsa, de un kilo aproximadamente, de tomate la venden por $1500 o $1000; por las guanábanas obtienen entre $1000 y $2000. Una de las alfareras (Severiana) sacó a la venta 4 callanas grandes con un costo unitario de $4000 y 8 pequeñas que son vendidas a $1000, artículos que ya no son requeridos con la misma intensidad que en el pasado, de manera que la venta fue muy restringida, pues solo logró negociar tres cayanas pequeñas. Situaciones como esta hacen que las nuevas generaciones no vean esta actividad como alternativa laboral, ampliándose la brecha generacional entre las alfareras y sus hijas e hijos.

 

[6] Según referencias de Robert West (1972) es una herramienta que fue introducida por españoles.

[7] Aunque la mayoría de los habitantes de Untí consideran que ha sido un trabajo exclusivo de las mujeres, doña Alicia Higuita afirma que esta actividad antiguamente era desarrollada por la totalidad de la población “aquí todo el mundo pisaba barro, hombres, mujeres y niños”.

[8] Las arcillas son materiales naturales repartidos en la corteza terrestre  que al ser mezclados con agua se convierten en masas plásticas a partir de las cuales es posible fabricar objetos cerámicos.   Estos materiales se  forman por los procesos de meteorización que ocurren en los suelos, donde los minerales constitutivos de las rocas son transformados por un conjunto de agentes climáticos y biológicos (Linares, 1989: 479-480).

[9] Se pudo comprobar que la quebrada La Remango fue explotada desde mediados del siglo XVIII, cuando el señor Javier de Villa denuncia en 1747 una mina de aluvión (A.H.A Índice de minas tomo 1).

[10] Nombre que se le da a la quebrada La Remango en Bubará.

[11] Medida de volumen utilizada por las comunidades campesinas y equivalente a 450 gr de peso.

[12] 100 kg aproximadamente.

[13] Un “rial” equivale a 1/16  de un castellano.

[14] Antiguamente se reunían las familias a contar historias de espantos y brujas, esto facultaba la transmisión de tradiciones orales y era un espacio importante para la cohesión familiar y comunitaria.

CONTEXTO REGIONAL. LOS PERIODOS HISTÓRICOS EN LA OCUPACIÓN DEL OCCIDENTE MEDIO ANTIOQUEÑO. Parte 3.

4.1.3    Consolidación de los asentamientos (1615 – 1680)

 

 

El acontecimiento histórico que marca el cambio significativo en este período es la creación de los primeros pueblos de indios en la provincia, pues a partir de esta acción legislativa se da una nueva organización del territorio y nuevos movimientos poblacionales que conllevaron a una significativa transformación de las redes de interacción entre los Valles Aburrá y Río Cauca. 

 

Con la implementación de las llamadas “visitas de tierra” en el año de 1614, la Corona Española trató de hacer aplicables las Leyes promulgadas por el Real Concejo de Indias, relacionadas con la administración de la población indígena.  Así fue como el visitador de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada Francisco de Herrera Campuzano, funda en la provincia de Antioquia los primeros pueblos de Indios; en el Cañón del río Cauca establece los pueblos de San Antonio de Buriticá, Nuestra Señora de Sopetrán, San Juan del Pie de la Cuesta, Santiago de Arate y San Sebastián de Ormana.  Estas fundaciones tenían como objetivo reunir la poca población indígena que aún quedaba en la provincia, asignarle tierras para su manutención, evitar el maltrato y fortalecer el proceso de evangelización y españolización de las comunidades nativas (Duque y Espinosa  1995).

 

En San Antonio de Buriticá se redujeron las poblaciones que habían sido reubicadas por los encomenderos en los cerros de San Antonio y Buriticá (Salazar 1994: 181) dedicadas a la extracción aurífera; desde épocas muy tempranas los territorios de este resguardo fueron ocupados por mestizos, negros y blancos, quienes en cuadrillas y de forma independiente, se dedicaron también, a la explotación de los filones auríferos que allí se encontraban (Salazar 1994).  

 

El resguardo o pueblo de indios de Nuestra Señora de Sopetrán fue fundado sobre  tierras pertenecientes a Doña María de Quesada localizadas en la margen derecha del río Cauca, al frente de la cuidad de Santa Fé de Antioquia.  Allí fueron agrupadas algunas encomiendas de las provincias de Peque y Béjico.  Al igual que Buriticá, este resguardo fue invadido por blancos, mestizos y mulatos libres, que buscaban ubicarse en tierras aptas para la

 

agricultura, hecho que produjo múltiples conflictos legales a todo lo largo de este período(Salazar 1994: 191 – 192).

 

Al resguardo de San Juan del Pie de la Cuesta, que rápidamente cambio su nombre por el de San Jerónimo, fueron reducidos los indios Guaracú y algunas otras encomiendas que para 1615 pertenecían a Alonso de Rodas Carvajal y otros.  Al igual que los pueblos anteriores, este fue ocupado rápidamente por la población libre que iba expandiendo la frontera agrícola y minera (A.G.N.  Fondo Encomiendas.  Tomo X. No de orden antiguo 60).

 

Además, en esta época fue fundado el resguardo de San Lorenzo de Aburrá, al cual se redujeron pueblos procedentes del occidente antioqueño, como Peques y Béjicos, unos pocos Yamecíes procedentes del bajo Nechí y los indios Aburraes que aún existían (INER – Secretaria de Educación 1995).

 

Es evidente, entonces, que los extensos territorios indígenas del cañón del río Cauca, fueron rápidamente invadidos por población mestiza, negra y blanca ocasionando el surgimiento de nuevas relaciones entre los diferentes grupos étnicos que coexistían en estos territorios y un nuevo énfasis en el proceso de mestizaje iniciado en décadas anteriores.  Estas nuevas relaciones se establecieron de forma más simétrica que en el periodo anterior, pues ahora la población indígena contaba con tierra y recursos que podría intercambiar y alquilar a mestizos y mulatos, quienes estaban en un proceso expansionista como trabajadores independientes; además por la vía de la vecindad y las transacciones económicas, se dieron  alianzas matrimoniales y se consolidaron redes de parentesco, lo que imprimió nuevas características sociales a estas dos regiones.

 

La fragmentación de las provincias indígenas que en el período anterior todavía conservaban alguna unidad, en razón de las encomiendas, fue bastante significativa, pues los antiguos pobladores del Cañón del río Cauca como Peques, Béjicos y Guaracues, fueron finalmente desarticulados y ubicados en diversos asentamientos.  Esta situación, de alguna forma intensificó las relaciones sociales entre las diferentes localidades, ya que los indígenas se desplazaban entre los pueblos, buscando restablecer vínculos familiares, alianzas matrimoniales y asociaciones para la producción. Es común encontrar en los censos y padrones levantados para la época, la presencia de indios forasteros en todos los resguardos y el reporte de personal huido hacia otros territorios indígenas en busca de parientes y mujeres (Ibíd). Sin embargo, estas relaciones debían establecerse de forma casi clandestina, porque los desplazamientos autónomos eran castigadas severamente.

 

Con esta situación se inicia un nuevo proceso en la construcción de territorialidades que involucra tanto a población indígena como a comunidades mestizas y negras.  La dinámica económica regional varía drásticamente, pues  ya el control de la mano de obra, del territorio y de los recursos había dejado de ser monopolio exclusivo de los encomenderos  y el papel de comerciantes y mineros había adquirido una repercusión regional, como consecuencia directa de las políticas administrativas coloniales promulgadas desde décadas anteriores pero aplicadas apenas en esta época.  Adicionalmente, la expansión de la frontera agrícola y minera había incorporado nuevos territorios de la provincia de Antioquia a la

 

dinámica regional,  generando cambios en el papel desempeñado por los centros poblados  y las redes de relaciones sociales existentes entre ellos. 

 

Entonces, el territorio del Cañón del Cauca adquiere una configuración espacial  particular, pues los pequeños enclaves de la periferia (que fueron vigentes durante el período anterior), desaparecen, para darle cabida a una dinámica poblacional que conjugaba el centro administrativo colonial, grandes territorios indígenas y población mestiza dispersa en pequeños enclaves extractivos y productivos.

 

A partir de la información recolectada es posible sugerir varias tendencias  en los movimientos de población para cada uno de los grupos humanos que habitaron esta región.  Los asentamientos de población libre (blancos, mestizos, y mulatos)  consolidan su ocupación, mientras que algunas localidades indígenas creadas por Herrera Campuzano desaparecen rápidamente o modifican sus pautas de ocupación territorial, pues pasan de asentamientos nucleados con relaciones restringidas dado el control ejercido por los encomenderos, a  un patrón de poblamiento disperso en las zonas boscosas donde los indígenas se establecieron pretendiendo evadir la pesada carga de la tributación a la que estaban sometidos. 

 

Esta situación es palpable en el Cañón del río Cauca, pues a partir de la iniciativa propia de los indios que habían sido reducidos a los pueblos de Santiago de Arate y San Sebastián de Ormana, se establece una nueva población en el “Sitio de la Sabanalarga”, cuando los naturales se retiraron de los pueblos fundados, por considerarlos poco convenientes para ser habitados por ellos y se ubicaron de nuevo en parte de sus antiguos territorios.  Así mismo, los pueblos de indios de San Antonio de Buriticá, San Juan del Pie de la Cuesta y Nuestra Señora de Sopetrán, permanecían la mayor parte del año desocupados porque sus habitantes habían resuelto dispersarse por amplios territorios, con el fin de hacer uso de los recursos y, como ya se dijo, evitar la alta tributación (Duque y Espinosa, 1995).

 

Durante este período se afianzan las actividades económicas y extractivas en cada una de las regiones, pues el cañón del río Cauca se consolida como uno de los sectores  con mayor producción aurífera de la provincia de Antioquia, sustentada ya no en las explotaciones a gran escala con mano de obra indígena y negra características del período anterior, sino en las extracciones a pequeña escala de grupos familiares y mazamorreros independientes, quienes sobresalieron por la alta movilidad a lo largo de los placeres aluviales ubicados en esta región.  Es de resaltar que estas comunidades eran más independientes en términos económicos, al producir gran parte del alimento para su autoabastecimiento.

 

La red de comunicaciones que cruzaba el Cañón del río Cauca, sufre grandes modificaciones durante este período, pues algunos caminos dejaron de usarse, se crearon nuevas rutas, aun cuando también se consolidaron algunas ya existentes.  Prueba de ello es el reporte que se tiene sobre la decadencia de la ruta del Espíritu Santo que comunicaba el cañón del Cauca con el Bajo Magdalena y la costa Atlántica, cambio ligado a una mayor dependencia económica y administrativa de Santafé de Bogotá, sede de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada y posterior mente del Virreynato.  

 

De esta forma, la provincia de Antioquia comienza a establecer relaciones económicas más intensas y estrechas con la población asentada en los santanderes y el altiplano cundibiyacense;  las mercancías ya no entraban por la vía de Mompox y Cartagena, sino por los puertos sobre el río Magdalena, localizados en la ruta hacia Santafé de Bogotá.  El estrechamiento de las relaciones entre las poblaciones de la provincia de Antioquia con este centro administrativo, propició el establecimiento de nuevas rutas de comunicación, como lo fue el camino de Nare que conectaba el Magdalena Medio con el Valle de Aburrá y por consiguiente con el Cañón del río Cauca.  

 

 

4.1.4    Establecimiento de nuevos centros poblacionales (1680 – 1750)

 

 

Con la fundación y consolidación de la Villa de la Candelaria de Medellín hacia finales del siglo XVII,  el valle de Aburrá se convierte en un importante centro de la dinámica económica y social  que genera un nuevo ordenamiento del territorio regional que incluye al Cañón del río Cauca y otras zonas de la provincia de Antioquia.  Este acontecimiento marca el inicio de un nuevo período caracterizado por  una transformación en la red de movilidad de la población, las rutas de comunicación y la economía regional.

 

Medellín se convierte en un centro  poblacional donde se trasladó gran parte de la elite que ocupaba la ciudad de Antioquia, ya que desde allí se tenía mayor facilidad para desplazarse a las regiones mas activas económicamente, que para esta época ya no van a ser las mismas del periodo anterior; en el cañón del río Cauca disminuye ostensiblemente la producción minera, se intensifica la extracción del mineral en las mesetas del norte y oriente de Antioquia, y el Valle de Aburrá continúa como centro importante de abasto.  Bajo esta perspectiva, el esquema de centro – enclaves de la periferia que venía imperando en los períodos anteriores, se invierte, al transformarse el papel que desempeñaba cada una de estas regiones.  Este reordenamiento del territorio generó nuevos movimientos de población que otorgaron una particular dinámica a las relaciones sociales.  Como ya se ha dicho, un número importante de familias blancas migraron desde el cañón del río Cauca a la villa de la Candelaria; cuadrillas de esclavos fueron introducidas masivamente en las nuevas zonas de extracción aurífera; y se creó el resguardo de Nuestra Señora de La Estrella en el Valle de Aburrá.

 

Entre las vías de comunicación, resalta para este período, por la intensidad de uso, la que llegaba a la ciudad de Antioquia, partiendo del puerto de San Bartolomé sobre el Magdalena atravesando las sabanas de Cancan, el Valle de Aburrá, San Cristóbal, Ebéjico y Quebrada Seca (Casas 1985: 122).

 

 

4.1.5    Las reformas Borbónicas y su influencia  en los procesos de poblamiento (1750 – 1820)

 

Las reformas al régimen de administración de las colonias americanas por los reyes Borbónicos a partir de Felipe V, hasta la emancipación de los territorios americanos (Jaramillo 1986: 157), constituyen el elemento clave para caracterizar el último momento de la administración colonial sobre la población de las provincias.   La nueva dinámica legislativa imprimió un ambiente de cambio en la totalidad de las colonias americanas, el cual fue generado por nuevos movimientos de población,  nuevos énfasis económicos, y nuevas rutas de comunicación.  Sobresale el impulso que se le da a la apertura de nuevos caminos y mantenimiento de los existentes, como una forma de dinamizar el comercio e integrar la provincia de Antioquia en redes más amplias de circulación de bienes y personas.

 

Se establecen diferencias en las legislaciones de acuerdo al tipo de población; para los asentamientos indígenas, se hizo un nuevo esfuerzo que buscaba hacer efectivas disposiciones contenidas en las Leyes de Indias, tales como la activación del proceso de evangelización, el reforzamiento de la obligación de permanecer en los pueblos y el deber de levantar sementeras en sus propias tierras, entre otras.   Así mismo, para la gran cantidad de población libre, mestiza y mulata se promulgaron leyes particulares tendientes a controlar  un número importante de habitantes que se encontraban desempleados en los diferentes centros poblacionales; los vagos debían abandonar  sus comunidades en busca de nuevas tierras donde fuera posible desarrollar actividades agrícolas con el fin de expandir la frontera económica y  solucionar el problema generado por esta nueva condición social (Robledo 1954).  Dada la gran cantidad de vecinos libres que ocupaban los territorios indígenas, se propuso una nueva organización de la población a partir de la disolución de algunos resguardos con el fin de liberar tierras que pudieran ser repartidas entre mestizos y mulatos.  Esto generó grandes movimientos de población que, sin embargo,  a la postre no tuvieron una repercusión significativa en los procesos de poblamiento, pues fracasaron por la negativa constante de los indios a dejar sus territorios; no obstante, estos movimientos de población forzados, sí se consolidaron en periodos posteriores. Es de resaltar que estos movimientos poblacionales tuvieron alguna incidencia en el proceso de mestizaje entre las comunidades indígenas que aún existían en Antioquia. 

 

En el cañón del río Cauca, estos intentos se inician hacia la mitad del siglo XVIII cuando el gobernador de la provincia Josep Barón de Chaves, propuso el traslado de los habitantes de Sopetrán, al resguardo de Buriticá y posteriormente al de la Sabanalarga.  En 1756 se hace efectivo el primer traslado y tres años después se rematan las tierras de Sopetrán a Don Xavier Henriquez en 2.200 pesos de oro, sin quedar resuelta la justificación inicial de repartir las tierras entre la mayor cantidad posible de libres (A.H.A.  Fondo Indios.  Tomo 26.  Documento 784).  Sin embargo, fue una medida que no se consumó definitivamente, pues la población de Sopetrán decidió volver a sus antiguas tierras, luego de un largo litigio que había sido encargado al protector de naturales.

 

Otro intento de reunir población indígena para desocupar tierras que podrían ser adjudicadas a libres, fue realizado 25 años después por el gobernador Francisco Silvestre, cuando en el año de 1776 luego de haber fundado el resguardo de San Carlos de Cañas Gordas, donde redujo los indios fugitivos de Chocó, Murrí y Frontino, e intenta trasladar la población indígena de Sabanalarga, Sopetrán y Buriticá al recién fundado pueblo, orden que nunca se ejecutó, dada la resistencia interpuesta por los indígenas (A.H.A.  Fondo Indios.  Tomo 26.  Documento 784).

 

La dinámica poblacional de la región del Cañón del río Cauca adquiere nuevos rasgos al promoverse la creación de nuevos asentamientos permanentes, hecho que no sucedía desde finales del siglo XVI y principios del XVII.  Es así como en el año de 1753 se protocoliza la fundación del sitio de Anzá, hacia donde partió gente de la ciudad de Antioquia, en busca de tierras aptas para el establecimiento de hatos ganaderos y explotación fuentes de agua sal (Gómez 1951:341).  Esta nueva fundación comienza a convertirse en un pequeño centro, pues allí confluían habitantes de otros asentamientos que habían sido recientemente establecidos, como Be